A Leonel Contreras, gran historiador de la Reina del Plata
¿Sabía usted que en el Parque Avellaneda existe una estación “fantasma”? Un trencito centenario, una historia olvidada y el legado de Clemente Onelli nos invitan a mirar Buenos Aires con otros ojos. En esta nota recorremos un espacio donde el pasado no se ha ido: simplemente aguarda ser recordado.
Llamamos fantasma a una estación abandonada, aún existente. Por ejemplo, las estaciones de la Línea A del subte, Pasco Sur y Alberti Norte, clausuradas en 1953. La primera fue tapiada, pero la segunda pudo verse por décadas durante el trayecto hacia Plaza de Mayo hasta que en 1994 el viejo andén fue ocultado[1]. Años antes, nosotros fuimos testigos de una alucinante intervención artística en esta estación: maniquíes vestidos con ropa de principios del siglo XX, que simulaban ser pasajeros aguardando el subte. Hoy ambas son inaccesibles al público, pero siguen despertando misterios: una leyenda urbana cuenta que allí deambulan los espíritus de dos obreros italianos muertos durante la construcción en 1913. Pero hoy no vamos a hablar del subterráneo, sino de una estación ferroviaria cuya historia nos traslada a principios del siglo XX.
LA HISTORIA DEL TRENCITO
El Parque Avellaneda fue inaugurado en 1914 en lo que fue la Chacra de las Huérfanas, también conocida como Chacra de los Remedios, propiedad de la familia Olivera. Allí en 1936 se instaló un trencito recreativo que era el deleite de todos los niños.

Sin embargo, debemos retroceder en el tiempo hasta 1909, cuando esa pequeña locomotora de motor alemán marca Deutz y sus vagones se instalaron en el Jardín Zoológico porteño a instancias de Clemente Onelli, su director, ofreciendo un paseo sobre rieles para admirar los animales, una experiencia extraordinaria para la época[2].
Desconocemos la razón por la cual en 1929 el intendente José Luis Cantilo firmó una resolución para traspasar el diminuto ferrocarril al Parque Avellaneda[3]. Sin embargo, si bien la licitación fue adjudicada, las partes del trencito durmieron en depósitos hasta que, por fin, en 1936 se inauguró. El Expreso Alegría inició sus recorridos por aquel espacio verde conducido por el maquinista Ciro Fanton quien designó como ayudante a Alceste Fantoni y a Annio Fantoni como mecánico[4]. Con el paso del tiempo este original medio de transporte recreativo se modernizó con la incorporación de dos locomotoras diésel de origen británico construidas por la casa Ruston & Hornsby[5] y coches de mayor capacidad. Cubría un trayecto de 1,6 kilómetros en unos 15 minutos, a una velocidad aproximada de 6 kilómetros por hora.
INTERRUPCIONES EN EL SERVICIO
En 1998 se detuvo el servicio a causa del deficiente estado de conservación; en 2000 tuvo un breve reinicio que fue suspendido por fallas reiteradas.
Un excelente trabajo titulado “Parque Avellaneda Rieles de Patrimonio”, que ha servido como fuente principal de esta sección, dice: “A partir de aquel momento, un grupo promotor mixto tuvo a cargo la tarea de planificar la reconstrucción de la red ferroviaria, de la estación y comprar una locomotora alemana Arn Jung y tres coches de pasajeros Orenstein & Kopel, siguiendo el modelo de tipo jardineras que pertenecían al tren histórico. Finalmente en 2006 se produjo la segunda vuelta inaugural… Sin embargo, las obras ejecutadas fueron insuficientes para atenuar el efecto de las lluvias y el desnivel del terreno, causas que agregadas a diversos inconvenientes administrativos impidieron un normal funcionamiento del mismo”[6].

El trencito volvió a funcionar en 2015. Las obras de recuperación se iniciaron en febrero de 2014 a cargo del Gobierno de CABA: “Lo primero que se hizo fue encargar un informe de auditoría para saber en qué condiciones se encontraba el tren. Según el informe, las condiciones del motor eran aceptables. Sin embargo, hubo que diseñar y construir con materiales nuevos las ruedas, los ejes, los resortes, los porta cojinetes, los rulemanes, los bujes y los marcos de hierro. Estos cambios se hicieron porque se necesitaba independizar las ruedas, ya que cada par de ruedas giraba al mismo tiempo y hacía que en las curvas pronunciadas se generara una fuerza extra que deterioraba el sistema y producía descarrilamientos. Al independizarse las ruedas, se logró mitigar este efecto y obtener un mejor rodamiento del tren. Las reparaciones se realizaron en un taller en Berazategui especializado en robótica y mecánica. Se hicieron también diferentes trabajos en el circuito, que incluyeron los acondicionamientos de la estación Onelli”[7].

Lamentablemente, en 2020 el Gobierno de CABA dio de baja los contratos de los mecánicos Héctor Bunevcevic y Enrique Quatrini, artífices del retorno del Expreso Alegría al Parque Avellaneda. Además, no asignó un presupuesto para su mantenimiento y, vencido el contrato de padrinazgo firmado con la empresa AUSA, dejó de realizar las reparaciones necesarias lo que condujo a una nueva interrupción del servicio[8].
LA ESTACIÓN ONELLI
El Expreso Alegría cuenta con su propia estación, boletería incluida. No hemos podido establecer con precisión la fecha de su creación. La foto más antigua que encontramos luciendo su nombre es de 2005 o 2006. Lo que sí sabemos con certeza es que “la elección del nombre de la estación fue uno de los logros del grupo de trabajo conformado por funcionarios del gobierno, trabajadores y vecinos del Parque Avellaneda (2000-2006)… De allí nació la idea, a propuesta de algunos integrantes de la Junta de Estudios Históricos del barrio de darle el nombre de ‘Clemente Onelli’”[9]. Onelli (1864-1924) no solo tuvo una brillante trayectoria como director del Jardín Zoológico; fue el impulsor de cuatro obras fundamentales del Parque Avellaneda: el tambo, la Escuela Granja de Avicultura, la Escuela de Tejidos y, desde luego, el trencito.

La pasión por el conocimiento de este italiano radicado en la Argentina era digna de un hombre del Renacimiento. Ha sido catalogado como científico, naturalista, conservacionista, geógrafo, arqueólogo, paleontólogo, zoólogo, botánico, explorador y escritor. Pero hay una historia que acrecienta su fama: el hallazgo en 1895 en la Patagonia chilena de pieles momificadas de milodontes, una especie prehistórica, despertó una fascinación científica que pronto derivó en la idea de que esos gigantes aún podían estar vivos. Hubo expediciones, cazadores y una breve fiebre que se extinguió hacia 1902.
Años después, en 1922, una carta dirigida a Onelli desde la zona de Esquel describía un animal enorme en una laguna, con rasgos de cisne y cuerpo reptiliano. El director del Zoológico porteño creyó ver allí el rastro de un milodón y organizó una expedición con científicos y periodistas.
El resultado fue negativo. No hubo criatura alguna. Pero el episodio no pasó desapercibido: en el carnaval de 1923, el pionero barilochense Primo Capraro inmortalizó el fracaso en una carroza con forma de plesiosaurio, parodiando la expedición[10].

De paso, la del Parque Avellaneda no es la única estación ferroviaria que homenajea al científico. En la inmensidad de la estepa patagónica, existe una llamada Clemente Onelli en el departamento 25 de Mayo, Río Negro. Durante años también permaneció como una estación fantasma, pero desde 2015 se encuentra nuevamente activa.
ENTRE EL RECUERDO Y LA IMAGINACIÓN
Borges, en su maravilloso cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, el primero de Ficciones, escribe: “Las cosas se duplican en Tlön; propenden asimismo a borrarse y a perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro”[11]. El pasado perdura cuando lo evocamos. Ese ejercicio de la memoria más de una vez nos reencuentra con nuestra historia personal: nuestra niñez y nuestros afectos. Quizás el trencito del Parque Avellaneda, para algunos lectores, sea el caso.
© Pablo R. Bedrossian, 2026. Todos los derechos reservados.
AGRADECIMIENTO
Queremos reconocer de forma especial a la Comisión para la Preservación del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Su obra “Parque Avellaneda Rieles de Patrimonio”, que dedica todo un capítulo al trencito del Parque Avellaneda, ha sido la fuente principal de esta nota.
REFERENCIAS
[1] Londeix, Gustavo, “El misterio de los dos fantasmas que habitan en el subte de la Línea A”, 4/2/2021, actualizado al 16/05/2023, https://www.clarin.com/viste/misterio-fantasmas-habitan-subte-linea_0_qmoL60Gow.html?utm.
[2] Maronese, Leticia (editora responsable), Contreras, Leonel (compaginación y corrección), “Parque Avellaneda Rieles de Patromonio”, Comisión para la Preservación del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2009, p.20
[3] Maronese, Leticia, obra citada, p.20
[4] Maronese, Leticia, obra citada, p.20
[5] Sin firma, “Ya funciona el tren de Parque Avellaneda”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2/9/2015, https://buenosaires.gob.ar/gcaba_historico/noticias/ya-funciona-el-tren-de-parque-avellaneda?utm
[6] Maronese, Leticia, obra citada, p.21
[7] Según el artículo citado en la referencia 4
[8] Ruoti, Ana Laura, “Despidos de trabajadores del Trencito del Parque Avellaneda”, Línea Oeste, 8/5/2020, https://www.lineaoeste.com.ar/noticia.php?id=1079&Despidos+de+trabajadores+del+Trencito+del+Parque+Avellaneda
[9] Maronese, Leticia, obra citada, p.22
[10] García Pastormerlo, Paz, “Una película documental reaviva uno de los mayores misterios de la Patagonia: el mito del Nahuelito”, Diario La nación, 1/9/2023, https://www.lanacion.com.ar/sociedad/una-pelicula-documental-reaviva-uno-de-los-mayores-misterios-de-la-patagonia-el-mito-del-nahuelito-nid11092023/
[11] Borges, Jorge Luis, “Ficciones” (1944) en “Cuentos Completos”, Sudamericana, p.87
CRÉDITOS MULTIMEDIA
Las dos primeras correspondientes al trencito del Parque Avellaneda, furon tomadas del sitio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde no aparece el nombre del autor.
La correspondientes a los mecánicos Héctor Bunevcevicy y Enrique Quatrini fue tomada por Santiago Filipuzzi, para el Diario La Nación, medio del cual la reproducimos.
Las fotos de la Estación Onelli pertenecen al autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.
