Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO
Título: “Facundo o Civilización y Barbarie”
Autor: Domingo F. Sarmiento
Año: 1845
Entre caudillos, degüellos y exilios, “Facundo” sigue siendo una de las obras más apasionadas, polémicas e influyentes de la historia argentina. Analizamos el libro con el que Sarmiento intentó explicar la violencia política, las luchas entre civilización y barbarie y las contradicciones fundacionales de un país naciente, muchas de las cuales -quizás demasiadas- perduran hasta nuestros días.
“No es mi ánimo trazar la historia de este reinado del terror, que dura desde 1832 hasta 1845, circunstancia que lo hace único en la historia del mundo. El detalle de todos sus espantosos excesos no entra en el plan de mi trabajo. La historia de las desgracias humanas y de los extravíos a que puede entregarse un hombre, cuando goza del poder sin freno, se engrosará en Buenos Aires de horribles y raros datos. Sólo he querido pintar el origen de este Gobierno y ligarlo a los antecedentes, caracteres, hábitos y accidentes nacionales que, ya desde 1810, venían pugnando por abrirse paso y apoderarse de la sociedad. He querido, además, mostrar los resultados que ha traído y las consecuencias de aquella espantosa subversión de todos los principios en que reposan las sociedades humanas” [1].
Es la primera vez que comentamos un libro a partir de una cita cercana a su final. Pero esa glosa resume cabalmente el espíritu de Sarmiento, quien escribe desde su segundo exilio, en Chile.

El libro se divide en dos partes. La primera, imprescindible – según el autor – para entender la guerra civil que azotó la Argentina luego de la Declaración de la Independencia en 1816 y los gobiernos de Bernardino Rivadavia, se ocupa de la geografía y la forma de vida rural de la Argentina: “Necesítase, empero, para desatar este nudo que no ha podido cortar la espada, estudiar prolijamente las vueltas y revueltas de los hilos que lo forman, y buscar en los antecedentes nacionales, en la fisonomía del suelo, en las costumbres y tradiciones populares, los puntos en que están pegados”[2]. Para Sarmiento, el gaucho representa la barbarie, mientras que la civilización la representa el hombre de la ciudad, con su apego a la ley y el orden, su pensamiento influido por las élites europeas, su elegancia, sus libros y su cultura.
La segunda parte presenta la vida de Juan Facundo Quiroga, el Tigre de los Llanos. Describe cómo se sirvió del terror para someter a amigos y enemigos. No tiene empacho en denunciar su extrema crueldad, sus vicios y su avaricia, aunque también reconoce su coraje. Para Sarmiento, el famoso riojano es el bárbaro que impone sus reglas al hombre de la ciudad. No mezquina palabras para retratar el ascenso, poder y caída de un caudillo tan temido como temible que rigió los destinos de ocho provincias. Apoyado en fuentes que consultó personalmente, relata los pormenores de su asesinato, acaecido en Barranca Yaco en 1835 [3] por hombres al servicio de los hermanos Reinafé, gobernadores de Córdoba, a quienes les imputa haber actuado a instancias de don Juan Manuel de Rosas[4].
Tras la narración de ese fatídico episodio, el futuro presidente de los argentinos expone a aquel gobernador de la Provincia de Buenos Aires como un gran titiritero, que, con supremo cinismo, manipuló las versiones sobre lo ocurrido para deshacerse de los Reinafé, a quienes culpó públicamente de la muerte del caudillo riojano[5]. Además, para apropiarse simbólicamente de la figura de Quiroga, celebró sus exequias en la capital del país[6].
Finalmente habla del otro imperio del terror, posterior al de Facundo, el del propio Rosas, al que presenta como el hombre de campo que se apoderó de Buenos Aires, el que se decía federal pero actuaba como unitario, el que impuso a cada ciudadano el uso de la divisa punzó o, si no, sería pasado a degüello, el que utilizaba la violencia asesina de los mazorqueros para someter al pueblo, el que exigió la suma del poder público. Para Sarmiento, don Juan Manuel es un monstruo[7].
Sin embargo, y tras tener que huir de su propio país, el libro no termina con una diatriba contra Rosas, sino con un inspirador canto de esperanza, entendiendo el daño ocasionado por el Restaurador de las Leyes como el germen que provoca una reacción transformadora, algunas de cuyas frases compartimos a continuación.
“Porque él ha destruido los colegios y quitado las rentas a las escuelas, el Nuevo Gobierno organizará la educación pública en toda la República… porque el saber es riqueza, y un pueblo que vegeta en la ignorancia es pobre y bárbaro, como lo son los de la costa de África, o los salvajes de nuestras pampas”[8].
“Porque él ha perseguido de muerte a todos los hombres ilustrados, no admitiendo para gobernar sino su capricho, su locura y su sed de sangre, el Nuevo Gobierno se rodeará de todos los grandes hombres que posee la República, y que hoy andan desparramados por toda la tierra, y con el concurso de todas las luces de todos hará el bien de todos en general. La inteligencia, el talento y el saber serán llamados, de nuevo, a dirigir los destinos públicos, como en todos los países civilizados”[9].
“Porque él ha hecho del crimen, del asesinato, de la castración y del degüello un sistema de gobierno; porque él ha desenvuelto todos los malos instintos de la naturaleza humana para crearse cómplices y partidarios, el Nuevo Gobierno hará de la Justicia, de las formas recibidas en los pueblos civilizados, el medio de corregir los delitos públicos, y trabajará por estimular las pasiones nobles y virtuosas que ha puesto Dios en el corazón del hombre, para su dicha en la tierra, haciendo de ellas el escalón para elevarse e influir en los negocios públicos”[10].
© Pablo R. Bedrossian, 2026. Todos los derechos reservados.
REFERENCIAS
[1] Sarmiento, Domingo Faustino, “Facundo”, Ediciones Libertador, 1845, 2010, p.278, 279
[2] Sarmiento, Domingo faustino, obra citada, p.14
[3] Su muerte luego será recordada en el poema de Jorge Luis Borges “El general Quiroga va en coche al muere”.
[4] Históricamente, no está demostrado de manera concluyente que Juan Manuel de Rosas haya ordenado asesinar a Facundo Quiroga, aunque la sospecha existe desde el mismo siglo XIX y fue alimentada especialmente por autores antirrosistas como Domingo Faustino Sarmiento. Muchos contemporáneos sospecharon que un crimen tan grande difícilmente pudiera haberse realizado sin conocimiento o consentimiento de Rosas, que era la figura política más poderosa de la Confederación.
[5] Los hermanos Reinafé (José Vicente, Guillermo y Francisco) tuvieron un final trágico y violento. Tras lo ocurrido en Barranca Yaco, Rosas utilizó el magnicidio para intervenir Córdoba y perseguirlos. José Vicente (el exgobernador) y Guillermo fueron capturados y trasladados a Buenos Aires. Allí se les inició un juicio que duró casi dos años, bajo cargos de ser los autores intelectuales del asesinato. La sentencia para José Vicente y Guillermo Reinafé, junto con el autor material Santos Pérez, fue la pena de muerte. Fueron ejecutados en la horca, frente al Cabildo de Buenos Aires el 25 de octubre de 1837. Francisco logró escapar inicialmente hacia el Uruguay, pero años más tarde murió en combate durante la Batalla de Cayastá, Santa Fe, en 1840.
[6] Quiroga era un caudillo federal extremadamente popular y su asesinato causó conmoción nacional.
Mostrar duelo público permitía a Rosas presentarse como defensor del federalismo, garante del orden y
y heredero político de Quiroga. Las exequias ayudaron a canalizar la indignación popular contra los Reinafé y no contra Buenos Aires.Además, Rosas utilizó el crimen para consolidar su poder: poco después recibió la “suma del poder público”.
[7] Sarmiento, Domingo faustino, obra citada, p.273
[8] Sarmiento, Domingo faustino, obra citada, p.287
[9] Sarmiento, Domingo faustino, obra citada, p.287,288
[10] Sarmiento, Domingo faustino, obra citada, p.288
