PUERTO ARTURO: UN VIAJE AL CORAZÓN DE LA SELVA DEL PETÉN, GUATEMALA

A Graciela Eyheremendy

Amantes de la fauna salvaje, queríamos admirar jaguares -los leones americanos- en estado natural. Graciela Eyheremendy, nuestra ex compañera del Secundario que junto a su esposo Fabián son viajeros incansables, nos recomendó visitar Pantanal, en el Amazonas. Cuando contactamos a la empresa operadora, nos explicó que no tenían tours disponibles para esa fecha. Considerando la distancia y el poco tiempo que disponíamos, averiguamos dónde era posible admirarlos. Nuestra búsqueda nos llevó a Wildlife Conservation Society Guatemala, una ONG que, a su vez, nos derivó a la Fundación Carmelita, ubicada en la comunidad del mismo nombre. Decidimos intentar la aventura con ellos.

EL VIAJE

Guatemala es un país precioso y diverso. Entre sus tesoros se encuentran, por ejemplo, La Antigua, la bellísima ciudad colonial que fuera su capital.

También Chichicastenango, donde los jueves y domingos funciona el mercado indígena más grande de Centroamérica.

En el norte, en el departamento de El Petén, se encuentra la Reserva de la Biósfera Maya, un área protegida de algo más de 21,000 km2. Allí, muy cerca del límite con México y Belice, se encuentra una rica biodiversidad y las famosas ruinas de Tikal, las más altas del mundo maya.

Emprendimos nuestro viaje en auto. Cruzamos la frontera desde Honduras por el paso de Corinto; a pocos kilómetros tomamos la carretera del Atlántico. Unos 35 o 36 kilómetros después tomamos el desvío a Río Dulce que asciende hacia el norte. Tras ocho horas y media de viaje llegamos a Santa Elena y a su pintoresca isla de Flores, en el Lago Petén Itzá.

La isla de Flores es el punto de acceso a la Reserva de la Biósfera Maya. Atrae a jóvenes de todo el mundo, en su mayoría con el propósito de visitar Tikal.

Hay cafés, bares y restaurantes, rodeados de un ambiente colorido, embellecido por las vistas del lago. Allí la Fundación Carmelita tiene una oficina donde nos encontramos con su administrador, quien nos informó que pasarían a recogernos por nuestro hotel a la cinco de la mañana del día siguiente.

La travesía se dividió en dos partes. La primera, tres horas de camino hasta Carmelita. Nos acompañaba Nidia, quien sería nuestra cocinera, y su hija Valeria. El pavimento solo llegaba hasta San Andrés, así que luego recorrimos un duro y extenso tramo de tierra. A mitad de camino pasamos por la brava comunidad de Dos Aguadas, cuyos pobladores hacía poco tiempo habían prendido fuego a un puesto de control del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) obligando a policías y militares a retirarse. A partir de allí nos adentramos en un área cada vez más cerrada y boscosa. Al llegar a Carmelita, ya en el corazón de la Biósfera Maya, encontramos una comunidad de unos cuatrocientos pobladores, muy limpia y ordenada, con su escuela, su cancha de básquet, su iglesia y el plantel de la cooperativa, que, además del turismo, se dedica a la madera. Desayunamos en el comedor de doña Brenda, quien nos explicó que la población fue fundada alrededor de 1920 y la cooperativa creada en 1998.

Tras la comida, subimos a una pick up 4 x 4, con enormes ruedas, para emprender el trayecto a Puerto Arturo, nuestro destino final. Ya en un entorno selvático, el camino rebosaba de lodo por las intensas lluvias, con enormes charcos que parecían pequeñas lagunas. Apenas 26 kilómetros separan Carmelita del hotelito que la cooperativa levantó en Puerto Arturo, pero solo se puede avanzar muy lentamente, teniendo sumo cuidado para no deslizarse sobre la angosta carretera.

Solo choferes expertos pueden conducir por él. No hay ni casas, ni aldeas, ni motos. Solo la naturaleza, nosotros y, tras casi dos horas, una estación de control del CONAP. Minutos después llegamos a nuestro destino, donde nos esperaban nuestro guía Santiago Juárez y el cuidador don Orlando Cháves. Dejamos nuestro bolso en la habitación, ubicada en una segunda planta del hotelito de madera, y comenzamos las caminatas.

Aunque no pudimos ver ninguna de las cinco especies de felinos -jaguar, puma, yaguarundi, ocelote y margay, estos dos llamados también tigrillos– que han sido registradas por cámaras trampa desde que fueron colocadas hacía unos cinco meses (la foto del jaguar de la portada y la del puma que va debajo son dos de ellas), pudimos admirar una amplia variedad de mamíferos y aves. Mencionaremos solo los encuentros más importantes.

DÍA 1

Al llegar, cerca de la zona donde está el comedor, que consta de un techo apoyado sobre pilotes de madera observamos dos ejemplares de zorro gris (en inglés Gray Fox; nombre científico Urocyon cinereoargenteus).

Los senderos planos, anchos y bien mantenidos se abren en distintas direcciones. Uno de ellos incluso tiene un hide, una pequeña construcción donde ocultarse a la espera de los animales que lleguen a la zona.

Un poco más tarde, a unos cien metros, antes de empezar la segunda caminata escuchamos a los árboles agitarse; eran varios ejemplares de mono araña centroamericano (en inglés Central American Spider Monkey; nombre científico Ateles geoffroyi); son muy ariscos y rara vez descienden de los árboles. También habitan allí monos aulladores.

Luego vimos algunas cotuzas o guatuzas (en inglés Central American Agouti; nombre científico Dasyprocta punctata) en distintos senderos. Son roedores emparentados con los capibaras o carpinchos.

Otro hallazgo curioso del primer día fue la llegada de una veintena de pavos ocelados (en inglés Ocellated Turkey, nombre científico Meleagris ocellata), al atardecer. Me dijeron que llegaban cada mañana y, tras estar un rato, desaparecían; lo mismo sucedía a la hora del crepúsculo.

DÍA 2

Luego de desayuno que, tal como el resto de los días, incluyó huevos preparados de diversas maneras, frijoles negros volteados, plátanos calientes y queso acompañados por nuestro infaltable café con leche, iniciamos el recorrido. Obviamente nosotros éramos los únicos visitantes.

Dimos prioridad a un sendero que nos condujo a la carretera de fango por donde llegamos que se prolonga hasta la frontera con México. Vimos huellas de jaguar y tapir, pero no pudimos encontrarlos. Sin embargo, disfrutamos de maravillosos encuentros a lo largo de nuestras largas caminatas.

Hallamos en el camino diversas aves, como, por ejemplo un pájaro carpintero lineado (en inglés Lineated Woodpecker; nombre científico Dryocopus lineatus)[1].

Además vimos a lo lejos dos pecaríes o chanchos de monte juveniles (en inglés Collared Peccary; nombre científico `) que se ocultaron al advertir nuestra presencia.

Sin duda, el momento más importante fue el encuentro con un águila crestuda real (en inglés Ornate Hawk-Eagle; nombre científico Spizaetus ornatus) vigilando su nido. Esta ave imponente vive en lo alto de los árboles y se reconoce fácilmente por su cresta negra.

Finalmente, al llegar al campamento observamos un pizote (en inglés White-nosed Coati; nombre científico Nasua narica), pariente de los coatíes sudamericanos (cuyo nombre científico es Nasua nasua). Se trataba de un pizote solo, aunque también hay ejemplares que viven en manada, tal como vimos desde lejos al día siguiente.

DÍA 3

El tercer día volvimos a vez zorros, pizotes, monos, cotuzas y pavos, incluso huellas de tapir.

También disfrutamos del contacto con nuevas especies, por ejemplo, un manaquín cuello blanco (en inglés White-collared Manakin, nombre científico Manacus candei)[2], famoso por su bailecito de cortejo.

Otro hermoso ejemplar cuyo canto nos atrajo fue una coa violácea norteña (en inglés Gartered Trogon; nombre científico Trogon caligatus)[3]. Si bien habíamos visto y fotografiado estas especies en Honduras, no dejamos por eso de admirar su belleza.

Un hallazgo interesante fue un pecarí adulto, al que pudimos observar mejor.

Sin embargo, la joya del día fue una pareja de aguilillas canela o coloradas (nombre científico Busarellus nigricollis), aunque la traducción de su nombre en inglés (Black-collared Hawk) sería gavilán de cuello negro.

Ambos custodiaban su nido aún sin pichones.

DÍA 4

El cuarto día era el último dedicado a Puerto Arturo. Tuvimos la suerte de cruzarnos con una familia de pecaríes en dos oportunidades.

También observamos aves interesantes, como la tangara gorjinegra o capucha negra (en inglés Black-throated Shrike-Tanager; nombre científico Lanio aurantius)[4].

Una experiencia interesante fue navegar por la laguna, que tiene un perímetro de 6 kilómetros, incluyendo una isla en su centro con un montículo debajo del cual se encuentra enterrada una estructura maya. Puerto Arturo es una zona tan alejada que ni siquiera este espejo de agua aparece en Google Maps, aunque sí su foto. En un conteo realizado por científicos, se documentaron 34 cocodrilos, pero no pudimos hallar ninguno.

Al finalizar el día encontramos un guaco (en inglés Laughing Falcon; nombre científico Herpetotheres cachinnans), un hermoso halcón cuyo alimento preferido son las serpientes.

DÍA 5

El último medio día lo utilizamos para observar fauna en el puesto de la CONAP que se encontraba a la entrada del área protegida. Para trasladarnos hasta allí, la 4 x 4 que nos llevaría de vuelta a la isla de Flores surcó el camino de lodo espeso durante unos 20’.

Entre las joyas que observamos se encontró un grupo de loros yucatecos (en inglés Yellow-lored Amazon, nombre científico Amazona xantholora), muy raros en Guatemala

También observamos varios colibríes[5], entre ellos un bello colibrí de Cuvier o pecho escamoso (en inglés Scaly-breasted Hummingbird, nombre científico Phaeochroa cuvierii).

La perla del día fue la repentina aparición de dos venados cola blanca (en inglés White-tailed Deer, nombre científico Odocoileus virginianus), animales muy tímidos que suelen huir la presencia humana.

Tras regresar, almorzamos (todas las comidas fueron excelentes) y emprendimos el regreso. En un momento nuestro chofer se detuvo ante un pequeño desnivel cubierto con agua. Cuando le preguntamos la razón, señaló una pequeña cabeza de cocodrilo que asomaba entre el barro; era un cocodrilo de pantano juvenil (en inglés Morelet’s Crocodile, nombre científico Crocodylus moreletii). Nos explicó que durante cierta época del año los cocodrilos salen de la laguna y depositan huevos sobre la tierra, por eso ese pequeño reptil se encontraba en ese sorprendente hábitat.

Tras retornar a Carmelita, cambiamos de vehículo. Llegamos a la isla de Flores ya de noche. Nos acostamos temprano para tomarnos un bonus al día siguiente: visitar por cuarta vez el parque arqueológico de Tikal.

DÍA 6

El viaje a Tikal desde Flores toma algo más de una hora. En el camino se encuentra el desvío a Melchor de Mencos, el punto fronterizo con Belice. Al llegar a las ruinas se debe comprar la entrada y recorrer unos 16 kilómetros en vehículo a una velocidad no mayor a 45 km/hora. El camino está pavimentado, pero bordeado de selva; numerosos carteles advierten que animales salvajes pueden cruzarse en cualquier momento.

Ya en el sector que se recorre a pie uno encuentra una vegetación exuberante y fauna sorprendente. Además de los cantos de decenas de especies de aves, se escucha el bramido de los monos.

En lo alto de una estructura de piedra descubrimos una tayra (en inglés Greyheaded Tayra, nombre científico Eira barbara), el más grande de todos los hurones.

Muy cerca de ella, colgados de las ramas más altas de unos árboles, pudimos fotografiar monos aulladores (en inglés Guatemalan black howler mokey, nombre científico Alouatta pigra).

Contemplar la Gran Plaza o Acrópolis con sus dos enormes pirámides enfrentadas (los templos del Gran Jaguar y de la Luna, también conocidos como Templos I y II) hace olvidar la fauna y nos sumerge en el corazón de la historia maya. Ya hemos escrito sobre las ruinas de Copán[6] y esperamos en alguna ocasión dedicar un artículo a las de Tikal.

Una de las actividades imperdibles es ascender al Templo IV o Templo de la Serpiente Bicéfala, de 70 metros de altura, desde donde se observan los frontones rectangulares de los templos de la Acrópolis emerger en medio de la selva. Algunos recordarán que allí se filmaron escenas del primer episodio de la Guerra de las Galaxias.

Antes de irnos nos sorprendió el picoteo sobre la madera de un pájaro carpintero castaño (en inglés, Chestnut-colored Woodpecker; nombre científico Celeus castaneus).

También un mono araña nos despidió desde lo alto de una rama.

Para terminar, y ya preparados para emprender el regreso a Honduras, una manada de de unos veinte pizotes se alimenta en un jardín próximo a la entrada. Algunos ejemplares se dejan fotografiar.

Fue un viaje corto; si bien no pudimos admirar jaguares, descubrimos un sitio maravilloso, donde la mano destructora del hombre no ha ingresado todavía.

© Pablo R. Bedrossian, 2024. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Para los interesados en los pájaros carpinteros, ver nuestro artículo “Los pájaros carpinteros del norte de Centroamérica”, 5/8/2020, https://pablobedrossian.com/2020/08/05/los-pajaros-carpinteros-del-norte-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Para los interesados en los manaquinos, ver nuestro artículo “Los manaquinos del triángulo norte de Centroamérica”, 20/5/2020, https://pablobedrossian.com/2020/05/20/los-manaquinos-del-triangulo-norte-de-centroamerica-y-mexico-por-pablo-r-bedrossian/

[3] Para los interesados en los trogones, ver nuestro artículo “El quetzal y su familia: los trogones centroamericanos”, 17/1/2020, https://pablobedrossian.com/2020/01/17/el-quetzal-y-su-familia-los-trogones-centroamericanos-por-pablo-r-bedrossian/

[4] Para los interesados en los tanagers, tangaras o tanagras, ver nuestro artículo “Los tanagers de Centroamérica”, 28/4/2021, https://pablobedrossian.com/2021/04/28/los-tanagers-de-centroamerica/

[5] Para los interesados en los colibríes, picaflores o chupaflores, ver nuestro artículo “Los colibríes de Honduras”, 24/8/20220, https://pablobedrossian.com/2020/08/24/los-colibries-de-honduras-por-pablo-r-bedrossian/

[6] Ver Nuestro artículo “Cómo visitar las ruinas mayas de Copán”, 11/2/2017, https://pablobedrossian.com/2017/02/11/como-visitar-las-ruinas-mayas-de-copan-por-pablo-r-bedrossian/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de las fotos del White-collared Manakin y la del Laughing Falcon tomadas por Santiago Juárez y las fotos del jaguar (de la portada) y del puma, tomadas por cámaras trampa instaladas por él


4 comentarios en “PUERTO ARTURO: UN VIAJE AL CORAZÓN DE LA SELVA DEL PETÉN, GUATEMALA

  1. Muchas gracias por compartir tan hermoso viaje. Interesante reflexión final. Ojalá que la mano destructora del hombre tome conciencia de la maravilla que está destruyendo y tome la sabía y firme decisión de proteger lo que queda y emprender la recuperación de todo lo que sea posible.

  2. Hola Pablo!

    Que interesante leer tu experiencia por la selva Petenera y la gran riqueza que esta tiene y pudiste disfrutar. Yo durante las próximas semanas voy a estar por esa zona. Entonces, te podría pedir algún contacto para poder hacerte preguntas más en profundidad sobre tu experiencia y recomendaciones?

    Atte. Juan Francisco.

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