LA IGLESIA SUECA: UNA JOYA MUY CERCA DEL PUERTO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA SUECA (hoy más conocida como IGLESIA NÓRDICA), Azopardo 1422, Barrio de San Telmo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Uno de los edificios más originales y hermosos de Buenos Aires se encuentra en el Bajo, en una esquina de San Telmo, en la zona más cercana a La Boca. Libre de muros y con una bella torre recortada sobre el cielo, en la intersección de la Avenida Juan de Garay y la calle Azopardo se levanta la Iglesia Sueca, más conocida como Iglesia Nórdica, un conjunto de construcciones de aroma europeo, con fachadas de ladrillos oscuros que delatan el paso del tiempo.

Nació como la Iglesia Sueca, una congregación luterana, para servir a las necesidades espirituales tanto de los inmigrantes como de los marineros suecos que mayoritariamente adherían a los postulados de la Reforma.  

LOS PRIMEROS SUECOS EN ARGENTINA

Se sabe de la presencia de suecos en la Argentina desde el siglo XVIII. Incluso el único extranjero presente durante la Declaración de la Independencia en el Congreso de Tucumán fue el oficial sueco Johan Adam Graaner[1], autor de un informe que luego fue publicado como libro, titulado “Las Provincias del Río de la Plata en 1816”[2].

Quizás el primer misionero protestante sueco en Argentina fue el científico Enmanuel Endheldjertha, quien leyendo la Biblia en su país sintió la vocación llevar el evangelio a otras naciones. Llegó a Buenos Aires cerca de 1825, luego viajó a Mendoza y de allí a Chile. A lo largo del camino entregaba ejemplares del Nuevo Testamento y leía porciones bíblicas a quienes estuvieran dispuestos a oír[3].

Nuestro recordado amigo, el historiador Arnoldo Canclini, en su libro “400 años de Protestantismo Argentino” relata la historia de un marinero sueco, Emilio Olesson, quien dedicó su vida a Dios como misionero. Arribó a la Argentina en 1885. Trabajó en la Sjömansvärden, más conocidacomo la Misión Sueca a los Marineros, creada en 1886, con presencia en muchos países. Los marinos suecos llegaban al sur generalmente por la caza de ballenas y recibían en esa misión asistencia espiritual durante su estadía en Buenos Aires. Además, Olesson distribuía biblias. En su esfuerzo evangelizador llegó a Tierra del Fuego donde entregó ejemplares de las Sagradas Escrituras a presos de la famosa cárcel[4].

Contra lo que uno puede imaginar, a principios del siglo XX Suecia era uno de los países más pobres de Europa. Era una sociedad agrícola sobre la cual surgía la nueva clase obrera acompañando el naciente proceso de industrialización. Sin embargo, las condiciones laborales eran tan penosas que muchos decidieron emigrar. Algunos de ellos, provenientes de Brasil, se instalaron a principios del siglo XX en Misiones, en particular en Oberá, ciudad fundada mayoritariamente por suecos. Allí, en 1921 el reverendo Rudolf Münter celebró allí el primer culto para los luteranos suecos.

LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA SUECA DE BUENOS AIRES

La Iglesia Sueca porteña tiene como principal antecedente la labor pastoral de un norteamericano enviado por el sínodo sueco-norteamericano de Augustana en 1917, llamado Efraim Ceder, quien celebraba servicios religiosos para la comunidad sueca en templos anglicanos. Por su iniciativa se solicitó a la iglesia nacional sueca la incorporación de la naciente congregación porteña como parte suya. La respuesta fue afirmativa a condición de ocuparse de la vivienda del pastor. Cuenta el Dr. Canclini: “la respuesta fue positiva, aunque con la aclaración de que debían ocuparse de los gastos de vivienda del pastor y atender a la numerosa tripulación de naves de su bandera. Sobre esa base llegó el primer pastor llamado Rudolf Münzher, quien dirigió la congregación entre 1919 y 1923 en una vieja casona en la calle Belgrano 426, que según se dice era la misma donde murió el prócer”[5].

En 1927, luego de una crisis, llegó de Suecia un joven pastor, Nils Bååthe, quien durante sus 20 años de ministerio pastoral sirvió a tres iglesias simultáneamente: la de los marineros, la de la colonia residente en Buenos Aires y la de los suecos en la provincia de Misiones[6]. Hizo una labor titánica ayudando a cuantos podía, no solo en los aspectos religiosos.

La periodista e investigadora urbana Karina Bazán Carpintero, quien generosamente ha aportado valiosa información a este artículo, nos cuenta que “entre 1934 y 1943, la congregación adquirió una casa de dos pisos ubicada en Defensa 1155, si bien la casa les era funcional, una enorme palmera ocupaba el centro del patio les incomodaba a la hora de realizar los bailes tradicionales de la fiesta del solsticio de verano”[7].

LA CONSTRUCCIÓN DEL EDIFICIO

La construcción de un templo propio requería fondos que la iglesia no poseía. Los aportes para la compra del terreno llegaron de un modo inesperado: “En 1942, una semana antes del 24 de diciembre, el presidente de la Asociación Sueca y máximo jefe de la empresa SKF, Curt Schenströrn, llamó por teléfono y comunicó que su empresa había resuelto donar 25.000 pesos al fondo para la construcción del edificio de la iglesia. Un par de días después llegó un aporte de igual monto, esta vez enviado por la firma LM Ericsson. Veinticuatro horas antes de la Nochebuena el pastor Bååthe participó de un remate donde compró, en un precio muy razonable, el terreno en el que se erigiría la futura construcción, en la esquina de las calles Azopardo y Garay”[8] .

LA CONSTRUCCIÓN

El diseño del nuevo templo estuvo a cargo del arquitecto suizo-argentino Edmundo Klein, cuyos planos fueron aprobados en Suecia. La construcción fue dirigida por el ingeniero Kjell Henricksen. La piedra fundamental del templo se colocó el 28 de mayo de 1944 y se inauguró en agosto de 1945. En la ceremonia de colocación de la piedra fundamental participaron más de 300 personas, “muchas de ellas eran representantes de la flota mercante sueca. Las tripulaciones también habían aportado lo suyo: los buques habían competido entre sí para lograr la mayor colecta de fondos para el objetivo propuesto. La Dirección Nacional de Asistencia al Personal Marítimo contribuyo también con tan noble propósito”[9].

Buena parte de los gastos fueron sufragados por empresario naviero Axel Ax:son Johnson (1876-1958)[10]. Este destacado hombre de negocios heredó de su padre no solo la dirección de la poderosa compañía Nordstjernan sino también el título de Cónsul General de Siam (hoy Tailandia), por el que se lo reconoce[11]. Cabe agregar que en 1947 este filántropo, decidió donar el 80% del capital de su empresa a una fundación sin fines de lucro, para promover la ciencia, y otra parte más pequeña a una fundación familiar[12].  

Además, Ax:son Johnson donó el dinero para la construcción del Hogar de Marineros denominado Fundación Johnson, que daba a la calle Garay (del cual hoy sobrevive un barco grabado en piedra sobre la puerta de entrada), terminado a mediados de 1946 e inaugurado en enero de 1947 por el príncipe Bertil de Suecia, de visita por la Argentina[13].

EL EDIFICIO

La Iglesia Sueca es un conjunto de edificios, cuyo corazón lo constituyen su pequeña capilla y el salón principal lindante, que sirve como club y lugar de encuentro. Hemos estado allí en dos ocasiones: la primera, hace muchos años en un té con masas suecas organizado por una asociación profesional y la segunda, más recientemente, en una Noche de los Templos organizada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El salón principal da al jardín que funciona como pulmón de manzana. En la segunda planta se encontraba la vivienda pastoral. El último en ocuparla fue el pastor Sven Vinstertom quien se retiró en 1993. Ante la ausencia de un ministro religioso permanente ese espacio fue alquilado durante muchos años a la Bodega Humberto Canale. Durante los últimos años, hasta la llegada del Covid19, funcionaba allí el ISA (Instituto Sueco Argentino). Dentro del complejo también se encuentran la cocina, un par de oficinas, un departamento para el casero y uno para el ama de llaves. Todas estas secciones tienen entrada por la calle Azopardo.

En L, compartiendo el jardín pero con entrada independiente por la avenida Garay 80, se encuentra lo que fue el Hogar de Marineros, que se cerró cuando se redujo el flujo naviero. Varios de estos espacios fueron ocupados por la empresa sueca Ericsson.

LA CAPILLA Y SUS EXTRAORDINARIOS DETALLES

El pequeño templo tiene techos altos que cubren una sola nave. Sus bancos son de cedro con lustrado mate. En la actualidad la pintura de las paredes es de un color rosa pálido con cielorraso blanco.

La pintura del frente

Durante el primer año en el frente hubo una cruz, luego reemplazada por la colorida pintura en tela con apariencia de mural que se observa en la actualidad.

Esta obra fue pintada en Estocolmo por Gunnar Torhamn. Muestra a Jesús con sus discípulos junto a una barca en el mar de Galilea. La elección de un tema marino no es casual, pues anuncia la presencia de Dios mismo junto a los marineros suecos[14].  La parte inferior de la obra fue completada por otro artista sueco, Kuno Haglund, en la década de 1980[15].

El púlpito

El púlpito está ubicado a la derecha de la capilla; se accede a él subiendo una escalerilla. Fue diseñado y fabricado artesanalmente en madera por el arquitecto sueco Erik Johan Lundberg y donado por su hermano Stan Lundberg, quien era miembro de la comunidad sueca de Buenos Aires. El trabajo de ebanistería fue realizado por el escultor Robert Nilsson, cuñado del arquitecto[16].

El órgano

Al fondo de la capilla, arriba de la entrada, hay un balcón donde se encuentra el órgano construido por el luthier genovés radicado en Argentina Santiago E. Poggi. Luce una espléndida tubería yl fue declarado, “Bien integrante del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, por la ley N° 5.808, sancionada por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 4 de mayo de 2017[17].

Los vitrales

Los vitraux en estilo gótico fueron creación del polifacético artista y espadachín argentino Jorge Berystayn. Se cuenta que al observar desde su auto la iglesia recién construida quedó tan impactado que inmediatamente sintió el deseo elaborarlos y donarlos.

La campana

En 1978 la dama sueca Daisy Melberg, buscando un regalo para su esposo en una tienda de artículos náuticos encontró una campana que había pertenecido a un navío que había sido capitaneado por su marido. Decidió donarla pues nada más oportuno para una iglesia de marineros que la campana de un barco.

LA IGLESIA HOY

La Iglesia Nórdica no existe como tal. Sigue siendo formalmente la Iglesia Sueca, cuyo nombre jurídico es Congregación Sueca en Buenos Aires. El nombre de Nórdico se le dio porque al haber perdido los noruegos su templo[18], lo mismo que los finlandeses[19], se utiliza la capilla para compartir las celebraciones religiosas de las tres comunidades.

La reducción del tránsito marítimo de Suecia a Buenos Aires como la natural integración de descendientes de suecos a iglesias argentinas menguó la asistencia a la Iglesia Sueca. Si bien no hay en la actualidad un ministro permanente, la capilla se utiliza durante las visitas de una pastora itinerante, y el salón como sede de eventos culturales y sociales.

ALGUNAS CURIOSIDADES

Durante el pastorado de Nils Bååthe pasaron por la Iglesia Sueca ilustres visitantes como Theodor Svedberg (Premio Nobel de Química en 1926) y Ulf von Euler (Premio Nobel de Medicina en 1970)[20].

La elección de azul y oro como representativos del Club Atlético Boca Juniors provino de una curiosa decisión: adoptar los colores de la bandera del primer barco que pasara por un puente del puerto que resultó ser de bandera sueca.

La mismísima Casa Rosada misma fue ideada por dos arquitectos suecos, Henrik Åberg y Carl August Kihlberg.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

A la periodista e investigadora urbana Karina Bazán Carpintero por su generosidad, por la valiosa información brindada y su inagotable pasión por Buenos Aires. Recomendamos su blog “Habitantes de Buenos Aires”, http://www.habitantesdebsas.com.ar, con valiosos artículos originales.

A Eva Jeppsson, de la Iglesia Sueca, a quien contacté a través de Karina Bazán Carpintero, por los datos que me brindó, incluyendo artículos y fotografías. Ha tenido una extraordinaria disposición a colaborar con este artículo.

A Sabina Ruiz Díaz por la excelente tesis titulada “La Religión como Impulsora de Migración y Reafirmadora de Identidad en la Nueva Terra. El Caso de los Misioneros Protestantes Suecos en Argentina”.


REFERENCIAS

[1] Sin firma, “Un misterioso sueco en el Congreso del 9 de julio de 1816”, Instituto de Cultura Sueca, https://www.cultura-sueca.com.ar/un-misterioso-sueco-en-el-congreso-del-9-de-julio-de-1816/

[2] Graaner, Jean Adam, “Las Provincias del Río de la Plata en 1816 – Informe dirigido al príncipe Bernadotte”, Librería y Editorial “El Ateneo”, 1949. Nótese que aparece como Jean Graaner y no como Johan

[3] Canclini, Arnoldo, “400 años de Protestantismo Argentino. Historia de la Presencia Evangélica en la Argentina”, Ed. FIET, 2004, p.95

[4] Canclini, Arnoldo,” 400 años de Protestantismo Argentino. Historia de la Presencia Evangélica en la Argentina”, Ed. FIET, 2004, p.230, 231

[5] Canclini, Arnoldo, Op. cit., p.305

[6] Canclini, Arnoldo, Op. cit., p.368

[7] Bazán Carpintero, Karina, “Una perla cerca del puerto”, Habitantes de Buenos Aires, http://www.habitantesdebsas.com.ar/2012/12/una-perla-cerca-del-puerto.html

[8] Dahlstein, Anna, “Azul y Oro en Argentina” (“Blågult I Argentina”), Asociación Sueca (Svenska Föreningen), 1998, p.148,149

[9] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.149

[10] Sin firma, “La Iglesia Nórdica de Buenos Aires”, Iglesias de Buenos Aires, 13/08/2019, https://baiglesias.com/una-iglesia-nordica-en-buenos-aires/; también ver Dahlstein, Anna, Op. cit., p.148. El segundo nombre está bien escrito: Ax:son, con dos puntos luego de la x.

[11] Sin firma, Sitio Oficial de la empresa Nordstjernan, sección Historia: 1890-1930, https://www.nordstjernan.se/historia/1890-1930

[12] Sin firma, Sitio Oficial de la empresa Nordstjernan, sección Historia: 1940-1970, https://www.nordstjernan.se/historia/1940-1970

[13] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.158

[14] La escena reproduce el llamamiento registrado en el Evangelio de Marcos 1:16-20 que Jesús hizo a dos pares de hermanos, todos pescadores: Andrés y Pedro y Jacobo y Juan. Estos dos, apodados boanerges (“hijos del trueno”) aparecen representados junto a su padre Zebedeo. Un séptimo personaje anónimo lleva el rostro del pastor Nils Bååthe, como un homenaje del pintor a ese hombre que sirvió incondicionalmente a Dios sirviendo a los demás fuera de su terruño.

[15] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.151

[16] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.151

[17] Sin firma, “Órgano de la Iglesia Nórdica de Buenos Aires”, Patrimonio y Arte Urbano de la Ciudad de Buenos Aires, http://patrimonio.com.ar/organos/detalle/organo-de-la-iglesia-nordica-de-buenos-aires/12

[18] La Iglesia de los Marineros Noruegos de Buenos Aires había sido levantada en 1918, con diseño del arquitecto Alejandro Christophersen; fue demolida en 1978 debido a la construcción de la Autopista 25 de Mayo.

[19] La Iglesia Finlandesa se encontraba en la Avenida San Juan 234.

[20] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.151


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LA IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS DE LA AVENIDA BELGRANO 579 (por Pablo R. Bedrossian y William D. Grant)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS, Av. Belgrano 579, Barrio
de Monserrat, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

LOS PIONEROS

La Iglesia Presbiteriana surge en Escocia durante el siglo XVI como heredera de una notable tradición religiosa que comienza con los albores de la fe cristiana. Liderada inicialmente por el reformador John Knox, es una iglesia protestante que luchó contra la monarquía inglesa en reiteradas ocasiones.

La firma en Buenos Aires del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica el 2 de febrero de 1825 permitió la inmigración de súbditos británicos, reconociéndoles derechos religiosos que incluían la construcción de sus propios templos.

Bajo este marco y como parte del acuerdo entre el Ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia y los hermanos John y William Parish Robertson, en agosto de ese año arribó a tierras argentinas un contingente de escoceses para formar la Colonia Agrícola Ganadera de Monte Grande en la Provincia de Buenos Aires. La travesía en la goleta “Symmetry”,que duró tres meses, fue documentada por William Grierson, abuelo de Cecilia Grierson, primera médica mujer egresada de la Universidad de Buenos Aires, que hoy es recordada por una calle de Puerto Madero[1].

Estos primitivos colonos establecidos en la zona sur de lo que hoy llamamos el Gran Buenos Aires al año siguiente de su llegada pidieron a la Iglesia de Escocia el envío de un ministro religioso, por lo que fue enviado el reverendo William Brown, quien arribó a la Argentina a fines de 1826.

Sin embargo, tras un inicio prometedor, hacia 1828 la colonia cayó en el fracaso económico. Algunos colonos se radicaron en la zona de lo que hoy es Florencio Varela, San Vicente y zonas cercanas, y otros en la zona de Chascomús. El Rev. William Brown y otros colonos prefirieron, en cambio, establecerse en la ciudad de Buenos Aires.

El 22 de diciembre de ese año un grupo de escoceses presbiterianos autoconvocados decidieron formar una iglesia en Buenos Aires, bajo “la doctrina y disciplina de la Iglesia Establecida de Escocia”. Para ello acordaron compartir los buenos oficios del Rev. William Brown con los colonos de Monte Grande, dando origen a la Iglesia Presbiteriana San Andrés en la Argentina, que fue constituida formalmente el 15 de marzo del año siguiente.

Parte del memorial de los miembros de la Iglesia caídos en la Primera Guerra Mundial

Ese esa ocasión el culto inaugural se llevó a cabo en lo que se llamó “Capilla Presbiteriana Escocesa” (“Scotch Presbyterian Chapel”) en la calle México al 300, según su antigua numeración, que probablemente correspondiera al cruce actual entre la calle mencionada y la Avenida 9 de Julio o a sus cercanías.

Su ministro fue el mismo Rev. William Brown y los primeros presbíteros “elders” o “ancianos”, que constituían el cuerpo formado por laicos al que la autoridad pastoral estaba sujeta, fueron John McClymont, Hugh Robson y James Brown.

EL TEMPLO DE LA CALLE PIEDRAS Y SU ARQUITECTO

Con la anuencia del Gobierno de Buenos Aires encabezado por Juan Manuel de Rosas, el 25 de febrero de 1833 se colocó la piedra fundamental del nuevo templo en un predio adquirido por la comunidad. Se encontraba ubicado en la calle Piedras 55, entre las actuales calles Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, que en aquel entonces se llamaba Victoria. El edificio fue inaugurado el 25 de abril de 1835, con el nombre de “Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés” (“St. Andrew’s Scotch Presbyterian Church”)

Templo de calle Piedras 55 diseñado por Richard Adams.

El templo era de diseño neoclásico, con un atrio al que se llegaba ascendiendo tres escalones; tenía al frente seis columnas con capiteles jónicos sobre las que se levantaba un frontón triangular. El interior era más modesto, aunque lucía dos pares de columnas con capiteles corintios entre los cuales se alineaban los bancos de madera para los feligreses. Décadas después, en 1884, detrás del altar se ubicaron los majestuosos tubos del órgano, el mismo que con sus sucesivos arreglos, modificaciones y ampliaciones aún perdura en el actual templo sobre la Avenida Belgrano.

Interior del templo de la calle Piedras 55

El edificio fue diseñado por Richard Adams, un escocés que había arribado a la Argentina como parte del contingente de la goleta “Symmetry” y había trabajado en la colonia escocesa de la zona sur de Buenos Aires. Allí este arquitecto y pintor había levantado en 1828 más de 30 edificios de mampostería con 145 habitaciones, 47 ranchos, la casa principal, y un detalle que no es menor: una capilla presbiteriana, de la cual, sin embargo, nada se conoce[2]. Ese pequeño templo desaparecido fue la primera iglesia protestante erigida en Argentina.

Casa de los hermanos Parish Robertson en la Estancia Santa Catalina. En ese predio se instalaron los colonos escoceses y Adams construyó el primer templo protestante de la Argentina.

En 1829 Adams se estableció en Buenos Aires donde le encargaron la construcción de la actual Catedral Anglicana de San Juan Bautista, inaugurada en 1831, cuya fachada sirvió de referencia para la Iglesia Presbiteriana San Andrés. Además, estuvo a cargo del proyecto y dirección del Segundo Cementerio de Disidentes de Buenos Aires, sobre la actual plaza 1º de Mayo, limitada por las calles Alsina, Pasco, Hipólito Yrigoyen y edificios para vivienda que dan a la calle Pichincha. En el centro del camposanto ubicó la capilla, “diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XVIII, con ábside central y naves laterales”[3]. Este importante arquitecto escocés murió en 1835 a los 43 años en Buenos Aires. 

Vista aérea del centro de Buenos Aires en la década de 1890. Encerrada en un círculo se observa el templo de la calle Piedras 55.

A fines de 1841 se colocó la piedra fundamental de la Escuela San Andrés en el terreno detrás de la Iglesia, bajo diseño de Edward Taylor, un ingeniero y arquitecto inglés y que había llegado a la Argentina en 1824. Décadas después tuvo a su cargo la creación de la Aduana Nueva[4].

LA DEMOLICIÓN DEL TEMPLO

La congregación presbiteriana fue creciendo con el paso del tiempo. En la década de 1880, luego de un encendido debate en Buenos Aires, se decidió la apertura de una gran arteria en el centro de la ciudad, la Avenida de Mayo, que comunicaría la Casa Rosada y la Plaza de Mayo con el Congreso de la Nación. El proyecto inicialmente fue muy resistido pues implicaba la expropiación y demolición de importantes edificios de ubicación privilegiada, entre ellos el de la Iglesia Presbiteriana San Andrés y su escuela. Tras su aprobación, las obras se iniciaron en 1888. Fueron lentas debido a la magnitud del proyecto. Finalmente, le llegó el turno a la iglesia de la calle Piedras 55, que fue expropiada y demolida cinco años después. El último servicio religioso allí se realizó el 8 de octubre de 1893.

EL NUEVO EDIFICIO Y SUS ARQUITECTOS

En 1894 la Iglesia Presbiteriana Escocesa, que había adquirido el terreno actual con accesos por la avenida Belgrano y la calle Perú, convocó a varios arquitectos para el diseño y construcción de su nuevo templo, adjudicando el proyecto al estudio de los arquitectos Edwin Arthur Merry y Charles T. Raynes[5]. E.A. Merry fue un importante proyectista de la comunidad británica en Buenos Aires[6], que en 1872, asociado con Carlos Ryder, había levantado la Iglesia Anglicana de la Santísima Trinidad en Lomas de Zamora y en 1874 la Primera Iglesia Metodista en la avenida Corrientes 718, que aún subsisten.

Colocación de la piedra fundamental del templo de la calle Belgrano 579

En 1895 se inauguraron las oficinas de la Iglesia en la calle Perú 352; allí el lote ofrecía un pequeño acceso, que en la actualidad se considera el segundo frente más estrecho de la ciudad.

Actual frente sobre la calle Perú

Finalmente el 10 de abril de 1896 se consagró la nueva Iglesia Presbiteriana San Andrés (“St. Andrew’s Scotch Church”) en Belgrano 579, que en ese momento era una calle angosta.

La iglesia de la calle Belgrano 579 con su espléndida torre. Detrás, el bellísimo edificio Otto Wulff con su doble cúpula

La construcción original era dominada por una espléndida torre de 35 metros de alto, con base cuadrada, que lucía en su techo agujas y almenas.

Ensanche calle Belgrano, Antiguo Bar Colonial y Torre de la Iglesia Presbiteriana

Lamentablemente esta joya arquitectónica porteña también se perdió: fue demolida en 1950 durante la ampliación de la calle Belgrano que pasó a ser avenida. Por segunda vez la congregación presbiteriana veía truncado su derecho a conservar intacta la espléndida arquitectura de sus edificios.

Demolición de la torre de la Iglesia Presbiteriana Escocesa por ampliación de la calle Belgrano que pasaba a ser avenida

Tanto la demolición de la torre y los vestíbulos contiguos como la construcción del nuevo frente inaugurado en 1962, estuvo a cargo del arquitecto inglés Sydney Follett, quien había arribado a la Argentina en 1911 y años atrás había estado a cargo de los trabajos de ebanistería en el interior de la Catedral Anglicana[7] entre otros edificios importantes de la comunidad británica. Follet falleció en 1968[8].

Vista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés del centro de Buenos Aires desde la demolición de su torre en 1950 hasta su nueva fachada en 1962

El resto del templo se mantuvo sin mayores cambios, conservando la mayor parte de su extraordinario interior hasta el día de hoy.

Nueva fachada en construcción

Cuenta con una gran nave central de 16 metros de largo por 13 metros de ancho, flanqueada por dos pasillos laterales. Por delante tiene un transepto, -suerte de nave transversal- que junto a la nave central conforman una planta en cruz latina.

En el interior tiene numerosos arcos neogóticos; los de los costados sirven como separadores entre la enorme nave central y los pasillos laterales. Por encima de ellos se encuentran bellos vitrales con temas bíblicos. El techo es de madera.

El hermoso ábside de piedra gris labrada cuya forma también corresponde al del arco neogótico, cuenta con cinco placas de bronce y con el hermoso rosetón que permite el ingreso de luz natural desde lo alto.

El púlpito de madera, al cual se accede por una pequeña escalera, se encuentra a la izquierda mientras que la pila bautismal a la derecha, lo mismo que el órgano y sus tubos.

Tanto el órgano como la pila bautismal habían sido inaugurados en la Iglesia de la calle Piedras.

Toda la capilla tiene detalles e inscripciones que habla de su fe y de su historia.

Atrio occidental, con el busto del Rev. Dr. James Smith, segundo pastor de la Iglesia. El busto es obra del escultor Arturo Dresco. Tanto este busto como la Iglesia de Belgrano, que lleva el nombre del Dr. Smith, fueron parte de los memoriales después de su fallecimiento.

LOS VITRALES

Se conservan cuatro bellos vitrales del templo de la calle Piedras que fueron reubicados dos en cada uno de los dos vestíbulos del nuevo templo de la entonces calle Belgrano. Cuando estos vestíbulos se demolieron junto con la torre para dar lugar a la Avenida Belgrano, estos cuatro vitrales fueron reubicados nuevamente uno en cada vestíbulo nuevo y en cada transepto. El más antiguo de los vitrales está en el transepto occidental frente al púlpito. Estos vitrales llevan los nombres de sus donantes o las personas a cuya memoria están dedicados.

El vitral Wilson, “Jesús y María Magdalena en la tumba”, dedicado en 1874 por William Wilson en memoria de su esposa Ann Margaret, fallecida a los 24 años a causa de una diabetes.

El vitral Black, “Las tres Marías junto a la tumba vacía”, dedicado en 1876 por G. C. Black en memoria de sus padres.

El vitral Bell, “Jacob bendiciendo a sus hijos”, dedicado por la viuda e hijos de George Bell en 1879.

El vitral McClymont, “La agonía de Jesús en el jardín de Getsemaní” en memoria de William McClymont, fallecido en 1883.

El Rosetón es el único vitral dentro del templo que perdura de la inauguración del segundo templo, en 1896; fue donado por los niños de la iglesia que hicieron una colecta especial. Se lo conoce como Rose Window o Children’s Window.

Al año siguiente se inauguró el segundo vitral que se encuentra al fondo del templo, en memoria de Thomas Drysdale, un importante miembro de la congregación.

En los siguientes años fueron colocados otros vitrales en memoria de otros miembros, donados por parientes y amigos, todos ellos realizados por la firma John and William Güthrie de Glasgow, Escocia.

LA IGLESIA ACTUAL

Como sucede en casi todas las iglesias étnicas, por cuestiones de idioma y asimilación cultural, ya son pocos los escoceses y sus descendientes que asisten a los cultos; sin embargo, se ha conformado una interesante comunidad de fe, integrada por personas de diferentes orígenes que adhieren a los principios presbiterianos. Además, hay un trabajo mancomunado con la Iglesia Presbiteriana de Olivos, que integra la comunidad San Andrés, de la cual forman parte también el colegio y la universidad del mismo nombre.

Detrás del templo hay oficinas, otras dependencias, un pequeño museo y un amplio salón, al que se accede más fácilmente desde la entrada de la calle Perú que ha sido utilizado por el Coro Gospel Argentina como sala de ensayos.

Pasillo de entrada al edificio por la calle Perú. En este pasillo se ha instalado el MuPSA. (Museo Presbiteriano San Andrés).

© Pablo R. Bedrossian y William D. Grant, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: A MANERA DE COLOFÓN, NOTAS DE LOS AUTORES

Los autores de esta nota: William D. Grant a la izquierda; Pablo R. Bedrossian a la derecha

La Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Ciudad de Buenos Aires, actualmente conocida como Iglesia Presbiteriana San Andrés del Centro, ubicada en la Avenida Belgrano entre las calles Perú y Bolívar, es especial para mí: cursé el Secundario en el vecino Colegio Nacional de Buenos Aires por lo que pasaba diariamente frente a ella. Luego en 1979 y 1980 participamos allí junto a mi hermano Alejandro en unos festivales de rock con nuestra banda “Propuesta”. Finalmente, en 1993 contraje enlace con mi amada esposa Graciela en su maravillosa capilla. A propósito, suelo llamar a esta iglesia “el cementerio de los elefantes” porque allí sucumbimos al matrimonio varios amigos “duros de casar”. Pero detrás de esos recuerdos, este imponente edificio tiene una rica historia digna de contar.

Pablo R. Bedrossian

Mis contactos con la Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Argentina, en esa época Iglesia Escocesa San Andrés, se iniciaron en el Salón de Actos de la Escuela Escocesa San Andrés en Nogoyá 550, Olivos. Yo había sido alumno de dicha escuela, y empecé a asistir a los Cultos Religiosos que se hacían allí cuando tenía 16 años. Poco tiempo después me confirmaron como miembro de la Iglesia y empecé a asistir a los cultos en la Iglesia de Belgrano R, Dr. Smith Memorial, que estaba cerca de casa. Al año siguiente se reinaguró la Iglesia de la Avenida Belgrano con su nueva fachada. Y se iniciaron unos cultos mensuales corales a la tarde noche a los que asistía siempre. En 1977 fui ordenado Presbítero Gobernante (Elder) de la Iglesia Dr. Smith Memorial. Pero el cargo era para toda la Iglesia. Y en 1989 me trasladé a la Iglesia del Centro debido a que en esa época vivía en San Telmo. No enumero la cantidad de actividades desempeñadas en ambas congregaciones ya que sería muy largo hacerlo. Pero debo decir que, si bien las otras Iglesias Presbiterianas fundadas originalmente por los escoceses y sus descendientes me maravillan, siento algo muy especial por la Iglesia de la Avenida Belgrano…

William D. Grant


REFERENCIAS:

[1] El diario fue publicado por primera vez en la Revista de la Iglesia Presbiteriana Escocesa “San Andrés” en 1958.

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.20

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo s/z, p.97

[5] Petrina, Alberto , Alberto Nicolini y Julio Cacciatore, “Patrimonio Arquitectónico Argentino – Memoria del Bicentenario (1810-2010)”, Tomo II (1880-1920), Ministerio de Cultura, Presidencia de la Nación, Argentina, 2010, p.92.93

[6]  Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo i/n, p.134

[7] Para más detalles, ver nuestro artículo “La Catedral Anglicana de Buenos Aires” en https://pablobedrossian.com/2018/01/19/la-catedral-anglicana-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo e/h, p.88


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías a color fueron tomadas por Pablo Bedrossian, uno de los autores de esta nota y es el dueño de todos sus derechos. Las fotos en blanco y negro fueron cedidas por William D. Grant, el otro coautor de esta nota, de su archivo personal, cuya fuente principal es de la revista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés.


AGRADECIMIENTO ESPECIAL

Quiero agradecer muy especialmente a William D. Grant por su admirable trabajo de recopilación histórica sobre la Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés. Espero que alguna vez su investigación pueda verse reflejada en un libro. Buscando información sobre el templo de la avenida Belgrano, todos los consultados me refirieron a Willie, como lo llaman sus amigos, a quien definen como el historiador de la iglesia. ¡Gracias, Willie, por tu generosidad, entusiasmo y aportes! Pablo Bedrossian.

UN COMENTARIO A “EL LEGADO DE LA REFORMA”, DE CÉSAR VIDAL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “LECTURA RECOMENDADA”

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Vivimos tiempos contradictorios, donde muchos supuestos beneficiarios de la Reforma están erigiendo una nueva Contrarreforma. Basta ver el regreso a las jerarquías eclesiásticas, que Lutero tanto combatió al predicar el sacerdocio universal de todos los creyentes, y la consiguiente predilección por títulos pomposos como los apostolados (cargo o función que ni siquiera los primeros seguidores de los apóstoles osaron tomar para sí), a lo que se añade la pretensión de autoridad y poder sobre otros hermanos. Incluso se utiliza la expresión “estar bajo cobertura” como si fuera bíblica, cuando no existe en el Nuevo Testamento. No se sorprenda: hay quienes predican la sujeción a un líder como signo de humildad y obediencia a Dios, cuando no es otra cosa que un intento de justificar el control y la manipulación.

Esta Contrarreforma, a la cual, desde luego, muchos cristianos e iglesias se oponen, también pregona una falsa promesa de prosperidad a cambio de diezmos y ofrendas, e incluso promueve “pactos” económicos vergonzosos. Dentro de este lamentable escenario se ha añadido una suerte de mediación entre Dios y los hombres, donde se “pasa” la “unción” y hasta con “doble porción”, sustituyendo la relación directa entre el hombre con Dios por alguien “ungido” para impartir esos “dones”.

Finalmente, y quizás la prueba más dramática de esta Contrarreforma en marcha, es la sustitución de la Biblia no ya por dogmas -aunque también los hay- sino por experiencias, que llevan a mover a las personas por emociones y no por la Palabra revelada en las Sagradas Escrituras.

Por eso, en tiempos donde los tataranietos de la Reforma se cruzan a la vereda de enfrente, a veces por ignorancia pero otras veces movidos por el poder y el dinero -males contra los cuales Lutero luchó-, “El Legado de la Reforma” del periodista e historiador César Vidal, es mucho más que una bocanada de aire fresco: Es la recuperación de una perspectiva que, al menos en los países latinos, parece olvidada o perdida.

EL LIBRO

Publicado por los 500 años de aquel día donde Lutero clavó sus 95 Tesis en Iglesia del Palacio de Wittenberg, “El Legado de la Reforma” es un estudio del mensaje que puso bajo tela de juicio la religiosidad dominante de su tiempo. Comienza con el análisis de sus causas, presenta los hechos y se concentra en sus consecuencias.

La obra consta de cuatro partes y un apéndice. La primera, titulada “La necesidad de la Reforma”, es un breve recorrido por la historia de la Iglesia Católica Romana donde pone al desnudo sus crisis, divisiones y urgencias hasta la época de Lutero.

La segunda parte, “Los orígenes de la Reforma” es una mirada al viaje espiritual del monje alemán devenido a teólogo. César Vidal reconstruye su biografía llegando hasta inmediatamente después de la famosa Dieta de Worms. En sección no solo incluye la famosa disputa sobre las indulgencias, sino que dedica varias páginas al descubrimiento bíblico que Lutero hizo de la justificación por la fe, de donde se derivan muchos de sus postulados. Allí, en algunos momentos, no se sabe si habla el apóstol Pablo, el reformador alemán o el escritor.

Al final de esta segunda parte, hay una somera descripción de otros movimientos reformadores surgidos en la misma época.

La tercera parte, “El legado espiritual de la Reforma” enfatiza la centralidad de la Biblia en el pensamiento de Lutero. Se ocupa de los principios sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo sobre los cuales el teólogo alemán fundamentó su reclamo de devolver la Biblia, el evangelio y a Cristo al pueblo, con un fuerte acento en la libertad que goza el cristiano cuya medida no es la religiosidad sino las verdades presentadas en el Nuevo Testamento.

La cuarta parte es “El legado cultural de la Reforma”. Esta extraordinaria sección es una exposición de las contribuciones que la Reforma hizo en campos como el trabajo, las finanzas, la educación, la ciencia, la Ley, la ética, la división de poderes, la libertad de conciencia, la ayuda social, la dignidad de la mujer y el arte. Dentro de esta sección, resulta aleccionador ver que las posiciones antijudías que Lutero mantuvo en la última parte de su vida fueron rechazadas y condenadas por sus seguidores, confirmando que en la nueva concepción de iglesia, ni teólogo alemán ni ningún otro sería un Papa evangélico ni tendría poder supremo. Se terminaba el autoritarismo para abrirse a una libertad que facilitara el diálogo y el debate para encontrar la verdad.

Finalmente, la obra incluye un apéndice con varios textos breves de Lutero y otros documentos de valor histórico.

EPÍLOGO

El “Legado de la Reforma” no es solamente un libro sobre el pasado, sino sobre el presente. En un tiempo donde la fe cristiana no católica se ve amenazada por una Contrarreforma interna que, como la establecida en el Concilio de Trento, se aleja de las Escrituras y construye un sistema de poder vertical al cual el creyente debe someterse, esta obra nos recuerda que el cambio comienza por principios no negociables: sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente el título suena a exageración. Más bien debería hablar de mis obras de arte predilectas sobre el tema o mis recomendaciones, pero decidí dejar ese título no solo por el valor estético de las obras sino por su valor espiritual. Cuentan diferentes momentos de una misma historia desde una perspectiva singular; además, cada una de ellas es portadora de profundos significados. Te invito a descubrirlas.

1. “Jesús cargando la cruz” (entre 1515 y 1520) Maestro del Norte de Holanda, quizás de Leyden (fechas desconocidas), en el Szépművészeti Múzeum , Budapest, Hungría.

Jesús cargando la cruz 02

El condenado era obligado a cargar con su cruz. Es muy probable que Jesús, luego de las torturas padecidas la noche previa, no pudiera soportarla. Tres de los evangelios cuentan de la ayuda que recibió: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”[1]. En la obra vemos a Jesús llevando el travesaño y detrás de él a este Simón de Cirene, que luego probablemente pasó a formar parte de la iglesia primitiva, pues se dice que era “padre de Alejandro y de Rufo”[2], menciones que sugieren que eran reconocidos en el naciente pueblo cristiano.

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Esta obra constituye una novedad en el arte por intenso uso del color blanco con algunas tonalidades sobre un pequeño fondo negro, solo interrumpido por el color piel de cabezas y manos. Además, crea una suerte de trompe l’oeil a través de un marco que da sensación de tridimensionalidad. La ropa y el calzado, como los edificios del fondo, son de la época del artista.

La representación está idealizada. Jesús es castigado y escarnecido. Nos hubiéramos imaginado que para acentuar el contraste entre víctimas y victimarios se hubieran utilizado colores diferentes para unos y otros, pero parece que el autor se negó a ser tan obvio y puso en consideración un elemento diferente: resaltar que unos y otros comparten la misma humanidad; por lo tanto, es doblemente trágico que el hombre mismo destruya a su prójimo, sobre todo cuando ese prójimo es inocente.

2. “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) de Salvador Dalí (1904-1989), en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Escocia

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951)

Salvador Dalí pintó repetidas veces la crucifixión desde su óptica surrealista. En este caso se inspiró en un dibujo místico de San Juan de la Cruz y en un sueño que, según él, sirvió de confirmación. Sin embargo, es la singular perspectiva de la obra y su perfecta ejecución lo que nos sorprende: Jesús colgado en la cruz es visto desde arriba, formando un triángulo con el travesaño lleno de luz. Aunque no se observan los ojos, la posición de la cabeza sugiere que el crucificado mira hacia abajo.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 02

Debajo hay un nuboso cielo dorado que refleja el resplandor que proviene de la cruz. Más abajo se observa un lago, una barca en la arena y dos pescadores, uno de ellos con una red.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 03.png

La imagen no presenta un Cristo sufriente, sino, más bien, contemplativo. Su panorama no es un mundo en llamas sino una imagen apacible, que nos refiere inmediatamente a los inicios de su actividad pública en el lago de Galilea y a sus primeros discípulos: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron[3].

Hay una invisible mirada de ternura en este Cristo de Dalí. El artista dijo acerca de su obra “Mi ambición estética en ese cuadro era la contraria a la de todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores modernos, que lo interpretaron en el sentido expresionista y contorsionista, provocando la emoción por medio de la fealdad. Mi principal preocupación era pintar a un Cristo bello como el mismo Dios que él encarna”[4].

3. “La crucifixión de Cristo” (cerca del 1500), de Lucas Cranach El Viejo (1472-1553), en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 02

Se ve a Jesús crucificado entre dos ladrones, tal como lo describen los cuatro evangelios. Leamos el que es considerado el más antiguo, el evangelio de Marcos “Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: El Rey de los Judíos. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda”[5].

En el cuadrante inferior izquierdo se ve un grupo integrado por cinco mujeres y un joven al pie de la cruz.  Sin embargo, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hablan que las mujeres que lo seguían desde Galilea se encontraban “mirando de lejos”[6]. El pintor las ubica allí basado en el relato del cuarto evangelio, atribuido a Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”[7]. Justamente la tradición reconoce en el apóstol Juan al discípulo designado para cuidar a María.

Sin embargo, el personaje más llamativo de la obra es el jinete con armadura que monta un elegante caballo blanco. Representa al centurión, un extranjero que presenció la muerte de Jesús y que fue el primero en reconocer su divinidad. Escribe Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”[8].

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 05

El hecho de verlo ataviado como un caballero medieval, tal como las mujeres con sus atuendos de época, no debe ser considerado un anacronismo. Más bien representa el drama de la cruz y su impacto en las personas en el presente del artista. Pareciera que el caballero de sombrero rojo y barba amarilla al levantar su mano derecha sigue declarando, pese al paso de los siglos, que Jesús es el Hijo de Dios, pero también lo muestra indiferente, eligiendo seguir su propio camino.

Lucas Cranach fue un pintor de la Reforma, que hizo otras composiciones sobre la crucifixión, manteniendo la idea original en la mitad superior de la pintura y alternando personajes en la mitad inferior.

4. “La Piedad” (1495), de Miguel Angel Buonarroti (entre 1498 y 1499) en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

La Piedad (Miguel Angel) 03

La Piedad es una de las esculturas más conocidas y admiradas. Aun si no tocara un tema religioso, hubiera sido reconocida como una joya por su extraordinaria belleza y hondo sentimiento. Representa a María, joven y hermosa, rodeando con sus brazos el cuerpo inerte de su amado hijo Jesús, que yace sobre sus rodillas. A pesar de la dificultad que implica esculpir el mármol, los pliegues de la vestimenta son perfectos aunque el mayor atractivo es la expresión de silencioso dolor en el rostro de María.

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Pese a ser una magnífica composición, presenta una singular inconsistencia: Hasta donde sabemos, la madre de Jesús jamás entró en contacto con el cadáver de su hijo. Según los evangelios, “José de Arimatea, miembro noble del concilio… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto… dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” [9]. La representación tan popular de “La Piedad” no tiene asidero histórico. Sin embargo, la imagen revela cabalmente el amor y el dolor infinitos de una madre ante la pérdida de su hijo.

Se trata de la única escultura firmada por el propio Miguel Ángel, cuyo nombre puede leerse en la cinta que cruza el pecho de la Virgen.

5. “Cristo muerto” o “Lamentación sobre Cristo muerto” (realizada, según se estima, entre 1480 y 1490) de Andrea Mantegna, Pinacoteca de Brera, Milán, Italia.

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La escena muestra a Jesús muerto, yaciendo sobre una losa de mármol, con la cabeza inclinada e inmóvil, apoyada sobre un almohadón. Tiene los cabellos largos, bigotes y una barba incipiente. La representación produce un profundo impacto emocional debido en parte a la técnica del escorzo: el uso de una figura situada en forma oblicua o perpendicular al plano sobre el que se pinta. Esta magnífica aplicación de la perspectiva nos acerca a un Cristo, cuya presencia perdura a pesar de su muerte.

Hay un intenso contraste de luces y sombras en el que resalta la blanca palidez de Jesús y el llanto de los presentes a la derecha del muerto: María, su madre, Juan, el discípulo amado, y otra figura que apenas atisba por detrás de María; probablemente se trate María Magdalena. El cuerpo de Jesús de la cintura hacia arriba está desnudo, mientras que de la cintura para abajo está cubierto por una sábana cuyos magníficos pliegues acentúan la sensación de cercanía y realidad.

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La escena es una creación del pintor y no tiene fundamento bíblico. Ya hemos comentado que el cadáver de Jesús fue entregado a un discípulo secreto de Jesús, José de Arimatea, miembro del tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín. En los evangelios, las mujeres son descritas como testigos de la sepultura: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este… fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie… Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo conforme al mandamiento”[10].

Más allá del efecto visual, quizás el mayor aporte de esta obra sea mostrar la humanidad de Cristo sin simbolismos, representando quizás lo que dice el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”[11].

6. “Cristo descendiendo a los infiernos” (1491), de Giovanni de Benvenuto (1436-1518), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos

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El título original de esta obra es “Cristo en el limbo”. El limbo al que se refiere la pintura no es el lugar a dónde, según la según una creencia popular católica[12], van los niños sin bautizar (una entelequia que contradice la afirmación de Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”[13]), sino al “limbo de los justos o de los patriarcas”, un lugar misterioso al que hace referencia la 1ª Carta de san Pedro donde estaban cautivos los patriarcas del Antiguo Testamento, que murieron antes de Jesús. Dice el texto que Cristo muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”[14].

Aunque no forma parte del Credo Niceno (año 325) esta idea fue incluso incorporada al Credo de los Apóstoles, formado probablemente en el siglo V en la Galia, cuando dice “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso”.

Esta pintura describe el descenso de Cristo al “limbo de los patriarcas” según la imaginería popular. Jesús sostiene a la izquierda la mano de un hombre barbudo que representa a Adán. A su lado está Eva. Detrás de ellos muchos hombres, casi todos con curiosos sombreros y rostros desfallecientes que contemplan a Jesús que acaba de derribar las puertas del infierno aplastando al demonio que se encuentra debajo.

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Además de la originalidad del tema, poco tratado en el arte, hay algunos detalles llamativos en la obra que vale la pena señalar. El primero es el tratamiento de los rostros como caricaturas, en particular los de Adán y Eva, algo ajeno a la época. Obsérvese el rostro de Adán. Podría ser un gnomo o uno de los enanitos de Blancanieves. El artista se anticipa a su época. El segundo es el tratamiento visual de la obra: Jesús aparece de espaldas y apenas se ve el perfil de su rostro. El foco está en las personas necesitadas y vencidas. La fuerza está, sin embargo, en los delgados y alargados brazos salvadores de Jesús, que aferran a los sufrientes a fin de rescatarlos.

7. “Cristo resucitado de la tumba” (cerca del 1490), de Ambrogio  da Fossano, más conocido como Bergognone (1453-1523), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos 

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El Jesús resucitado de Bergognone es un Cristo victorioso, cercano al pantokrator (“Señor sobre todo”). Detrás tiene un halo dorado que resalta su gloria y contrasta con la blancura del cuerpo y la ropa, solo interrumpida por la herida en el pecho, mencionada en el evangelio de Juan: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”[15].

Tiene su mano derecha abierta, mostrando la marca dejada por un clavo de la cruz; en la izquierda sostiene un mástil rojo coronado por una bandera blanca con una cruz roja que simboliza su triunfo sobre la muerte[16].

Es llamativa la posición del cuerpo, con la pierna flexionada mostrando a Jesús de pie, pero como a punto de dar un salto: verdaderamente ha resucitado[17].

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El rostro de Jesús tiene aspecto europeo, siguiendo el arquetipo elegido por los artistas del medioevo; el pelo cae sobre los hombros, la barba y las cejas están perfectamente recortadas. La mirada de Jesús apunta al cielo, como si esperara que Dios confirmara su aprobación por la obediencia mostrada.

Las Sagradas Escrituras dicen que la sábana mortuoria había quedado en el sepulcro: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”[18]. Sin embargo, Jesús en la Pintura parece salir de la tumba vestido. Esta es una licencia del artista para evitar mostrar a Jesús desnudo.

8. “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección” (1898) de Eugène Burnand, (1850-1921), en el Musée d’Orsay, París, Francia.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 01

Esta obra es fascinante porque aunque no muestra ninguna imagen de Jesús, describe el efecto de su resurrección. Recoge el antiguo relato del evangelio de Juan: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”[19].

El pintor suizo Eugène Burnand era un hombre de profundas convicciones cristianas. De activa fe protestante, se propuso recrear este pasaje bíblico a través de una composición naturalista. El naturalismo era una escuela surgida en Francia durante el siglo XIX que procuraba reflejar la realidad tal como era, renunciando a la perfección y a la exageración dramática. El cuadro retrata el momento en que “Pedro y el otro discípulo”, identificado con Juan, “corrían los dos juntos”. Los rostros de aspecto casi fotográfico transmiten incertidumbre y sorpresa; preocupación, pero también un rayo de esperanza.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 06

Los cabellos sacudidos por el viento, los cuerpos inclinados hacia adelante y las expresiones de las manos refuerzan esa impresión, bajo un cielo nublado con tonos ocres que resaltan las figuras de los discípulos.

No en vano el artista pinta rostros contemporáneos y los muestra en ansioso movimiento. De algún modo representan al hombre de hoy con sus preguntas, si creer o no creer en alguien superior que no vemos a través de cosas que no entendemos. Nada peor que la resignación o la indiferencia. La búsqueda de un Dios vivo es el principio del encuentro con Él. No hace falta verlo, como a Juan no le fue necesario encontrarse con el Cristo resucitado. El cuadro nos habla de fe. El artista, como nosotros, sabía que la historia terminaba con la frase “y vio, y creyó”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


NOTA:

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de dos, que conoce a través de libros de Historia del Arte: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí y “Lamentación sobre Cristo muerto” de Andrea Mantegna. De todas, su favorita es “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección”, de Eugène Burnand cuya imagen contempló por primera vez en un libro durante su niñez.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según Lucas 23:26

[2] Evangelio según Marcos 15:21

[3] Evangelio según Marcos 1:16-20

[4] The Scottish Art Review, Vol.IV No.2. Summer 1952, “Dali”

[5] Evangelio según san Marcos 15:25-27

[6] Evangelio según san Marcos 15:40-41

[7] Evangelio según san Juan 19:25-27

[8] Evangelio según san Marcos 15:40

[9] Evangelio según Marcos 15:43-47

[10] Evangelio según Lucas 23:50-56

[11] 1ª Carta de Pedro 3:18

[12] Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, el limbo no es una verdad dogmática, sino una hipótesis teológica

[13] Evangelio según Mateo 19:14

[14] 1ª Carta de Pedro 3:18b-19

[15] Evangelio según Juan 19:33-35

[16] Letellier, Robert Ignatius y Janet Mellor “The Bible and Art: Exploring the Covenant of God’s Love in Word and Image”, Cambridge Scholars Publishing, Newcastle upon Tyne, Inglaterra, 2016, p.88

[17] Evangelio según Lucas 24:34

[18] Evangelio según Juan 20:6-8

[19] Evangelio de Juan 20:1-8


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos son de dominio público.

CONGREGACIÓN EVANGÉLICA ALEMANA DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

CONGREGACIÓN EVANGÉLICA ALEMANA DE BUENOS AIRES, Esmeralda 162, Barrio de San Nicolás, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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Entre los muchos atractivos arquitectónicos, Buenos Aires tiene una multitud de iglesias, cada una con su propia identidad. Desde Retiro hasta San Telmo hay templos cristianos no católicos, en su mayoría de origen étnico, que revisten un interés especial pues conjugan historia, arte y fe. Este artículo habla de uno de ellos, conocido como la Congregación Evangélica Alemana de Buenos Aires o simplemente la Iglesia Alemana.

DSC06021Estuve dentro de ese templo por primera vez en 1976. Tenía 17 años. Era una boda a la que estaban invitados mis padres y, sin dudarlo, me colé. Quedé admirado por la belleza de un ambiente luminoso y reverente y por el sonido de su órgano a tubos, que es una joya centenaria. Volví en 2018, de visita por Buenos Aires, en la famosa Noche de los Templos, para sentir esta vez una sensación de recogimiento y calidez.

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LOS PRIMEROS EVANGÉLICOS ALEMANES EN BUENOS AIRES

Los evangélicos alemanes en Buenos Aires son mencionados por primera vez en 1821, debido a la fundación del Primer Cementerio de Disidentes de la ciudad, autorizado por el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, don Martín Rodríguez. Estaba ubicado en un terreno vecino a la Iglesia del Socorro (ubicada en la actual esquina de Juncal y Suipacha), cuyo costo fue pagado por miembros de las comunidades inglesa, norteamericana y alemana. Ante la falta de espacio, en 1833 el gobernador don Juan Manuel de Rosas autorizó la compra de un predio ubicado en Balvanera, sobre la actual plaza 1º de Mayo. Allí la comunidad británica levantó el Segundo Cementerio de Disidentes, y luego vendió una parte a la comunidad norteamericana y otra a la alemana, que tuvo su propio German Ground, que daba a la calle Alsina, en aquel entonces denominada Potosí.

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LA SITUACIÓN EN EUROPA Y EL SURGIMIENTO DE ALEMANIA

En 1806, a raíz de las guerras napoleónicas, se había disuelto el Sacro Imperio Romano Germánico. De los doscientos cincuenta estados que lo habían compuesto, sólo dos se destacaban: la Austria Católica de los Habsburgo -que designaba el emperador- y la Prusia protestante, con amplios territorios en las actuales Polonia y Alemania, donde se encontraban la mayoría de los estados pequeños. Tras la caída de Napoleón, Prusia se convirtió en el más poderoso de los treinta y nueve estados independientes que fundaron la Confederación Alemana. Para ese entonces los Habsburgo habían establecido el Imperio Austro Húngaro y los movimientos nacionales, como el alemán, representaban para ellos una amenaza[1].

LA PRIMERA IGLESIA EVANGÉLICA ALEMANA EN ARGENTINA

Entre los inmigrantes más influyentes que contribuyeron a conformar la Iglesia Evangélica Alemana en Argentina se mencionan a los empresarios J. C. Zimmermann, llegado en 1817 y Friedrich Schmaling, llegado en 1825, provenientes de Hamburgo, y a Claus Stegmann y Franz Halbach, arribados a Buenos Aires en la época de Rosas[2]. Si bien contar con un cementerio había sido un avance, los inmigrantes alemanes -por aquel tiempo unos seiscientos- sufrían por no poder tener su propia iglesia y también por no poderle brindar a sus hijos la formación religiosa que deseaban. Un comerciante de Bremen, G. CH. Deetjen y la Sra. Keppel fundaron una escuela dominical; allí los niños aprendían alemán y recibían clases bíblicas bajo la doctrina evangélica[3].

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A mediados de 1842, a iniciativa de G.CH. Deetjen, una asamblea de alemanes evangélicos de Buenos Aires pidió el envío de un religioso a su país de origen. Un año después la Iglesia Regional de Prusia envió al pastor Ludwig August Siegel para organizar la primera congregación alemana en Argentina.

El 10 de septiembre de 1843 se llevó a cabo el primer culto evangélico en idioma alemán en tierra criolla. El reconocimiento estatal se recibió el 18 de octubre de 1843[4], por lo que, desde entonces, se considera el día de fundación de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires.

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Los cultos inicialmente se llevaron a cabo en el edificio de la hermana Iglesia Anglicana de San Juan de la calle 25 de mayo, y desde septiembre de 1844 en locales alquilados que luego fueron adquiridos por la comunidad. La casa pastoral, ubicada en la calle Perú[5], se convirtió en sede de la Escuela Evangélica Alemana, a donde comenzaron a llegar maestros enviados especialmente desde Alemania.

La congregación sintió la necesidad de contar con su propio templo. Con gran esfuerzo adquirió el terreno de la calle Esmeralda 162. Sin embargo, para construir un edificio religioso era necesario la autorización del Gobernador Juan Manuel de Rosas. Manuelita, la hija del brigadier, intercedió por la congregación alemana. El permiso llegó luego de cinco meses de negociaciones; la única condición impuesta fue que la iglesia no tuviera campanario[6].

EL TEMPLO

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El 13 de octubre de 1851 se colocó la piedra fundamental para la primera Iglesia Evangélica Alemana de Buenos Aires en la calle Esmeralda 162. Fue diseñada en estilo gótico y se inauguró el 11 de febrero de 1853, poco antes de la sanción de la Constitución Nacional argentina. Se trataba de un sobrio templo de una nave con techo a dos aguas. Sin embargo, la fachada, que impacta por su magnífica altura, ofrecía interesantes elementos arquitectónicos, algunos de los cuales se conservan del proyecto original: dos torrecillas góticas a ambos lados, un balcón (que perdió las almenas originales) con dos agujas góticas en sus extremos, un pórtico ojival y otro arco ojival al fondo del balcón que servía de vidriera para iluminar el interior.

Los muros del edificio estaban separados de las medianeras de los edificios vecinos. El esquema preliminar dibujado a mano por Edward Taylor, el arquitecto, no tenía balcón y sólo un rosetón en el frente[7].

Esquema preliminar de Taylor (A. de Paula 1963).jpg

EL ARQUITECTO

Edward Taylor (1801-1868), había nacido en Inglaterra y fallecido en Argentina. Este arquitecto arribó a Buenos Aires en 1824 y desde su misma llegada diseñó y construyó interesantes edificios. Entre sus obras se destacan la Aduana Nueva (demolida en 1894 para levantar el primitivo Puerto Madero) y el Club del Progreso (un palazzo italianizante lamentablemente demolido en 1971). Además de la Iglesia Evangélica Alemana construyó la Iglesia Presbiteriana Escocesa de San Juan en Florencio Varela (1853), la Iglesia Católica parroquial de la ciudad de Tandil y la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, de la ciudad de Lobos, en la Provincia de Buenos Aires. Posteriormente hizo importantes obras en Asunción, Paraguay, entre ellas el Palacio de Gobierno y la primera estación de ferrocarril de América del Sur; sin embargo, por razones que desconocemos fue encarcelado. Liberado en 1867, regresó a Buenos Aires donde murió el año siguiente[8] .

Posible proyecto original de Taylor (A. de Paula 1963).jpg

LA INAUGURACIÓN

La ceremonia inaugural comenzó con el ingreso del pastor Siegel y miembros del presbiterio acompañados por acordes del primer órgano. Dos niños llevaron la cruz, los candelabros y el cáliz y plato para la Santa Cena. Según la publicación parroquial “Tu Lámpara”, editada en el 150º aniversario de la fecha, se procedió a la bendición del templo ante “un fervoroso público, entre banderas y flores”.

REMODELACIONES AL EDIFICIO

Entre 1922 y 1923 el edificio fue remodelado bajo la dirección del arquitecto Federico Laas. Al fondo, la vieja casa pastoral, la escuela que allí funcionaba y el aljibe fueron reemplazados por una vivienda, una amplio salón parroquial y oficinas.

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DSC06918.JPGAl año siguiente se amplió el templo, se corrió el muro posterior y se cubrieron los laterales hasta las medianeras vecinas. Por dentro el templo sufrió varias modificaciones. El techo original fue reemplazado y hoy se destacan los bancos, dos palcos laterales al frente y un púlpito todos de madera.

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EL ÓRGANO DE TUBOS 

El órgano actual fue construido en 1911 e instalado en 1912 por la empresa alemana E.F. Walcker de Ludwigsburg, que había construido el órgano de la Catedral Metropolitana en 1871. Su sistema original era tubular-neumático y tenía la consola en el centro.

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Tras 80 años sin reformas, en 1991 el órgano fue restaurado por los técnicos Carlos Amadini y Juan Weinhold, quienes lo convirtieron al sistema electro-neumático actual[9]. Ocupa una suerte gran balcón posterior revestido en madera. Está protegido por la Ley 1227 de 2013 como Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

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LA IGLESIA Y SU FE

En cuanto a la organización de la iglesia como comunidad de fieles, los primeros estatutos fueron aprobados el 5 de septiembre de 1847. A partir de esa fecha han sufrido varias actualizaciones y reformas. Hoy constituye la Parroquia Centro de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires, que engloba también a otras parroquias evangélicas surgidas por llegada de inmigrantes evangélicos protestantes de países europeos de habla alemana (alemanes, suizos, austriacos y rusos) que querían vivir y compartir su fe evangélica “que se nutre de la tradición luterana (herederos de Martín Lutero) y reformada (herederos de Juan Calvino)… Como Iglesia heredera de la Reforma, somos una comunidad centrada en la predicación de La Palabra y en la búsqueda de vivirla efectivamente en la vida cotidiana, con nuestro testimonio de amor, expresado con las manos en obras de servicio cristiano”[10].

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LAZOS CON ALEMANIA

En 1899 conformó en Buenos Aires el Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata, con la presencia de evangélicos alemanes de Argentina, Uruguay y Paraguay. En 1934 el Sínodo se afilió a la Iglesia Evangélica Alemana, que en 1945 pasó a llamarse Iglesia Evangélica en Alemania, más conocida por su sigla EKD. Después de la 2ª Guerra Mundial las iglesias rioplatenses optaron por una mayor autonomía, preservando los lazos fraternales con la EKD, y adoptando su nombre actual: Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP).

CURIOSIDADES

Intercesor: Franz Hallbach, que acompañó al pastor Siegel a hablar con Manuelita Rosas para obtener el permiso de construcción del templo, era cuñado de J. C. Zimmermann, el primer evangélico alemán residente en Buenos Aires del que tenemos conocimiento, quien se instaló a la edad de 28 años con la firma Zimmermann, Lynch y Co[11]. J.C. Zimmermann había estado previamente dos veces antes de paso por Buenos Aires.

Cultos en francés: El suizo Pablo Besson, invitado como pastor por un grupo de evangélicos de habla francesa en Buenos Aires, predicaba en esa lengua en el templo de Esmeralda 162, pues allí celebró ese grupo sus primeros cultos. Besson, ardiente defensor de la libertad de conciencia, es considerado el precursor de los bautistas en Argentina.

Donación real: Para la compra del terreno, los alemanes porteños recaudaron fondos organizando actividades en Buenos Aires, tales como conciertos y colectas). Su esfuerzo se vio acompañado de una donación de Federico Guillermo IV, en aquel momento rey de Prusia, nación que años después se convertiría en la Alemania moderna.

Nazis y judíos: Quizás su recuerdo más triste es el bautismo infantil en 1895 de Walther Darré[12] en esta iglesia. Criado en el barrio de Belgrano, en su adolescencia regresó a Europa, donde desempeñó posteriormente como Ministro de Agricultura del autodenominado Tercer Reich; además, fue considerado uno de los dos teóricos más importantes en el adoctrinamiento del nacionalsocialismo[13]. Una extraordinaria paradoja es que la boda por la cual conocí este templo era la de un joven cuyo padre era pastor judío mesiánico. Este sabio hombre de fe, don Víctor Sedaca, eligió para la boda de su hijo la iglesia en la cual se bautizó un genocida de su pueblo, mostrando y demostrando una admirable grandeza de espíritu.

Liderazgo: El pastor Siegel (1812-1883) fue uno de esos hombres que sirvió a su patria, la incipiente Alemania, fuera de ella, pero también sirvió a la Argentina, como ministro religioso, educador y líder comunitario. Tras once años de incansable labor, en 1854 regresó a Alemania a continuar su labor pastoral. Entre los muchos testimonios de gratitud hacia él, hay uno que muestra que su visión del evangelio no admitía fronteras: sirvió entre 1850 y 1851 en la Iglesia Presbiteriana Escocesa, reunida en el templo de la calle Piedras -demolido décadas después para la ampliación de la Avenida de Mayo-, donde recibió antes de su partida una calurosa despedida[14].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schwanitz, Dietrich, “La cultura todo lo que hay que saber”, Eichborn AG, Frankfurt am Main, 1999, Taurus, Buenos Aires, Argentina, 2002, p.159-165

[2] Harteneck, Helga, “La primera inmigración protestante”, Revista Todo es Historia, Buenos Aires, Argentina Nº 413, diciembre de 2001, p.20

[3] Harteneck, Helga, Op. cit. p.21

[4] Esta fecha es provista por la propia página De la Congregación Evangélica Alemana de Buenos Aires, http://www.ceaba.org.ar/quienes-somos-historia.php, en cambio Helga Harteneck en la obra citada fija como fecha del reconocimiento oficial el 10 de septiembre de 1843 agregando “por ello se considera esa fecha como el día de la constitución de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires”.

[5] Según Marcos Gabriel Vanzini, el lugar quedaba muy cerca, quizás otra entrada de la misma casa (desconocemos el sistema de numeración de calles de aquella época) en la calle Restaurador Rosas 91 (actual calle Moreno).  “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2011, p.192

[6] Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2011, 2ª Ed., p.112-113

[7] Schávelzon, Daniel, “Haciendo un mundo moderno – La arquitectura de Edward Taylor (1801-1868)”, Olmo Ediciones, 2010, p.65

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo s/z, 2004, p.97

[9] http://pipeorgans.flavam.com/cealehistor.html

[10] http://www.ceaba.org.ar/quienes-somos-presente.php

[11] http://www.genealogiafamiliar.net/getperson.php?personID=I40835&tree=BVCZ

[12] El nombre complete era Ricardo Walther Oscar Darré

[13] Lanata, Jorge, “Argentinos, Tomo 2 Siglo XX: desde Yrigoyen hasta la caída de De la Rúa”, Ediciones B, Grupo Z., 2003, p.52

[14] Granados, José Jerónimo, “August Ludwig Siegel”, incluido en “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012, p.193


AGRADECIMIENTO

Agradezco muy especialmente a Marta Jaimón Sedaca por la foto de la boda en la cual me colé. Aún me hace sonreír el recuerdo de sus muchas tías saludándome en la fiesta “¿Cómo estás, colado?”. Gracias a vos, Marta, y a Jorge por el cariño de siempre.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos fueron tomadas por el autor y a él le pertenecen todos sus derechos, a excepción de las correspondientes a:

  • Los dibujos del templo, tomados de Schávelzon, Daniel, “Haciendo un mundo moderno – La arquitectura de Edward Taylor (1801-1868)”, Olmo Ediciones, 2010
  • La imagen antigua del órgano, tomada de un viejo folleto de la casa Walcker en http://pipeorgans.flavam.com/cealehistor.html, cuyos autores son Rafael Ferreyra y David Merello.
  • La foto de la boda Sedaca-Jaimón, cedida amablemente por Marta Jaimón Sedaca.

BIBLIOGRAFÍA

Alfonsín, Jorge, “Cementerios de disidentes protestantes en la ciudad de Buenos Aires”, Junta de Estudios Históricos del Barrio de Villa Ortuzar, 1996

Bianchi, Susana, “Historia de las religiones en la Argentina: Las minorías religiosas”, Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 2004

Harteneck, Helga, “La primera inmigración protestante”, Revista Todo es Historia, Buenos Aires, Argentina Nº 413, diciembre de 2001

Lanata, Jorge, “Argentinos, Tomo 2 Siglo XX: desde Yrigoyen hasta la caída de De la Rúa”, Ediciones B, Grupo Z., 2003

Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo s/z, 2004

Russo Bernagozzi, Claudia, “Guía de Lugares de Culto de la Ciudad de Buenos Aires Tomo 1”, Dirección General de Cultos, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2013

Schávelzon, Daniel, “Haciendo un mundo moderno – La arquitectura de Edward Taylor (1801-1868), Olmo Ediciones, 2010

Schwanitz, Dietrich, “La cultura todo lo que hay que saber”, Eichborn AG, Frankfurt am Main, 1999, Taurus, Buenos Aires, Argentina, 2002

Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2011,

Vanzini, Marcos Gabriel y otros, “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012

 

EDINBURGO: LOS MEJORES LUGARES DE LA CIUDAD VIEJA (por Pablo R. Bedrossian)

Hace unos años, durante una excursión, escuché a varias personas asegurar que Edimburgo era la ciudad más linda del mundo. Hablaban con tanta emoción que me propuse conocerla. Tuve la oportunidad. Me pareció una ciudad diferente, de esas que definitivamente vale la pena conocer. Los invito a acompañarme en este recorrido por sus mejores lugares.

Edinburgo es la capital de Escocia. El viaje en tren desde Londres toma cuatro horas y va de sur a norte.

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Recorrer sus lugares más representativos es muy fácil debido a que tiene dos grandes ejes: al sur la Royal Mile (en español Milla Real), alrededor de la cual creció el Old Town (la Ciudad Vieja), y al norte, George Street, corazón del New Town (la Ciudad Nueva).

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El Old Town y el New Town fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995; ambos ocupan zonas altas de la ciudad y están separados por una depresión o valle muy angosto donde se encuentran las vías del ferrocarril y los Princes Street Gardens (Los Jardines de la Calle de los Príncipes), un parque público al pie del Castillo de Edinburgo.

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La piedra domina las edificaciones, cuya tonalidad va del ocre al gris tierra. La ciudad pasa buena parte del año cubierta por densas nubes. Para animar la vida, los edificios y comercios se adornan con flores y guirnaldas de colores. Hay numerosas esculturas; una de las representaciones más comunes es el unicornio, que es el animal nacional.

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Le proponemos recorrer los lugares más importantes de la Ciudad Vieja, descubrir su historia y su belleza.

1. EL CASTILLO

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Asentado sobre un enorme peñasco, conforma una pequeña ciudadela amurallada en cuyo interior hay diversos edificios. Ha servido como cuartel, palacio real y cárcel debido su posición privilegiada, que ofrece una visión panorámica y dificultades al acceso enemigo. Las construcciones que han perdurado se levantaron desde el siglo XII hasta el siglo XX. Un detalle poco mencionado es que en el siglo VI Edwin de Northumbria, de quien toma el nombre la ciudad, erigió allí el primer fortín. El único acceso al castillo es a través de una amplia explanada ascendente de piedra, continuación de la vía más importante del Old Town, la Royal Mile; el resto de la fortaleza está rodeada de acantilados.

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Hay mucho para admirar dentro de ella. Por ejemplo, la diminuta la capilla de Santa Margarita, que es el edificio más antiguo de la fortaleza y de la ciudad; también el bello Memorial Nacional de la Guerra de Escocia y el antiguo palacio con su bonita torre medieval.

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Es posible visitarlo por dentro.

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La piedra de Scone, utilizada históricamente para coronar a los reyes de Escocia, estuvo durante varios siglos colocada debajo de la Silla de San Eduardo, trono sobre el que se corona a los monarcas británicos en Inglaterra. Obviamente esa ubicación representaba la subordinación forzada de Escocia a la corona británica. Finalmente, en 1996 fue devuelta y colocada en el Castillo de Edimburgo, aunque debe ser trasladada a Londres cada vez que se proclame un nuevo rey.

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Los muros del castillo están decorados con inscripciones antiguas, imágenes curiosas y espléndidos ornamentos. Además, ofrece excelentes vistas panorámicas hacia el New Town.

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2. THE ROYAL MILE

Esta milla (que en realidad mide 1.8 km) es el corazón de la ciudad. Se extiende siguiendo una pendiente descendente desde el Castillo de Edimburgo hacia el Palacio de Holyroodhouse (en inglés Holyrood Palace). Fue fundada en el siglo XI y originalmente conectaba la fortaleza con una abadía. A lo largo de su trayecto recibe diversos nombres. Sobre ella se encuentran los sitios de mayor interés, tales como la Saint Giles Cathedral o el Parlamento Escocés.

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Podemos dividirla en dos: la parte que va desde el Castillo hasta el cruce con la calle Bridge (que la Royal Mile divide en North Bridge y South Bridge), ancha y con un bello empedrado, y desde Bridge hasta el Palacio de Holyroodhouse más angosta y pavimentada.

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3. SAINT GILES CATHEDRAL

Su nombre verdadero es High Kirk (Iglesia Mayor). Es una bella catedral presbiteriana cuya construcción se inició en el siglo XII; sin embargo, las constantes remodelaciones a lo largo de los siglos han modificado totalmente su fisonomía original.

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Su aspecto exterior es gótico, destacándose su peculiar cúpula, con forma de corona real.

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El interior de la catedral es muy sobrio.

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Secciones de su techo toman un bellísimo color azul que contrasta con la frialdad de la piedra.

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Una de sus joyas es el órgano de tubos.

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Su púlpito fue ocupado por el gran reformador escocés John Knox. Es recordado mediante una estatua de bronce realizada por James Pittendrigh Macgillivray en 1904, que lo muestra sosteniendo y señalando su biblia.

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Algunos de sus vitrales son magníficos; vale la pena detenerse a admirarlos.

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4. CAPILLA DEL CARDO

Dentro de la Saint Giles Cathedral se encuentra la espectacular Capilla del Cardo, con su techo nevado, doseles heráldicos tallados y bancos labrados.

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Quizá el detalle más famoso es el ángel de madera tocando su gaita.

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5. VICTORIA STREET Y GRASSMARKET

Muy cerca del Castillo, y vecina a la Royal Mile,  se encuentra Victoria Street, una calle con lujosas tiendas y una terraza donde se puede comer al aire libre disfrutando de excelentes vistas.

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Pocos metros más abajo, se encuentra la preciosa plaza Grassmarket, con una amplia variedad de restaurantes bajo el entorno medieval de la zona.

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Damos la vuelta por el Grassmarket hacia la derecha y subimos por un paseo de amplias escaleras, el Granny’s Green Steps. La imagen desde allí del castillo sobre la roca es imponente.

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También si miramos hacia el otro lado, tendremos frente a nosotros una magnífica arquitectura.

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Al llegar al final de las escaleras, el Castillo de Edimburgo ha quedado a nuestra izquierda. Hemos dado una vuelta completa, para regresar casi al principio de la Royal Mile.

6. MUSEO NACIONAL DE ESCOCIA

El National Museum of Scotland ocupa dos edificios, uno al lado del otro.

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Recorrerlo por dentro es muy interesante por su armazón de hierro.

Edimburgo 28Es uno de los museos más eclécticos del mundo pues ofrece una enorme variedad de piezas de muy diversas procedencias. Por ejemplo, Dolly, la primera oveja clonada, que se muestra embalsamada, jarrones chinos, bicicletas antiguas y autos de Fórmula 1.

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7. GREYFRIARS KIRK

Famoso por su historia y por su iglesia, hoy es el cementerio más importante de Edimburgo.

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Entre sus muchas curiosidades, hay tres que deseamos destacar. La primera, a pocos metros antes de la entrada hay una estatua en bronce de Bobby, un perrito que vivió junto a la tumba de su amo durante 14 años.

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La segunda es que los escoceses creen en los fantasmas; incluso hay tours nocturnos al cementerio para verlos…

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La tercera es que desde allí se puede observar el George Heriot’s School, una importante escuela privada, que inspiró Hogwarts, el colegio de magia y hechicería donde estudió Harry Potter según la saga. Su autora J. K. Rowling escribió en una cafetería de Edimburgo su primera novela.

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8. LADY STAIR’S HOUSE

Un poco más adelante, del mismo lado, está la Lady Stair’s House, que aloja el Museo de los Escritores. El museo ocupa una casona sobre una pequeña plaza de piedra rodeada de edificios. Para llegar hay que entrar por el Lady Stair’s Close.

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El museo por dentro está lleno de historia e historias.

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Tip: Un poco antes del Lady Stair’s Close se encuentra la Gladstone’s Land, una vivienda de seis plantas del siglo XVII que sirvió de habitación a una familia de comerciantes. Su fachada tiene dos arcadas y una escalera desde la cual se pueden tomar excelentes imágenes de la Royal Mile. Se denominan lands a unos edificios altos construidos en terrenos estrechos.

9. DEACON BRODIE’S TAVERN

El nombre de este colorido pub homenajea a uno de los personajes más famosos de la ciudad, el diácono Brodie. Su título no surgió de una designación religiosa, sino que lo recibió como director del gremio masón de artesanos de la ciudad. Sin embargo, llevaba una doble vida: de día era un respetable empresario dedicado a la fabricación de cajas fuertes y de noche un ladrón que utilizaba sus dotes de cerrajero para vaciar las casas de sus clientes. Terminó colgado en la horca en 1788, y se dice que su historia inspiró a Robert Louis Stevenson a escribir El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mr Hyde.

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10. LA ESTATUA DE DAVID HUME

Enfrente de la Deacon Brodie’s Tavern encontraremos la estatua de David Hume, el famoso filósofo escocés.

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Paradójicamente, la figura en bronce de este pensador es fuente de superstición, pues la gente cree que tocar el dedo gordo de su pie derecho trae buena suerte.

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11. CLOSES, WYNDS Y OTROS CALLEJONES

Mientras admiramos majestuosos edificios de piedra cuyas fachadas delatan el paso de los siglos, observamos una de las mayores curiosidades de Edimburgo: los numerosos pasadizos y callejuelas centenarias que desembocan en la Milla Real, que dan a la ciudad vista desde arriba un patrón similar al conocido como espina de pescado[1].

Edimburgo 66Estos callejones adquieren nombres como close, wynd o court (patio). Hay varios famosos; por ejemplo, el James Court, construido entre 1723 y 1727 o el Advocate’s close (el Callejón del Abogado) que es un pasaje peatonal de 1544, constituido por una serie de escaleras que une la elegante calle Cockburn con la Milla Real. Algunos son simples senderos peatonales, pero otros deparan interesantes sorpresas.

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12. LA CASA DE JOHN KNOX

En esta vivienda ubicada en la Milla Real y construida en 1450 pasó sus últimos años el gran reformador escocés John Knox (1513-1572), padre del presbiterianismo. Era un sacerdote católico que abrazó los vientos renovadores de la iglesia escocesa. Por su participación en una rebelión fue castigado a trabajos forzados durante dos años en una galera de la Armada Francesa. Liberado por gestión de Inglaterra, abrazó la Reforma Protestante, estuvo en Suiza y regresó más tarde a Escocia donde luchó como patriota.

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En 1559 junto a otros líderes estableció las bases de la Iglesia Presbiteriana. En 1567 los escoceses lograron terminar con la dominación francesa; coincidentemente, la reina María I, la católica María Estuardo abdicó. A partir de allí Escocia se convirtió en una nación de fe protestante, de la cual Knox fue el dirigente más notable.

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13. LA IGLESIA DE CANONGATE

Construida a fines del siglo XVII por James Smith, es la iglesia preferida de Isabel II, la reina de Inglaterra, cuando llega a Escocia. Durante nuestra visita a esta famosa pero austera capilla, la anciana que nos recibió comentó que la reina había participado del servicio religioso dos semanas atrás.

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Se ha tratado de conservar el interior lo más fielmente posible a su diseño original.

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El hermoso órgano que se puede observar al fondo de la planta superior fue instalado en 1988.

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En uno de los costados tiene un pequeño cementerio que vale la pena recorrer no sólo por hallarse allí la tumba del padre del capitalismo moderno, Adam Smith, sino, y por sobre todo, para admirar las espectacular vista del Old Royal High School, inaugurado en 1829, ubicado en la ladera sur de Calton Hill, en el lado norte de la ciudad. Este edificio neoclásico también es conocido como New Parliament House por una propuesta que hubo en 1970 de trasladar allí el Parlamento.

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14. MUSEO DE EDIMBURGO

Poniéndole color al gris plomizo del cielo y al color arena oscuro de los edificios, el Museo de Edimburgo se encuentra sobre la Royal Mile, muy cerca de la Iglesia de Canongate y del Parlamento Escocés. Ocupa una vieja casa construida en el siglo XV, la Huntly House.

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El museo se abrió en 1932 y tiene una colección variada e interesante, pero nosotros preferimos admirar el exterior del edificio, que es una de las nueve construcciones más antiguas que sobreviven en la ciudad.

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15. PARLAMENTO ESCOCÉS

Rompiendo la tendencia conservacionista de la Ciudad Vieja, y vecino al Palacio de Holyroodhouse, se encuentra el moderno edificio del Parlamento Escocés. Ocupa el extremo este de la Milla Real. Su construcción se inició en 1999 bajo el diseño y dirección del arquitecto catalán Enric Miralles, que murió durante las obras, y fue finalizada por su esposa y socia, la italiana Benedetta Tagliabue. Su partner en Escocia fue el prestigioso Estudio RMJM. El edificio de cuatro plantas está emplazado en el predio donde funcionó una conocida fábrica de cerveza; ha ganado premios, pero costó diez veces más de lo presupuestado.

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El diseño se basa en el simbolismo. Por dentro parece una pequeña ciudad que representa la tierra escocesa, su gente y su cultura.

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El Parlamento sesionó por primera vez en su nueva casa en 2004. Escocia cuenta con una asamblea legislativa desde 1235, que en aquel entonces estaba conformada por nobles y eclesiásticos, sesionando bajo el nombre de Gran Consejo del Rey.

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16. PALACIO DE HOLYROODHOUSE

El Holyrood Palace se ubica en el extremo oeste de la Royal Mile, donde la famosa calle termina. Es la residencia de la monarquía inglesa en Escocia.

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La construcción se inició en el siglo XV y, como en muchas grandes obras en Europa, avanzó por etapas, sufrió diferentes remodelaciones y tuvo diferentes influencias arquitectónicas.

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En el siglo XVII padeció un gran incendio, pero fue reconstruida respetando el diseño original.

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A diferencia de otros palacios su interior es sobrio, sin las habituales demostraciones de ostentación de la realeza. Cuenta con hermosos jardines y la visita guiada toma poco tiempo.

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De todos modos, si no desea visitarla, puede tomar excelentes fotos de su fachada desde la verja principal.

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Tip: Algo que no debe perderse durante la visita al palacio son las ruinas de la Abadía de Holyrood, levantada en 1128, que perteneció a la orden agustina. Fue sede de coronaciones y bodas reales.Edimburgo 88.JPG

A fines del siglo XVII el rey Jacobo II de Inglaterra tomó una medida que indignó al pueblo de Escocia: estableció un colegio jesuita en Holyrood y convirtió la iglesia en una capilla católica, que cedió a la Orden del Cardo, una antigua hermandad de caballería escocesa. La feligresía protestante fue trasladada a la Iglesia de Canongate.

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El cambio duró poco, pues meses después, tras cambios en el trono de Inglaterra, el pueblo de Edimburgo saqueó el templo. La abadía fue restaurada en 1758 pero diez años después el techo se desplomó, siendo hoy un conjunto de ruinas que vale admirar por la majestuosidad de sus muros.

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17. LAS VISTAS DE CALTON HILL

Desde el Old Town, se observan magníficas vistas de Calton Hill, que está del otro lado. Ubicada al final de Princes Street, en el New Town, esta colina posee varios monumentos que le dan un aura antiguo y misterioso.

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Una de las construcciones más llamativas es el Monumento a Nelson (Nelson Monument), de principios del siglo XIX, dedicado al vencedor de la Batalla de Trafalgar.

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18. ESTATUAS Y OTROS MONUMENTOS

La Ciudad Vieja de Edimburgo es como un enorme lienzo sobre el cual se han pintado bellas figuras: esculturas, fuentes, bajorrelieves, inscripciones.  Compartimos brevemente algunas.

Justo frente a la St. Giles Cathedral se encuentran las City Chambers, un edificio erigido a mediados el siglo XVIII, luego restaurado y remodelado, que es cede del Ayuntamiento de Edimburgo. Su detalle más llamativo es la estatua de Alejandro Magno domando su famoso caballo Bucéfalo, hecha en bronce en 1832 por John Steell.

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Volviendo a cruzar la calle, y dejando a nuestras espaldas la St. Giles Cathedral, se encuentran dos famosos monumentos urbanos: la estatua de Adam Smith, el autor de “La riqueza de las naciones”, y muy cerca de ella, la Cruz de Mercat, que no es una cruz sino un palo en cuyo extremo superior hay un pequeño unicornio dorado; el monumento está rodeado de una estructura de piedra octogonal. Originalmente servía para señalar el sitio de los castigos públicos a los criminales.

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Una curiosidad es el águila de bronce atrapando una rata en el frente de la Gladstone’s Land, antigua residencia de comerciantes que ya hemos mencionado.

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La Ciudad Vieja, con sus colores gris y arena, y aún sin el dorado del sol y el azul del cielo, tiene una atmósfera única. Si la visita, no use auto. Vale la pena caminarla hasta que los pies no puedan más.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS DE EDIMBURGO


REFERENCIAS

[1] Se lo debería llamar esqueleto de pescado pues las espinas confluyen en una columna vertebral.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

MARTÍN LUTERO Y LA REFORMA – PARTE 3: CAMINO SIN RETORNO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

Luego de su negativa a retractarse en la Dieta de Worms, nada fue fácil para Lutero. A pesar del salvoconducto en su favor emitido por el emperador, su vida corría peligro. Había un famoso precedente: un siglo atrás Jan Hus había pagado con la muerte la defensa de sus ideas, pues el documento imperial que garantizaba su seguridad había sido ignorado.

Confesión de Augsburgo

Inmediatamente terminada la defensa de Lutero en la dieta de Worms, el emperador Carlos V, que presidía la asamblea, formuló una severa declaración:

“Gran vergüenza y afrenta nuestra es que un sólo fraile (Lutero) contra Dios, errado en su opinión contra toda la Cristiandad… nos quiera pervertir y hacer conocer, según su opinión, que toda la dicha Cristiandad habría estado a todas horas en error. Por lo cual, yo estoy determinado de emplear mis reinos y señoríos, mis amigos, mi cuerpo, mi sangre, mi vida y mi alma… Yo os digo, que me arrepiento de haber tanto dilatado de proceder contra el dicho Lutero y su falsa doctrina”[1].

El 8 de mayo de 1521, diecinueve días después de la declaración, el mismo emperador promulgó el Edicto de Worms donde afirmaba que Martín Lutero “no es un hombre sino un demonio en la apariencia de un hombre, vestido con hábitos religiosos para estar en mejores condiciones de engañar a la humanidad”[2].

En el mismo texto, Carlos V describe su proceder contra el alemán:

“Le dimos a Lutero un plazo de tres días para que se arrepintiera. Durante ese tiempo, dos electores, dos obispos, dos príncipes y dos diputados de nuestras ciudades se reunieron aquí en nombre de todos los estados y tuvieron a Lutero presente para ser informado de nuestros remedios y de la manera y el tipo de castigo con que procedería contra él si no se arrepentía”[3].

La intimidación no tuvo ningún efecto en aquel monje agustino devenido en reformador, que temía más a Dios que a los hombres. En efecto, el Edicto de Worms lo declaró hereje, prohibió la difusión de sus libros y de aquellos que, escritos por otros autores, difundieran su doctrina; el texto detallaba los gravísimos castigos para quienes violaran el edicto, y autorizaba el arresto de Lutero y de cualquiera de sus seguidores. En caso de lograrlo, la hoguera sería su previsible destino.

La intimidación del emperador no tuvo ningún efecto sobre Lutero, pues temía más a Dios que a los hombres.

EXILIO FORZOSO

Lutero como Junker-Jörg (1521-22)Sin embargo, la orden de captura imperial llegó tarde. Lutero evitó ser detenido en Worms gracias al salvoconducto emitido antes de la dieta por el propio Carlos V. Su protector, Federico El sabio, urdió una estrategia para resguardarlo: nada menos que el secuestro del teólogo alemán. Fue trasladado al Castillo de Wartburg, donde residió bajo el seudónimo de “caballero Jorge” (Junker Jörg) durante casi un año. Para preservar su identidad se dejó crecer la barba. En ese periodo se dedicó a escribir; pero su labor más importante fue la traducción de la Biblia al alemán, finalizada varios años después de ese exilio forzado. Se dice, no sin razón, que la Biblia de Lutero dio identidad propia a la nación alemana.

Durante sus meses en Wartburg, sus colaboradores continuaron la obra reformadora que adquirió un extraordinario dinamismo. Carlos V estaba ocupado con problemas políticos entre España y Francia, y el Edicto de Worms había pasado a un segundo plano en la agenda imperial. La llegada de tres autodenominados profetas que venían de la vecina ciudad de Zwickau impulsó a Lutero a regresar a Wittenberg para aclarar la situación.

Durante su exilio forzado su labor más importante fue la traducción de la Biblia al alemán. Se sostiene que la Biblia de Lutero dio identidad propia a la nación alemana.

Las consecuencias del movimiento reformador fueron múltiples. Por ejemplo, en las misas el latín fue reemplazado por el alemán, se abolieron las misas por los muertos, muchos monjes y monjas abandonaron los conventos y contrajeron matrimonio. Incluso se permitió a los laicos participar del vino de la eucaristía. Algunos fueron extremistas, destruyendo imágenes de santos; Lutero les pidió moderación.

LUTERO Y SU LIDERAZGO EN ALEMANIA

No es motivo de esta nota analizar la posición de Lutero en cuestiones de política interna de su nación, que aún era un conjunto de reinos dispersos bajo la sombrilla del Sacro Imperio Románico Germánico. Sin embargo, es necesario señalar que se volvió altamente influyente, adquiriendo un grado de exposición pública que lo hacía a la vez poderoso y vulnerable[4]. Al respecto, vale la pena mencionar tres hechos relevantes.

Lutero se volvió altamente influyente, adquiriendo un grado de exposición pública que lo hacía a la vez poderoso y vulnerable.

El primero fue la sublevación de la baja nobleza. Eran caballeros empobrecidos que culpaban a Roma por su situación. Por ello, veían en la doctrina luterana no sólo una verdad religiosa sino la legitimación de sus reclamos. En 1522 y 1523 quisieron imponer sus reivindicaciones por las armas y fueron aplastados por los príncipes quienes se apropiaron de las pocas tierras que les quedaban a los vencidos.

Más trágica aún fue la Rebelión de los Campesinos, de 1525. Nuevamente, la forma violenta para hacer cumplir sus demandas se justificó en base a una doctrina religiosa, en la que -aunque se diferenciaba del pensamiento de Lutero- se veía la influencia de proceso reformador. El predicador Tomás Muntzer, afirmaba que lo que realmente importaba no era el texto bíblico sino la revelación presente del Espíritu Santo. El corolario de su mensaje era eminentemente político. Dejemos que nuevamente el historiador Justo L. González nos presente los hechos a través de su magnífico relato:

“Muntzer creía que quienes eran nacidos de nuevo por obra del Espíritu debían unirse en una comunidad teocrática, para traer el reino de Dios. Lutero había obligado a Muntzer a abandonar la región. Pero el fogoso predicador regresó, y se unió entonces a la rebelión de los campesinos. Aun aparte de Muntzer, esta nueva rebelión tenía un tono religioso. En sus “Doce artículos”, los campesinos presentaban varias demandas económicas, y otras religiosas. Pero trataban de basarlo todo en las Escrituras, y su último artículo declaraba que, si se probaba que alguna de sus demandas era contraria a las Escrituras, sería retirada…Cuando (Lutero) leyó los “Doce artículos”, se dirigió a los príncipes, diciéndoles que lo que se pedía en ellos era justo. Pero cuando la rebelión tomó forma, y los campesinos se alzaron en armas, Lutero trató de disuadirlos, y a la postre instó a los príncipes a que tomaran medidas represivas. Después, cuando la rebelión fue ahogada en sangre, el Reformador conminó a los príncipes para que tuvieran misericordia de los vencidos. Pero sus palabras no fueron escuchadas, y se calcula que más de 100.000 campesinos fueron muertos[5].

Ante el evidente curso que tomaron los hechos, los príncipes católicos del sur de Alemania culparon a los luteranos por la tragedia y les prohibieron predicar en sus territorios.

EL VIAJE PERSONAL

Pero regresemos al Edicto de Worms y a la condena al reformador hereje. En 1523, la dieta reunida en Nuremberg adoptó una política de tolerancia hacia Lutero y sus seguidores, a pesar de la oposición de los delegados del Papa y del Emperador. En 1525 Lutero contrajo matimonio con Catalina de Bora, una ex monja, con la que tuvo seis hijos, tres varones y tres mujeres. Al año siguiente, la dieta reunida en Spira (en alemán, Speyer) declaró la invalidez del Edicto de Worms y permitió la libre elección religiosa. Sin embargo, tres años después la dieta se volvió a reunir en la misma ciudad y revalidó el edicto. Los príncipes que apoyaban a teólogo alemán protestaron formalmente. De allí proviene el término protestantes, asignado a los que adherían al movimiento reformador.

Estatua de Lutero

En 1530, se celebró la dieta en Augsburgo con la presencia del emperador. El temario se centraba en la estrategia hacia los turcos que atacaban Europa y la unidad de la Iglesia como eje para enfrentarlos. Ante Carlos V, Felipe Melanchthon, seguidor de Lutero, presentó el documento conocido como la Confesión de Augsburgo.

Presentado como si fuera un documento en favor de la unidad de la iglesia, basado en una fiel interpretación de la Biblia y la condena de otras herejías, los tres primeros artículos eran de pura ortodoxia, pero de allí en adelante declaraba con claridad y valentía los principios proclamados por Lutero:

“Enseñamos también que no podemos obtener el perdón de los pecados y la justicia delante de Dios por nuestro propio mérito, por nuestras obras o por nuestra propia fuerza, sino que obtenemos el perdón de los pecados y la justificación por pura gracia por medio de Jesucristo y la fe. Pues creemos que Jesucristo ha sufrido por nosotros y que gracias a Él nos son dadas la Justicia y la vida eterna”[6].

Más adelante vuelve a abordar el tema de la fe y las obras:

“Nuestras obras no tienen el poder de reconciliarnos con Dios o merecer el perdón de los pecados, la gracia o la justificación, sino que esto se obra únicamente por la fe… Mas aún, enseñamos que es necesario hacer buenas obras, no porque esperamos merecer la gracia por medio de ellas, sino porque es la voluntad de Dios. Es solamente por medio de la fe que se obtiene el perdón de los pecados, y esto gratuitamente. Y porque por medio de la fe recibimos al Espíritu Santo, los corazones se renuevan y llenan con nuevos sentimientos, de manera que dan lugar a que surjan buenas obras”[7].

Luego, rechazaba el culto a los santos y la prohibición del matrimonio a los sacerdotes, cuestionaba el valor sacramental de las misas y, tras repasar otras cuestiones en disputa, finalmente abordaba el tema del poder eclesial y la autoridad pública.

Carlos V se indignó y emplazó a los protestantes a retractarse. Los príncipes previendo las consecuencias de mantenerse firmes, se aliaron en la Liga de Esmalcalda, luego que Lutero admitiera el derecho a la defensa propia. El emperador finalmente no pudo imponer su voluntad y se firmó la paz de Nuremberg, en 1532 donde se permitía a los luteranos predicar su fe dentro de sus territorios, pero no fuera de ellos. A pesar de ello la fe protestante se extendió tomando diversas formas.

En 1532 se firmó la paz de Nuremberg, que se permitía a los luteranos predicar su fe sólo dentro de sus territorios. A pesar de ello la fe protestante se extendió tomando diversas formas.

Lutero murió en 1546. Había viajado para interceder por sus familiares ante una amenaza de perder su fuente de ingresos. Tras alcanzar un acuerdo con sus adversarios sufrió un fuerte dolor de pecho. Horas después falleció, pero al momento de partir declaró firmemente su fe en Jesucristo, aquel a quien dedicó su vida.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA ACLARATORIA:

Este artículo es el tercero de una serie de tres notas sobre Martín Lutero y la Reforma. Aunque consultamos una vasta bibliografía, mencionamos debajo sólo la más importante. Nuestro relato sigue en buena medida las obras del Dr. Justo L. González, un brillante historiador cubano-norteamericano, a quien tuvimos oportunidad de conocer junto a mi hermano Alejandro en una serie de conferencias que dio en Buenos Aires hace muchos años. Como lectores, siempre vamos a tener con él una enorme deuda de gratitud.


REFERENCIAS:

[1] Declaración del emperador Carlos V en la Dieta de Worms del 19 de abril de 1521, tomado de una transcripción de Sandoval, Prudencio de, “Historia del emperador Carlos V”, Pamplona, 1614-18, lib. 10, cap. 10; ed. 1846, III, p.322-24.

[2] Carlos V, “Edicto de Worms”. No hemos encontrado la versión en español; en inglés puede leerse el texto completo en Brachter, Dennis, “The Edict of Worms (1521)”, Copyright © 2013, Dennis Bratcher, All Rights Reserved, disponible en http://www.crivoice.org/creededictworms.html, © 2013, CRI / Voice, Institute. La traducción es nuestra.

[3] Carlos V, “Edicto de Worms”

[4] Aquellos interesados en abordar estas cuestiones deben realizar un análisis cuidadoso en dos niveles. La cuestión continental, evaluando aspectos como la guerra entre España y Francia, los sucesivos papas y las alianzas que tejieron, el ataque de las tropas imperiales a Roma en 1527 y el sitio de los turcos de Soleimán a Viena en 1529, y la cuestión alemana, como la sublevación de la baja nobleza en 1522 y 1523, la rebelión de los campesinos en 1525 y sus polémicas con Erasmo.

[5] González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, Unilit, Miami, Fl., Estados Unidos, Edición revisada, 1994, P.27

[6] Confesión de Augsburgo, 1530, Artículo III. Sobre su autoría, dice su propio texto en el segundo párrafo: “ya que nosotros, el subscrito Elector y Príncipe, con otros que se nos han unido”. Al final lleva la lista de firmantes (ver nuestro apartado al final BIBLIOGRAFÍA) Edición digital en http://escriturayverdad.cl/wp-content/uploads/Librodeconcordia/CONFESIONAUGSBURGO.pdf, digitalizada por Andrés San Martin Arrizaga, Temuco, Chile

[7] Confesión de Augsburgo, Artículo XX


CRÉDITOS MULTIMEDIA

La primera es una reproducción de un grabado en cobre realizado por Johann Dürr (más conocido como Augustanus) en 1630 de la lectura de la Confesión Augsburgo ante el emperador Carlos V el 25 de junio de 1530, por el canciller Christian Beyer; su uso es de dominio público.

La segunda imagen se conoce como “Retrato de Martín Lutero como Junker Jörg”; fue pintada por Lucas Cranach El Viejo alrededor de 1521 y 1522. Allí se muestra a Martí Lutero con la barba que se dejó crecer para pasar inadvertido en el Castillo de Wartburg durante su exilio forzado. Está expuesta en el Castillo de Wiemar; su uso es de dominio público.

La tercera imagen está tomada en Eisenach, Germany, y es un detalle del memorial a Martín Lutero.  Es utilizada con permiso, como Photo by CEphoto, Uwe Aranas / CC-BY-SA-3.0, tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Eisenach_Germany_Lutherdenkmal-Eisenach-01.jpg


BIBLIOGRAFÍA

Deiros, Pablo, “Historia del Cristianismo”, Tomo 3 “Las Reformas de la Iglesia”, Ediciones del Centro, Buenos Aires, Argentina, 2008

González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, Unilit, Miami, Fl., Estados Unidos, Edición revisada, 1994

González, Justo L, “Historia del Pensamiento Cristiano”, Ed.Caribe, 2002 Tomo III

Erikson, Erik H., “Young Man Luther, a Study in Psychoanalysis and History”, W. W. Norton & Company, New York – London, 1993

Johnson, Paul, “La Historia del Cristianismo”, Javier Vergara Editor, Buenos Aires, Argentina, 1989

Lutero, Martín, “Obras de Martin Lutero – Tomo I”, Iglesia Evangélica Luterana Unida con el auspicio de la Federación Luterana Mundial, 2016


DOCUMENTOS ANEXOS

“Declaración de Worms” del 19 de abril de 1521, emitida por Carlos V. tomado de una transcripción de Sandoval, Prudencio de, “Historia del emperador Carlos V”, Pamplona, 1614-18, lib. 10, cap. 10; ed. 1846, III, p.322-24.

“Edicto de Worms”, del 8 de mayo de 1521, promulgada por Carlos V. Versión en inglés. Puede leerse el texto completo en Brachter, Dennis, “The Edict of Worms (1521)”, Copyright © 2013, Dennis Bratcher, All Rights Reserved, disponible en http://www.crivoice.org/creededictworms.html, © 2013, CRI / Voice, Institute. La traducción es nuestra.

“Confesión de Augsburgo”, 1530. La redacción se atribuye a Felipe Melanchthon, pero firmada por Juan, Duque de Sajonia, Elector, Jorge, Margave de Brandenburgo, Ernesto, Duque de Luneburgo, Felipe, Langrave de Hesse, Juan Federico, Duque de Sajonia, Francisco, Duque de Luneburgo, Wolfgang, Príncipe de Anhalt, El burgomaestre y el consejo de Nuremberg, El burgomaestre y el el consejo de Reutlingen. Edición digital en http://escriturayverdad.cl/wp-content/uploads/Librodeconcordia/CONFESIONAUGSBURGO.pdf, digitalizada por Andrés San Martin Arrizaga, Temuco, Chile


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Lutero ya había formulado otras tesis, cuyo debate quedó reservado al ámbito académico. Incluso, y, basado en el concepto de la justificación por la fe, había predicado en contra de la venta de indulgencias, que se ofrecían como instrumentos para liberar a quienes aún estaban en el purgatorio. Sin embargo, cuando el 31 de octubre de 1517 clavó sus famosas 95 Tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, invitando a su debate, no intuyó sus extraordinarias repercusiones.

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Escritas en latín, su título original fue “Disputación acerca de la determinación del valor de las indulgencias”. No eran una diatriba contra el Papado sino un ataque virulento a lucrar con la fe. La venta de indulgencias tenía como propósito principal financiar la terminación de la Catedral de San Pedro, en Roma. En sus tesis, Lutero condenaba tanto la mentira como la avaricia, sintiendo repugnancia por las falsas promesas que los vendedores hacían a los ingenuos creyentes.

Las 95 Tesis no eran una diatriba contra el Papado sino un ataque virulento a la venta de indulgencias. Lutero estaba asqueado de tanta mentira y avaricia.

Muchos coincidían con la indignación del teólogo, creyendo que Roma abusaba del pueblo alemán. Gracias al reciente invento de la imprenta, rápidamente aquel documento de Lutero se difundió por Europa y fue discutido en todo el continente.

REACCIONES

Dicen que el papa León X atribuyó las 95 tesis a un monje borracho que cuando estuviera sobrio cambiaría de opinión. Dispuso que Lutero fuera juzgado por los agustinos, a cuya orden pertenecía. El teólogo pensó que podía ser condenado y quemado en la hoguera, pero, para su sorpresa, muchos monjes lo apoyaron.

Entonces, ante aquel juicio fallido, el paso siguiente del pontífice romano fue aprovechar la próxima dieta de Augsburgo. La dieta era un órgano político deliberativo, equivalente a los actuales congresos o parlamentos. Estaba conformada por tres cámaras o colegios: el de los electores, el de los príncipes y el de las ciudades, que se reunían por separado. Las asambleas, también llamadas dietas e identificadas por el nombre de la ciudad donde se realizaban, eran convocadas por el emperador, quien eran elegido por el colegio de los electores, que contaba desde 1346 con siete integrantes. A la dieta de Augsburgo asistiría el cardenal Cayetano como representante papal. Debía reunirse con Lutero y obligarlo a retractarse; si el alemán se negaba, sería enviado como prisionero a Roma.

Retrato de Martín Lutero (1570)Uno de los electores, Federico el Sabio de Sajonia, obtuvo del emperador Maximiliano, quien iba a presidir la dieta, un salvoconducto para el teólogo. Previsiblemente, la reunión con Cayetano fue infructuosa y, al enterarse que el cardenal podía arrestarlo a pesar del salvoconducto, Lutero huyó a Wittenberg y pidió un concilio general. En el ínterin, se produjo la muerte del Maximiliano. Como necesitaba un emperador de su confianza, León X apoyaba la elección de Federico el Sabio de Sajonia, aquel protector de Lutero, por lo que propuso una tregua. Envío a un representante para dialogar con Lutero quien se comprometió a detener la polémica siempre y cuando sus adversarios también lo hicieran.

El ataque de un profesor conservador a otro que era defensor radical de las doctrinas de Lutero promovió un debate académico en Leipzig del cual Lutero se sintió obligado a participar. Cuenta Justo L. González que cuando, Lutero y Hans Eck, el conservador, se enfrentaron “resultó claro que el primero era mejor conocedor de las Escrituras, mientras el segundo se hallaba más a gusto en el derecho canónico y la teología medieval. Con toda destreza, Eck llevó el debate hacia su propio campo, y por fin obligó a Lutero a declarar que el Concilio de Constanza se equivocó al condenar a Hus[1], y que un cristiano con la Biblia de su parte tiene más autoridad que todos los papas y los concilios contra ella. Esto bastó. Lutero se había declarado defensor de un hereje condenado por un concilio ecuménico. Aunque los argumentos del Reformador resultaron mejores que los de su contrincante en muchos puntos, fue Eck quien ganó el debate, pues en él logró demostrar lo que se había propuesto: que Lutero era hereje, por cuanto defendía las doctrinas de los husitas”[2].

Arriesgando su vida en un debate en Leipzig, Lutero declaró que un cristiano con la Biblia de su parte tenía más autoridad que todos los papas y los concilios.

La precaria paz se había roto. Finalmente se había elegido a Carlos I de España como emperador, por lo que León X ya no tenía motivos para aliarse con el protector de Lutero. La confrontación era inevitable.

LA BULA PAPAL CONTRA LUTERO

El papa emitió la bula Exsurge Domine condenando los errores de Martín Lutero el 15 de junio de 1520. Allí ora a San Pedro diciendo:

“Avisasteis bien de que vendrían falsos maestros en contra de la Iglesia Romana, para introducir sectas ruinosas, atrayendo sobre ellas rápidas condenas. Sus lenguas de fuego son un mal incansable, lleno de veneno mortal. Ellos tienen un celo amargo, la discordia en sus corazones, y se jactan y mienten en contra de la verdad”[3].

Más adelante declaraba:

“Aún más, debido a los precedentes errores y de otros muchos contenidos en los libros escritos y en los sermones de Martín Lutero, del mismo modo, nosotros condenamos, reprobamos y rechazamos completamente todos los libros, escritos y sermones del citado Martín… Prohibimos a todos los fieles de ambos sexos, en nombre de la santa obediencia y bajo las penas mencionadas en los que incurrirán inmediatamente, leerlos, apoyarlos, predicarlos, alabarlos, imprimirlos, publicarlos o defenderlos… De hecho, e inmediatamente después de la publicación de esta carta, todas estas obras deberán ser buscadas cuidadosamente… y deberán ser quemadas pública y solemnemente en presencia de los clérigos y del pueblo bajo todas y cada una de las penas anteriores”[4].

El tono amenazante delataba el grado de frustración de su autor.

Habían pasado menos de tres años desde que Lutero clavara en Wittenberg sus 95 Tesis y ya le habían dedicado una bula papal.

La orden papal fue seguida a medias. El poder de León X había menguado. Al mismo tiempo, las ideas bíblicas del teólogo alemán venían ganando apoyo en amplias regiones de Europa. Cuando Lutero recibió la copia de la bula que lo emplazaba a abjurar de sus principios, la quemó. Había entrado a un camino sin retorno y su suerte dependía de la voluntad de los gobernantes.

Lutero en la Dieta de Worms (1877) Anton von Werner

LA DIETA DE WORMS

Se decidió que Lutero compareciera en la dieta que tendría lugar en Worms, una de las ciudades más antiguas de Alemania, ubicada a unos setenta kilómetros de la actual Frankfurt. Escuchemos nuevamente el relato de Justo L. González:

“Cuando Lutero llegó a Worms, fue llevado ante el Emperador y varios de los principales personajes del Imperio. Quien estaba a cargo de interrogarlo le presentó un montón de libros, y le preguntó si él los había escrito. Tras examinarlos, Lutero contestó que los había escrito todos, y varios otros que no estaban allí. Entonces su interlocutor le preguntó si continuaba sosteniendo todo lo que había dicho en ellos, o si estaba dispuesto a retractarse de algo… Pidió un día para considerar su respuesta.

Al día siguiente… en medio del mayor silencio, se le preguntó a Lutero si se retractaba. El monje contestó diciendo que mucho de lo que había escrito no era más que la doctrina cristiana que tanto él como sus enemigos sostenían, y que por tanto nadie debía pedirle que se retractara de ello. Otra parte trataba acerca de la tiranía y las injusticias a que estaban sometidos los alemanes, y tampoco de esto se retractaba, pues tal no era el propósito de la dieta, y tal abjuración sólo contribuiría a aumentar la injusticia que se cometía. La tercera parte, que consistía en ataques contra ciertos individuos y en puntos de doctrina que sus contrincantes rechazaban, quizá había sido dicha con demasiada aspereza. Pero tampoco de ella se retractaba, de no ser que se le convenciera de que estaba equivocado.

Su interlocutor insistió: “¿Te retractas, o no?” Y a ello respondió Lutero, en alemán y desdeñando por tanto el latín de los teólogos: “No puedo ni quiero retractarme de cosa alguna, pues ir contra la conciencia no es justo ni seguro. Dios me ayude. Amén”. Al quemar la bula papal, Lutero había roto definitivamente con Roma”[5].  

1520 fue un año clave para Lutero. Publicó tres ensayos donde exponía formalmente sus doctrinas: “A la nobleza cristiana de la nación alemana acerca del mejoramiento del estado cristiano”, “La libertad cristiana” y “La cautividad babilónica de la Iglesia”. Revela a sus 37 años la madurez de su pensamiento. Sin embargo, enfrentaría aún una oposición aún mayor en su camino.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA ACLARATORIA:

Este artículo es el segundo de una serie de tres notas sobre Martín Lutero y la Reforma. Aunque consultamos una vasta bibliografía, mencionamos debajo sólo la más importante. Nuestro relato sigue en buena medida las obras del Dr. Justo L. González, un brillante historiador cubano-norteamericano, a quien tuvimos oportunidad de conocer junto a mi hermano Alejandro en una serie de conferencias que dio en Buenos Aires hace muchos años. Como lectores, siempre vamos a tener con él una enorme deuda de gratitud.


REFERENCIAS

[1] Ver el apartado LOS INTENTOS PREVIOS DE REFORMA del presente trabajo y nuestro artículo EL GRAN REFORMADOR CHECO JAN HUS, Parte 1, que puede leerse en https://pablobedrossian.wordpress.com/2013/09/16/el-gran-reformador-checo-jan-hus-parte-1-por-pablo-r-bedrossian/

[2] González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, Unilit, Miami, Fl., Estados Unidos, Edición revisada, , 1994, p.21

[3] León X, Bula Exsurge Domine,1530. Traducción de Miguel Tenreiro. Edición digital en https://www.catolicosalerta.com.ar/magisterio-iglesia/leon10-bula-exsurge-domine.pdf, p.1

[4] León X, Op. cit. p.7

[5] González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, p.21,22


CRÉDITOS MULTIMEDIA

La primera imagen se conoce como “Lutero en la Dieta de Worms”; es un grabado en madera de 1556, cuyo autor permanece anónimo; su uso es de dominio público.

La segunda imagen se conoce como “Retrato de Martín Lutero”; fue pintada por Lucas Cranach El Joven en 1570. Se expone en Landesmuseum de Württemberg; su uso es de dominio público.

La tercera pintura se titula, como la primera, “Lutero en la Dieta de Worms”;  fue realizado por Anton von Werner en 1877 y su uso es de dominio público. Se encuentra actualmente en la Staatsgalerie de Stuttgart


BIBLIOGRAFÍA

Deiros, Pablo, “Historia del Cristianismo”, Tomo 3 “Las Reformas de la Iglesia”, Ediciones del Centro, Buenos Aires, Argentina, 2008

González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, Unilit, Miami, Fl., Estados Unidos, Edición revisada, 1994

González, Justo L, “Historia del Pensamiento Cristiano”, Ed.Caribe, 2002 Tomo III

Erikson, Erik H., “Young Man Luther, a Study in Psychoanalysis and History”, W. W. Norton & Company, New York – London, 1993

Johnson, Paul, “La Historia del Cristianismo”, Javier Vergara Editor, Buenos Aires, Argentina, 1989

Lutero, Martín, “Obras de Martin Lutero – Tomo I”, Iglesia Evangélica Luterana Unida  auspicio de la Federación Luterana Mundial, 2016

DOCUMENTOS ANEXOS:

León X, Bula Exsurge Domine, 1520. Traducción de Miguel Tenreiro. Edición digital en https://www.catolicosalerta.com.ar/magisterio-iglesia/leon10-bula-exsurge-domine.pdf


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LA BIBLIA DE GUTENBERG Y LA REFORMA (por Pablo R. Bedrossian)

Este año se celebrarán los 500 años de lo que se conoce como la Reforma Protestante o simplemente la Reforma. Se eligió esta fecha porque, según la tradición, Martín Lutero clavó sus famosas 95 Tesis en las puertas de la iglesia del Palacio de Wittenberg el 31 de octubre de 1517. Quienes lean el famoso documento comprobarán que no se trata una diatriba contra el Papado sino contra la venta de indulgencias en su nombre para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro. Pero no es nuestro propósito hacer teología o contar esa historia, sino señalar el impacto que la imprenta tuvo en la difusión de la Reforma en Europa.

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Biblia de Gutenberg, Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, Washington D.C.

Comencemos señalando que Gutenberg no fue contemporáneo de Lutero, pues el teólogo alemán nació en 1483, 25 años después de la muerte del impresor.

Johannes Gutenberg había nacido alrededor del 1400 en Maguncia, en el territorio que hoy llamamos Alemania, que en aquel entonces formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico. De profesión orfebre, creó la imprenta con tipos móviles que revolucionó la escritura. Hasta aquel momento los libros se copiaban a mano. Quienes estaban a cargo de esa tarea, generalmente monjes, se llamaban copistas o amanuenses.

Su invención tuvo como punto de partida la creación de tipos, unas piezas metálicas con el molde de las diferentes letras. A los tipos se les agregaba una tinta que se aplicaba a presión o “golpes” sobre un papel o tela en forma mecánica. Hoy, en la era de las impresoras digitales, parece un principio extremadamente rudimentario, pero la impresión tipográfica se utilizó hasta mediados de la segunda mitad del siglo XX.

Gracias a su profesión de orfebre, Gutenberg pudo hacer los tipos con metal fundido. Para aplicarlos sobre las superficies en plancha –y no letra por letra o palabra por palabra-, adaptó prensas que se utilizaban para exprimir el jugo de uvas para la producción de vino. Finalmente utilizó tintas oleosas para que las letras quedaran grabadas en forma indeleble.

Aunque se ha sostenido que previamente imprimió a modo de prueba el Misal de Constanza, se considera que su obra primigenia es la Biblia.

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Detalle de la Biblia de Gutenberg, Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, Washington D.C.

Conocida como la Biblia de 42 líneas por el número de renglones impresos en cada página, fue publicada alrededor de 1455. Consta de 1282 páginas, cuyo texto en letra gótica está distribuido en dos columnas. Algunos ejemplares fueron encuadernados en dos volúmenes.

Se cree que se imprimieron unos 180 ejemplares: 45 en pergamino y 135 en papel. Si la cifra parece escasa, debe recordarse que la impresión era mecánica pero no industrial. El mundo occidental recién estaba ingresando a una de las revoluciones culturales más trascendentales: el Renacimiento. En la actualidad quedan menos de 50 ejemplares, y sólo 21 están completos.

DETALLES NOTABLES

La Biblia de Gutenberg es una edición de la Vulgata, traducción de las Sagradas Escrituras al latín que san Jerónimo hizo a finales del siglo IV.

Para el diseño de los tipos, en particular para sus letras góticas, se sirvió de una edición manuscrita reciente, la Biblia Gigante de Mainz (en castellano Maguncia). Aunque el escriba permanece anónimo, dejó notas en aquel volumen indicando que inició su trabajo el 4 de abril de 1452 y lo finalizó el 9 de julio de 1453.

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Biblia Gigante de Mainz, manuscrito que sirvió de base tipográfica a la Biblia de Gutenberg

Para embellecer su publicación, Gutenberg dejó un hueco en las planchas de impresión para las iniciales, que fueron añadidas a mano, lo mismo que algunos detalles a color, iluminando el texto. Por ello, cada ejemplar es único.

En la actualidad sólo quedan tres ejemplares completos impresos en vitelo (pergamino fino de piel de animal), que se encuentran en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en la Biblioteca Británica y en la Biblioteca Nacional de Francia. Quedan algunos volúmenes incompletos en el mismo material, pero la gran mayoría de los que perdura está impresa en papel.

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Detalle de la Biblia de Gutenberg correspondiente al Capítulo 1 del Evangelio de Lucas

Tuvimos tres ocasiones de admirar la Biblia de Gutenberg. Hace muchos años, una en papel en el campus de la Universidad de Texas en Austin, adquirida en 1978 por 2,4 millones de dólares. Más recientemente, otras dos en pergamino: una, junto a la Gran Biblia de Mainz, en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en Washngton D.C, y otro espléndido ejemplar en la Biblioteca Británica, en Londres.

Obviamente es el incunable más valioso. Se denomina incunables a los libros impresos antes del año 1500.

LA IMPRENTA Y LUTERO

La creación de Gutenberg tuvo un doble impacto en el corazón de la Iglesia: permitió la rápida divulgación de las 95 Tesis por toda Europa y la posterior difusión de la Biblia en idioma alemán. La traducción de Lutero del Nuevo Testamento en su propia lengua se imprimió en septiembre de 1522, poniendo al alcance del pueblo el mensaje evangélico. No es exagerado afirmar que la lectura de la Biblia fue el combustible que encendió el fuego de la Reforma, algo que fue posible gracias a la invención de Gutenberg.

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Biblia de Gutenberg exhibida en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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