“HISTORIA DEL TAHUANTINSUYU”, UNA OBRA ESENCIAL PARA ENTENDER EL MUNDO INCA (por Pablo R. Bedrossian)

María Rostworowski de Diez Canseco (1915-1916) es considerada la máxima experta en culturas prehispánicas del ámbito inca. Nacida en Perú de padre polaco y madre puneña prefirió identificarse con sus raíces americanas, dedicando su vida a develar la historia de las etnias nativas y a entender su dinámica social.

Entre sus múltiples publicaciones se destaca “Historia del Tahuantinsuyu”; prefiere utilizar este último término para denominar a la reunión de las cuatro regiones andinas bajo el poder inca que hablar de imperio, un concepto europeo, que, como muchos otros -tal como ella misma indica-, actúa como un paradigma que impide la correcta interpretación de los hechos.

Hemos leído la tercera edición del libro. La primera es de 1988, la segunda de 1999 y la nuestra de 2014. La obra se divide en dos grandes secciones: la primera, titulada “El surgimiento y apogeo del estado inca”, es un repaso de la historia antes de la llegada de los españoles, y la segunda, denominada “Los aspectos organizativos”, incluye el análisis de las clases sociales, la economía y la administración.

Los temas de la obra presentan serios problemas investigativos: A diferencia de los mayas, cuya información quedó grabada en glifos, los incas y el resto de los pueblos andinos fueron ágrafos, que significa sin escritura. Además, una economía sin dinero, basada en intercambios de bienes y servicios registrados mediante un complejo sistemas de nudos en quipus, piezas de cordones de lana o algodón, complica el entendimiento del comercio. Sin embargo, María Rostworowski formula hipótesis creíbles que brindan solidez a sus afirmaciones.

Desde luego se apoya en escritos del siglo XVI; sin embargo, ve en el Inca Garcilaso de la Vega sesgos y distorsiones que juzga intencionales, no por prejuicios europeizantes sino por su pertenencia a un determinado bando indígena[1]. La autora considera que el triunfo contra los chancas provee una creciente hegemonía al Cusco y desarrolla la línea inca que nace en Viracocha (del cual poco se sabe), pasa por Pachacutec (apodo de Cuti Yupanqui), Tupac Yupanqui, Huayna Cápac, y termina con el famoso enfrentamiento entre Huáscar y Atahualpa.

La historia cuenta trata del sometimiento forzoso que otros pueblos indígenas padecieron por parte de los incas. Describe la estrategia inicial del vasallaje “por las buenas”, basado en el principio de la reciprocidad: fiestas y regalos a cambio de bienes y servicios; sin embargo, ante la menor resistencia, sigue el dominio “por las malas”, con exterminio, desplazamiento de los sobrevivientes y gobernantes incas impuestos a los pueblos extranjeros. En ese sentido destruye aquella reivindicación de los pueblos originarios cuando declaran que la tierra pertenece a sus primitivos habitantes. Por el contrario, la ambición de poder, la extensión territorial y el uso de la fuerza militar parecen ser el común denominador de los incas que, en ese sentido, imitaron el expansionismo europeo. Las deportaciones se conocen como mitmaq y los esclavos (aunque la autora se abstiene de asignarle ese nombre) como yanas. Como parte de su agenda de dominación cultural impusieron una misma lengua en todo el territorio.

Por todo ello, podemos decir que las investigaciones de María Rostworowski de Diez Canseco desmitologizan la visión popular del pueblo inca, algo que en nada justifica la sanguinaria crueldad de los conquistadores españoles que sí se sirvieron del resentimiento de los pueblos sojuzgados para destruir el imperio y sustituirlo por una autoridad absoluta que declamaba la cruz pero usaba la espada.

Hay algunos puntos muy interesantes entre los aspectos administrativos. Quizás el más importante sean los excedentes de producción en poder de los incas y la enorme cantidad de provisiones, vestimentas y ornamentos encontrados en sus almacenes. Aunque la historiadora no menciona la cifra de los habitantes de la región andina durante el siglo anterior de la llegada de los conquistadores[2] – aunque sí menciona la existencia de 30,000 pescadores en un solo pueblo-, suponemos la enorme dificultad que representaría establecer una cadena de suministros considerando la geografía hostil de la cordillera. Sin embargo, los incas fueron sumamente exitosos en la acumulación de bienes que entregaban a cambio de servicios (trabajo físico).

Entre los múltiples aportes de “Historia del Tahuantinsuyu” se encuentra también una descripción detallada de las estructuras sociales y sus liderazgos, cuyos intereses muchas veces eran contrapuestos. En el excelente resumen final, si la Historia es la historia del poder político, la de los incas -según la autora- revela una ambición excesiva pero ingenua. Pese a su rápido crecimiento no estaban preparados para manejar el cambio psicológico y tecnológico resultante de enfrentar a hombres blancos con armaduras y a caballo. La aparición de este nuevo enemigo no solo expuso sus debilidades sino también demostró que bastaba un puñado de aventureros y forajidos inescrupulosos para desmoronar el estado inca en un periodo muy corto de tiempo.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Rostworowski de Diez Canseco, María, “Historia del Tahuantinsuyu”, IEP (Instituto de Estudios Peruanos), 3ª Ed., 2014, p.59

[2] Se estima que a la llegada de los españoles el Tahuantisuyu (que otros escriben Tahuantinsuyo) contaba con unos 12 millones de habitantes.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la portada del libro.

LOS PASAJES DE SAN JOSÉ DE FLORES: PESCADORES, SALALA Y GENERAL ESPEJO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Los pasajes Salala y Pescadores corren a los lados de la Iglesia de San José de Flores. Son públicos, peatonales y tienen una sola cuadra que se extiende entre la avenida Rivadavia y la calle Ramón L. Falcón.

Del lado este de la iglesia corre el pasaje Pescadores; nace en Rivadavia 6950 y termina en Falcón 2431.

Del lado oeste corre el pasaje Salala; nace en Rivadavia 6970 y termina en Falcón 2471.

A mitad del pasaje, a la altura de Salala 49, se abre un tercer pasaje llamado General Gerónimo Espejo. Esta corta y ancha vía, también peatonal, se extiende unos pocos metros, desde la pared de la iglesia hasta la calle Pedernera 48, formando una T con el pasaje Salala.

Son callejones oscuros debido a las altas paredes del templo. La última vez que los visité, a fines de 2019, tenían portones con rejas que se cerraban por las noches para evitar rateros, linyeras y cirujas.

EL PASAJE SALALA

Podemos dividir el pasaje Salala en dos partes. La primera entre Ramón L Falcón y el pasaje General Gerónimo Espejo; la segunda, entre el mismo pasaje y la avenida Rivadavia.

En la primera sección las casas están bien cuidadas y muestran toques de color; exhalan aroma a barrio pese a la ausencia de árboles.

Del lado de la iglesia hay una puerta de hierro con una placa que dice Oratorio de la Adoración Perpetua, espacio que forma parte del complejo de la basílica.

Hacia el final de la sección se ha terminado luego de largos años un moderno edificio.

Tras cruzar el pasaje Espejo, ingresamos a la otra mitad, ocupada en su totalidad por el edificio del Banco Nación, cuya alta pared conforma junto con la de la iglesia un espacio frío e impersonal.

EL PASAJE PESCADORES

Es un largo pasaje sin callejones a los costados. Aunque de algún modo parecido, es mucho más rústico y rudimentario que el Salala.

Las casas son más antiguas y bajas; el escaso colorido proviene de algunos murales.

En ocasiones he visto personas haciendo fila para ser atendidos por colaboradores de la iglesia. La elevada pared de la basílica y el matiz opaco de las casas le dan una atmósfera algo lúgubre.

Sin embargo, el tramo más cercano a la avenida Rivadavia posee más colorido y regala a la vista las mejores casas.

EL PASAJE GENERAL GERÓNIMO ESPEJO

Este breve pasaje nace en la calle Pedernera y termina en Salala, contra la pared de la basílica. De un lado tiene al Banco Nación; del otro, un edificio que tardó muchos años en ser construido.

Por esa demora y el aspecto de obra abandonada, el pasaje fue un lugar predilecto para indigentes y homeless y se caracterizaba por su suciedad.

Además, y a pesar que se habían colocado canteros, siempre había más de un avivado que estacionaba allí su automóvil, aunque estaba totalmente prohibido.

EL ORIGEN

Hemos dicho que los pasajes están íntimamente ligados a la iglesia de San José de Flores. El nombre Flores proviene de don Juan Diego Flores, cuya chacra ocupaba el barrio hoy que lleva su apellido. Este emprendedor lotificó parte de su propiedad y vendió algunos de esos terrenos. A su muerte en 1801 la finca pasó a manos de la viuda, Antonia Fuentes, y de su hijo adoptivo, Ramón Francisco Flores, quien decidió expandir la venta de tierras y fundar un pueblo que llevara el nombre de su padre. El trazado estuvo a cargo de Antonio Millán quien fuera administrador de Juan Diego Flores y era propietario de algunas de las tierras. En 1804 ya se lo conocía como el pueblo de Flores, que servía “como una parada casi obligatoria entre el pueblo de Luján y la ciudad de Buenos Aires”[1].

Sus límites iniciales quedaron establecidos por las actuales calles Aranguren (norte), Lautaro – Fray Luis Beltrán (este), Directorio (sur) y San Pedrito – Nazca (oeste). “Dentro de ese perímetro destinó una manzana para iglesia, otra para plaza principal (lo que hoy es la Plaza Pueyrredón y que en su origen fue tan solo una simple parada de carretas) y una tercera para corrales de abasto y matadero”[2]. La plaza Pueyrredón es más conocida como plaza Flores.

Con la autorización del virrey Sobremonte, se creó la parroquia o curato de “San José de Flores”, de límites más amplios. En 1806 se levantó la primera capilla vecinal sobre la calle Rivera Indarte, en la misma manzana de la actual iglesia. Sin embargo, el párroco Martín Boneo en 1830 se propuso levantar un templo más grande, de 36 metros de largo por 15 de ancho y ocho metros de alto, con frente a la Avenida Rivadavia.

Cuenta el Dr. Eduardo Balbachan, pionero y maestro en el estudio de los pasajes porteños, que la curia vendió terrenos en esa manzana para financiar la construcción. Entonces, entre 1930 y 1931, Pedro Pablo Roberts impulsó la creación del actual callejón Salala para valorizar las casas vecinas[3]. Posteriormente por una disposición municipal se creó un pasaje paralelo, hoy conocido como Pescadores.

EL CREADOR

Se sabe muy poco del creador del pasaje Salala, Pedro Pablo Roberts. Gabriel Turone sostiene que era oriundo de Gales, vecino de Flores y poseedor de una gran cultura. Dice además que se casó con doña Josefa Silveyra con quien procreó a Pedro Florencio Roberts, médico y benefactor, nacido en 1844[4]. Además, aunque no he podido conseguir el libro original, Turone no es el único que cita al primer texto sobre la historia barrial, “San José de Flores: Bosquejo histórico” del Rómulo Carbia, publicado en 1906, para comentar que Pedro Pablo Roberts había sido testigo de un fusilamiento múltiple ordenado por don Juan Manuel de Rosas en 1832: “Don Pedro Pablo Roberts, cuyas canas ostentan el rigor de 94 inviernos, recuerda perfectamente este hecho”[5]; este dato sugiere que haba nacido en 1812 y realizado aquel negocio inmobiliario con solo 18 o 19 años.

EL PASO DE LOS AÑOS

Recién en 1870 las calles de San José de Flores recibieron nombres. En 1878 se hizo cargo de la parroquia el padre Feliciano de Vita quien impulsó la creación la actual Basílica de San José de Flores, de dimensiones muy superiores a la iglesia anterior (65 metros de largo por 22 de frente). Los planos fueron elaborados por los arquitectos italianos Benito Panunzi y Emilio Lombardo y la obra fue dirigida por los arquitectos Andrés Simonazzi y Tomás Allegrini[6].

El templo católico fue inaugurado en 1883. El Banco Nación, diseñado por el arquitecto Carlos Nordmann, que está separado de la iglesia por el pasaje Salala y limita con el pasaje Espejo, es de 1910.

En 1913, detrás de la basílica se levantó el Círculo de Obreros Católicos proyectado por el ingeniero Agustín Carbone[7]. Desde luego todas estas obras hicieron que estos callejones cambiaran su fisonomía.  

Es muy poca la información adicional sobre estos pasajes y su evolución a lo largo del tiempo, así como del origen del pasaje Espejo. Por un plano de 1882 sabemos que ya existían los tres pasajes[8].

LOS NOMBRES

Ni Salala ni Pescadores, ni Espejo eran los nombres originales. Lo sabemos por una ordenanza del 27 de noviembre de 1893 que impuso estas nuevas denominaciones: Salala era anteriormente conocido como Brandsen[9]; Pescadores era conocido como Brown[10]. El mismo documento indicaba que el tercer pasaje pasaba a llamarse simplemente Espejo, reemplazando el nombre de Zapiola. Recién en 1984 por la Ordenanza N° 40.107 (Boletín Municipal Nº 17.427) adquiere su nombre completo: General Gerónimo Espejo[11]. Nótese que antiguamente la avenida Lastra de Villa Devoto se llamaba General Espejo.

Los tres nombres están vinculados al Ejército de Los Andes conducido por el General José de San Martín. Salala fue una victoria obtenida en Chile por Patricio Cevallos, oficial que reportaba al comandante Juan Manuel Cabot, en 1817[12]. Sus tropas estaban conformadas por fuerzas del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile.

Pescadores fue otro un combate, librado en 1820 durante la Campaña al Perú. Hay una anécdota sabrosa sobre esa batalla. Juan Pascual Pringles -por aquel tiempo teniente, luego conocido como el coronel Pringles– fue sorprendido por las tropas realistas de Gerónimo Valdez. Al verse derrotado se arrojó al mar, pero el general español le ayudó a salvarse y le perdonó la vida[13].

El General Gerónimo Espejo también formó parte del Ejército de los Andes. Mendocino, acompañó al General José de Sa Martín en toda la campaña libertadora. Luego participó en la Guerra con el Brasil y en las luchas internas argentinas colaboró con los generales Lavalle y Paz. Además de militar fue un notable cronista[14].

UNA BREVE ANÉCDOTA

Siempre que puedo trato de recoger alguna anécdota sabrosa. En esta ocasión debo la historia a un mendigo que había fijado en el pasaje Espejo su residencia, al aire libre, por supuesto. Su nivel educativo me sorprendió (“a mí me quebró la bebida” confesó). Resumo el relato que hizo:

Una anciana que iba a misa todos los domingos se encontró con un joven seminarista muy pintón en el pasaje Salala. Luego de saludarlo le dijo:

– A vos te gustan las mujeres, ¿no?

– Sí, pero mayor es mi vocación

– Pero si Dios no te mandara una mujer, ¿no te casarías?

– Solo si me la manda Dios, pero ¿cómo podría saberlo?

– Muy fácil: ponelo a prueba.

El joven se quedó pensando. Después de unos segundos respondió.

– Si mañana apareciese una chica con pollera roja, blusa blanca y un moño azul en el cabello y me dijera… no sé… ‘¡qué bello es este cielo!’… creería que viene de Dios.

El día siguiente llovió torrencialmente. El seminarista caminaba protegido por un paraguas por el pasaje Salala cuando por el pasaje Espejo apareció una joven completamente empapada con una enorme sonrisa, pollera roja, blusa blanca y un moño azul. Fue directamente hacia él y obviamente le dijo:

– ¡Qué bello este cielo!

El seminarista recordó en ese instante lo que había dicho del día anterior. La cubrió con el paraguas, comenzaron a conversar y pocas semanas después el aspirante a cura abandonó los hábitos para comenzar el noviazgo.

La viejita nunca más volvió a aparecer por la iglesia. Se tejieron todo tipo de conjeturas: que había muerto, que se había mudado, hasta que era un ángel que había visitado la iglesia. Le pregunté al mendigo que suponía él que había pasado:

– Contra lo que Ud. piensa, no era una tía de la chica. Creo que la muchacha estaba enamorada del seminarista desde siempre y no sabía como abordarlo. Cada misa para ella era una tortura hasta que se le ocurrió hablar con la viejita. Le dio un buen dinero para que encarara al seminarista y ejecutara el plan. La doña no era tonta y lo llevó a donde quería. Si aún vive, la vieja debe estar yendo a una iglesia en Liniers o Caballito…

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.16

[2] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Op. cit., p.27

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.44

[4] Turone, Gabriel, “Salala: Un pasaje de San Jose De Flores con historia”, Jóvenes Revisionistas Sitio Oficial, http://jovenesrevisionistas.org/salala-un-pasaje-de-san-jose-de-flores-con-historia/. No pude validar estos datos pues no tengo en mi poder la bibliografía citada por el autor.

[5] Carbia, Rómulo D. “San José de Flores, Bosquejo histórico”, Arnoldo Mobn y Hno., 1906, p.49. de acuerdo a Turone, Gabriel O., “Un día como hoy” del 28 de abril de 2019, https://www.facebook.com/2312748222384950/

[6] Gómez Aquino, Rosa, “Iglesias en Buenos Aires”, Del Nuevo Extremo, 2012, p.125. La autora al arquitecto Lombardo lo llama Lombardi.

[7] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.78

[8] “Plano de la Ciudad de Buenos – Aires Capital de la República Argentina de los suburbios Boca y Barracas al Norte y de los Pueblos limítrofes Belgrano y S. José de Flores…por J.B.A. BIANCHI. Publicación hecha expresamente para la Exposición Continental de 1882…”, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/ La flecha fue agregada por nosotros.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.473

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.447

[11] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.355

[12] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.161

[13] Iusem, Miguel, Op. cit., p.141

[14] Iusem, Miguel, Op. cit., p.67


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen parcial del mapa de Buenos Aires de 1882, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/. La flecha fue agregada por nosotros.

AGALYCHNIS CALLIDRYAS, LA RANITA DE OJOS ROJOS MÁS FAMOSA DE CENTROAMÉRICA (por Pablo R. Bedrossian)

El género Agalychnis se distribuye desde México hasta Perú y Brasil. Reúne más de una docena de especies de las cuales la más famosa es la Agalychnis callidryas, una ranita verde de ojos rojos y gruesas pupilas elípticas verticales negras.

Agalychnis callidryas

Esta ranita, también conocida como rana de hoja de ojos rojos, rana verde de ojos rojos o rana calzonuda, se encuentra en la vertiente del Atlántico en zonas bajas y moderadas desde el centro de Veracruz y el norte de Oaxaca en México hasta el norte de Colombia. En la vertiente del Pacífico se encuentra desde el sudoeste de Nicaragua hasta el este de Panamá[1].

Agalychnis callidryas

La hembra es más grande (longitud hocico-cola de 48 a 77mm) que el macho (longitud hocico-cola de 30 a 59mm)[2].

MARCAS DE CAMPO

Además de la localización, hay seis marcas de campo observables a simple vista que facilitan su identificación:

  1. El color rojo de los ojos.
  2. La cabeza y dorso de color verde claro homogéneo e intenso.
  3. El color morado azulado de los flancos con rayas verticales amarillas.
  4. Los puntos blancos en el dorso, algo que comparte con otras especies del género.
  5. Los pliegues interdigitales moderados en manos y pies.
  6. Los dedos anaranjados o amarillentos, salvo el borde exterior de los dedos más externos.

Además, McCranie y Castañeda en “Guía de Campo de los Anfibios de Honduras” mencionan que “los discos (de los dedos) tienen almohadillas muy grandes y cubiertas redondeadas”; luego mencionan que “las superficies dorsales son lisas a levemente granulada”. Finalmente agregan dos peculiaridades: “los especímenes del este de Honduras tienen una raya amarilla blanquecina que separa la coloración dorsal de los flancos, mientras que esta raya está ausente en los especímenes del oeste… el brazo y las superficies posteriores y anteriores de los muslos son de color morado (en el este de Honduras) o anaranjado (en el oeste)” [3].

COMPORTAMIENTO

Agalychnis callidryas es activa durante la noche, en particular, en las estaciones de mayor humedad. Se esconde en los árboles durante el día y en los periodos secos[4].

Agalychnis callidryas

Puede reproducirse en una amplia variedad de hábitats; el macho llama a la hembra que desciende de los árboles; tras el amplexo, la hembra se sumerge e hidrata para luego depositar sus huevos en vegetación que cuelga sobre charcos o humedales -incluso en recipientes con agua-, donde los renacuajos se desarrollan y generalmente nadan con la cabeza hacia arriba.

Agalychnis callidryas

ESPECIES SIMILAES

McCranie y Castañeda mencionan tres para Honduras: Agalychnis moreletii, Agalychnis saltator y Cruziohyla calcarifer. “Agalychnis moreletii tiene los flancos de color anaranjado sin líneas pálidas mientras que Agalychnis saltator tiene flancos de color morado sin líneas pálidas. Cruziohyla calcarifer tiene un calcar en el talón, flancos amarillos con rayas o barras verticales color negro y el iris amarillo a gris”[5]. En ambas Agalychnis, tanto moreletii como saltator, los ojos son más oscuros.

Agalychnis callidryas

Además, en Honduras existe una rana endémica de ojos rojos, la Duellmanohyla salvavida de pupilas negras horizontales, conocida como ranita de arroyo de ojos rojos, mucho más pequeña: longitud hocico-cola de la hembra hasta 34mm y del macho hasta 28mm, que habita en la costa norte del país.

Duellmanohyla salvavida

Para Costa Rica, el Dr. Jay M. Savage en “The amphibians and reptiles of Costa Rica” dice que los adultos de Agalychnis callidryas son inconfundibles, pero menciona que los juveniles deben distinguirse de una “prima” de la anterior, la Duellmanohyla uranochroa, que tiene pupilas negras horizontales y una ancha franja blanca brillante que va desde el labio superior, debajo del tímpano, hasta la ingle[6].

Agalychnis callidryas, nuestra ranita de ojos rojos, es una de las más bellas del continente y es portada de libros y revistas e imagen preferida para pósters y carteles. No se la pierda.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados


BONUS: VIDEOS


REFERENCIAS

[1] McCranie, James R., Castañeda, Franklin E., “Guía de Campo de los Anfibios de Honduras“, Bibliomania!, 2007, p.147

[2] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.281

[3] McCranie, James R., Castañeda, Franklin E., Op. cit., p.146

[4] Savage, Jay M., Op. cit., p.282

[5] McCranie, James R., Castañeda, Franklin E., Op. cit., p.147

[6] Savage, Jay M., Op. cit., p.281


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BOTHRIECHIS SCHLEGELII: EL TAMAGÁS DE PESTAÑA O BOCARACÁ Y CÓMO MATAN LAS VÍBORAS DE FOSETA (Por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Conocida como víbora de pestaña, tamagás de pestaña, pestañuda, o bocaracá[1], la Bothriechis schlegelii es una pequeña serpiente venenosa de extraordinaria belleza, pues puede presentar distintos colores, que van de la combinación de verde oliva con manchas rojas o café al amarillo[2]. A pesar de los diferentes patrones cromáticos, aún no se han identificado subespecies. Jay M Savage escribe en 2002 que no hay ejemplos conocidos de tonalidades intermedias, lo que sugiere que los ejemplares amarillos, conocidos como oropel o yema de huevo, se reproducen solo entre ellos[3]. Sin embargo, tras la publicación del artículo un lector observó que de una misma camada pueden nacer oropel, nominales, christmas y rarezas como las rosas o las fire”, variaciones dentro de la misma especie.

Bothriechis schlegelii, patrón amarillo. Foto de un ejemplar en cautiverio tomada en La Paz Waterfalls, Alajuela, Costa Rica

Se distinguen por las escamas sobre los ojos que, por su aspecto, se asemejan a pequeños cuernos o pestañas; por esa razón se la llama también crótalo cornudo de Schlegel, homenajeando a la vez al herpetólogo y ornitólogo alemán Hermann Schlegel (1804-1884). El nombre común de esta especie en inglés es Eyelash Viper (en español, víbora de pestaña). Köhler las describe con “agrandadas y elevadas escamas en los párpados, con forma de púas”[4], y McCranie como “escamas superciliares pequeñas, parecidas a espinas, presentes entre el ojo y las escamas supraoculares”[5].  Esta peculiaridad le ha provisto el nombre serpiente de pestaña o pestañuda.

Las hembras son más grandes, alcanzando unos 80 cm., aunque se han documentado excepcionalmente ejemplares de más de 90 cm. La cabeza de distingue claramente del cuello y la cola es prensil. Es arbórea y de hábitos nocturnos. Durante el día se enrolla y duerme. Se alimenta habitualmente de vertebrados: ranas, lagartijas, pequeños roedores, murciélagos y pájaros. No pone huevos: la hembra pare de 12 a 20 juveniles por vez. Es agresiva si se la ataca. Aunque su veneno se considera menos potente que el de la Bothrops asper (el barba amarilla o terciopelo), puede matar al ser humano[6].

Habita desde el norte de Chiapas, en el sur de México, hasta el norte de Sudamérica (incluso se ha encontrado un ejemplar en el extremo noroccidental de Perú[7]). En Centroamérica se la encuentra en bosques húmedos, nubosos y lluviosos hasta una altura de 1400 metros sobre el nivel del mar. En Sudamérica puede hallarse aún a mayor altura[8].

QUÉ SON LAS VÍBORAS DE FOSETAS Y CÓMO MATAN

La Bothriechis schlegelii pertenece a la familia Viperidae (a cuyos miembros se los llama vipéridos), y dentro de ella a la subfamilia Crotalinae, la de los crótalos o víboras de foseta. La palabra foseta deriva de la palabra foso y hace referencia a un orificio característico ubicado a cada lado de la cabeza, entre el ojo y el orificio nasal, siempre por debajo de la línea imaginaria que los une. Las fosetas son órganos con funciones termorreceptoras altamente sensibles que sirven para detectar presas de sangre caliente.

Las víboras atacan a sus víctimas en forma repentina, realizando dos acciones simultáneas: las muerden y les inoculan el veneno a través de sus colmillos. Esto se debe a su dentición solenoglifa: posee colmillos huecos plegables en la parte anterior de la boca. Los huecos en los colmillos tienen forma de cánulas (como caños diminutos), por eso se dice que son acanalados[9].

Salvo que sus víctimas sean pequeñas, luego de atacarlas las sueltan[10]. Las presas caen o mueren en las cercanías en un tiempo corto, debido a que el veneno que fluye por los colmillos produce en forma inmediata una gran destrucción de tejidos (necrosis) con dolor muy intenso en la zona de la mordida. Para hallar sus presas, las víboras vuelven a utilizar sus fosetas que, como brújulas, siguen el rastro de la temperatura corporal. Si las víctimas sobreviven, mueren pocas horas después por sangrado, debido a la hemotoxicidad que el veneno produce a nivel sistémico. La muerte solo puede evitarse mediante el uso de suero antiofídico aplicado en forma intravenosa antes de las cuatro horas de ocurrida la mordida.

En Centroamérica todas las víboras -incluyendo la Bothrops asper, conocida como barba amarilla o terciopelo[11], y las cascabel– pertenecen a la subfamilia Crotalinae. Nótese que las corales (género Micrurus), aunque venenosas no son verdaderas víboras pues pertenecen a la familia Elapidae[12]; no matan por sangrado, sino que debido a su neurotoxicidad producen parálisis respiratoria.

A excepción de la matabuey o matacaballo (Lachesis muta), que es ovípara, todos los vipéridos son vivíparos (paren a sus crías completamente desarrolladas)[13].

PRECAUCIONES

Debido a que reposan durante el día sobre árboles y que los ejemplares con base verde oliva se camuflan perfectamente entre las hojas, conviene evitar apoyarse sobre troncos y ramas en lugares donde esta especie ha sido vista. Por sus hábitos arbóreos, las zonas de mayor riesgo de mordedura son manos, brazos, cuello y cabeza, aunque no existen registros estadísticos formales[14].

NOMBRES POPULARES DE LA BOTHRIECHIS SCHLEGELII

Algunos nombres populares que recibe: víbora de pestaña, tamagás de pestaña, pestañuda, bocaracá, toboba de pestaña, cantil de pestañas, chajbolay, víbora del árbol, carretilla, colgado, cucupal. Nombres exclusivos para color amarillo: oropel, yema de huevo, víbora amarilla.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] En Costa Rica según el Dr. Jay M. Savage, se suele llamar oropel a las color amarillo y bocaracá al resto.

[2] En Honduras el patrón amarillo es poco común, no así, por ejemplo, en Costa Rica

[3] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.725

[4] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.295

[5] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.487

[6] Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”, Heliconia Ideas y Publicaciones, Honduras, 2012, p.26

[7] McCranie, James R., Op. cit., p.491

[8] Köhler, Gunther, Op. cit., p.296

[9] Marineros, Leonel, Op. cit., p.32

[10] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.31

[11] Ver nuestro artículo “Bothrops asper (barba amarilla), la serpiente más temida de Centroamérica, https://pablobedrossian.com/2015/07/02/bothrops-asper-barba-amarilla-la-serpiente-mas-temida-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/, 2015

[12] Ver nuestro artículo “Micrurus nigrocinctus, la coral más famosa de Centroamérica”,  https://pablobedrossian.com/2016/12/16/micrurus-nigrocinctus-la-coral-mas-comun-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/, 2016

[13] Köhler, Gunther, Op. cit., p.291

[14] Dugas, Raymond; Vásquez Almazan, Carlos Roberto; Avendaño, Chaquín; Marroquín, Marta Lidia, “Manual para la identificación, prevención y tratamiento de mordeduras de serpientes venenosas en Centro América, Volumen I: Guatemala”, Organización Panamericana de la Salud, p.36


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“ABRIL ROJO”, UN THRILLER CON SABOR A PERÚ (por Pablo R. Bedrossian)

Abril RojoSerie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Ambientada en Ayacucho, en el corazón del Perú, esta novela de intriga ganadora del Premio Alfaguara 2006, puede leerse al menos en dos planos: el político y en el humano.

En el plano político, muestra las secuelas de la guerra entre el sanguinario movimiento maoísta Sendero Luminoso y las corruptas fuerzas militares y policiales que lo combatieron. Santiago Roncagliolo describe a unos y otros como emblemas del terrorismo, ejercido por cada cual a su manera. De algún modo, coincide con Borges, cuando en su famoso cuento “Deustches Requiem”, propone que el nazismo ha triunfado, no por su ideología sino por lograr que la fuerza impere sobre la razón. No es novedad que en Latinoamérica el terrorismo guerrillero fue combatido mediante el terrorismo de Estado, mostrando la incapacidad de gobernantes civiles y fuerzas armadas para terminar con esa violencia criminal mediante métodos legítimos.

Sin embargo, el plano político sólo sirve de escenografía para el drama humano. El protagonista, el fiscal Félix Chacaltana Saldívar, es un servil empleado del gobierno, cuya férrea adhesión a las leyes termina siendo el germen de su propia destrucción. Como si una cámara lo siguiera y filmara incluso sus sentimientos, Chacaltana se enfrenta a una serie de asesinatos, cuyo común denominador es la venganza. Su obstinación en cumplir los procedimientos y encontrar a los culpables se contrapone a la indolencia de las autoridades, para quienes son más importantes las estadísticas -no sea que los turistas se espanten- que esclarecer los delitos. Mientras tanto, una historia de amor, pasión y locura, hace de Abril Rojo una novela vibrante, cuya tensión se mantiene hasta el desenlace.

Santiago Roncagliolo, el joven autor peruano residente en España, utiliza un lenguaje simple y directo, carente de barroquismos inútiles; se centra en el diálogo y en la descripción de los hechos que nos permiten ver el texto, como si fuera una película. Tiene la extraordinaria habilidad de presentar una historia absurda como si fuera absolutamente verosímil. Ocurre que, como siempre, la realidad supera a la ficción.

Calificación: 

5 Estrellas

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.