EL EDIFICIO DEL MOP (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES 

Avanzando por la Avenida 9 de Julio de norte a sur uno encuentra una enorme mole hormigonada de líneas rectas y color blancuzco que obliga a desviar el camino. Los turistas se detienen a fotografiar allí un rostro de Evita a gran escala en acero, que de noche se ilumina; además hay una imagen en el mismo estilo del otro lado. El paso incesante de vehículos delata que es el único edificio sobre la “avenida más ancha del mundo”, ubicado en la manzana donde la Avenida Belgrano y la calle Moreno interceptan a la 9 de Julio y a su colectora oeste, la calle Lima. Fue construido como sede del Ministerio de Obras Públicas, por lo que se lo conoce por sus siglas, el “Edificio del MOP”.

Ubicado en el barrio de Monserrat, fue uno de los primeros rascacielos racionalistas de la ciudad, con 93 metros de altura[1].  

EL RACIONALISMO

Llegando muy poco después del Art Decó, que había nacido en 1925, y conviviendo por un largo tiempo con él, apareció el Racionalismo: una arquitectura basada en la razón, cuyos diseños se basaban en volúmenes geométricos simples despojados de ornamentos. No es aventurado decir que renunciaba a la estética para privilegiar la función; se servía para ello de materiales de última generación, como el hormigón y el acero. 

LA HISTORIA

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. El 26 de noviembre de 1933 se promulgó la ley 11.714 que cedía el terreno ocupado por las calles Moreno, Lima, Aroma y la futura 9 de Julio para la construcción del edificio del Ministerio de Obras Públicas, que el Estado mismo financió[2]. La calle Aroma mencionada allí era un pasaje anteriormente conocido como la Calle del Pecado que corría entre las calles Moreno y Belgrano, que aún no había sido convertida en avenida.

Las obras de iniciaron el 15 de noviembre de 1934, con diseño del Arquitecto Alberto Belgrano Blanco[3] y fueron dirigidas por el ingeniero Marcelo Martínez con la supervisión del propio Arquitecto Hortal. La empresa constructora de José Scarpinelli levantó la estructura de hormigón en solo 138 días hábiles. Sigamos el relato de Leonel Contreras “La idea original de Hortal era levantar en la futura Av. 9 de Julio un centro cívico monumental que comenzaría con el Ministerio de Obras Públicas. Sin embargo, en 1936, en plena construcción del edificio, el Intendente Mariano de Vedia y Mitre dispuso que el ancho de la futura avenida debía tener 140 metros, con lo cual debían ser demolidas en su totalidad las manzanas existentes entre Bernardo de Irigoyen – Carlos Pellegrini y Lima – Cerrito. A pesar de que se intentó dar marcha atrás con la construcción, el edificio fue terminado, inaugurándose en septiembre de ese año” [4].

EL EDIFICIO

Articulado en forma de U con el espacio abierto hacia la calle Lima, el Edificio del MOP cuenta con planta baja, 22 pisos, una azotea (donde se construyó la vivienda para el intendente del edificio) y una terraza, además de dos sótanos. Cuando fue inaugurado el acceso principal quedó ubicado frente a la desaparecida plaza Moreno, donde luego pasaría la Avenida 9 de Julio, y se crearon dos entradas auxiliares sobre las calles Aroma y Moreno.

Aquellos que han visitado el edificio seguramente se detuvieron a observar el amplio hall de entrada con su gran escalera, cuya estética se encuentra alterada por los controles y dispositivos de seguridad. En años anteriores pude visitar algunos pisos, todos muy espaciosos, con techos altos y anchos pasillos, algo propio de los gobiernos de aquella época que querían comunicar el poderío y la solidez del Estado.

LA PLAZA MORENO

La plaza Moreno (originalmente llamada Montserrat y luego Belgrano hasta recibir su nombre definitivo) desapareció con la apertura de la Avenida 9 de Julio. Se ubicaba donde hoy se encuentra la entrada principal del Edificio del MOP.

Ocupaba un amplio terreno que en algún momento fue llamado “el hueco de Monserrat”. Allí funcionó la poco conocida Plaza de Toros porteña. A principios del siglo XX el predio había sido propuesto para una “casa modelo para ejercicios físicos” y luego para un “instituto del profesorado secundario y colegio nacional anexo”, iniciativas que, desde luego, no prosperaron.

LA CREACIÓN DE LA AVENIDA 9 DE JULIO

En 1899, cinco años después de la inauguración de la Avenida de Mayo se proyectó una avenida similar que corriera de sur a norte. Recién en la década del ‘30 la idea comenzó a materializarse. Era una excelente oportunidad para contar con una avenida única y distinguida.

Cuenta Leonel Contreras que: “El arquitecto Ernesto Vautier, por ejemplo, estableció los usos y perfiles edificables a ambos lados de la futura arteria, proponiendo incluso una serie rítmica de edificios de 100 metros de altura a cada lado de la misma”[5]. El primer tramo se inauguró en 1937 entre las calles Tucumán y Bartolomé Mitre, sin incluir en ese momento el área donde se había levantado el Edificio del MOP. Aunque originalmente se pensó darle un ancho similar a la Avenida de Mayo (33 metros) poco después terminó ganándose la fama de “la avenida más ancha del mundo” al ampliarse a 140 metros, por la mencionada decisión del Intendente.

Sin embargo, el ensanche tomó su tiempo para llegar al Edificio del MOP, pues la ampliación de la Avenida 9 de Julio entre las calles Bartolomé Mitre y la Avenida Belgrano se realizó recién entre 1944 y 1947 quedando la fachada del edificio frente a la flamante Avenida 9 de Julio.

LA CALLE AROMA

Hoy solo persiste su nombre en una callecita de dos cuadras en el Bajo Flores. Según Diego Zigiotto, el antiguo pasaje tenía forma de L y corría entre la calle Belgrano y la calle Lima[6]. El plano[7]  y las fuentes documentales[8] a los que hemos accedido coinciden en describirlo como un pasaje en línea recta entre la Avenida 9 de Julio y la calle Lima. No tenemos certeza absoluta.

Calle Aroma – Vista aérea de Buenos Aires 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

Su nombre no se debía a ningún olor pestilente sino a una mala ortografía de Arohuma[9], palabra que recuerda la victoria de los patriotas Esteban Arce y Bartolomé Guzmán en Bolivia, el 15 de noviembre de 1810, frente a las tropas realistas[10]. De un modo u otro, la vieja Calle del Pecado, llamada desde 1893 Aroma, fue demolida en la ampliación que convirtió a Belgrano en Avenida en 1950. La manzana que delimitaba junto a la 9 de Julio, la calle Lima y la calle Belgrano también desapareció y en la actualidad su superficie está ocupada por el estacionamiento anexo al Edificio del MOP y una plazoleta.

PROYECTOS ASOMBROSOS

Siendo niño, mi abuelo materno me contó que cuando se inició la ampliación de la Avenida de Mayo hubo una propuesta que en aquel momento no creí pero resultó cierta: Alguien sugirió mover con rodillos el Edificio del MOP y trasladarlo a un terreno cercano. Desconozco que tecnología se hubiera podido utilizar para mover semejante gigante de hormigón, pero tal como me dijo mi querido abuelo Manuel, la idea se descartó porque resultada más caro traer las máquinas para desarraigar el edificio y movilizarlo que derrumbarlo y volverlo a levantar.

Hubo otro proyecto más ambicioso y con mayor sentido, concebido por el Arquitecto José Álvarez; se trataba de construir sobre la 9 de Julio un edificio gemelo al del MOP y luego unirlo al original como una suerte de arco triunfal[11]. También quedó en el olvido.

 NUMERACIÓN

El Edificio del MOP es el único que se mantiene en pie en la Avenida de Julio. Curiosamente se le asignó la numeración 1925, y no algún número entre 301 y 399, como sus paralelas. La razón es sencilla: siendo la única vía vehicular que no cambia de nombre al cruzar la Avenida Rivadavia, la numeración sigue siendo la iniciada en la Avenida del Libertador[12].

CURIOSIDADES:

* EL MONUMENTO A LA COIMA

Se dice que el Arquitecto José Hortal, cansado de los atrasos en la construcción del edificio y de las “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó al artista italiano radicado en la Argentina Troiano Troiani la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, el  “Monumento a la Coima”, con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende una enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva.

Las estatuas no aparecen ni en el proyecto, ni en los planos, ni archivos, así que nadie puede corroborar si esa versión es cierta[13].

* EL RENUNCIAMIENTO DE EVITA

El hecho histórico de mayor envergadura que tuvo lugar en el Edificio del MOP fue el famoso “discurso del renunciamiento”, dado por Eva Duarte de Perón, Evita, el 31 de agosto de 1951 ante una multitud estimada en dos millones de personas.

Anunció allí su “renuncia indeclinable” a ser compañera de fórmula, en carácter de vicepresidente, de su esposo Juan Domingo Perón. Fallecería al año siguiente, víctima de un cáncer de útero.

* EL ROSTRO DE ACERO

Considerados por algunos murales de acero y por otros gigantografías en el mismo material, dos enormes rostros de Evita se destacan sobre las caras del Edificio del MOP que miran a la calle Moreno y a la Avenida Belgrano.

Esta obra doble del escultor Alejandro Marmo está inspirada en la imagen del Che Guevara en la Plaza de la Revolución de La Habana; para su ejecución se basó en un diseño que él mismo y el artista plástico Daniel Santoro realizaron en forma conjunta.

* LA PRIMERA TRANSMISIÓN DE TV

Desde el Edificio del Ministerio de Obras Públicas (hoy Ministerios de Salud y Ambiente y Desarrollo Social) se realizó el 24 de septiembre de 1951 la primera transmisión televisiva de la Argentina. Para ello se instaló una antena en el techo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Por ejemplo, el Edificio Mihanovich de 20 pisos y 80 metros de altura fue terminado en 1928 (ver nuestro artículo “El Edificio Nicolás Mihanovich”, https://pablobedrossian.com/2017/11/19/el-edificio-nicolas-mihanovich-por-pablo-r-bedrossian/, 2017); el Edificio Comega de 88 metros de altura fue erigido en 1933, con tres sótanos, planta baja, 21 pisos altos y un mirador en la terraza. El Edificio Safico de 92.3 metros de altura fue inaugurado en 1934 con 3 subsuelos, planta baja, 10 pisos en bloque y 15 pisos en torre escalonada. El Edificio Kavanagh fue levantado en 1936 con 120 metros de alto.

[2] Contreras, Leonel, “Rascacielos porteños – Historia de la Edificación en altura en Buenos Aires (1580-2005)”, Temas de Patrimonio Cultural nº 15, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 1ª Edición, 2005, p.109

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[4] Contreras, Leonel, Op. cit., p.109

[5] Contreras, Leonel, Op. cit., p.108

[6] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p. 243,244

[7] Mapa Interactivo de la Ciudad de Buenos Aires, Vista aérea, 1940

[8] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.36

[9] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.19

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit.  p.36

[11] Contreras, Leonel, Op. cit., p.110

[12] Zigiotto, Diego, Op. cit., p.243

[13] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio/†


AGRADECIMIENTO

Gracias a Alejandro Daniel Machado, uno de los grandes especialistas en edificios porteños, por su ayuda en la búsqueda de información.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la fotografía de la vista aérea de la calle Aroma, Buenos Aires, 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

EL EDIFICIO NICOLÁS MIHANOVICH (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

El 15 de noviembre de 2017 el portal online de InfoBAE informaba “Cierra uno de los hoteles más lujosos de Buenos Aires y es un misterio qué pasará con su edificio histórico”. La noticia hacía referencia al Hotel Sofitel, que desde hacía 15 años operaba en el Edificio Mihanovich. Además, mencionaba que el Grupo Accor Hotels había iniciado la remodelación del inmueble en 1997 y que el hotel se inauguró en 2002 “manteniendo la fisionomía general de la obra original en el exterior” [1]. ¿Es esta afirmación correcta?

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Vista aérea del Edificio Mihanovich (también conocido como Bencich) en la calle Arroyo 845, tomada en 1928

El Mihanovich es uno de los pocos edificios porteños que parece trasplantado de New York. Fue terminado en 1928, en la época de los grandes rascacielos de la Gran Manzana, dos años antes que el Edificio Chrysler y tres antes que el Empire State. Surgió de la visión comercial de un destacado hombre de negocios de origen croata.

EL SOÑADOR

Nicolás Mihanovich nació en 1848 cerca de la famosa ciudad de Dubrovnik. A los 13 años se embarcó como grumete con el propósito de recorrer el mundo. A los 19 años llegó a Montevideo y, tras participar en la Guerra del Paraguay, se estableció en Buenos Aires, donde se dedicó al transporte marítimo, tanto de pasajeros como de carga. A los 39 años organizó el primer servicio de pasajeros a Colonia y a Carmelo, en Uruguay[2]. Rápidamente se convirtió en un poderoso empresario naviero. Aunque falleció en 1929, su nombre siguió ligado por décadas a buques y a puertos. Aún recuerdo que, siendo niño, se hablaba del Vapor de la Carrera “Nicolás Mihanovich” que comunicaba a La Reina del Plata con Montevideo. No sin razón, muchos consideran a este brillante emprendedor el padre de la marina mercante argentina.

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El S.S. Mihanovih en la tapa de la Guía Uruguaya de Navegación Fluvial de 1938

Ya dueño de una flota, Mihanovich encargó a sus paisanos Miguel y Massimiliano Bencich la construcción de un gran edificio. Destinó para ello el terreno ubicado a la calle Arroyo 841 / 45, muy cerca del colosal Palacio Estrugamou, inaugurado en 1924, cuya entrada principal se encuentra frente a la esquina de Arroyo y Esmeralda.

LA CONSTRUCCIÓN

El proyecto fue asignado al Estudio Calvo, Jacobs y Giménez en 1925. Integrado por los arquitectos Héctor Calvo (1890-1936), Arnoldo Jacobs (1892-1974) y Rafael Giménez (1891-1947), su actividad principal se desarrolló en Buenos Aires, construyendo edificios comerciales, viviendas individuales y casas de rentas, en diferentes estilos. Sin embargo, el grupo paulatinamente se destacó en construcciones verticales[3], razón por la cual fue seleccionado.

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Vista actual de la cúpula del Edificio Mihanovich, tomada desde la entrada del Palacio Estrugamou

Como el terreno era estrecho concibieron una solución ingeniosa: construyeron dos cuerpos independientes de cinco pisos cada uno al frente, separados por una breve calle en T de acceso a la torre principal, que ubicaron al fondo. Este artificio le dio al complejo una apariencia de amplitud y monumentalidad. Dejemos que Leonel Contreras nos ilustre con su excelente relato: “El complejo fue constituido entonces por tres edificios de hormigón armado, separados entre sí por una calle de uso privado en forma de T. La idea inicial era que la torre principal tuviera 30 pisos y unos 100 metros de altura; sin embargo, la Intendencia no lo permitió por considerarlo peligroso y excesivo. Finalmente fue construida en base a un esquema de dos subsuelos, planta baja, 20 pisos (17 con semipisos, uno a manera de dúplex y una sala de máquinas) y mirador. La altura total hasta el punto más alto de la linterna es de 80 metros”[4].

SEGUNDO EN ALTURA

El Mihanovich convirtió en el segundo edificio más alto de Buenos Aires, sólo superado en aquel entonces por el Palacio Barolo. Aunque se trataba de un complejo de viviendas, alguna vez leí que la intención de empresario croata era ver desde lo alto la llegada de sus barcos al puerto[5] o hacer que su torre atrajera la mirada de los pasajeros que llegaban al puerto de Buenos Aires[6]. No sé cuánto de esto es cierto, pero indudablemente el último piso ofrece una vista privilegiada y la espectacular cúpula piramidal parece inspirada en el mausoleo de Halicarnaso, una de las siete maravillas de la antigüedad. El diseño general es ecléctico, combinando elementos clásicos, art deco (que se venía imponiendo desde 1925) y protorracionalistas.

Comparto la descripción del edificio que el arquitecto Francisco Liernur realizó en 1980: “Desde los barcos de su propia compañía, al volver podrá divisarse el edificio…. Un edificio con una implantación ejemplar, que… sobre la vereda, genera mediante dos bloques paralelos una nueva callecita que enriquece el paisaje de la zona y la perspectiva a la torre que se levanta como remate del conjunto”[7].

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Vista actual desde la calle Arroyo

Nicolás Mihanovich murió en 1929, un año después de la inauguración. Los constructores Bencich decidieron adquirir el edificio y por muchos años alquilaron sus departamentos, hasta la firma del acuerdo con el Grupo Accor Hotels, mencionado por la noticia de InfoBAE. Si tomamos como cierto lo que escribe Leonel Contreras, la noticia contiene un error: la remodelación no se inició en 1997 sino en el año 2000 y finalizó a fines de 2002[8], a cargo del estudio de Daniel Fernández y Asociados, arquitectos, obteniendo en 2003 el premio a la mejor intervención en Obras de Patrimonio Edificado, otorgado por la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICoP)[9]. Los interiores estuvieron a cargo del reconocido decorador francés Pierre-Yves Rochon.

RECUERDOS ADOLESCENTES

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Diseño tomado del Diccionario de Arquitectura en la Argentina, de J. F. Liernur y F. Aliata.

La calle Arroyo, donde se ubica el Edificio Mihanovich, es la continuación natural de la Avenida Alvear. Ese paseo que conecta la Recoleta con la calle Esmeralda y, a través de ella, con la calle Juncal y Retiro, es mi opinión, el más refinado de Buenos Aires. Aún recuerdo la fantástica impresión al recorrerlo por primera vez, siendo un adolescente. En el camino descubrí la Plaza Carlos Pellegrini, el Jockey Club, la Embajada de Brasil, La Embajada de Francia y el Pasaje Seaver, una de las pocas calles con escaleras de Buenos Aires, demolido poco después como parte de la prolongación de la Avenida 9 de Julio. Más adelante encontré la Embajada de Rumania, la Parroquia y Colegio Mater Admirabilis y la tristemente desaparecida Embajada de Israel. Cruzando la calle Suipacha, ingresé a la serpenteante última cuadra de la calle Arroyo. Cerca del final, a mano izquierda, me sorprendió el Edificio Mihanovich, con su propia calle de entrada separando los dos cuerpos delanteros y su intersección con la calle transversal interior, justo antes de llegar a torre, formando una T dentro del predio.

Cada vez que pasaba por allí deseaba entrar para averiguar a dónde conducía esa calle interior retirada de la entrada; un grueso portón de hierro negro entramado al frente del complejo me lo impedía… hasta que una vez lo encontré abierto. Por supuesto entré, y al llegar al cruce advertí que la calle transversal -contrario a lo que deducía al observarla desde la calle Arroyo- era sumamente corta, de unos pocos metros, terminando a los lados de la torre en sendas paredes gastadas por el tiempo.

¿CAMBIÓ LA REMODELACIÓN LA FISONOMÍA ORIGINAL?

La reforma hotelera devolvió la gloria a un edificio cuyo aspecto delataba el paso del tiempo. Los problemas más importantes que enfrentaron los remodeladores fueron la eliminación de las columnas existentes en los bloques delanteros tanto para incorporar los salones del hotel, el restaurante y el bar como para disponer de cocheras, que no existían en la obra primitiva. Desde luego cuidaron aspectos como los ornamentos originales, pero se dedicaron a transformar los pisos de departamentos en cuartos de hotel[10].

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Entrada al Hotel Sofitel

Sin embargo, desaparecieron las calles interiores: la de ingreso que separaba los dos cuerpos iniciales y la transversal frente a la torre. Entre los dos edificios delanteros se ubicó una marquesina a dos aguas y en el frente una estructura vidriada. Entendemos los retos arquitectónicos que demandan las inversiones hoteleras, pero nos duele haber perdido aquella misteriosa entrada que fue parte del patrimonio histórico de Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] https://www.infobae.com/sociedad/2017/11/15/cierra-uno-de-los-hoteles-mas-lujosos-de-buenos-aires-y-es-un-misterio-que-pasara-con-su-edificio-historico/

[2] Contreras, Leonel, “Rascacielos porteños – Historia de la Edificación en altura en Buenos Aires (1580-2005)”, Temas de Patrimonio Cultural nº 15, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 1ª Edición, 2005.p.87

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.16

[4] Contreras, Leonel, Op. cit., p.89

[5] Kirbus, Federico y Marlú, “Cúpulas de Buenos Aires – Las más bellas alturas porteñas”, Distal, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2015, p.125

[6] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p.265.

[7] Liemur, Francisco, “Rascacielos”, Revista “Nuestra Arquitectura”, Año 50, Nº 511/12, Buenos Aires, Argentina, 1980, p.5

[8] Contreras, Leonel, Op. cit., 89-90

[9] Kirbus, Federico y Marlú, Op. cit., p.125

[10] García Falcó, Marta, “Recuperado. Adaptación única de viviendas para hotel en América latina”, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, Sección Arquitectura, 11 de diciembre de 2002. Se puede leer en http://www.lanacion.com.ar/457563-recuperado-adaptacion-unica-de-viviendas-para-hotel-en-america-latina


BONUS:  REMODELACIÓN – FICHA TÉCNICA

García Falcó, Marta en La Nación, miércoles 11 de diciembre de 2002

http://www.lanacion.com.ar/457563-recuperado-adaptacion-unica-de-viviendas-para-hotel-en-america-latina

Proyecto y supervisión de obra Daniel Fernández y Asoc., arquitectos Asociados y colaboradores: Adriana Lizaso, Mariana Risoleo, Guillermo Petrocchi, Diego Silva, Oscar Hernández, Viviana Peola, Pablo Drago. Gerenciamiento de proyecto y obra y dirección de obra: CMS SA: arquitectos Juan Alberto González Morón, Allberto Nicosia, Pedro Lagleyze, M. J. Raimondi, G. Mulleady, J. Vidal, N. Codoni, M. Vilarin, G. Michelini, L. González Morón, S. Quintela, T. Maza Proyecto estructural: Del Carril, Fontán Balestra, ingenieros Ejecución estructural: Curutchet, Del Villar, ingenieros Instalaciones: GNBA, Edgardo Gaviño, Julio Nieto, Juan Beverati, Ricardo Ansaldo Diseño de interiores: Pierre Yves Rochon (París); equipo: Marc Sandoz Desarrollo de proyecto de interiores: Hampton, Rivoira, arquitectos; director de proyecto: arquitecto Francisco López Bustos Ejecución de interiores y gerenciamiento: arquitectos Gerardo Talgham y María Victoria Fischer Proyecto de iluminación interior: Ernesto Diz Restauración y puesta en valor : Estudio Day, Uriol Demarchi, Scagliotti Conducción general (Accor Argentina): Marc Brechignac, Eugenio Serrano


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Primera foto en blanco y negro: Vista aérea del Edificio Mihanovich (también conocido como Bencich) en la calle Arroyo 845, del barrio de Retiro, en Buenos Aires, Argentina.  Fuente:”Revista de Arquitectura” nº91. Julio de 1928. Buenos Aires, Argentina. La fotografía es de dominio público.

La segunda foto corresponde al S.S. Mihanovich, tapa de la Guía Uruguaya de Navegación Fluvial de 1938. La fotografía es de dominio público.

El dibujo del edificio (cuya fachada de la planta baja es diferente al construido sobre la calle Arroyo) del Diccionario de Arquitectura en la Argentina, de J. F. Liernur y F. Aliata.

El resto de las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

Contreras, Leonel, “Rascacielos porteños – Historia de la Edificación en altura en Buenos Aires (1580-2005)”, Temas de Patrimonio Cultural nº 15, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 1ª Edición, 2005

Kirbus, Federico y Marlú, “Cúpulas de Buenos Aires – Las más bellas alturas porteñas”, Distal, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2015

Liemur, Francisco, “Rascacielos”, Revista “Nuestra Arquitectura”, Año 50, Nº 511/12, Buenos Aires, Argentina, 1980

Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004

Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012


MÁS ARTÍCULOS DE LA SERIE “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”


EL PALACIO BAROLO: ¿UN MAUSOLEO PARA DANTE ALIGHIERI? (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Con sus 100 metros de altura y su imponente cúpula, el Palacio Barolo es el edificio más distinguido y a la vez más curioso de la Avenida de Mayo, por su combinación de estilos y el valor alegórico de sus detalles.

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Frente del Palacio Barolo, tomado desde la acera de enfrente. El edificio es tan monumental que difícilmente se pueda tomarle una foto completa.

Este coloso arquitectónico se levanta entre las calles San José y Santiago del Estero en el barrio de Monserrat, dentro del macrocentro de la ciudad de Buenos Aires. Se ingresa por el pasaje de la Planta Baja, que lo comunica directamente con la calle Hipólito Yrigoyen. A mitad  de camino, a ambos lados, se encuentran las escaleras y ascensores que conducen a las cientos de oficinas que hoy alberga.

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El Pasaje Barolo que comunica Avenida de Mayo con Hipólito Yrigoyen. En su centro se abren a los lados los ascensores y escaleras.
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Ascensor principal de uno de los lados, frente a la escalera. Puede leerse una de las varias inscripciones en latín del edificio: “Operis peracti nullus strictor iudex autore” (“Ningún juez más justo que el autor de la obra”)
Vista de una de las escaleras principales.
Vista de una de las escaleras principales.

En un extraordinario artículo sobre el Palacio Barolo, Carlos Hilger, arquitecto y profesor de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, cuenta la historia del Palacio Barolo. Hace primero un apretado resumen de la cosmografía tripartita de La Divina Comedia, que sirvió de modelo para el emblemático edificio porteño. Dejemos que él nos introduzca en la historia, que es en realidad un sueño de Mario Palanti (1885-1979), el arquitecto italiano que lo construyó entre 1919 y 1923:

“El expresionismo alemán significó un renacimiento de la tradición constructivista gótica. Estaba muy de moda proponer templos laicos que convocaran a la hermandad del hombre, a la fraternidad y al amor universal. Palanti se había formado en la Universidad de Brera, en Milán, bajo los estigmas de esta cultura. Llega a Buenos Aires en 1909. Trabaja con el arquitecto Prins en un proyecto que es la ‘Facultad de Derecho’, actualmente la Facultad de Ingeniería de Las Heras y Azcuénaga. La diseñan en estilo gótico con forma de catedral cristiana, que homenajeaba la igualdad del hombre a través del Derecho. Desde su llegada diseña una variedad muy extensa de templos y sepulcros, propuestas que realiza sin un cometido específico y que expondrá y publicará en sus libros. Templos a la voluntad, otros al héroe latino”[1].

Cúpula del Barolo en 2013; a diferencia del color ocre que se advierte en la parte más alta, en mi visita a Buenos Aires de 2014, estaba toda pintada de blanco.
Cúpula del Barolo en 2013; a diferencia del color ocre que se advierte en la parte más alta, en mi visita a Buenos Aires de 2014, estaba toda pintada de blanco.

A partir de allí, Hilger se enfoca en Dante Alighieri (1265-1321), autor de “La Divina Comedia”. Considerada una de las obras cumbres de la Humanidad, es un poema escrito entre 1304 y su muerte, que relata una epopeya -sin duda, alegórica- que lo tiene como protagonista. La obra se divide en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Dicen que cuando la gente veía a Dante por la calle decía:

– Ahí viene el hombre que estuvo en el infierno.

Pero dejemos que el historiador nos siga contando:

“Dante, se sabe, pertenecía a una logia medieval, la ‘Fede Santa’, del mismo modo que Palanti. Esta hermandad, que perdura hasta nuestros días, venera la figura de Dante como ‘obispo’ de la misma y difusor de la metáfora moralizante del Infierno, Purgatorio y Paraíso, que mostraba tres modos de ser de la humanidad: vicio, virtud, perfección… Palanti viene a las tierras del purgatorio con un encargo constructivista: desarrollar un templo bajo la Cruz del Sur, un templo en el eje ascensional de las almas, celebrando el VI Centenario de la revelación de Dante”.

Vista de la bóveda interna desde el centro del pasaje peatonal.
Vista de la bóveda interna desde el centro del pasaje peatonal.

Hilger continúa: “No tenía medios materiales para construirlo; solamente a través de la voluntad y de la fe debía hallar el camino constructivo. Hace varios intentos: un templo votivo, una catedral para Buenos Aires (236 metros dc altura), sepulcros y monumentos dantescos escatológicos (creencias y doc­trinas relacionadas con la vida de ultratumba). Después de algún tiempo en Buenos Aires, Palanti encuentra a Luis Barolo, un italiano que había llegado en 1890 y que instaló unos telares de tejido de punto. Sus casimires adquirieron una difusión extraordinaria y paulatinamente el éxito coronó sus esfuerzos. El financió la construcción del Pasaje que lleva su nombre”.

El pasaje, también llamado galería, recuerda el nombre del italiano que financió el proyecto de Palanti.
El pasaje, también llamado galería, recuerda el nombre del italiano que financió el proyecto de Palanti.

Más adelante explica “El edificio es una maqueta ilustrada del cosmos, siguiendo la tradición de la catedral gótica. La catedral era concebida como el opus supremo de la albañilería de la Edad Media; el templo era la traducción en piedra de los Testamentos; debía ser capaz de oponerse a los tiempos y a las multitudes, con el fin de preservar el conocimiento. Cada elemento constitutivo del templo tenía que hacer alusión a un símbolo… Palanti deja dicho que esto es un templo en las inscripciones del techo”.

Según Hilger el edificio lleva la impronta de lo místico pues hay un profundo simbolismo en cada detalle. Toda la obra es una representación del universo dantesco, tal como lo presenta en La Divina Comedia.

Uno de los dragones con lámparas colgantes.
Uno de los dragones con lámparas colgantes.

Pero hagamos una pausa en su relato para observar la obra y formularnos una pregunta: ¿qué estilo arquitectónico tiene el Barolo? Es un edificio ecléctico, pero con una combinación única de estilos neorromántico y neogótico, con la cúpula con su exclusivo estilo indio de la región de Budanishar que, según refiere el website del edificio, “representa la unión tántrica entre Dante y Beatriche, los protagonistas de la Divina Comedia”[2].

Cúpula con influencia de arquitectura india
Cúpula con influencia de arquitectura india

Volvamos a nuestro experto relator: “La división general del edificio y del poema es ternaria: Infierno, Purgatorio y Cielo. El número de jerarquías infernales es el nueve; nueve son las bóvedas de acceso al edificio que representan pasos de iniciación, cada uno enumerado y descripto con fra­ses en latín en cada bóveda…El número siete son las divisiones del Purgatorio y de la torre del Barolo, que lo representa… Palanti no representa los nueve cielos sino a través de la puerta, que es el faro de 300.000 bujías; sobre él la constelación de la Cruz del Sur: la entrada de los cielos, que se la puede ver sobre el Barolo en los primeros días del mes de junio a las 19:30 alineadas con su eje. Cien son los cantos de La Divina Comedia, cien metros la altura del Pasaje. La mayoría de los cantos comprende once o veintidós estrofas; los pisos del edificio están divididos en once módulos por frente, veintidós módulos de oficinas por bloque; la altura es de veintidós pisos: catorce de basamento, siete de torre, un faro”.

Detalle en roseta sobre el piso del Pasaje Barolo

“Estos números representan para la naometría tradicional[3] símbolos sagrados. 22/7 es la expresión aproximativa en números enteros de la relación de la circunferencia con su diámetro; el conjunto de estos números representa el círculo, la figura más perfecta para Dante como para los pitagóricos. El número veintidós representa los símbolos de los movimientos elementales de la física aristotélica. Once representa a la Fede Santa y a los templarios. 99 + 1 es el total de nombres de Dios (cien cantos, cien metros). Dante murió en Ravena el 13 de setiembre de 1321. Pocos días antes había terminado los últimos versos del Paraíso, culminando La Comedia. Llevaba veinte años de exilio político de su ciudad, Florencia, que lo había deportado, despojado de sus bienes, declarado traidor… Palanti y Barolo trataron de terminar el Pasaje para esa fecha: ‘el monumento al genio latino’ en América. Su sueño no terminó allí; así como la catedral era sepulcro de prohombres de su época, soñaron que el Pasaje fuera el sepulcro definitivo del Dante, el lugar donde Dante mismo hubiera preferido descansar”.

Detalle del Interior
Detalle del Interior

La razón de este enigmático propósito la devela Leonel Contreras en su obra “Rascacielos Porteños”[4]: “Los restos de Dante Alighieri habían estado desaparecidos durante tres siglos. Reaparecieron en 1865, en un convento de Ravenna junto a dos cartas que testificaban la autenticidad de los mismos. Como Palanti y Barolo suponían que en Europa iría a haber nuevas guerras que posiblemente fuesen mucho más destructivas que la Primera Guerra Mundial, se propusieron que aquel rascacielos a construir fuera el monumento al ‘genio latino en América’. Cuando llegara el momento de la nueva guerra y los restos del Dante debieran ser salvados de la destrucción, éstos serían trasladados a Buenos Aires y así el edificio de Barolo se convertiría en la tumba del Dante”.

Pasaje Barolo DSC03610

Dejemos que Hilger se despida contando el epílogo: “Es por eso que Palanti diseña la escultura ‘Ascensión’, inspirada en bocetos de la tumba de Dante de Miguel Angel, para ser colocada en el axis ascensional en la cúpula central del Barolo. Palanti buscaba las mismas respuestas que buscamos todos. Soñó con la dicha y jugó con la ficción de encontrarla, pero le ocurrió lo que suele ocurrir con los sueños… flotaban más allá de lo expresable y lo inexpresable. El edificio se cernía sobre el universo, sobre la nada. No obstante su obsesión, no pudo retenerlo; no podía hacerlo; era inconcebiblemente indigno de confianza pues estaba más allá del lenguaje… El Pasaje está allí, ahora y para siempre…Su narcisismo es tan inquebrantable como exclusivo. Barolo murió cerca de la fecha de inauguración del edificio. Palanti retornó a Italia y con el tiempo abandonó la arquitectura”.

La escultura Mausoleo se encuentra en el edificio. Si bien no tiene la monumentalidad de "Ascensión", tiene el mismo motivo: un águila llevando al héroe latino a la gloria.
La escultura Mausoleo se encuentra en el centro del pasaje. Si bien no cuenta con la monumentalidad de “Ascensión”, comparte el mismo motivo: un águila llevando al héroe latino a la gloria.
Texto de la base de la escultura, hecha por Palanti.
Texto de la base de la escultura, hecha por Palanti.

Un detalle no menor es que el Barolo tiene un “hermano” en Montevideo, Uruguay: El Palacio Salvo, construido también por Palanti, en el mismo estilo ecléctico y con ese misterio fascinante que encierra lo oculto que hay en los símbolos”. Construido en 1928, tiene cinco metros menos que su “gemelo”. Se dice que Palanti quiso unir Buenos Aires y Montevideo con un “puente de luz” sobre el Río de la Plata, mediante los faros en las cúpulas de ambos edificios.

Vista del Palacio Salvo de Montevideo, hermano "gemelo" del Barolo
Vista del Palacio Salvo de Montevideo, hermano “gemelo” del Barolo

En 1997 el Palacio Barolo fue declarado Monumento Histórico Nacional. Su faro, ubicado en la cima, volvió a funcionar en 2009. En 2012 se estrenó el premiado documental “El Rascacielos Latino”, de Sebastián Schindel sobre la historia y los detalles del magno edificio; y, como la cereza sobre el helado, Gustavo Malajovich, en su novela “El jardín de bronce”[5] sitúa en una de sus oficinas a Doberti, un entrañable personaje. La introducción del capítulo 4 nos sirve como despedida: “Cuando llegó a la esquina de San José y Avenida de Mayo vio la mole del Palacio Barolo, como un ídolo gigantesco y en sombras que presidía las alturas. Solo Jonás desde el vientre de la ballena podría haber soñado este edificio. Era una catedral construida por alguien desesperado por volver a ser amado por Dios. El edificio era un mito absoluto, pero cuando Fabián cursó arquitectura descubrió que pocos lo tenían en cuenta… Nadie recordaba a Mario Palanti y sus edificios construidos con la materia de los sueños…[6].

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

Palacio Barolo: El Príncipe de la Avenida de Mayo
Palacio Barolo: El Príncipe de la Avenida de Mayo

REFERENCIAS

[1] http://www.pbarolo.com.ar/sitio/palacio-barolo

[2] Hilger, Carlos en https://www.facebook.com/note.php?note_id=165509440205717

[3] Según Aimé Michel, en http://alcione.cl/?p=703, la Naometría era una suerte de profecía apocalíptica de tipo místico. Su diseño lleva una cruz con una rosa en su centro. la simbología utilizada es una numerología basada sobre las proporciones del Templo de Salomón.

[4] Contreras, Leonel, “Rascacielos Porteños”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2005, p.72

[5] Bedrossian, Pablo https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/02/19/el-jardin-de-bronce-la-opera-prima-de-gustavo-malajovich-por-pablo-r-bedrossian/ Allí puede leerse mi comentario a esta magnífica novela.

[6] Malajovich, Gustavo, “El jardín de bronce”, Plaza Janés, 2012


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