OTRAS 12 ANÉCDOTAS IMPERDIBLES DE JORGE LUIS BORGES (por Pablo R. Bedrossian)

En 2015 publiqué “12 Anécdotas Imperdibles de Jorge Luis Borges”, una nota magistralmente ilustrada por Luis Chávez. Se puede leer en https://pablobedrossian.com/2015/03/13/12-anecdotas-imperdibles-de-jorge-luis-borges-por-pablo-r-bedrossian-e-ilustrada-por-luis-chavez/

Allí mencionaba que Borges no sólo era un gran escritor sino también un gran conversador. A través de numerosos libros que recogen sus diálogos y experiencias se revela ese estilo de pensamiento, tan diferente a los comunes casos de toda suerte humana, a partir del cual Borges urdió su literatura. Ahora presento otras 12 anécdotas imperdibles del gran escritor argentino, esperando que las disfruten.

PARTIDARIO

Un periodista peruano a Jorge Luis Borges: “Usted ¿de quién es partidario? ¿De Pizarro o de Atahualpa?” –Borges: “¿Y usted?  ¿De Roma o de Cartago?”.

Del muro de Nicolás González Varela (citado en Borges todo el año, grupo de Facebook, por Patricia Damiano)

PERONISMO

¿Los peronistas? Son una maravilla. Tienen todo el pasado por delante”

(Atribuido a Borges por varias fuentes, pero aún no debidamente documentado)

GALTIERI

Néstor J. Montenegro dialoga con Borges y le comenta: “En el libro ‘Los Nombres de la Derrota’, (el General) Galtieri dice que tenemos más muertos por accidentes de tránsito que en el caso de la guerra por una causa nacional. Borges responde: “Creí que era una broma. No creo que sea cinismo; son mentes bastante rudimentarias… Equiparar las muertes de una guerra a las muertes de los accidentes de tránsito sería, en todo caso, un fuerte argumento contra los choferes”[1].

CEGUERA

En 1928 Borges publicó en La Prensa “Una pieza del 52”, un despiadado comentario sobre una obra teatral de Pedro Echagüe. Juan Pablo Echagüe, descendiente del dramaturgo y crítico literario se sintió ofendido, desatándose una intensa polémica. Echagüe envió desde París una carta al mencionado diario titulada “A propósito de una obra estrenada en 1860 y un artículo publicado por D. Jorge L. Borges”. Allí escribe “Las críticas del Sr. Borges adolecen de esa insuficiencia que los especialistas designan con el nombre de ‘amaurosis y que consiste en una falla de las relaciones del nervio óptico con el encéfalo[2]. Aunque Borges pudo demostrar lo absurdo de los argumentos de su oponente en una sección de la revista Criterio, no deja de ser llamativa la involuntaria alusión a la futura ceguera de Borges. Desde luego no hay dotes proféticas en su autor, pero sí nos permitimos preguntarnos quién era el ciego[3].

BORGES – SÁBATO

Pese a ser junto a Julio Cortázar las figuras literarias más importantes de la Argentina, pocos conocen que existe el libro “Diálogos Borges Sábato”, publicado por Emecé en 1976, que recoge conversaciones entre ambos escritores, compiladas y grabadas en diciembre de 1974 por Orlando Barone, promotor de la iniciativa. Menos conocido aún es el diálogo mantenido por el autor de “Ficciones” y el de “Sobre héroes y tumbas” publicado en 1975 por la Revista Gente, cuyo mentor, Alfredo Serra, recordó en una nota de InfoBAE el 16 de diciembre de 2018[4]. Hay dos sabrosos momentos que vale la pena compartir, donde surge el fino sentido del humor de Borges.

El primero es parte del intercambio:

Sábato: Imagínese un hombre que se pasara toda la vida afeitándose. O diciendo Buenos días.  Mucha gente supone que los hombres famosos nunca dicen buenos días o toman café con leche, como cualquiera. Si los ven tomar café con leche, ya no creen en su fama. La gente parece ignorar que el hombre no siempre escribe el Quijote. A veces paga impuestos…

Borges: Es cierto. Lo mismo que esos que dicen: “A fulano lo conocí siendo de este alto”. Bueno, ¿qué pretenden? ¿Que naciera siendo gigantesco?…

El segundo es un relato de Borges sobre la muerte del escritor Robert Louis Stevenson. Borges cuenta:

“Stevenson murió mientras preparaba una ensalada. El jamás había comido ensalada. Aborrecía las ensaladas. Cuando alguien le contó el episodio a Chesterton, éste respondió: ‘Ahora sí creo que Stevenson ha muerto. Era un hombre que siempre estaba haciendo cosas inesperadas’”.

BORGES CENSURADO

Es famoso el castigo político infligido al gran escritor argentino cuando la burocracia peronista decidió convertir en 1946 a su crítico de auxiliar bibliotecario -JLB trabajaba en la Biblioteca Miguel Cané de Boedo desde 1937- en inspector de aves de corral (inspector de aves, conejos y huevos en las ferias municipales). Sin embargo, no está claro el verdadero título del nuevo puesto asignado. En “Borges, Vida y Literatura”, de Alejandro Vaccaro, publicado por Edhasa en 2006, se hace referencia a las heterogéneas denominaciones atribuidas al nuevo inspector: “de aves en el Mercado Central de Buenos Aires” (James Irby), “de feria” (Napoleón Murat), “para la venta de pollos en los mercados de Buenos Aires” (Victoria Ocampo), “de pollos, gallinas y conejos” (Alicia Jurado), “de aves y conejos en el mercado de la calle Córdoba” (Rodríguez Monegal), “del Mercado de Concentración Municipal de Aves, Huevos y Afines” (Jorge B. Rivera), etc.[5]. De hecho, en 2017 se lanzó una historieta ilustrada y escrita por Lucas Nine, titulada “Borges: inspector de aves” que originalmente había sido publicada en entregas en la revista Fierro[6].

Lo que pocos saben es que el intendente de la época era radical; se llamaba Emilio Siri, y fue obsecuente con el gobierno de turno. El número 142 de la Revista Sur reprodujo las palabras de Borges en la cena de desagravio que se organizó en un restaurante de Once: “Las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez”.  

MENOS CONOCIDA QUE EL CASTIGO PÚBLICO ES LA CENSURA PRIVADA.

Matías Bauso en un interesante artículo sobre Jacobo Timerman[7] relata una curiosa anécdota que tiene a Borges como involuntario protagonista: “Tomás Eloy Martínez cuenta que… luego del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, Primera Plana preparó un número homenaje. Le pidieron un texto a Jorge Luis Borges. Cuando lo recibió, la desilusión de Jacobo fue extrema; esperaba un poema y recibió un texto en prosa de 200 palabras. Gritó, pegó portazos y ordenó que no se publicara la colaboración. Borges no descartó su aporte y lo publicó en su libro El Hacedor. ‘Esta bala es antigua’ dice la primera línea”.

EL OTRO

Cuando Borges trabajaba en la Biblioteca Miguel Cané, otros bibliotecarios hallaron su nombre en un diccionario biográfico. Le dijeron:

“Mirá que casualidad. Este tipo se llama igual que vos y nació en tu cumpleaños”[8].

FE

Aunque Borges era ateo, y, pese a que su mamá, doña Leonor Acevedo, era católica, en su pensamiento se percibe la influencia protestante. Incluso tuvo un bisabuelo pastor metodista. Conocía muy bien la Biblia y sus versiones preferidas eran reformadas. En el cuento “El Libro de Arena” ofrece una lista (quizás autobiográfica) de traducciones de la Biblia “En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta” dice el personaje relator (tres traducciones protestantes en inglés, español y alemán y una sola católica en latín). Una anécdota de Borges que recoge María Esther Vázquez, sucede en una pequeña iglesia sajona en Lichfield, Inglaterra “Entré y en la penumbra del templo cumplí un voto que yo había hecho muchos años antes en Buenos Aires, sin esperanza de poder realmente cumplirlo: dije el Padre Nuestro en inglés antiguo, en esa vieja iglesia sajona y logré al cabo de diez siglos, digamos, que volviera a resonar en esa iglesita olvidada el Faether ure, thu eart on heovenum, sie thin namá gehalgot…Creo que lo hice para darle una pequeña sorpresa a Dios”[9].

REVISIONISMO HISTÓRICO

Consultado por María Esther Vázquez sobre su pensamiento acerca del revisionismo histórico, Borges expresó: “Si fuera realmente una revisión de la historia me parecería bien. Pero no lo es… ¿Por qué simulan el proceso de revisar la historia, cuando sabemos que empiezan con las conclusiones y luego inventan las premisas?[10].

UNA PERSONAL: FOTÓGRAFO SE BUSCA

Como algunos saben, el 10 de septiembre de 1984 tuve la oportunidad de compartir con Borges cerca de tres horas. Estuve en su departamento desde donde partimos para cumplir el mandato de su médico: caminar treinta cuadras por día, según me dijo. Anduvimos por la calle Florida camino a la Librería El Ateneo donde quería comprar un libro de soneto de Enrique Banchs que finalmente le obsequié. En la nota sobre aquel encuentro[11] conté algo sucedido en el camino: “Un joven fotógrafo comenzó a disparar su cámara insistentemente. Borges le preguntó a qué medio pertenecía. Cuando respondió ‘Editorial Atlántida’, el anciano comenzó a lanzar furibundos bastonazos ante el asombro del fotógrafo que huyó raudamente. No sin amargura declaró: ‘Son unos estafadores’”. Lo que no escribí es que justo antes de la reacción de Borges iba a preguntarle al fotógrafo el nombre y cómo encontrarlo para obtener las fotografías como recuerdo. Desde luego, al ver la violenta indignación del escritor preferí llamarme a silencio antes de convertirme en el nuevo objeto de sus bastonazos. Hasta el día de hoy sigo esperando que esas fotos aparezcan. Si alguno tiene alguna información, por favor, se paga recompensa.

EXISTENCIA TRANSITORIA

Al enterarse que el escritor daba clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, una mujer decide ir a conocerlo y lo espera en el pasillo. Cuando termina la clase, salen los alumnos y tras ellos, Borges. La mujer, emocionada por la cercanía, le pregunta:

– ¿Ud. es Jorge Luis Borges?

Borges, tan sorprendido como ella, responde:

– Momentáneamente[12].

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Montenegro, Néstor J., “Diálogos”, Nemont Ediciones, 1983, p.19

[2] Diario La Prensa, lunes 6 de agosto de 1928.

[3] Diario Última Hora del 6 de agosto de 1928, reproducido en “Todo Borges y… la vida, la muerte, las mujeres, la madre, la política, los enemigos”, edición especial de la revista Gente y la Actualidad, 1977

[4] Serra, Alfredo, InfoBAE, 18/12/2018, https://www.infobae.com/america/cultura-america/2018/12/16/el-primer-y-ultimo-encuentro-de-borges-y-sabato-despues-de-veinte-anos-de-enemistad-e-indiferencia/

[5] Ríos, Rubén H., “Borges, inspector de aves y detective”, https://www.perfil.com/noticias/cultura/borges-inspector-de-aves-y-detective.phtml

[6] Ríos Rubén H., Op. cit.

[7] Bauso, Matías, “A 20 años de la muerte de Jacobo Timerman, un personaje apasionado, arbitrario y genial”, https://www.infobae.com/sociedad/2019/11/11/a-20-anos-de-la-muerte-de-jacobo-timerman-un-personaje-apasionado-arbitrario-y-genial/

[8] Ortiz Lemos, Andrés, “Cuando Jorge Luis Borges fue inspector de aves de corral”, https://www.planv.com.ec/ideas/ideas/cuando-jorge-luis-borges-fue-inspector-aves-corral

[9] Vázquez, María Esther, “Borges, sus días y su tiempo”, Javier Vergara, 1984, p.77

[10] Vázquez, María Esther, Op. cit., p.108.

[11] Nuestra conversación puede leerse en “Encuentro desconocido con Jorge Luis Borges”, https://pablobedrossian.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/

[12] “Palabra de Borges”, en “A cien años de su nacimiento”, Revista Viva, Diario Clarín, 1999, p.28

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: EL ÚNICO PASAJE EN S DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Uno de mis primeros lugares de trabajo estaba ubicado en un edificio de cúpula imponente levantado en Callao y Lavalle, al que se accedía por Lavalle 1790. Cruzando la avenida Callao, justo donde debía formarse la esquina sudoeste se abría una curiosa callecita. No era una diagonal, sino una calle en S que perforaba la manzana. Se llamaba Rauch y el tránsito vehicular en su única cuadra iba de Callao y Lavalle hasta Riobamba y Corrientes, donde desembocaba.

Me gustaba recorrerla y dos detalles cautivaban mi atención: una placa que recordaba el paso por esa calle de la primera locomotora que hubo en el país, La Porteña, y el Teatro del Picadero, donde en 1980 había asistido a un recital del legendario tecladista Carlos Cutaia, cuyos invitados especiales habían sido nada menos que Charlie García y León Gieco.

Hoy la calle se llama Enrique Santos Discépolo y se ha convertido en uno de los pasajes peatonales más anchos de Buenos Aires. Tiene una peculiaridad: debido a su serpenteante trayecto, si uno se sitúa en cualquiera de sus extremos no podrá ver el otro, a pesar de tener una sola cuadra. Además, es un lugar extraño donde conviven vagos con oficinistas, bohemios con estudiantes y comerciantes con vecinos.

LA EDAD DE HIERRO

En septiembre de 1853 un grupo de argentinos se unió para crear el primer ferrocarril local; una ley de enero de 1854 les otorgó la concesión para explotarlo. Tres años y medio después, el 29 de agosto de 1857 realizaron el viaje inaugural. El trayecto original comprendía diez kilómetros de líneas férreas, desde la Estación Parque, ubicada donde hoy se encuentra el Teatro Colón, hasta la Estación (La) Floresta.  

Cuenta el historiador ferroviario Jorge Tartarini “Al salir de la estación, las vías hacían una suave curva cruzando la Plaza del Parque, para luego seguir por calle Lavalle hasta Callao. Allí tomaba por la curva de los olivos u ‘hornos del señor Bayo’ para entrar en la calle Corrientes, desde donde se dirigía hasta Centroamérica (hoy Pueyrredón)”[1]. El 15 de octubre de 1856, don Rosendo Bayo había cedido estas tierras al Ferrocarril Oeste, habiendo constancia de la escritura[2]. A esa curva también se la conoció después como “curva de los Jesuitas”, por la cercanía con la Iglesia y el Colegio del Salvador, levantados en la década de 1860, o “curva de la muerte” por las dificultades que les generaba a los flamantes maquinistas.[3]

Recordemos que el recorrido del primer tren criollo, encabezado por la mítica locomotora “La Porteña” era más bien rural. El país recién acababa de salir del rosismo; Buenos Aires, que aún no había adherido a la reciente Constitución Nacional, todavía estaba dominada por la arquitectura colonial; su población, según el censo de 1855, era de alrededor de 92,000 habitantes, cuya mayoría no sabía leer[4].

La Calle del Parque (hoy Lavalle)[5] que atravesaba el tren en sus primeros kilómetros era una zona de quintas, tal como lo señala un plano de mensura de firma ilegible realizado en 1864, que además contiene la primera mención que encontramos sobre la breve sección sinuosa: “Se observa un tramo de vías de ferrocarril en forma de curva, expresado en línea punteada, sobre la calle Parque a la altura de Callao”[6].

NACE UNA ESTRELLA

Buenos Aires se sumó a la Confederación Argentina en 1860, mediante el Pacto de San José de Flores (de paso, la Provincia de Buenos Aires siguió emitiendo su propia moneda hasta 1861). A partir de allí el país se abrió camino hacia la modernidad a un ritmo vertiginoso. La ciudad creció “desde el núcleo del antiguo radio del municipio, hoy Casco Histórico, pasando por la expansión en las direcciones Norte y Oeste (desde 1870), hasta la incorporación e integración de los Municipios de Flores y Belgrano (1887)”[7].

El crecimiento del transporte ferroviario fue exponencial. En 1871 -debido también al éxodo masivo generado por la epidemia de fiebre amarilla que azotó la ciudad- se vendieron un millón de boletos. Cuentan Jorge Schvarzer y Teresita Gómez, director e investigadora respectivamente del CEEED (Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que “Diez años más tarde (1881), la empresa se vio obligada a construir vías dobles a partir del Once, para atender el intenso tráfico de la zona; la ampliación llegó a Liniers en 1883…. Ese mismo año se terminaba de desmontar el ramal que nacía en el Parque y llegaba al Once, debido a las demoras y accidentes que provocaba el servicio en dicho tramo, ya densamente poblado y donde la franja disponible para las vías era demasiado angosta para encarar mejoras de cualquier orden”[8].

El crecimiento urbano desde el Centro hasta el Once llevó, entonces, a levantar las vías entre las dos primeras estaciones, dejando libre el paso en la vieja Curva de los Olivos, dondemencionamos que antiguamente se hallaban los hornos de ladrillos de Bayo. Lo que había sido un camino de trenes se convirtió en una calle transitable. Diez años después, y mencionada como Curva del Ferrocarril en el texto, la Ordenanza Municipal del 27/11/1893 le impone el nombre de Rauch[9].

LOS AÑOS OSCUROS Y EL REGRESO DE LAS LUCES

Muy pocos datos hemos podido obtener de las décadas que siguieron, todos aportados por Vicente Cutolo en su libro sobre calles de Buenos Aires. Cuenta que a principios de siglo en su extremo que da la Avenida Callao había un bebedero para caballos, que luego hubo prostíbulos de cortinas rojas y que hacia 1930 existió también una feria al aire libre[10].

Sin embargo, pudimos hallar por nuestra cuenta algunos datos interesantes sobre cuatro edificios que aún sobreviven. El primero es que uno de los laterales de la Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento, cuya entrada principal se encuentra en la Avenida Callao 450, da a la ex calle Rauch. Este centro educativo fue inaugurado en 1886 como Escuela Primaria y en 1914 elevado a Escuela Normal (que en aquel entonces indicaba nivel Secundario con orientación a la docencia). El edificio con fuertes influencias del neorrenacimiento italiano fue creado por el arquitecto italiano Carlos Morra (1854-1926), especialista en edificios escolares[11] . Hoy está catalogado como APH (Área de Protección Histórica). De todos modos, su relevancia arquitectónica para la actual calle Enrique Santos Discépolo es baja.

Mucho más interesante es el edificio art deco de once plantas levantado en la esquina norte de Rauch y Callao; fue diseñado por el arquitecto croata de origen húngaro Andrés Kalnay[12] y construido por Lorenzo Bursese en 1935.

También en la esquina que une este pasaje con Corrientes y Riobamba se encuentra el edificio apodado “La Porteña”, ex sede del Banco Mercantil Argentino, hoy ocupada por Swiss Medical. Es un edificio de ocho pisos, planta baja y dos subsuelos, construido a mediados del siglo XX, cuyo diseño, casi triangular, obedece a las medidas del terreno. Ha sido reciclado en 2005[13].

Pero, sin duda el jugador distinto del pasaje es el Teatro del Picadero. Fue creado por el arquitecto Gastón Breyer en 1980, recuperando una fábrica de bujías levantada en la mano norte de la cuadra en 1926[14] bajo diseño del arquitecto italiano Benjamín Pedrotti. En 1981 se desarrolló allí Teatro Abierto, un proyecto cultural surgido como una reacción a la dictadura militar. En la madrugada del 6 de agosto de ese año estalló una bomba que dejó el edificio inutilizable. Años después fue reconstruido y utilizado con diversos fines, pero en 2007 se comenzó a demolerlo para unirlo a un terreno vecino y levantar allí unas torres comerciales. El intento logró frustrarse gracias a la reacción de la comunidad y organizaciones que defendían el patrimonio edilicio porteño. En mayo de 2012, fue reinaugurado bajo ideas del arquitecto Gustavo Keller; la sala del primer piso puede albergar casi 300 personas. Su dirección es Enrique Santos Discépolo 1849.

PRIMERO EL TREN, LUEGO LOS AUTOS, AHORA LOS PEATONES

Desde que se levantaron los rieles la curva en forma de S, la vía pasó a ser utilizada primero por carros y luego por autos. Sin embargo, en octubre de 2003 el legislador porteño Carlo Campolongo presentó un proyecto de ley proponiendo convertir el pasaje Enrique Santos Discépolo en peatonal. La Legislatura lo acompañó con una declaración para que “se arbitren las medidas necesarias a los efectos de convertir el tramo en un espacio de atracción histórico, cultural y turístico”[15]. La ley 1157 fue sancionada el 3 de noviembre de 2003[16] y publicada el 20 de noviembre de ese año[17].  Finalmente, dos años después, la ex Rauch se convirtió en peatonal[18], con una superficie embaldosada, con cestos y árboles.

En 2008 fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Resolución 179/08. A fines de 2013, con la participación de la comunidad educativa de la vecina Escuela Domingo Faustino Sarmiento se inauguraron los trabajos de recuperación que incluyeron lugares de descanso para que los padres de los alumnos puedan esperar con mayor comodidad a sus hijos y la colocación de luces blancas para iluminar el piso de noche[19].

EL MURAL DE SANTA MARÍA

En 2007 Marino Santa María, cuyas intervenciones artísticas sobre la calle Lanín[20] de Barracas y el pasaje Hugo del Carril en la Estación Flores son ampliamente conocidas, creó el mural “Uno, Once y Nosotros”. Se trata de una composición de 120 m2 en mosaico veneciano y trencadís catalán (una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada) sobre el contrafrente del Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento que da al pasaje y en los canteros de esa vereda.

El proyecto se llevó a cabo con el apoyo de la Cámara de Comerciantes del Once (CADMIRA) y la Fundación Armonía y alude al paso de la histórica locomotora La Porteña por esa vía, al tango Uno con letra de Discépolo y a Teatro Abierto, aquel proyecto escénico contestatario llevado a cabo en el Teatro del Picadero[21].

LA FERIA FRANCA

Recuperando la idea de aquel mercado que existió en los años ’30 del siglo XX, la Fundación Sabe la Tierra ha creado el Mercado Balvanera que funciona todos los miércoles en el pasaje, salvo que llueva. Consta de treinta puestos que ofrecen productos naturales, orgánicos y sustentables directamente del productor al consumidor[22].

EL BAR MORDISQUITO

En 2016 cerró el bar cultural Mordisquito, que funcionaba en el pasaje[23]. Era un lugar para la poesía, la música y las artes plásticas. Además, contaba con una biblioteca con clásicos y literatura de vanguardia. Nos da tristeza que se haya perdido un espacio donde los artistas podían mostrar lo que hacían y compartir sus creaciones. Funcionó durante más de cinco años; existía la Radio Mordisquito, la radio del bar.

EL PASAJE EN LA LITERATURA

Vicente Cutolo cita una breve cuarteta que atribuye a un poeta de Buenos Aires:

 “En viñeta caprichosa, / el Pasaje Rauch conserva / la curva que dibujó / el humo de “La Porteña”[24].

Baldomero Fernández Moreno el que le dedica un breve pero significativo poema:

CALLEJUELA RAUCH[25]

Callejuela apartada,
humilde callejuela
que ofreces a mi espíritu cansado
de tanta calle recta,
el sencillo misterio de tu curva…
Gracias, hermana callejuela.

También es mencionado como Pasaje Rauch dos veces en “Restos Humanos”[26],  novela de Álvaro Abós. No encontramos ninguna referencia literaria citando al pasaje como Enrique Santos Discépolo, salvo como dirección del Teatro del Picadero.

LOS NOMBRES DESPUÉS DE LAS CURVAS

Nuestro pasaje recibió el nombre de Rauch, como hemos escrito antes, por la Ordenanza Municipal del 27/11/1893. Sin embargo, en 1988 hubo un doble cambio de nombre: Por la Ordenanza Nº 43.388-1988[27],  la calle Rauch pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo y el pasaje Salónica, ubicado entre Medrano y Salguero, recibió el nuevo nombre de Rauch. En realidad, fue casi un trueque. Presentamos brevemente la historia.

El pasaje Salónica originalmente se consideraba parte de la calle Rocamora. Sin embargo, y razonablemente porque no constituía una verdadera continuación de aquella calle, en 1933 pasó a llamarse Salónica. En 1973 fue rebautizado como Enrique Santos Discépolo por la Ordenanza Nº 28.124/1973; en 1976, tras el golpe militar, recuperó el antiguo nombre de Salónica (Ordenanza Nº 1.665/1976)[28]. Por lo tanto, en 1988 el pasaje que alguna vez se llamó Enrique Santos Discépolo pasó a llamarse Rauch, y el pasaje Rauch donde pasaba La Porteña pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo.

QUIÉNES FUERON

Federico Guillermo Rauch fue un militar nacido en 1790[29] en el Gran Ducado de Baden, territorio en la actual Alemania. Fue oficial de loe ejércitos napoleónicos. Llegó a la Argentina en 1819 donde se incorporó al ejército argentino. Intervino en las primeras campañas al desierto durante la década de 1820 al ‘30. Ascendido a coronel, fue confirmado como como jefe del Regimiento de Húsares que desde entonces fue el 5to. de Caballería. Desplazado de su cargo por el gobernador Dorrego, se volvió unitario. Peleó junto a Lavalle[30] y fue muerto en una emboscada por los indios. A Rauch lo recuerda también un Partido y su ciudad cabecera de la Provincia de Buenos Aires.

Perdura un encendido debate sobre los merecimientos de Rauch para que su nombre se recuerde en ciudades y calles. El escritor Osvaldo Bayer, autor de La Patagonia Rebelde, ya en 1963 había propuesto un plebiscito para cambiar el nombre de la ciudad bonaerense por el de Arbolito, el indio que decapitó a Rauch. “Ese coronel prusiano era de una crueldad terrible. A los indios les hacía el degüello corbatita para ahorrar en balas”[31]. El periodista Rolando Hanglin, en franca oposición a Bayer, cuenta el otro lado de la historia en un reciente artículo. Dice de Rauch: “fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, el 28 de marzo de 1829, y en una emboscada le bolearon el caballo y luego lo lancearon y degollaron. El autor material de su muerte fue el ranquel Nicasio Maciel (ya muchos indios llevaban nombres cristianos), apodado Arbolito. Decapitaron a Rauch, abatido junto al coronel Nicolás Medina, y arrojaron su cabeza en la puerta de casa de la madre de su enemigo, Prudencio Arnold, como gesto cordial. Luego la pasearon por Buenos Aires hasta tirarla por ahí, en señal de desafío a los unitarios de la ciudad”[32].

Un detalle: Rauch es nombrado por Ernesto Sábato, en “Sobre héroes y tumbas”, a través de uno de sus personajes: “Soy el comandante Alejandro Danel… Y después cuando al fin, cuando Francia ya no era más la tierra de la Libertad y yo soñaba con combatir por los pueblos oprimidos, me embarqué hacia estas tierras, junto con Brauix, Viel, Bardel, Brandsen y Rauch, que habían combatido al lado de Napoleón”[33].

No hay discusión, en cambio, sobre la figura de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Discepolín, como se lo conocía, dejó en su corta vida letras esenciales en la Historia del Tango, tales como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, Yira-Yira y Uno. Además de poeta, fue actor y dramaturgo. También lleva su nombre la placita que está en el centro de la calle Butteler[34] en Boedo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO


AGRADECIMIENTO:

Quiero agradecer muy especialmente a Beatriz Bursese, nieta de Lorenzo Bursese, constructor del edificio art deco de once plantas en la esquina norte de Rauch y Callao, quien tras leer la versión original de esta nota me proveyó el nombre correcto de su abuelo, tal como ahora aparece. Los constructores muchas veces pasan inadvertidos a pesar que tienen el enorme mérito de hacer realidad los sueños de los arquitectos.


REFERENCIAS:

[1] Tartarini, Jorge, “Arquitectura ferroviaria”, Ediciones Colihue, 2001, p.65,66

[2] “Memoria del Ministerio de Hacienda de la Provincia y de las diversas reparticiones que de él dependen correspondientes al año 1866 y presentadas a la Legislatura de 1867”, Imprenta Buenos Aires, Calle Moreno, Frente a la Casa de Gobierno, 1867, p.222

[3] García Costa, Víctor, “Los Ferrocarriles”, Centro Editor de América Latina, 1971, p.41

[4] “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”, Población de Buenos Aires, vol. 3, núm. 4, octubre, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, 2006, pp. 91-103

[5] Cutolo, Vicente Antonio, “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres”, Editorial Elche, Buenos Aires, 1988, p.691

[6] Barela, Liliana, “Guía de Cartografía Histórica de Buenos Aires (1854-1900)”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.29

[7] Barela, Liliana, Op. cit., p.14

[8] Schvarzer, Jorge y Gómez, Teresita, “El Ferrocarril del Oeste en la Argentina: entre las demandas de la ciudad y el campo (1854-1870)”, Revista TST (Transportes, Servicios y Telecomunicaciones), Dossier, p.204

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.349

[10] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., p.1013

[11] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando , Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.168

[12] Böhm. Mimi, Grementieri, Fabio y Verstraeten, Xavier, “Buenos Aires – Art Deco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, 2008, p.117

[13] Diario La Nación, Buenos Aires, Arentina, 15 de agosto de 2005, https://www.lanacion.com.ar/729810-a-pasos-de-callao

[14] http://arqi.com.ar/edificio/teatro-del-picadero/

[15] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 28 de octubre de 2003. https://www.lanacion.com.ar/539943-convertiran-el-pasaje-santos-discepolo-en-una-calle-peatonal

[16] http://www.buenosaires.gob.ar/areas/cultura/cpphc/sitios/detalle.php?id=127

[17] http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/ambiente/calles/index4.html. El 9 de noviembre de 2006 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la ley 2.135 prohibiendo también el estacionamiento sobre el pasaje, ver http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/leyes/ley2135.html

[18] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 3 de noviembre de 2005 https://www.lanacion.com.ar/753063-el-pasaje-santos-discepolo-se-convirtio-en-un-paseo-peatonal

[19] Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 27/12/2013  https://www.clarin.com/ciudades/escuela-recuperan-historico-pasaje-discepolo_0_H1IjJ-sP7x.html

[20] Puede leerse nuestro artículo “La pintoresca calle Lanín”, https://pablobedrossian.com/2018/02/20/la-pintoresca-calle-lanin-por-pablo-r-bedrossian/

[21] Santa María, Marino, “Intervenciones Urbanas”, Bisman Ediciones – Weber Saint-Gobain, 2015, p.26

[22] Fundación Sabe la Tierra, http://www.sabelatierra.com/balvanera/

[23] http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/cierra-el-bar-mordisquito

[24] Cutolo, Vicente, Op. cit., p.1013

[25] Fernández Moreno, Baldomero, “Ciudad, 1915-1949”, Ediciones de la Municipalidad, 1949, p.30

[26] Abós, Álvaro, “Restos Humanos”, Puntosur Editores, 1990, pp.38-39

[27] Publicada en el Boletín Municipal n° 18.520

[28] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p

[29] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.151. Es la fecha más aceptada. Cutolo dice 1794.

[30] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., pp.1013-1014

[31] Vitale, Cristian, Diario Página 12 16/10/2003 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-903-2003-10-22.html

[32] Hanglin, Rolando, Diario InfoBAE 14/05/2017 https://www.infobae.com/opinion/2017/05/14/querer-cambiarle-el-nombre-a-rauch-por-arbolito-no-solo-es-absurdo-es-ofensivo/

[33] Sábato, Ernesto, “Sobre Heroes y Tumbas”, Colección Summa Literaria, Seix Barral,1961,1985, p.185

[34] Puede leerse nuestro artículo “Butteler: la única calle en X de Buenos Aires” donde hablamos y mostramos la placita Enrique Santos Discépolo  https://pablobedrossian.com/2018/06/03/butteler-la-unica-calle-en-x-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/


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LA BIBLIA Y LOS GRANDES ESCRITORES ARGENTINOS (por Pablo R. Bedrossian)

Este artículo está incluido en la introducción de una edición especial de la Biblia, lanzada por la Sociedad Bíblica Argentina en ocasión del Bicentenario de la Independencia. 

La Biblia no sólo es revelación: es literatura, pues es el libro que contiene las palabras acerca de la Palabra.

Quizás como una reacción libertaria al dogmatismo impuesto por la iglesia oficial a partir del golpe de 1930, los grandes escritores argentinos del siglo XX, como Borges, Cortázar y Sábato fueron ateos, agnósticos o personas con profundas dudas de fe. A pesar de ello, La Biblia está omnipresente en sus textos, en forma tácita o explícita.

BORGES

Borges por Luis Chavez 01
Borges por Luis Chávez

En una entrevista con María Esther Vázquez, al responder la pregunta sobre cuál fue su primer contacto con las letras dice:

“… también debo recordar a mi abuela, que era inglesa y sabía de memoria la Biblia, de modo que puedo haber entrado en la literatura por el camino del Espíritu Santo…”[1].

Se refería a su abuela paterna, Frances Haslam Arnett. En el encuentro que mantuve con él, me dijo sobre ella “¿Ud. sabe? Tenía una abuela protestante. Un bisabuelo mío era pastor metodista”[2].

Esta rica influencia llegó a sus escritos. El Catálogo de la Biblioteca Nacional de España, publicado en ocasión de la exposición en su homenaje, a fines de 1985, incluyó una lista de autores citados por Borges a esa fecha, poco antes de su muerte. La Biblia comparte el segundo lugar junto con William Shakespeare con 110 citas, sólo superado por el autor de La Guerra Gaucha, Leopoldo Lugones, con 117. El número real de citas bíblicas es aún mayor pues tiene omisiones[3].

Entre los títulos de sus obras hay algunos explícitamente bíblicos, como sus cuentos “Tres versiones sobre Judas” o “El evangelio según san Marcos”, o sus poemas “Juan 1:14”, “Lucas XXIII”, “Eclesiastés 1:9” y “Cristo en la cruz”.

Su conocida admiración por el pueblo judío está íntimamente unida a “La Biblia o, más concretamente, la Torá o el Pentateuco. Se considera que esos libros fueron dictados por el Espíritu Santo. Esto es un hecho curioso: la atribución de libros de diversos autores y edades a un solo espíritu; pero en la Biblia misma se dice que el Espíritu sopla donde quiere”[4].

Su buen conocimiento de estos textos puede comprobarse cuando escribe “de Moisés que, desde la tierra de Moab, divisó y no pudo pisar la tierra prometida”[5] o “La lección original es famosa. La registra el capítulo tercero del segundo libro de Moisés, llamado Éxodo. Leemos ahí que el pastor de ovejas Moisés, autor y protagonista del libro, preguntó a Dios Su Nombre y Aquél le dijo: Soy El Que Soy”[6].

Borges también conoce bien los evangelios. Basta un ejemplo como prueba: “De Cristo sabemos que escribió una sola vez algunas palabras que la arena se encargó de borrar” en cita directa al Evangelio de Juan 8:6-8[7].

santa-biblia-argentina-02No profesa ninguna fe a través de sus textos; para Borges la Biblia es un instrumento para alcanzar sus fines literarios. Frente a Jesús asume una posición ambigua, basada en su interpretación de las afirmaciones evangélicas:

“Siempre he tenido una admiración muy especial por Cristo… Sin embargo, siento que hay algo que le sobra a Cristo. O que le falta… En Cristo hay algo como de político que no acaba de convencer. Inclusive, por momentos me parece hasta demagógico. Por ejemplo, aquello de que los últimos serán los primeros[8]. ¿Por qué? Es injusta esa aseveración. ¿Por qué? No lo entiendo. Y menos entiendo esa idea miserable de que los ricos no entrarán al Reino de los Cielos porque aquí, en la Tierra, ya recibieron su recompensa[9]. Si el Reino de los Cielos es eterno, ¿cómo puede comparársele a unos cuantos años de supuesta felicidad aquí en la Tierra? [10]”. “Al mismo tiempo, si una persona cree que es Hijo de Dios[11], si confiesa opiniones tan extraordinarias como ésa, no sé hasta dónde podemos juzgarlo. Indudablemente es una de las personas más raras y más admirables que ha contado el mundo”[12].

Un detalle poco conocido es que, en uno de los personajes de sus cuentos es un vendedor de biblias:

“El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora.

– Vendo biblias – me dijo.

No sin pedantería le contesté:

– En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta”[13].

Cabe aquí agregar una parte del diálogo que mantuve con él:

– Y Ud., Borges, ¿en qué cree?

– Bueno, yo soy ateo.

– Déjeme preguntarle de otro modo. ¿Cree en una vida eterna?

– No

– ¿Cree en la resurrección de Jesucristo?

– Tampoco

– ¿Y en Jesucristo como ser histórico?

– Desde luego. Si no, tendría que pensar que los cuatro más grandes escritores de la antigüedad fueron cuatro novelistas.[14]

CORTÁZAR

Julio Cortazar 01
Julio Cortázar retratado por Sara Facio

Julio Cortázar conocía bien la Biblia. “Su amor por los idiomas también se despertó tempranamente, y al inglés… sumó el alemán… al que perfeccionó en Bolívar gracias a la lectura de la Biblia de Lutero”, dice uno de sus biógrafos[15].

Por ejemplo, una de sus expresiones favoritas es hablar de su “Camino de Damasco”, utilizando la experiencia paulina a modo de metáfora, para representar repentinas tomas de conciencia que lo llevaron a cambios radicales: “Ese libro fue un poco mi Camino de Damasco, porque recién en ese momento me caí del caballo. Y sentí que toda una etapa de mi vida literaria entraba irrevocablemente en el pasado y que delante se abría un mundo del que yo no entendía muy claramente las cosas”[16]. “París fue un poco mi Camino de Damasco. La gran sacudida existencial”[17].

A pesar que su universo está centrado en el ser humano rodeado de trivialidades y situaciones comunes, también contiene frecuentes elementos bíblicos, pero menos manifiestos. Los usa en sentido dramático, para representar la actitud humana frente al dolor y el sufrimiento. Por ejemplo, uno de sus cuentos más famosos, “El Perseguidor” está poblado de alusiones bíblicas. Su epígrafe es la frase del Apocalipsis “sé fiel hasta la muerte”[18]. En “Las fases de Severo”[19], se relata la grotesca pasión y muerte de un amigo del personaje, despojado de todo sentido religioso, pero teniendo como sustrato las últimas horas de Jesús. El tema no era nuevo para él. A los 24 años y bajo el seudónimo de Julio Denis, había publicado su soneto “Crucifixión”:

“Tanta sed, que el agua hubiera sido

sucedáneo de Dios en ese instante.

Tanto el dolor como el clamor quemante

a cada descender del pecho herido.

Y el corazón latiendo, con latido

tenaz y mantenido y delirante,

reloj trizando de un tiempo agonizante,

matando en más vivir lo Prometido.

Jesús alzó los ojos hasta el cielo

Y halló tan sólo un resplandor de hielo

tras del cual se escondía indiferencia;

y comprendió el porqué de ese latido

prolongado en el ansia del gemido

y comprendió el porqué de su Presencia.[20]

Para Cortázar la Biblia sirve tanto de instrumento como de referencia. Hasta donde sabemos, nunca profesó una fe bíblica, sino que, en sus primeros años, concebía a Dios en términos de experiencia; por ejemplo, “Usted irá alguna vez a la Quebrada de Humahuaca; usted comprenderá entonces esa imposibilidad de hablar. Allí, en cada pico y en cada valle, se queda uno a solas con Dios”[21].

santa-biblia-argentina-01Su adhesión a la revolución castrista y posteriormente al sandinismo fueron parte de su evolución personal de sus últimos años. Hay un relato del extraordinario escritor nicaragüense Sergio Ramírez, donde Cortázar participa de una misa oficiada por Ernesto Cardenal, en Mancarrón, una isla de Solentiname, un archipiélago en el Lago de Nicaragua, que era foco de la resistencia contra el dictador Somoza. Compartimos algunos párrafos, pues revela de algún modo la interpretación que Cortázar hacía sobre las Escrituras. El pasaje es Mateo 26:

Lee Ernesto: “¿no sabes que podría pedirle a mi Padre, y él me enviaría ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pero en ese caso, ¿cómo se cumplirían las escrituras, que dicen que tiene que suceder así?”. Y Cortázar: “Es un pasaje muy, muy oscuro, que habría que analizar en relación con el resto del evangelio. Pero es evidente que toda la vida de Jesús va cumpliendo una tras otra las profecías que se han hecho de él; digamos que él es fiel a las profecías, a un plan preconcebido; entonces no puede dejar de cumplir la última, que es su muerte. Sería un contrasentido de su parte pedir que vengan doce divisiones de ángeles, no lo puede hacer, no quiere hacerlo.”

 

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Con el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, mencionado en esta nota

Yo digo que Jesús está advirtiendo que no se puede confiar todo a los ángeles, que los ángeles no tienen nada que ver con las luchas terrenas, como la del pueblo de Nicaragua contra Somoza. Entonces Cortázar: “una interpretación sumamente tendenciosa, me parece”. Yo: “ni él mismo creía que pudieran venir doce divisiones de ángeles a ayudarlo.” Cortázar; “quién sabe, en aquella época los ángeles eran muy eficaces, porque intervienen frecuentemente en la Biblia”. Yo: “en el antiguo testamento, no en el nuevo” Y Cortázar: “Del nuevo no estoy tan seguro, pero en el antiguo su eficacia está comprobada”[22].

 

SÁBATO

santa-biblia-argentina-03Ernesto Sábato estudiaba Física en la Universidad de La Plata cuando ingresó en la Federación Juvenil Comunista. En poco tiempo se convirtió en secretario de la Juventud Comunista Argentina, organización que lo envió al Congreso Antifascista de Bruselas.  “Allí, en el curso de las charlas –recuerda- advertí que los males que yo temía (del sistema soviético) eran peores de lo que yo podía imaginar, y me fugué a Paris”[23].

En Francia sufrió una profunda crisis espiritual e ideológica que lo hizo romper con el comunismo, tras la cual retornó a la Argentina para reanudar sus estudios. En 1937 obtuvo el doctorado en Física. Posteriormente fue becado fuera del país y a su regreso fue nombrado catedrático de Física Teórica de la Universidad de La Plata. En 1943 se trasladó a Córdoba donde comenzó su labor literaria. Si bien un año después regresó a los claustros universitarios, su enfrentamiento con el régimen peronista lo obligó a renunciar.

Ernesto Sábato dio al tema ético un lugar central, por lo que no debe sorprendernos sus frecuentes menciones a Dios como fuente de razón y justicia. Sin embargo, en sus ensayos y en sus dos primeras novelas, “El Túnel” y “Sobre héroes y tumbas” hay muy escasas citas bíblicas. La más importante se encuentra en boca de un personaje, en la segunda de las novelas:

“Pero el loco Barragán proseguía con su predicación, sin oírlo, ya que su pregunta era retórica:

—Por eso yo les digo, muchachos, que la felicidad hay que buscarla dentro del corazón.

Pero para eso se necesita que venga el Cristo de nuevo[24]. Lo hemos olvidado, hemos olvidado sus enseñanzas, hemos olvidado que sufrió el martirio por nuestra culpa y por nuestra salvación[25]. Somos una manga de desagradecidos y unos canallas. Y si viene de nuevo, capaz que no lo conocemos y hasta le tomamos el pelo”[26].

Su conocimiento de las Sagradas Escrituras, también se observa en sus ensayos. Hay una mención importante a la muerte de Jesús al escribir sobre la trágica muerte de uno de sus hijos:

“Cuando murió Jorge Federico, la concepción que entonces tenía del tiempo resultó inválida… todo quedó suspendido en un vacío desgarrador. En mi imposibilidad de revivir a Jorge, busqué en las religiones, en la parapsicología, en las habladurías esotéricas, pero no buscaba a Dios como una afirmación o una negación, sino como a una persona que me salvara, que me llevara de la mano como a un niño que sufre. Lo que antes había leído con juicio crítico, ahora lo absorbía como un sediento[27]… Y entonces, cuando abandono esos razonamientos que acaban siempre por confundirme, me reconforta la imagen de aquel Cristo que también padeció la ausencia del Padre”[28].  

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Con Ernesto Sábato en su casa de Santos Lugares

Sin embargo, es “Abaddon el Exterminador”, su última novela, donde se encuentra sus mayores menciones a los textos bíblicos, comenzando desde el propio título. El epígrafe, que pertenece al Apocalipsis, prefigura el contenido de la obra: “Y tenían por rey al Ángel del Abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddón, que significa El Exterminador”[29].

El tema de la destrucción sobrevuela todo el texto. “El monstruo ahora echaba fuego por las fauces de sus siete cabezas”[30] es una idea tomada de Apocalipsis 13:1. Más adelante un personaje dice “El 6 de agosto de 1944, los norteamericanos prefiguraron el horror final en Hiroshima. El 6 de agosto. El día de la Luz, de la Transfiguración de Cristo en el Monte Tabor![31][32].

A través de todo el relato, errático por momentos, se manifiesta la lucha entre las tinieblas y la luz, virtualmente tomada del primer capítulo del Evangelio de Juan, aunque alguno pueda adjudicarla al pensamiento esenio o al griego.

Dentro de la misma obra hay un curioso diálogo, donde un controvertido personaje antisemita menciona a las Escrituras, Satanás, Jehová, el Antiguo Testamento, el asesinato de Abel, Noé y el Diluvio, Abraham, Sodoma y Gomorra, la pascua, Cristo, Jesús, Judas. De inmediato afirma “Recuerden aquel pasaje en que Saulo reproduce las palabras de Cristo, convertido desde entonces en el Apóstol Pablo, para que predicase el evangelio entre judíos y gentiles: ‘Para que abras sus ojos, para que conviertas de las tinieblas a la luz, de la potestad de Satán a la de Dios[33]’. Y también aquellas palabras del Cristo en el Evangelio de San Juan, cuando les dice a los judíos: ‘De vuestro padre el Diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir’[34]. Más claro, imposible. Y ya lo dijo Satanás a Cristo: ‘Todo esto te daré si postrado me adorares’[35]”.

Sábato a diferencia de Borges y Cortázar no convierte la Biblia en un instrumento para su literatura, sino más bien le sirve sólo como referencia. El tema escatológico y la esperanza de un nuevo tiempo subyacen en este texto que desde el principio remite recurrentemente al Apocalipsis. “Si no tuviera esperanza, querido Bedrossian -me escribió en una de sus cartas-, no podría soportar este mundo”[36].

EPÍLOGO:

Creo que Marco Denevi, el autor de “Rosaura a la Diez” resume cabalmente el pensamiento de los escritores argentinos más influentes:

“Acudo permanentemente a la Biblia no por sus revelaciones religiosas sino por sus revelaciones humanas, por sus espléndidas metáforas poéticas, por sus relatos originales. Infinitamente más vasta que Homero, que Dante, que Shakespeare, que Cervantes, incomparablemente más rica que cualquier otra obra literaria…”[37].

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Vázquez, María Esther, “Borges, sus días, su tiempo”, 1984, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, p.39

[2] Bedrossian, Pablo, en “El Expositor Bautista”, agosto de 1986, CEBA, p.6

[3] Velez, Gonzalo Salvador, “Borges y la Biblia”, 2008, Barcelona, tesis doctoral, Universitat Pompeu Fabra, p.12

[4] Borges, Jorge Luis, “Borges oral”, 1979, Emecé Editores / Universidad de Belgrano, Buenos Aires, p.17

[5] Borges, Jorge Luis, “Tema del Traidor y del Héroe”, en “Ficciones”, 1944, en “Jorge Luis Borges, Obras Completas 1923-1972”, 1974, Emecé Editores, Buenos Aires, p.496

[6] Borges, Jorge Luis, “Historia de los ecos de un nombre”, en “Otras Inquisiciones”, 1952, p.750

[7] Borges, Jorge Luis, “Borges oral” p.15

[8] Evangelio de Marcos 10:31

[9] Evangelio de Marcos 10:23-25

[10] Solares, Ignacio, entrevista realizada a Borges en 1976, incluida en “Borges de la A/Z”, 1988, compilación de opiniones de Jorge Luis Borges por Antonio Fernández Ferrer, Biblioteca de Babel, p.21

[11] Evangelio de Juan 10:25, 15:15

[12] Vázquez, María Esther, Op. Cit. p.100

[13] Borges, Jorge Luis, “El Libro de Arena”, en “El Libro de Arena”, 1975, en “Jorge Luis Borges, Cuentos Completos”, 2012, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina

[14] Bedrossian, Pablo, Op.cit. p.6

[15] Goloboff, Mario, “Julio Cortázar – La Biografía”,1998, Cuadernos de Sudestada, Ediciones Continente, Buenos Aires, Argentina, p.21

[16] Carta a Graciela de Sola, citada en Goloboff, Mario, Op.cit. p.26

[17] González Bermejo, Ernesto, “Conversaciones con Cortázar”, 1978, Edhasa, Barcelona, p.10

[18] Apocalipsis 2:10

[19] Cortázar, Julio, “Las fases de Severo”, en “Octaedro”, 1974, en “Cortázar, Cuentos Completos/2”, 1996, Alfaguara,Buenos Aires, Argentina

[20] Denis, Julio (seudónimo de Julio Cortázar, “Presencia”, 1938, El Bibliófilo, Buenos Aires, p.35-36

[21] Cortázar, Julio, carta a Mercedes Arias en “Cartas”, 2000, Alfaguara, Buenos Aires, Argentina, p.106

[22] Ramírez, Sergio, “El Evangelio según Cortázar”, en Revista de la Universidad de México, 2004, número 1, México, p.26

[23] Suplemento “Iberoamérica Una Comunidad”, Diario Clarín, 17/07/1991, Buenos Aires p.2. La referencia entre paréntesis proviene del párrafo anterior y se le agrega para entender su expresión “los males” según el contexto.

[24] Hechos 1:11, 1ª Ep. a los Tesalonicenses 1:10, 4:16

[25] Epístola a los Romanos 5:8,19; 6:23

[26] Sábato, Ernesto “Sobre Héroes y Tumbas”, 1961, en “El Túnel – Sobre Héroes y Tumbas”, 1985, Seix Barral, Barcelona, España, p.290

[27] Sábato, Ernesto, “La Resistencia”, 1998, Seix Barral, Buenos Aires, Argentina, p.180

[28] Sábato, Ernesto, Op. cit. p.197

[29] Apocalipsis 9:11; en muchas versiones aparece escrito Abadón, con una sola d.

[30] Sábato, Ernesto, “Abaddón El Externinador”, 1974, en “Abbadón El Externinador / Ejercicios Estilísticos”, 1986, Seix Barral, Barcelona, España, p.13

[31] Evangelio de Mateo 17:1

[32] Sábato, Ernesto, “Abaddón El Externinador”, 1974, en “Abbadón El Externinador / Ejercicios Estilísticos”, 1986, Seix Barral, Barcelona, España, p.318

[33] Hechos 26:18

[34] Evangelio de Juan 8:44

[35] Evangelio de Mateo 4:9

[36] Bedrossian, Pablo, “Ernesto Sábato: Un Encuentro y Tres Cartas Suyas”,  https://pablobedrossian.wordpress.com/2013/12/20/ernesto-sabato-un-encuentro-y-tres-cartas-suyas-por-pablo-r-bedrossian/

[37] Bedrossian, Pablo, “El Escritor y La Biblia: Marco Denevi responde” https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/03/21/el-escritor-y-la-biblia-responde-marco-denevi-por-pablo-r-bedrossian/

LIBRERÍAS MARAVILLOSAS (por Pablo R. Bedrossian)

“El libro es una extensión de nuestra memoria y nuestra imaginación” [1]. (Jorge Luis Borges)

Los que amamos la lectura no podemos evitar la tentación de entrar a una librería, y ojear y hojear aquellos libros que nos interesan. Comprar un libro se ha vuelto una experiencia: elegirlo, compararlo, admirarlo, comenzar a leerlo antes de pagar por él. O sin pagar, porque para mejorar esa experiencia, cada vez más librerías proveen espacios para la lectura. Si bien estamos en una época de venta digital, el libro impreso sigue creciendo[2].

El ámbito de la experiencia provee más valor al lector. Las librerías, como las bibliotecas, determinan ese ámbito; sentarse en mullidos sillones, en un sitio climatizado, amplio y luminoso, donde uno pueda también tomar un café, hace que la lectura se vuelva un placer aún mayor.

Quiero presentar algunas de las librerías más hermosas del mundo, que han elevado esa experiencia.

ALEXANDRA BOOK CAFE, BUDAPEST, HUNGRÍA

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Budapest es considerada la París del este europeo. Su calles, avenidas, parques y puentes son en sí mismos un show al aire libre. Caminando por su emblemática avenida Andrassy[3], a la altura del número 39 aparece un llamativo edificio, la Librería Alexandra[4]. Se trata de una serie de pisos a los cuales se accede por escaleras mecánicas.

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En la planta baja un mundo de libros aguarda que el visitante vaya por ellos. En el segundo piso, hay mesas y anaqueles poblados de textos, y un formidable salón de decoración barroca donde se puede tomar un café con algún bocadillo, o simplemente escuchar su piano. Además, hay una exposición de arte en el piso superior, donde se pueden adquirir pinturas.

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La construcción original neorrenacentista fue diseñada por Gustav Petschacher y Segismundo Sziklai e inaugurada en 1884. Contaba con un billar y salones de baile en el piso inferior, un casino -que era el corazón del proyecto- en el segundo, y dos apartamentos de lujo en el tercero.

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El diseño de interiores, incluyendo el espectacular fresco que corona la cafetería, realizado por Karl Lotz, el Príncipe de las Artes de Hungría, han sobrevivido hasta nuestros días.

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La primera remodelación tuvo lugar en 1909, cuando el nuevo propietario, Samuel Goldberger, decidió renovar el edificio, que había sido dañado por un incendio en 1903. Se reinauguró el 3 de marzo de 1911 bajo el nombre Párizsi Nagy Áruház (en español, Tienda por Departamentos París) convirtiéndose en el primer gran almacén moderno de Hungría. Aunque en esa época no existía el art deco, su fachada parece haberlo anticipado.

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El edificio sobrevivió a la 2ª Guerra Mundial. Se hicieron arreglos, y fue reabierto al público en 1958 bajo el nombre de Divatcsarnok, dedicado a la moda. En 1967 fue declarado monumento protegido. Sin embargo, el colapso de la Unión Soviética y la caída de la cortina de hierro llevaron al cierre del negocio. En manos del Estado no hubo ningún plan concreto para relanzarlo. En 2005 fue adquirido por The Orco Property Group, un consorcio francés dedicado a bienes raíces, que dedicó cuatro años a renovarlo, reabriendo sus puertas el 10 de noviembre de 2010.

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El primer inquilino fue la Librería Alexandra, que se hizo cargo de los dos primeros pisos, y el Lotz-terem (el maravilloso ex salón de baile donde está el café). Más arriba hay una galería de antigüedades y arte.

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Si visita Budapest, no dude: entre. Ingresará a un espacio que le hará sentir que los libros son amigos que lo reciben en su casa.

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EL ATENEO – GRAND SPLENDID, BUENOS AIRES, ARGENTINA

Argentina es un país de ávidos lectores. Quizás por eso ha producido maravillosos escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ernesto Sábato. Buenos Aires, su capital, sigue siendo famosa por sus librerías. Incluso Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa” hace mención de ellas:

“Si nada nuevo hubiese sucedido, todavía seguiría preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk; pero en 1970, en Buenos Aires, curioseando en las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del más famoso Patio del Tango de esa gran arteria tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Temesvar…”[5].

La más bella de todas es, sin duda, la librería El Ateneo Gran Splendid[6]. Ubicada en la Avenida Santa Fe 1860, entre la Avenida Callao y la calle Riobamba, fue originalmente un cine y teatro. Ahora, el espectáculo son los libros.

Por encargo del empresario discográfico Max Glücksman -un inmigrante austriaco que había llegado a los 15 años a la Argentina-, y bajo diseño de los arquitectos Peró y Torres Armengol, en 1917 se inició la construcción del Grand Splendid. La obra, dirigida por los arquitectos Pizoney y Falcope, se inauguró en mayo de 1919. Esta suerte de Catedral del Teatro contaba con 550 butacas distribuidas en cuatro niveles de palcos y una platea para 500 personas. Quizás el distintivo más importante lo constituya la pintura realizada por Nazareno Orlandi en su enorme cúpula. Es una representación alegórica de la paz que celebra el fin de la 1ª Guerra Mundial[7].

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Por el Grand Splendid pasaron importantes personajes del tango, y a partir de 1920 Carlos Gardel grabó varios de sus discos en un estudio instalado en la parte superior del edificio[8]. En 1923, también en uno de los pisos altos, se instalaron los estudios de Radio Splendid. En su sala se estrenaron películas mudas argentinas y se proyectó la primera película sonora llegada al país, “La divina dama”.

Los tiempos cambiaron. La llegada de los complejos multisalas y los cambios en los hábitos del público en los ’90, inclinado hacia el alquiler de videos, produjeron una crisis en el negocio de los cines.

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Procurando una salida, Rabeno Saragusti, responsable del Grand Splendid, el 14 de febrero de 2000 firmó un contrato de alquiler con la cadena Yenny, también propietaria de la Librería El Ateneo de la calle Florida. Cerró así las puertas al cine, pero ensanchó las de la cultura, conservando su belleza original. Las cuidadosas remodelaciones fueron llevadas a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone.

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Hoy el hall de entrada está saturado de mesas y bateas con libros, CDs y DVDs, además de una pequeña sección de coleccionables y regalos. Pero al llegar a la sala de proyecciones, uno entra en una atmósfera solemne bañada por una tenue luz. En el centro se abren escaleras mecánicas que conducen al subsuelo (área de CDs, DVDs y sala de lectura para niños); a ambos lados, una multitud de estantes exhiben libros de todo tipo de tamaño y color. Al fondo, donde estaba el escenario, se encuentra una confitería, donde se puede tomar un café, dialogar con amigos o leer un libro.

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Para acceder a los pisos superiores donde están los palcos se debe tomar un elevador. Allí se encuentran literatura, audio y videos especializados.

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CAPITOL HILL BOOKS, WASHINGTON D.C., ESTADOS UNIDOS

Algunos opinan que Washington es una urbe europea en el corazón de los Estados Unidos. Probablemente no lo dicen sólo por su arquitectura -hay infinidad de edificios de estilo neoclásico-, sino por su naturaleza cosmopolita. Pero quizás exista una razón adicional: cuando uno ingresa a Capitol Hill Books siente que está en alguna ciudad del Viejo Continente.

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Al visitarla recordamos aquella idea borgeana, que el universo tiene forma de biblioteca, pero no es un cosmos sino un caos. Con libros por todas partes, incluyendo el cuarto de baño, es un paraíso para los bibliófilos.

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Ubicada frente al Eastern Market, a pocas cuadras del Capitolio de los Estados Unidos y de la famosa Biblioteca del Congreso, posee un sótano y dos plantas repletos de libros usados, primeras ediciones y publicaciones raras. Su dueño original falleció en 1994. El actual no permite que ingresen ni celulares, ni novelas románticas. Cualquier otro texto, uno lo puede encontrar allí.

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Su estilo es único, definido por Jim Toole, su actual propietario, como “desorganización controlada”[9].

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Dice en su website “Tenemos libros de ficción en la sala de ficción, libros de misterio en la sala del misterio, libros de lenguas extranjeras en el baño, libros de cocina en la cocina, libros de negocios y de abogados en el armario de negocios, biografías culturales en el armario cultural, y una sección extraña para los que, como las brujas, los sueños, y las cosas, chocan en la noche. También tenemos libros sobre historia, filosofía, viajes, teología, psicología, política (por supuesto), juegos, arte y más… Cada espacio en la tienda tiene un libro, y realmente hay uno aquí, en alguna parte, para usted”[10].

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Capitol Hill Books es ideal para aquellos que les gusta escarbar entre pilas de libros, anhelando encontrar un diamante literario. Además, los precios son muy atractivos.

LIBRERÍA DE ÁVILA, BUENOS AIRES, ARGENTINA

Cuenta Diego Zigiotto, que la Librería de Ávila “es el único comercio porteño que desde 1785 se mantiene en el mismo lugar y dedicado al mismo rubro”[11]. Desde hace casi dos siglos se la conoce como la Librería del Colegio por su cercanía al Nacional Buenos Aires[12]. Habiendo cursado allí mi Secundario, he visitado la librería infinidad de veces, y cada vez que regreso, no deja de asombrarme.

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¿Qué hace especial esta librería? La diversidad de textos, su elegante salón y la experiencia de sus vendedores. Está ubicada en la esquina de Alsina y Bolívar, frente a la Iglesia de San Ignacio, que ocupa la esquina sudoeste de la famosa Manzana de las Luces. A escasos 100 metros se encuentran el Cabildo y la Plaza de Mayo.

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Ofrece una enorme variedad de libros, muchos de los cuales no se consiguen en otras tiendas. Por ejemplo, en una de mis últimas visitas a Buenos Aires compré “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, de Nicolás Gabriel Gutiérrez, una joya que no había visto en ningún otro sitio. Aunque, desde luego, se consiguen best sellers, su mayor atractivo se encuentra en su oferta de ediciones raras y libros usados, muy valiosos para estudiosos y coleccionistas.

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El actual edificio levantado en 1926, bajo diseño del arquitecto Ángel Pascual y el ingeniero Luis Migone, cuenta con un salón de ventas de espléndida luminosidad. Al entrar se observa un amplio espacio en dos niveles; allí, sobre mesas y vitrinas se exhiben los libros, los grandes protagonistas de ese histórico lugar.

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A la izquierda, una suerte de balcón oval sirve de mirador para la sección de libros en el subsuelo a la que se accede a través de una escalera.

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Si tiene preguntas, no dude en consultar a quienes atienden al público. Saben de literatura y de libros. Más que vendedores, son asesores que saben guiar al cliente a encontrar lo que busca. Por pura coincidencia, cuando vivía en Buenos Aires tuve un vecino que trabajaba allí. Lo habían elegido porque era una enciclopedia viviente.

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Otros, como Esteban Moore[13], han escrito sobre las celebridades que fueron sus clientes, como los ex presidentes argentinos Mitre, Sarmiento y Avellaneda o los escritores Lugones, Arlt y Borges, pero no es nuestra intención contar su historia sino invitar a vivir la experiencia de visitar la Librería de Ávila. Sólo mencionamos que en 1994 fue adquirida por el librero Miguel Ávila, quien le puso su nombre y ha hecho que hoy no sólo conserve la tradición sino que se haya convertido en una librería de culto.

SHAKESPEARE & CO., PARÍS, FRANCIA

Ubicada sobre la rue de la Bûcherie, a pasos del río Sena y muy cerca de la Catedral de Notre-Dame, Shakespeare and Co. es la librería más famosa de París. Ud. quizás se pregunte porque no lleva el nombre de algunas de las brillantes plumas francesas, como Stendhal, Dumas, Camus o Zola; simplemente se debe a que la librería se especializa en obras de habla inglesa.

Desde su apertura en 1951, ha sido un punto de encuentro de autores y lectores anglófonos. Su fundador, George Whitman, escribió “creé esta librería como un hombre escribiría una novela, construyendo cada habitación como un capítulo, y me gusta que la gente abra la puerta de la misma manera que abre un libro, un libro que lleva a un mundo mágico en su imaginación”[1]. Incluso en 2016 se lanzó un libro de 400 páginas sobre la librería, denominado “Shakespeare and Company, Paris: A History of the Rag & Bone Shop of the Heart”.

La historia personal de George Withman es asombrosa. En tiempos de la famosa Gran Depresión decidió realizar un viaje por México y Centroamérica. Durante su estadía en Yucatán cayó gravemente enfermo y fue curado por una tribu maya. Quizás por eso, su personal filosofía de vida lo llevó a ser hospitalario, invitando a escritores, artistas e intelectuales a dormir entre los estantes de la tienda y las pilas de libros sobre pequeñas camas que durante el día se doblaban y servían como bancos.

El edificio cuenta con un doble frente, adornado por mesas con libros sobre la acera. Fue levantado a principios del siglo XVI para servir de monasterio. Por dentro la librería parece una vieja casona con diminutas escaleras y pasillos laberínticos donde uno debe ser cuidadoso para no tropezarse con otros visitantes, en un ambiente íntimo y amaderado, donde está prohibido tomar fotografías. Sus estantes y mesas pobladas con libros no solo atraen lectores sino a miles de curiosos. La librería pasa siempre llena.

Originalmente la tienda se llamaba Le Mistral, pero en 1964, coincidiendo con el 400º aniversario del nacimiento del autor de “Hamlet” y “Romeo y Julieta”, su fundador decidió darle el nombre actual en recuerdo de una librería homónima fundada en 1919 por Sylvia Beach que reunía escritores expatriados de habla inglesa como Joyce, Hemingway, Fitzgerald, T.S. Eliot, Ezra Pound con talentosos autores nacionales, un poco al estilo de “Medianoche en París” de Woody Allen. La nueva “Shakespeare and Co.” Tuvo entre sus primeros visitantes a un joven argentino nacido en Bélgica: nada menos que Julio Cortázar.

BIBLIO-GLOBUS, MOSCÚ, RUSIA

Ubicada muy cerca de lo que fuera el edificio de la KGB, hoy sede del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y de la plaza Lubyanka, la librería Biblio-Globus es una de las más grandes del mundo: ocupa tres plantas de un edificio cuya superficie cubre la mayor parte de la manzana donde se encuentra.

Fue fundada en 1957 siguiendo las mejores tradiciones de venta de libros, por lo que se ha constituido en un verdadero club de lectores que reúne a personas de diferentes intereses, credos, actividades y orígenes en un mismo espacio cultural. Tal como la misma librería afirma, su misión es “garantizar que las próximas generaciones hereden el amor y el respeto por el libro, el conocimiento, el patrimonio cultural de Rusia y del mundo entero”[15].

Es una librería enorme, tan diversa como completa. La planta baja cuenta con cuatro salas: una ofrece libros de historia, filosofía, política y religión, otra contiene libros de literatura de nivel académico; una tercera, libros sobre hobbies, viajes y deportes; la última, tarjetas postales, papelería y obsequios, desde luego, ¡todos en lengua rusa!

Si busca libros en alfabeto latino debe subir a la segunda planta. Allí también encontrará las secciones de novelas, colecciones de cuentos y literatura infantil en lengua rusa. Hay una amplia variedad de DVDs de películas y algunos CDs.

Quizás la estética no sea su mayor virtud, sin embargo tiene secciones para el asombro. Lo mejor se encuentra en el subsuelo con algunas salas dignas de los mejores museos. Allí no solo se venden libros antiguos y difíciles de conseguir sino extraordinarias piezas de numismática y filatelia. En ese mismo nivel encontrará libros de arte y hasta una floristería.

Por supuesto en Biblio-Globus no faltan sitios donde tomar café. Allí podrá leer alguno de los 250,000 títulos que ponen a la venta.

THE STRAND BOOKSTORE, NEW YORK CITY, ESTADOS UNIDOS

En Nueva York, se encuentra The Strand Bookstore, la única librería en el mundo que afirma tener “18 millas de libros”.

Está ubicada en la esquina de Broadway, la única avenida diagonal que atraviesa Manhattan, y la 12th Street en el East Village. Este paraíso de los lectores tiene un doble mérito: siendo una librería independiente ha sido capaz de competir con las grandes cadenas, como Barnes & Noble que tiene una sucursal a solo dos cuadras en Union Square; además sobrevive en un entorno donde las ediciones digitales están reemplazando a las de papel.

La librería se encuentra en esta icónica esquina desde 1957. Tiene pisos de madera, amplias escaleras y un ascensor interno. Las estanterías de la planta baja parecen infinitas, como si fueran parte de la borgeana Biblioteca de Babel. Puede admirarla desde espacios que funcionan como balcones.

Nuestras zonas favoritas son un pequeño entrepiso que ofrece libros de arte y arquitectura y la sección de libros antiguos, primeras ediciones y rarezas del tercer piso que cierra más temprano que el resto de la librería.

Además, hay un enorme surtido de libros usados y algunos coleccionables. Si va a New York, no deje de visitarla, pero déjenos advertirle algo: vaya con tiempo, porque una vez adentro no querrá salir.

EL ATENEO DE LA CALLE FLORIDA 340, BUENOS AIRES, ARGENTINA

El 10 de septiembre de 1984 viví una experiencia única: conocí personalmente a Jorge Luis Borges y conversé con él unas tres horas. Me pidió que lo llevara a El Ateneo, nombre que en aquel entonces se adjudicaba exclusivamente a la librería de Florida 340, en el Centro de Buenos Aires. Transcribo brevemente la historia:

Llegamos a “El Ateneo”. En la distinguida librería recibieron a Borges como un prócer o mito viviente. Nos rodeó una veintena de empleados que lo saludaron con esmerado respeto. Borges quería un libro de sonetos de Enrique Banchs para una antología que estaba preparando.  Aproveché para regalárselo y, con una desvergüenza propia de un alucinado, le escribí una dedicatoria” [16].

No era casualidad que Borges hubiera elegido esa librería, aun cuando había muchas otras más cerca de su departamento: se trataba de la más grande y la más completa, de la más bella y la más refinada del país. El Ateneo había sido fundada en 1912, por el español Pedro García. El poeta y comunicador Willy G. Bouillon nos cuenta: “La primera sede de El Ateneo estuvo en la calle Victoria al 600 (hoy Hipólito Yrigoyen), frente al Concejo Deliberante. En 1936 se trasladó a Florida 371 y poco después a su definitivo emplazamiento, en el 340 de la misma calle. Con el antiguo edificio de La Nación en la vereda opuesta, integraron un par singular de ese tramo de la céntrica arteria, que fue el primero en hacerse peatonal, en 1913”[4].

Siendo la peatonal calle Florida de algún modo el corazón de Buenos Aires, sus altas y anchas vidrieras son un imán para los transeúntes. Al ingresar, el lector encuentra mesas rodeadas de estanterías mostrando libros fotográficos junto a las más recientes publicaciones. Los libros están rigurosamente clasificados por temas, colocados de modo de producir un cautivante impacto visual. Por una escalera mecánica uno pude ascender a la segunda planta (en Argentina llamada primer piso) donde hay también una buena selección de CDs y DVDs y una cafetería.

El piso alfombrado, los anaqueles de madera, las columnas interiores con molduras y una escalera de estilo art nouveau al fondo, crean una atmósfera exquisita y, a la vez, acogedora.  Como si todo esto no bastara, también posee un subsuelo poblado de textos. En este templo de la cultura, el 21 de septiembre de 1969 se celebró allí por primera vez La Primavera de las Letras Argentinas, donde autores nacionales firmaron libros y conversaron con los lectores. Este evento, que se repitió al año siguiente, sirvió de antecedente para la famosa Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Vale la pena entrar y pasar un tiempo en esta librería, hoy integrada a la cadena Yenny – El Ateneo, tal como la maravillosa El Ateneo – Gran Splendid.

LAS DOS QUE ME FALTAN: LO MEJOR PARA EL FINAL

Las librerías, como las bibliotecas, tienen para mí algo sagrado: son templos del saber, del pensamiento, de la imaginación y del descubrimiento. Existen dos de ellas que solo conozco a través de las imágenes, pero  algún día poder visitarlas:

LIBRERIA LELLO, OPORTO, PORTUGAL

La Librería Lello se encuentra en un extraordinario edificio modernista inaugurado en 1906.

En su interior se destacan la decoración en estuco moldeado y pintado que simula piezas de ebanistería y la majestuosa escalera que lleva al segundo piso.

Se cobra entrada y dicen que allí se inspiró J.K. Rowling para escribir historias de Harry Potter.

LIBRERÍA SELEXYZ DOMINICANEN, MAASTRICHT, PAÍSES BAJOS.

Esta librería ocupa el lugar más antiguo dedicado exclusivamente a la venta de libros:  una iglesia gótica de la orden de los dominicos erigida a fines del siglo XIII en Maastricht, Países Bajos.

Los arquitectos Merkx y Girod, lograron ampliar el espacio interior mediante una pasarela multinivel de acero que permite el acceso a gigantescos estantes.

Fue inaugurada en 2005 y obtuvo el Premio de Arquitectura Interior Lensvelt en 2007

UN JARDÍN ENCANTADO

Para los que amamos la lectura, entrar a alguna de estas librerías es hacer realidad aquellas palabras que Borges atribuye a Ralph W. Emerson: “Una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. Tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan” [18].

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2017, 2018, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: “THE LITERARY MAN”

Un caso extraordinario es” The Literary Man”, un hotel literario ubicado de Óbidos, una localidad portuguesa a 70 km de Lisboa declarada por la UNESCO en 2015 como “Ciudad Literaria”.

Establecida en un viejo convento, su colección cuenta con más de 50,000 volúmenes. Los huéspedes están rodeados por un mundo de libros.


BONUS 2: PERLAS ESCONDIDAS

Toda selección puede ser injusta; por eso, algunos dirán que hay librerías mejores. Probablemente tengan razón porque para cada persona la mejor librería es aquella que ama. Además, todas tienen algo en común: el alma de sus dueños, los libreros.

En lo personal me atraen con la fuerza de un imán las librerías de anticuarios. Hay algunas que deseo reconocer especialmente: First Editions, de Dublin, Irlanda, donde Allan Gregory, su dueño, me atendió maravillosamente y adquirí un libro impreso hace más de tres siglos; Sanderus, en Gante, Bélgica, donde adquirí un par de manuscritos iluminados, que formaron parte de libros de oraciones anteriores a la imprenta. Su sala de cartografía antigua es imperdible, pero solo se puede visitar con el permiso y la presencia de su dueño, Filip Devroe. En el barrio judío de Praga, República Checa, también hallé joyas, como un comentario en hebreo de los libros de los profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel impreso en 1792.

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Tampoco quiero omitir una mención de las tiendas de libros antiguos de la rue Bonaparte de París, Francia, y de las viejas librerías de la Avenida de Mayo de Buenos Aires, atiborradas de primeras ediciones, coleccionables y textos curiosos, entre las que se destaca El Túnel, para nosotros imperdible.


REFERENCIAS

[1] Borges, Jorge Luis, “Borges Oral”, Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1979, 2ª Impresión, p.13.

[2] Para los interesados, recomendamos leer el estudio de PriceWaterhouse, que se encuentra en http://www.pwc.com/gx/en/global-entertainment-media-outlook/assets/2014/pdfs/book-publishing.pdf  Allí se predice que en 2018 los libros electrónicos alcanzarán el nivel de venta de los libros en papel sólo en dos naciones: Estados Unidos y Reino Unido.

[3] La Avenida Andrassy, construida en 1872, fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 2002, debido a las bellas fachadas de las casas y palacios que conserva.

[4] Alexandra es el nombre de una cadena de librerías húngara de la cual la que presentamos es una sucursal.

[5] Eco, Umberto, “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Ed.,p.11

[6] Yenny – El Ateneo es el nombre de una cadena de librerías argentina de la cual la que presentamos es una sucursal.

[7] Para los que quieran saber más sobre la hermosa pintura en el techo, recomendamos leer el artículo publicado por Hugo Petruschansky en la Revista La Nación, del diario del mismo nombre, el 18 de julio de 2004,  que se puede encontrar en http://www.lanacion.com.ar/618516-cupula-del-grand-splendid-como-ver-la-obra

[8] Sobre Gardel y el sitio de sus grabaciones, hay una breve pero excelente nota de Eduardo Parise en http://www.clarin.com/ciudades/Ecos-Gardel-pieza-vacia_0_456554378.html

[9] https://www.washingtonian.com/2016/05/27/capitol-hill-books-jim-toole-curmudgeonly-rules-signs

[10] http://www.capitolhillbooks-dc.com

[11] Zigiotto, Diego M., “Las mil y una curiosidades de Buenos Aires”, edición corregida y actualizada, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2012, p.228

[12] Cuando se comenzó a ser llamada así, el actual Colegio Nacional de Buenos Aires se llamaba Colegio Real de San Carlos.

[13] Su libro se llama: “Librerías de Valor Patrimonial de Buenos Aires”, publicado por la Dirección General de Patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 2003.

[14] https://shakespeareandcompany.com/35/history/36/a-brief-history-of-a-parisian-bookstore

[15] http://www.biblio-globus.ru/content.aspx?page_id=15

[16] La conversación con Borges puede leerse en https://pablobedrossian.wordpress.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/; este diálogo se publicó originalmente en El Expositor Bautista de agosto de 1986. Borges había muerto en Ginebra en junio de ese año. Cuando nos encontramos él tenía 85 años, y yo apenas 25.

[17] Bouillon, Willy G., “Cumple 90 años la librería El Ateneo”, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, edición del 7 de septiembre de 2002; se puede leer en http://www.lanacion.com.ar/429434-cumple-90-anos-la-libreria-el-ateneo

[18] Borges, Jorge Luis, Op.cit., p.22


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de:

Fotos de Librería Lello, tomadas de la página https://okdiario.com/cultura/pasos-harry-potter-oporto-ciudad-portuguesa-que-inspiro-j-k-rowling-292827, diario digital español, (https://okdiario.com/)

Fotos de la librería Selexyz Dominicanen: La primera foto fue tomada del sitio: http://www.pinterest.com/pin/417075615472297486  correspondiente a www.matemolivares.blogia.com. La segunda fue tomada del sitio: http://www.huffpost.com/entry/selexyz-dominicanen-the-700-year-old-church_b_2949961, correspondiente al periódico online Huffposts (https://www.huffpost.com/)

Foto del hotel The Literary Man, tomada de https://www.lavanguardia.com/ocio/viajes/20170620/423524592856/hotel-50000-libros-obidos-the-literary-man.html, del periódico español La Vanguardia (http://www.lavanguardia.com)