8 ESCULTURAS IMPERDIBLES DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS DE BUENOS AIRES

Buenos Aires se ha convertido en la capital del arte latinoamericano. No es sólo por sus numerosos museos o sus variadas actividades culturales, sino por la sinfonía que componen innovadores murales, músicos populares y esculturas clásicas y modernas bajo una glamorosa arquitectura europea. Como decía León Tenenbaum, La Reina del Plata es un museo al aire libre.

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Dentro de ese universo creativo se destacan las esculturas, quizás porque resisten mejor las inclemencias del tiempo o, más probablemente, porque perduran más allá de los cambios que modelan nuestra propia historia.

Actualmente existe un renovado interés en las esculturas de la ciudad. Fruto de ello son publicaciones recientes como “Monumentos y esculturas de Buenos Aires. Palermo: espacios simbólicos y arte público” de María del Carmen Magaz (2013), “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires” de Nicolás Gabriel Gutiérrez (2015) y “Monumentos y Esculturas de Buenos Aires” de Martín Comamala (2016). Te invito a descubrir o conocer más de ocho extraordinarias esculturas porteñas.

  1. LA DUDA
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Está ubicada en el sector este de la Plaza San Martín, donde la avenida Santa Fe dibuja una curva, justo antes del nacimiento de la calle Maipú. Es una obra de profundo simbolismo: Un anciano interpela a un hombre joven probablemente abrumado por sus propias preguntas. La mirada abstraída, el torso inclinado, la posición de las rodillas entre los brazos expresan la profunda incertidumbre del joven, mientras la elocuencia del anciano -que lo mira a los ojos- parece agobiarlo. El detalle que da un significado más preciso a la obra es el libro abierto a la izquierda del joven, una Biblia, a la cual ha dejado de prestar atención.

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Hay quienes han visto en la obra un encuentro entre el Antiguo y el Nuevo Testamento[1], pero más bien parece una lucha entre la fe y la razón, entre la vida y la muerte inevitable.

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“La Duda” es creación del artista parisino Louis Henri Cordier (1853-1925), hijo del escultor Charles Henri Joseph Cordier. Está hecha en mármol de Carrara y lleva cincelado su título, el nombre del autor y la fecha. A principios del siglo XX Buenos Aires se estaba convirtiendo en una de las urbes más importantes del mundo y necesitaba embellecer el trazado urbano. Una comisión de la Municipalidad de Buenos Aires viajó especialmente a Europa y adquirió esta bella pieza, que fue emplazada en su actual ubicación en 1906.

  1. FLORALIS GENERICA
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Esta inmensa flor es de acero inoxidable, aluminio y hormigón armado es una escultura dinámica: se abre y se cierra con la luz, mientras adquiere distintas tonalidades. Se encuentra en la esquina de la Avenida Figueroa Alcorta y la calle Facundo Quiroga, sobre la Plaza de las Naciones Unidas, muy cerca de la Facultad de Derecho. Asentada sobre una fuente de agua circular, está formada por seis enormes pétalos con cuatro pistilos en el centro. Mide 23 metros de alto, pesa 18 toneladas[2] y en su mayor extensión alcanza los 32 metros de diámetro[3].

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Fue donada por su creador, Eduardo Fernando Catalano (1917-2010), un arquitecto argentino con una amplia trayectoria profesional en Estados Unidos. El sitio wikiarquitectura.com cuenta cómo surgió la idea: “La idea surgió un atardecer de verano, cuando trabajando en su jardín de invierno, notó que una gran flor roja de la especie Hibiscos comenzaba a cerrarse. Sin saber por qué, dibujó una flor geométrica, Catalano cuenta que hacía tiempo deseaba crear una estructura móvil que se abriera, se cerrara o se expandiera. Floralis generica, es ese proyecto hecho realidad”[4].

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Adoptando la regla para los nombres científicos, cuyo primer término describe el género y el segundo la especie, Floralis generica, es una denominación que homenajea a todas las flores. Lo escribimos sin acento porque es un término en latín.

Lamentablemente el mecanismo ha fallado en varias ocasiones (incluyendo el día de su inauguración). Sin embargo, aún sin el movimiento, es una obra admirable. No sólo constituye probablemente la escultura más grande de la ciudad, sino la más cara: se estima que costó entre 4.5 y 6 millones de dólares.

  1. LA NIÑA DE LA FUENTE
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En la pequeña plaza Reina de Holanda, de Puerto Madero, se aloja una de las esculturas más pequeñas de cuerpo entero de la ciudad. Es una niña que mira hacia arriba con la boca, los brazos y las manos abiertos. Aunque puede interpretarse como un reclamo al cielo, el gesto comunica sorpresa y felicidad. Este parece ser el sentido original, según la copia en Apeldoorn, Países Bajos, donde la muchacha parece alegrarse con un chorro de agua que cruza sobre ella[5]; por esa razón, no hay nada mejor que admirarla un día de lluvia. La obra hecha en bronce es creación de la escultora holandesa Tineke Willemse-Steen (1920-2014). También hay otra copia Lüneburg, Alemania.

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La niña de la fuente luce un vestido con mangas cortas, un collar y los pies descalzos. Se apoya sobre un podio cuadrado que, a su vez, está dentro de otro cuadrado con agua. A la izquierda hay una fuente de agua formada por tres cuadrados superpuestos a modo de pirámide. Detrás hay un pequeño muro curvo color naranja con el nombre de la plaza, que -suponemos- hace alusión a Máxima Zorreguieta, la esposa argentina del actual monarca de los Países Bajos, el Rey Guillermo, con quien contrajo matrimonio en 2002.

  1. LA JOVEN CON SU MASCOTA
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Una de las esculturas más emotivas de Buenos Aires se encuentra en el Cementerio de la Recoleta. Representa a la joven Liliana Crociati y a su perro Sabú, al que acaricia tiernamente con su mano derecha.

La joven se había casado a los 23 años con el húngaro Juan Szaszak. En 1970, dos años después de la boda, viajaron a Austria, donde un alud los sorprendió en el hotel de montaña donde se hospedaban. El marido pudo ser rescatado a los pocos minutos, pero Liliana fue encontrada una hora después y no logró sobrevivir. Se dice que Sabú, su mascota, murió el mismo día que ella[6], como si los hubiera habido entre ellos una conexión invisible.

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El escultor Wilfredo Viladrich retrató en bronce a Liliana lánguida y esbelta, con un vestido largo con motivos que se repiten en los bordes de las mangas, debajo del pecho y en el ruedo. El largo pelo lacio cae a ambos lados dejando una raya al medio. Las manos ocupan un lugar central en la obra: son finas y delicadas pero muy alargadas. El dedo anular de la mano izquierda lleva el anillo de bodas.

Según Omar López Mato, el artista, cuyo nombre está grabado en una placa, utilizó como modelos fotos de Liliana con Sabú que, en realidad, había muerto diez años antes[7]. Junto a la sepultura, un escrito en italiano redactado por el padre de Liliana expresa su profundo dolor y se pregunta por qué ha perdido a su amada hija.

Un detalle adicional es que la escultura ha tomado un color verdoso pero la nariz del perrito conserva el color dorado del bronce debido a que muchos la tocan creyendo que da buena suerte.

  1. LA VICTORIA DE SAMOTRACIA PORTEÑA
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Junto a la Venus de Milo y la Gioconda, la Victoria de Samotracia conforma la triada de obras maestras más representativas del Museo de Louvre, de París. Sin embargo, pocos saben que existe una réplica en tamaño real en Buenos Aires.

La escultura es del año 190 a.C.. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia se hallaba partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

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La Victoria de Samotracia porteña se encuentra dentro del Palacio Estrugamou, un monumental edificio de departamentos de lujo muy cerca de la Plaza de Retiro, cuya mejor vista es la esquina formada por Juncal y Esmeralda, calle en la que se encuentra su entrada principal. Aunque ahora por cuestiones de seguridad no se permite el ingreso, la réplica de la Victoria de Samotracia puede admirarse desde uno de los portones de rejas de la calle Juncal. Esta réplica en tamaño real hecha en bronce tiene alas algo más cortas. Corona el patio que sirve de espacio compartido para los cuatro edificios que conforman el palacio. No se sabe quién es su autor, que copió cuidadosamente los detalles de la original: la pierna derecha hacia adelante mostrando poder y movimiento y los pliegues del atuendo y la postura del torso, sugiriendo que avanza contra el viento. Si pasa por allí, deténgase a observarla. Está esperando por usted.

  1. MAFALDA
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Uno de los personajes más entrañables, la inefable Mafalda, tiene su propia escultura en Buenos Aires. Ubicada en la esquina de Chile y Defensa, en el barrio de San Telmo, se encuentra sentada sobre un banco blanco para que cualquier visitante pueda tomarse una foto con ella.

La tira de humor de Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, vio la luz oficialmente el 29 de septiembre de 1964 en la revista Primera Plana y hoy es conocida en todo el mundo.

La “Mafalda 3D” mide 80 centímetros y luce vestido y moño verdes. El cuello del vestido y las medias son blancas, contrastando con los respectivos botones y zapatos negros. Las manos se apoyan en el vestido a la altura de las rodillas y tiene su eterna sonrisa enmarcada bajo la tupida cabellera negra. La expresión es la del dibujo: una mirada de esperanza a pesar del mundo y sus calamidades.

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La escultura de Mafalda fue inaugurada el 30 de agosto de 2009. Al evento asistió el propio Quino, quien fue vecino de la zona. Por ello, se descubrió una placa en el edificio de Chile 371 con un dibujo del personaje y la frase “Aquí vivió Mafalda”.

La obra fue realizada por el artista argentino Pablo Irrgang. Para su creación utilizó resina epoxi reforzada con fibra de vidrio. Los colores están incluidos en el propio material para que resista las no sólo los cambios climáticos sino el vandalismo urbano. Afortunadamente, hasta la fecha la obra ha sobrevivido y luce espléndida. Dice el artista “me resultó interesante la idea de que estuviera solita en un banco, cavilando sobre el mundo. De noche, será otro de los chicos que duermen a la intemperie“.[8]

En 2014, para celebrar el 50º aniversario de su primera publicación, Mafalda quedó acompañada por dos de sus amigos: Manolito y Susanita. Cuenta el escultor “incluso vino Quino al taller y hasta pidió, con toda su humildad, que Manolito llevara su delantal del almacén color ‘marroncito grasa’ y sus zapatos ‘mal lustrados’”[9].

Irrgang es un extraordinario artista contemporáneo. Sus trabajos pueden admirarse en http://www.pabloirrgang.com.

  1. EL PENSADOR
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Ubicado cerca del extremo este de la Plaza del Congreso, la robusta figura de un hombre desnudo sentado en actitud reflexiva nos sorprende. Es una inmensa mole de bronce que comunica una extraordinaria humanidad.

Los clásicos experimentos sobre actitudes y sentimientos de Albert Mehrabian demostraron que  sólo el 7 por ciento de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38 por ciento se atribuye a la voz y el 55 por ciento al lenguaje. Por eso El Pensador nos habla sin decir una sola palabra: la barbilla apoyada sobre el dorso de la mano derecha, la cabeza inclinada despojada de toda sugestión de movimiento, la mirada abstraída y cavilante.

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El autor de esta magnífica obra es nada menos que Auguste Rodin (1840-1917), el más famoso escultor de los tiempos modernos, así como en la antigüedad lo fue Fidias. El Pensador originalmente fue parte de un frustrado proyecto por encargo llamado La Puerta del Infierno, inspirado en La Divina Comedia y correspondía a la imagen de Dante Alighieri. Admirando una imagen de esta magnífica creación[10] se observa la escultura del escritor a una escala mucho menor. Se halla en el centro del panel superior de La Puerta, en la misma pose que El Pensador, pero con la barbilla apoyada sobre el dorso de la mano izquierda. Rodin continuó trabajando en sus ideas tratándolas como piezas individuales, y pasó de representar al poeta italiano a simbolizar al hombre reflexivo, cuyas preguntas demandan respuestas[11].

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La Municipalidad de Buenos Aires a través de Eduardo Schiaffino adquirió una de las copias realizadas por el mismo artista en 1906. Aunque se pensó colocarla en las escalinatas del Congreso, desde esa fecha conserva su actual ubicación. Un placa de mármol a los pies de El Pensador informa que el fundidor de la pieza fue Alexis Rudier.

  1. CANTO AL TRABAJO
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Canto al trabajo es un espléndido grupo escultórico ubicado en la plazoleta Eva Perón, en la intersección de las Avenidas Paseo Colón e Independencia, en San Telmo. Está conformado por catorce figuras humanas que representan el valor del esfuerzo como puerta al futuro. Todas las piezas están desnudas o tienen cubiertas sus partes íntimas con un paño.

La obra puede descomponerse en dos grupos. El posterior hace un enorme esfuerzo para mover una roca, mientras el que encabeza el conjunto, compuesto por una familia, parece liberado y mira al porvenir. Podría decirse que el primero representa el sacrificio; el segundo, sus beneficios: el padre, erguido, señala el camino, la madre mira el destino y los niños intentan abrazar lo que creemos que es el futuro.

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Esta monumental composición en bronce fue creada por Rogelio Yrurtia (1879-1950), considerado el escultor argentino más importante del siglo XX. La obra es de un valor artístico extraordinario y constituye una de las más preciadas joyas de la ciudad.

La obra fue terminada en 1908 y adquirida por la Municipalidad de Buenos Aires. Entre 1927 y 1937 fue exhibida en la Plaza Dorrego y desde esa fecha ocupa su actual emplazamiento.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.652

[2] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p.272

[3] No todos coinciden con las medidas o pesos de una obra tan enorme. Por ejemplo, Diego Zigiotto dice que mide 25 metros de alto y no 23 como Gutiérrez; una nota de La Nación del 10 de junio de 2015, firmada por Josefina Marcuzzi dice que pesa 24 toneladas y no 18 como Zigiotto,

[4] https://es.wikiarquitectura.com/edificio/floralis-generica/

[5] La imagen se puede ver en https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Meisje_in_fontein_-_Tineke_Willemse-Steen_(Apeldoorn).jpg

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.358

[7] López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles – Guía del Cementerio de la Recoleta”, Grijalbo Mondadori, 2004, p.53

[8] Reinoso, Susana, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 16/8/2009. La nota completa se puede leer en http://www.lanacion.com.ar/1163053-mafalda-tendra-su-escultura-en-una-esquina-de-san-telmo

[9] Smith, Romina, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 29/9/2014. La nota completa puede leerse en https://www.clarin.com/ciudades/Susanita-Manolito-suman-escultura-Mafalda_0_SJLmFmt5vmx.html

[10] Varios autores, “Sculpture – From Antiquity to the Present Day”, Taschen, 1987, 1996, Tomo II (“From the Renaissance to the Present Day”), p.387

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.261


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la correspondiente a La Puerta del Infierno, tomada del libro


BIBLIOGRAFÍA

Magaz, María del Carmen, “Monumentos y esculturas de Buenos Aires. Palermo: espacios simbólicos y arte público”, Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico, Buenos Aires, Argentina, 2013

Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015

López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles – Guía del Cementerio de l Recoleta”, Grijalbo Mondadori, 2004

Varios autores, “Sculpture – From Antiquity to the Present Day”, Taschen, 1987, 1996, Tomo II (“From the Renaissance to the Present Day”)

Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2012

Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013

EL PALACIO BAROLO: ¿UN MAUSOLEO PARA DANTE ALIGHIERI? (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Con sus 100 metros de altura y su imponente cúpula, el Palacio Barolo es el edificio más distinguido y a la vez más curioso de la Avenida de Mayo, por su combinación de estilos y el valor alegórico de sus detalles.

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Frente del Palacio Barolo, tomado desde la acera de enfrente. El edificio es tan monumental que difícilmente se pueda tomarle una foto completa.

Este coloso arquitectónico se levanta entre las calles San José y Santiago del Estero en el barrio de Monserrat, dentro del macrocentro de la ciudad de Buenos Aires. Se ingresa por el pasaje de la Planta Baja, que lo comunica directamente con la calle Hipólito Yrigoyen. A mitad  de camino, a ambos lados, se encuentran las escaleras y ascensores que conducen a las cientos de oficinas que hoy alberga.

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El Pasaje Barolo que comunica Avenida de Mayo con Hipólito Yrigoyen. En su centro se abren a los lados los ascensores y escaleras.
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Ascensor principal de uno de los lados, frente a la escalera. Puede leerse una de las varias inscripciones en latín del edificio: “Operis peracti nullus strictor iudex autore” (“Ningún juez más justo que el autor de la obra”)
Vista de una de las escaleras principales.
Vista de una de las escaleras principales.

En un extraordinario artículo sobre el Palacio Barolo, Carlos Hilger, arquitecto y profesor de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, cuenta la historia del Palacio Barolo. Hace primero un apretado resumen de la cosmografía tripartita de La Divina Comedia, que sirvió de modelo para el emblemático edificio porteño. Dejemos que él nos introduzca en la historia, que es en realidad un sueño de Mario Palanti (1885-1979), el arquitecto italiano que lo construyó entre 1919 y 1923:

“El expresionismo alemán significó un renacimiento de la tradición constructivista gótica. Estaba muy de moda proponer templos laicos que convocaran a la hermandad del hombre, a la fraternidad y al amor universal. Palanti se había formado en la Universidad de Brera, en Milán, bajo los estigmas de esta cultura. Llega a Buenos Aires en 1909. Trabaja con el arquitecto Prins en un proyecto que es la ‘Facultad de Derecho’, actualmente la Facultad de Ingeniería de Las Heras y Azcuénaga. La diseñan en estilo gótico con forma de catedral cristiana, que homenajeaba la igualdad del hombre a través del Derecho. Desde su llegada diseña una variedad muy extensa de templos y sepulcros, propuestas que realiza sin un cometido específico y que expondrá y publicará en sus libros. Templos a la voluntad, otros al héroe latino”[1].

Cúpula del Barolo en 2013; a diferencia del color ocre que se advierte en la parte más alta, en mi visita a Buenos Aires de 2014, estaba toda pintada de blanco.
Cúpula del Barolo en 2013; a diferencia del color ocre que se advierte en la parte más alta, en mi visita a Buenos Aires de 2014, estaba toda pintada de blanco.

A partir de allí, Hilger se enfoca en Dante Alighieri (1265-1321), autor de “La Divina Comedia”. Considerada una de las obras cumbres de la Humanidad, es un poema escrito entre 1304 y su muerte, que relata una epopeya -sin duda, alegórica- que lo tiene como protagonista. La obra se divide en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Dicen que cuando la gente veía a Dante por la calle decía:

– Ahí viene el hombre que estuvo en el infierno.

Pero dejemos que el historiador nos siga contando:

“Dante, se sabe, pertenecía a una logia medieval, la ‘Fede Santa’, del mismo modo que Palanti. Esta hermandad, que perdura hasta nuestros días, venera la figura de Dante como ‘obispo’ de la misma y difusor de la metáfora moralizante del Infierno, Purgatorio y Paraíso, que mostraba tres modos de ser de la humanidad: vicio, virtud, perfección… Palanti viene a las tierras del purgatorio con un encargo constructivista: desarrollar un templo bajo la Cruz del Sur, un templo en el eje ascensional de las almas, celebrando el VI Centenario de la revelación de Dante”.

Vista de la bóveda interna desde el centro del pasaje peatonal.
Vista de la bóveda interna desde el centro del pasaje peatonal.

Hilger continúa: “No tenía medios materiales para construirlo; solamente a través de la voluntad y de la fe debía hallar el camino constructivo. Hace varios intentos: un templo votivo, una catedral para Buenos Aires (236 metros dc altura), sepulcros y monumentos dantescos escatológicos (creencias y doc­trinas relacionadas con la vida de ultratumba). Después de algún tiempo en Buenos Aires, Palanti encuentra a Luis Barolo, un italiano que había llegado en 1890 y que instaló unos telares de tejido de punto. Sus casimires adquirieron una difusión extraordinaria y paulatinamente el éxito coronó sus esfuerzos. El financió la construcción del Pasaje que lleva su nombre”.

El pasaje, también llamado galería, recuerda el nombre del italiano que financió el proyecto de Palanti.
El pasaje, también llamado galería, recuerda el nombre del italiano que financió el proyecto de Palanti.

Más adelante explica “El edificio es una maqueta ilustrada del cosmos, siguiendo la tradición de la catedral gótica. La catedral era concebida como el opus supremo de la albañilería de la Edad Media; el templo era la traducción en piedra de los Testamentos; debía ser capaz de oponerse a los tiempos y a las multitudes, con el fin de preservar el conocimiento. Cada elemento constitutivo del templo tenía que hacer alusión a un símbolo… Palanti deja dicho que esto es un templo en las inscripciones del techo”.

Según Hilger el edificio lleva la impronta de lo místico pues hay un profundo simbolismo en cada detalle. Toda la obra es una representación del universo dantesco, tal como lo presenta en La Divina Comedia.

Uno de los dragones con lámparas colgantes.
Uno de los dragones con lámparas colgantes.

Pero hagamos una pausa en su relato para observar la obra y formularnos una pregunta: ¿qué estilo arquitectónico tiene el Barolo? Es un edificio ecléctico, pero con una combinación única de estilos neorromántico y neogótico, con la cúpula con su exclusivo estilo indio de la región de Budanishar que, según refiere el website del edificio, “representa la unión tántrica entre Dante y Beatriche, los protagonistas de la Divina Comedia”[2].

Cúpula con influencia de arquitectura india
Cúpula con influencia de arquitectura india

Volvamos a nuestro experto relator: “La división general del edificio y del poema es ternaria: Infierno, Purgatorio y Cielo. El número de jerarquías infernales es el nueve; nueve son las bóvedas de acceso al edificio que representan pasos de iniciación, cada uno enumerado y descripto con fra­ses en latín en cada bóveda…El número siete son las divisiones del Purgatorio y de la torre del Barolo, que lo representa… Palanti no representa los nueve cielos sino a través de la puerta, que es el faro de 300.000 bujías; sobre él la constelación de la Cruz del Sur: la entrada de los cielos, que se la puede ver sobre el Barolo en los primeros días del mes de junio a las 19:30 alineadas con su eje. Cien son los cantos de La Divina Comedia, cien metros la altura del Pasaje. La mayoría de los cantos comprende once o veintidós estrofas; los pisos del edificio están divididos en once módulos por frente, veintidós módulos de oficinas por bloque; la altura es de veintidós pisos: catorce de basamento, siete de torre, un faro”.

Detalle en roseta sobre el piso del Pasaje Barolo

“Estos números representan para la naometría tradicional[3] símbolos sagrados. 22/7 es la expresión aproximativa en números enteros de la relación de la circunferencia con su diámetro; el conjunto de estos números representa el círculo, la figura más perfecta para Dante como para los pitagóricos. El número veintidós representa los símbolos de los movimientos elementales de la física aristotélica. Once representa a la Fede Santa y a los templarios. 99 + 1 es el total de nombres de Dios (cien cantos, cien metros). Dante murió en Ravena el 13 de setiembre de 1321. Pocos días antes había terminado los últimos versos del Paraíso, culminando La Comedia. Llevaba veinte años de exilio político de su ciudad, Florencia, que lo había deportado, despojado de sus bienes, declarado traidor… Palanti y Barolo trataron de terminar el Pasaje para esa fecha: ‘el monumento al genio latino’ en América. Su sueño no terminó allí; así como la catedral era sepulcro de prohombres de su época, soñaron que el Pasaje fuera el sepulcro definitivo del Dante, el lugar donde Dante mismo hubiera preferido descansar”.

Detalle del Interior
Detalle del Interior

La razón de este enigmático propósito la devela Leonel Contreras en su obra “Rascacielos Porteños”[4]: “Los restos de Dante Alighieri habían estado desaparecidos durante tres siglos. Reaparecieron en 1865, en un convento de Ravenna junto a dos cartas que testificaban la autenticidad de los mismos. Como Palanti y Barolo suponían que en Europa iría a haber nuevas guerras que posiblemente fuesen mucho más destructivas que la Primera Guerra Mundial, se propusieron que aquel rascacielos a construir fuera el monumento al ‘genio latino en América’. Cuando llegara el momento de la nueva guerra y los restos del Dante debieran ser salvados de la destrucción, éstos serían trasladados a Buenos Aires y así el edificio de Barolo se convertiría en la tumba del Dante”.

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Dejemos que Hilger se despida contando el epílogo: “Es por eso que Palanti diseña la escultura ‘Ascensión’, inspirada en bocetos de la tumba de Dante de Miguel Angel, para ser colocada en el axis ascensional en la cúpula central del Barolo. Palanti buscaba las mismas respuestas que buscamos todos. Soñó con la dicha y jugó con la ficción de encontrarla, pero le ocurrió lo que suele ocurrir con los sueños… flotaban más allá de lo expresable y lo inexpresable. El edificio se cernía sobre el universo, sobre la nada. No obstante su obsesión, no pudo retenerlo; no podía hacerlo; era inconcebiblemente indigno de confianza pues estaba más allá del lenguaje… El Pasaje está allí, ahora y para siempre…Su narcisismo es tan inquebrantable como exclusivo. Barolo murió cerca de la fecha de inauguración del edificio. Palanti retornó a Italia y con el tiempo abandonó la arquitectura”.

La escultura Mausoleo se encuentra en el edificio. Si bien no tiene la monumentalidad de "Ascensión", tiene el mismo motivo: un águila llevando al héroe latino a la gloria.
La escultura Mausoleo se encuentra en el centro del pasaje. Si bien no cuenta con la monumentalidad de “Ascensión”, comparte el mismo motivo: un águila llevando al héroe latino a la gloria.
Texto de la base de la escultura, hecha por Palanti.
Texto de la base de la escultura, hecha por Palanti.

Un detalle no menor es que el Barolo tiene un “hermano” en Montevideo, Uruguay: El Palacio Salvo, construido también por Palanti, en el mismo estilo ecléctico y con ese misterio fascinante que encierra lo oculto que hay en los símbolos”. Construido en 1928, tiene cinco metros menos que su “gemelo”. Se dice que Palanti quiso unir Buenos Aires y Montevideo con un “puente de luz” sobre el Río de la Plata, mediante los faros en las cúpulas de ambos edificios.

Vista del Palacio Salvo de Montevideo, hermano "gemelo" del Barolo
Vista del Palacio Salvo de Montevideo, hermano “gemelo” del Barolo

En 1997 el Palacio Barolo fue declarado Monumento Histórico Nacional. Su faro, ubicado en la cima, volvió a funcionar en 2009. En 2012 se estrenó el premiado documental “El Rascacielos Latino”, de Sebastián Schindel sobre la historia y los detalles del magno edificio; y, como la cereza sobre el helado, Gustavo Malajovich, en su novela “El jardín de bronce”[5] sitúa en una de sus oficinas a Doberti, un entrañable personaje. La introducción del capítulo 4 nos sirve como despedida: “Cuando llegó a la esquina de San José y Avenida de Mayo vio la mole del Palacio Barolo, como un ídolo gigantesco y en sombras que presidía las alturas. Solo Jonás desde el vientre de la ballena podría haber soñado este edificio. Era una catedral construida por alguien desesperado por volver a ser amado por Dios. El edificio era un mito absoluto, pero cuando Fabián cursó arquitectura descubrió que pocos lo tenían en cuenta… Nadie recordaba a Mario Palanti y sus edificios construidos con la materia de los sueños…[6].

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

Palacio Barolo: El Príncipe de la Avenida de Mayo
Palacio Barolo: El Príncipe de la Avenida de Mayo

REFERENCIAS

[1] http://www.pbarolo.com.ar/sitio/palacio-barolo

[2] Hilger, Carlos en https://www.facebook.com/note.php?note_id=165509440205717

[3] Según Aimé Michel, en http://alcione.cl/?p=703, la Naometría era una suerte de profecía apocalíptica de tipo místico. Su diseño lleva una cruz con una rosa en su centro. la simbología utilizada es una numerología basada sobre las proporciones del Templo de Salomón.

[4] Contreras, Leonel, “Rascacielos Porteños”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2005, p.72

[5] Bedrossian, Pablo https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/02/19/el-jardin-de-bronce-la-opera-prima-de-gustavo-malajovich-por-pablo-r-bedrossian/ Allí puede leerse mi comentario a esta magnífica novela.

[6] Malajovich, Gustavo, “El jardín de bronce”, Plaza Janés, 2012


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


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