INCONTINENCIA DIGITAL (por Pablo R. Bedrossian)

Adictos al celular 01.jpgLas redes sociales como Facebook, Twitter o Whatsapp han traído nuevas oportunidades y nuevos desafíos. Paulatinamente hemos ido aprendiendo a utilizarlas. Sin embargo, todavía persisten situaciones difíciles de manejar. Por ejemplo, debates en muros personales donde contactos que generalmente solo participan cuando alguien comparte contenidos que les incomodan, escriben decenas de comentarios, quizás sintiendo amenazados sus creencias o puntos de vista. Esas conversaciones muchas veces se desnaturalizan, pasando de discutir ideas a agredirse entre personas. En esos casos el titular del muro puede fijar las reglas o bloquear lo que considere inapropiado o inoportuno[1].

Más complejos son los debates en los foros y grupos que a veces parecen batallas encarnizadas. Desde luego, la discusión es buena y necesaria, pero debe haber reglas que garanticen las mismas oportunidades de participación para todos y eviten que unos pocos monopolicen el diálogo grupal.

Sin embargo, y solo se me ocurre comentarlo con humor, ha nacido una nueva patología a la que llamo incontinencia digital, padecida por personas aparentemente normales, cuyos síntomas son el envío reiterado a contactos, grupos y redes de mensajes, de todo tipo de fotos, chistes, comentarios políticos, oraciones cristianas, noticias, videos y archivos, aunque nadie se los pida. Los portadores de este síndrome muestran una enorme necesidad de comunicar; piensan que hacen un favor a los demás cuando solo se lo están haciendo a sí mismos. Envían a muchos los que nadie o muy pocos le piden.

Adictos a Facebook.jpgUno podría decir, por ejemplo, que si se trata de grupo de padres de un colegio, el incontinente digital pasaría inadvertido si sus mensajes fueran pertinentes a temas educativos. Sin embargo, la propia enfermedad lo impulsa a compartir noticias deportivas, memes, cadenas y recomendaciones de seguridad, incluso las provenientes de otros países. Lo peor es que se molesta si alguien cuestiona el exceso de mensajes o la impertinencia del tema para el grupo, aduciendo su derecho a la libre expresión y, en una típica actitud pasivo-agresiva, le indica a quien lo ha cuestionado que, si no le gustan sus opiniones, se retire del grupo. Desde luego, ignora que la mayoría lo detesta por sus excesos y que, si todos procedieran como él, mandando más de ocho mensajes por día, el grupo se desnaturalizaría.

Permítanme dar dos breves ejemplos. Sin mi anuencia, hace unos años me sumaron a un grupo para apoyar a un candidato en las elecciones de la Cámara de Comercio de la ciudad. Tiempo después, allí alguien que subía con frecuencia contenidos, posteó un comentario ácido y burlón hacia un grupo religioso que provocó la reacción de varias personas. Su excusa fue:

– Disculpen, no lo dije en serio; era para otro grupo.

Sin darse cuenta, su verborragia digital había revelado su verdadero punto de vista. Freud se estaría frotando las manos.

Adictos al celular 04El otro caso: Hace unas semanas en un chat comunitario una señora reaccionó contra alguien que no cesaba de enviar mensajes varias veces al día, todos los días. Obviamente el incontinente digital la acusó de cercenar la libertad de expresión, falta de tolerancia y otras expresiones que siempre tienen los que son incapaces de darse cuenta que la enfermedad está dentro de sí mismos. Frente a esta reacción, el esposo de la mujer lo desafió a pelear. El incontinente de inmediato se victimizó y dijo que el otro lo estaba amenazando y que lo iba a denunciar. Parecía una película con Freddy Kruger o alguna obra maestra de Boris Karloff. Finalmente, la sangre no llegó al río, pero fue evidente el malestar colectivo. Dejó de enviar mensajes un par de días, pero luego no pudo controlar sus deseos y repitió la historia. Finalmente, uno de los administradores del grupo lo eliminó.

En fin, no suelo leer esos mensajes ni ver sus videos, pero debo eliminar archivos con frecuencia pues se agota el almacenamiento de mi celular. Hay otros a los que se les agota la paciencia.

Resumiendo, estamos ante un nuevo tipo de adicción cuyo tratamiento eficaz aún se está investigando. Sin embargo, estoy seguro que si algún incontinente digital lee esta nota, olvidará que fue él quien utilizó el argumento de la libre expresión y me enviará decenas de mensajes, fotos, audios y videos afirmando que el enfermo soy yo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Sobre el tema, invitamos a leer nuestra nota “Reglas de Etiqueta en Facebook”, https://pablobedrossian.com/2015/12/05/reglas-de-etiqueta-en-facebook-por-pablo-r-bedrossian/

¿RELACIONES O CONEXIONES? (por Pablo R. Bedrossian)

handshake-01

Hace muchos años llegó a mis manos un pequeño libro de Bruce Larson, titulado “Ya no somos extraños”. Sostenía que vivimos en un mundo de relaciones y que la clave del éxito radicaba en aprender a relacionarnos. Hoy esta tesis ha quedado obsoleta.

A pesar que vivimos conectados a dispositivos, redes móviles y sociales, tenemos una profunda necesidad de conexión humana. La relación ofrece contacto; la conexión crea confianza. No es lo mismo conocer a alguien que entenderlo, hablar con él que comunicarnos.

¿FAVOR U OPORTUNIDAD?

Para una verdadera conexión es necesario el deseo genuino de establecerla. Basta observar cómo algunas personas atienden a sus clientes. Ud. entra a un comercio donde la única vendedora está hablando por celular. Cuando detecta su presencia, baja el teléfono a la altura del pecho y le pregunta:

interrupcion-celular– ¿Qué necesita?

– Quiero hacerle una consulta sobre algo que vi en la vidriera

De inmediato retoma la llamada y dice:

– Ahora no puedo hablar; enseguida te llamo.

Con esa frase le está diciendo dos cosas: que Ud. la está interrumpiendo y que espera que sea breve, porque lo que realmente desea es continuar su conversación.

UNA REGLA QUE PUEDE AYUDAR

¿Cómo hacer que las personas que sirven a clientes, sean externos o internos, entiendan que su punto de partida es establecer conexión?

Quizás pueda ayudar una sencilla regla de hotelería llamada “10, 5, primero y último”:

A 10 pasos, contacto visual; Ud. está diciendo “existes para mí”.

A 5 pasos, contacto verbal; Ud. toma la iniciativa. No espera que el otro lo haga.

Primero: Ud. es el primero en saludar e interesarse sinceramente en las necesidades ajenas.

Último: Ud. es el último en agradecer y despedirse; nunca deja al otro sin obsequiarle una respuesta positiva.

ESCUCHAR CON LA MIRADA

delegar-01Cierta vez un ejecutivo estaba trabajando en su computadora cuando se acercó un colega a hacerle una consulta. Sin levantar la vista de la pantalla, el ejecutivo le respondió mecánicamente. Su colega guardó silencio. Sorprendido el consultado le prestó atención. Su interlocutor prosiguió, no sin antes decirle:

– Por favor, apreciaría que me escuches con los ojos.

Si no sentimos que el otro es importante, no le prestaremos la debida atención. Será imposible establecer una verdadera conexión, pues, en lugar de centrarnos en él y sus necesidades, ocuparemos nosotros el primer lugar.

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados. El autor de esta nota es CEO de GO UP / Expertos en Negocios, http://www.goup-ca.com


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías son de dominio público.

 

CHISMES SIN PLUMAS (por Pablo R. Bedrossian)

Chisme 01¿Qué tienen en común el chisme y la calumnia?

El chisme es una noticia o comentario con el cual generalmente se pretende predisponer a una persona con otra;  la calumnia es una acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño.

Aunque el chisme puede ser verdadero o falso, y la calumnia es por definición una mentira, tienen mucho en común. Muchas veces comparten la misma intención, y aún, cuando no la tengan,  siempre producen el mismo efecto: lastimar a una persona ausente e indefensa ante una afirmación en contra suya. Ambas son formas de desacreditar a alguien en público. Tristemente, la difamación suele ser un arma asesina de uso frecuente.

“El chisme y la calumnia producen el mismo efecto: lastimar a una persona ausente e indefensa ante una afirmación en contra suya.”

Vivimos en un mundo donde las palabras absuelven o condenan aun cuando no las respalde ninguna evidencia.  Hay gente malintencionada y “trepadora” que se sirve cualquier ocasión para descalificar al otro o, simplemente, sentirse protagonista. Cuando algunos advierten las consecuencias de sus dichos se arrepienten; sin embargo, el problema no radica en su conciencia ni tampoco en el perdón que el damnificado le otorgue, sino en el acto cometido, que, como un cuchillo hundido en el abdomen, produce heridas que no paran de sangrar.

CHISMES SIN PLUMAS

Naturaleza muerta 01Se cuenta que una joven hizo un comentario negativo contra una compañera que no estaba presente para defenderse. Tiempo después se dio cuenta que su opinión estaba equivocada; a pesar de ello el rumor que generó se había extendido. Sinceramente preocupada, fue a consultar a su maestro. Él la observó unos momentos y le dijo.

–              ¿Quieres arreglar tu error? Ve al mercado, compra una gallina, mátala y desplúmala. Luego arroja las plumas a lo largo del camino.

La alumna obedeció la indicación y regresó al día siguiente, preguntando:

–              ¿Qué debo hacer ahora?

–              Junta todas las plumas y tráemelas.

Sin discutir, la joven revisó el camino recorrido y luego de varias horas halló cuatro plumas. Frustrada, regresó y volvió a preguntarle:

–              ¿Qué debo hacer ahora?

–              ¿Trajiste sólo cuatro? Debías traer todas las plumas y ponerlas en su lugar.

–              Tú sabes que eso es imposible.

–              Ya ves; lo mismo sucede cuando nuestras palabras señalan a otros injustamente.

Aun cuando el propósito no haya sido perjudicar a alguien, el efecto de emitir un juicio negativo sobre otra persona ante otra puede ser devastador. Debe ser esa una de las razones por la cual se dice que el hombre es dueño de las palabras que calla y esclavo de las que pronuncia. Cuidemos nuestras palabras hablando tal como quisiéramos que los demás hablaran de nosotros.

“Cuidemos nuestras palabras hablando tal como quisiéramos que los demás hablaran de nosotros.”

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

 

NOTA: SOBRE EL RELATO DE LAS GALLINA

El relato de la gallina desplumada ha llegado hasta nosotros de boca en boca, y tiene muchas variantes. La nuestra es una adaptación que hoy pertenece al saber popular.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

 

Acerca del dibujo: Fue descargado de la web; ignoro su autor.

Acerca de la foto: Fue descargada de la web;  ignoro su autor. Corresponde a una escultura de Ron Mueck, titulada “Still Life” -en español “Naturaleza muerta”-, de 2009.

 

CÓMO COMPONER CANCIONES (Parte 2)

Sin embargo, en cierta medida, el arte también puede ser aprendido. Es como recibir un diamante en bruto. La tarea del artista es tallarlo para proveerle ese fulgurante brillo misterioso y cautivador. Entonces, centrémonos en el  momento en que debemos  trabajar la inspiración que hemos recibido, y convertirnos en actores y protagonistas.

La música, como todo arte, es una forma de expresión. Uno saca afuera lo que tiene adentro.  Como expresión se integra al proceso de comunicación. Por eso, al escribir una letra y/o una música nos formulamos inicialmente dos preguntas: A quién me dirijo y qué quiero decirle.

Música y comunicación

Identificar el destinatario es reconocer su persona y su situación, sus convicciones y sus aspiraciones. Definir el tema de la canción es elegir el mensaje. El mensaje puede surgir de mis propios intereses (“lo que me interesa que el otro oiga”) o ser motivado en la necesidad del otro (“lo que al otro le interesa escuchar”). Por supuesto, hay muchas variantes pero es primordial comprender  que nuestra labor se inicia respondiendo estas dos cuestiones, que son simultáneas y concurrentes.

Obtenidas ambas respuestas nos formulamos la tercera pregunta: Cómo vamos a comunicar. ¿Cuál es el medio y cuál es la forma más adecuados para lograr el impacto que queremos?

El apóstol Pablo escribió “Tantas clases de idiomas hay, seguramente,  en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí”[1]. Para que podamos ser comprendidos primero hay que comprender al otro. Debemos ponernos en sus zapatos; si no lo hacemos nuestro mensaje puede ser percibido simplemente como ruido o voces sin significado.

© Pablo R. Bedrossian, 2012. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] 1ª Epístola a los Corintios 14:10-11, Santa Biblia, RVA, Sociedades Bíblicas Unidas