EL CURIOSO PASAJE PARTICULAR DE LINIERS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Esta angosta calle sin salida surge como un espacio extraño. Parece haber sobrevivido a los tiempos donde Liniers era parte del Partido de Flores, las reses pasaban guiadas por sus arrieros camino a los mataderos y bravos cuchilleros se batían en cualquier esquina.

Confluyen en él dos paradojas: aunque se accede exclusivamente desde la avenida Rivadavia, pasa inadvertido y pese a llamarse Pasaje Particular es un pasaje público. Nace en Rivadavia 11080 y su única cuadra tiene 5 metros de ancho por 80 metros de largo[1].

Es tan estrecho que cuando un auto estaciona, no hay paso para otro, a menos que ambos ocupen las diminutas aceras.

La mayoría de las catorce casas, siete de cada lado, son de una sola planta y lucen como si para ellas se hubieran detenido las agujas del reloj.

Su numeración va del 0 al 82

El cul-de-sac en el que termina el pasaje muestra un macetero ancho, rodeado de algunas otras macetas y el único arbolito de la cuadra.

Su atmósfera nos hace sentir como en una isla dentro de Liniers, pero con aroma a barrio. El viejo pavimento y las veredas angostas sugieren que no nació planificadamente pero no pudimos obtener datos de su origen o creación.

EL CASTILLITO

La casa más llamativa es la que se encuentra en su inicio, justo en la esquina oeste. Es una casa de dos plantas con aire de castillito. Las altas paredes son blancas, con base, motivos de ladrillos y celosías de color rojo.

Tal como indican los nombres grabados en la fachada, el diseño fue realizado de los arquitectos Zapiola Acosta y Froio mientras que la construcción estuvo a cargo de Pedro Lupardo. Aunque no sabemos la fecha exacta, creemos que la casa fue levantada alrededor de 1930. La obra se realizó por encargo del propietario, el Dr. Miguel Echechiquía. Este cirujano era hijo de un pionero del barrio que a finales del siglo XIX dirigió una famosa pulpería llamada La Blanqueada, que estaba ubicada en la actual esquina de la avenida Rivadavia y José León Suárez. Sin embargo, hasta donde sabemos, el castillito nunca alojó a la numerosa familia del médico sino al hijo de su casero[2].

Nicanor Zapiola Acosta, quien fue yerno de José Guerrico, Intendente de Buenos Aires entre septiembre de 1930 y febrero de 1932, había hecho el bachillerato en Suiza y cursado algunos años de Ingeniería en la UBA[3]. Junto a José Froio fue pionero en la construcción de viviendas en el flamante Parque Chas: en enero de 1925 terminaron las primeras 20 casas que hubo en ese barrio, levantadas sobre la recién nacida avenida La Pampa, entre la avenida Triunvirato y la calle Andonaegui[4].

ALGUNAS CURIOSIDADES

 El historiador y vecino del barrio de Liniers Ignacio Messina[5] entrevistó vecinos y obtuvo datos muy interesantes del barrio. Por ejemplo, en 1948 el cineasta Leopoldo Torre Nilsson filmó allí escenas de la película “Pelota de trapo” protagonizada por Armando Bó.

En la esquina este del Pasaje Particular y Rivadavia, frente al Castillito, hubo una fonda que cerró en 1957. En su lugar se improvisó una canchita de fútbol hasta que en la década del ’60 se levantó la sucursal del Banco Nación que ocupa el lugar actualmente. La medianera de este edificio, que da al pasaje, no posee atractivo alguno.

En el Pasaje Particular vivió el delantero de Vélez Sarsfield, Colón y Platense, Néstor Subiat, que luego emigró a Colombia y terminó su dilatada carrera deportiva en Francia.

UNA HISTORIA

Fue muy difícil obtener una historia de este pasaje cuyo nacimiento nos es desconocido. No sabemos si es cierta o pura leyenda el trágico relato que el dueño de un viejo bar de la zona nos compartió.

Ocurrió en el Pasaje Particular cuando aún era un callejón de tierra. Una noche sin estrellas dos jóvenes se batieron a duelo, el matarife Dalmacio Arenas y un compadrito apodado El Oreja; se disputaban una adolescente que vivía por la zona. Bajo la luz de un farol a querosén se trenzaron a chuchillo. La pelea fue corta. El matarife, diestro en el manejo de armas blancas, hundió la hoja en el vientre del compadrito que cayó sin emitir sonido.

“Es mía” se le oyó decir a vencedor que escapó a la carrera.

Al Oreja lo encontraron muerto a la mañana siguiente con la ropa cubierta de sangre coagulada. Pero también a la misma hora fue descubierto el cadáver de Dalmacio Arenas.

Después de la riña el ganador fue a buscar a la quinceañera. Cuando intentó escaparse con ella (al parecer la jovencita había jurado huir con el que ganara), el desesperado padre de la chica que no empuñaba un acero sino un revólver, disparó acertándole en la espalda. Calló el llanto de su hija de un sopapo, tiró el cuerpo del infortunado muchacho en un baldío y horas después metió a su hija en un convento. Años después, convertida en monja, se dedicó a asistir a los necesitados en San Cayetano, la iglesia que está en las inmediaciones; la imagen del santo había llegado en 1875 a Liniers, gracias a la Sociedad Hijas del divino Salvador, que fundó una capilla y un colegio dedicados al patrono de la Providencia.

UNA CURIOSIDAD

Algunos consideran que el barrio de Liniers nació el 18 de diciembre de 1872, cuando se inauguró la estación del ferrocarril. Era una zona muy poco poblada, más rural que urbana; formaba parte, como dijimos, del Partido de San José de Flores, que recién en 1887 sería incorporado a la Ciudad de Buenos Aires, por aquel entonces Capital Federal.

Uno de los pioneros, Salvador Cánepa, vivía con su familia enfrente del pasaje. Según Gabriel Turone “la familia Cánepa provenía de Génova, Italia. Se instalaron en 1865, siete años antes de la creación de Liniers, en una casa que hasta el 2004 estaba ubicada sobre la avenida Rivadavia 11065, entre Martiniano Leguizamón y el Pasaje Particular. Hoy existe allí un insulso Adidas Outlet Store”[6].

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.91. El historiador de Liniers Ignacio Messina dice 75 m.

[2] Messina, Ignacio, “Una cortada exclusiva en el centro de Liniers”, Cosas de Barrio, 20/05/2014, http://www.cosasdebarrioweb.com.ar/edi_anterior/noticia.php?not=5&ed=139

[3] Berjman, Sonia, sección “Notas y referencias” en “Historia de Parque Chas”, sin número de página, https://www.parquechasweb.com.ar/parquechas/historia/notas.htm

[4] Berjman, Sonia, “Historia de Parque Chas”, sin número de página, https://www.parquechasweb.com.ar/parquechas/historia/histo.htm

[5] Messina, Ignacio, Op. cit., sin número.

[6] Turone, Gabriel O., “Liniers en la época de Rosas”, Revisionistas, sin fecha, http://www.revisionistas.com.ar/?p=17408


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EL PASAJE HUGO DEL CARRIL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Detrás del flanco sur de la Estación Flores encontramos un colorido pasaje. Tiene una sola cuadra que corre entre las calles Bolivia y Artigas, y aunque hay espacio para que circule un vehículo, funciona como peatonal. De un lado se encuentra el magnífico edificio de la estación, que a la vez sirve de entrada al andén; del otro, sobresalen las medianeras de edificios de departamentos cuyas bases están decoradas con trocitos de cerámica esmaltada. Es el pasaje Hugo del Carril.

SIN TREN NO HAY PASAJE

A principios de 1854 la Sociedad Anónima del Camino de Fierro del Oeste obtuvo la concesión del primer ferrocarril argentino. Fue inaugurado el 29 de agosto de 1857. Partía de la Estación Parque (donde actualmente se encuentra el Teatro Colón) hasta la Estación Floresta[1]. La anteúltima parada era Flores.

No hizo falta expropiar los terrenos donde circulaban los trenes. Respondiendo a una solicitud del gobierno sus legítimos dueños cedieron voluntariamente pequeñas lonjas de tierra casi sin reparos[2]. Tal fue el caso de Inés Indarte de Dorrego, quien entregó un sector de su propiedad para la primera Estación Flores que fue ubicada sobre la calle La Paz (actual Caracas). Sin embargo, en 1863 un estudio determinó que la estación se encontraba en un pronunciado declive y que debía ampliarse para minimizar riesgos. Como Mariano Miró, yerno y heredero de Inés Indarte de Dorrego, se negó a ceder ese espacio, la estación tuvo que ser trasladada[3].

La Municipalidad de Flores[4] compró un terreno con las condiciones requeridas al vecino Ramón Romero. Luego lo ofreció a la Provincia de Buenos Aires quien el 5 de septiembre de 1863 decretó su aceptación y el traslado de la estación[5]. Ubicada en su nuevo emplazamiento en la calle Artigas comenzó a operar en enero de 1864

LOS JARDINES Y EL NACIMIENTO DEL PASAJE

En 1882 una ampliación en el tramo Once – Floresta obligó a hacer un rediseño integral de la estación. La obra fue inaugurada en 1885 proveyéndole su actual fisonomía[6]. Además de las vías férreas y los nuevos andenes se erigió un magnífico edificio del lado sur. Delante suyo se crearon jardines que daban a la calle Yerbal, de la cual estaban separados por una reja con tres accesos.

En 1890 los ferrocarriles pasaron a manos del consorcio británico Buenos Aires Western Railway. En 1923, a causa de la electrificación del servicio, los andenes fueron elevados. Con la nacionalización de los ferrocarriles ocurrida el 1º de marzo de 1948 el Ferrocarril del Oeste pasó a llamarse Domingo Faustino Sarmiento[7].

Por razones que desconocemos, entre 1945 y 1947 se loteó y se vendió el área parquizada que daba a la calle Yerbal. Según un trabajo de investigación de Federico Fiorini en el cual nos hemos apoyado, la venta se realizó entre el Ferrocarril del Oeste y propietarios particulares, apareciendo también entre los compradores el Estado argentino, que adquirió en ese momento la parcela más grande, que corresponde al actual pasaje Hugo del Carril[8]. Además, indica que aquella plaza desapareció “en algún momento entre los relevamientos topográficos de 1940 y 1965”[9].

Los edificios que se levantaron sobre el pequeño parque que daba a la calle Yerbal, cuya altura promedio es de cinco pisos, prácticamente crearon el pasaje que del otro lado tiene el magnífico edificio de la estación. Lamentablemente esas mismas construcciones dejaron oculto ingreso al ferrocarril y privaron a los vecinos de un área verde en diagonal a la Plaza Pueyrredón, más conocida como Plaza Flores.

DEL EMPEDRADO Y LA MALA FAMA AL CONJUNTO DE HISTORIA, ARTE Y COLOR

La franja adquirida por el estado argentino se convirtió naturalmente en la calle de acceso a la Estación Flores. El pasaje Hugo del Carril, cuyas entradas se encuentran en Artigas 142 y Bolivia 123, quedó ubicado entre la calle Yerbal y los rieles del Ferrocarril Sarmiento. Pasó a ser el lugar obligado de tránsito para miles de personas. Mostraba un incesante movimiento de día y una alta peligrosidad de noche. Sin embargo, ni siquiera tenía nombre. Lo recuerdo con su viejo adoquinado gris, sucio y a veces maloliente, poblado de vendedores ambulantes y de pasajeros que entraban y salían.

Sin embargo, el siglo XXI trajo cambios inesperados que revitalizaron ese espacio oscuro y despreciado.  El primero de ellos fue otorgarle un nombre. El 12 de julio de 2007 por la ley 2,383, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le asignó el nombre “Hugo del Carril” homenajeando al famoso cantante de tango nacido en el barrio de Flores.

Además, tras años de reclamos por parte de los vecinos, en 2014 el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dispuso la puesta en valor del pasaje. ¿Qué significaba? Realizar un conjunto de acciones que permitiera revalorizar esta vía peatonal, considerándola parte del patrimonio histórico y cultural de Flores.

En 2015 se inició la profunda transformación del pasaje. Se levantó el empedrado, se crearon una acera embaldosada y una calzada revestida de cerámicas separadas mediante monolitos y, sobre los muros posteriores de los edificios vecinos se reemplazaron los graffiti por murales de mosaicos esmaltados.

La renovación del pasaje fue parte de un programa de la Secretaría de Gestión Comunal y Atención Ciudadana del Gobierno porteño, de la Dirección de Participación Ciudadana y de la Comuna 7, entre cuyos comuneros de aquel momento se encontraba nuestro primo José Atamian, quien falleció en 2019 y recordamos con mucho cariño.

EL ARTE COMO CORAZÓN DEL PASAJE

Siguiendo el diseño de Marino Santa María, el mismo que realizó la famosa intervención de la calle Lanín en Barracas, se crearon una serie de postales gigantes utilizando trencandís, una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada inventada por Antoni Gaudí, y mosaico veneciano, nacido de una pasta de vidrio fundida a alta temperatura que otorga a cada pieza intensos colores brillantes. Esta técnica, adoptada por el artista en 2005, ha dado identidad a muchas de sus obras.

Bajo la dirección del propio Santa María el trabajo fue realizado en un lapso de tres meses por los mosaichistas (sic) Patricia Veras y Ariel Ferrazzano con la asistencia de Angélica López Alberti, Martín Romuzzi y Walter Corimayo.

Los motivos de los murales de mosaico incluyen a la primera locomotora que operó en la Argentina, “La Porteña”, que pasaba por la Estación Flores, al poeta Baldomero Fernández Moreno, al papa Francisco y naturalmente a Hugo del Carril, todas celebridades nacidas en el barrio.

En la ornamentación del pasaje también colaboraron las autoridades y alumnos del Escuela Técnica Fernando Fader, ubicada en el pasaje vehicular “La Porteña”, vecino a la estación.

Lamentablemente el mural de Hugo del Carril, instalado en la medianera de mayor altura tuvo problemas atribuidos al calor generado por una pizzería lindante[10]. Sin embargo, el pasaje ha mantenido su nueva y luminosa imagen y también ha permitido una mejor vista del edificio de la estación, que luce limpio y bien pintado a la fecha de nuestra última visita.

QUIÉN FUE HUGO DEL CARRIL

Nacido en 1912 en la avenida San Pedrito 256[11] del barrio de Flores, se dedicó a diferentes labores artísticas, descollando como cantante de tango y también como actor. Su consagración llegó con la histórica grabación que realizó en 1949 de la Marcha Peronista, a pedido del propio presidente Perón. En 1986 fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Falleció en 1989. Lo escuchamos cantar por televisión en nuestra niñez y lo recordamos como poseedor de una poderosa voz, una gran sonrisa y un impecable cabello corto engominado, muy al estilo de Grandes Valores del Tango. Hugo del Carril fue su seudónimo artístico; su verdadero nombre era Piero Bruno Hugo Fontana Bertani.

ANÉCDOTAS Y LEYENDAS

En una entrevista realizada a Ángel Prignano, vecino de Flores, encontré un sabroso relato que tiene que ver con el cantante y el barrio: “Hay una leyenda de Hugo del Carril que cortejaba a una muchacha que vivía en el Pasaje Renán al 1200, en las llamadas casitas municipales. Se apoyaba en un árbol chiquito para cantarle a la chica su serenata y dicen los vecinos que ese árbol se puede ver hoy que creció inclinado hacia la calle porque Hugo cantaba apoyado en el árbol hacia la ventana de la mujer”[12].

Otro dato que obtuve es que el pasaje de noche era tan peligroso que algunos lo apodaron “Emboscada” y que un grupo delictivo para convocarse allí sin delatarse usaban una expresión sonora parecida, “Nuez Moscada”.

Además, escuché una curiosa anécdota contada por un conocido que vive en la calle Bacacay:

Ya había oscurecido. Una banda de ladrones de poca monta estaba reunida cerca de la salida de la calle Bolivia. Mientras conversaban vieron pasar por el pasaje a un vendedor de golosinas con una carretilla. Entre el jefe de la banda y el trabajador se generó un diálogo que adapto:

– Pasá tranquilo. No te vamos a hacer nada porque nos das lástima.

– Los que dan lástima son Uds…

– ¡Cómo te atrevés! ¿Quién te creés que sos?

– Yo estuve ahí donde están Uds… Me agarró la “yuta” y tuve que pagar dos años. Cuando volví, mi hija me preguntó si iba a volver a lo mismo. Me dijo: “Porque si es así, me voy, no quiero perderte de nuevo”. ¿Uds. tienen hijos?

Se hizo un silencio sepulcral. El vendedor siguió su camino.

Al día siguiente el hombre iba ofreciendo chocolates por el pasaje cuando se le acercó uno de la banda y le rogó:

– Decime cómo hiciste.

Esa noche los vieron entrar a juntos en una iglesia evangélica sobre la calle Alberdi.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.31

[2] Fiorini, Federico, “Estación Flores: El progreso oculto”, HISBA, Lupano, 2013, Grupo 2, p.6 en nuestra separata; en la publicación la página lleva impresa el número 65. Los propietarios no cedieron la tierra por generosidad sino por conveniencia pue la llegada del ferrocarril aumentaba automáticamente el valor de sus terrenos.

[3] Fiorini, Federico, Op. cit., p.6 (65); en el original da como año 1853, pero se trata de un error.

[4] Flores era en aquel entonces un municipio cuya cabecera estaba en el actual barrio. que aún no era parte de la ciudad de Buenos Aires, sino un pueblo independiente. Recién en 1888 el pueblo de Flores fue anexado a la Ciudad de Buenos Aires cuya Provincia ya se había integrado a la Confederación Argentina en 1859.

[5] Fiorini, Federico, Op. cit., p.7 (66)

[6] Fiorini, Federico, Op. cit., p.9 (68)

[7] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[8] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[9] Fiorini, Federico, Op. cit., p.5 (64)

[10] Acta Nº 47, Junta Comunal de la Comuna 7, Apartado F, 21/11/2016

[11] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.203

[12] Kisielewsky, Sergio, “Diálogos, Angel Prignano, nacido en flores, especialista en los barrios porteños”, Página12, Lunes 8 de octubre de 2012, https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-205103-2012-10-08.html


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LOS PASAJES DE SAN JOSÉ DE FLORES: PESCADORES, SALALA Y GENERAL ESPEJO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Los pasajes Salala y Pescadores corren a los lados de la Iglesia de San José de Flores. Son públicos, peatonales y tienen una sola cuadra que se extiende entre la avenida Rivadavia y la calle Ramón L. Falcón.

Del lado este de la iglesia corre el pasaje Pescadores; nace en Rivadavia 6950 y termina en Falcón 2431.

Del lado oeste corre el pasaje Salala; nace en Rivadavia 6970 y termina en Falcón 2471.

A mitad del pasaje, a la altura de Salala 49, se abre un tercer pasaje llamado General Gerónimo Espejo. Esta corta y ancha vía, también peatonal, se extiende unos pocos metros, desde la pared de la iglesia hasta la calle Pedernera 48, formando una T con el pasaje Salala.

Son callejones oscuros debido a las altas paredes del templo. La última vez que los visité, a fines de 2019, tenían portones con rejas que se cerraban por las noches para evitar rateros, linyeras y cirujas.

EL PASAJE SALALA

Podemos dividir el pasaje Salala en dos partes. La primera entre Ramón L Falcón y el pasaje General Gerónimo Espejo; la segunda, entre el mismo pasaje y la avenida Rivadavia.

En la primera sección las casas están bien cuidadas y muestran toques de color; exhalan aroma a barrio pese a la ausencia de árboles.

Del lado de la iglesia hay una puerta de hierro con una placa que dice Oratorio de la Adoración Perpetua, espacio que forma parte del complejo de la basílica.

Hacia el final de la sección se ha terminado luego de largos años un moderno edificio.

Tras cruzar el pasaje Espejo, ingresamos a la otra mitad, ocupada en su totalidad por el edificio del Banco Nación, cuya alta pared conforma junto con la de la iglesia un espacio frío e impersonal.

EL PASAJE PESCADORES

Es un largo pasaje sin callejones a los costados. Aunque de algún modo parecido, es mucho más rústico y rudimentario que el Salala.

Las casas son más antiguas y bajas; el escaso colorido proviene de algunos murales.

En ocasiones he visto personas haciendo fila para ser atendidos por colaboradores de la iglesia. La elevada pared de la basílica y el matiz opaco de las casas le dan una atmósfera algo lúgubre.

Sin embargo, el tramo más cercano a la avenida Rivadavia posee más colorido y regala a la vista las mejores casas.

EL PASAJE GENERAL GERÓNIMO ESPEJO

Este breve pasaje nace en la calle Pedernera y termina en Salala, contra la pared de la basílica. De un lado tiene al Banco Nación; del otro, un edificio que tardó muchos años en ser construido.

Por esa demora y el aspecto de obra abandonada, el pasaje fue un lugar predilecto para indigentes y homeless y se caracterizaba por su suciedad.

Además, y a pesar que se habían colocado canteros, siempre había más de un avivado que estacionaba allí su automóvil, aunque estaba totalmente prohibido.

EL ORIGEN

Hemos dicho que los pasajes están íntimamente ligados a la iglesia de San José de Flores. El nombre Flores proviene de don Juan Diego Flores, cuya chacra ocupaba el barrio hoy que lleva su apellido. Este emprendedor lotificó parte de su propiedad y vendió algunos de esos terrenos. A su muerte en 1801 la finca pasó a manos de la viuda, Antonia Fuentes, y de su hijo adoptivo, Ramón Francisco Flores, quien decidió expandir la venta de tierras y fundar un pueblo que llevara el nombre de su padre. El trazado estuvo a cargo de Antonio Millán quien fuera administrador de Juan Diego Flores y era propietario de algunas de las tierras. En 1804 ya se lo conocía como el pueblo de Flores, que servía “como una parada casi obligatoria entre el pueblo de Luján y la ciudad de Buenos Aires”[1].

Sus límites iniciales quedaron establecidos por las actuales calles Aranguren (norte), Lautaro – Fray Luis Beltrán (este), Directorio (sur) y San Pedrito – Nazca (oeste). “Dentro de ese perímetro destinó una manzana para iglesia, otra para plaza principal (lo que hoy es la Plaza Pueyrredón y que en su origen fue tan solo una simple parada de carretas) y una tercera para corrales de abasto y matadero”[2]. La plaza Pueyrredón es más conocida como plaza Flores.

Con la autorización del virrey Sobremonte, se creó la parroquia o curato de “San José de Flores”, de límites más amplios. En 1806 se levantó la primera capilla vecinal sobre la calle Rivera Indarte, en la misma manzana de la actual iglesia. Sin embargo, el párroco Martín Boneo en 1830 se propuso levantar un templo más grande, de 36 metros de largo por 15 de ancho y ocho metros de alto, con frente a la Avenida Rivadavia.

Cuenta el Dr. Eduardo Balbachan, pionero y maestro en el estudio de los pasajes porteños, que la curia vendió terrenos en esa manzana para financiar la construcción. Entonces, entre 1930 y 1931, Pedro Pablo Roberts impulsó la creación del actual callejón Salala para valorizar las casas vecinas[3]. Posteriormente por una disposición municipal se creó un pasaje paralelo, hoy conocido como Pescadores.

EL CREADOR

Se sabe muy poco del creador del pasaje Salala, Pedro Pablo Roberts. Gabriel Turone sostiene que era oriundo de Gales, vecino de Flores y poseedor de una gran cultura. Dice además que se casó con doña Josefa Silveyra con quien procreó a Pedro Florencio Roberts, médico y benefactor, nacido en 1844[4]. Además, aunque no he podido conseguir el libro original, Turone no es el único que cita al primer texto sobre la historia barrial, “San José de Flores: Bosquejo histórico” del Rómulo Carbia, publicado en 1906, para comentar que Pedro Pablo Roberts había sido testigo de un fusilamiento múltiple ordenado por don Juan Manuel de Rosas en 1832: “Don Pedro Pablo Roberts, cuyas canas ostentan el rigor de 94 inviernos, recuerda perfectamente este hecho”[5]; este dato sugiere que haba nacido en 1812 y realizado aquel negocio inmobiliario con solo 18 o 19 años.

EL PASO DE LOS AÑOS

Recién en 1870 las calles de San José de Flores recibieron nombres. En 1878 se hizo cargo de la parroquia el padre Feliciano de Vita quien impulsó la creación la actual Basílica de San José de Flores, de dimensiones muy superiores a la iglesia anterior (65 metros de largo por 22 de frente). Los planos fueron elaborados por los arquitectos italianos Benito Panunzi y Emilio Lombardo y la obra fue dirigida por los arquitectos Andrés Simonazzi y Tomás Allegrini[6].

El templo católico fue inaugurado en 1883. El Banco Nación, diseñado por el arquitecto Carlos Nordmann, que está separado de la iglesia por el pasaje Salala y limita con el pasaje Espejo, es de 1910.

En 1913, detrás de la basílica se levantó el Círculo de Obreros Católicos proyectado por el ingeniero Agustín Carbone[7]. Desde luego todas estas obras hicieron que estos callejones cambiaran su fisonomía.  

Es muy poca la información adicional sobre estos pasajes y su evolución a lo largo del tiempo, así como del origen del pasaje Espejo. Por un plano de 1882 sabemos que ya existían los tres pasajes[8].

LOS NOMBRES

Ni Salala ni Pescadores, ni Espejo eran los nombres originales. Lo sabemos por una ordenanza del 27 de noviembre de 1893 que impuso estas nuevas denominaciones: Salala era anteriormente conocido como Brandsen[9]; Pescadores era conocido como Brown[10]. El mismo documento indicaba que el tercer pasaje pasaba a llamarse simplemente Espejo, reemplazando el nombre de Zapiola. Recién en 1984 por la Ordenanza N° 40.107 (Boletín Municipal Nº 17.427) adquiere su nombre completo: General Gerónimo Espejo[11]. Nótese que antiguamente la avenida Lastra de Villa Devoto se llamaba General Espejo.

Los tres nombres están vinculados al Ejército de Los Andes conducido por el General José de San Martín. Salala fue una victoria obtenida en Chile por Patricio Cevallos, oficial que reportaba al comandante Juan Manuel Cabot, en 1817[12]. Sus tropas estaban conformadas por fuerzas del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile.

Pescadores fue otro un combate, librado en 1820 durante la Campaña al Perú. Hay una anécdota sabrosa sobre esa batalla. Juan Pascual Pringles -por aquel tiempo teniente, luego conocido como el coronel Pringles– fue sorprendido por las tropas realistas de Gerónimo Valdez. Al verse derrotado se arrojó al mar, pero el general español le ayudó a salvarse y le perdonó la vida[13].

El General Gerónimo Espejo también formó parte del Ejército de los Andes. Mendocino, acompañó al General José de Sa Martín en toda la campaña libertadora. Luego participó en la Guerra con el Brasil y en las luchas internas argentinas colaboró con los generales Lavalle y Paz. Además de militar fue un notable cronista[14].

UNA BREVE ANÉCDOTA

Siempre que puedo trato de recoger alguna anécdota sabrosa. En esta ocasión debo la historia a un mendigo que había fijado en el pasaje Espejo su residencia, al aire libre, por supuesto. Su nivel educativo me sorprendió (“a mí me quebró la bebida” confesó). Resumo el relato que hizo:

Una anciana que iba a misa todos los domingos se encontró con un joven seminarista muy pintón en el pasaje Salala. Luego de saludarlo le dijo:

– A vos te gustan las mujeres, ¿no?

– Sí, pero mayor es mi vocación

– Pero si Dios no te mandara una mujer, ¿no te casarías?

– Solo si me la manda Dios, pero ¿cómo podría saberlo?

– Muy fácil: ponelo a prueba.

El joven se quedó pensando. Después de unos segundos respondió.

– Si mañana apareciese una chica con pollera roja, blusa blanca y un moño azul en el cabello y me dijera… no sé… ‘¡qué bello es este cielo!’… creería que viene de Dios.

El día siguiente llovió torrencialmente. El seminarista caminaba protegido por un paraguas por el pasaje Salala cuando por el pasaje Espejo apareció una joven completamente empapada con una enorme sonrisa, pollera roja, blusa blanca y un moño azul. Fue directamente hacia él y obviamente le dijo:

– ¡Qué bello este cielo!

El seminarista recordó en ese instante lo que había dicho del día anterior. La cubrió con el paraguas, comenzaron a conversar y pocas semanas después el aspirante a cura abandonó los hábitos para comenzar el noviazgo.

La viejita nunca más volvió a aparecer por la iglesia. Se tejieron todo tipo de conjeturas: que había muerto, que se había mudado, hasta que era un ángel que había visitado la iglesia. Le pregunté al mendigo que suponía él que había pasado:

– Contra lo que Ud. piensa, no era una tía de la chica. Creo que la muchacha estaba enamorada del seminarista desde siempre y no sabía como abordarlo. Cada misa para ella era una tortura hasta que se le ocurrió hablar con la viejita. Le dio un buen dinero para que encarara al seminarista y ejecutara el plan. La doña no era tonta y lo llevó a donde quería. Si aún vive, la vieja debe estar yendo a una iglesia en Liniers o Caballito…

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.16

[2] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Op. cit., p.27

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.44

[4] Turone, Gabriel, “Salala: Un pasaje de San Jose De Flores con historia”, Jóvenes Revisionistas Sitio Oficial, http://jovenesrevisionistas.org/salala-un-pasaje-de-san-jose-de-flores-con-historia/. No pude validar estos datos pues no tengo en mi poder la bibliografía citada por el autor.

[5] Carbia, Rómulo D. “San José de Flores, Bosquejo histórico”, Arnoldo Mobn y Hno., 1906, p.49. de acuerdo a Turone, Gabriel O., “Un día como hoy” del 28 de abril de 2019, https://www.facebook.com/2312748222384950/

[6] Gómez Aquino, Rosa, “Iglesias en Buenos Aires”, Del Nuevo Extremo, 2012, p.125. La autora al arquitecto Lombardo lo llama Lombardi.

[7] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.78

[8] “Plano de la Ciudad de Buenos – Aires Capital de la República Argentina de los suburbios Boca y Barracas al Norte y de los Pueblos limítrofes Belgrano y S. José de Flores…por J.B.A. BIANCHI. Publicación hecha expresamente para la Exposición Continental de 1882…”, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/ La flecha fue agregada por nosotros.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.473

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.447

[11] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.355

[12] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.161

[13] Iusem, Miguel, Op. cit., p.141

[14] Iusem, Miguel, Op. cit., p.67


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen parcial del mapa de Buenos Aires de 1882, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/. La flecha fue agregada por nosotros.

GRANDES OBRAS DE NORMAN FOSTER, EL GENIAL ARQUITECTO INGLÉS (por Pablo R. Bedrossian)

Norman Foster creó algunos de los edificios más originales e impactantes de fines del siglo XX y principios del siglo XXI. Como Zaha Hadid, César Pelli, Frank Gehry y Santiago Calatrava, logró unir estructura, tecnología y arte rompiendo con los moldes que lo precedían.

The Gherkin, la monumental creación de Norman Foster con forma de misil en Londres, Inglaterra; delante, las torrecillas de la St Andrew Undershaft Church

Nacido en 1935 en Manchester, Inglaterra, estudió arquitectura en su ciudad natal y luego hizo una maestría en la Universidad de Yale en Estados Unidos. Poco después de su regreso se asoció a Richard Rogers, otro extraordinario arquitecto; junto a él, Su Rogers y Wendy Cheesman conformó en Londres el legendario estudio Team 4 en los años ’60. Luego fundó su propio estudio que hoy está presente en más de 20 países y cuenta con unos 1200 empleados. Ha recibido el premio Pritzker, una especie de Premio Nobel de la Arquitectura,​ en 1999 y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2009.

EL MOVIMIENTO “HIGH-TECH”

Norman Foster tempranamente adhirió al High-Tech, que consagra los últimos adelantos industriales, tales como el uso del vidrio y del acero, a la arquitectura de su tiempo. Uno de los primeros frutos de este movimiento es el Centro Pompidou de París, del mencionado Richard Rogers, Renzo Piano y Peter Rice.

Centro Pompidou de París, una de las primeras muestras del movimiento High-Tech, creación de Richard Rogers, Renzo Piano y Peter Rice.

A primera vista podría decirse que el High-Tech era un movimiento rebelde e innovador; sin embargo, “exaltaba tecnologías que pasaban rápidamente a la historia. No es difícil ver en los edificios de Rogers y Foster una nostalgia por la maquinaria victoriana y una fría pasión por los últimos adelantos en materiales y métodos estructurales”[1].

LOS APORTES DE NORMAN FOSTER

Jonathan Glancey afirma: “a comienzos del siglo XXI, a Foster se le considera por unanimidad el arquitecto con más éxito del mundo… Esto se debe, por un lado, a su dinamismo y, por el otro, al gran equipo que le rodea… Pero más importante aún ha sido el hecho que su arquitectura ha conectado con su generación…”[2].

Vista interior de la cúpula del Reichstag, en Berlín, Alemania, creación de Foster

En nuestra opinión, Norman Foster es un genio creativo cuya ambición por innovar nunca se detiene. Se ha dicho que “los edificios de Foster realmente son high-tech; no pueden ser superados ni siquiera por algo que un inventor pudiera idear para un servicio de inteligencia”[3].

Los invitamos a conocer algunas de sus obras:

1. THE GHERKIN (“EL PEPINILLO”), EN 30 ST. MARY AXE (LONDRES, INGLATERRA)

Originalmente denominado Swiss Re Building, este edificio se encuentra cerca de la Tower of London (en español, la Torre de Londres). Cuenta con 40 plantas y 180 metros de altura. Parece sacado de una película futurista. Aunque se lo conoce como “El Pepinillo”, su diseño nos recuerda a un cohete, un misil o a una bala.

Construido por la empresa sueca Skanska, fue inaugurado en 2004. Por su sistema de ventilación, su esqueleto de acero y sus paredes de vidrio consume la mitad de la energía de un edificio tradicional del mismo tamaño. El diseño aerodinámico de Foster también busca aprovechar el flujo del viento.

Su peculiar aspecto y su imponente altura lo hacen visible desde largas distancias, habiéndose convertido en una de las construcciones más emblemáticas de la ciudad.

2. LA NUEVA CÚPULA DEL REICHSTAG Y LA REMODELACIÓN DEL EDIFICIO (BERLÍN, ALEMANIA)

La modernísima y espejada cúpula no es la única intervención de Norman Foster en el Reichstag, sede del Parlamento Alemán; el célebre arquitecto inglés fue el responsable de la remodelación completa del edificio que había sido levantado en el siglo XIX y luego devastado por los bombardeos de la 2ª Guerra Mundial.

La remodelación se realizó entre 1996 y 1999, respetando su fachada neoclásica. Foster comentó al respecto “El enfoque más simple hubiera sido destripar el Reichstag e insertar un edificio moderno en lugar del marco existente. Pero cuanto más nos fijamos en la conciencia del edificio, más nos dimos cuenta de que la historia aún resonaba en su interior y que no podíamos simplemente eliminarla”[4]. Por ello conservó la estructura original, manteniendo y destacando las diversas capas históricas que representa, uniendo pasado y presente.

La cúpula original del edificio hecha en metal y vidrio quedó seriamente dañada en 1933 cuando, un mes después del nombramiento de Adolf Hitler como canciller, un incendio provocado destruyó la sala plenaria del Parlamento Alemán. Luego, hacia el final de la 2ª Guerra Mundial, el Reichstag fue blanco de los soviéticos que erróneamente lo consideraban un emblema del dominio nazi. Durante muchos años aquel glorioso edificio quedó en ruinas. Sin embargo, tras la caída del Muro de Berlín, el gobierno decidió trasladar su sede a Berlín y remodelar el primitivo templo de la democracia alemana.

La actual cúpula vidriada creada por Norman Foster diferencia el viejo Reichstag del nuevo, el pasado del presente. Además su diseño 360º representa a la nueva Alemania surgida tras la caída del muro de Berlín: una nación unida y sin exclusiones.

Parece un enorme jardín de invierno cuya luminosidad representa transparencia. En su centro hay una suerte de embudo formado por 360 espejos.

Además, se puede pasear por las terrazas que la rodean, teniendo bellas vistas de la ciudad que estuvo dividida durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX.

3. JEFATURA DE GOBIERNO DE LA CIUDAD (BUENOS AIRES, ARGENTINA)

En una decisión estratégica, la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió trasladarse al sector sur de la ciudad. Para la nueva sede ubicada en el barrio de Parque Patricios, Norman Foster y su equipo diseñaron un edificio que ocupa toda la manzana.

La elección del vidrio para las paredes no fue casual: no solo inunda de luz natural las oficinas, sino que representa la transparencia que debe regir en la administración pública, promoviendo, además, la comunicación franca entre los colaboradores.

Este centro cívico de techo ondulado de hormigón a la vista fue inaugurado en abril de 2015. Puede albergar hasta 1,500 empleados. Posee un innovador diseño con un layout adaptable a los cambios de la estructura organizacional. Además, cuenta con terrazas internas donde se encuentran las estaciones de trabajo distribuidas en cuatro niveles y dos grandes patios.

La Casa de la Ciudad se encuentra en armonía con el entorno natural del parque adyacente y con la arquitectura de un barrio que supo tener una fuerte impronta fabril.

4. HEARST TOWER (NEW YORK, ESTADOS UNIDOS)

Subiendo por la 8 Av., muy cerca del Columbus Circle, el Lincoln Center y el Central Park se encuentra la obra más emblemática de Norman Foster erigida en Manhattan. Es la sede central de Hearst Corporation, un holding dedicado a la comunicación.

Inaugurada en 2006, la torre de vidrio y acero se levanta sobre un edificio de seis plantas construido en 1928, cuya fachada original se conserva.

El caminante se sorprende al ver este curioso diseño de 46 plantas y 182 metros de altura, sostenido y a la vez decorado por soportes triangulares que proveen una sensación de movimiento.

El edificio ha recibido varios premios de arquitectura y es el primer rascacielos ecoamigable de New York, con una gran cantidad de avances tecnológicos que reducen el consumo de energía y, a la vez, ofrecen un alto confort. La Hearst Tower es otra prueba de la triada distintiva de Foster: innovación, estética y solidez.

5. QUEEN ELIZABETH II GREAT COURT, MUSEO BRITÁNICO (LONDRES, INGLATERRA)

Se trata del gran salón de ingreso al Museo Británico. Una suerte de cilindro, en cuyo interior hay una magnífica sala de lecturas, ocupa el centro. Alrededor suyo, el techo está cubierto con un diseño teselado hecho en vidrio y acero, los materiales favoritos de Foster. Un teselado es un patrón de figuras que tapiza totalmente una superficie plana sin huecos ni figuras superpuestas.

Por décadas la Great Court estuvo ocupada por estantes de tres pisos de altura correspondientes a la Biblioteca Británica. En 1997, cuando la colección de libros fue trasladada a otro edificio, se abrió la oportunidad de recuperar este magnífico espacio.

Foster y su estudio convirtieron el patio interior del British en la plaza pública cubierta más grande de Europa. Inaugurada en 2000, también presenta restaurada la decoración original de 1846 con su vestíbulo neoclásico de entrada.

6. AYUNTAMIENTO DE LONDRES (LONDRES, INGLATERRA)

El Ayuntamiento de Londres está ubicado en la orilla del río Támesis, muy cerca del famoso Tower Bridge (en español Puente de la Torre). Realizado bajo diseño de Norman Foster, fue inaugurado en 2002. Su peculiar aspecto nos recuerda el caparazón de un caracol, aunque se dice que deriva de una esfera.

Con una superficie vidriada de tonalidades azules y grises ha embellecido la ribera en la zona de Southwark. Por dentro, una larga escalera en espiral llega hasta lo más alto de este llamativo edificio de 10 plantas.

7. MILLENNIUM BRIDGE (LONDRES, INGLATERRA)

Muy cerca de la St. Paul Cathedral (la Catedral de San Pablo) se encuentra el Millenium Bridge, un puente peatonal sobre el río Támesis cuyo original diseño, visto a la distancia, provee una sensación de sinuosidad. El diseño de Norman Foster y su estudio, en conjunto con Sir Anthony Caro y Ove Aru & Partner, cuenta con dos plataformas de soporte y un sistema de cables que lo hace colgante.

Tras ganar el concurso para su construcción en 1996, recién fue inaugurado en 2000; sin embargo, problemas de balanceo al soportar un alto peso durante su inauguración obligó a cerrarlo. Tras reforzar su estructura, fue reabierto en 2002; hoy es muy visitado por locales y turistas que al cruzarlo tienen la sensación de estar muy cerca del agua.

Un detalle curioso es que el film “Harry Potter y el misterio del príncipe” aparece el Millennium Bridge que es destruido por los “malos” de la película.

El genio de Norman Foster brilla a través de sus obras, siempre sorprendentes, consistentes e innovadoras. Nadie sabe aún cómo serán los edificios del futuro, pero estamos seguro que este extraordinario creador británico lo ha anticipado.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS

REFERENCIAS

[1] Glancey, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La Isla, 2001, p.205

[2] Glancey, Jonathan, Op. cit. P.206

[3] Kuhl, Isabel, Lowis, Kristina y Thiel-Siling, Sabine, “50 Architects you should know”, Prestel, 2017, p.114

[4] Capodiferro, Alessandra, “Wonders of the World”, Barnes & Noble Books, 2004, p.128


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“EL ATENEO GRAND SPLENDID”, QUIZÁS LA LIBRERÍA MÁS BELLA DEL MUNDO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Serie LIBRERÍAS MARAVILLOSAS DEL MUNDO

Solemos admirar los edificios por su fachada; no es común que su interior nos deslumbre más que su aspecto exterior. Sin embargo, la Librería El Ateneo Grand Splendid es uno de esos casos donde las profundidades son más luminosas que las superficies. Los invito a conocer su historia y a recorrerla.

Argentina es un país de ávidos lectores. Quizás por eso ha producido maravillosos escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ernesto Sábato. Buenos Aires, su capital, sigue siendo famosa por sus librerías. Incluso Umberto Eco al inicio de “El Nombre de la Rosa” hace mención de ellas:

“Si nada nuevo hubiese sucedido, todavía seguiría preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk; pero en 1970, en Buenos Aires, curioseando en las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del más famoso Patio del Tango de esa gran arteria tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Temesvar…”[1].

La más bella de todas es, sin duda, la librería El Ateneo Grand Splendid[2]. Ubicada en la Avenida Santa Fe 1860, entre la Avenida Callao y la calle Riobamba, fue originalmente un cine y teatro. Ahora, el espectáculo son los libros.

EL EDIFICIO

Por encargo del empresario discográfico Max Glücksman -un inmigrante austriaco que había llegado a los 15 años a la Argentina-, y bajo diseño de los arquitectos Rafael Peró y Manuel Torres Armengol, en 1917 se inició la construcción del Grand Splendid, inaugurándose en mayo de 1919. Aunque todos los artículos hacen referencia a “los arquitectos Pizoney y Falcope” a cargo de la dirección de obra, creemos que es un errónea referencia a los grandes constructores José Pizone y Luis Falcone. Pizone tuvo a cargo la construcción del Palacio Barolo, diseñado por Mario Palanti, y Falcone la construcción del Palacio de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, diseñado por Héctor Ayerza y Edouard Le Monnier.

Esta suerte de Catedral del Teatro contaba con 550 butacas distribuidas en cuatro niveles de palcos y una platea para 500 personas. Quizás el distintivo más importante lo constituya la pintura realizada por Nazareno Orlandi en su enorme cúpula. Es una representación alegórica de la paz que celebra el fin de la 1ª Guerra Mundial[3].

GRANDES VALORES DEL AYER

Por el Grand Splendid pasaron importantes personajes del tango, y a partir de 1920 Carlos Gardel grabó varios de sus discos en un estudio instalado en la parte superior del edificio[4]. En 1923, también en uno de los pisos altos, se instalaron los estudios de Radio Splendid. En su sala se estrenaron películas mudas argentinas y se proyectó la primera película sonora llegada al país, “La divina dama”.

DEL CINE A LA LIBRERÍA

Los tiempos cambiaron. La llegada de los complejos multisalas y los cambios en los hábitos del público en los ’90, inclinado hacia el alquiler de videos, produjeron una crisis en el negocio de los cines.

Procurando una salida, Rabeno Saragusti, responsable del Grand Splendid, el 14 de febrero de 2000 firmó un contrato de alquiler con la cadena Yenny, también propietaria de la Librería El Ateneo de la calle Florida. Cerró así las puertas al cine, pero ensanchó las de la cultura, conservando su belleza original. Las cuidadosas remodelaciones fueron llevadas a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone.

Hoy el hall de entrada está saturado de mesas y bateas con libros, CDs y DVDs, además de una pequeña sección de coleccionables y regalos. Pero al llegar a la sala de proyecciones uno entra en una atmósfera solemne bañada por una tenue luz. En el centro se abren escaleras mecánicas que conducen al subsuelo (área de CDs, DVDs y sala de lectura para niños); a ambos lados, una multitud de estantes exhiben libros de todo tipo de tamaño y color.

Al fondo, donde estaba el escenario, se encuentra una confitería, donde se puede tomar un café, dialogar con amigos o leer un libro.

Para acceder a los pisos superiores donde están los palcos se debe tomar un elevador. Allí se encuentra literatura, audio y videos especializados.

Para los que amamos la lectura, entrar a la Librería El Ateneo Grand Splendid es hacer realidad aquellas palabras que Borges atribuye a Ralph W. Emerson: “Una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad… tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan” [5].

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


NOTA

Casi a totalidad del presente artículo ha sido extraída de nuestro artículo “Librerías Maravillosas”, © Pablo R. Bedrossian, 2016, 2017, 2018. Todos los derechos reservados que puede leerse en https://pablobedrossian.com/2016/03/25/dos-librerias-maravillosas-por-pablo-r-bedrossian/


REFERENCIAS

[1] Eco, Umberto, “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Ed.,p.11

[2] El Ateneo es el nombre de una cadena de librerías argentina de la cual la que presentamos es una sucursal.

[3] Para los que quieran saber más sobre la hermosa pintura en el techo, recomendamos leer el artículo publicado por Hugo Petruschansky en la Revista La Nación, del diario del mismo nombre, el 18 de julio de 2004, que puede leerse en http://www.lanacion.com.ar/618516-cupula-del-grand-splendid-como-ver-la-obra

[4] Sobre Gardel y el sitio de sus grabaciones, hay una breve pero excelente nota de Eduardo Parise en http://www.clarin.com/ciudades/Ecos-Gardel-pieza-vacia_0_456554378.html

[5] Borges, Jorge Luis, “Borges Oral”, Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1979, 2ª Impresión, p.22


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LA MISTERIOSA CASA DE SANTIAGO DEL ESTERO 679-683 (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Caminando desde la Avenida Independencia por la calle Santiago del Estero, poco antes de llegar a la calle Chile aparece una curiosa construcción de dos plantas con reminiscencias medievales. Pintada de amarillo, llama la atención la fachada con un escudo, dragones, arcos ojivales y un balcón símil piedra. Todo un misterio.

No encontré ninguna descripción o documentación sobre la casa; ni siquiera aparece en el Inventario de Patrimonio Urbano de Monserrat que consulté, aunque allí se mencione la casa de enfrente (Santiago del Estero 674-678) [1]. Tampoco encontré información en “San Telmo & Monserrat”[2], un libro sobre el casco histórico de Buenos Aires, de modo que decidí iniciar mi investigación a través de los nombres de los arquitectos grabados en la fachada: Sabaté y Rubillo. Pienso que la inscripción hace referencia a Jorge Sabaté y Emilio Rubillo.

LOS ARQUITECTOS

Jorge Sabaté (1897-1991), nacido en Buenos Aires, fue una personalidad distinguida. Graduado de arquitecto en 1921 en la UBA, se dedicó a la actividad privada y pública. Entre otros logros, en 1930 ganó la Medalla de Oro en la Exposición Panamericana de Arquitectura y en 1931 el concurso para el edificio del gremio “La Fraternidad”. En 1935 pasó a laborar como Director Escenógrafo de la Compañía Argentina de Alta Comedia del Teatro Moderno. Entre 1938 y 1941 presidió la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y en 1941 obtuvo el Premio Municipal con el edifico de departamentos ubicado en Scalabrini Ortiz (ex Canning) 2910[3].

Posteriormente se dedicó a la función pública, teniendo un rol superlativo durante los primeros gobiernos peronistas, siendo Intendente de la Ciudad de Buenos Aires entre enero de 1952 y octubre de 1954, después de lo cual se dedicó a la actividad privada[4]. Es probable que esta obra corresponda a dicho periodo posterior.

Emilio Rubillo nació en Italia pero llegó muy joven a la Argentina. Obtuvo su título de técnico constructor en la Escuela Industrial Otto Krause y luego el de Arquitecto en la UBA en 1924[5]. Aunque no se conoce mucho de él, se destacan dos de sus obras: el Pabellón Maternidad del Hospital Iturraspe en Santa Fe (1937 – 1940) y el Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández (más conocido como Hospital Fernández) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1939-1949), esta obra junto a los arquitectos Francisco Achával Rodríguez y Luis E. Bianchetti[6].

No encontramos evidencias documentales que hayan trabajado juntos, pero fueron contemporáneos y no conocemos otros arquitectos con esos apellidos que hayan podido colaborar para ese diseño.

EL ESCUDO

En vista que no pude avanzar más por ese derrotero, consulté a un grupo de personas interesadas en la Heráldica; les compartí la imagen del escudo que se encuentra en la parte superior de la fachada, de forma circular, con un yelmo en el centro sobre una flor de ocho pétalos.

La respuesta fue unánime: no es un escudo de armas; simplemente se trata de un adorno. Sin embargo, también agregaron que el uso del yelmo corresponde a las familias Casco[7], Cascos y Lamich[8], entre otras. No sabemos a ciencia cierta si el escudo ornamental guarda o guardaba alguna relación con la familia que ordenó su construcción.

LA FACHADA

Finalmente, consulté a un arquitecto catalán sobre la fachada; basado en las fotografías que le envié, formuló una serie de hipótesis muy interesantes que deseo compartir:

“Sobre la casa que me envías, no tiene un estilo definido, por los elementos diría que es de origen mediterráneo oriental; sirio, libanés, egipcio, turco o quizás tunecino. La parte superior es un frontón triangular achatado o sobrebajado… esas figuras superiores son minaretes, del arte musulmán -en referencia a las torrecillas a los extremos del frontón-, pero la cruz que corona dice que son coptos, o sea de religión cristiana en territorio musulmán.

Las ventanas góticas venecianas se popularizaron por todo el Mediterráneo, incluidas zonas árabes; el balcón no es ni colonial, ni español, ya que no tiene barandillas; sólo es de decoración. La puerta principal es de medio punto con un aire morisco, igual que los frisos que remarcan los contornos de las puertas y ventanas; el escudo es morisco con un casco militar de un cruzado, y las figuras parecen ser un dragón, que protege la casa, algo muy habitual en los pueblos mediterráneos.

Por todo eso yo creo que podría ser una casa de un pequeño comerciante libanés, parte de una comunidad muy numerosa que llegó a la Argentina, sobre todo a la zona del Río de la Plata, a principio del siglo XX; la casa la dataría en la década de los 30 o 40 del siglo pasado, y el apellido Sabaté es de origen catalán”.

EL MISTERIO

Como se puede observar, son todas conjeturas. Salvo las imágenes, no tenemos aún ningún soporte documental para conocer ni el origen ni la historia de la casa (cuyo color amarillo, además, no parece ser original). Por eso, esta es una nota abierta, un texto que busca ser reescrito a partir de información provista por sus lectores. Su único mérito hasta ahora -me parece- es presentar una casa única en su especie en su barrio y, quizás, en todo Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela; Saiegh, Diana; Santaló, Alicia, “Buenos Aires Monserrat 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.38

[2] Schmidt, Claudia (textos) y Pedroza, Gustavo (fotografías), “San Telmo y Monserrat – Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Secretaria de Cultura, 2003

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, 2004, Tomo s/z, p.9

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo s/z, p.10

[5] Parera, Cecilia, “Arquitectura Pública: entre la Burocracia y la Disciplina – Intervenciones de Nación y Provincia en territorio santafecino durante la década del 30”, Doctorado en Arquitectura, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de La Plata, Octubre 2012, p.263

[6] https://www.modernabuenosaires.org/obras/20s-a-70s/hospital-general-de-agudos-dr-juan-a-fernandez

[7] https://www.heraldrysinstitute.com/lang/es/ricerca/?search=Casco

[8] https://www.armoria.info/libro_de_armoria/LAMICH.html


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EL EDIFICIO DEL MOP (por Pablo R. Bedrossian)

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Avanzando por la Avenida 9 de Julio de norte a sur uno encuentra una enorme mole hormigonada de líneas rectas y color blancuzco que obliga a desviar el camino. Los turistas se detienen a fotografiar allí un rostro de Evita a gran escala en acero, que de noche se ilumina; además hay una imagen en el mismo estilo del otro lado. El paso incesante de vehículos delata que es el único edificio sobre la “avenida más ancha del mundo”, ubicado en la manzana donde la Avenida Belgrano y la calle Moreno interceptan a la 9 de Julio y a su colectora oeste, la calle Lima. Fue construido como sede del Ministerio de Obras Públicas, por lo que se lo conoce por sus siglas, el “Edificio del MOP”.

Ubicado en el barrio de Monserrat, fue uno de los primeros rascacielos racionalistas de la ciudad, con 93 metros de altura[1].  

EL RACIONALISMO

Llegando muy poco después del Art Decó, que había nacido en 1925, y conviviendo por un largo tiempo con él, apareció el Racionalismo: una arquitectura basada en la razón, cuyos diseños se basaban en volúmenes geométricos simples despojados de ornamentos. No es aventurado decir que renunciaba a la estética para privilegiar la función; se servía para ello de materiales de última generación, como el hormigón y el acero. 

LA HISTORIA

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. El 26 de noviembre de 1933 se promulgó la ley 11.714 que cedía el terreno ocupado por las calles Moreno, Lima, Aroma y la futura 9 de Julio para la construcción del edificio del Ministerio de Obras Públicas, que el Estado mismo financió[2]. La calle Aroma mencionada allí era un pasaje anteriormente conocido como la Calle del Pecado que corría entre las calles Moreno y Belgrano, que aún no había sido convertida en avenida.

Las obras de iniciaron el 15 de noviembre de 1934, con diseño del Arquitecto Alberto Belgrano Blanco[3] y fueron dirigidas por el ingeniero Marcelo Martínez con la supervisión del propio Arquitecto Hortal. La empresa constructora de José Scarpinelli levantó la estructura de hormigón en solo 138 días hábiles. Sigamos el relato de Leonel Contreras “La idea original de Hortal era levantar en la futura Av. 9 de Julio un centro cívico monumental que comenzaría con el Ministerio de Obras Públicas. Sin embargo, en 1936, en plena construcción del edificio, el Intendente Mariano de Vedia y Mitre dispuso que el ancho de la futura avenida debía tener 140 metros, con lo cual debían ser demolidas en su totalidad las manzanas existentes entre Bernardo de Irigoyen – Carlos Pellegrini y Lima – Cerrito. A pesar de que se intentó dar marcha atrás con la construcción, el edificio fue terminado, inaugurándose en septiembre de ese año” [4].

EL EDIFICIO

Articulado en forma de U con el espacio abierto hacia la calle Lima, el Edificio del MOP cuenta con planta baja, 22 pisos, una azotea (donde se construyó la vivienda para el intendente del edificio) y una terraza, además de dos sótanos. Cuando fue inaugurado el acceso principal quedó ubicado frente a la desaparecida plaza Moreno, donde luego pasaría la Avenida 9 de Julio, y se crearon dos entradas auxiliares sobre las calles Aroma y Moreno.

Aquellos que han visitado el edificio seguramente se detuvieron a observar el amplio hall de entrada con su gran escalera, cuya estética se encuentra alterada por los controles y dispositivos de seguridad. En años anteriores pude visitar algunos pisos, todos muy espaciosos, con techos altos y anchos pasillos, algo propio de los gobiernos de aquella época que querían comunicar el poderío y la solidez del Estado.

LA PLAZA MORENO

La plaza Moreno (originalmente llamada Montserrat y luego Belgrano hasta recibir su nombre definitivo) desapareció con la apertura de la Avenida 9 de Julio. Se ubicaba donde hoy se encuentra la entrada principal del Edificio del MOP.

Ocupaba un amplio terreno que en algún momento fue llamado “el hueco de Monserrat”. Allí funcionó la poco conocida Plaza de Toros porteña. A principios del siglo XX el predio había sido propuesto para una “casa modelo para ejercicios físicos” y luego para un “instituto del profesorado secundario y colegio nacional anexo”, iniciativas que, desde luego, no prosperaron.

LA CREACIÓN DE LA AVENIDA 9 DE JULIO

En 1899, cinco años después de la inauguración de la Avenida de Mayo se proyectó una avenida similar que corriera de sur a norte. Recién en la década del ‘30 la idea comenzó a materializarse. Era una excelente oportunidad para contar con una avenida única y distinguida.

Cuenta Leonel Contreras que: “El arquitecto Ernesto Vautier, por ejemplo, estableció los usos y perfiles edificables a ambos lados de la futura arteria, proponiendo incluso una serie rítmica de edificios de 100 metros de altura a cada lado de la misma”[5]. El primer tramo se inauguró en 1937 entre las calles Tucumán y Bartolomé Mitre, sin incluir en ese momento el área donde se había levantado el Edificio del MOP. Aunque originalmente se pensó darle un ancho similar a la Avenida de Mayo (33 metros) poco después terminó ganándose la fama de “la avenida más ancha del mundo” al ampliarse a 140 metros, por la mencionada decisión del Intendente.

Sin embargo, el ensanche tomó su tiempo para llegar al Edificio del MOP, pues la ampliación de la Avenida 9 de Julio entre las calles Bartolomé Mitre y la Avenida Belgrano se realizó recién entre 1944 y 1947 quedando la fachada del edificio frente a la flamante Avenida 9 de Julio.

LA CALLE AROMA

Hoy solo persiste su nombre en una callecita de dos cuadras en el Bajo Flores. Según Diego Zigiotto, el antiguo pasaje tenía forma de L y corría entre la calle Belgrano y la calle Lima[6]. El plano[7]  y las fuentes documentales[8] a los que hemos accedido coinciden en describirlo como un pasaje en línea recta entre la Avenida 9 de Julio y la calle Lima. No tenemos certeza absoluta.

Calle Aroma – Vista aérea de Buenos Aires 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

Su nombre no se debía a ningún olor pestilente sino a una mala ortografía de Arohuma[9], palabra que recuerda la victoria de los patriotas Esteban Arce y Bartolomé Guzmán en Bolivia, el 15 de noviembre de 1810, frente a las tropas realistas[10]. De un modo u otro, la vieja Calle del Pecado, llamada desde 1893 Aroma, fue demolida en la ampliación que convirtió a Belgrano en Avenida en 1950. La manzana que delimitaba junto a la 9 de Julio, la calle Lima y la calle Belgrano también desapareció y en la actualidad su superficie está ocupada por el estacionamiento anexo al Edificio del MOP y una plazoleta.

PROYECTOS ASOMBROSOS

Siendo niño, mi abuelo materno me contó que cuando se inició la ampliación de la Avenida de Mayo hubo una propuesta que en aquel momento no creí pero resultó cierta: Alguien sugirió mover con rodillos el Edificio del MOP y trasladarlo a un terreno cercano. Desconozco que tecnología se hubiera podido utilizar para mover semejante gigante de hormigón, pero tal como me dijo mi querido abuelo Manuel, la idea se descartó porque resultada más caro traer las máquinas para desarraigar el edificio y movilizarlo que derrumbarlo y volverlo a levantar.

Hubo otro proyecto más ambicioso y con mayor sentido, concebido por el Arquitecto José Álvarez; se trataba de construir sobre la 9 de Julio un edificio gemelo al del MOP y luego unirlo al original como una suerte de arco triunfal[11]. También quedó en el olvido.

 NUMERACIÓN

El Edificio del MOP es el único que se mantiene en pie en la Avenida de Julio. Curiosamente se le asignó la numeración 1925, y no algún número entre 301 y 399, como sus paralelas. La razón es sencilla: siendo la única vía vehicular que no cambia de nombre al cruzar la Avenida Rivadavia, la numeración sigue siendo la iniciada en la Avenida del Libertador[12].

CURIOSIDADES:

* EL MONUMENTO A LA COIMA

Se dice que el Arquitecto José Hortal, cansado de los atrasos en la construcción del edificio y de las “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó al artista italiano radicado en la Argentina Troiano Troiani la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, el  “Monumento a la Coima”, con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende una enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva.

Las estatuas no aparecen ni en el proyecto, ni en los planos, ni archivos, así que nadie puede corroborar si esa versión es cierta[13].

* EL RENUNCIAMIENTO DE EVITA

El hecho histórico de mayor envergadura que tuvo lugar en el Edificio del MOP fue el famoso “discurso del renunciamiento”, dado por Eva Duarte de Perón, Evita, el 31 de agosto de 1951 ante una multitud estimada en dos millones de personas.

Anunció allí su “renuncia indeclinable” a ser compañera de fórmula, en carácter de vicepresidente, de su esposo Juan Domingo Perón. Fallecería al año siguiente, víctima de un cáncer de útero.

* EL ROSTRO DE ACERO

Considerados por algunos murales de acero y por otros gigantografías en el mismo material, dos enormes rostros de Evita se destacan sobre las caras del Edificio del MOP que miran a la calle Moreno y a la Avenida Belgrano.

Esta obra doble del escultor Alejandro Marmo está inspirada en la imagen del Che Guevara en la Plaza de la Revolución de La Habana; para su ejecución se basó en un diseño que él mismo y el artista plástico Daniel Santoro realizaron en forma conjunta.

* LA PRIMERA TRANSMISIÓN DE TV

Desde el Edificio del Ministerio de Obras Públicas (hoy Ministerios de Salud y Ambiente y Desarrollo Social) se realizó el 24 de septiembre de 1951 la primera transmisión televisiva de la Argentina. Para ello se instaló una antena en el techo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Por ejemplo, el Edificio Mihanovich de 20 pisos y 80 metros de altura fue terminado en 1928 (ver nuestro artículo “El Edificio Nicolás Mihanovich”, https://pablobedrossian.com/2017/11/19/el-edificio-nicolas-mihanovich-por-pablo-r-bedrossian/, 2017); el Edificio Comega de 88 metros de altura fue erigido en 1933, con tres sótanos, planta baja, 21 pisos altos y un mirador en la terraza. El Edificio Safico de 92.3 metros de altura fue inaugurado en 1934 con 3 subsuelos, planta baja, 10 pisos en bloque y 15 pisos en torre escalonada. El Edificio Kavanagh fue levantado en 1936 con 120 metros de alto.

[2] Contreras, Leonel, “Rascacielos porteños – Historia de la Edificación en altura en Buenos Aires (1580-2005)”, Temas de Patrimonio Cultural nº 15, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 1ª Edición, 2005, p.109

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[4] Contreras, Leonel, Op. cit., p.109

[5] Contreras, Leonel, Op. cit., p.108

[6] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p. 243,244

[7] Mapa Interactivo de la Ciudad de Buenos Aires, Vista aérea, 1940

[8] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.36

[9] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.19

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit.  p.36

[11] Contreras, Leonel, Op. cit., p.110

[12] Zigiotto, Diego, Op. cit., p.243

[13] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio/†


AGRADECIMIENTO

Gracias a Alejandro Daniel Machado, uno de los grandes especialistas en edificios porteños, por su ayuda en la búsqueda de información.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la fotografía de la vista aérea de la calle Aroma, Buenos Aires, 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

EL PASAJE SANTAMARINA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”  

Esta nota está dedicada a la memoria de Fabio Perlin, incansable investigador de Buenos Aires, sus detalles y arquitectura (1966-2018).

Ubicado en el barrio Monserrat, a pocas cuadras de la Casa Rosada y de San Telmo, el Pasaje Santamarina es uno de los más interesantes de Buenos Aires. Es una ancha vía peatonal privada que transcurre a cielo abierto durante la mayor parte de su trazado.

Sirve como pasillo central de un edificio en forma de L con salida a dos calles. El pasaje – al que se accede desde México 750 y Chacabuco 641– corre por dentro del cuadrante noreste de la manzana formada por las calles México, Chacabuco, Chile y Piedras.

Dibujo por el Arq. Rolando Schere, tomado del libro “Buenos Aires Monserrat 1580-1970″, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105, de Aslan, Joselevich, Novoa, Saiegh y Santaló

La fachada sobre la calle México es más ancha que la que la ubicada sobre la calle Chacabuco. La construcción fue levantada entre 1914 y 1915 por el arquitecto alemán Carlos Nordmann. Posee tres plantas, ofreciendo 35 viviendas de alquiler, 17 en la planta baja y 18 en primer y segundo piso.

Un grupo de expertas explica que “el pasaje Santamarina responde a la tipología de casa de pasillo en planta baja y dos pisos altos, con viviendas en frente que alternan con patios abiertos. Su fachada afrancesada marca un eje central con la puerta de doble acceso al pasaje y dos ventanas apareadas en las plantas superiores”[1]. El arquitecto Rolando Schere agrega algo que comprobamos personalmente: “a algunas viviendas se accede directamente desde las calles exteriores, mientras que al resto se ingresa desde el pasaje, o bien a través del patio que posee cada una, o bien desde los núcleos de escaleras que llevan hasta las unidades de los pisos altos”[2]. La entrada por la calle México es la más suntuosa. Detrás del portón de hierro negro, aparecen intercalados sobre el camino al aire libre una serie de arcos en línea recta con finas molduras sobre los cuales asientan secciones del edificio.

Una palmera inclinada se ubica justo donde el pasaje gira 90º y comienza el tramo hacia la calle Chacabuco. Este brazo es más angosto, sin embargo, es un excelente espacio donde admirar las puertas y las ventanas con persianas pintadas de verde, incluyendo los balconcitos de los pisos superiores.

En esa sección hay algunos llamativos muros curvos. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero en el estudio de los pasajes porteños, nos provee un dato histórico: “al pie de la palmera se instalaba el ayudante del portero enfundado en su librea, en la década del ’20 controlando los dos accesos”[3]. El Pasaje Santamarina crea una atmósfera íntima, embellecida por macetas con diversas plantas a ambos lados y, a la vez, blindada por sus altas paredes.

La salida por la calle Chacabuco tiene algunos detalles elegantes en la fachada, como un balcón de doble puerta con persianas cubierto por un solo arco.

Con su piso de pequeñas baldosas rojas, su dulce quietud y su fragancia a barrio, el Pasaje Santamarina es uno de esos rincones de Buenos Aires que lo hacen único.

LOS DUEÑOS

El proyecto lleva el nombre del empresario orensano Ramón Santamarina (1827-1904), dedicado a la ganadería y a la administración de bienes raíces. Desde muy joven, estableció  su centro de operaciones la ciudad de Tandil, donde hoy una plaza, una avenida y un monumento llevan su nombre. En 1890 fundó la empresa “Santamarina e hijos”.

El pasaje era propiedad de la esposa, doña Ana Irazusta, debido a que su esposo se había quitado la vida. Sus hijos ocuparon cargos importantes, como la presidencia del Banco Nación, diputaciones y senadurías nacionales y la presidencia de la Sociedad Rural Argentina[4]. Incluso uno de ellos, Enrique, fue vicepresidente de la Nación en el gobierno de José Félix Uriburu que derrocó a Hipólito Yrigoyen en 1930.

EL ARQUITECTO

Carlos Nordmann (1858-1918) nació en Hannover, que en aquel momento era territorio prusiano, donde estudió arquitectura. Llegó a la Argentina en 1883 contratado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para dirigir las obras de palacio legislativo.

Luego trabajó con el reconocido arquitecto Juan A. Buschiazzo, hasta que finalmente puso su propio estudio. Fue un prolífico arquitecto “Entre sus obras se destacan el Hospital y Escuela Ramón Santamarina y la Iglesia Santa Ana de Tandil y varias sucursales del Banco Nación”[5], incluyendo la de San José de Flores[6].

Sucursal del Banco Nación en el barrio de Flores, diseñado por Carlos Nordmann. A la izquierda, la Iglesia de San José de Flores de la cual está separada por el pasaje peatonal Salala.

Además realizó muchos otros proyectos, como el Torreón del Monje de Mar del Plata y varios edificios en la Avenida de Mayo (en su mayoría demolidos). Fue considerado en su época el típico arquitecto de Barrio Norte, donde realizó una amplia variedad de edificios y casas, incluida la suya propia en Juncal 1442. Residió en la Argentina hasta sus últimos días. Hay un blog dedicado a su obra, creado por nuestro recordado amigo Fabio Perlin[7].

CURIOSIDADES

Hay un blog privado que se llama Pasaje Santamarina.

Aún sobrevive dentro del edificio un viejo cartel que habla de escupir en las saliveras.

En una de las puertas que da a la calle México y sirve de acceso directo a una de las viviendas, se encuentra la Casa del Veterano de Guerra.

También en el edificio tuvo su atelier -luego trasladado a Vicente López- el premiado arquitecto Claudio Vekstein, autor del diseño de varios monumentos porteños.  

Sin embargo, creo que la mayor curiosidad la constituye una vecina que vivía sola, doña Sara F., quien hace muy pocos años tuvo la osadía de montar en su departamento un pequeño restaurante. La señora había visitado La Habana y quedó fascinada con los míticos paladares, comedores caseros que permiten a los cubanos ganar buenos dólares con el turismo, en su ingeniosa lucha por la supervivencia.

Como es un pasaje privado, debía mantener el negocio en secreto: no podía poner anuncios ni divulgarlo entre vecinos. Hizo contacto con empleados de una empresa de la zona y comenzó a recibirlos, abriéndoles el portón de la calle México rigurosamente a las 12.10 del mediodía de lunes a viernes. Doña Sara F. cocinaba muy bien, y consecuentemente la clientela comenzó a crecer. Un día llegaron más comensales que espacios disponibles, ocurriendo algo inesperado: dos personas comenzaron a pelear en la puerta, pujando por entrar. Los gritos alertaron a los vecinos que de inmediato tomaron conocimiento de lo que sucedía.

El escándalo obligó a prohibir la entrada a los visitantes del restaurante clandestino. Sin embargo, el negocio no cerró: los mismos vecinos que protestaron, quedaron cautivados por el aroma de los platos de doña Sara F. que, como buena emprendedora, supo adaptar su negocio y comenzó a cocinar para los residentes del pasaje.

Aunque ella adujo el cobro de una herencia, muchos atribuyen a las extraordinarias ganancias generadas por sus comidas la posterior mudanza de la mujer a un edificio de la Avenida Alvear, donde ahora cocina para sus nuevos vecinos.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela; Saiegh, Diana; Santaló, Alicia, “Buenos Aires Monserrat 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105

[2] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.38

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.26

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.60

[5] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.200

[6] Schere, Rolando H., Op. cit., p.78

[7] Perlin, Fabio, “Arquitecto Carlos Nordmann: Catálogo on line de su obra y proyectos”, http://arquitecto-nordmann.blogspot.com/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, salvo el dibujo por el Arq. Rolando Schere, tomado del libro “Buenos Aires Monserrat 1580-1970″, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105, de Aslan, Joselevich, Novoa, Saiegh y Santaló

EL PASAJE RODOLFO RIVAROLA, LA ÚNICA CALLE EN ESPEJO DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Si desde el Pasaje de la Piedad avanzamos por la calle Bartolomé Mitre, poco antes de la calle Talcahuano a mano izquierda nos sorprenderá el Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola. Este pasaje que es, en realidad, una calle corta -su única cuadra se extiende desde Bartolomé Mitre 1325 hasta la calle Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1330- tiene un llamativo mérito que lo vuelve único: su simetría, pues los edificios de un lado son exactamente iguales a los edificios del otro.

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Desde luego, este diseño no es producto ni de la imitación ni de la casualidad. El proyecto fue realizado por Petersen, Thiele y Cruz entre 1924 y 1926. Fue su idea abrir el pasaje “perforando” una típica manzana, que originalmente tomó el nombre de la empresa inversora, la compañía de seguros La Rural. En la actualidad el tránsito vehicular corre de sur a norte.

La construcción estuvo a cargo de la empresa Geopé (Compañía General de Obras Públicas S.A.)[1] , de capital alemán, que levantó magníficos edificios como el Correo Central y el Colegio Nacional de Buenos Aires y concretó obras muy famosas como el Obelisco porteño o “La Bombonera”, el estadio de Boca Juniors.

LOS EDIFICIOS DEL PASAJE

Los edificios del Pasaje Rivarola poseen un inconfundible aroma parisino, debido a su estilo Beaux Arts, también conocido como academicismo francés, que desde finales del siglo XIX embellecía a una Buenos Aires que admiraba a Europa. Fiel a ello, las señoriales fachadas son armónicas y proporcionadas y tienen color gris tiza[2].

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Cada edificio cuenta con planta baja -donde hay locales comerciales- y cinco pisos; los de las cuatro esquinas (dos en el cruce con Bartolomé Mitre y dos en el cruce con Tte. Gral. Juan Domingo Perón, antes llamada Cangallo) tienen cúpulas con mirador.

Cada piso de los ocho edificios tiene tres departamentos; cada departamento “tenía asignado en la terraza un lugar para el lavado y tendido de la ropa, además de un cuarto en el sótano para ser usado como depósito, un émulo de las actuales bauleras”[3]. Los ocho edificios fueron construidos con materiales de altísima calidad: “los pisos en las entradas y los palieres son de mármol y los de los departamentos, de roble de Eslavonia. En el exterior, la buena materia prima tampoco escasea: herrería artística, pizarra importada y marcos de bronce”[4].

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LOS CREADORES

Sobre las fachadas de los edificios se lee “PETERSEN, THIELE y CRUZ”. Esta empresa, que continúa activa y forma parte del poderoso Grupo Petersen, construyó muchísimos edificios en Buenos Aires; por ejemplo -y solo por citar algunos-, el edificio de ATC en Barrio Parque, el edificio IBM en Catalinas Norte, la torre Pirelli en Retiro y los Pabellones 2 y 3 de Ciudad Universitaria. Entre sus obras fuera de la ciudad se encuentran el Estadio Mundialista de Mendoza (hoy “Malvinas Argentinas”) y Central Nuclear Atucha II.

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¿Quiénes fueron los fundadores que diseñaron el Pasaje Rivarola y los edificios a sus lados? Todos los artículos mencionan como autores del proyecto a “los arquitectos Petersen, Thiele y Cruz”. Sin embargo, en el “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” no encontré mención a ninguno de los tres[5]. Sí pude confirmar que los apellidos correspondían a la empresa constructora nacida en 1918[6], que dos años después se constituyó como Sociedad Colectiva “Petersen, Thiele y Cruz Arquitectos e Ingenieros”[7]. A partir de allí inicié una búsqueda cuya propósito fue determinar si eran arquitectos, como decían los artículos, o ingenieros. En el camino surgió una cuestión adicional: en ningún lugar aparecían sus nombres; eran mecánicamente mencionados por sus apellidos, sin siquiera una inicial.

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Finalmente di con la biografía de la actriz Elena Cruz donde ella misma refiere haber sido hija de nuestro Cruz: “Mi padre Horacio Cruz… pintor de cuadros y arquitecto… Papá fundó la empresa ‘Petersen, Thiele y Cruz’ (‘arquitectos, ingenieros, constructores y mandatos’). Thiele, que murió antes, era el ingeniero que trabajaba en el Oeste para el lado de Mendoza y realizó muchos puentes. La empresa constructora nació en 1918, pero se constituyó en 1920 como Sociedad Colectiva. Los primeros trabajos se iniciaron en la Capital Federal o el Gran Buenos Aires y continuaron con obras por el resto del país, participando en la ejecución de importantes proyectos como diques, bodegas y barrios de viviendas… entre otras realizaciones”[8].

Gracias a este relato sabemos que Horacio Cruz era pintor y arquitecto y Thiele ingeniero. Un dato curioso es que el salón de la Presidencia del edificio de YPF sobre la Avenida Diagonal Norte, construido por Petersen, Thiele y Cruz, lucía un cuadro de Horacio Cruz sobre la explotación petrolera[9].

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En cuanto a Thiele descubrimos que se llamaba Ricardo Otto, gracias a un Boletín Oficial[10]. Nació en 1893[11] y falleció en 1971[12]. Una calle de General Gutiérrez, Mendoza, lo recuerda. Su padre, también llamado Ricardo Otto Thiele, nacido en Alemania, trabajó por 50 años en la Cervecería Quilmes -entre 1890 y 1940-, y fue uno de los fundadores de la Iglesia Evangélica y del Colegio Alemán de la zona en 1939[13]. Su madre, Adela Rosa Petersen, había nacido en el Uruguay y, era prima hermana del Petersen de la constructora.

Llegamos así un Boletín Oficial de 1957 que expesa: “don Gustavo Adolfo Petersen, que acostumbra llamarse y firmar ‘Adolfo Petersen’… domiciliado en Pasaje La Rural número ciento setenta y cinco de la Capital Federal…” [14]. Lo llama arquitecto y dice, además, que era presidente de la sociedad Petersen, Thiele y Cruz, Sociedad Anónima de Construcciones y Mandatos. El arquitecto Adolfo Petersen nació en 1895 y falleció en 1981[15].

LOS NOMBRES

En 1957, por el Decreto-Ordenanza n° 13.929, el pasaje dejó de denominarse La Rural, nombre que se le había otorgado por la Ordenanza Municipal del 29/12/1924[16], recibiendo el nombre actual de Dr. Rodolfo Rivarola, para el centenario del nacimiento de quien fuera abogado, docente, pensador y autor del proyecto del Código Penal argentino en 1890[17].

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CURIOSIDADES DEL PASAJE

El Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola sido declarado Área de Protección Histórica[18].

En el nº 115 está La Marca Editora, una innovadora editorial, cuyas vidrieras están cubiertas por fotografías de Marcos López, creador del sub-realismo criollo[19].

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En el nº 134 se encuentra la Casa Raab, conocida como “La Chacarita de los Relojes”, dedicada al arreglo de relojes antiguos. Es un lugar de referencia obligado para anticuarios y coleccionistas.

En el nº 147 está el Museo de la Mujer Argentina, cuyo propósito es “construir un archivo y reservorio museológico específico de la historia cultural, la promoción y producción del arte y la cultura de las mujeres, que hacen historia junto al pueblo”[20].

En el nº 154 funciona el “Centro Cultural Enrique Santos Discépolo”.

En el Pasaje Rivarola se han filmado películas, comerciales y se han realizado propuestas artísticas diversas.

También está presente en la literatura. Por ejemplo, Nicolás Meta en su cuento “El Maquinista” escribe:

“La calle: Pasaje Rivarola. La culpa es en primer lugar del Pasaje. De chico fantaseaba que podía pasar algo así. Al final crecí, me fui para otro barrio, y ahora el destino me trajo de vuelta acá. Se lo decía a mi papá: ¿Por qué todas las casas de esta vereda son iguales a las de enfrente? Esta calle es así, decía. ¿Enfrente hay un chico como yo?, preguntaba. Sí, me decía. Cúpula acá, cúpula exacta al frente, tres pisos acá, tres pisos allá, ventana-puerta-ventana de este lado, y al oro lado: ventana-puerta-ventana, en la misma posición. Un espejo[21]”.

De paso, para los amantes de los viajes y las curiosidades, el blog de Nicolás Meta es https://laolaviajera.com 

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No importa si se lo considera pasaje o calle, Rivarola es un espacio único de Buenos Aires, un reflejo de París por partida doble.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, en https://www.facebook.com/comisionnacionaldemonumentos/posts/1762823827302363

[2] Hay una excelente descripción, más técnica por Valentino, Julio, “Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola (ex pasaje La Rural)” en  http://arqi.com.ar/edificio/pasaje-rivarola/

[3] Autor anónimo (¿Parise, Eduardo?), “El Pasaje Rivarola en el Espejo”, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 18/06/2012. Puede leerse en https://www.clarin.com/ciudades/Pasaje-Rivarola-espejo_0_Hy5-KAfnwXe.html

[4] Autor anónimo (¿Parise, Eduardo?), Op. cit.

[5] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina”, 2004.

[6] http://www.petersenthieleycruz.com.ar/

[7] Conservó dicho nombre hasta 1941, cuando pasó a ser una sociedad anónima denominada Petersen, Thiele y Cruz S.A.C y M., que en la actualidad forma parte del Grupo Petersen.

[8] Gasco, Leandro, “Elena Cruz de Fernando Siro se confiesa con Leandro Gasco – Amor Eterno contra Viento y Marea”, RG Ediciones, Temperley, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.43-44.

[9] Durán, Cecilia, “Arquitectura como Arte Público – Estado, arquitectos y cultura en la Revista de Arquitectura (Argentina, 1925-1943)”, Universidad Torcuato Di Tella, Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos, Maestría en Historia y Cultura de la Arquitectura y la Ciudad, sin fecha, p.57.

[10] Boletín Oficial de la República Argentina, 8 de agosto de 1956, en https://archive.org/stream/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_2da_seccion_1956-08-08/1956-08-08_djvu.txt. El Boletín dice Ricardo O, pero en nuestra búsqueda dimos con un documento legal que llama Otto a su segundo nombre. http://www2.jus.mendoza.gov.ar/listas/proveidos/vertexto.php?ide=4430547052

[11] http://www.genealogiafamiliar.net/familychart.php?personID=I692234&tree=BVCZ

[12] https://www.genealogiairlandesa.com/genealogia/B/Byrne/edward2.htm

[13] http://armandovidal.com/administracion/index.php?view=article&catid=236%3Aestilo-argentino&id=1962%3Aquilmes-no-sabe-bien-lo-que-se-le-viene&tmpl=component&print=1&page=&option=com_content&Itemid=80

[14] Boletín Oficial de la República Argentina, 17 de diciembre de 1957, en https://archive.org/stream/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_2da_seccion_1957-12-17/1957-12-17_djvu.txt

[15] http://www.genealogiafamiliar.net/getperson.php?personID=I17424&tree=BVCZ

[16] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.466.

[17] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.155.

[18] Código de Planeamiento Urbano de la Ciudad de Buenos Aires (C.P.U.), Sección 10, Protección Patrimonial, p.50-51 en http://ssplan.buenosaires.gob.ar/dmdocuments/CPU_SECCION_10.pdf

[19] http://lamarcaeditora.com/catalogo/portfolio-fotografico-268/pop-latino-plus-1001

[20] http://www.museodelamujer.org.ar/

[21] Ferrero, Jesús, “XXIV Premio De Narración Breve UNED 2013. El Paraiso …Y Otros Relatos …”, eBook.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

 

EL PASAJE ROBERTO ARLT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Muy cerca de los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer de Palermo SoHo se encuentra una pequeña hendidura que al transeúnte puede pasar inadvertida. Se trata de un callejón sin salida ubicado sobre la calle Gurruchaga 1959, entre Soler y Nicaragua, conocido como Pasaje Roberto Arlt.

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Tiene un acceso vehicular que parece el de una casa o un edificio y, más allá de la vereda, un pequeño portón de rejas que de día suele permanecer abierto. Sin embargo, tras cruzar una enorme parra, al caminar sobre su piso empedrado se percibe una atmósfera apacible, alejada del ajetreo callejero, de casas bajas con jardines florecidos.

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Cuenta el arquitecto Rolando Schere que en 1910 un ingeniero ferroviario de apellido Shine compró un terreno donde construyó tres casas con frente a la calle Gurruchaga para renta, el pasaje que llega hasta el centro de la manzana y dentro de él tres casas para su familia[1].

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El pasaje tiene unos tres metros de ancho aunque se ensancha y abre hacia el final . Cada casa tiene un estilo y una orientación geográfica diferente. No todas se encuentran en el mismo estado de conservación, pero se observa cierta unidad en medio de la diversidad.

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Aunque es una suerte de divertículo de la calle Gurruchaga (en una de sus casas se indica que se trata de la calle Gurruchaga sur) es más conocido como Pasaje Roberto Arlt. En nuestras visitas no encontramos ninguna placa con ese nombre.

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En 1965 el tramo de la calle Neuquén que corre desde la Avenida Acoyte hasta la calle Campichuelo pasó a llamarse Roberto Arlt, pero poco después, en 1973, una nueva ordenanza municipal le impuso el nuevo nombre de Doctor Gregorio Aráoz Alfaro que mantiene hasta la fecha[2]. En la actualidad la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no cuenta oficialmente con ninguna calle que recuerde al autor de “El Juguete Rabioso” y “Los Siete Locos”.

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¿De dónde, entonces, surge el nombre del pasaje? Algunos afirman que el escritor vivió allí por algún tiempo. Nosotros creemos que es un malentendido. Ocurre que en 1940 Arlt contrajo su segundo matrimonio con Elisabeth Mary Shine, cuyo apellido es el mismo que el del creador del pasaje[3]. Según Alfredo Jaramillo “el nombre del autor de El Juguete Rabioso tiene mucho que ver con el del empresario inglés: Arlt se casó con su nieta, Elisabeth Shine, y se mudaron a una de las viviendas que dan al frente de la calle Gurruchaga, uno de cuyos muros sirve de entrada al pasaje”[4].

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A pesar de la coincidencia en el apellido y la probable relación familiar, en nuestra búsqueda no hemos encontrado evidencia de un parentesco entre el Ingeniero Shine y la esposa de Arlt. Tampoco hemos encontrado ninguna mención a un Ingeniero Shine fuera de las referidas al pasaje. Solo sabemos por ella que su padre era constructor[5]. Pero más importante para nuestros fines, no hemos hallado ninguna referencia que indique que en su corta convivencia (el escritor murió en 1942) el matrimonio haya vivido en el pasaje o en la calle Gurruchaga.

En una entrevista a Elisabeth Shine publicada en el suplemento Cultura del Diario La Nación aparecen datos muy interesantes sobre los lugares de residencia. Ella vivía con su madre en la calle Iberá de Núñez, pero tras casarse la pareja se alojó en diversas pensiones del barrio de Belgrano, incluyendo una en la calle La Pampa entre Vidal y Moldes. Arlt murió el 26 de julio de 1942 en una pensión de la calle Olazábal cuando su esposa estaba embarazada[6]. La mujer también menciona la convivencia en pensiones en otra entrevista[7].

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Si va por de paseo por Palermo SoHo o vive en las cercanías no deje de observar este curioso espacio porteño que rompe la cuadratura del trazado urbano.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.102

[2] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.291

[3] Su nueva esposa, trece años menor que el escritor, era la secretaria de León Bouché, director de la revista El Hogar donde Arlt colaboraba.

[4] Jaramillo, Alfredo, “Salí a conocer pasajes de Buenos Aires”, Diario Página 12, Buenos Aires, 20/12/2009, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/18-5775-2009-12-20.html

[5] Tcherkaski, José, “Conversaciones con mujeres de escritores”, Editorial Biblos, 2003, p.36

[6] Sin firma, “Mil días con Roberto Arlt”, Diario La Nación, Suplemento de Cultura, Bueno Aires, 19/05/1999, https://www.lanacion.com.ar/214788-mil-dias-con-roberto-arlt

[7] Tcherkaski, José, Op. cit., p.33,39


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