EL REY ZOPE, EL FAMILIAR CENTROAMERICANO MÁS DISTINGUIDO DEL CÓNDOR ANDINO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA

De los cutes, jotes o zopilotes, el más espectacular es el rey zope, rey gallinazo o jote real (Sarcoramphus papa), también llamado cóndor de la selva. Mide unos 81 cm de altura y tiene una envergadura de hasta 193 cm[1]. Pertenece a la familia Cathartidae, conformada por buitres, que incluye siete especies americanas incluyendo al asombroso cóndor andino (Vultur gryphus).

Sin duda, el rasgo más notable de esta majestuosa ave es su cabeza de piel sin plumas, arrugada y multicolor, incluyendo rojo, anaranjado, amarillo, negro y rosado. De toda la familia es la única que posee el iris de una tonalidad amarillo pálida, con anillo periocular rojo y el pico negro con sus extremos rojos. Justo antes del pico tiene unas excrecencias llamada carúnculas de colores naranja y rojo. El cuerpo es blanco con parte del cuello gris oscuro y el extremo de las alas color negro. Las patas son de color gris. En vuelo se la observa con un patrón blanco y negro.

Ambos sexos son semejantes, aunque a diferencia del cóndor andino, la hembra es de mayor peso que el macho (3000 g en los machos y de 3780 g en las hembras)[2].

Tienen una amplia distribución desde el sur de México hasta Argentina (solo no se encuentra en Chile y Uruguay). En Honduras, donde vivimos, se encuentra en todo el país, con mayor presencia en la Biósfera del Río Plátano. Los países con menos registros en eBird a la fecha de este artículo son Nicaragua y El Salvador. Los de mayor número de observaciones (que superan en varios miles a todos los demás) son Costa Rica y llamativamente Belice. Habitan en bosques tropicales y también en las sábanas y pastizales aledaños. Es más fácil encontrarlo en zonas altas.

Su nombre (sarko significa carne y ramphos hace referencia a un pico aguileño) proviene de la dominancia que tiene sobre las otras especies al abrir la carroña. La dureza de su pico le permite abrir el cuerpo de un animal muerto y tener la iniciativa en aprovechar el alimento[3]. Recordemos que los buitres son importantes en la cadena alimentaria pues al tener como dieta animales muertos, evitan que las bacterias que se multiplican durante la descomposición cadavérica se conviertan en foco de enfermedades. En ausencia de carne comen frutas.

Foto de un ejemplar adulto en cautiverio, en el Parque de Aves y Reserva Natural Macaw Mountain, Copán Ruinas, Honduras que solo recibe aves nacidas y criadas en cautiverio.

Comparte con el cóndor andino lo que llamaríamos lentitud reproductiva pues su crecimiento y desarrollo demora mucho más que en el resto de las aves. Aparentemente son monógamos y se ha observado en cautiverio el cortejo nupcial. Anidan en huecos de árboles, paredes rocosas, matorrales densos y arbustos a nivel del suelo. No hacen nidos[4]. La pareja participa de la incubación y el cuidado de su cría. La incubación en cautiverio toma de 58 a 60 días.

Jack Clinton, que estudió los cambios de plumaje para estimar la edad, identifica etapas: “El primer año se puede diagnosticar por la presencia de plumón. Las aves de dos años empiezan a mostrar coloración blanca en las áreas ventrales. Este reemplazo de plumas negras por blancas continua hasta que las aves alcanzan los cuatro años, cuando tienen un aspecto moteado resultado de una matriz de plumas blancas y negras en el dorso. La etapa final de maduración del plumaje ocurre a los seis o siete años cuando las manchas negras en las plumas cobertoras superiores son finalmente reemplazadas por plumas blancas”[5].  

Aunque menor que la del cóndor, posee una larga vida pues puede llegar a los 30 años. En general vuela en solitario; cuando la hemos podido observar en vuelo nos llamó la atención su lentitud.

LA FAMILIA

Pertenece a la familia Cathartidae, que incluye siete especies americanas: el cóndor andino (Vultur gryphus) y el cóndor californiano (Gymnogyps californianus), el rey zope y cuatro jotes, cutes o zopilotes, sinónimos para describir buitres (en inglés vultures), un grupo de típicas aves carroñeras. Debido a la diversidad de nombres que se les da en español, las vamos a mencionar en inglés, aclarando que están presentes en todos los países de Centroamérica.

Black Vulture (Coragyps atratus)

Turkey Vulture (Cathartes aura)

Lesser Yellow-headed Vulture (Cathartes burrovianus). Un detalle interesante es que eBird solo registra 9 observaciones (5 de ellas con fotos) para El Salvador a la fecha de la publicación de esta nota.

Finalmente, como parte de la familia se encuentra el Greater Yellow-headed Vulture (Cathartes melambrotus) que solo habita en Sudamérica.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales del valle de Sula a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología).


REFERENCIAS

[1] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p.76

[2] Ibañez Olivera, Lesly M.; Iannacone Olivers, José, “Bioecología y estado de conservación del cóndor de selva Sarcoramphus papa Linnaeus, 1758 (Cathartiformes: Cathartidae): Revisión a nivel de Sudamérica”, Biotempo 2011, Volumen 11, p.25

[3] Ibañez Olivera, Lesly M.; Iannacone Olivers, José, Op. cit., p.25

[4] Ibañez Olivera, Lesly M.; Iannacone Olivers, José, Op. cit., p.27

[5] Clinton Eitnirar, Jack, “Estimating age classes in King Vultures (Sarcoramphus papa) using plumage coloration”, Journal of Raptor Research, The Raptor Research Foundation, Inc.,  marzo 1996, p.37


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

EL COLIBRÍ ESMERALDA HONDUREÑO, UN AVE ÚNICA (por Pablo R. Bedrossian)

El colibrí esmeralda es la única ave endémica de Honduras. Al decir endémica indicamos que se encuentra exclusivamente en ese país. Cuentan Howell & Webb, autores del clásico libro sobre aves de México y norte de Centroamérica de 1995, “hasta hace poco solo se conocía de 11 especímenes, el más reciente en 1950. Fue redescubierto en junio de 1988 en el alto Valle del río Aguan”[1]. Hemos visitado la zona y se trata de un bosque tropical muy seco (ultraseco, si se permitiera la expresión) cercano a la ciudad de Olanchito, Yoro, poblado de cardos, cactus y arbustos capaces de sobrevivir en situaciones de extrema sequedad. Sin embargo, en los últimos años ya se han encontrado ejemplares en departamentos como Santa Bárbara, Lempira, Cortés y Olancho.

Este colibrí, cuyos macho y hembra son muy parecidos, mide unos 10 cm; Se caracteriza por un color azul turquesa rutilante en la zona que va de la garganta a la parte superior del pecho, aunque en ocasiones adquiere un color más grisáceo; en la hembra el brillo de la gorguera suele ser menos intenso.

La corona, nuca, dorso y flancos son color verde esmeralda; sus plumas cobertoras son oscuras con borde blanco, aunque en el área superior son más verdosas; la mitad inferior del pecho y el vientre son blancuzcos. La cola tiene una hendidura y a veces parece levemente bifurcada. El pico es de color gris oscuro y está muy levemente curvado, con su sección inferior de color rojizo opaco. Una marca de campo característica es la mancha postocular blanca.

En el biotopo que visitamos – el polígono de la Fuerza Aérea Hondureña que sirve de refugio a esta bella ave diminuta- su principal alimento proviene del Pie de Niño (Euphorbia tithymaloides también conocida como Pedilanthus camporum), una especie que florece todo el año; sin embargo, su extensión a otras zonas que carecen de esta planta sugiere que ha desarrollado una importante capacidad de adaptación. Según el experto Robert Gallardo, entre sus fuentes de néctar también se encuentran bromelias como la Aechmea bracteata, la Opuntia hondurensis (un tipo de cactus de flor roja) y la Calliandra caeciliae, un tipo de leguminácea de ramitas laterales cortas de flores rojas que parecen un ramillete de hilos verticales rojos)[2].

Flor de Pie de Niño (Euphorbia tithymaloides también conocida como Pedilanthus camporum)

Además, Amazilia luciae, el colibrí esmeralda hondureño, también se alimenta de insectos. Anida en marzo y abril y sus pequeños nidos son hechos de musgos y líquenes, poniendo en ellos casi siempre dos huevos. Las crías son alimentadas por la pareja[3].

En El Cajón, muy cerca de Santa Cruz de Yojoa, Cortés, donde se lo ve con relativa facilidad, hemos sido testigos de algo increíble. Alex Martínez Matute, del Restaurante El Rancho, lo llamó diciéndole “¡Niño!”. El colibrí esmeralda apareció con su habitual zumbido llegando a un metro de Alex tras lo cual regresó a una rama donde posarse. No he sido el único que ha sido testigo de esa asombrosa conducta.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS:


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología)


AGRADECIMIENTOS

Agradecemos muy especialmente a Felipe Reyes, quien nos permitió admirar por primera vez el colibrí esmeralda hondureño en Yoro y a todos los queridos amigos de la aldea San Lorenzo en el Valle Arriba del río Aguán, cercano a la ciudad cívica de Olanchito, en el Departamento de Yoro, Honduras. También a Alex Martínez Matute, del Restaurante El Rancho, por habernos mostrado el colibrí esmeralda hondureño en El Cajón, Cortés, Honduras. Alex tiene un extraordinario amor por la naturaleza y su restaurante y hotel es una excelente cabecera para ver no solo el Honduras Emerald sino también el Yellow-tailed Oriole (Icterus mesomelas) y el White-necked Puffbird (Notharchus hyperrhynchus). También hacemos extensiva nuestra gratitud a nuestro querido amigo y maestro Romel Romero quien nos ha guiado en las visitas a estos maravillosos lugares.


REFERENCIAS

[1] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia, “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p..409

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p.218

[3] http://asidehonduras.org/colibri-esmeralda-hondureno . ASIDE, una ONG local, es la responsable de la protección y conservación del Refugio de Vida Silvestre Colibrí Esmeralda Hondureño (RVSCEH) que tiene un convenio de comanejo con el Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo Forestal, Áreas Protegidas y Vida Silvestre (ICF) y las Municipalidades de Arenal y Olanchito.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

EL RETO DE LOS MOTMOTS O GUARDABARRANCOS (por Pablo R. Bedrossian)

Los motmots son coloridas aves tropicales que solo existen en el continente americano. En cada región reciben un nombre diferente, como torogon, taragon, torogoz, guardabarranco, barranquero, momoto o burgo; pero sin importar el nombre que se les dé, la asombrosa combinación de rojos, azules, verdes, turquesas y naranjas de su plumaje los pone en la lista de los más buscados para fotografiar. Se los reconoce porque la mayoría de ellos tienen gruesos picos largos y curiosas colas en forma de raqueta.

Un motmot con su grueso pico y las puntas de la cola en forma de raqueta

Para describir las diversas especies, además del nombre científico, en Centroamérica suele preferirse el nombre en inglés. Ud. quizás se pregunte por qué. Es para unificar el lenguaje, porque hay un solo nombre en esa lengua para cada especie de ave; en cambio, en español suele diferir de pueblo en pueblo y de país en país.

TURQUOISE-BROWED MOTMOT (EUMOMOTA SUPERCILIOSA)

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa)

En Honduras hay siete especies de motmot, pero en el barrio donde vivo, Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, solo una, el Turquoise-browed Motmot (cuyo nombre científico es Eumomota superciliosa). Es llamada así por sus enormes “cejas” color turquesa, Su detalle más notable es la cola formada por plumas con forma triangular de color azul con puntas negras. También conocida como talapo, es el ave nacional de El Salvador y Nicaragua.

LESSON’S MOTMOT ( MOMOTUS LESSONII)

En nuestra ciudad hay unos cerros que forman parte de una pequeña cordillera que se conoce como El Merendón, y es un área protegida. Allí también se observa una especie más grande, el Lesson’s Motmot (nombre científico Momotus lessonii), antes conocido como Blue-crowned Motmot.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

Junto con el Turquoise-browed Motmot antes mencionado son los más comunes. Posee una corona o anillo turquesa en la parte superior de la cabeza y las plumas en raqueta de las puntas son muy pequeñas.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

EL RETO

Las demás especies son más difíciles de observar. Un fin de semana me propuse ver dos de ellas: el Keel-billed Motmot y la especie más pequeña y díscola, el Tody Motmot, algo nada fácil, pero, desde luego, tampoco imposible.

KEEL-BILLED MOTMOT (ELECTRON CARINATUM)

Con mi esposa nos dirigimos al Parque Nacional Cerro Azul Meámbar, más conocido por su acróstico PANACAM. Se encuentra a una hora de viaje de nuestra casa y a escasos 7 kilómetros del Lago de Yojoa, en el centro de Honduras. Se llega ascendiendo por una serpenteante carretera de tierra colorada.

En el Lodge ubicado en su entrada hay senderos que ofrecen una amplia diversidad[1]; también cuenta con torres de avistamiento. En una de ellas, muy próxima a la recepción del hotel, Abiel Martínez, el joven guía que me acompañó en la ocasión, reprodujo el canto del Keel-billed Motmot (Electron carinatum). Lo escuchamos paulatinamente acercarse. Cinco minutos después se mostró cerca nuestro. No era la primera vez que lo veía, pero era la primera vez que lo fotografiaba con claridad.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Abiel me dijo: “Cada vez que lo llamo, siempre responde”. Aprovechamos para ver otras aves. Tras la caminata, almorzamos con Graciela en el bello deck con vista al lago de este hotel de montaña; en el lugar hay además comederos para colibríes que llegan raudamente, se alimentan y se alejan dejando la resonancia de su zumbido.

Uno de los miradores del Panacam lodge

Por la tarde, estaba cerca de las cabañas cuando don Teo, uno de los guías que se hallaba a pocos metros, exclamó: “¡Mire lo que hay delante suyo!”.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Era otro Keel-billed Motmot a unos tres metros, apoyado en la baranda de una escalera, con tonalidad más verdosa, acentuada por la iridiscencia producida por el sol.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

La primera misión estaba doblemente cumplida. Pernoctamos en el lodge y tras otra breve caminata fotográfica emprendimos el camino para encontrar el Tody Motmot (nombre científico Hylomanes momotula).

TODY MOTMOT (HYLOMANES MOMOTULA)

Descendimos en nuestro vehículo el camino de piedra y tierra unos 3 kilómetros hasta la aldea Santa Elena y allí doblamos a la derecha para dirigirnos a la EcoFinca Luna del Puente, ubicada a unos 20’, poco después del pueblo de San Isidro, en el Municipio de Santa Cruz de Yojoa, Cortés.

Flores en la EcoFinca Luna del Puente

La EcoFinca Luna del Puente es un hermoso y amplio terreno que cubre varias hectáreas; allí se cultiva el café y el cacao, y cuenta con una magnífica biodiversidad. Nos recibió nuestro amigo Damián Magario, un cordobés radicado en Centroamérica, quien ofició de guía. Mi esposa prefirió recostarse en una hamaca de tela. En cambio, Diana Rosellón, una querida colega observadora de aves que había acampado allí, decidió sumarse a nosotros para ir en busca del Tody Motmot.

Planta de cacao en EcoFinca Luna del Puente

Nos adentramos en el bosque siguiendo el sendero donde tiempo atrás ocasionalmente se dejaba ver el más pequeño de todos los torogones. Es un angosto camino de tierra rodeado de una vegetación muy tupida. Tras cuatrocientos metros de marcha nos detuvimos donde lo habían observado. Damián reprodujo su canto utilizando la aplicación Merlin, favorita de los birders. Como no obtuvimos respuesta, avanzamos unos doscientos metros más. Intentamos de nuevo y pareció responder muy a lo lejos, pero teníamos dudas. ¿Vamos en su búsqueda? Damián no dudó y pronunció un viejo refrán para dejar en claro que la decisión ya estaba tomada: “El que no arriesga no gana”.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Decidimos penetrar en la espesura. Descendimos lentamente por una barranca, abriéndonos paso trabajosamente entre arbustos con espinos y un grueso zacate, hasta encontrar un pequeño espacio donde agazapados volvimos a reproducir el llamado del Tody Motmot. Para nuestra sorpresa nos respondió. Minutos después se posó por un instante frente a nosotros; sin darnos tiempo para una fotografía partió con la misma velocidad con la que llegó. Esperamos su regreso durante más de media hora. Veíamos y escuchábamos otras aves, pero nuestro pájaro ni siquiera cantaba a la distancia.

Selfie por Diana Rosellón; al lado suyo el autor de esta nota y detrás Damián Magario, todos a la espera del Tody Motmot

Decidimos regresar habiendo obtenido como premio raspones y picaduras. Nos tomó más de veinte minutos la subida sobre ese terreno irregular cubierto de ramas y juncos. Cuando logramos retornar al sendero hicimos una nueva prueba, reproduciendo la llamada, pero el motmot enano no respondía. Era el momento para desistir. “Hagamos un intento más” propuse.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Habiendo insumido cerca de una hora y media, nuestra búsqueda había resultado estéril. Sin embargo, no perdíamos nada con invertir un rato más. Lo habíamos visto por brevísimos segundos, y aunque no cantara sabíamos que debía estar allí. La tarde estaba avanzando, y el resto de sol que quedaba nos permitiría intentar unos minutos más.

Más flores en la Ecofinca Luna del Puente

 Avanzamos unos treinta metros. Sin previo aviso, el Tody Motmot apoyó sus diminutas patas en una rama justo frente a nosotros. La sorpresa del encuentro no impidió que, al fin, pudiéramos fotografiarlo. No fue fácil ni obtuvimos imágenes perfectas, pues comenzaba a oscurecer.

Tody Motmot (Hylomanes momotula), foto por Damián Magario

Pocos segundos después el ave había desaparecido. Con una amplia sonrisa, nos felicitamos mutuamente por el mágico momento. Emocionados, desde luego, emprendimos el regreso.

Imagen tras el encuentro con el motmot enano; de izquierda a derecha Damián Magario, Diana Rosellón y el autor de esta nota

EL MOTMOT GARGANTA AZUL

He podido ver ya en cuatro ocasiones otro torogon, el garganta azul. Blue-throated Motmot (nombre científico Aspatha gularis). Tiene su santuario en Opatoro, una localidad cercana a Marcala, La Paz, en el Occidente de Honduras.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

Muy esquivo, cuesta fotografiarlo pues se esconde entre el follaje con mucha facilidad. Sin embargo, sus colores le dan una belleza única. Se caracteriza por su garganta intensamente azul y la ausencia de raquetas en la cola.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

ACERCA DE LOS TOROGONES

Pertenecen a la familia Momotidae. Se los conoce como guardabarrancos o barranqueros porque crean huecos en los barrancos para utilizar como nidos. Solo existen en el trópico latinoamericano. En total hay 14 especies, de las cuales 10 habitan en Centroamérica, y de ellas 7 se observan en Honduras, donde vivo, que es el país con más especies de motmots en el mundo. Comparto una tabla donde se puede ver la distribución de motmots según eBird.

Solo me faltan ver allí el Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum) y el Rufous Motmot (Baryphthengus martii). Se encuentran en la costa norte de Honduras y en la Mosquitia, al oriente del país, lugar donde no es posible acceder por transporte terrestre.

Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), foto por nuestro amigo y maestro Romel Romero

Compartimos una imagem del Rufous-capped Motmot (Baryphthengus ruficapillus), también con corona rufa, que habita en las selvas tropicales ubicadas al este de Sudamérica (Brasil, Paraguay y Argentina) y es conocido como yeruvá o yeruvá oriental.

Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), foto por Vicente García

ACERCA DE LOS MOTMOTS, TOROGONES O GUARDABARRANCOS

Su colorido plumaje brillante hace a los motmots sumamente vistosos. Una curiosa característica de la mayoría de los miembros de esta familia son sus largas colas en forma de raqueta. Robert Gallardo, citando a Beebe (1910) explica que “las puntas son formadas por la caída de venas que están débilmente pegadas a lo largo del raquis medial de las dos plumas caudales centrales alargadas”[2].

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa) mostrando las puntas de la cola en forma de raqueta

Según el mismo autor, un experto al que admiramos, se alimentan de “artrópodos, pero también de frutos y ocasionalmente de vertebrados pequeños”. No tiene dimorfismo sexual (externamente el macho luce igual que la hembra) y sus sonidos son graves, cortos y poco atractivos al oído humano.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Para conocer más de ese lugar, puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2017/09/13/una-caminata-por-panacam-parque-nacional-cerro-azul-meambar-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018, p.227


BIBLIOGRAFÍA

Edwards, Ernest Preston “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005)

Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016

Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018

Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007)


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de:

La foto de los tres observadores de aves agazapados esperando al Tody Motmot, tomada por Diana Rosellón.

La última foto del Tody Motmot (Hylomanes momotula), tomada por Damián Magario.

La foto del Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), tomada por Romel Romero.

La foto del Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), tomada por Vicente García

Las cuatro han sido utilizadas con los respectivos permisos de los mencionados fotógrafos, actuales propietarios de sus derechos.

UNA VISITA AL VOLCÁN POÁS Y LA PAZ WATERFALL GARDENS (por Pablo R. Bedrossian)

DSC08610Si Ud. viaja por negocios a Costa Rica o va de visita y tiene algún día libre, no dude en aprovechar la riqueza más grande del país: su naturaleza.

Si está en San José y sólo dispone de unas pocas horas, le recomendamos visitar Zooave, un interesante parque a unos 30’ del aeropuerto, cuya fauna consiste en mucho más que aves. Lo puede recorrer cómodamente en un par de horas.

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Si sólo tiene libre la noche, le recomendamos cenar en El Monasterio, en Irazú. Ubicado en lo alto de una colina, ofrece sorprendentes vistas de la capital. Puede dar un vistazo allí a la pequeña capilla, donde en una de nuestras visitas asistimos a un breve concierto de villancicos dado por una pareja francesa, o descender a su cava, para escuchar música en vivo y pasar un momento relajante en buena compañía.

Pero si tiene un día entero, nuestra sugerencia es una excursión que incluya el Parque Nacional Volcán Poás por la mañana, seguido de un almuerzo y recorrido en La Paz Waterfall Gardens por la tarde. Lo invitamos a conocerlo.

PARQUE NACIONAL VOLCÁN POÁS

Copy of IMG_2786El aeropuerto internacional Juan Santamaría está ubicado en la ciudad de Alajuela, a escasos 18 kilómetros de San José, la capital del país. Alajuela es la cabecera de la provincia del mismo nombre que desde el centro se extiende hacia el norte de la Suiza de Centroamérica. La provincia de Alajuela tiene una bella geografía rural. Es muy rica en agricultura y tiene una importante producción láctea.

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Sin embargo, su joya de mayor precio es el Parque Nacional Volcán Poás, ubicado a unos 45 kilómetros al noroeste de San José. Desde esa ciudad, el ascenso hasta allí, con un par de cortas paradas para tomar fotografías, toma unos noventa minutos. Uno encuentra en el sitio distintos hábitats boscosos, destacándose el bosque nuboso y el bosque achaparrado.

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Su nombre, Poás, proviene de unas plantas puntiagudas que crecen allí, conocidas como púas.

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El parque tiene un territorio de unos 66 km2, y su principal atractivo, desde luego, es su volcán.

LA VISITA

DSC08668Desde el Centro de Visitantes, el camino al volcán muestra una densa vegetación boscosa y numerosas aves.

DSC08652En la zona, donde incluso pueden observarse arrayanes, la planta más famosa es la Gunnera insignis, conocida como sombrilla de pobre, de enormes hojas circulares.

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La espesa y diversa vegetación sorprende a lo largo de todo el camino.

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El estratovolcán, como se llama a este tipo de volcán de perfil escarpado compuesto por múltiples capas de lava endurecida, está ubicado a 2,700 metros sobre el nivel del mar y tiene tres cráteres. El principal tiene 300 metros de profundidad y un diámetro de 1,320 metros Desde el mirador se observa su famosa laguna, que aparece inmaculada en todas las postales. De extrema acidez (su pH es menor que 1) tiene un característico color turquesa debido a su alto contenido de azufre. La visita al volcán no siempre permite admirarla. Durante la mayoría de los meses una densa capa de nubes cubre el triple cráter del Poás, y se debe tener suerte para observarlo. De pronto sopla un viento y por unos segundos o minutos es posible fotografiarlo, aunque, desde luego, hay días que puede verse sin inconvenientes.

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IMG_2787Los otros dos cráteres son el Von Frantzius, a un kilómetro al norte del cráter principal y el Botos, de 365 metros de diámetro, a un kilómetro al sur del cráter principal, que posee una laguna formada por agua de lluvia estancada y de baja temperatura, por lo que se la conoce como Laguna Fría.

LA PAZ WATERFALL GARDENS

DSC08688Ubicado a unos 20’ del Volcán Poás, y con un entorno donde alternan el bosque lluvioso y nuboso, La Paz Waterfall Garden es un complejo turístico que incluye un hotel, un restaurante para los visitantes, senderos, cascadas y una amplia variedad de especies en hábitats diseñados especialmente para su mejor observación. Comenzamos con el Peace Lodge, de arquitectura ecoamigable; esperamos alguna vez hospedarnos allí.

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El camino, bien cuidado, es descendente y ofrece una rica flora a lo largo de todo su recorrido.

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Hay pequeñas sorpresas a lo largo del camino, rodeado de cerros cubiertos por una exuberante vegetación.

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Primero llegamos al aviario donde se destacan las guacamayas y los tucanes, con los cuales se puede interactuar y tomarse una fotografía.

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Luego llegamos al magnífico mariposario, en nuestra opinión aún superior al que conocimos años atrás en Monteverde, Costa Rica. Tiene dos partes: en la primera hay mariposas disecadas, expuestas en cuadros. En la segunda, las mariposas vuelan libremente y pueden ser observadas desde muy cerca en los comederos creados para ellas.

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A continuación hay un sector para observar monos. Vimos monos araña (en inglés Spyder Monkey, nombre científico Ateles geoffroyi) y capuchinos (también conocidos como monos cara blanca, en inglés White-headed Capuchin, nombre científico, Cebus capucinus), y un poco más adelante un jardín para ver colibríes. Según las autoridades del parque ha documentado allí 26 especies distintas de estas pequeñas y coloridas aves.

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De allí recomendamos pasar directamente al buffet del excelente Restaurante Colibríes. Tras el almuerzo es tiempo de visitar el serpentario, que incluye serpientes venenosas y no venenosas. Aquí compartimos imágenes de un ejemplar juvenil y otro adulto de la especie Bothriechis schlegelii, en inglés conocida como eyelash viper y en castellano víbora o tamagás de pestaña, que -además del intenso color amarillo del adulto- se caracteriza por sus grandes y elevadas escamas de los párpados en forma de púas.

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Tras contemplar los ofidios, llegamos a lo que quizás es la zona más admirada, el área de exhibición de los felinos, donde pumas, ocelotes, tigrillos y una familia entera de jaguares cautivan la atención de grandes y niños.

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Aún nos queda el ranario. A diferencia de otros países de la región, como Honduras, Costa Rica posee ranas venenosas. En el espacio dedicado a los anfibios vimos en libertad al menos dos de estas especies diminutas, la Oophaga pumilio, antes llamada Dendrobates pumilio, en español rana flecha roja y azul y en inglés Strawberry Poison Frog, de color rojizo y extremidades azuladas, y la Dendrobates auratus, en español rana flecha verde y negra, y en inglés Green And Black Poison Frog, con un moteado verde y negro.

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Dejando atrás el ranario entramos en la última parte del camino a las cascadas.

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Para los que no hemos vivido en una selva, el entorno puede parecernos una jungla.

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Vale la pena admirar las cascadas. Aunque no de gran altura o extensión, transmiten una enorme energía.

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Hay puentes para observarlas de modo panorámico; en ellos se puede llevar a cabo un truco interesante: si uno mira un punto fijo de la caída de agua durante unos veinte segundos y luego gira la vista a la derecha, tendrá la impresión de que las rocas vecinas a la cascada se están moviendo. Esta trompe l’oeil de la naturaleza es un detalle que no debería perderse.

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El regreso a San José toma algo más de una hora. Sin duda regresará cansado, pero feliz de haber estado en un contacto tan íntimo con la naturaleza. Como dicen los ticos, “Costa Rica, pura vida”.

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la foto vertical del volcán Poás, tomada por Gareth James,  y las otras dos del volcán, apaisadas, tomadas por Sofa Palaquibay, ambos compañeros de excursión.

 

COLLARED FOREST-FALCON, (MICRASTUR SEMITORQUATUS), OBSERVACIÓN DE UN EJEMPLAR EN RESIDENCIAL CAMPISA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA

INTRODUCCIÓN

El Collared Forest-Falcon, cuyo nombre científico es Micrastur semitorquatus, es un “halcón de bosque”, un “Forest-Falcon”.

Los halcones verdaderos, los true Falcons, pertenecen al género Falco. Tienen alas angulares y puntiagudas, y largas colas. Las patas suelen ser cortas, los individuos difieren con la edad y no presentan dimorfismo sexual. Se encuentran en áreas abiertas y son temibles cazadores.

En cambio, los halcones de bosque, los Forest-Falcons, pertenecen al género Micrastur. A diferencia de los halcones verdaderos, tienen alas cortas y redondeadas, colas con alas escalonadas y patas más largas. Se los oye más que lo que se los ve. Habitan en el interior de los bosques y hacen sus nidos en huecos de los árboles. Tanto los halcones verdaderos como los de bosque corresponden a la familia Falconidae.

El Collared Forest-Falcon, que en español se conoce como Halcón selvático barrado -según Howell & Webb- o Guaquillo collarejo -según Ernest Preston Edwards- es un ave rapaz grande y alargada. El macho mide 56 cm y la hembra 63 cm. El adulto es negro o café y en la cola tiene varias bandas blancas angostas. El pecho y el vientre son blancuzcos y las patas relativamente largas y de color amarillo. Además tiene un “collar” negruzco. Suele encontrarse en el bosque húmedo tropical, y normalmente los individuos son solitarios, aunque puede vérselos en pareja en tiempo de reproducción. Un detalle interesante es que en la Guía de Campo de Aves de Norteamérica de National Geographic, está incluida entre las especies que se observan accidentalmente o están extintas en esa región del continente (esto implica tres observaciones en las últimas dos décadas o cinco en los últimos cien años), por lo que el hábitat de esta especie se ubica más al sur, de México a Sudamérica.

NUESTRO EJEMPLAR

En 2009 Jorge Arévalo, un vecino de Residencial Campisa, fotografió a larga distancia un ejemplar que estaba de espaldas. Hasta principios de 2011 esa era la única observación documentada de esta especie en nuestra colonia (barrio).

Sin embargo, a partir del 15 de enero en la zona de la laguna y la zona contigua del canal hacia la Primera Etapa de Residencial Campisa observé en tres ocasiones un ejemplar, de gran belleza, que pude filmar y fotografiar. Impresiona por la majestuosidad de su vuelo y se aleja de la cercanía de las personas. Compartimos un video de esta bella ave:

 ACERCA DE RESIDENCIAL CAMPISA

Residencial Campisa (www.campisa.com) es la residencial donde vivo. Ocupa un espacio de aproximadamente 250 hectáreas, ubicado en el cuadrante noreste de la ciudad de San Pedro Sula, Honduras. Comprende la parte oeste del cerro Campisa. El terreno donde se erige es irregular, con elevaciones que van desde los 65 hasta los 267 metros sobre el nivel del mar; cuenta con áreas planas en el sector sur este -mayormente- y norte.

Hay dos zonas o “etapas” con viviendas, sin edificios comerciales. Se ha creado una zona de amortiguamiento entre ambas etapas. Es una extensa área verde que permite la libre circulación de todas las especies, desde las fuentes de agua hasta la zona central del cerro (la más quebrada y densamente poblada por animales) estableciendo así un “corredor biológico“. Residencial Campisa está densamente poblado de árboles de madera dura, arbustos, una gruesa alfombra de gramas y hierbas y una población de varias especies animales características de un bosque tropical seco. Cuanta con un canal de agua y una laguna en el centro del canal de una superficie aproximada a una hectárea y media.

© Pablo R. Bedrossian, 2011. Todos los derechos reservados.


BIBLIOGRAFÍA

Dunn, Jon L. and Alderfer, Jonathan “Field guide to the birds of North America”, National Geographic, Washington D.C., 5ta Edición, 2006 (2da. reimpresión 2008)

Edwards, Ernest Preston “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005)

Gallardo, Robert e Irma, “Field guide to the birds of Lake Yojoa”, Edición del Autor, 2008

Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007)

Kaufman, Kenn “Guía de campo de las aves de Norteamérica”, Hillstar Editions L.C., 2005


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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