LA BIBLIA DE GUTENBERG Y LA REFORMA (por Pablo R. Bedrossian)

Este año se celebrarán los 500 años de lo que se conoce como la Reforma Protestante o simplemente la Reforma. Se eligió esta fecha porque, según la tradición, Martín Lutero clavó sus famosas 95 Tesis en las puertas de la iglesia del Palacio de Wittenberg el 31 de octubre de 1517. Quienes lean el famoso documento comprobarán que no se trata una diatriba contra el Papado sino contra la venta de indulgencias en su nombre para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro. Pero no es nuestro propósito hacer teología o contar esa historia, sino señalar el impacto que la imprenta tuvo en la difusión de la Reforma en Europa.

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Biblia de Gutenberg, Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, Washington D.C.

Comencemos señalando que Gutenberg no fue contemporáneo de Lutero, pues el teólogo alemán nació en 1483, 25 años después de la muerte del impresor.

Johannes Gutenberg había nacido alrededor del 1400 en Maguncia, en el territorio que hoy llamamos Alemania, que en aquel entonces formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico. De profesión orfebre, creó la imprenta con tipos móviles que revolucionó la escritura. Hasta aquel momento los libros se copiaban a mano. Quienes estaban a cargo de esa tarea, generalmente monjes, se llamaban copistas o amanuenses.

Su invención tuvo como punto de partida la creación de tipos, unas piezas metálicas con el molde de las diferentes letras. A los tipos se les agregaba una tinta que se aplicaba a presión o “golpes” sobre un papel o tela en forma mecánica. Hoy, en la era de las impresoras digitales, parece un principio extremadamente rudimentario, pero la impresión tipográfica se utilizó hasta mediados de la segunda mitad del siglo XX.

Gracias a su profesión de orfebre, Gutenberg pudo hacer los tipos con metal fundido. Para aplicarlos sobre las superficies en plancha –y no letra por letra o palabra por palabra-, adaptó prensas que se utilizaban para exprimir el jugo de uvas para la producción de vino. Finalmente utilizó tintas oleosas para que las letras quedaran grabadas en forma indeleble.

Aunque se ha sostenido que previamente imprimió a modo de prueba el Misal de Constanza, se considera que su obra primigenia es la Biblia.

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Detalle de la Biblia de Gutenberg, Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, Washington D.C.

Conocida como la Biblia de 42 líneas por el número de renglones impresos en cada página, fue publicada alrededor de 1455. Consta de 1282 páginas, cuyo texto en letra gótica está distribuido en dos columnas. Algunos ejemplares fueron encuadernados en dos volúmenes.

Se cree que se imprimieron unos 180 ejemplares: 45 en pergamino y 135 en papel. Si la cifra parece escasa, debe recordarse que la impresión era mecánica pero no industrial. El mundo occidental recién estaba ingresando a una de las revoluciones culturales más trascendentales: el Renacimiento. En la actualidad quedan menos de 50 ejemplares, y sólo 21 están completos.

DETALLES NOTABLES

La Biblia de Gutenberg es una edición de la Vulgata, traducción de las Sagradas Escrituras al latín que san Jerónimo hizo a finales del siglo IV.

Para el diseño de los tipos, en particular para sus letras góticas, se sirvió de una edición manuscrita reciente, la Biblia Gigante de Mainz (en castellano Maguncia). Aunque el escriba permanece anónimo, dejó notas en aquel volumen indicando que inició su trabajo el 4 de abril de 1452 y lo finalizó el 9 de julio de 1453.

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Biblia Gigante de Mainz, manuscrito que sirvió de base tipográfica a la Biblia de Gutenberg

Para embellecer su publicación, Gutenberg dejó un hueco en las planchas de impresión para las iniciales, que fueron añadidas a mano, lo mismo que algunos detalles a color, iluminando el texto. Por ello, cada ejemplar es único.

En la actualidad sólo quedan tres ejemplares completos impresos en vitelo (pergamino fino de piel de animal), que se encuentran en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en la Biblioteca Británica y en la Biblioteca Nacional de Francia. Quedan algunos volúmenes incompletos en el mismo material, pero la gran mayoría de los que perdura está impresa en papel.

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Detalle de la Biblia de Gutenberg correspondiente al Capítulo 1 del Evangelio de Lucas

Tuvimos tres ocasiones de admirar la Biblia de Gutenberg. Hace muchos años, una en papel en el campus de la Universidad de Texas en Austin, adquirida en 1978 por 2,4 millones de dólares. Más recientemente, otras dos en pergamino: una, junto a la Gran Biblia de Mainz, en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en Washngton D.C, y otro espléndido ejemplar en la Biblioteca Británica, en Londres.

Obviamente es el incunable más valioso. Se denomina incunables a los libros impresos antes del año 1500.

LA IMPRENTA Y LUTERO

La creación de Gutenberg tuvo un doble impacto en el corazón de la Iglesia: permitió la rápida divulgación de las 95 Tesis por toda Europa y la posterior difusión de la Biblia en idioma alemán. La traducción de Lutero del Nuevo Testamento en su propia lengua se imprimió en septiembre de 1522, poniendo al alcance del pueblo el mensaje evangélico. No es exagerado afirmar que la lectura de la Biblia fue el combustible que encendió el fuego de la Reforma, algo que fue posible gracias a la invención de Gutenberg.

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Biblia de Gutenberg exhibida en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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LA BIBLIA Y LOS GRANDES ESCRITORES ARGENTINOS (por Pablo R. Bedrossian)

Este artículo está incluido en la introducción de una edición especial de la Biblia, lanzada por la Sociedad Bíblica Argentina en ocasión del Bicentenario de la Independencia. 

La Biblia no sólo es revelación: es literatura, pues es el libro que contiene las palabras acerca de la Palabra.

Quizás como una reacción libertaria al dogmatismo impuesto por la iglesia oficial a partir del golpe de 1930, los grandes escritores argentinos del siglo XX, como Borges, Cortázar y Sábato fueron ateos, agnósticos o personas con profundas dudas de fe. A pesar de ello, La Biblia está omnipresente en sus textos, en forma tácita o explícita.

BORGES

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Borges por Luis Chávez

En una entrevista con María Esther Vázquez, al responder la pregunta sobre cuál fue su primer contacto con las letras dice:

“… también debo recordar a mi abuela, que era inglesa y sabía de memoria la Biblia, de modo que puedo haber entrado en la literatura por el camino del Espíritu Santo…”[1].

Se refería a su abuela paterna, Frances Haslam Arnett. En el encuentro que mantuve con él, me dijo sobre ella “¿Ud. sabe? Tenía una abuela protestante. Un bisabuelo mío era pastor metodista”[2].

Esta rica influencia llegó a sus escritos. El Catálogo de la Biblioteca Nacional de España, publicado en ocasión de la exposición en su homenaje, a fines de 1985, incluyó una lista de autores citados por Borges a esa fecha, poco antes de su muerte. La Biblia comparte el segundo lugar junto con William Shakespeare con 110 citas, sólo superado por el autor de La Guerra Gaucha, Leopoldo Lugones, con 117. El número real de citas bíblicas es aún mayor pues tiene omisiones[3].

Entre los títulos de sus obras hay algunos explícitamente bíblicos, como sus cuentos “Tres versiones sobre Judas” o “El evangelio según san Marcos”, o sus poemas “Juan 1:14”, “Lucas XXIII”, “Eclesiastés 1:9” y “Cristo en la cruz”.

Su conocida admiración por el pueblo judío está íntimamente unida a “La Biblia o, más concretamente, la Torá o el Pentateuco. Se considera que esos libros fueron dictados por el Espíritu Santo. Esto es un hecho curioso: la atribución de libros de diversos autores y edades a un solo espíritu; pero en la Biblia misma se dice que el Espíritu sopla donde quiere”[4].

Su buen conocimiento de estos textos puede comprobarse cuando escribe “de Moisés que, desde la tierra de Moab, divisó y no pudo pisar la tierra prometida”[5] o “La lección original es famosa. La registra el capítulo tercero del segundo libro de Moisés, llamado Éxodo. Leemos ahí que el pastor de ovejas Moisés, autor y protagonista del libro, preguntó a Dios Su Nombre y Aquél le dijo: Soy El Que Soy”[6].

Borges también conoce bien los evangelios. Basta un ejemplo como prueba: “De Cristo sabemos que escribió una sola vez algunas palabras que la arena se encargó de borrar” en cita directa al Evangelio de Juan 8:6-8[7].

santa-biblia-argentina-02No profesa ninguna fe a través de sus textos; para Borges la Biblia es un instrumento para alcanzar sus fines literarios. Frente a Jesús asume una posición ambigua, basada en su interpretación de las afirmaciones evangélicas:

“Siempre he tenido una admiración muy especial por Cristo… Sin embargo, siento que hay algo que le sobra a Cristo. O que le falta… En Cristo hay algo como de político que no acaba de convencer. Inclusive, por momentos me parece hasta demagógico. Por ejemplo, aquello de que los últimos serán los primeros[8]. ¿Por qué? Es injusta esa aseveración. ¿Por qué? No lo entiendo. Y menos entiendo esa idea miserable de que los ricos no entrarán al Reino de los Cielos porque aquí, en la Tierra, ya recibieron su recompensa[9]. Si el Reino de los Cielos es eterno, ¿cómo puede comparársele a unos cuantos años de supuesta felicidad aquí en la Tierra? [10]”. “Al mismo tiempo, si una persona cree que es Hijo de Dios[11], si confiesa opiniones tan extraordinarias como ésa, no sé hasta dónde podemos juzgarlo. Indudablemente es una de las personas más raras y más admirables que ha contado el mundo”[12].

Un detalle poco conocido es que, en uno de los personajes de sus cuentos es un vendedor de biblias:

“El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora.

– Vendo biblias – me dijo.

No sin pedantería le contesté:

– En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta”[13].

Cabe aquí agregar una parte del diálogo que mantuve con él:

– Y Ud., Borges, ¿en qué cree?

– Bueno, yo soy ateo.

– Déjeme preguntarle de otro modo. ¿Cree en una vida eterna?

– No

– ¿Cree en la resurrección de Jesucristo?

– Tampoco

– ¿Y en Jesucristo como ser histórico?

– Desde luego. Si no, tendría que pensar que los cuatro más grandes escritores de la antigüedad fueron cuatro novelistas.[14]

CORTÁZAR

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Julio Cortázar retratado por Sara Facio

Julio Cortázar conocía bien la Biblia. “Su amor por los idiomas también se despertó tempranamente, y al inglés… sumó el alemán… al que perfeccionó en Bolívar gracias a la lectura de la Biblia de Lutero”, dice uno de sus biógrafos[15].

Por ejemplo, una de sus expresiones favoritas es hablar de su “Camino de Damasco”, utilizando la experiencia paulina a modo de metáfora, para representar repentinas tomas de conciencia que lo llevaron a cambios radicales: “Ese libro fue un poco mi Camino de Damasco, porque recién en ese momento me caí del caballo. Y sentí que toda una etapa de mi vida literaria entraba irrevocablemente en el pasado y que delante se abría un mundo del que yo no entendía muy claramente las cosas”[16]. “París fue un poco mi Camino de Damasco. La gran sacudida existencial”[17].

A pesar que su universo está centrado en el ser humano rodeado de trivialidades y situaciones comunes, también contiene frecuentes elementos bíblicos, pero menos manifiestos. Los usa en sentido dramático, para representar la actitud humana frente al dolor y el sufrimiento. Por ejemplo, uno de sus cuentos más famosos, “El Perseguidor” está poblado de alusiones bíblicas. Su epígrafe es la frase del Apocalipsis “sé fiel hasta la muerte”[18]. En “Las fases de Severo”[19], se relata la grotesca pasión y muerte de un amigo del personaje, despojado de todo sentido religioso, pero teniendo como sustrato las últimas horas de Jesús. El tema no era nuevo para él. A los 24 años y bajo el seudónimo de Julio Denis, había publicado su soneto “Crucifixión”:

“Tanta sed, que el agua hubiera sido

sucedáneo de Dios en ese instante.

Tanto el dolor como el clamor quemante

a cada descender del pecho herido.

Y el corazón latiendo, con latido

tenaz y mantenido y delirante,

reloj trizando de un tiempo agonizante,

matando en más vivir lo Prometido.

Jesús alzó los ojos hasta el cielo

Y halló tan sólo un resplandor de hielo

tras del cual se escondía indiferencia;

y comprendió el porqué de ese latido

prolongado en el ansia del gemido

y comprendió el porqué de su Presencia.[20]

Para Cortázar la Biblia sirve tanto de instrumento como de referencia. Hasta donde sabemos, nunca profesó una fe bíblica, sino que, en sus primeros años, concebía a Dios en términos de experiencia; por ejemplo, “Usted irá alguna vez a la Quebrada de Humahuaca; usted comprenderá entonces esa imposibilidad de hablar. Allí, en cada pico y en cada valle, se queda uno a solas con Dios”[21].

santa-biblia-argentina-01Su adhesión a la revolución castrista y posteriormente al sandinismo fueron parte de su evolución personal de sus últimos años. Hay un relato del extraordinario escritor nicaragüense Sergio Ramírez, donde Cortázar participa de una misa oficiada por Ernesto Cardenal, en Mancarrón, una isla de Solentiname, un archipiélago en el Lago de Nicaragua, que era foco de la resistencia contra el dictador Somoza. Compartimos algunos párrafos, pues revela de algún modo la interpretación que Cortázar hacía sobre las Escrituras. El pasaje es Mateo 26:

Lee Ernesto: “¿no sabes que podría pedirle a mi Padre, y él me enviaría ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pero en ese caso, ¿cómo se cumplirían las escrituras, que dicen que tiene que suceder así?”. Y Cortázar: “Es un pasaje muy, muy oscuro, que habría que analizar en relación con el resto del evangelio. Pero es evidente que toda la vida de Jesús va cumpliendo una tras otra las profecías que se han hecho de él; digamos que él es fiel a las profecías, a un plan preconcebido; entonces no puede dejar de cumplir la última, que es su muerte. Sería un contrasentido de su parte pedir que vengan doce divisiones de ángeles, no lo puede hacer, no quiere hacerlo.”

 

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Con el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, mencionado en esta nota

Yo digo que Jesús está advirtiendo que no se puede confiar todo a los ángeles, que los ángeles no tienen nada que ver con las luchas terrenas, como la del pueblo de Nicaragua contra Somoza. Entonces Cortázar: “una interpretación sumamente tendenciosa, me parece”. Yo: “ni él mismo creía que pudieran venir doce divisiones de ángeles a ayudarlo.” Cortázar; “quién sabe, en aquella época los ángeles eran muy eficaces, porque intervienen frecuentemente en la Biblia”. Yo: “en el antiguo testamento, no en el nuevo” Y Cortázar: “Del nuevo no estoy tan seguro, pero en el antiguo su eficacia está comprobada”[22].

 

SÁBATO

santa-biblia-argentina-03Ernesto Sábato estudiaba Física en la Universidad de La Plata cuando ingresó en la Federación Juvenil Comunista. En poco tiempo se convirtió en secretario de la Juventud Comunista Argentina, organización que lo envió al Congreso Antifascista de Bruselas.  “Allí, en el curso de las charlas –recuerda- advertí que los males que yo temía (del sistema soviético) eran peores de lo que yo podía imaginar, y me fugué a Paris”[23].

En Francia sufrió una profunda crisis espiritual e ideológica que lo hizo romper con el comunismo, tras la cual retornó a la Argentina para reanudar sus estudios. En 1937 obtuvo el doctorado en Física. Posteriormente fue becado fuera del país y a su regreso fue nombrado catedrático de Física Teórica de la Universidad de La Plata. En 1943 se trasladó a Córdoba donde comenzó su labor literaria. Si bien un año después regresó a los claustros universitarios, su enfrentamiento con el régimen peronista lo obligó a renunciar.

Ernesto Sábato dio al tema ético un lugar central, por lo que no debe sorprendernos sus frecuentes menciones a Dios como fuente de razón y justicia. Sin embargo, en sus ensayos y en sus dos primeras novelas, “El Túnel” y “Sobre héroes y tumbas” hay muy escasas citas bíblicas. La más importante se encuentra en boca de un personaje, en la segunda de las novelas:

“Pero el loco Barragán proseguía con su predicación, sin oírlo, ya que su pregunta era retórica:

—Por eso yo les digo, muchachos, que la felicidad hay que buscarla dentro del corazón.

Pero para eso se necesita que venga el Cristo de nuevo[24]. Lo hemos olvidado, hemos olvidado sus enseñanzas, hemos olvidado que sufrió el martirio por nuestra culpa y por nuestra salvación[25]. Somos una manga de desagradecidos y unos canallas. Y si viene de nuevo, capaz que no lo conocemos y hasta le tomamos el pelo”[26].

Su conocimiento de las Sagradas Escrituras, también se observa en sus ensayos. Hay una mención importante a la muerte de Jesús al escribir sobre la trágica muerte de uno de sus hijos:

“Cuando murió Jorge Federico, la concepción que entonces tenía del tiempo resultó inválida… todo quedó suspendido en un vacío desgarrador. En mi imposibilidad de revivir a Jorge, busqué en las religiones, en la parapsicología, en las habladurías esotéricas, pero no buscaba a Dios como una afirmación o una negación, sino como a una persona que me salvara, que me llevara de la mano como a un niño que sufre. Lo que antes había leído con juicio crítico, ahora lo absorbía como un sediento[27]… Y entonces, cuando abandono esos razonamientos que acaban siempre por confundirme, me reconforta la imagen de aquel Cristo que también padeció la ausencia del Padre”[28].  

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Con Ernesto Sábato en su casa de Santos Lugares

Sin embargo, es “Abaddon el Exterminador”, su última novela, donde se encuentra sus mayores menciones a los textos bíblicos, comenzando desde el propio título. El epígrafe, que pertenece al Apocalipsis, prefigura el contenido de la obra: “Y tenían por rey al Ángel del Abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddón, que significa El Exterminador”[29].

El tema de la destrucción sobrevuela todo el texto. “El monstruo ahora echaba fuego por las fauces de sus siete cabezas”[30] es una idea tomada de Apocalipsis 13:1. Más adelante un personaje dice “El 6 de agosto de 1944, los norteamericanos prefiguraron el horror final en Hiroshima. El 6 de agosto. El día de la Luz, de la Transfiguración de Cristo en el Monte Tabor![31][32].

A través de todo el relato, errático por momentos, se manifiesta la lucha entre las tinieblas y la luz, virtualmente tomada del primer capítulo del Evangelio de Juan, aunque alguno pueda adjudicarla al pensamiento esenio o al griego.

Dentro de la misma obra hay un curioso diálogo, donde un controvertido personaje antisemita menciona a las Escrituras, Satanás, Jehová, el Antiguo Testamento, el asesinato de Abel, Noé y el Diluvio, Abraham, Sodoma y Gomorra, la pascua, Cristo, Jesús, Judas. De inmediato afirma “Recuerden aquel pasaje en que Saulo reproduce las palabras de Cristo, convertido desde entonces en el Apóstol Pablo, para que predicase el evangelio entre judíos y gentiles: ‘Para que abras sus ojos, para que conviertas de las tinieblas a la luz, de la potestad de Satán a la de Dios[33]’. Y también aquellas palabras del Cristo en el Evangelio de San Juan, cuando les dice a los judíos: ‘De vuestro padre el Diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir’[34]. Más claro, imposible. Y ya lo dijo Satanás a Cristo: ‘Todo esto te daré si postrado me adorares’[35]”.

Sábato a diferencia de Borges y Cortázar no convierte la Biblia en un instrumento para su literatura, sino más bien le sirve sólo como referencia. El tema escatológico y la esperanza de un nuevo tiempo subyacen en este texto que desde el principio remite recurrentemente al Apocalipsis. “Si no tuviera esperanza, querido Bedrossian -me escribió en una de sus cartas-, no podría soportar este mundo”[36].

EPÍLOGO:

Creo que Marco Denevi, el autor de “Rosaura a la Diez” resume cabalmente el pensamiento de los escritores argentinos más influentes:

“Acudo permanentemente a la Biblia no por sus revelaciones religiosas sino por sus revelaciones humanas, por sus espléndidas metáforas poéticas, por sus relatos originales. Infinitamente más vasta que Homero, que Dante, que Shakespeare, que Cervantes, incomparablemente más rica que cualquier otra obra literaria…”[37].

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Vázquez, María Esther, “Borges, sus días, su tiempo”, 1984, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, p.39

[2] Bedrossian, Pablo, en “El Expositor Bautista”, agosto de 1986, CEBA, p.6

[3] Velez, Gonzalo Salvador, “Borges y la Biblia”, 2008, Barcelona, tesis doctoral, Universitat Pompeu Fabra, p.12

[4] Borges, Jorge Luis, “Borges oral”, 1979, Emecé Editores / Universidad de Belgrano, Buenos Aires, p.17

[5] Borges, Jorge Luis, “Tema del Traidor y del Héroe”, en “Ficciones”, 1944, en “Jorge Luis Borges, Obras Completas 1923-1972”, 1974, Emecé Editores, Buenos Aires, p.496

[6] Borges, Jorge Luis, “Historia de los ecos de un nombre”, en “Otras Inquisiciones”, 1952, p.750

[7] Borges, Jorge Luis, “Borges oral” p.15

[8] Evangelio de Marcos 10:31

[9] Evangelio de Marcos 10:23-25

[10] Solares, Ignacio, entrevista realizada a Borges en 1976, incluida en “Borges de la A/Z”, 1988, compilación de opiniones de Jorge Luis Borges por Antonio Fernández Ferrer, Biblioteca de Babel, p.21

[11] Evangelio de Juan 10:25, 15:15

[12] Vázquez, María Esther, Op. Cit. p.100

[13] Borges, Jorge Luis, “El Libro de Arena”, en “El Libro de Arena”, 1975, en “Jorge Luis Borges, Cuentos Completos”, 2012, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina

[14] Bedrossian, Pablo, Op.cit. p.6

[15] Goloboff, Mario, “Julio Cortázar – La Biografía”,1998, Cuadernos de Sudestada, Ediciones Continente, Buenos Aires, Argentina, p.21

[16] Carta a Graciela de Sola, citada en Goloboff, Mario, Op.cit. p.26

[17] González Bermejo, Ernesto, “Conversaciones con Cortázar”, 1978, Edhasa, Barcelona, p.10

[18] Apocalipsis 2:10

[19] Cortázar, Julio, “Las fases de Severo”, en “Octaedro”, 1974, en “Cortázar, Cuentos Completos/2”, 1996, Alfaguara,Buenos Aires, Argentina

[20] Denis, Julio (seudónimo de Julio Cortázar, “Presencia”, 1938, El Bibliófilo, Buenos Aires, p.35-36

[21] Cortázar, Julio, carta a Mercedes Arias en “Cartas”, 2000, Alfaguara, Buenos Aires, Argentina, p.106

[22] Ramírez, Sergio, “El Evangelio según Cortázar”, en Revista de la Universidad de México, 2004, número 1, México, p.26

[23] Suplemento “Iberoamérica Una Comunidad”, Diario Clarín, 17/07/1991, Buenos Aires p.2. La referencia entre paréntesis proviene del párrafo anterior y se le agrega para entender su expresión “los males” según el contexto.

[24] Hechos 1:11, 1ª Ep. a los Tesalonicenses 1:10, 4:16

[25] Epístola a los Romanos 5:8,19; 6:23

[26] Sábato, Ernesto “Sobre Héroes y Tumbas”, 1961, en “El Túnel – Sobre Héroes y Tumbas”, 1985, Seix Barral, Barcelona, España, p.290

[27] Sábato, Ernesto, “La Resistencia”, 1998, Seix Barral, Buenos Aires, Argentina, p.180

[28] Sábato, Ernesto, Op. cit. p.197

[29] Apocalipsis 9:11; en muchas versiones aparece escrito Abadón, con una sola d.

[30] Sábato, Ernesto, “Abaddón El Externinador”, 1974, en “Abbadón El Externinador / Ejercicios Estilísticos”, 1986, Seix Barral, Barcelona, España, p.13

[31] Evangelio de Mateo 17:1

[32] Sábato, Ernesto, “Abaddón El Externinador”, 1974, en “Abbadón El Externinador / Ejercicios Estilísticos”, 1986, Seix Barral, Barcelona, España, p.318

[33] Hechos 26:18

[34] Evangelio de Juan 8:44

[35] Evangelio de Mateo 4:9

[36] Bedrossian, Pablo, “Ernesto Sábato: Un Encuentro y Tres Cartas Suyas”,  https://pablobedrossian.wordpress.com/2013/12/20/ernesto-sabato-un-encuentro-y-tres-cartas-suyas-por-pablo-r-bedrossian/

[37] Bedrossian, Pablo, “El Escritor y La Biblia: Marco Denevi responde” https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/03/21/el-escritor-y-la-biblia-responde-marco-denevi-por-pablo-r-bedrossian/

LA VERDADERA HISTORIA DE LA NAVIDAD (por Pablo R. Bedrossian)

El término Navidad proviene del español antiguo Natividad[1], derivada a su vez el latín nativitas, que significa nacimiento[2]. El término se utilizó para celebrar el nacimiento de Jesús. Por eso, hablar de Navidad omitiendo el nacimiento de Jesús es como decir café descafeinado: un intento de vaciar una palabra de su contenido mientras ella misma lo sigue proponiendo.

Hablar de Navidad omitiendo el nacimiento de Jesús es como decir café descafeinado: es el intento de vaciar una palabra de su contenido mientras ella misma lo sigue proponiendo.

En nuestra sociedad materialista, donde los negocios son más importantes que la fe, se ha reemplazado la imagen del niño Jesús en el pesebre por un anciano gordinflón de barba blanca, vestido de rojo. Diría que hoy la Navidad sobrevive sólo en algunos villancicos y en las representaciones que se realizan en algunas iglesias, y que no es Jesús, sino el arbolito, su símbolo principal. Pero, si hablamos de Navidad, hablemos de nacimiento.

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“La adoración de los pastores”, de Agnolo Bronzino; obra realizada hacia 1540, Szépművészeti Múzeum, Budapest, Hungría

LA FECHA

Muy difícilmente Jesús haya nacido un 25 de diciembre. Hay dos razones: la primera es que esta celebración, instituida formalmente a mediados del siglo IV, cristianizó una fiesta pagana que se realizaba ese mismo día[3] dedicada al Sol Invicto, cuyos restos perduran en la estrella que corona el tradicional pino navideño. Incluso en Oriente se celebraba la Navidad en otra fecha, el 6 de enero, una tradición que hoy sólo conserva la Iglesia Apostólica Armenia. La segunda es por la mención de los pastores -según el relato del evangelio de Lucas- cuidando a sus ovejas al aire libre; en diciembre, a causa del frío, sería improbable. Sin embargo, el estudioso Alfred Edersheim, basándose en un pasaje de la Mishná[4], postuló una teoría diferente: “Porque cerca de Belén, en el camino a Jerusalén había torre conocida como Migdal Eder, la ‘torre de vigilancia de los rebaños’. Era el lugar donde los pastores vigilaban los rebaños destinados a los sacrificios del templo… parece profundamente significativo que aquellos pastores que primeramente oyeron las nuevas del nacimiento del Salvador… estuvieran vigilando rebaños destinados a ser ofrecidos como sacrificios en el templo”[5]. Convengamos que la Biblia no menciona la fecha de la Navidad y simplemente se trata de un tiempo de recordación.

La Biblia no menciona la fecha de la Navidad y simplemente se trata de un tiempo de recordación.

LAS FUENTES

Aunque algunos historiadores creen que el Cristo de la fe es diferente del Jesús de la Historia, nosotros creemos que sin el Jesús que nació en Belén, vivió en Nazaret y fue crucificado y resucitado en Jerusalén no habría un Cristo en quien creer[6].

Los cuatro evangelios canónicos son los libros cronológicamente más cercanos a la historia de Jesús. Dos de ellos no relatan el nacimiento: Marcos comienza con el bautismo y Juan contiene un prólogo de corte teológico. Pero sí cuentan la historia Mateo y Lucas. Curiosamente ambos comparten buena parte de su material[7], pero tanto en el nacimiento como en la resurrección, cada uno presenta su propia perspectiva, construida a partir de fuentes diferentes. Mateo es el único que contiene la historia de los Reyes Magos, la matanza de los niños por parte de Herodes y el viaje de la familia de Jesús a Egipto. Lucas es el único que habla del parentesco con Juan El Bautista, del pesebre y los pastores, y menciona algo de su niñez.

Aunque algunos historiadores creen que el Cristo de la fe es diferente del Jesús de la Historia, nosotros creemos que sin el Jesús que nació en Belén, vivió en Nazaret y fue crucificado y resucitado en Jerusalén no habría un Cristo en quien creer.

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Detalle de “La adoración de los pastores” de Bronzino

EL CONTEXTO

Cuando nace Jesús, Roma ya era un imperio. Había impuesto la paz por las armas. El emperador gobernaba a través de procuradores o de reyes vasallos. Tal es el caso de Herodes El Grande, el extranjero que mandaba en Israel, hijo de padre idumeo y madre árabe (era nabatea). El pueblo hebreo estaba sometido por los romanos y obligado a pagar altos impuestos. Esperaban un mesías, el Ungido de Dios, que los salvara. Tenían diversas expectativas: predominaba la de un libertador, descendiente del rey David, pero también la de un hombre que bajaba con poder del cielo (lo que conocemos como Hijo del Hombre).

Lucas, que se puede decir que es el único evangelista que describe su método de investigación, ubica el nacimiento de Jesús en la historia. Dejemos que el propio Lucas nos hable:

“Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido… Hubo en los días de Herodes, rey de Judea…”[8]

LOS RELATOS

Más adelante el mismo Lucas escribe:

“Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”[9].

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Otro detalle de “La adoración de los pastores” de Bronzino

Mateo, aunque en menor medida, también da referencias históricas: simplemente ubica a Jesús en tiempo de Herodes[10]. Según este autor, el nacimiento fue milagroso:

“Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:  He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS”[11].

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Sigamos leyendo a Lucas que nos cuenta de un hecho extraordinario: el anuncio a los pastores. Probablemente los pastores representaban a los más humildes y postergados, que estaban expuestos a muchos peligros y buscaban a Dios de corazón.

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ‘¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!’. Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían”[12].

No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.

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Vista parcial de “La Virgen y el Niño bajo el Arco”, obra de Petrus Christus, realizada a mediados del siglo XV . Expuesta en el Szépművészeti Múzeum, Budapest

Cristo no era un nombre; era un título que se le daba al mesías, al salvador esperado por los israelitas. Desde mediados del siglo II a.C., a partir de Antíoco IV Epífanes, el rey seléucida que durante su campaña a Jerusalén quiso suprimir el culto a Jehová[13], los judíos hicieron enormes sacrificios por defender su precaria independencia. Desde tiempo atrás se habían replanteado su creencia en la justicia retributiva de Dios, por la cual la prosperidad es la recompensa de la obediencia. Enfrentaban un nuevo escenario: el sufrimiento de los justos. Se preguntaban, ¿cómo puede ser que Dios permita tanta injusticia? Y se respondieron diciendo que a su tiempo llegaría el castigo divino sobre los malvados. Se difundieron a partir de allí doctrinas que estaban en forma embrionaria en los textos sagrados (hoy conocidos como Antiguo Testamento), tales como la resurrección de los muertos, el juicio final y la llegada del Ungido, el mesías que libertaría al pueblo. Pero Jesús no llega con un cetro y un trono; nace entre los más humildes y desposeídos.

Continúa Mateo:

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: ‘Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel’. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo. Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.”[14].

Si los pastores representan a los débiles y excluidos, los magos representan a los sabios. El autor no nos dice que eran tres, ni reyes, ni que viajaban en camellos; menos aún que se llamaban Gaspar, Melchor y Baltazar, como lo sostiene la tradición, pero sí nos dice que siguieron una estrella. No eran magos en el sentido moderno de la palabra sino hombres altamente educados con conocimiento de astronomía, que interpretaban como señales sus observaciones celestes. Son presentados como personas que buscaban la verdad y que se rindieron ante la evidencia: No se encerraron en sus paradigmas o prejuicios. Inquirieron e indagaron hasta encontrar las respuestas a sus preguntas.

Los sabios de Oriente no se encerraron en sus paradigmas o prejuicios. Inquirieron e indagaron hasta encontrar las respuestas a sus preguntas.

Pero hay algo más en esta historia: los pastores eran judíos, y los magos, extranjeros. En el relato de Mateo hay un mensaje de universalidad: Jesús no fue adorado sólo por personas de su pueblo sino también por hombres de otras naciones, prefigurando la expansión del evangelio, su Buena Noticia, más allá de las fronteras palestinas.

Desde luego, las pinturas de los pastores y los magos rodeando al niño en un pesebre muestran una visión romántica de la Navidad. Pero la realidad está muy lejos de la belleza del arte. Jesús no nació bajo circunstancias favorables. En un establo hay estiércol y mal olor. Como dice el apóstol Pablo, siendo rico se hizo pobre para que nuestra pobreza fuera enriquecida[15]. Sin embargo, su destino no fue determinado por su contexto sociopolítico, ni por los padecimientos económicos, sino por su visión de lo que debía ser y hacer.

Jesús no nació bajo circunstancias favorables. Sin embargo, su destino no fue determinado por su contexto sociopolítico, ni por los padecimientos económicos, sino por su visión de lo que debía ser y hacer.

La llegada de Jesús al mundo nos recuerda que, aunque muchos no creamos en Dios, Dios sigue creyendo en nosotros. Que la misma luz que brilló en Belén ilumine nuestros corazones ahora y siempre.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Es una apócope; un apócope es la pérdida o desaparición de uno o más letras o sílabas al final de algunas palabras.

[2] http://www.elcastellano.org/palabra/navidad. En inglés, la palabra Christmas (Navidad en inglés) también hace referencia a Cristo.

[3] En el 45 a. C., se fijó el 25 de diciembre como el solsticio de invierno de Europa. El solsticio de invierno es el instante en el Sol se encuentra a mayor distancia de la Tierra.

[4] La Mishná un texto de finales del siglo II que recoge antiquísimas tradiciones judías

[5] Edersheim, Alfred, “Usos y costumbres de los judíos en los tiempos de Cristo”, p.101, reedición por Editorial Clíe, 2003 (el libro es de 1876)

[6] Autores como John Dominic Crossan sostienen que Jesús era un predicador ambulante analfabeto mientras que otros, mucho más documentados y menos conjeturales, como Gerd Theissen, sostienen que si bien los evangelios están impregnados de fe se pueden encontrar allí elementos históricos. Ningún libro ha sido tan sometido a todo tipo de aparatos críticos como la Biblia. Por ejemplo, la crítica de las fuentes, la crítica histórica, la crítica textual, la crítica de las formas.

[7] Mateo y Lucas siguen a Marcos en una gran extensión de sus relatos; además comparten otros pasajes que no están en Marcos atribuidos por muchos expertos a una presunta fuente común, nunca encontrada, que denominan documento Q.

[8] Evangelio según San Lucas 1:1-5a

[9] Evangelio según San Lucas 2:1-7

[10] Evangelio según San Mateo 2:1-3

[11] Evangelio según San Mateo 1:18b-25

[12] Evangelio según San Lucas 2:8-18

[13] También llamado Yahveh o Yahve, según las traducciones.

[14] Evangelio según San Mateo 2:1-16

[15] 2ª Epístola a los Corintios 8:9


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

 

QUIÉNES SON LOS VALDENSES: SU LEGADO Y SU HISTORIA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

“Los primitivos valdenses no se jactaron nunca de una directa descendencia apostólica, en el sentido rigurosamente histórico y con preocupaciones de orden genealógico: afirmaron sí, ser los sucesores de los apóstoles por cuanto recogieron la heredad de su pensamiento religioso. Y en verdad, tomado en un sentido puramente ideal, se anudan a los primeros tiempos de los pregoneros del Evangelio, mediante una gloriosa cadena de precursores, puesto que precursores de los Valdenses pueden considerarse todos los espíritus selectos que, en los siglos anteriores, se habían levantado en contra de la corrupción de la fe y de las costumbres, tratando de reconducir a la Iglesia de Cristo a la pureza y simplicidad primitivas”. Ernesto Comba

Templo Valdense de Livorno, Italia

Templo Valdense de Livorno, Italia

Valdo -cuyo nombre en español sería Pedro Valdés– era un mercader de Lyon del siglo XII que eligió llevar una vida de pobreza y predicación. Enseguida se conformó alrededor suyo un grupo de seguidores a los cuales el arzobispo de la ciudad, Guichard de Lyon, prohibió predicar. Valdo y los suyos apelaron a Roma, donde el inglés Walter Map, haciendo uso de sutilezas teológicas -diferenciaciones que nosotros hoy no comprendemos- los ridiculizó. Si bien se les permitió a los valdenses conservar sus votos de pobreza, se les prohibió predicar, salvo que las autoridades locales lo admitieran. A pesar de la oposición del arzobispo local, a su regreso proclamaron su mensaje de pobreza y fe, por lo que fueron condenados en el Concilio de Verona en 1184 y perseguidos en toda Europa, refugiándose en los valles más altos de los Alpes[1]. Allí se unieron a ellos lo que quedaba de los pobres lombardos, movimiento muy similar al de los valdenses que padecían la misma situación.

Templo Valdense en Torre Pellice

Templo Valdense en Torre Pellice

Primero reprimidos, luego fueron atacados ferozmente. Cuenta Ernesto Comba “el primer suplicio que se recuerda es el de una mujer, acusada de valdesía y quemada viva en Pinerolo en 1312, siempre en virtud del contrato estipulado entre los príncipes de Acaya y la Inquisición… en 1354 se plegaron a la orden de arrestar unos 15 valdenses, los que probablemente fueron enviados a la hoguera… de 1376 a 1393 la persecución, dirigida por el inquisidor Francisco Borelli, monje de Gap, fue espantosa; el frenesí fanático llegó a tal punto que, por último, se desenterraba a los muertos para quemarlos”[2]. La lista de padecimientos es terrible y extensa.

Después de una heroica lucha por su supervivencia, en el siglo XVI, tras el surgimiento de la Reforma, los valdenses adhirieron a su doctrina y se sumaron a ella[3].

El propio Map dijo de ellos: “Andan en parejas, descalzos, vestidos con prendas de lana, desposeídos de todo, manteniendo todas las cosas en común como los Apóstoles… si los aceptamos seremos eliminados”[4].

LOS VALDENSES EN EL RÍO DE LA PLATA

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Valdenses en el siglo XIX en Uruguay

En la actualidad, tanto en Argentina como en Uruguay hay iglesias valdenses. En 1857 llegaron a Uruguay los primeros colonos italianos valdenses. Pese a serias contingencias, lograron establecer una colonia en Rosario Oriental, Departamento de Colonia, donde –escribe nuestro amigo, el Dr.Pablo Deiros- llegaron a tener “su iglesia, su pastor, su escuela y un maestro de origen europeo… en 1877 llegó al país su líder más destacado, el pastor Daniel Armando Ugón”[5], que fue un gran organizador. Se abrieron escuelas, templos, obras y se promovió la inmigración y fundación de nuevas colonias.

Primeros valdenses en Argentina

Primeros valdenses en Argentina

De Uruguay la llegada de valdenses se extendió a la Argentina, ocupando territorios desde La Pampa a Chaco.

Las colonias de estos países “cuentan con templos y pastores propios, y han permanecido unidas con la Iglesia Valdense madre, de la que forman el V Distrito, llamado Distrito de la Región Platense, a partir del año 1922; cada año se reúnen en Conferencia y nombran sus delegados al Sínodo de Torre Pellice, el cual se interesa siempre vivamente en la suerte de aquellas lejanas Iglesias”[6].

LOS VALDENSES SEGÚN EL DR.RENÉ FAVALORO

Dr. Rene FavaloroEn la región sur de la provincia de La Pampa se instalaron especialmente en la localidad de Jacinto Arauz, donde el Dr.René Favaloro, el más destacado cardiocirujano argentino, tomó contacto con ellos. En un libro con sus memorias como médico en la zona escribió de los valdenses: “prendados de la tierra viven con un gran sentido comunitario. La humildad es uno de los atributos principales. Se evidenciaba al observar su sencilla vestimenta… o en la casa que habitaban construida e general por ellos mismos… A pesar que a través de los años habían progresado y mejorado su nivel económico, seguían viviendo con la misma austeridad… La iglesia valdense, emplazada hacia el noreste del pueblo, constituía la representación vida de espíritu que los animaba. Era, por sobre todas las cosas, centro de cultura donde se realizaban innumerables reuniones para intercambiar opiniones sobre temas trascendentes relacionados con la comunidad. Predominan en los valdenses principios definidos de solidaridad, de sentido comunitario, de respeto mutuo, de rígidos cánones éticos y morales y de gran amor a la libertad, como consecuencia de la acción desplegada por los pastores, con la ayuda de laicos que colaboraban directamente con la iglesia y que, a través del tiempo, se transformaban en verdaderos líderes de la comunidad. Es necesario resaltar que la iglesia se sostiene por contribución de todos los feligreses que aportan de acuerdo a su capacidad económica”[7].

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.

 


REFERENCIAS

[1] González, Justo L., “Historia del Pensamiento Cristiano”, Tomo 2, p.191.192, Editorial Caribe, 2002

[2] Comba, Ernesto, Historia de los Valdenses, 1997, traducción de Levy Tron y Daniel Bonjour, http://www.mercaba.org/K/medieval/historia%20de%20los%20valdenses%20comba.htm, 1987

[3] González, Justo L., “Historia del Cristianismo”, Tomo 1, p.412, Editorial Unilit, 1994

[4] Johnson, Paul, “La Historia del Cristianismo”, p.289,290, Javier Vergara Editor, 1989

[5] Deiros, Pablo Alberto, “Historia del Cristianismo en América Latina”, p.630-631, Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1992

[6] Comba, Ernesto, Op.cit.

[7] Favaloro, René, “Crónicas de un Médico Rural. Los habitantes”, p.3-4, Universidad Nacional de Río Cuarto, 2005


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Las fotos de los templos valdenses de Livorno y Torre Pellice fueron tomados de http://www.wikipedia.org

La foto de valdenses en el Uruguay en el siglo XIX fue tomada de viajes.elpais.com.uy

La foto de los primeros valdenses en Argentia fue tomada de http://palabrafiel.org

EL 24 DE ABRIL MÁS TRISTE DE LA HISTORIA (por Pablo R. Bedrossian)

La noche del 23 de abril de 1915 comenzó una de las jornadas más terribles del siglo XX. Durante toda esa noche y hasta la madrugada del 24, centenares de líderes de la comunidad armenia fueron secuestrados de sus hogares, puestos bajo arresto en Estambul e inmediatamente deportados hacia el interior de Turquía, para luego ser en su mayoría asesinados. A partir de allí la persecución se extendió a todo el pueblo. Las formas de aniquilación que los turcos utilizaron eran variadas: largas deportaciones donde los indefensos civiles armenios eran expuestos al hambre, la intemperie y las enfermedades, como también torturas, violaciones, horcas y fusilamientos.

Genocidio Armenio 01 Niños

QUIÉNES SON LOS ARMENIOS

Armenia es una nación milenaria. De acuerdo con el relato bíblico, el arca de Noé se posó en el Monte Ararat. Según Génesis 10:3, Jafet, uno de los tres hijos de Noé, tuvo un nieto llamado Togarma (Torkom para los armenios). Una tradición cuenta que un hijo de Togarma, Haik, se estableció en la planicie más alta del Ararat fundando el pueblo armenio. Sin embargo,  otros historiadores sostienen que los armenios eran oriundos de Europa y habrían vivido en Asia Menor, hasta asentarse finalmente en la tierra de Urartú (Ararat). De un modo u otro, toda la antigüedad clásica menciona a Armenia como una nación altamente influyente, que sirvió campo de batalla para los imperios romano y persa entre los cuales se encontraba.

Una tradición armenia acerca del Señor Jesús coincide con el relato que Eusebio de Cesarea, obispo e historiador cristiano de fines del siglo III y principios de siglo IV, detalla en su conocida obra Historia Eclesiástica. Es el pedido epistolar al Salvador de parte del Rey Abgaro, gobernante de un importante territorio armenio denominado Edesa, para que lo sanara de una grave enfermedad. Cuenta Eusebio que “Jesús no respondió a su llamado entonces, pero juzgó que era digno de una carta particular en la que le prometía enviarle uno de sus discípulos para procurarle la curación de su dolencia juntamente con la salvación para él y todos los suyos. Poco después le cumplió la promesa… Tomás, uno de los doce apóstoles, impulsado por Dios, envió a Edesa como heraldo y evangelista a Tadeo”. Más adelante Eusebio dice “Hay testimonio escrito disponible de todo esto en los archivos de Edesa… De todos modos nada será tan exacto como escuchar las cartas que nosotros hemos sacado de los archivos y traducido…” y transcribe las cartas de Abgaro y la atribuida a Jesús. Es la única mención de un acto de Jesús que hace Eusebio fuera de los correspondientes al Nuevo Testamento.

Luego de conversiones, persecuciones y martirios a lo largo de más de dos siglos, un hecho cambia el curso de la historia religiosa del país. El rey Trdát o Tiridates III es sanado en el nombre de Cristo por San Gregorio, el “Iluminador”, y convierte en el 301 a Armenia en la primera nación que adopta como religión de estado.

Luego de una gran persecución por los persas, en el siglo V se restablece la libertad religiosa en el país. Posteriormente los armenios caen políticamente en manos de los árabes. Dice el Dr.Eduardo Bedrossian en su “Síntesis de la Historia Armenia” que “durante los siglos de dominación árabe fue respetada la religión y cultura armenia”, pero “la llegada de los turcos selyúcidas en el siglo XI cambió la situación de los armenios porque traían la intención de acabar con la armenidad y con la fe cristiana”.

A lo largo de los siglos siguientes, con breves periodos de libertad e independencia, los armenios son sometidos por ejércitos extranjeros. Los invasores comparten la filiación turca y la religión musulmana. Bajo el Imperio Turco Otomano se masacran entre 1884 y 1886 unos 300,000 armenios, muchos de ellos quemados dentro de los templos en los cuales buscan refugio. Estos asesinatos masivos fueron denunciados por la prensa mundial, y las naciones más poderosas de la tierra expresaron su condena. En 1909 los turcos asesinan 30,000 armenios en Adana y alrededores. Las muertes continúan.

LA NOCHE MÁS TRISTE DE LA HISTORIA

Pero la medianoche del sábado 24 de abril de 1915 inaugura el período más cruel para este azotado pueblo. En Estambul (antes llamada Constantinopla) son detenidos y posteriormente asesinados cientos de líderes armenios. Es el comienzo de una deportación masiva que llevará a la muerte de los modos más crueles a la sufrida población armenia.

Lo acaecido el 24 de abril de 1915 no fue la acción improvisada de una turba sino la puesta en marcha de un plan minuciosamente planificado. Pergeñado por los “Jóvenes Turcos”, un grupo de oficiales “progresistas” que pocos años antes terminaron con el sultanato otomano, este plan tenía como propósito la aniquilación de una minoría considerada potencialmente peligrosa.

SOBREVIVIENDO

Agop Bedrossian (1900-2001), heroico sobreviviente del genocidio armenio perpetrado por los turcos

Agop Bedrossian (1900-2001), heroico sobreviviente del genocidio armenio perpetrado por los turcos

De ese genocidio, mi abuelo Agop, es un heroico sobreviviente. Luego de ser deportado junto a su madre y hermanitos por meses, llegan a una montaña donde les prometen que les darán ropa y comida, pero del otro lado escuchan los gritos desgarradores de los que son asesinados. Su madre, María, toma un puñado de tierra y lo pone en sus bocas como si fueran los sagrados sacramentos. “Hijos, en un momento estaremos en la presencia de Cristo”. Ella es asesinada con una espada y él golpeado en la cabeza y dado por muerto. Lo arrojan a una fosa común poblada de cadáveres donde por horas simula estar muerto. Cuando los asesinos turcos se van, sólo unos pocos niños sobreviven. El se va con un árabe que lo toma para pastorear sus ovejas y salva su vida.

Agop es una excepción a la regla. Quedan muy pocos para llorar a tantos muertos. Una parte de Armenia queda sometida a Turquía, y la parte oriental que declara brevemente su independencia, termina en manos de los rusos que, paradójicamente, al someterla la salvan de su destrucción total.

RESURRECCIÓN

En 1991 con la caída de la Unión Soviética, Armenia, la pequeña Armenia que sobrevivió al este, se vuelve una nación soberana. El Parlamento Europeo, el Parlamento del Mercosur y numerosas naciones, incluyendo la Argentina, Canadá, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Suecia, Suiza, Uruguay, Ciudad del Vaticano y Venezuela reconocen el genocidio padecido por los armenios. Sin embargo, en Turquía afirmar que el genocidio ocurrió es considerado “insulto a la identidad nacional” (delito de opinión). El valiente Premio Nobel turco, Orham Pamuk fue acusado ante los tribunales de su país por afirmar en un periódico suizo: “30,000 kurdos y un millón de armenios fueron asesinados y nadie se atreve a hablar de ello”. En enero de 2007 el periodista armenio Hrant Dink, jefe de redacción del influyente diario Argos, voz de la comunidad armenia en Turquía, fue vilmente asesinado por un fanático nacionalista turco que posteriormente posó para la prensa mundial junto a sus captores. El negacionismo es impuesto por la ley y por la fuerza. En 2015, el papa Francisco I, luego de 100 años hace el primer reconocimiento formal del genocidio por parte de la Iglesia Católica Apostólica Romana, haciendo justicia, aunque muy tardíamente, a tantos seres humanos vilmente asesinados.

HÉROES 

El autor de bíblica Epístola a los Hebreos hace mención de una gran nube de testigos que nos precedieron en la fe. Entre ellos menciona héroes anónimos, de los cuales dice “fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido”. Dentro de ellos, sin duda, se encuentran ese admirable millón y medio anónimo de armenios asesinados, mártires a los cuales queremos, al recordar su historia, rendir respetuosamente nuestro más sentido homenaje.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.