“LA BALSA DE LA MEDUSA”, PINTURA DE UN DRAMA HISTÓRICO QUE PONE A PRUEBA NUESTRA HUMANIDAD

Serie GRANDES OBRAS DE ARTE

Título: “La Balsa de la Medusa” (en francés «Le Radeau de la Méduse»)

Autor: Théodore Géricault

Fecha: 1819

Los comienzos del siglo XIX, signados por la convulsionada Revolución Francesa y las pretensiones imperiales de Napoleón, colocaron a Francia frente a una situación inédita. Tras la caída del gran corso en 1814, los aliados Gran Bretaña, Prusia, Países Bajos y Bélgica, instauraron una monarquía borbónica proclamando a Luis XVIII, rey de Francia.

Napoleón, que había sido exiliado en la Isla de Elba, escapó y en marzo de 1815 regresó a Francia donde logró reconstruir su ejército. Al ingresar en París vitoreado por las masas, inició un proceso para recuperar el poder que fue truncado en Waterloo en junio de ese mismo año. Tras un intento fallido de huir a América fue desterrado en la Isla de Santa Elena, donde murió.

Al año siguiente de su derrota definitiva sucedió un hecho que conmovió a la nación. Francia envió una flota integrada por cuatro barcos a Senegal con el propósito de recuperar ese territorio africano. La fragata Medusa fue asignada al capitán Hugues de Chaumareys, un marino amigo del poder y carente de experiencia[1]. Tras adelantarse imprudentemente al grupo, la nave encalló en un banco de arena cerca de Mauritania. Como si eso no fuera suficiente, una terrible tormenta la despedazó.

Cerca de 147 personas ocuparon una improvisada balsa de madera de unos veinte metros de largo por seis de ancho con el propósito de llegar a la costa. Se decidió que fuera remolcada por los otros barcos (en uno de los cuales se refugió el capitán), pero tras dos horas de enormes dificultades para avanzar, los amarres se rompieron y los ocupantes quedaron a la deriva. Como las provisiones se acabaron esa misma noche, se desató una brutal lucha por la supervivencia. Solo quedaban quince sobrevivientes cuando trece días después divisaron el bergantín Argus que los libró de una muerte segura; cinco de ellos murieron antes de llegar al puerto.

Creada por Théodore Géricault, la pintura “La Balsa de la Medusa” (cuyo nombre en francés es «Le Radeau de la Méduse») captura, como si fuera una fotografía, esa fatídica travesía signada por la desesperación, el hambre y la sed, donde el canibalismo y la violencia se apoderaron de los desgraciados pasajeros.

El artista, que por aquel entonces tenía 26 años, se interesó vivamente en los hechos. Para su investigación utilizó al menos cinco recursos: entrevistó a dos sobrevivientes  (el cirujano Jean Baptiste Henri Savigny, quien ya había descrito minuciosamente los horrores padecidos a bordo, y el ingeniero Alexandre Correard), visitó las costas para observar los cielos marinos, recorrió hospitales parisinos para recrear los rostros de los moribundos, obtuvo cadáveres y partes de restos humanos para entender no solo su anatomía sino el proceso de descomposición y encargó al carpintero de la fragata Medusa un modelo a escala de la balsa[2]. Dedicó todos sus esfuerzos a representar la tragedia sobre un enorme lienzo de 4.91 metros de alto por 7.16 metros de ancho.

En 1819 Géricault presentó la obra en el Salón de París, la exposición de arte más importante de Francia, bajo el título “Escena del naufragio”, pues la mención del Méduse (el nombre del barco en francés) podría considerarse un acto hostil hacia la monarquía borbónica. Si bien el capitán Chaumareys fue condenado a tres años de prisión y apartado de la Marina, las heridas del desastre aún sangraban en la opinión pública.

LA PRIMERA INTERPRETACIÓN DE LA OBRA

Esta gigantesca tela al óleo fue vista, al principio, como una diatriba contra el favoritismo político que, sin medir las consecuencias, privilegia las amistades sobre la idoneidad. La responsabilidad no solo recayó en el capitán Chaumareys, sino también en las autoridades que lo designaron. Además, algunos advirtieron en el cuadro una metáfora de Francia: una balsa a la deriva, cargada de náufragos hambrientos que se comen unos a otros.

EL MENSAJE TRASCENDENTE

Dos siglos después y en un contexto diferente, nosotros extraemos un mensaje menos coyuntural y más trascendente: “La Balsa de la Medusa” retrata con intensidad y dramatismo las distintas reacciones humanas ante la calamidad y el infortunio.

Dicen que una de las decisiones más difíciles que tuvo el joven pintor fue la elección del momento a recrear. Optó por el crucial instante en que el mástil del Argus se divisó en el horizonte. Identificamos allí 20 figuras, que parecen todas entrelazadas, a las cuales hemos asignado letras para facilitar su descripción[3].

Las figuras de la base (a, b, c, d) yacen muertas o moribundas. La posición y la extrema palidez de los cuerpos revelan su estado. Aunque Géricault evitó mostrar escenas de canibalismo o cadáveres mutilados[4], basta ver esos restos inertes para percibir no solo la muerte sino su agonía. Son los que, a pesar de haber sobrevivido durante varios días, finalmente sucumbieron ante la adversidad.

En el medio hay dos figuras que captan poderosamenteel interés: un hombre de mirada ausente (figura e), sumido en sus pensamientos mientras con su brazo sostiene la cintura de su hijo muerto (figura b), contrasta con otro de piel quemada por el sol que parece estar atento (figura f). El primero luce abatido; el segundo gira la cabeza prestando atención a la voz del vigía. Uno parece que lo ha perdido todo; el otro aún muestra un atisbo de esperanza.

Entre ellos hay un hombre que apenas se vislumbra, quien se toma la cabeza entre las manos en un signo de profunda angustia (factura g), sin percibir el anuncio del socorro que viene en camino. Detrás suyo asoma un rostro negro de perfil (figura h), un detalle que Géricault utilizó para resaltar la diversidad de los náufragos.

A su derecha hay otras cinco figuras, tres (i, k y m) claman por su salvación, la cuarta desfallece (figura j) y la quinta, de color cobrizo o moreno, parece muerta (figura l). Evocan, quizás, la diferencia entre la desesperación y la desesperanza.

Finalmente, arriba hay dos grupos: cuatro sobrevivientes se agrupan a la izquierda (n, o, p, q), pendientes de lo que ocurre; uno de ellos (figura q) parece decir “¡miren allá!”. Es el optimista que siempre ve, quizás con ingenuidad, señales positivas en medio de la incertidumbre.

Completando el ápice de una pirámide imaginaria, hay tres hombres de los cuales solo vemos la espalda (figuras r, s y t): son los que miran con fe el futuro, la embarcación que viene a rescatarlos; nótese que el de la punta, quien anuncia el avistaje del Argus, es un esclavo negro (figura t).

EL INSTINTO VERSUS LA HUMANIDAD

Es imposible concebir los horrores padecidos durante 13 días en una precaria balsa saturada de seres humanos que bregan por mantenerse vivos, sin alimentos ni agua, lacerados por el sol y sacudidos por el viento, el oleaje y la oscuridad de la noche.

El neurofarmacólogo francés Henry Laborit realizó un curioso experimento. Colocó a dos ratoncitos en una jaula; al electrificar el piso, comenzaron a pelear entre ellos[5]. Alguien podrá decir que el hombre es diferente al animal y que, aún en situaciones extremas, la compasión o la solidaridad puede imponerse al instinto. Sin embargo, aún cuando fuera cierto, suele primar la autoconservación y, mejor aplicado que nunca, el sálvese quien pueda. Nadie puede juzgar a las víctimas de “La Balsa de la Medusa”; solo ellos conocieron lo que fue convivir bajo esas condiciones extremas. Pero, aunque todos padecieron la misma catástrofe, hay algo que los diferenció: sus maneras de reaccionar ante la fatalidad.

Está presente en la memoria colectiva la épica historia de los rugbiers uruguayos en la cordillera de los Andes o la de los 33 mineros chilenos atrapados 69 días a unos 700 metros de profundidad. Son ejemplos que demuestran que la actitud, nuestra manera de enfrentar los imponderables, si bien no nos garantiza el resultado, es el único recurso que contamos salir adelante en situaciones fuera de nuestro control. Todo esfuerzo por sobrevivir está cargado de fe. Queda la pregunta, ¿cuál es nuestra actitud ante la adversidad?

ACERCA DEL PINTOR

Jean-Louis André Théodore Géricault nació en Rouen, en el noroeste de Francia, en 1791. Se formó con Pierre-Narcisse Guérin, entre cuyos discípulos estuvo Delacroix, acaso el más grande pintor romántico francés, quien posó como modelo para “La Balsa de la Medusa”. Su primer cuadro importante fue “Oficial de Cazadores de la Guardia Imperial a Caballo”,presentada en 1812, que puede admirarse actualmente en el Museo del Louvre.

Entre 1816 y 1818 se trasladó a Italia para estudiar a Miguel Ángel y el barroco. Tras su éxito en el Salón de París con “La Balsa de la Medusa”, viajó a Inglaterra donde estuvo entre 1820 y 1822. Allí expuso esta obra y sus famosas pinturas de caballos. Posteriormente creó una serie de retratos de personas con enfermedades mentales, una suerte de repertorio de la locura, sirviéndose de pacientes alojados en el hospital psiquiátrico Jean-Étienne Esquirol. Poco después sufrió una caída cuando montaba su caballo que cercenó su futuro y lo postró de por vida. Aunque realizó algunos trabajos en su lecho, falleció en París con solo 33 años en 1924.

THÉODORE GÉRICAULT EN LA HISTORIA ARGENTINA

Ambroise Jérome Cramer (más conocido como Ambrosio Cramer) formó parte de las huestes de Napoleón; posteriormente se trasladó a Argentina junto a otros militares franceses, que, como él, son recordados por calles y avenidas porteñas: Brandsen, Bruix y Viel. Cramer participó de la Guerra de la Independencia. Cruzó la cordillera con el Ejército de los Andes comandado por el General José de San Martín y tuvo un papel protagónico en la batalla de Chacabuco. Tras obtener la baja se unió al Ejército del Norte, donde fungió como edecán del General Manuel Belgrano. En 1919 realizó un viaje a Francia donde encargó varias obras a Théodore Géricault: las litografías de los que fueron sus jefes, el General San Martín[6] y el General Belgrano[7], además de sendas escenas de las batallas de Chacabuco[8] y Maipú[9].

Para ser lo más fiel posible a la imagen del Santo de la Espada, Cramer le mostró al artista grabados que Núñez de Ibarra había realizado de San Martín en 1817 y brindó él mismo datos fisonómicos del Libertador gracias a su trato personal con él. Nacido en París en 1790, Ambrosio Cramer falleció en combate contra los federales en Chascomús en 1839.

DÓNDE SE ENCUENTRA “LA BALSA DE LA MEDUSA”

“La Balsa de la Medusa” se exhibe en el Museo del Louvre de París. Fue adquirida por una venta póstuma del autor, mediante Pierre-Joseph-Dorcy, amigo de Géricault, el 12 de noviembre de 1824[10].

© Pablo R. Bedrossian, 2024. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Basta decir que hacía 25 años que no navegaba

[2] Harris, James C., “The Raft of the Medusa – An Analysis of Géricault’s Portrayal of Race, Politics and Class”, Archives of General Psychiatry · July 2006, subido por el autor el 24/11/2015 y se puede descargar de https://www.researchgate.net/publication/7027862_Raft_of_the_Medusa. Cabe aclarar que todos los artículos sobre esta obra se basan en el libro “Le Radeau de la Méduse” de Lorenz Eitner

[3] El artista utilizó amigos y conocidos como modelos para otorgar aún un mayor realismo a la pintura.

[4] Hemos leído que en uno de sus bocetos dibujó a dos hombres devorando carne humana, pero luego desistió de incluirlo en la versión final.

[5] El experimento se puede ver en el film “Mi tío de América”, dirigido por Alain Resnais, de 1980, con guion de Jean Gruault y el propio Laborit

[6] El original está perdido; sin embargo, circularon numerosas copias en Buenos Aires

[7] La del General Manuel Belgrano se encuentra actualmente en el Museo Histórico Nacional argentino https://manuelbelgrano-museohistoriconacional.cultura.gob.ar/1811-1820/muchos-rostros/heroico/

[8] La de la Batalla de Chacabuco se encuentra en la Biblioteca Nacional de Chile, https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-98274.html

[9] Hilario en su interesante blog comenta acerca de esta pieza “Géricault murió poco tiempo después y las composiciones con los triunfos en Chacabuco y Maipú fueron utilizadas por su amigo N. T. Charlet, maestro de dibujo y grabado, que las empleaba en sus clases para testimoniar sus enseñanzas con aquellas manifestaciones de alta calidad. Entre sus alumnos se distinguió Auguste Raffet, quien fue el más importante litógrafo de su tiempo, al punto de que Benezit afirma que Charlet habría pasado a la historia del arte por el solo hecho de haber sido maestro de Raffet. Éste realizó una copia litográfica de la Batalla de Maipú, hacia 1824, que difiere solo en algunos detalles de la de su maestro Charlet. El general San Martín conservó hasta el día de su muerte en su dormitorio de Boulogne sur Mer un ejemplar de esta batalla, litografiada por Raffet, hoy en el Museo Histórico Nacional” en “Don José de San Martín en un grabado desconocido”, 2020, 2024, https://www.hilariobooks.com/producto/don-jose-de-san-martin-en-un-grabado-desconocido

[10] “La Balsa de la Medusa”, Louvre, https://collections.louvre.fr/ark:/53355/cl010059199


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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2 comentarios en ““LA BALSA DE LA MEDUSA”, PINTURA DE UN DRAMA HISTÓRICO QUE PONE A PRUEBA NUESTRA HUMANIDAD

  1. MUY BUENO EL INFORME. Estuve analizando la obra de la balsa de la medusa y encontré una cuirosidad que me gustaría compartir para quienes puedan aportar datos. No puedo subir el analisis por aqui. Pero si me mandas un mail te lo envío. Gracias

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