UN COMENTARIO A “1984”, LA PROFÉTICA NOVELA DE GEORGE ORWELL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Algunos conocerán “1984” por la película, otros el libro o algunas de las ideas expuestas en él, tales como el Gran Hermano o la Policía del Pensamiento. Publicada en 1949, poco después del final de la 2ª Guerra Mundial, es una novela ambientada varias décadas más adelante, en la fecha del título. Asombra por contener una temible profecía.

La historia se desarrolla en Londres, que forma parte de una de las tres potencias que se disputan el gobierno mundial en una eterna guerra sin vencedores ni vencidos. Pero el argumento no se centra en los aspectos bélicos, sino en el uso de la guerra como excusa para imponer una dictadura que exige sumisión absoluta. El partido gobernante, el INGSOC, apócope de Socialismo Inglés, exige a sus miembros la adhesión incondicional a su máximo líder, el Gran Hermano. Para sus fines se sirve de la Policía del Pensamiento, la propaganda basada en la mentira aviesa y la tergiversación de los hechos y la imposición de un lenguaje, el Neohabla, que impide la opinión personal. Desde luego, quien se resista al relato oficial padecerá la tortura, la desaparición forzosa y la muerte.

Winston, el personaje principal, es uno de los burócratas del Partido, cuya labor consiste en modificar todos aquellos documentos que contradigan la verdad predicada por el partido gobernante, que es cambiante según las circunstancias. Al protagonista le toca recrear el pasado, reemplazando los recuerdos almacenados en la memoria por evidencias documentales cuya falsificación es imposible de probar. Su trabajo es vigilado constantemente y, aunque no puede manifestarlo debido a los riesgos, lo indigna el sometimiento y la esclavitud a la que vive sometido.

El principal enemigo del gobierno socialista no son las potencias extranjeras, sino un tal Goldstein -un ex miembro del partido que se rebeló-, sus secuaces y la Gran Hermandad, organización clandestina contra la cual se incentiva el odio colectivo. Finalmente, Winston se atreve a quebrantar el orden establecido y, pese a continuar formalmente en sus tareas, cambia de bando.

“1984” no es de lectura sencilla; es una historia relatada en forma lenta que trasmite, tal como la película, una sensación opresiva y angustiante, rota por el instinto de Winston y su amor por Julia, opuesto a la abstinencia sexual establecida por el Partido.

La mayor contribución de esta obra es, me parece, su denuncia anticipada de los totalitarismos y en particular, de las dictaduras posteriores, que se han cobrado tantas vidas, caracterizadas por el odio al pensamiento ajeno, el culto a sí mismas y la violación de los derechos humanos de sus semejantes. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, ni tampoco es casual que George Orwell, su autor, las identifique con el Socialismo. Años antes, había ridiculizado la revolución rusa de 1917 en su obra “La Rebelión en la Granja”, de 1945. Denunció allí las injusticias del comunismo soviético, resumidas en aquella genial frase manipulada por los cerditos en el poder: “todos los animales son iguales, pero algunos más iguales que otros”.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.

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