LOS PASAJES DE SAN JOSÉ DE FLORES: PESCADORES, SALALA Y GENERAL ESPEJO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Los pasajes Salala y Pescadores corren a los lados de la Iglesia de San José de Flores. Son públicos, peatonales y tienen una sola cuadra que se extiende entre la avenida Rivadavia y la calle Ramón L. Falcón.

Del lado este de la iglesia corre el pasaje Pescadores; nace en Rivadavia 6950 y termina en Falcón 2431.

Del lado oeste corre el pasaje Salala; nace en Rivadavia 6970 y termina en Falcón 2471.

A mitad del pasaje, a la altura de Salala 49, se abre un tercer pasaje llamado General Gerónimo Espejo. Esta corta y ancha vía, también peatonal, se extiende unos pocos metros, desde la pared de la iglesia hasta la calle Pedernera 48, formando una T con el pasaje Salala.

Son callejones oscuros debido a las altas paredes del templo. La última vez que los visité, a fines de 2019, tenían portones con rejas que se cerraban por las noches para evitar rateros, linyeras y cirujas.

EL PASAJE SALALA

Podemos dividir el pasaje Salala en dos partes. La primera entre Ramón L Falcón y el pasaje General Gerónimo Espejo; la segunda, entre el mismo pasaje y la avenida Rivadavia.

En la primera sección las casas están bien cuidadas y muestran toques de color; exhalan aroma a barrio pese a la ausencia de árboles.

Del lado de la iglesia hay una puerta de hierro con una placa que dice Oratorio de la Adoración Perpetua, espacio que forma parte del complejo de la basílica.

Hacia el final de la sección se ha terminado luego de largos años un moderno edificio.

Tras cruzar el pasaje Espejo, ingresamos a la otra mitad, ocupada en su totalidad por el edificio del Banco Nación, cuya alta pared conforma junto con la de la iglesia un espacio frío e impersonal.

EL PASAJE PESCADORES

Es un largo pasaje sin callejones a los costados. Aunque de algún modo parecido, es mucho más rústico y rudimentario que el Salala.

Las casas son más antiguas y bajas; el escaso colorido proviene de algunos murales.

En ocasiones he visto personas haciendo fila para ser atendidos por colaboradores de la iglesia. La elevada pared de la basílica y el matiz opaco de las casas le dan una atmósfera algo lúgubre.

Sin embargo, el tramo más cercano a la avenida Rivadavia posee más colorido y regala a la vista las mejores casas.

EL PASAJE GENERAL GERÓNIMO ESPEJO

Este breve pasaje nace en la calle Pedernera y termina en Salala, contra la pared de la basílica. De un lado tiene al Banco Nación; del otro, un edificio que tardó muchos años en ser construido.

Por esa demora y el aspecto de obra abandonada, el pasaje fue un lugar predilecto para indigentes y homeless y se caracterizaba por su suciedad.

Además, y a pesar que se habían colocado canteros, siempre había más de un avivado que estacionaba allí su automóvil, aunque estaba totalmente prohibido.

EL ORIGEN

Hemos dicho que los pasajes están íntimamente ligados a la iglesia de San José de Flores. El nombre Flores proviene de don Juan Diego Flores, cuya chacra ocupaba el barrio hoy que lleva su apellido. Este emprendedor lotificó parte de su propiedad y vendió algunos de esos terrenos. A su muerte en 1801 la finca pasó a manos de la viuda, Antonia Fuentes, y de su hijo adoptivo, Ramón Francisco Flores, quien decidió expandir la venta de tierras y fundar un pueblo que llevara el nombre de su padre. El trazado estuvo a cargo de Antonio Millán quien fuera administrador de Juan Diego Flores y era propietario de algunas de las tierras. En 1804 ya se lo conocía como el pueblo de Flores, que servía “como una parada casi obligatoria entre el pueblo de Luján y la ciudad de Buenos Aires”[1].

Sus límites iniciales quedaron establecidos por las actuales calles Aranguren (norte), Lautaro – Fray Luis Beltrán (este), Directorio (sur) y San Pedrito – Nazca (oeste). “Dentro de ese perímetro destinó una manzana para iglesia, otra para plaza principal (lo que hoy es la Plaza Pueyrredón y que en su origen fue tan solo una simple parada de carretas) y una tercera para corrales de abasto y matadero”[2]. La plaza Pueyrredón es más conocida como plaza Flores.

Con la autorización del virrey Sobremonte, se creó la parroquia o curato de “San José de Flores”, de límites más amplios. En 1806 se levantó la primera capilla vecinal sobre la calle Rivera Indarte, en la misma manzana de la actual iglesia. Sin embargo, el párroco Martín Boneo en 1830 se propuso levantar un templo más grande, de 36 metros de largo por 15 de ancho y ocho metros de alto, con frente a la Avenida Rivadavia.

Cuenta el Dr. Eduardo Balbachan, pionero y maestro en el estudio de los pasajes porteños, que la curia vendió terrenos en esa manzana para financiar la construcción. Entonces, entre 1930 y 1931, Pedro Pablo Roberts impulsó la creación del actual callejón Salala para valorizar las casas vecinas[3]. Posteriormente por una disposición municipal se creó un pasaje paralelo, hoy conocido como Pescadores.

EL CREADOR

Se sabe muy poco del creador del pasaje Salala, Pedro Pablo Roberts. Gabriel Turone sostiene que era oriundo de Gales, vecino de Flores y poseedor de una gran cultura. Dice además que se casó con doña Josefa Silveyra con quien procreó a Pedro Florencio Roberts, médico y benefactor, nacido en 1844[4]. Además, aunque no he podido conseguir el libro original, Turone no es el único que cita al primer texto sobre la historia barrial, “San José de Flores: Bosquejo histórico” del Rómulo Carbia, publicado en 1906, para comentar que Pedro Pablo Roberts había sido testigo de un fusilamiento múltiple ordenado por don Juan Manuel de Rosas en 1832: “Don Pedro Pablo Roberts, cuyas canas ostentan el rigor de 94 inviernos, recuerda perfectamente este hecho”[5]; este dato sugiere que haba nacido en 1812 y realizado aquel negocio inmobiliario con solo 18 o 19 años.

EL PASO DE LOS AÑOS

Recién en 1870 las calles de San José de Flores recibieron nombres. En 1878 se hizo cargo de la parroquia el padre Feliciano de Vita quien impulsó la creación la actual Basílica de San José de Flores, de dimensiones muy superiores a la iglesia anterior (65 metros de largo por 22 de frente). Los planos fueron elaborados por los arquitectos italianos Benito Panunzi y Emilio Lombardo y la obra fue dirigida por los arquitectos Andrés Simonazzi y Tomás Allegrini[6].

El templo católico fue inaugurado en 1883. El Banco Nación, diseñado por el arquitecto Carlos Nordmann, que está separado de la iglesia por el pasaje Salala y limita con el pasaje Espejo, es de 1910.

En 1913, detrás de la basílica se levantó el Círculo de Obreros Católicos proyectado por el ingeniero Agustín Carbone[7]. Desde luego todas estas obras hicieron que estos callejones cambiaran su fisonomía.  

Es muy poca la información adicional sobre estos pasajes y su evolución a lo largo del tiempo, así como del origen del pasaje Espejo. Por un plano de 1882 sabemos que ya existían los tres pasajes[8].

LOS NOMBRES

Ni Salala ni Pescadores, ni Espejo eran los nombres originales. Lo sabemos por una ordenanza del 27 de noviembre de 1893 que impuso estas nuevas denominaciones: Salala era anteriormente conocido como Brandsen[9]; Pescadores era conocido como Brown[10]. El mismo documento indicaba que el tercer pasaje pasaba a llamarse simplemente Espejo, reemplazando el nombre de Zapiola. Recién en 1984 por la Ordenanza N° 40.107 (Boletín Municipal Nº 17.427) adquiere su nombre completo: General Gerónimo Espejo[11]. Nótese que antiguamente la avenida Lastra de Villa Devoto se llamaba General Espejo.

Los tres nombres están vinculados al Ejército de Los Andes conducido por el General José de San Martín. Salala fue una victoria obtenida en Chile por Patricio Cevallos, oficial que reportaba al comandante Juan Manuel Cabot, en 1817[12]. Sus tropas estaban conformadas por fuerzas del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile.

Pescadores fue otro un combate, librado en 1820 durante la Campaña al Perú. Hay una anécdota sabrosa sobre esa batalla. Juan Pascual Pringles -por aquel tiempo teniente, luego conocido como el coronel Pringles– fue sorprendido por las tropas realistas de Gerónimo Valdez. Al verse derrotado se arrojó al mar, pero el general español le ayudó a salvarse y le perdonó la vida[13].

El General Gerónimo Espejo también formó parte del Ejército de los Andes. Mendocino, acompañó al General José de Sa Martín en toda la campaña libertadora. Luego participó en la Guerra con el Brasil y en las luchas internas argentinas colaboró con los generales Lavalle y Paz. Además de militar fue un notable cronista[14].

UNA BREVE ANÉCDOTA

Siempre que puedo trato de recoger alguna anécdota sabrosa. En esta ocasión debo la historia a un mendigo que había fijado en el pasaje Espejo su residencia, al aire libre, por supuesto. Su nivel educativo me sorprendió (“a mí me quebró la bebida” confesó). Resumo el relato que hizo:

Una anciana que iba a misa todos los domingos se encontró con un joven seminarista muy pintón en el pasaje Salala. Luego de saludarlo le dijo:

– A vos te gustan las mujeres, ¿no?

– Sí, pero mayor es mi vocación

– Pero si Dios no te mandara una mujer, ¿no te casarías?

– Solo si me la manda Dios, pero ¿cómo podría saberlo?

– Muy fácil: ponelo a prueba.

El joven se quedó pensando. Después de unos segundos respondió.

– Si mañana apareciese una chica con pollera roja, blusa blanca y un moño azul en el cabello y me dijera… no sé… ‘¡qué bello es este cielo!’… creería que viene de Dios.

El día siguiente llovió torrencialmente. El seminarista caminaba protegido por un paraguas por el pasaje Salala cuando por el pasaje Espejo apareció una joven completamente empapada con una enorme sonrisa, pollera roja, blusa blanca y un moño azul. Fue directamente hacia él y obviamente le dijo:

– ¡Qué bello este cielo!

El seminarista recordó en ese instante lo que había dicho del día anterior. La cubrió con el paraguas, comenzaron a conversar y pocas semanas después el aspirante a cura abandonó los hábitos para comenzar el noviazgo.

La viejita nunca más volvió a aparecer por la iglesia. Se tejieron todo tipo de conjeturas: que había muerto, que se había mudado, hasta que era un ángel que había visitado la iglesia. Le pregunté al mendigo que suponía él que había pasado:

– Contra lo que Ud. piensa, no era una tía de la chica. Creo que la muchacha estaba enamorada del seminarista desde siempre y no sabía como abordarlo. Cada misa para ella era una tortura hasta que se le ocurrió hablar con la viejita. Le dio un buen dinero para que encarara al seminarista y ejecutara el plan. La doña no era tonta y lo llevó a donde quería. Si aún vive, la vieja debe estar yendo a una iglesia en Liniers o Caballito…

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.16

[2] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Op. cit., p.27

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.44

[4] Turone, Gabriel, “Salala: Un pasaje de San Jose De Flores con historia”, Jóvenes Revisionistas Sitio Oficial, http://jovenesrevisionistas.org/salala-un-pasaje-de-san-jose-de-flores-con-historia/. No pude validar estos datos pues no tengo en mi poder la bibliografía citada por el autor.

[5] Carbia, Rómulo D. “San José de Flores, Bosquejo histórico”, Arnoldo Mobn y Hno., 1906, p.49. de acuerdo a Turone, Gabriel O., “Un día como hoy” del 28 de abril de 2019, https://www.facebook.com/2312748222384950/

[6] Gómez Aquino, Rosa, “Iglesias en Buenos Aires”, Del Nuevo Extremo, 2012, p.125. La autora al arquitecto Lombardo lo llama Lombardi.

[7] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.78

[8] “Plano de la Ciudad de Buenos – Aires Capital de la República Argentina de los suburbios Boca y Barracas al Norte y de los Pueblos limítrofes Belgrano y S. José de Flores…por J.B.A. BIANCHI. Publicación hecha expresamente para la Exposición Continental de 1882…”, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/ La flecha fue agregada por nosotros.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.473

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.447

[11] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.355

[12] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.161

[13] Iusem, Miguel, Op. cit., p.141

[14] Iusem, Miguel, Op. cit., p.67


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen parcial del mapa de Buenos Aires de 1882, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/. La flecha fue agregada por nosotros.

LAS IGLESIAS ARMENIAS DE NUEVA YORK (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ARMENIOS EN EL MUNDO

La primera referencia a un armenio en los Estados Unidos es de 1618. Es la llegada de “Martín el armenio” a la colonia establecida en Jamestown, Virginia[1]. Aunque en los siglos XVII y XVIII llegaron más armenios, no lograron conformar organizaciones que los identificaran o unieran.

En el siglo XIX la inmigración creció. En 1889 llegó a Norteamérica el sacerdote Hovsep Sarajian desde Constantinopla, con la misión de servir a unos 300 fieles de la Iglesia Apostólica Armenia[2]. Bajo su ministerio, en 1891 se erigió The Church of Our Savior (en español la Iglesia de Nuestro Salvador), en la ciudad de Worcester, Massachusetts[3]. No se trataba solamente del primer templo armenio de los Estados Unidos, sino de todo el hemisferio occidental.

Sin embargo, aquel templo no era el primer testimonio cristiano en lengua armenia en los Estados Unidos, pues desde 10 años antes ya se celebraban reuniones cristianas evangélicas en la misma ciudad[4].

Las matanzas de 1895 y 1896 perpetradas por los turcos dieron origen a la diáspora moderna, siendo Estados Unidos uno de los destinos más buscados para iniciar una nueva vida. Poco después la continuación del genocidio incrementó el flujo migratorio. Allí nacieron las primeras organizaciones comunitarias y se produjo la expansión de las iglesias armenias.

IGLESIAS ARMENIAS EN NEW YORK

Dice el experto Dennis Papazian que en la primera década del siglo XX “muchos cristianos evangélicos armenios, que en general eran más educados que los adherentes de la Iglesia Apostólica Armenia, se mudaron al norte del estado de Nueva York para trabajar en las industrias eléctrica y química”[5]. Los armenios protestantes inicialmente se integraron a iglesias americanas, principalmente presbiterianas, privilegiando la fe sobre la nacionalidad. Sin embargo, a medida que creció la inmigración conformaron sus propias iglesias.

LA PRIMERA: IGLESIA EVANGÉLICA ARMENIA

La primera iglesia armenia constituida en Nueva York fue la Iglesia Evangélica Armenia. El 14 de noviembre de 1896 celebró su primer culto. Sin embargo, tan antiguas como los cultos en Worcester, se celebraban reuniones de oración para la comunidad armenia de Nueva York organizadas desde su llegada a los Estados Unidos en 1881 por el Rev. Garabed Nergararian[6]. Primero los cultos se realizaban en su casa, pero luego fueron trasladados a la City Mission, que era dirigida por el Rev. Schauffler cuyo padre era misionero dentro del Imperio Otomano y trabajó allí estrechamente con la Iglesia Evangélica Armenia. Finalmente, la iglesia fue organizada por un joven seminarista, el reverendo H.H. Khazoyan, quien luego se convirtió en su primer pastor.

Debido al crecimiento migratorio y el deseo de los recién llegados de practicar libremente su fe surgió la necesidad de un edificio propio. En noviembre de 1921, una generosa donación de la familia Telfeyan hizo posible la compra de la actual propiedad en la calle 34. La dedicación del templo se realizó el domingo de Navidad de 1923.

El edificio ubicado de estilo neoclásico está ubicado en 152 East 34th Street, la misma calle del legendario Empire State, que se encuentra a pocas cuadras. En la parte superior de la fachada luce un sobrio frontón triangular con una cruz en su centro, apoyado sobre cuatro columnas dóricas.

Originalmente el edificio había sido construido en 1907 por el arquitecto William Emerson para The Nineteenth Ward Bank, un banco que había desaparecido y nunca fue utilizado para ese fin[7]. El templo fue renovado y mejorado entre 1980 y 1988; cuenta con un antiguo órgano de tubos y vitrales por el artista Hovsep Pushman.

Al momento de escribir el presente artículo su joven pastor es el. Dr. Haig Kherlopian.

SAN VARTAN ARMENIAN CATHEDRAL

A escasos metros de la Iglesia Evangélica Armenia se encuentra la Saint Vartan Armenian Cathedral.

Está ubicada en 620 Second Avenue, justo en la esquina con la 34 St. El diseño de Walker O. Cain, del Estudio Steinman, Cain & White, tomó como modelo la famosa iglesia de Santa Herepsime en Etchmiadzin, sede de la Iglesia Apostólica Armenia, respetando elementos propios de la arquitectura religiosa nacional, como la cúpula piramidal. Como asesor actuó el francés Edward Utudjian, uno de los tres arquitectos encargados de Restauración de la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.

En 1933 la Iglesia Apostólica Armenia en Estados Unidos padeció una dolorosa división debido a los problemas políticos suscitados por la dominación soviética sobre la Madre Patria. Sin embargo, no quiero detenerme en ella sino subrayar el magnífico logro que representó la consagración del edificio como Catedral de la Iglesia Apostólica Armenia en los Estados Unidos: El 28 de abril de 1968 por Vasken I, catholicós[8] con sede en Etchmiadzin, condujo ese magno acto que coronó un enorme esfuerzo y una larga historia de fe.

La primera parcela del actual terreno (conformado en total por unas diez propiedades) fue comprada con donativos en 1949. El proyecto contemplaba la construcción de un complejo de edificios comunitarios. Para ello en 1958 se demolieron propiedades remanentes y en enero de 1959 se colocó la piedra fundamental de la Casa Diocesana, un edificio de tres plantas diseñado por el arquitecto Zareh Sourian y la firma de Eggers y Higgins, que fue inaugurado en 1963. El 2 de mayo de 1965, se colocó la piedra angular de la Catedral, diseñada y esculpida en Armenia para el templo y en 1967 se dedicó el Centro Cultural Gullabi Gulbenkian, incluido su Auditorio Haik y Alice Kavookjian[9].

La fachada está recubierta de piedra caliza sobre una base granítica. En el jardín hay varias esculturas que refieren a la heroica gesta armenia, un pueblo que sostuvo su fe cristiana a lo largo de los siglos a pesar del sometimiento al que fue sometido por parte de fuerzas musulmanas y ateas.

SAINT ILLUMINATOR’S ARMENIAN APOSTOLIC CATHEDRAL

A pocas cuadras, se encuentra otra catedral armenia en Nueva York, que es a la vez la más antigua: la Saint Illuminator’s Armenian Apostolic Cathedral (en español, Catedral Apostólica Armenia de San Iluminador).

La coexistencia de dos catedrales proviene de la autoridad concomitante desde mediados del siglo XV de otro catholicós, que originalmente tenía su base en Sis, capital del reino armenio de Cilicia. Un documento de la propia catedral lo explica “Por lo tanto, desde 1441 hasta la actualidad han existido dos catholicós, cada uno sin interrupción, cada uno con su propia jurisdicción, cada uno independiente. Incluso después del establecimiento del Patriarcado armenio de Constantinopla por los turcos otomanos, más de quince diócesis estaban bajo el dominio de los cilicios… Durante cinco siglos, los dos catholicós, en su mayor parte, trabajaron armoniosamente con un espíritu de cooperación. Cualquier disputa entre los dos se resolvió mediante consultas y compromisos”[10]. Debido al genocidio y la evacuación forzosa de Cilicia, el catholicós de Sis no tuvo residencia fija hasta que en 1929 estableció la Gran Casa de Cilicia en Antelias, Líbano, un lugar que fue refugio de miles de huérfanos armenios, y en el que continúa hasta el presente. A esta jurisdicción hoy ubicada fuera del territorio nacional pero profundamente armenia pertenece esta catedral.

St. Iluminator’s también tiene su propia historia. Los armenios que al llegar a Nueva York desembarcaban en la isla de Ellis se reunían para compartir su fe. En 1914 iniciaron la recaudación de fondos para comprar un templo metodista que seis años después pasó a ser propiedad armenia. La iglesia se estableció en 1915 y en abril de 1921 el templo de St. Illuminator’s, en 221 East 27th Street, fue consagrado como catedral. Desde 1933 a pedido de los fieles la iglesia quedó bajo la autoridad del catholicós con sede en el Líbano.

Tuvimos la bendición de visitarla por dentro en compañía del reverendo padre Mesrob Lakissian, quien al saber que teníamos la misma sangre nos abrió de inmediato su iglesia y su corazón.

El templo se encuentra ubicado en la segunda planta y cuenta con varios testimonios de fe, como un austero altar de mármol negro con un mapa de la Armenia histórica, coronado por una caja de vidrio conteniendo restos óseos sobre arena. Es un conmovedor testimonio de las terribles deportaciones sufridas por manos de los turcos. Sobre los huesos hay un mensaje de esperanza: RESURRECCIÓN. Los armenios creen en Aquel que dijo “Yo soy la Resurrección y la Vida; el que en mí cree, aunque esté muerto vivirá”.

Al terminar la visita le pedí al Padre Lakissian que elevara una oración en favor mío y de mi familia. Fue una bendición escuchar la plegaria de este siervo de Dios.

HOLY CROSS ARMENIAN APOSTOLIC CHURCH

Cerca del Harlem, en Washington Heights, se encuentra la Holy Cross Armenian Apostolic Church (en español Iglesia Apostólica Armenia de la Santa Cruz), otra bella iglesia armenia que originalmente fue un templo luterano. Ubicada en 580 West 187th Street, es la única que no pude visitar. El edificio diseñado por el arquitecto Stoyan N. Karastoyanoff fue construido entre 1925 y 1926. La Iglesia Apostólica Armenia tomó posesión del sitio en 1929[11].

Crédito de la foto: By Beyond My Ken – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=33202684

La iglesia fue reconsagrada en 1934 incorporando una nueva cripta diseñada por Manoug Exerjian, quien también estuvo a cargo de la remodelación de la iglesia entre 1952 y 1953. Esperamos poder conocer la iglesia en un próximo viaje.

UN LEGADO PARA LAS GENERACIONES

Hrag Vartanian, cofundador y editor en jefe de Hyperallergic, nos comenta que “en Manhattan residen en la actualidad unos 10,000 armenios; si ampliamos el radio a Queens, Bronx, Brooklyn, Staten Island, la cifra ronda entre 50,000 y 70,000; si incluimos New Jersey, Long Island, Westchester y zonas aledañas, el número crece, habiendo unos 100,000 a 150,000 descendientes de armenios”[12].

Aunque la zona ha perdido el aroma oriental que décadas atrás la llevó a ser conocida como Little Armenia, la presencia de tres iglesias armenias tan cercanas en el centro este de la Gran Manzana es un testimonio de la importancia que ha tenido ese espacio para la comunidad armenia, en la cual fe y nación son indisolubles.

Cada congregación desde su perspectiva sigue dando testimonio de Jesucristo, basada en el mensaje apostólico y las Sagradas Escrituras.

No importa donde se encuentre, podría decirse que un armenio, una iglesia.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Adishian (nacida Maranian), Lena C. y Seferian, Nareg, Proyecto 100 Años, 100 Hechos, Hecho nº 3, https://100anos100hechos.com/facts/la-presencia-armenia-en-america-del-norte-data-de-1618/, 2015

[2] The Armenian Church, Easter Diocese of America, https://armenianchurch.us/history/

[3] Namee, Matthew, “The first Armenian Orthodox churches in America”, 2011, https://orthodoxhistory.org/2011/01/25/the-first-armenian-orthodox-churches-in-america/

[4] Adishian (nacida Maranian), Lena C. y Seferian, Nareg, Op. cit.

[5] Papazian, Dennis R., Het Christelijk Oosten 52, No. 3-4, 2000, p.311-347. Nosotros utilizamos la versión web del autor, 2011, donde la numeración es diferente a la del artículo original.   

[6] Armenian Evangelical Church of New York (official website), Our history, https://aecnyc.org/about-us/our-history/

[7] Dunlap, David W., “Abyssinian to Zion: A Guide to Manhattan’s Houses of Worship”, Columbia University Press, 2004, p.285

[8] El Catholicós es el título que recibe la máxima autoridad de Iglesia Apostólica Armenia. Recordamos que Armenia fue la primera nación en reconocer el cristianismo como religión oficial, en 301, incluso antes que el Imperio Romano y que a lo largo de dieciocho siclos ha luchado por su supervivencia.

[9] Diocese of the Armenian Church of America (Eastern), “St. Vartan Cathedral-Building A Dream “, http://www.armenianchurch.net/diocese/cathedral/building.html (este website actualmente no está disponible pero puede leerse una copia en https://web.archive.org/web/20071028003724/http://www.armenianchurch.net/diocese/cathedral/building.html

[10] St. Illuminator’s Armenian Apostolic Cathedral, “St. Illuminator’s Armenian Apostolic Cathedral – 100 Years 1915-2015”, 2015, p.27. Puede leerse también online en el website de la iglesia, en la sección “History of the Cataligos”, https://stilluminators.org/?page_id=25

[11] Dunlap, David W., Op. cit., p.89

[12] Para más datos, puede consultarse Vartanian, Hrag, “Tracking Armenians in New York”, 6 de agosto de 2017,  https://hragvartanian.com/2017/08/06/tracking-armenians-in-new-york/#targetText=Today%2C%20Manhattan’s%20community%20has%20shrunk,the%20Greater%20New%20York%20area; el artículo fue originalmente publicado en la revista AGBU News  en abril de 2002


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de:

La primera foto correspondiente al templo de la Iglesia Apostólica Armenia en Worcester, Massachusetts, https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Worcester_Armenian_church.png#/media/File:Worcester_Armenian_church.png

La foto del interior de la Armenian Evangelical Church, tomada de http://www.nycago.org/Organs/NYC/html/ArmenianEvang.html

La foto del altar de los mártires de la Saint Illuminator’s Armenian Apostolic Cathedral, St. Illuminator’s Armenian Apostolic Cathedral – 100 Years 1915-2015”, 2015, p.45

La foto de la Holy Cross Armenian Apostolic Church. Crédito de la foto: By Beyond My Ken – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=33202684

LA IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS DE LA AVENIDA BELGRANO 579 (por Pablo R. Bedrossian y William D. Grant)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS, Av. Belgrano 579, Barrio
de Monserrat, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

LOS PIONEROS

La Iglesia Presbiteriana surge en Escocia durante el siglo XVI como heredera de una notable tradición religiosa que comienza con los albores de la fe cristiana. Liderada inicialmente por el reformador John Knox, es una iglesia protestante que luchó contra la monarquía inglesa en reiteradas ocasiones.

La firma en Buenos Aires del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica el 2 de febrero de 1825 permitió la inmigración de súbditos británicos, reconociéndoles derechos religiosos que incluían la construcción de sus propios templos.

Bajo este marco y como parte del acuerdo entre el Ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia y los hermanos John y William Parish Robertson, en agosto de ese año arribó a tierras argentinas un contingente de escoceses para formar la Colonia Agrícola Ganadera de Monte Grande en la Provincia de Buenos Aires. La travesía en la goleta “Symmetry”,que duró tres meses, fue documentada por William Grierson, abuelo de Cecilia Grierson, primera médica mujer egresada de la Universidad de Buenos Aires, que hoy es recordada por una calle de Puerto Madero[1].

Estos primitivos colonos establecidos en la zona sur de lo que hoy llamamos el Gran Buenos Aires al año siguiente de su llegada pidieron a la Iglesia de Escocia el envío de un ministro religioso, por lo que fue enviado el reverendo William Brown, quien arribó a la Argentina a fines de 1826.

Sin embargo, tras un inicio prometedor, hacia 1828 la colonia cayó en el fracaso económico. Algunos colonos se radicaron en la zona de lo que hoy es Florencio Varela, San Vicente y zonas cercanas, y otros en la zona de Chascomús. El Rev. William Brown y otros colonos prefirieron, en cambio, establecerse en la ciudad de Buenos Aires.

El 22 de diciembre de ese año un grupo de escoceses presbiterianos autoconvocados decidieron formar una iglesia en Buenos Aires, bajo “la doctrina y disciplina de la Iglesia Establecida de Escocia”. Para ello acordaron compartir los buenos oficios del Rev. William Brown con los colonos de Monte Grande, dando origen a la Iglesia Presbiteriana San Andrés en la Argentina, que fue constituida formalmente el 15 de marzo del año siguiente.

Parte del memorial de los miembros de la Iglesia caídos en la Primera Guerra Mundial

Ese esa ocasión el culto inaugural se llevó a cabo en lo que se llamó “Capilla Presbiteriana Escocesa” (“Scotch Presbyterian Chapel”) en la calle México al 300, según su antigua numeración, que probablemente correspondiera al cruce actual entre la calle mencionada y la Avenida 9 de Julio o a sus cercanías.

Su ministro fue el mismo Rev. William Brown y los primeros presbíteros “elders” o “ancianos”, que constituían el cuerpo formado por laicos al que la autoridad pastoral estaba sujeta, fueron John McClymont, Hugh Robson y James Brown.

EL TEMPLO DE LA CALLE PIEDRAS Y SU ARQUITECTO

Con la anuencia del Gobierno de Buenos Aires encabezado por Juan Manuel de Rosas, el 25 de febrero de 1833 se colocó la piedra fundamental del nuevo templo en un predio adquirido por la comunidad. Se encontraba ubicado en la calle Piedras 55, entre las actuales calles Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, que en aquel entonces se llamaba Victoria. El edificio fue inaugurado el 25 de abril de 1835, con el nombre de “Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés” (“St. Andrew’s Scotch Presbyterian Church”)

Templo de calle Piedras 55 diseñado por Richard Adams.

El templo era de diseño neoclásico, con un atrio al que se llegaba ascendiendo tres escalones; tenía al frente seis columnas con capiteles jónicos sobre las que se levantaba un frontón triangular. El interior era más modesto, aunque lucía dos pares de columnas con capiteles corintios entre los cuales se alineaban los bancos de madera para los feligreses. Décadas después, en 1884, detrás del altar se ubicaron los majestuosos tubos del órgano, el mismo que con sus sucesivos arreglos, modificaciones y ampliaciones aún perdura en el actual templo sobre la Avenida Belgrano.

Interior del templo de la calle Piedras 55

El edificio fue diseñado por Richard Adams, un escocés que había arribado a la Argentina como parte del contingente de la goleta “Symmetry” y había trabajado en la colonia escocesa de la zona sur de Buenos Aires. Allí este arquitecto y pintor había levantado en 1828 más de 30 edificios de mampostería con 145 habitaciones, 47 ranchos, la casa principal, y un detalle que no es menor: una capilla presbiteriana, de la cual, sin embargo, nada se conoce[2]. Ese pequeño templo desaparecido fue la primera iglesia protestante erigida en Argentina.

Casa de los hermanos Parish Robertson en la Estancia Santa Catalina. En ese predio se instalaron los colonos escoceses y Adams construyó el primer templo protestante de la Argentina.

En 1829 Adams se estableció en Buenos Aires donde le encargaron la construcción de la actual Catedral Anglicana de San Juan Bautista, inaugurada en 1831, cuya fachada sirvió de referencia para la Iglesia Presbiteriana San Andrés. Además, estuvo a cargo del proyecto y dirección del Segundo Cementerio de Disidentes de Buenos Aires, sobre la actual plaza 1º de Mayo, limitada por las calles Alsina, Pasco, Hipólito Yrigoyen y edificios para vivienda que dan a la calle Pichincha. En el centro del camposanto ubicó la capilla, “diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XVIII, con ábside central y naves laterales”[3]. Este importante arquitecto escocés murió en 1835 a los 43 años en Buenos Aires. 

Vista aérea del centro de Buenos Aires en la década de 1890. Encerrada en un círculo se observa el templo de la calle Piedras 55.

A fines de 1841 se colocó la piedra fundamental de la Escuela San Andrés en el terreno detrás de la Iglesia, bajo diseño de Edward Taylor, un ingeniero y arquitecto inglés y que había llegado a la Argentina en 1824. Décadas después tuvo a su cargo la creación de la Aduana Nueva[4].

LA DEMOLICIÓN DEL TEMPLO

La congregación presbiteriana fue creciendo con el paso del tiempo. En la década de 1880, luego de un encendido debate en Buenos Aires, se decidió la apertura de una gran arteria en el centro de la ciudad, la Avenida de Mayo, que comunicaría la Casa Rosada y la Plaza de Mayo con el Congreso de la Nación. El proyecto inicialmente fue muy resistido pues implicaba la expropiación y demolición de importantes edificios de ubicación privilegiada, entre ellos el de la Iglesia Presbiteriana San Andrés y su escuela. Tras su aprobación, las obras se iniciaron en 1888. Fueron lentas debido a la magnitud del proyecto. Finalmente, le llegó el turno a la iglesia de la calle Piedras 55, que fue expropiada y demolida cinco años después. El último servicio religioso allí se realizó el 8 de octubre de 1893.

EL NUEVO EDIFICIO Y SUS ARQUITECTOS

En 1894 la Iglesia Presbiteriana Escocesa, que había adquirido el terreno actual con accesos por la avenida Belgrano y la calle Perú, convocó a varios arquitectos para el diseño y construcción de su nuevo templo, adjudicando el proyecto al estudio de los arquitectos Edwin Arthur Merry y Charles T. Raynes[5]. E.A. Merry fue un importante proyectista de la comunidad británica en Buenos Aires[6], que en 1872, asociado con Carlos Ryder, había levantado la Iglesia Anglicana de la Santísima Trinidad en Lomas de Zamora y en 1874 la Primera Iglesia Metodista en la avenida Corrientes 718, que aún subsisten.

Colocación de la piedra fundamental del templo de la calle Belgrano 579

En 1895 se inauguraron las oficinas de la Iglesia en la calle Perú 352; allí el lote ofrecía un pequeño acceso, que en la actualidad se considera el segundo frente más estrecho de la ciudad.

Actual frente sobre la calle Perú

Finalmente el 10 de abril de 1896 se consagró la nueva Iglesia Presbiteriana San Andrés (“St. Andrew’s Scotch Church”) en Belgrano 579, que en ese momento era una calle angosta.

La iglesia de la calle Belgrano 579 con su espléndida torre. Detrás, el bellísimo edificio Otto Wulff con su doble cúpula

La construcción original era dominada por una espléndida torre de 35 metros de alto, con base cuadrada, que lucía en su techo agujas y almenas.

Ensanche calle Belgrano, Antiguo Bar Colonial y Torre de la Iglesia Presbiteriana

Lamentablemente esta joya arquitectónica porteña también se perdió: fue demolida en 1950 durante la ampliación de la calle Belgrano que pasó a ser avenida. Por segunda vez la congregación presbiteriana veía truncado su derecho a conservar intacta la espléndida arquitectura de sus edificios.

Demolición de la torre de la Iglesia Presbiteriana Escocesa por ampliación de la calle Belgrano que pasaba a ser avenida

Tanto la demolición de la torre y los vestíbulos contiguos como la construcción del nuevo frente inaugurado en 1962, estuvo a cargo del arquitecto inglés Sydney Follett, quien había arribado a la Argentina en 1911 y años atrás había estado a cargo de los trabajos de ebanistería en el interior de la Catedral Anglicana[7] entre otros edificios importantes de la comunidad británica. Follet falleció en 1968[8].

Vista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés del centro de Buenos Aires desde la demolición de su torre en 1950 hasta su nueva fachada en 1962

El resto del templo se mantuvo sin mayores cambios, conservando la mayor parte de su extraordinario interior hasta el día de hoy.

Nueva fachada en construcción

Cuenta con una gran nave central de 16 metros de largo por 13 metros de ancho, flanqueada por dos pasillos laterales. Por delante tiene un transepto, -suerte de nave transversal- que junto a la nave central conforman una planta en cruz latina.

En el interior tiene numerosos arcos neogóticos; los de los costados sirven como separadores entre la enorme nave central y los pasillos laterales. Por encima de ellos se encuentran bellos vitrales con temas bíblicos. El techo es de madera.

El hermoso ábside de piedra gris labrada cuya forma también corresponde al del arco neogótico, cuenta con cinco placas de bronce y con el hermoso rosetón que permite el ingreso de luz natural desde lo alto.

El púlpito de madera, al cual se accede por una pequeña escalera, se encuentra a la izquierda mientras que la pila bautismal a la derecha, lo mismo que el órgano y sus tubos.

Tanto el órgano como la pila bautismal habían sido inaugurados en la Iglesia de la calle Piedras.

Toda la capilla tiene detalles e inscripciones que habla de su fe y de su historia.

Atrio occidental, con el busto del Rev. Dr. James Smith, segundo pastor de la Iglesia. El busto es obra del escultor Arturo Dresco. Tanto este busto como la Iglesia de Belgrano, que lleva el nombre del Dr. Smith, fueron parte de los memoriales después de su fallecimiento.

LOS VITRALES

Se conservan cuatro bellos vitrales del templo de la calle Piedras que fueron reubicados dos en cada uno de los dos vestíbulos del nuevo templo de la entonces calle Belgrano. Cuando estos vestíbulos se demolieron junto con la torre para dar lugar a la Avenida Belgrano, estos cuatro vitrales fueron reubicados nuevamente uno en cada vestíbulo nuevo y en cada transepto. El más antiguo de los vitrales está en el transepto occidental frente al púlpito. Estos vitrales llevan los nombres de sus donantes o las personas a cuya memoria están dedicados.

El vitral Wilson, “Jesús y María Magdalena en la tumba”, dedicado en 1874 por William Wilson en memoria de su esposa Ann Margaret, fallecida a los 24 años a causa de una diabetes.

El vitral Black, “Las tres Marías junto a la tumba vacía”, dedicado en 1876 por G. C. Black en memoria de sus padres.

El vitral Bell, “Jacob bendiciendo a sus hijos”, dedicado por la viuda e hijos de George Bell en 1879.

El vitral McClymont, “La agonía de Jesús en el jardín de Getsemaní” en memoria de William McClymont, fallecido en 1883.

El Rosetón es el único vitral dentro del templo que perdura de la inauguración del segundo templo, en 1896; fue donado por los niños de la iglesia que hicieron una colecta especial. Se lo conoce como Rose Window o Children’s Window.

Al año siguiente se inauguró el segundo vitral que se encuentra al fondo del templo, en memoria de Thomas Drysdale, un importante miembro de la congregación.

En los siguientes años fueron colocados otros vitrales en memoria de otros miembros, donados por parientes y amigos, todos ellos realizados por la firma John and William Güthrie de Glasgow, Escocia.

LA IGLESIA ACTUAL

Como sucede en casi todas las iglesias étnicas, por cuestiones de idioma y asimilación cultural, ya son pocos los escoceses y sus descendientes que asisten a los cultos; sin embargo, se ha conformado una interesante comunidad de fe, integrada por personas de diferentes orígenes que adhieren a los principios presbiterianos. Además, hay un trabajo mancomunado con la Iglesia Presbiteriana de Olivos, que integra la comunidad San Andrés, de la cual forman parte también el colegio y la universidad del mismo nombre.

Detrás del templo hay oficinas, otras dependencias, un pequeño museo y un amplio salón, al que se accede más fácilmente desde la entrada de la calle Perú que ha sido utilizado por el Coro Gospel Argentina como sala de ensayos.

Pasillo de entrada al edificio por la calle Perú. En este pasillo se ha instalado el MuPSA. (Museo Presbiteriano San Andrés).

© Pablo R. Bedrossian y William D. Grant, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: A MANERA DE COLOFÓN, NOTAS DE LOS AUTORES

Los autores de esta nota: William D. Grant a la izquierda; Pablo R. Bedrossian a la derecha

La Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Ciudad de Buenos Aires, actualmente conocida como Iglesia Presbiteriana San Andrés del Centro, ubicada en la Avenida Belgrano entre las calles Perú y Bolívar, es especial para mí: cursé el Secundario en el vecino Colegio Nacional de Buenos Aires por lo que pasaba diariamente frente a ella. Luego en 1979 y 1980 participamos allí junto a mi hermano Alejandro en unos festivales de rock con nuestra banda “Propuesta”. Finalmente, en 1993 contraje enlace con mi amada esposa Graciela en su maravillosa capilla. A propósito, suelo llamar a esta iglesia “el cementerio de los elefantes” porque allí sucumbimos al matrimonio varios amigos “duros de casar”. Pero detrás de esos recuerdos, este imponente edificio tiene una rica historia digna de contar.

Pablo R. Bedrossian

Mis contactos con la Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Argentina, en esa época Iglesia Escocesa San Andrés, se iniciaron en el Salón de Actos de la Escuela Escocesa San Andrés en Nogoyá 550, Olivos. Yo había sido alumno de dicha escuela, y empecé a asistir a los Cultos Religiosos que se hacían allí cuando tenía 16 años. Poco tiempo después me confirmaron como miembro de la Iglesia y empecé a asistir a los cultos en la Iglesia de Belgrano R, Dr. Smith Memorial, que estaba cerca de casa. Al año siguiente se reinaguró la Iglesia de la Avenida Belgrano con su nueva fachada. Y se iniciaron unos cultos mensuales corales a la tarde noche a los que asistía siempre. En 1977 fui ordenado Presbítero Gobernante (Elder) de la Iglesia Dr. Smith Memorial. Pero el cargo era para toda la Iglesia. Y en 1989 me trasladé a la Iglesia del Centro debido a que en esa época vivía en San Telmo. No enumero la cantidad de actividades desempeñadas en ambas congregaciones ya que sería muy largo hacerlo. Pero debo decir que, si bien las otras Iglesias Presbiterianas fundadas originalmente por los escoceses y sus descendientes me maravillan, siento algo muy especial por la Iglesia de la Avenida Belgrano…

William D. Grant


REFERENCIAS:

[1] El diario fue publicado por primera vez en la Revista de la Iglesia Presbiteriana Escocesa “San Andrés” en 1958.

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.20

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo s/z, p.97

[5] Petrina, Alberto , Alberto Nicolini y Julio Cacciatore, “Patrimonio Arquitectónico Argentino – Memoria del Bicentenario (1810-2010)”, Tomo II (1880-1920), Ministerio de Cultura, Presidencia de la Nación, Argentina, 2010, p.92.93

[6]  Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo i/n, p.134

[7] Para más detalles, ver nuestro artículo “La Catedral Anglicana de Buenos Aires” en https://pablobedrossian.com/2018/01/19/la-catedral-anglicana-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo e/h, p.88


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías a color fueron tomadas por Pablo Bedrossian, uno de los autores de esta nota y es el dueño de todos sus derechos. Las fotos en blanco y negro fueron cedidas por William D. Grant, el otro coautor de esta nota, de su archivo personal, cuya fuente principal es de la revista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés.


AGRADECIMIENTO ESPECIAL

Quiero agradecer muy especialmente a William D. Grant por su admirable trabajo de recopilación histórica sobre la Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés. Espero que alguna vez su investigación pueda verse reflejada en un libro. Buscando información sobre el templo de la avenida Belgrano, todos los consultados me refirieron a Willie, como lo llaman sus amigos, a quien definen como el historiador de la iglesia. ¡Gracias, Willie, por tu generosidad, entusiasmo y aportes! Pablo Bedrossian.

CONGREGACIÓN EVANGÉLICA ALEMANA DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

CONGREGACIÓN EVANGÉLICA ALEMANA DE BUENOS AIRES, Esmeralda 162, Barrio de San Nicolás, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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Entre los muchos atractivos arquitectónicos, Buenos Aires tiene una multitud de iglesias, cada una con su propia identidad. Desde Retiro hasta San Telmo hay templos cristianos no católicos, en su mayoría de origen étnico, que revisten un interés especial pues conjugan historia, arte y fe. Este artículo habla de uno de ellos, conocido como la Congregación Evangélica Alemana de Buenos Aires o simplemente la Iglesia Alemana.

DSC06021Estuve dentro de ese templo por primera vez en 1976. Tenía 17 años. Era una boda a la que estaban invitados mis padres y, sin dudarlo, me colé. Quedé admirado por la belleza de un ambiente luminoso y reverente y por el sonido de su órgano a tubos, que es una joya centenaria. Volví en 2018, de visita por Buenos Aires, en la famosa Noche de los Templos, para sentir esta vez una sensación de recogimiento y calidez.

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LOS PRIMEROS EVANGÉLICOS ALEMANES EN BUENOS AIRES

Los evangélicos alemanes en Buenos Aires son mencionados por primera vez en 1821, debido a la fundación del Primer Cementerio de Disidentes de la ciudad, autorizado por el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, don Martín Rodríguez. Estaba ubicado en un terreno vecino a la Iglesia del Socorro (ubicada en la actual esquina de Juncal y Suipacha), cuyo costo fue pagado por miembros de las comunidades inglesa, norteamericana y alemana. Ante la falta de espacio, en 1833 el gobernador don Juan Manuel de Rosas autorizó la compra de un predio ubicado en Balvanera, sobre la actual plaza 1º de Mayo. Allí la comunidad británica levantó el Segundo Cementerio de Disidentes, y luego vendió una parte a la comunidad norteamericana y otra a la alemana, que tuvo su propio German Ground, que daba a la calle Alsina, en aquel entonces denominada Potosí.

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LA SITUACIÓN EN EUROPA Y EL SURGIMIENTO DE ALEMANIA

En 1806, a raíz de las guerras napoleónicas, se había disuelto el Sacro Imperio Romano Germánico. De los doscientos cincuenta estados que lo habían compuesto, sólo dos se destacaban: la Austria Católica de los Habsburgo -que designaba el emperador- y la Prusia protestante, con amplios territorios en las actuales Polonia y Alemania, donde se encontraban la mayoría de los estados pequeños. Tras la caída de Napoleón, Prusia se convirtió en el más poderoso de los treinta y nueve estados independientes que fundaron la Confederación Alemana. Para ese entonces los Habsburgo habían establecido el Imperio Austro Húngaro y los movimientos nacionales, como el alemán, representaban para ellos una amenaza[1].

LA PRIMERA IGLESIA EVANGÉLICA ALEMANA EN ARGENTINA

Entre los inmigrantes más influyentes que contribuyeron a conformar la Iglesia Evangélica Alemana en Argentina se mencionan a los empresarios J. C. Zimmermann, llegado en 1817 y Friedrich Schmaling, llegado en 1825, provenientes de Hamburgo, y a Claus Stegmann y Franz Halbach, arribados a Buenos Aires en la época de Rosas[2]. Si bien contar con un cementerio había sido un avance, los inmigrantes alemanes -por aquel tiempo unos seiscientos- sufrían por no poder tener su propia iglesia y también por no poderle brindar a sus hijos la formación religiosa que deseaban. Un comerciante de Bremen, G. CH. Deetjen y la Sra. Keppel fundaron una escuela dominical; allí los niños aprendían alemán y recibían clases bíblicas bajo la doctrina evangélica[3].

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A mediados de 1842, a iniciativa de G.CH. Deetjen, una asamblea de alemanes evangélicos de Buenos Aires pidió el envío de un religioso a su país de origen. Un año después la Iglesia Regional de Prusia envió al pastor Ludwig August Siegel para organizar la primera congregación alemana en Argentina.

El 10 de septiembre de 1843 se llevó a cabo el primer culto evangélico en idioma alemán en tierra criolla. El reconocimiento estatal se recibió el 18 de octubre de 1843[4], por lo que, desde entonces, se considera el día de fundación de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires.

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Los cultos inicialmente se llevaron a cabo en el edificio de la hermana Iglesia Anglicana de San Juan de la calle 25 de mayo, y desde septiembre de 1844 en locales alquilados que luego fueron adquiridos por la comunidad. La casa pastoral, ubicada en la calle Perú[5], se convirtió en sede de la Escuela Evangélica Alemana, a donde comenzaron a llegar maestros enviados especialmente desde Alemania.

La congregación sintió la necesidad de contar con su propio templo. Con gran esfuerzo adquirió el terreno de la calle Esmeralda 162. Sin embargo, para construir un edificio religioso era necesario la autorización del Gobernador Juan Manuel de Rosas. Manuelita, la hija del brigadier, intercedió por la congregación alemana. El permiso llegó luego de cinco meses de negociaciones; la única condición impuesta fue que la iglesia no tuviera campanario[6].

EL TEMPLO

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El 13 de octubre de 1851 se colocó la piedra fundamental para la primera Iglesia Evangélica Alemana de Buenos Aires en la calle Esmeralda 162. Fue diseñada en estilo gótico y se inauguró el 11 de febrero de 1853, poco antes de la sanción de la Constitución Nacional argentina. Se trataba de un sobrio templo de una nave con techo a dos aguas. Sin embargo, la fachada, que impacta por su magnífica altura, ofrecía interesantes elementos arquitectónicos, algunos de los cuales se conservan del proyecto original: dos torrecillas góticas a ambos lados, un balcón (que perdió las almenas originales) con dos agujas góticas en sus extremos, un pórtico ojival y otro arco ojival al fondo del balcón que servía de vidriera para iluminar el interior.

Los muros del edificio estaban separados de las medianeras de los edificios vecinos. El esquema preliminar dibujado a mano por Edward Taylor, el arquitecto, no tenía balcón y sólo un rosetón en el frente[7].

Esquema preliminar de Taylor (A. de Paula 1963).jpg

EL ARQUITECTO

Edward Taylor (1801-1868), había nacido en Inglaterra y fallecido en Argentina. Este arquitecto arribó a Buenos Aires en 1824 y desde su misma llegada diseñó y construyó interesantes edificios. Entre sus obras se destacan la Aduana Nueva (demolida en 1894 para levantar el primitivo Puerto Madero) y el Club del Progreso (un palazzo italianizante lamentablemente demolido en 1971). Además de la Iglesia Evangélica Alemana construyó la Iglesia Presbiteriana Escocesa de San Juan en Florencio Varela (1853), la Iglesia Católica parroquial de la ciudad de Tandil y la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, de la ciudad de Lobos, en la Provincia de Buenos Aires. Posteriormente hizo importantes obras en Asunción, Paraguay, entre ellas el Palacio de Gobierno y la primera estación de ferrocarril de América del Sur; sin embargo, por razones que desconocemos fue encarcelado. Liberado en 1867, regresó a Buenos Aires donde murió el año siguiente[8] .

Posible proyecto original de Taylor (A. de Paula 1963).jpg

LA INAUGURACIÓN

La ceremonia inaugural comenzó con el ingreso del pastor Siegel y miembros del presbiterio acompañados por acordes del primer órgano. Dos niños llevaron la cruz, los candelabros y el cáliz y plato para la Santa Cena. Según la publicación parroquial “Tu Lámpara”, editada en el 150º aniversario de la fecha, se procedió a la bendición del templo ante “un fervoroso público, entre banderas y flores”.

REMODELACIONES AL EDIFICIO

Entre 1922 y 1923 el edificio fue remodelado bajo la dirección del arquitecto Federico Laas. Al fondo, la vieja casa pastoral, la escuela que allí funcionaba y el aljibe fueron reemplazados por una vivienda, una amplio salón parroquial y oficinas.

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DSC06918.JPGAl año siguiente se amplió el templo, se corrió el muro posterior y se cubrieron los laterales hasta las medianeras vecinas. Por dentro el templo sufrió varias modificaciones. El techo original fue reemplazado y hoy se destacan los bancos, dos palcos laterales al frente y un púlpito todos de madera.

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EL ÓRGANO DE TUBOS 

El órgano actual fue construido en 1911 e instalado en 1912 por la empresa alemana E.F. Walcker de Ludwigsburg, que había construido el órgano de la Catedral Metropolitana en 1871. Su sistema original era tubular-neumático y tenía la consola en el centro.

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Tras 80 años sin reformas, en 1991 el órgano fue restaurado por los técnicos Carlos Amadini y Juan Weinhold, quienes lo convirtieron al sistema electro-neumático actual[9]. Ocupa una suerte gran balcón posterior revestido en madera. Está protegido por la Ley 1227 de 2013 como Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

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LA IGLESIA Y SU FE

En cuanto a la organización de la iglesia como comunidad de fieles, los primeros estatutos fueron aprobados el 5 de septiembre de 1847. A partir de esa fecha han sufrido varias actualizaciones y reformas. Hoy constituye la Parroquia Centro de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires, que engloba también a otras parroquias evangélicas surgidas por llegada de inmigrantes evangélicos protestantes de países europeos de habla alemana (alemanes, suizos, austriacos y rusos) que querían vivir y compartir su fe evangélica “que se nutre de la tradición luterana (herederos de Martín Lutero) y reformada (herederos de Juan Calvino)… Como Iglesia heredera de la Reforma, somos una comunidad centrada en la predicación de La Palabra y en la búsqueda de vivirla efectivamente en la vida cotidiana, con nuestro testimonio de amor, expresado con las manos en obras de servicio cristiano”[10].

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LAZOS CON ALEMANIA

En 1899 conformó en Buenos Aires el Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata, con la presencia de evangélicos alemanes de Argentina, Uruguay y Paraguay. En 1934 el Sínodo se afilió a la Iglesia Evangélica Alemana, que en 1945 pasó a llamarse Iglesia Evangélica en Alemania, más conocida por su sigla EKD. Después de la 2ª Guerra Mundial las iglesias rioplatenses optaron por una mayor autonomía, preservando los lazos fraternales con la EKD, y adoptando su nombre actual: Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP).

CURIOSIDADES

Intercesor: Franz Hallbach, que acompañó al pastor Siegel a hablar con Manuelita Rosas para obtener el permiso de construcción del templo, era cuñado de J. C. Zimmermann, el primer evangélico alemán residente en Buenos Aires del que tenemos conocimiento, quien se instaló a la edad de 28 años con la firma Zimmermann, Lynch y Co[11]. J.C. Zimmermann había estado previamente dos veces antes de paso por Buenos Aires.

Cultos en francés: El suizo Pablo Besson, invitado como pastor por un grupo de evangélicos de habla francesa en Buenos Aires, predicaba en esa lengua en el templo de Esmeralda 162, pues allí celebró ese grupo sus primeros cultos. Besson, ardiente defensor de la libertad de conciencia, es considerado el precursor de los bautistas en Argentina.

Donación real: Para la compra del terreno, los alemanes porteños recaudaron fondos organizando actividades en Buenos Aires, tales como conciertos y colectas). Su esfuerzo se vio acompañado de una donación de Federico Guillermo IV, en aquel momento rey de Prusia, nación que años después se convertiría en la Alemania moderna.

Nazis y judíos: Quizás su recuerdo más triste es el bautismo infantil en 1895 de Walther Darré[12] en esta iglesia. Criado en el barrio de Belgrano, en su adolescencia regresó a Europa, donde desempeñó posteriormente como Ministro de Agricultura del autodenominado Tercer Reich; además, fue considerado uno de los dos teóricos más importantes en el adoctrinamiento del nacionalsocialismo[13]. Una extraordinaria paradoja es que la boda por la cual conocí este templo era la de un joven cuyo padre era pastor judío mesiánico. Este sabio hombre de fe, don Víctor Sedaca, eligió para la boda de su hijo la iglesia en la cual se bautizó un genocida de su pueblo, mostrando y demostrando una admirable grandeza de espíritu.

Liderazgo: El pastor Siegel (1812-1883) fue uno de esos hombres que sirvió a su patria, la incipiente Alemania, fuera de ella, pero también sirvió a la Argentina, como ministro religioso, educador y líder comunitario. Tras once años de incansable labor, en 1854 regresó a Alemania a continuar su labor pastoral. Entre los muchos testimonios de gratitud hacia él, hay uno que muestra que su visión del evangelio no admitía fronteras: sirvió entre 1850 y 1851 en la Iglesia Presbiteriana Escocesa, reunida en el templo de la calle Piedras -demolido décadas después para la ampliación de la Avenida de Mayo-, donde recibió antes de su partida una calurosa despedida[14].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schwanitz, Dietrich, “La cultura todo lo que hay que saber”, Eichborn AG, Frankfurt am Main, 1999, Taurus, Buenos Aires, Argentina, 2002, p.159-165

[2] Harteneck, Helga, “La primera inmigración protestante”, Revista Todo es Historia, Buenos Aires, Argentina Nº 413, diciembre de 2001, p.20

[3] Harteneck, Helga, Op. cit. p.21

[4] Esta fecha es provista por la propia página De la Congregación Evangélica Alemana de Buenos Aires, http://www.ceaba.org.ar/quienes-somos-historia.php, en cambio Helga Harteneck en la obra citada fija como fecha del reconocimiento oficial el 10 de septiembre de 1843 agregando “por ello se considera esa fecha como el día de la constitución de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires”.

[5] Según Marcos Gabriel Vanzini, el lugar quedaba muy cerca, quizás otra entrada de la misma casa (desconocemos el sistema de numeración de calles de aquella época) en la calle Restaurador Rosas 91 (actual calle Moreno).  “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2011, p.192

[6] Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2011, 2ª Ed., p.112-113

[7] Schávelzon, Daniel, “Haciendo un mundo moderno – La arquitectura de Edward Taylor (1801-1868)”, Olmo Ediciones, 2010, p.65

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo s/z, 2004, p.97

[9] http://pipeorgans.flavam.com/cealehistor.html

[10] http://www.ceaba.org.ar/quienes-somos-presente.php

[11] http://www.genealogiafamiliar.net/getperson.php?personID=I40835&tree=BVCZ

[12] El nombre complete era Ricardo Walther Oscar Darré

[13] Lanata, Jorge, “Argentinos, Tomo 2 Siglo XX: desde Yrigoyen hasta la caída de De la Rúa”, Ediciones B, Grupo Z., 2003, p.52

[14] Granados, José Jerónimo, “August Ludwig Siegel”, incluido en “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012, p.193


AGRADECIMIENTO

Agradezco muy especialmente a Marta Jaimón Sedaca por la foto de la boda en la cual me colé. Aún me hace sonreír el recuerdo de sus muchas tías saludándome en la fiesta “¿Cómo estás, colado?”. Gracias a vos, Marta, y a Jorge por el cariño de siempre.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos fueron tomadas por el autor y a él le pertenecen todos sus derechos, a excepción de las correspondientes a:

  • Los dibujos del templo, tomados de Schávelzon, Daniel, “Haciendo un mundo moderno – La arquitectura de Edward Taylor (1801-1868)”, Olmo Ediciones, 2010
  • La imagen antigua del órgano, tomada de un viejo folleto de la casa Walcker en http://pipeorgans.flavam.com/cealehistor.html, cuyos autores son Rafael Ferreyra y David Merello.
  • La foto de la boda Sedaca-Jaimón, cedida amablemente por Marta Jaimón Sedaca.

BIBLIOGRAFÍA

Alfonsín, Jorge, “Cementerios de disidentes protestantes en la ciudad de Buenos Aires”, Junta de Estudios Históricos del Barrio de Villa Ortuzar, 1996

Bianchi, Susana, “Historia de las religiones en la Argentina: Las minorías religiosas”, Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 2004

Harteneck, Helga, “La primera inmigración protestante”, Revista Todo es Historia, Buenos Aires, Argentina Nº 413, diciembre de 2001

Lanata, Jorge, “Argentinos, Tomo 2 Siglo XX: desde Yrigoyen hasta la caída de De la Rúa”, Ediciones B, Grupo Z., 2003

Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo s/z, 2004

Russo Bernagozzi, Claudia, “Guía de Lugares de Culto de la Ciudad de Buenos Aires Tomo 1”, Dirección General de Cultos, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2013

Schávelzon, Daniel, “Haciendo un mundo moderno – La arquitectura de Edward Taylor (1801-1868), Olmo Ediciones, 2010

Schwanitz, Dietrich, “La cultura todo lo que hay que saber”, Eichborn AG, Frankfurt am Main, 1999, Taurus, Buenos Aires, Argentina, 2002

Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2011,

Vanzini, Marcos Gabriel y otros, “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012

 

UNA VISITA A LA CATEDRAL ORTODOXA DE SIBIU, RUMANIA (por Pablo R. Bedrossian)

Vista parcial de la Piata Mica o Plaza Pequeña
Vista parcial de la Piata Mica o Plaza Pequeña

Sibiu es una lindísima ciudad medieval rumana, que fue Capital Europea de la Cultura en 2007. Es famosa por sus tres plazas, una junto a otra: La Piata Mare (la Plaza Grande) donde están los edificios más distinguidos, la Piata Mica (la Plaza Pequeña o Plazoleta), que incluye el famoso “Puente de los Mentirosos”, llena de restaurantes y negocios y la Piata Huet, donde se erige la imponente Iglesia Evangélica, originalmente construida en estilo gótico entre 1322 y 1500.

La ciudad, que fue la sede metropolitana de la Iglesia Ortodoxa durante el Imperio Austro-Hungaro, fue fundada por alemanes en el siglo XII, dándole el nombre de Hermannstadt. Tiene mucha influencia arquitectónica germana. Hasta la 2ª Guerra Mundial la población alemana era muy nutrida, pero tras la derrota nazi y la llegada del gobierno comunista la mayoría tuvo que emigrar o terminó prisionera en gulags soviéticos. Toda la ciudad es bella, con interesantes destellos culturales entre los que se destaca el Museo del Palacio Brukenthal, en la Piata Mare.  Su colección incluye el famoso “Hombre de gorro azul” de Jan Van Eyck, y obras de de Lorenzo Lotto, Tiziano, Rubens y Peter Brueghel El Viejo, entre otros.

Catedral Ortodoxa de la Santísima Trinidad, vista parcial
Catedral Ortodoxa de la Santísima Trinidad, vista parcial

Una de sus perlas ocultas, quizás por ubicarse a unas diez cuadras del centro neurálgico que constituyen las tres plazas, es la Catedral Ortodoxa de la Santísima Trinidad (en rumano Catedrala Sfânta Treime din Sibiu). Construida tomando como modelo la Iglesia de Santa Sofía de Constantinopla (hoy Istambul), es espléndida por dentro y por fuera. Erigida en una calle y no en una avenida, no ofrece una buena perspectiva para la fotografía de su exterior, pero por dentro maravilla por su intensa policromía.

Los rumanos son en su mayoría ortodoxos. La idea de construir la Catedral en Sibiu surgió durante el dominio de los Habsburgo, cuando el país estaba bajo el Imperio Austro-Húngaro.  Andrei  Saguna , máxima autoridad de la Iglesia Ortodoxa,  en 1857 solicitó al emperador Francisco José I autorización para pedir donativos para la construcción del templo. El primer donante fue el propio emperador. Aunque Saguna murió en 1873 continuó la recaudación de fondos y en 1902 se colocó la piedra fundamental.

El diseño estuvo a cargo de los húngaros Virgil Nagy y Iosif Kamner, pero el  iconostasio y kliros fueron fabricados en Bucarest, capital de Rumania. El iconostasio es una pared que va de norte a sur en los templos ortodoxos, en la cual, en un orden específico, se colocan los íconos. Esta pared separa el santuario de la parte central del templo.  El kliros es la sección dedicada al coro. El iconostasio  dorado y la cúpula que muestra a Jesús como Pantokrator (“Señor de todo”) fueron pintados por el rumano Octavian Smigelschi.

Vista interior de la cúpula de la Catedral Ortodoxa
Vista interior de la cúpula de la Catedral Ortodoxa

La Catedral fue consagrada  el 30 de abril de 1906, fecha desde la cual recibió varias mejoras.  Sus íconos de estilo bizantino, sus paredes pintadas con motivos religiosos en vibrantes colores y sus vitrales (pocos, pero bellos) merecen una mirada atenta. El exterior es amarillo y rojo, y, además de sus torres, luce una magnífica cúpula.

Los rumanos ortodoxos mantuvieron la fe cristiana durante la sanguinaria dictadura comunista de Ceaucescu. Fueron hombres y mujeres valientes que defendieron sus creencias incluso a costa de sus propias vidas. Este edificio de algún modo testimonia esa fe valiente, que cree en un Dios que se acerca al hombre, y ha puesto en Él su confianza.

Ahora, permitamos que las imágenes nos hablen:

Vista externa de la Catedral Ortodoxa de Sibiu
Vista externa de la Catedral Ortodoxa de Sibiu

Otra vista exterior de la Catedral Ortodoxa de Sibiu
Otra vista exterior de la Catedral Ortodoxa

Vista frontal del exterior de la Catedral Ortodoxa de Sibiu
Frente de la Catedral

Vista del interior, con el iconostasio en el frente
Vista del interior, con el iconostasio en el frente

Vista interior de la Catedral Ortodoxa de Sibiu
Vista interior de la Catedral

Vista del iconostasio de la Catedral Ortodoxa de Sibiu
Vista del iconostasio

Vista de la cúpula de la Catedral Ortodoxa de Sibiu con el Cristo
Vista de la cúpula con el Cristo “Pantókrator”, Señor de todo

Vista del kliros (sección del coro) de la Catedral Ortodoxa de Sibiu
Vista del kliros (sección del coro)

Lámpara colgante en el interior de la Catedral
Lámpara colgante en el interior de la Catedral

Vista de una de las paredes, pintada al estilo neobizantino
Vista de una de las paredes, pintada al estilo neobizantino

Vista de otra de las paredes de rica policromía. Nótese la gran cantidad de arcos de medio punto.
Vista de otra de las paredes de rica policromía. Nótese la gran cantidad de arcos de medio punto.

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Vitral que representa las tres personas de la Santísima Trinidad, a quien está consagrada la Catedral

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


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NUNCA ME GUSTÓ EL ROCOCÓ – UNA VISITA A LA ASAMKIRCHE EN MUNICH (por Pablo R. Bedrossian)

A veces, como dice una canción de Paul Simon, repentinamente uno tiene que poner en duda todo lo que creía cierto. Eso me ocurrió al ingresar a la impresionante capilla rococó dedicada San Juan Nepomuceno en Münich, creación de los hermanos Asam.

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El barroco, nacido en Italia durante la primera mitad del siglo XVII, fue un estilo artístico caracterizado por las formas recargadas y el amor a las curvas. Sus numerosos detalles se oponen a la sobriedad clásica, representada por los antiguos edificios griegos y romanos, que Andrea Palladio había recuperado durante el Renacimiento. Digamos que el barroco es un estilo teatral, más bien dramático, que se extendió rápidamente al resto de Europa.

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Como bien se ha dicho, el barroco generó una “arquitectura para los sentidos”. La complejidad decorativa de sus interiores manifiesta una intensa sensualidad, casi hedonista. Muchas veces las esculturas barrocas parecen estar en movimiento.

Pero así como el manierismo es la exageración de las figuras clásicas, el rococó es el barroco llevado a un extremo. La palabra rococó provendría de la palabra francesa “rocaille”, que es un tipo de ornamentación que reproduce motivos de caracolas y conchas marinas. Aunque se le dio ese nombre a finales del siglo XVIII, se desarrolló como estilo a partir de 1730. Fue un arte cortesano, aristocrático e incluso burgués, pero no popular, de tendencia más bien mundana, despojado de la impronta religiosa dominante.

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El rococó se caracteriza por la excesiva carga de elementos y, a la vez, la cuidada exuberancia de sus formas. Utiliza motivos que apelan a la naturaleza (plantas, flores, pájaros) pero de un modo empalagoso, poblando todos los espacios y produciendo, en mi opinión, una saturación de los sentidos que puede resultar opresiva. Por supuesto, los modelos de belleza son diferentes para cada época, y aún dentro de una misma época, diferentes para cada persona.

Para muchos el rococó es un giro hacia lo íntimo y personal, a través un obstinado refinamiento delicado y juguetón. Es cierto que las figuras del rococó trasmiten fragilidad y ligereza. Si se me permite un toque de humor, diría que se encuentran en las antípodas de Botero. Pero en lo personal, siempre me parecieron una vanidosa muestra de fastuosidad y ostentación, quizás porque entré en contacto con ellas en Francia, donde me era imposible contemplar su esplendor palaciego sin confrontarlo con la miseria del pueblo.

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Pero a veces, como dice una canción de Paul Simon, repentinamente uno tiene que poner en duda todo lo que creía cierto. Eso me ocurrió al ingresar a la impresionante capilla rococó dedicada San Juan Nepomuceno en Münich, creación de los hermanos Asam.

La Asamkirche

Aunque el apellido suene árabe, los hermanos Asam, Cosme y Egid, eran alemanes bávaros de pura cepa. Durante un tiempo vivieron en Roma donde fueron impactados por el estilo barroco que constituía la vanguardia arquitectónica de la época.  Al regreso construyeron obras de admirable belleza  como la Iglesia de la abadía de Weltenburg, pero sin duda su obra cumbre la constituye la iglesia dedicada a San Juan Nepomuceno, popularmente conocida como La Asamkirche (“Iglesia de los Asam”).

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Cerca de 1730 Egid Asam, escultor y estucador (hoy diríamos “maestro yesero”),  compró en Münich dos parcelas donde construyó su casa. Poco después adquirió un terreno adyacente donde en 1733 comenzó a construir una capilla privada, para lo cual contó con la ayuda de Cosme, su hermano mayor, que era arquitecto y pintor.

La fachada de esta iglesia es angosta y elevada. Sobre una marquesina barroca presenta un grupo escultórico con San Juan Nepomuceno en el centro. Y aunque su frente  complementa la original decoración estucada de la vivienda, es el interior de la  pequeña y estrecha capilla lo que produce un efecto alucinante.

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Al ingresar se siente una explosión de formas muy estilizadas, en aparente movimiento bajo un tenue manto de luz. Esta “cueva mágica”, como la llama Jonathan Glancy[1], parece no tener líneas rectas y es difícil encontrar una superficie sin ornamentar. Querubines y otras figuras fantásticas cubiertas con pan de oro saturan las paredes pero sin generar agobio sino belleza; producen calma en lugar de ansiedad. Varios frescos están rodeados de estuco rojo intenso y de madera dorada. La exquisita combinación de luces y sombras, lograda a través los elementos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos, sugiere una aparente desproporción que, en lugar de perturbar, conmueve; y la trama ondulante de las místicas imágenes invitan a meditar sobre la precariedad de la existencia y a buscar allí la presencia misma de Dios.

Interior rococó de la "Amankirche", el nombre popular de la Iglesia de San Juan Nepomuceno

Por supuesto, cada trazo, cada detalle, tiene un significado espiritual. Nada ha sido puesto porque sí. Desde luego, es un interior recargado de imágenes en extremo. Entonces, ¿por qué en contra de toda mi experiencia la Asamkirche me ha atraído tan poderosamente? Obviamente, el arte sucede; es el espíritu que se desprende de un hecho: se siente, no se piensa. Pero más allá de las cuestiones inconscientes relativas a la percepción de la belleza, creo que también existen poderosas razones. Quizás la más importante sea el propósito subyacente: No se trata de hacer alarde de un poder absoluto ni mostrar la pomposa majestuosidad de una corona sino de comunicar al hombre con Dios a través del arte. En la Asamkirche la belleza es un don divino dedicado al Dador para su gloria.

Otra vista del interior rococó de la iglesia

Aunque algunos consideran esta admirable iglesia de una sola nave como una obra del barroco tardío, la mayoría entiende que es una obra rococó, que, como dijimos, es un barroco excesivo. En general los excesos dañan, pero en este caso, quizás en este único caso, bendicen y benefician.

Detalle de la fachada de la casa de Egid Asam, desde la cual se podía acceder a la capilla.

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Glancy, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La isla, 1ª Ed. argentina, 2001


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