ENTREVISTA AL ING. RAÚL PEÑA, FUNDADOR DEL PARTIDO NARANJA, NUEVA ESPERANZA PARA HONDURAS (por Pablo R. Bedrossian)

En tiempos donde la corrupción y el narcotráfico amenazan la estabilidad de las precarias democracias centroamericanas se han abiertos nuevas opciones. Por ejemplo, en El Salvador, un outsider como Nayib Bukele ha roto el bipartidismo tradicional. Ahora en Honduras aparece el PANAH, Partido Naranja de Honduras, como una alternativa totalmente diferente a las tradicionales estructuras de poder. Tuvimos la oportunidad de entrevistar a su líder y fundador, el Ing. Raúl Peña, un emprendedor que ha dedicado su vida a la educación.  

– ¿Cómo interpreta Ud. la situación actual de Honduras en materia política, económica y social?

Las democracias del triángulo del norte de Centroamérica están contaminadas desde hace más de 40 años por la corrupción y narcotráfico, situación de la cual no escapan muchos gobiernos de América Latina. Las instituciones del estado hondureño están sumamente debilitadas en su actuar, pues se delinque desde los puestos más pequeños hasta los más elevados: es fácil escuchar en los pasillos de algunas instituciones alabar la cultura de “entenderle al trámite”, lo que en buen español es cómo lograr que tu tramite no sea retenido y “todos ganen” extorsionando al usuario. De esa forma las entidades gubernamentales y municipales, se convierten en una amenaza para el inversionista, el innovador y el creativo.

Las nuevas opciones representadas por los outsiders, siempre que estos provengan de familias honestas y su trayectoria sea limpia, representan una oportunidad para nuestros países en lo político pues el bipartidismo perdura, incluso disfrazado de tres banderas diferentes.

La mayor carga de nuestros pueblos es la económica donde la pobreza extrema llega hasta un 17%. El desempleo y el alto costo de la vida son las mayores preocupaciones del hondureño en las calles. Hay más de 1.6 millones de miserables y 5 millones de pobres, por lo que la sociedad en su mayoría tiene una muy mala calidad de vida, aunada a los malos servicios públicos.

– ¿Cómo nace el PANAH y quiénes lo integran? ¿Qué garantías hay que no será más de los mismo?

El PANAH nace después de un análisis concienzudo de las opciones políticas frente a las próximas elecciones. Ni el Partido Nacional ni la oposición representan al pueblo hondureño, donde según CID Gallup un 42% no tienen ninguna preferencia política. Eso llevó a un grupo de hondureños de San Pedro Sula a iniciar el proceso de formación de una nueva fuerza política independiente y sin un propietario, un partido que ejerciera la democracia desde el interior y se apoyara en una solución económica que beneficiara a los más jóvenes, a los innovadores y los creativos. Sus integrantes no han vivido la política tradicional, sino que son más bien hombres de ciencia, educación, docencia, emprendedores, profesionales independientes y estudiantes que desean un gobierno más enfocado en las próximas generaciones.

Desde el inicio, se acordó que no podríamos formar parte de uno de los partidos mayoritarios puesto que decidimos tomar una nueva ruta, cueste lo que cueste.

– En forma resumida, ¿cuáles son sus principios? ¿En qué se basan? ¿Qué relación guarda este nuevo partido con la economía naranja?

Los principios del PANAH (Partido Naranja de Honduras) se fundamentan en la transformación de seis áreas descuidadas por los gobiernos electos desde 1982: ética, desarrollo humano, ubicación en el centro político, desarrollo social verdadero, economía naranja, y Estado transparente.

Nos basamos en un modelo democrático que sigue una secuencia simple: renovación del sistema educativo, apoyo al innovador y al creativo para que desarrollen nuevas empresas en el contexto naranja, sustento a las pequeñas y medianas empresas y, por último, un estado transparente y orientado al cumplimiento de las propuestas anteriores.

– ¿Qué ofrecen de nuevo que pueda ser realmente implementado y aprovechado por la sociedad para reducir la pobreza e impulsar un crecimiento sostenible?

Lo nuevo del PANAH es que basa su acción en la mentalidad y no en la manualidad, por lo que es abierto a la modernización, a la economía digital, a la virtualización, al estado digitalizado con control estricto a la corrupción. Con esto se pretende pasar de la tercera revolución industrial a la cuarta revolución industrial, donde lo que importa para ser parte de la fuerza laboral es la capacidad de manejo de alta tecnología a muy bajo costo. Así lograremos un crecimiento sostenible.

– Si llegan al poder, ¿cuáles serían sus primeras acciones de gobierno?

La revisión de salarios de empleados del gobierno, diputados, alcaldes y asesores, la implementación inmediata de un sistema que convierta a las instituciones del gobierno en no extractivas y la revisión y reducción del valor de los servicios para combatir la corrupción. Los trámites serán sin costo y con tiempo de vencimiento para garantizar al inversor que no se atrase por causa de la ineficiencia del gobierno. La educación será transformada desde la preescolar hasta la universitaria.

– Se suele encasillar los partidos en “derecha” o “izquierda” de acuerdo a la ideología. ¿De qué lado pondría su partido o, si no le caben esas etiquetas, ¿cómo lo definiría?

El PANAH es consciente del daño y la división que han provocado en Honduras la izquierda y la derecha, por lo que no se identifica con ninguna filosofía política que no sea la de hacer crecer a Honduras y dar a sus habitantes una mejor calidad de vida. Eso nos pone en el centro, no en referencia a los extremos filosóficos, pero si en el centro moral y patriótico.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

¿SOLIDARIDAD O IMPUESTAZO? (por Pablo R. Bedrossian)

“Es fácil ser solidario con dinero ajeno” (palabras de un jubilado al Presidente de la Nación)

Al asumir el nuevo gobierno argentino se enfrentó a una grave situación social y económica. La Ley de Emergencia Económica no era una opción: era una necesidad. Un país endeudado con caída de su PBI no puede insistir en fórmulas que condujeron al fracaso. Había dos posiciones extremas: achicar el enorme gasto público o aumentar la insoportable carga impositiva. Como siempre, el peso recayó sobre aquellos que producen.

Sin embargo, mi intención no es opinar acerca de la política económica de un gobierno que recibe una pesada herencia (aunque no olvido las palabras de la expresidenta Cristina Kirchner cuando el 6 de octubre de 2016 dijo “si es tan pesada la herencia, que la devuelvan”), pues debe ser juzgada por sus resultados y no por la ideología política. Además, deseo que tenga el mayor de los éxitos para bien de todos. Mi propósito es, en cambio, examinar si la bandera de la solidaridad que el gobierno levanta es cierta y justa.

En un debate en una red social, un conocido que adhiere al actual gobierno escribió “encima les molesta la palabra solidaridad … algo que Jesus nos enseñó mucho”. Aunque Jesús no usó la palabra solidaridad, es cierto que el concepto está implícito en las palabras y el ejemplo de Jesús. Por ejemplo, en nuestra traducción del evangelio de Mateo en tres ocasiones se habla de la compasión de Jesús (Mateo 9:34, 14:14 y 15:32). Además, en el Sermón del Monte hay un llamado a la misericordia muy fuerte. De paso, Hitler decía que “la compasión es una debilidad cristiana”. Creo todo lo contrario: es una de sus fortalezas.

Pero, ¿tiene nuestro amigo razón? Para ello debemos preguntarnos si la solidaridad de la que habla el gobierno es la misma de la que habló Jesús. El Diccionario de la Real Academia Española define solidaridad como “adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. No habla de obligación ni de fuerza: adherir es una decisión voluntaria. Hace muchos años Samuel Libert, con su habitual lucidez, escribió “Jesús nunca dijo al que tiene dos capas quítale una”. La solidaridad forzada no es solidaridad; es violencia por cuanto obliga bajo pena de castigo al que no cumpla. Repito: es violencia incluso aunque esté dentro de la ley. Por favor, no se me malinterprete. Estoy de acuerdo con pagar impuestos cuando retornan en servicios para todos; incluso en situaciones críticas, entiendo que deban tomarse medidas extraordinarias en favor de “los que menos tienen” (pareciera que para los políticos usar el término pobres solo es oportuno durante la campaña electoral), pero veo mal utilizar falazmente una palabra noble para disfrazar la extracción forzada de bienes de unos -los que trabajan y producen- en favor de otros. Además, parte de esos bienes no irá a sus supuestos destinatarios sino a los bolsillos de políticos corruptos. Creo que el gobierno debería crear trabajo en lugar de los famosos planes.

Ya hemos demostrado que la bandera de la solidaridad es falsa. Nos queda preguntarnos si el impuestazo es justo. Comencé diciendo que era necesario, entendiendo que situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias. La necesidad no implica justicia. ¿Tiene el Estado el derecho de imponernos cualquier tipo de impuestos? Alguien diría que si el Congreso representa al pueblo y aprueba una ley enviada por el Ejecutivo entonces sería justa. Yo diría que es legal, pero no necesariamente justa. Si bien la justicia es subjetiva, ¿hasta qué punto un gobierno tiene derecho de tomar de la propiedad privada de sus ciudadanos, de su trabajo y de su esfuerzo, para darlos a otros sin exigir nada a cambio? ¿Acaso no lo usa para clientelismo? ¿Su única forma de ayudar es castigar a los que trabajan y producen? ¿No sería mejor administrar reduciendo el gasto público? No me refiero a despedir gente (lo que en este momento agravaría el problema) sino a realizar compras más eficientes y desprenderse de activos que no producen. ¿No sería mejor poner incentivos a la exportación en lugar de castigarla? Aunque es tabú en la Argentina, ¿no sería mejor flexibilizar las condiciones de contratación para generar pleno empleo? Las actuales leyes claramente favorecen al que tiene empleo, pero castigan al que no lo tiene pues nadie quiere contratar a personas que pueden demandar por razones banales sin que haya una legítima causa. ¿Por qué en lugar de pagar subsidios de desempleo el Estado no da trabajo temporal a esas personas a cambio de ese dinero?

Nadie puede ignorar la precaria situación en la que viven personas. Hace poco me llamó un hermano que vive en el Partido de La Matanza, contándome la persecución que estaba padeciendo a causa de un préstamo que no pagó puntualmente a un usurero. La necesidad obliga a muchas familias a entrar a círculos de deudas de las cuales no pueden salir. Ante esa realidad, la iglesia tiene la oportunidad de dar testimonio de su fe. Muchas ya lo están haciendo: abren sus templos en la semana, sirven almuerzos y meriendas, proveen ropa, dan alojamiento temporal y cubren necesidades espirituales y emocionales de las personas que se acercan. No hay mayor contradicción que hablar de Jesús y cerrar los ojos a la necesidad. Aunque veamos la política en general como un negocio y a la mayoría de los políticos a delincuentes con licencia para robar, eso no nos da derecho a estar ausentes donde hay una necesidad real. No se trata de lo que quita por la fuerza un gobierno sino de lo que estamos dispuestos a dar solidariamente a los demás.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

“EL MECANISMO”, UN THRILLER POLÍTICO A LA BRASILERA (por Pablo R. Bedrossian)

Las dos primeras temporadas de “El Mecanismo” (en portugués “O Mecanismo”), que puede verse en Netflix, novelan la Operación Lava Jato que cambió la historia del Brasil contemporáneo. Es una versión libre, adaptada a fines dramáticos o, mejor dicho, de entretenimiento, de la investigación realizada por el periodista Vladimir Netto, publicada en su libro “Lava Jato: el juez Sergio Moro y los bastidores de la operación que sacudió a Brasil”.

Con la dirección de José Padilha (“Tropa de Élite”, “Narcos”, entre otras), la serie intenta presentar crudamente la trama de corrupción que infecta a izquierdas y derechas en su país -y en toda Latinoamérica-, donde el discurso es simplemente un instrumento electoral y los políticos se mueven bajo dos únicas consignas: dinero y poder. Policías y fiscales se embarcan en una investigación que, sin proponérselo, pone al desnudo la red de sobornos que financia la política y deja la obra pública en manos de un oligopolio.

La serie cuenta con grandes actuaciones, excelente fotografía y muy buen manejo de la tensión; sin embargo, no queda definido cuál es el foco: si la vida privada de los investigadores o los hechos que denuncia. Algunas trivialidades parecen tener el mismo peso que decisiones que cambiarán el país. Por momentos el guion se asemeja a una novela del corazón, y en otros, a un thriller de suspenso, lo que le quita identidad y fuerza.

Muchos brasileños no le perdonan al director haber puesto en boca del personaje Gino (que representa al expresidente Lula) una frase pronunciada por uno de sus adversarios, el senador Romero Jucá. La propia Dilma Roussef califica a Padilha como “creador de mentiras”. Como observador, me pareció que los “malos” de la primera temporada no son tan “malos” al final de la segunda, porque son tan delincuentes como quienes los reemplazaron, algo que era obvio desde el principio (hoy todos están presos).

El caso Odebrecht es central en la segunda temporada y representa algo que va más allá de los que ven en la película solo propaganda. Dicho en palabras del director de la serie: “En Brasil la corrupción no se da en la política. La corrupción es la política”.

Una serie como “El Mecanismo”, que despierta tantos sentimientos opuestos, merece ser vista para que cada uno forme su propia opinión. La mía es de una serie tres estrellas que pretende ser cinco.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.