ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: EL ÚNICO PASAJE EN S DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Uno de mis primeros lugares de trabajo estaba ubicado en un edificio de cúpula imponente levantado en Callao y Lavalle, al que se accedía por Lavalle 1790. Cruzando la avenida Callao, justo donde debía formarse la esquina sudoeste se abría una curiosa callecita. No era una diagonal, sino una calle en S que perforaba la manzana. Se llamaba Rauch y el tránsito vehicular en su única cuadra iba de Callao y Lavalle hasta Riobamba y Corrientes, donde desembocaba.

Me gustaba recorrerla y dos detalles cautivaban mi atención: una placa que recordaba el paso por esa calle de la primera locomotora que hubo en el país, La Porteña, y el Teatro del Picadero, donde en 1980 había asistido a un recital del legendario tecladista Carlos Cutaia, cuyos invitados especiales habían sido nada menos que Charlie García y León Gieco.

Hoy la calle se llama Enrique Santos Discépolo y se ha convertido en uno de los pasajes peatonales más anchos de Buenos Aires. Tiene una peculiaridad: debido a su serpenteante trayecto, si uno se sitúa en cualquiera de sus extremos no podrá ver el otro, a pesar de tener una sola cuadra. Además, es un lugar extraño donde conviven vagos con oficinistas, bohemios con estudiantes y comerciantes con vecinos.

LA EDAD DE HIERRO

En septiembre de 1853 un grupo de argentinos se unió para crear el primer ferrocarril local; una ley de enero de 1854 les otorgó la concesión para explotarlo. Tres años y medio después, el 29 de agosto de 1857 realizaron el viaje inaugural. El trayecto original comprendía diez kilómetros de líneas férreas, desde la Estación Parque, ubicada donde hoy se encuentra el Teatro Colón, hasta la Estación (La) Floresta.  

Cuenta el historiador ferroviario Jorge Tartarini “Al salir de la estación, las vías hacían una suave curva cruzando la Plaza del Parque, para luego seguir por calle Lavalle hasta Callao. Allí tomaba por la curva de los olivos u ‘hornos del señor Bayo’ para entrar en la calle Corrientes, desde donde se dirigía hasta Centroamérica (hoy Pueyrredón)”[1]. El 15 de octubre de 1856, don Rosendo Bayo había cedido estas tierras al Ferrocarril Oeste, habiendo constancia de la escritura[2]. A esa curva también se la conoció después como “curva de los Jesuitas”, por la cercanía con la Iglesia y el Colegio del Salvador, levantados en la década de 1860, o “curva de la muerte” por las dificultades que les generaba a los flamantes maquinistas.[3]

Recordemos que el recorrido del primer tren criollo, encabezado por la mítica locomotora “La Porteña” era más bien rural. El país recién acababa de salir del rosismo; Buenos Aires, que aún no había adherido a la reciente Constitución Nacional, todavía estaba dominada por la arquitectura colonial; su población, según el censo de 1855, era de alrededor de 92,000 habitantes, cuya mayoría no sabía leer[4].

La Calle del Parque (hoy Lavalle)[5] que atravesaba el tren en sus primeros kilómetros era una zona de quintas, tal como lo señala un plano de mensura de firma ilegible realizado en 1864, que además contiene la primera mención que encontramos sobre la breve sección sinuosa: “Se observa un tramo de vías de ferrocarril en forma de curva, expresado en línea punteada, sobre la calle Parque a la altura de Callao”[6].

NACE UNA ESTRELLA

Buenos Aires se sumó a la Confederación Argentina en 1860, mediante el Pacto de San José de Flores (de paso, la Provincia de Buenos Aires siguió emitiendo su propia moneda hasta 1861). A partir de allí el país se abrió camino hacia la modernidad a un ritmo vertiginoso. La ciudad creció “desde el núcleo del antiguo radio del municipio, hoy Casco Histórico, pasando por la expansión en las direcciones Norte y Oeste (desde 1870), hasta la incorporación e integración de los Municipios de Flores y Belgrano (1887)”[7].

El crecimiento del transporte ferroviario fue exponencial. En 1871 -debido también al éxodo masivo generado por la epidemia de fiebre amarilla que azotó la ciudad- se vendieron un millón de boletos. Cuentan Jorge Schvarzer y Teresita Gómez, director e investigadora respectivamente del CEEED (Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que “Diez años más tarde (1881), la empresa se vio obligada a construir vías dobles a partir del Once, para atender el intenso tráfico de la zona; la ampliación llegó a Liniers en 1883…. Ese mismo año se terminaba de desmontar el ramal que nacía en el Parque y llegaba al Once, debido a las demoras y accidentes que provocaba el servicio en dicho tramo, ya densamente poblado y donde la franja disponible para las vías era demasiado angosta para encarar mejoras de cualquier orden”[8].

El crecimiento urbano desde el Centro hasta el Once llevó, entonces, a levantar las vías entre las dos primeras estaciones, dejando libre el paso en la vieja Curva de los Olivos, dondemencionamos que antiguamente se hallaban los hornos de ladrillos de Bayo. Lo que había sido un camino de trenes se convirtió en una calle transitable. Diez años después, y mencionada como Curva del Ferrocarril en el texto, la Ordenanza Municipal del 27/11/1893 le impone el nombre de Rauch[9].

LOS AÑOS OSCUROS Y EL REGRESO DE LAS LUCES

Muy pocos datos hemos podido obtener de las décadas que siguieron, todos aportados por Vicente Cutolo en su libro sobre calles de Buenos Aires. Cuenta que a principios de siglo en su extremo que da la Avenida Callao había un bebedero para caballos, que luego hubo prostíbulos de cortinas rojas y que hacia 1930 existió también una feria al aire libre[10].

Sin embargo, pudimos hallar por nuestra cuenta algunos datos interesantes sobre cuatro edificios que aún sobreviven. El primero es que uno de los laterales de la Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento, cuya entrada principal se encuentra en la Avenida Callao 450, da a la ex calle Rauch. Este centro educativo fue inaugurado en 1886 como Escuela Primaria y en 1914 elevado a Escuela Normal (que en aquel entonces indicaba nivel Secundario con orientación a la docencia). El edificio con fuertes influencias del neorrenacimiento italiano fue creado por el arquitecto italiano Carlos Morra (1854-1926), especialista en edificios escolares[11] . Hoy está catalogado como APH (Área de Protección Histórica). De todos modos, su relevancia arquitectónica para la actual calle Enrique Santos Discépolo es baja.

Mucho más interesante es el edificio art deco de once plantas levantado en la esquina norte de Rauch y Callao; fue diseñado por el arquitecto croata de origen húngaro Andrés Kalnay[12] y construido por Lorenzo Bursese en 1935.

También en la esquina que une este pasaje con Corrientes y Riobamba se encuentra el edificio apodado “La Porteña”, ex sede del Banco Mercantil Argentino, hoy ocupada por Swiss Medical. Es un edificio de ocho pisos, planta baja y dos subsuelos, construido a mediados del siglo XX, cuyo diseño, casi triangular, obedece a las medidas del terreno. Ha sido reciclado en 2005[13].

Pero, sin duda el jugador distinto del pasaje es el Teatro del Picadero. Fue creado por el arquitecto Gastón Breyer en 1980, recuperando una fábrica de bujías levantada en la mano norte de la cuadra en 1926[14] bajo diseño del arquitecto italiano Benjamín Pedrotti. En 1981 se desarrolló allí Teatro Abierto, un proyecto cultural surgido como una reacción a la dictadura militar. En la madrugada del 6 de agosto de ese año estalló una bomba que dejó el edificio inutilizable. Años después fue reconstruido y utilizado con diversos fines, pero en 2007 se comenzó a demolerlo para unirlo a un terreno vecino y levantar allí unas torres comerciales. El intento logró frustrarse gracias a la reacción de la comunidad y organizaciones que defendían el patrimonio edilicio porteño. En mayo de 2012, fue reinaugurado bajo ideas del arquitecto Gustavo Keller; la sala del primer piso puede albergar casi 300 personas. Su dirección es Enrique Santos Discépolo 1849.

PRIMERO EL TREN, LUEGO LOS AUTOS, AHORA LOS PEATONES

Desde que se levantaron los rieles la curva en forma de S, la vía pasó a ser utilizada primero por carros y luego por autos. Sin embargo, en octubre de 2003 el legislador porteño Carlo Campolongo presentó un proyecto de ley proponiendo convertir el pasaje Enrique Santos Discépolo en peatonal. La Legislatura lo acompañó con una declaración para que “se arbitren las medidas necesarias a los efectos de convertir el tramo en un espacio de atracción histórico, cultural y turístico”[15]. La ley 1157 fue sancionada el 3 de noviembre de 2003[16] y publicada el 20 de noviembre de ese año[17].  Finalmente, dos años después, la ex Rauch se convirtió en peatonal[18], con una superficie embaldosada, con cestos y árboles.

En 2008 fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Resolución 179/08. A fines de 2013, con la participación de la comunidad educativa de la vecina Escuela Domingo Faustino Sarmiento se inauguraron los trabajos de recuperación que incluyeron lugares de descanso para que los padres de los alumnos puedan esperar con mayor comodidad a sus hijos y la colocación de luces blancas para iluminar el piso de noche[19].

EL MURAL DE SANTA MARÍA

En 2007 Marino Santa María, cuyas intervenciones artísticas sobre la calle Lanín[20] de Barracas y el pasaje Hugo del Carril en la Estación Flores son ampliamente conocidas, creó el mural “Uno, Once y Nosotros”. Se trata de una composición de 120 m2 en mosaico veneciano y trencadís catalán (una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada) sobre el contrafrente del Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento que da al pasaje y en los canteros de esa vereda.

El proyecto se llevó a cabo con el apoyo de la Cámara de Comerciantes del Once (CADMIRA) y la Fundación Armonía y alude al paso de la histórica locomotora La Porteña por esa vía, al tango Uno con letra de Discépolo y a Teatro Abierto, aquel proyecto escénico contestatario llevado a cabo en el Teatro del Picadero[21].

LA FERIA FRANCA

Recuperando la idea de aquel mercado que existió en los años ’30 del siglo XX, la Fundación Sabe la Tierra ha creado el Mercado Balvanera que funciona todos los miércoles en el pasaje, salvo que llueva. Consta de treinta puestos que ofrecen productos naturales, orgánicos y sustentables directamente del productor al consumidor[22].

EL BAR MORDISQUITO

En 2016 cerró el bar cultural Mordisquito, que funcionaba en el pasaje[23]. Era un lugar para la poesía, la música y las artes plásticas. Además, contaba con una biblioteca con clásicos y literatura de vanguardia. Nos da tristeza que se haya perdido un espacio donde los artistas podían mostrar lo que hacían y compartir sus creaciones. Funcionó durante más de cinco años; existía la Radio Mordisquito, la radio del bar.

EL PASAJE EN LA LITERATURA

Vicente Cutolo cita una breve cuarteta que atribuye a un poeta de Buenos Aires:

 “En viñeta caprichosa, / el Pasaje Rauch conserva / la curva que dibujó / el humo de “La Porteña”[24].

Baldomero Fernández Moreno el que le dedica un breve pero significativo poema:

CALLEJUELA RAUCH[25]

Callejuela apartada,
humilde callejuela
que ofreces a mi espíritu cansado
de tanta calle recta,
el sencillo misterio de tu curva…
Gracias, hermana callejuela.

También es mencionado como Pasaje Rauch dos veces en “Restos Humanos”[26],  novela de Álvaro Abós. No encontramos ninguna referencia literaria citando al pasaje como Enrique Santos Discépolo, salvo como dirección del Teatro del Picadero.

LOS NOMBRES DESPUÉS DE LAS CURVAS

Nuestro pasaje recibió el nombre de Rauch, como hemos escrito antes, por la Ordenanza Municipal del 27/11/1893. Sin embargo, en 1988 hubo un doble cambio de nombre: Por la Ordenanza Nº 43.388-1988[27],  la calle Rauch pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo y el pasaje Salónica, ubicado entre Medrano y Salguero, recibió el nuevo nombre de Rauch. En realidad, fue casi un trueque. Presentamos brevemente la historia.

El pasaje Salónica originalmente se consideraba parte de la calle Rocamora. Sin embargo, y razonablemente porque no constituía una verdadera continuación de aquella calle, en 1933 pasó a llamarse Salónica. En 1973 fue rebautizado como Enrique Santos Discépolo por la Ordenanza Nº 28.124/1973; en 1976, tras el golpe militar, recuperó el antiguo nombre de Salónica (Ordenanza Nº 1.665/1976)[28]. Por lo tanto, en 1988 el pasaje que alguna vez se llamó Enrique Santos Discépolo pasó a llamarse Rauch, y el pasaje Rauch donde pasaba La Porteña pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo.

QUIÉNES FUERON

Federico Guillermo Rauch fue un militar nacido en 1790[29] en el Gran Ducado de Baden, territorio en la actual Alemania. Fue oficial de loe ejércitos napoleónicos. Llegó a la Argentina en 1819 donde se incorporó al ejército argentino. Intervino en las primeras campañas al desierto durante la década de 1820 al ‘30. Ascendido a coronel, fue confirmado como como jefe del Regimiento de Húsares que desde entonces fue el 5to. de Caballería. Desplazado de su cargo por el gobernador Dorrego, se volvió unitario. Peleó junto a Lavalle[30] y fue muerto en una emboscada por los indios. A Rauch lo recuerda también un Partido y su ciudad cabecera de la Provincia de Buenos Aires.

Perdura un encendido debate sobre los merecimientos de Rauch para que su nombre se recuerde en ciudades y calles. El escritor Osvaldo Bayer, autor de La Patagonia Rebelde, ya en 1963 había propuesto un plebiscito para cambiar el nombre de la ciudad bonaerense por el de Arbolito, el indio que decapitó a Rauch. “Ese coronel prusiano era de una crueldad terrible. A los indios les hacía el degüello corbatita para ahorrar en balas”[31]. El periodista Rolando Hanglin, en franca oposición a Bayer, cuenta el otro lado de la historia en un reciente artículo. Dice de Rauch: “fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, el 28 de marzo de 1829, y en una emboscada le bolearon el caballo y luego lo lancearon y degollaron. El autor material de su muerte fue el ranquel Nicasio Maciel (ya muchos indios llevaban nombres cristianos), apodado Arbolito. Decapitaron a Rauch, abatido junto al coronel Nicolás Medina, y arrojaron su cabeza en la puerta de casa de la madre de su enemigo, Prudencio Arnold, como gesto cordial. Luego la pasearon por Buenos Aires hasta tirarla por ahí, en señal de desafío a los unitarios de la ciudad”[32].

Un detalle: Rauch es nombrado por Ernesto Sábato, en “Sobre héroes y tumbas”, a través de uno de sus personajes: “Soy el comandante Alejandro Danel… Y después cuando al fin, cuando Francia ya no era más la tierra de la Libertad y yo soñaba con combatir por los pueblos oprimidos, me embarqué hacia estas tierras, junto con Brauix, Viel, Bardel, Brandsen y Rauch, que habían combatido al lado de Napoleón”[33].

No hay discusión, en cambio, sobre la figura de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Discepolín, como se lo conocía, dejó en su corta vida letras esenciales en la Historia del Tango, tales como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, Yira-Yira y Uno. Además de poeta, fue actor y dramaturgo. También lleva su nombre la placita que está en el centro de la calle Butteler[34] en Boedo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO


AGRADECIMIENTO:

Quiero agradecer muy especialmente a Beatriz Bursese, nieta de Lorenzo Bursese, constructor del edificio art deco de once plantas en la esquina norte de Rauch y Callao, quien tras leer la versión original de esta nota me proveyó el nombre correcto de su abuelo, tal como ahora aparece. Los constructores muchas veces pasan inadvertidos a pesar que tienen el enorme mérito de hacer realidad los sueños de los arquitectos.


REFERENCIAS:

[1] Tartarini, Jorge, “Arquitectura ferroviaria”, Ediciones Colihue, 2001, p.65,66

[2] “Memoria del Ministerio de Hacienda de la Provincia y de las diversas reparticiones que de él dependen correspondientes al año 1866 y presentadas a la Legislatura de 1867”, Imprenta Buenos Aires, Calle Moreno, Frente a la Casa de Gobierno, 1867, p.222

[3] García Costa, Víctor, “Los Ferrocarriles”, Centro Editor de América Latina, 1971, p.41

[4] “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”, Población de Buenos Aires, vol. 3, núm. 4, octubre, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, 2006, pp. 91-103

[5] Cutolo, Vicente Antonio, “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres”, Editorial Elche, Buenos Aires, 1988, p.691

[6] Barela, Liliana, “Guía de Cartografía Histórica de Buenos Aires (1854-1900)”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.29

[7] Barela, Liliana, Op. cit., p.14

[8] Schvarzer, Jorge y Gómez, Teresita, “El Ferrocarril del Oeste en la Argentina: entre las demandas de la ciudad y el campo (1854-1870)”, Revista TST (Transportes, Servicios y Telecomunicaciones), Dossier, p.204

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.349

[10] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., p.1013

[11] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando , Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.168

[12] Böhm. Mimi, Grementieri, Fabio y Verstraeten, Xavier, “Buenos Aires – Art Deco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, 2008, p.117

[13] Diario La Nación, Buenos Aires, Arentina, 15 de agosto de 2005, https://www.lanacion.com.ar/729810-a-pasos-de-callao

[14] http://arqi.com.ar/edificio/teatro-del-picadero/

[15] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 28 de octubre de 2003. https://www.lanacion.com.ar/539943-convertiran-el-pasaje-santos-discepolo-en-una-calle-peatonal

[16] http://www.buenosaires.gob.ar/areas/cultura/cpphc/sitios/detalle.php?id=127

[17] http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/ambiente/calles/index4.html. El 9 de noviembre de 2006 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la ley 2.135 prohibiendo también el estacionamiento sobre el pasaje, ver http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/leyes/ley2135.html

[18] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 3 de noviembre de 2005 https://www.lanacion.com.ar/753063-el-pasaje-santos-discepolo-se-convirtio-en-un-paseo-peatonal

[19] Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 27/12/2013  https://www.clarin.com/ciudades/escuela-recuperan-historico-pasaje-discepolo_0_H1IjJ-sP7x.html

[20] Puede leerse nuestro artículo “La pintoresca calle Lanín”, https://pablobedrossian.com/2018/02/20/la-pintoresca-calle-lanin-por-pablo-r-bedrossian/

[21] Santa María, Marino, “Intervenciones Urbanas”, Bisman Ediciones – Weber Saint-Gobain, 2015, p.26

[22] Fundación Sabe la Tierra, http://www.sabelatierra.com/balvanera/

[23] http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/cierra-el-bar-mordisquito

[24] Cutolo, Vicente, Op. cit., p.1013

[25] Fernández Moreno, Baldomero, “Ciudad, 1915-1949”, Ediciones de la Municipalidad, 1949, p.30

[26] Abós, Álvaro, “Restos Humanos”, Puntosur Editores, 1990, pp.38-39

[27] Publicada en el Boletín Municipal n° 18.520

[28] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p

[29] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.151. Es la fecha más aceptada. Cutolo dice 1794.

[30] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., pp.1013-1014

[31] Vitale, Cristian, Diario Página 12 16/10/2003 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-903-2003-10-22.html

[32] Hanglin, Rolando, Diario InfoBAE 14/05/2017 https://www.infobae.com/opinion/2017/05/14/querer-cambiarle-el-nombre-a-rauch-por-arbolito-no-solo-es-absurdo-es-ofensivo/

[33] Sábato, Ernesto, “Sobre Heroes y Tumbas”, Colección Summa Literaria, Seix Barral,1961,1985, p.185

[34] Puede leerse nuestro artículo “Butteler: la única calle en X de Buenos Aires” donde hablamos y mostramos la placita Enrique Santos Discépolo  https://pablobedrossian.com/2018/06/03/butteler-la-unica-calle-en-x-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/


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LA PINTORESCA CALLE LANÍN (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicada en el barrio de Barracas, la calle Lanín es una de las más pintorescas de Buenos Aires. Vista desde arriba parece un arco; además, es muy corta: según de qué mano se cuente, consta solamente de dos o tres cuadras.

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Considerando la dirección vehicular, nace en la Avenida Suárez, en el cruce con la calle José Aarón Salmún Feijóo (que también aparece como Feijoó, con acento en la segunda o) donde forma cinco esquinas, y muere en la calle Brandsen, muy cerca del Hospital Moyano. Su encanto no radica en el curioso trazado ni en la brevedad de su recorrido sino en la sucesión de fachadas que fueron intervenidas artísticamente por Marino Santa María.

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Marino Santa María es hijo del ceramista y pintor Marino Pérsico (1910 – 1976), una de cuyas obras, “Herido”, hemos mencionado al describir el Museo Quinquela Martín[1]. Marino nació en Lanín 33 en 1949 y allí tiene su taller.

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Es un artista plástico sumamente versátil, capaz de combinar técnicas muy diferentes con un mismo fin. Como artista y vecino, decidió transformar la atmósfera gris de su calle. Hizo revivir los frentes con coloridas formas abstractas, inspiradas en sus propias obras. Sobre el trabajo, dice el sitio web del pintor: “Consta de la intervención color de 40 fachadas a lo largo de las tres cuadras de la Calle Lanín y la instalación Huellas del Aire, que se extiende a lo largo del paredón del ferrocarril; es un conjunto de pesados marcos dorados con fotografías de trozos de cielo y otros con espejos, recreando una suerte de mágica sensación de ilusión y realidad”.

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La intervención se inauguró el 19 de abril de 2001, pero a partir de 2005 la propuesta se enriqueció añadiendo trencandís, una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada inventado por Gaudí, y de mosaico veneciano, nacido de una pasta de vidrio fundida a alta temperatura que otorga a cada pieza intensos colores brillantes. Para combinarlos utilizó mezclas adhesivas y pastinas.

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LA VISITA

Iniciamos el recorrido en las 5 esquinas. Allí encontramos a nuestra derecha un magnífico edificio de 1920, que fuera una fábrica textil. Es creación de los arquitectos Donatti y Colomba y ocupa una manzana triangular, con fachadas sobre tres calles, incluyendo Lanín.

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Al iniciar nuestro camino llama la atención su bella cúpula con la inscripción “Barracas Central”.

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Al avanzar por Lanín, que a esa altura tiene la numeración 200, el edificio queda a nuestra derecha y las casas intervenidas quedan a mano izquierda.

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Como muchas casas antiguas de la zona, en la cuadra hay varias viviendas en estilo art nouveau.

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A pocos metros del inicio, a mano izquierda nace una breve calle de una cuadra, llamada Copahue, que muere en la cercana calle Arcamendia. Del lado sur, en esa esquina hay un centro del Ejército de Salvación, cuyo frente, tanto sobre Lanín como sobre Copahue, ha sido intervenido por Santa María.

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Cruzando Copahue, en la mano izquierda de la calle Lanín continúan las casas intervenidas, mientras que en la mano derecha continúa el extenso edificio de Barracas Central. Desde el cruce se ve el giro que la calle dará al llegar a la esquina siguiente.

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El diseño abstracto y la fuerza tonal provista por los materiales le dan vida y movimiento a esta calle empedrada -para algunos un pasaje- de poca circulación vehicular y vida tranquila.

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Al llegar a la altura del 100 encontramos el único cruce donde se forman cuatro esquinas: la calle Icalma, nacida a una cuadra en la calle Arcamendia, cruza Lanín para morir en la cuadra siguiente, al chocar con la calle Salmún Feijóo.

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En el ángulo sudeste se encuentra otro extremo del edificio Barracas Central.

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Ya no hay excusas: en la larguísima cuadra siguiente, que va del 100 al 0, estarán intervenidas las casas a ambos lados. Al final, al lado izquierdo tendremos el paredón que da al Ferrocarril Roca. Las viviendas allí brillan con luz propia.

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Todas son casas bajas. Veamos la sorprendente sucesión de fachadas:

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Una placa de mármol nos recuerda que la calle Lanín, considerado pasaje por las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires, fue declarado Sitio de Interés y Patrimonio Cultural de Barracas.

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Completamos el paseo observando en la mano izquierda las últimas casas hasta llegar al muro del ferrocarril.

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Más allá, al fondo está la curva que hace la calle antes de morir en la calle Brandsen, fácilmente observable por la pared que la separa de las vías.

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Emprendemos el regreso para ver la otra mano, que viniendo desde la calle Brandsen hacia la Avenida Suárez, ahora queda a nuestra izquierda. Al caminar en sentido inverso a la dirección vehicular, la numeración de las casas es ascendente.

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Llaman la atención algunas originales puertas, pintadas con tonos intensos.

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Sin duda, el espacio más interesante de esa cuadra, lo constituye el taller de Marino Santa María

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Las sombras de la tarde se proyectan sobre la única cuadra de Lanín del lado este (la otra está ocupada por el enorme y bello edificio que fuera una planta textil, mencionado al principio)

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Nos vamos con la sensación de haber entrado en otra atmósfera, en un lugar de secreto recogimiento, con aroma a barrio y a vecino, lejos de toda la ominosa carga del bullicio. El arte transforma personas y lugares, y Marino Santa María lo ha hecho no sólo con sus creaciones sino con su corazón.

ACERCA DE OTRAS OBRAS DE MARINO SANTA MARÍA

Este eximio artista plástico fue rector de la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón” entre 1992 y 1998. Ha hecho numerosas muestras e intervenciones. Entre sus obras más recientes se encuentra un enorme mosaico en la Estación Las Heras.

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Las creaciones de Marino Santa María se reconocen con facilidad pues le imprime a cada una su sello personal. Se puede conocer más de él en su webiste: http://www.marinosantamaria.com

ACERCA DE LA CALLE LANÍN

Su nombre proviene del volcán Lanín, descubierto por Villarino en 1901, en el Parque Nacional Neuquén[2]. Antiguamente se llamaba Silva, pero por Ordenanza Municipal del 28/10/1904 recibió su nombre actual[3]. Su código postal es el 1274, teniendo diferentes sufijos de acuerdo a su numeración.

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REFERENCIAS

[1] https://pablobedrossian.com/2016/11/27/como-visitar-la-boca-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.102

[3] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.397


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LA CALLE JUAN DARQUIER Y EL PASAJE SANTA MAGDALENA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

El barrio de Barracas ofrece múltiples curiosidades. Entre ellas se encuentran dos llamativas vías que corren casi paralelas: la calle Juan Darquier y el Pasaje Santa Magdalena, únicas en el trazado porteño. La primera tiene una curiosa forma, parecida a una letra C.

Juan Darquier 01.JPGCuenta con una sola cuadra, que nace en la calle Osvaldo Cruz y termina en la calle Villarino. Tanto donde comienza como donde muere queda separada del Pasaje Santa Magdalena por breves trayectos de las calles recién mencionadas, sobre los cuales hay sendos puentes.

Pasaje Santa Magdalena y Calle Juan Darquier 02.jpgEstas calles delimitan una suerte de isla en la cual se encuentra Estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca.

Pasaje Santa Magdalena y Calle Juan Darquier 01.jpgLos trenes a esa altura corren elevados, mientras que las oficinas y boletería de la estación se encuentran a nivel de la calle.

Estación Hipólito Yrigoyen 01.JPG

JUAN DARQUIER

La calle Juan Darquier nace en la calle Osvaldo Cruz al 2320. Como dijimos, tiene una forma parecida a una letra C. Primero se dirige levemente hacia el sudeste, luego al sur y finalmente al sudoeste. Pero esta no es su única peculiaridad: es totalmente empedrada y, además, una de las más anchas de Buenos Aires. Su numeración va del 900 al 1000.

Juan Darquier 02En su mano oeste se encuentra el señorial edificio de la estación de tren, hoy pintado de color ladrillo.

Juan Darquier 03.JPGEn la mano este se alternan viviendas y comercios.

Juan Darquier 04.JPGEn algunas paredes lucen murales o mosaicos decorados, con aroma a tango.

Juan Darquier 05.JPGAl llegar a la esquina con Villarino recientemente se ha inaugurado el pintoresco café “Acacia Negra”, una nueva sede de “el café de las abuelas”, famoso por su pan y su repostería.

Juan Darquier 06.JPGCruzando Villarino la calle Darquier continúa unos pocos metros. Ese corto tramo es peatonal y luce un bello mural, firmado por Guache 2015. No pudimos confirmar si el autor es el colombiano Oscar González, famoso artista urbano que firma sus creaciones bajo ese seudónimo.

Juan Darquier 07.JPGLa reja contra la cual termina este mínimo espacio corresponde a Villarino 2378, quizás por estar perpendicular a la calle Juan Darquier.

Juan Darquier 08.JPGSegún Alberto Gabriel Piñeiro, originalmente la calle se llamó Maestro Eduardo Colombo Leoni. Recibió el nombre por la “Ordenanza N° 5877 del 14/8/1934, que no alcanzó carácter oficial ya que fue observada por el Departamento Ejecutivo Municipal por Mensaje del 4 de septiembre del mismo año, B.M. N° 3755”[1]. En 1943 se trasladó aquel nombre a un pasaje de Pompeya, pues Colombo Leoni había sido maestro y director de la primera escuela pública de ese barrio. También de acuerdo a Piñeiro, en un plano de 1941 aparece con el nombre de Barracas, hasta que recibe su nombre actual por “el Decreto N° 981/1945, B.M. N° 7390”.

Juan Darquier 09.JPG

Juan Darquier fue un médico que tuvo una activa participación en la epidemia de fiebre amarilla que azotó Buenos Aires en 1871 e impulsó a emigrar a las clases pudientes a la zona norte de la ciudad. Fue un líder político de Balvanera y diputado entre 1880 y 1882[2].

Los códigos postales de esta única cuadra es C1276ABB y C1276ABA

SANTA MAGDALENA

A diferencia de la calle Juan Darquier, el pasaje Santa Magdalena trasunta pobreza, como si fuera la otra cara de la moneda. Sus pocas viviendas son de gente amable y trabajadora.

Santa Magdalena 01.JPGNace en Villarino 2375. La entrada está dividida en dos por un pilar.

Santa Magdalena 02b.JPGA la derecha tenemos las bases de  la Estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca y a la izquierda una vieja construcción cuya fachada es de ladrillo a la vista. Enseguida se abre a la izquierda en una amplia plaza en decadente estado, que tiene tres niveles de tribuna (que dan al oeste y al sur) y piso de baldosones ajedrezado. En el lugar se realizan eventos, impulsados por María D’Abate, una admirable luchadora cultural a cargo del Ateneo Cultural Barracas.

Santa Magdalena 04.JPGEn la pared izquierda hay algunos murales.

Santa Magdalena 05.JPG

Mientras tanto, a la derecha, debajo de la estación del tren, hay un par de humildes viviendas. Al llegar a la calle Osvaldo Cruz hay un enorme mural del lado izquierdo que dice “Paseo Agustín Bardi” haciendo referencia al eximio compositor, pianista y violinista de tango.

Santa Magdalena 06.JPGAl final de la cuadra, del otro lado del pasaje devenido en plaza, hay una escalera de metal que asciende a la Estación Yrigoyen.

Santa Magdalena 07.JPGCruzando la calle Osvaldo Cruz, Santa Magdalena se vuelve a estrechar, continuando su trayecto peatonal. Ni siquiera aparece en Google Maps.

Santa Magdalena 08.JPGDel lado izquierdo hay un alto paredón que es la medianera de las construcciones vecinas pero del lado del tren, debajo de las vías, hay tres viviendas.

Santa Magdalena 09.JPGEstas viviendas son sencillas pero coloridas.

Santa Magdalena 10.JPGAdemás,  hay paredes cubiertas por murales, algunos muy gastados por el paso del tiempo.

Santa Magdalena 11.JPGEs allí un pasaje peatonal angosto cuya numeración va del 900 al 850. La cuadra termina en la calle Jorge al 2350.

Santa Magdalena 12.JPGSanta Magdalena sigue su camino y se vuelve calle vehicular en dirección de la siguiente calle, Santo Domingo; sin embargo, los primeros metros son sumamente angostos y los consideramos parte del pasaje. Aparece en Google Maps sin mostrar la severa estrechez inicial.

Santa Magdalena 13.JPGLuego se ensancha para seguir su camino.

Santa Magdalena 14

LOS CAMBIOS

Eduardo Balbachán, en una suerte de apéndice de “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, llama al pasaje Santa Magdalena “casi una calle”. El autor dice así: “Como colofón presentaremos un minúsculo rincón de Buenos Aires que merece ser conocido. Nos referimos a una calleja que no fue descripta en la primera parte del libro porque en la actualidad ya no existe como tal, dado que una burocrática disposición municipal la ha transformado en la continuación de la calle Santa Magdalena. Así, ha pasado de ser el pasaje peatonal más pequeño y angosto de la capital, a la simple terminación de una larga calle…es un estrecho corredor de no mucho más de un metro de ancho y aproximadamente diez metros de largo” [3].

En términos similares se expresa León Tenenbaun en “A la vera de la desactivada estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca puede verse la calle más estrecha de Buenos Aires. Corrijamos: es el discontinuo tramo final, apéndice un tanto desarticulado de la calle Santa Magdalena que así se muestra al llegar a Villarino… Tiene, y es toda la extensión de esta “cuadra” final unos 15 metros de largo por 1.40 metros de en su parte más ancha. Con su embaldosado de pared a pared podría ser, además, de la más angosta, la primera peatonal de Buenos Aires… Yace semioculto bajo la armazón que sustenta por lo alto la ex estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Gral. Roca”[4].

Pasaje Santa Magdalena Antiguo 01.jpgHoy treinta años después de estas publicaciones el aspecto es muy diferente, aunque conservando el mismo aroma arrabalero. La estación Hipólito Yrigoyen fue reactivada, el pasaje ensanchado, el paredón que lo cerraba derrumbado y paredes laterales demolidas. Como se infiere comparando las viejas y nuevas fotografías, las columnas de acero que sostenían al puente quedaron al descubierto, conservándose un pilar de cemento al ingreso del pasaje. La edificación del lado opuesto a la estación ha sido provista de una fachada con ladrillos a la vista y el pasaje se extiende sin interrupciones hasta que Santa Magdalena se ensancha y deja de ser un pasaje peatonal.

Pasaje Santa Magdalena Actual 01.jpg

LA HISTORIA

La Estación Hipólito Yrigoyen se inauguró en 1908, elevada por encima del nivel de la calle. Su nombre original era Barracas al Norte

Estación Hipólito Yrigoyen 02.JPG

Hay confusión en cuanto a la asignación de los nombres : Eduardo Balbachán dice que la Ordenanza municipal 5877 del 14 de agosto de 1934 asignaba el nombre de Maestro Eduardo Colombo Leoni al pequeño pasaje Santa Magdalena. Mientras que Piñeiro dice que otorgaba esa denominación a la actual calle Juan Darquier (ver arriba).

Santa Magdalena 15.JPG

Por el decreto 1775 del 27 de marzo de 1946 se aprobó extender el trazado de la calle Santa Magdalena entre Santo Domingo y Villarino. Sin embargo, según cuenta Balbachán, el decreto se ejecutó recién 35 años después en 1981.

Santa Magdalena 17

El nombre Santa Magdalena aparece ya en un plano de 1867[5]. Honra a Santa Magdalena de Pazzi, una monja carmelita florentina, que vivió a fines del siglo XVI y principios del XVII, reconocida por sus experiencias místicas. El nombre fue puesto por el vecino Fernando Moyano, que era su devoto[6].

Los códigos postales del pasaje son C1277ACN y C1277ACL

Barracas, aquel barrio olvidado y hoy recuperado, está lleno de sorpresas.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS 

[1] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.344

[2] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, p.29, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.52

[3] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.127

[4] Tenenbaum, León, “Buenos Aires un museo al aire libre”, Cuadenillos de Divulgación Cultural sobre la Ciudad de Buenos Aires, Laboratorios Elea, 1986, Nº 4, p.10

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.478

[6] Iusem, Miguel, Op. cit., p.166


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos,  a excepción del plano, tomado de Google Maps y editado por el autor, y la imagen que incluye la mencionada como Foto de Eduardo Balbachán (cerca de 1982), tomada de su libro “Los ignorados pasajes de Buenos Aires” y la mencionada como Foto de León Tenenbaum (cerca de 1986), tomada de su obra “Buenos Aires un museo al aire libre”.


BIBLIOGRAFÍA

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Lupano, María Marta, “Ruptura de la trama urbana: Los pasajes y las calles cortadas”, Seminario de Crítica, Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, nº93, octubre 1998

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

Tenenbaum, León, “Buenos Aires un museo al aire libre”, Cuadenillos de Divulgación Cultural sobre la Ciudad de Buenos Aires, Laboratorios Elea, 1986

 

EL PASAJE DE LA PIEDAD (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES

El Pasaje de la Piedad es probablemente el más emblemático de los pasajes porteños. Escondido en la calle Bartolomé Mitre entre las calles Montevideo y Paraná, parece un pedacito de barrio injertado pleno Centro.

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Lo descubrí cursando el Secundario. Cierta tarde visité a Ernesto Leibovich, un compañero que vivía en la calle Rodolfo Rivarola, otra perla oculta de la Ciudad. Saliendo de allí subí por Bartolomé Mitre hacia la avenida Callao. De pronto me sorprendieron dos anchas bocas en la cuadra norte que franqueaban el acceso al pasaje. No pude resistir la tentación de entrar. Me sorprendió la curiosa escenografía, con plantas, verjas y edificios antiguos que tenían sabor arrabalero, ajenos al molesto ruido de la calle.

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Poco después, en 1980, conocí el Teatro de la Piedad, dentro del propio Pasaje, al asistir a un concierto del bandoneonista Rodolfo Mederos. Aunque no me resultaba fácil pasar por allí, visité el Pasaje de la Piedad todas las veces que pude.

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Cartel que anuncia el Teatro de la Piedad, que se encuentra sobre la entrada oeste, la primera bajando desde la Avenida Callao hacia la Avenida 9 de Julio

En el extranjero se añoran los lugares queridos de otro modo. Uno sabe que siguen allí, pero aun cuando permanezcan inmutables se vuelven inaccesibles. Por eso esperé la ocasión, y, luego de muchos años, volví a visitarlo. Sus entradas hoy están enmarcadas por sendas puertas de rejas.

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Entrada oeste, a la altura de Bartolomé Mitre 1525. Bajando desde Avenida Callao es la primera entrada.

A través de ellas podemos leer los inolvidables carteles azules que anuncian la entrada y salida de carruajes, que como diría Borges, tienen “el sabor de lo perdido, de lo perdido y lo recuperado”.

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 LA HISTORIA

La Calle de la Piedad, llamada así por la Iglesia de la Señora de la Piedad del Monte Calvario ubicada en la misma calle, a partir de 1901 se denominó Bartolomé Mitre; el pasaje, como hijo legítimo, heredó su nombre.

Vista de la Iglesia de la Piedad desde el acceso sur del pasaje
Vista de la Iglesia de la Piedad desde el acceso sur del pasaje

Ubicado entre los números 1525 y 1563 en el lado norte de la mencionada vía, a diferencia de la mayoría de los pasajes porteños tiene forma de U.

Esquema del pasaje realizado por el autor de la nota.
Esquema del pasaje realizado por el autor de la nota.

Dejemos que los expertos nos cuenten: “Fue construido por Arturo Gramajo, y por deseo de su esposa María Adela Saraza de Atucha, entre los años 1888-1900, en tierras heredadas por ella y que habían sido adquiridas por su padre, Jorge Atucha, en fracciones, durante los años 1853, 1854 y 1857. Hubo un largo proceso de construcción, comenzándose de atrás -fondo- hacia adelante -frente-; hasta el momento no se ha resuelto el problema de la autoría de este proyecto por falta de localización de los planos originales. Gramajo había actuado en diplomacia, y durante el gobierno de Victorino de la Plaza, se hizo cargo de la Intendencia de Buenos Aires, desde 1914 a 1916. Fue, además, presidente de la comisión administradora de fondos, constituida en 1893, para la terminación del templo de la Piedad… El Pasaje de la Piedad fue habilitado una parte en 1888 y el resto de la construcción hacia 1900, circunstancia que se nota en los estilos de su arquitectura. En el año 1997 fue incluido dentro de las Áreas de Protección Histórica de la ciudad de Buenos Aires”[1].

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Según Alejandro Grigoric, el autor del proyecto es el arquitecto Edwin Arthur Merry[2] , Rolando H. Schere en su obra “Pasajes” afirma que la obra fue “comenzada en 1866 por los arquitectos Nicolás y José Canales, y terminada en 1909 por el arquitecto Juan A. Buschiazzo”[3]. También dice que don Arturo Gramajo lo hizo construir para viviendas en alquiler y agrega en la misma página “Está conformado por dos familias de prototipos: los que se alinean a la fachada con locales comerciales en la planta baja, sobre la calle Bartolomé Mitre y en ambos accesos, y los que tienen retiro de fachada con antejardín que se ubican en el corazón de la manzana”.

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Vista de algunas de las puertas de madera de las entradas interiores sobre el pasaje que corresponden al bloque de locales comerciales cuya fachada da a la calle Bartolomé Mitre.

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Edificio de tres cuerpos con retiro de fachada con antejardín que se ubican en el corazón de la manzana.


ESCENARIO CINEMATOGRÁFICO

En “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Eduardo Luis Balbachan comenta que el Pasaje de la Piedad sirvió de locación para filmar escenas de numerosas películas argentina. En su lista cita “Fiebre de primavera”, “La orquídea”, “Un guapo del 900”, “Pobre mi madre querida”, “Mi noche triste” y “El infierno tan temido”[4], y de mi parte agrego “Assassination Tango”, escrita, dirigida y actuada por Robert Duvall, quien está casado con la argentina Luciana Pedraza que tuvo un papel en ese film.

Vista el Pasaje desde la entrada este (altura Bartolomé Mitre 1563)
Vista el Pasaje desde la entrada este (altura Bartolomé Mitre 1563)

Cuenta también que entre 1924 y 1930 vivió allí el Vivo Caprioli, lugarteniente del legendario delincuente apodado El Pibe Cabezas. Menciona también que ha vivido allí glorias del tango como Juan D’Arienzo y Miguel Caló. A esa lista de famosos habitantes, Tatiana Souza Korolkov, agrega a el bailarín Jorge Donn, el actor Alberto Olmedo y el director cinematógráfico Enrique Carreras [5].

SU ARQUITECTURA

Todos coinciden en señalar las influencias italianas y francesas en el diseño del entorno del pasaje. Esa impronta europeizante, que va del art nouveau al renacentismo florentino, notoria en las arcadas del lado norte de La Piedad y sus amplios balcones, muestra las preferencias de la progresista generación del ’80 que convirtió a la Argentina en un poderoso país agroexportador.

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Frente con influencia de arquitectura italiana

Según Tatiana Souza Korolkov en su mismo artículo “hay 49 viviendas que tienen su frente al pasaje, y el resto, 65 viviendas, da sobre las tres calles que lo circundan”.

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Otra de las serias de tres puertas del cuerpo de locales cuya fachada da a la calle Bartolomé Mitre. Se observan escalones, arcos y el porteño farolito de hierro.

Todos los edificios poseen numeración propia.

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 ARTE

En el extremo este de la parte que corre paralela a Bartolomé Mitre hay un enorme mural de arte figurativo contemporáneo que cuelga de una pared cubierta parcialmente por una enredadera. Es un símbolo del arte de este pasaje cuyo encanto no ha menguado. Se organizan allí concursos de manchas y el Teatro de la Piedad sigue vivo.

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El empedrado que luce la calle, las puertas de madera del lado sur, los detalles de las verjas del lado norte, siguen retirando el pasaje de la predecible vorágine urbana y colocándolo en una dimensión única, donde la belleza y la tranquilidad se funden en un abrazo sin apuros ni urgencias.

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 © Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS:

[1] http://www.buenosairesantiguo.com.ar/pasajelapiedad/. Allí se cita como fuente a una obra inédita, “El Pasaje de la Piedad, Buenos Aires”, por arquitecta María Marta Lupano y arquitecta Susana Mesquida,  Consejo de Planificación Urbana y agradecen los aportes del Dr. José María Rodríguez y el Dr. Rogelio Carlos Rodríguez. Al actualizar la nota en 2018 al verificar el link aparece una respuesta automática informando que el dominio está a la venta.

[2] Grigoric, Alejandro, en  https://monumentos.cultura.gob.ar/inventario/pasaje-de-la-piedad/, Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, Secretaría de Cultura de la Nación, República Argentina

[3] Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, p. 52, Buenos Aires, Argentina, 1998

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, p. 87, Buenos Aires, Argentina, 1982

[5] Souza Korolkov, Tatiana, “El espíritu recoleto del Pasaje de la Piedad”, http://elgranotro.com.ar/index.php/el-espiritu-recoleto-del-pasaje-de-la-piedad/

GALERÍA FOTOGRÁFICA:

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CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

BIBLIOGRAFÍA: 

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

Souza Korolkov, Tatiana, artículo “El espíritu recoleto del Pasaje de la Piedad”, http://elgranotro.com.ar/index.php/el-espiritu-recoleto-del-pasaje-de-la-piedad/