TRES DERECHOS QUE VIOLA LA EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL BASADA EN IDEOLOGÍA DE GÉNERO (por Pablo R. Bedrossian)

Se supone -quizás con ingenuidad- que los gobiernos elegidos por voto no actuarán como si fueran dictaduras, pues traicionarían el mandato otorgado por el pueblo. Por ello hay derechos que no se escriben: son tan obvios que se dan por sentado, como el derecho a respirar.

Algunos de estos derechos tan elementales están actualmente bajo amenaza, particularmente en los niños. Mediante un disfraz de pluralismo y derechos humanos, se presenta un dogma que no solo carece de sustento científico sino que precisamente contradice ambas consignas: es exclusivista y viola derechos humanos tan básicos como la libertad de pensamiento y expresión; nos referimos a la ideología de género.

La ideología de género, que en la práctica es impartida en escuelas argentinas bajo la bandera de educación sexual integral (ESI), ahora quiere ser impuesta en forma absoluta y totalitaria mediante las modificaciones a la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral, propuestas por las comisiones de Educación, Familia, Mujer y Minoridad del Congreso de la Nación, para su tratamiento en la Cámara de Diputados.

Desde luego, estamos de acuerdo con la educación sexual integral en las escuelas, pero sus contenidos deben estar basados en evidencias científicas y no en manipulaciones o en enunciados sin fundamento, deben respetar los derechos del niño y de sus padres y los idearios de las instituciones que ellos han elegido, estableciendo consensos con toda la comunidad educativa.

Tanto las modificaciones que se han propuesto a la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral como la práctica extendida de adoctrinamiento de género que realizan algunos docentes, violan por lo menos tres derechos básicos de los niños:

  1. EL DERECHO A LA INTIMIDAD

La intimidad es aquello que conocemos de nosotros mismos que no queremos que conozcan los demás. Preservamos nuestra intimidad de muchas maneras. Por ejemplo, nos vestimos porque no deseamos que los demás nos vean desnudos.

La enseñanza temprana sobre como tener relaciones sexuales (bajo la falsa consigna de “hacer el amor”, cuando muchas veces no hay amor en el sexo) viola otro derecho natural: el derecho al autodescubrimiento, estrechamente ligado al derecho a la intimidad. No se puede forzar a niños y niñas de corta edad a ver una erección, como se muestra en el video al que fueron expuestos en clase niños de 8 y 9 años en Córdoba, y menos sin el consentimiento de los padres. De paso, el inicio del video, una santa abuelita, como buen Caballo de Troya no sugiere lo que realmente se muestra después. Comparto la noticia donde se proyectan las imágenes a las que hago referencia (por favor, vea el video completo):

De hecho, aunque sean dibujos animados es pornografía pues representa escenas de actividad sexual. ¿Esos docentes no se preguntan cómo impactan emocionalmente esos contenidos “educativos” a esa temprana edad, donde ni el niño ni la niña siquiera están biológicamente desarrollados para una relación sexual? ¿No se dan cuenta que puede ser perturbador? Quieren obligar por la fuerza a que el niño vea cómo tener sexo sin permitirle elegir ni a él ni a sus padres el momento oportuno.

El artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas dice: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, en su familia… Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”. En los mismos términos se expresa el artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (más conocido como Pacto de San José de Costa Rica), a la cual la República Argentina ha adherido. Nadie y menos aún el Estado tiene derecho a ninguna injerencia en la vida privada.

  1. EL DERECHO A LA VERDAD

La ideología de género presenta sus dogmas como verdades indiscutibles, pese que carecen de fundamentos genéticos, anatómicos y fisiológicos. Presenta lo que para muchos no es normal como si lo fuera. Oculta toda la evidencia biológica divorciando caprichosamente el sexo del género, como si el ojo no fuera para la vista. Presenta la autopercepción como un signo de normalidad cuando sus acólitos consideran enfermo a quien se autopercibe como Napoleón o como un perro y no le asignan los mismos derechos. La ideología de género ignora deliberadamente la ruptura que puede haber en el yo, tal como describe la psiquiatría clásica.

Ante la debilidad de sus argumentos, sus apóstoles han elegido la fuerza y la propaganda, no la razón, para imponer sus doctrinas, convirtiéndose a un equivalente de la Iglesia Católica medieval, asistidos por instrumentos legales que actúan como una Inquisición que persigue a todos aquellos que piensan diferente. De paso, nótese la posición del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) de Santa Fe, frente al aborto, con su fachada cubierta por pañuelos verdes; solo defienden los derechos de los que piensan como ellos. La verdad se debe encontrar en el debate respetuoso, no en la imposición de cumplimiento obligatorio por parte de un gobierno.

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Fachada del INADI de Santa Fe durante el debate de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, más conocida como Ley del Aborto. Según las autoridades los pañuelos verdes fueron decisión de los trabajadores, como si ellos no tuvieran responsabilidades. ¿Qué mujer interpondría allí una denuncia si se trata de defender la vida de su bebé por nacer? ¿Qué trabajador la atendería?
  1. EL DERECHO A LA LIBERTAD

Precisamente, el miedo a la verdad -tal como en las peores dictaduras- lleva a imponer y no a debatir y consensuar los contenidos de la Educación Sexual Integral. Para ello, los ideólogos de género no solo se han infiltrado en las esferas educativas, sino que se han esmerado en obtener legislaciones que proscriben la disidencia, bajo la excusa de la discriminación y la inclusión.

De ese modo, privan a los niños de la libertad de elegir sin prejuicios: los inducen a pensar y a creer de un único modo acerca del sexo aunque contradiga sus sensaciones más elementales. Este lavado cerebral temprano, realizado a una edad donde el pensamiento crítico recién comienza a desarrollarse, pretende implantar un dogma como si fuera la única verdad, impidiendo que el niño forme a medida que crece sus propias convicciones. Paradójicamente, en nombre de la libertad se la niegan… ¿desde cuándo libertad significa pensar de una única manera?

Resumiendo, la democracia está bajo amenaza cuando desde el Estado se quiere imponer el pensamiento único; mucho más lo está cuando sus víctimas son los niños. Son muchos los que hoy han abierto los ojos y resisten. Es urgente que los gobernantes comprendan que incluir dogmas sin evidencia científica como si fueran verdades absolutas convierten su gestión en una dictadura.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

LOS DIARIOS Y SUS ERRATAS (por Pablo R. Bedrossian)

“No te sorprendas que suceda; sorpréndete que no suceda más seguido” (palabras de un personaje de Woody Allen en “Hanna y sus Hermanas”[1]).

“Errata: equivocación material cometida en lo impreso o manuscrito”[2]

¿Qué ocurre cuando involuntariamente un diario daña la imagen de un particular? Me refiero a casos sin segundas intenciones, por lo que queda excluida de este análisis la calumnia política o empresarial que, desde luego,  persigue otros fines. Les propongo tomar como ejemplo  una nota de la edición digital de La Prensa[3], el diario de mayor venta  de Honduras, que es el que habitualmente leo y sigo:

Diario 01Al decir “erróneamente” La Prensa reconoce su equivocación y de un modo eventual, los daños que pudo causar. En Derecho Penal, cuando alguien causa daño sin intención se lo llama culpa, y cuando es intencional se lo llama dolo. Ambas situaciones conllevan responsabilidades en distinto grado y están penadas legalmente.

El diario relativiza el impacto de su error. Como si fuera su propio juez, se autoexime de toda culpa pues, a pesar que las provocó, no se hace cargo de las consecuencias (“los daños que se le haya podido provocar”), y considera que una sola palabra, “disculpa”, en un pequeño espacio ubicado entre muchas otras noticias, es suficiente.

Es obvio que los medios periodísticos tratan de minimizar los daños que causan sus yerros  a fin de preservar su imagen. Recordemos que el activo más importante de un diario es la confianza, y perderla significa poner en riesgo su negocio. Pero, esa actitud defensiva, ¿resuelve la situación o la agrava?

EL MANEJO DE LAS CONSECUENCIASPlumas 01

Se cuenta que una joven hizo un comentario negativo contra una compañera que no estaba presente para defenderse. Tiempo después se dio cuenta que su opinión estaba equivocada; a pesar de ello el rumor que generó había crecido. Sinceramente preocupada fue a consultar a su maestro. Él la observó unos momentos y le dijo.

–          ¿Quieres arreglar tu error? Ve al mercado, compra una gallina, mátala y desplúmala. Luego arroja las plumas a lo largo del camino.

La alumna obedeció la indicación y regresó al día siguiente, preguntando:

–          ¿Qué debo hacer ahora?

–          Junta todas las plumas y tráemelas

Sin discutir, la joven revisó el camino recorrido y luego de varias horas halló cuatro plumas. Frustrada, regresó y volvió a preguntarle:

–          ¿Qué debo hacer ahora?

–          ¿Trajiste sólo cuatro? Debías traer todas las plumas y ponerlas en su lugar.

–          Tú sabes que eso es imposible.

–          Ya ves; lo mismo sucede cuando nuestras palabras señalan a otros injustamente.

Soy un firme defensor de la libertad de expresión, pero también de los demás derechos humanos. Creo por ello que este tipo de situaciones deben tener castigos, pues la impunidad alienta su reincidencia. Por ejemplo, el diario debería otorgar, como mínimo, el mismo espacio a la retractación que el asignado a la nota que originó el conflicto (algo que no ocurrió en nuestro ejemplo), y ubicarla en la misma posición o incluso una mejor. Asimismo ¿no sería apropiado también un resarcimiento económico  a la víctima? Sería un modo de compensar parcialmente el daño y reduciría la posibilidad que errores semejantes volvieran a ocurrir.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Allen, Woody, “Hanna y sus hermanas”, Cuadernos ínfimos, Tusquets Editores, 1ª Ed. 1987, p.116

EL SILENCIO (por Pablo R. Bedrossian)

“La noticia informa, el comentario forma, la mentira deforma y el silencio derrumba” Ricardo Alejandro Bustos, comunicador

Instituido hace 16 años por la UNESCO, el 3 de mayo se celebra en el mundo el Día de la Libertad de Expresión. Aunque esa libertad nos pertenece a todos, los periodistas se han apropiado de la fecha y en todas las redacciones de mundo se ha guardado un minuto de silencio para recordar a los compañeros fallecidos por causa de sus denuncias u opiniones. Alguien escribió que es “un tiempo para recordar a los gobiernos de los países que respeten sus compromisos con la libertad de palabra, de información y de expresión, aboliendo cualquiera de las medidas que restringen estas libertades”.

Kant decía que una sociedad moderna es aquella en la que un individuo puede expresar sus opiniones sin tener temor a ser agredido. Bajo esa perspectiva, vivimos como trogloditas. En los últimos 12 meses en América ha habido 26 periodistas asesinados y siete desaparecidos. En Honduras, país en donde vivo, en las últimas semanas han sido asesinados seis periodistas y creo que uno solo de estos crímenes ha sido esclarecido.

EL PODER DE LAS PALABRAS

Un periodista puede morir a causa de sus afirmaciones. La pregunta es por qué sus palabras pueden pesar tanto, mucho más que un puñal o un arma de fuego. Quiero brevemente exponer tres razones.

La primera es porque generan información. Parece banal, pero la información, aun cuando sea errónea o falsa, perturba nuestra ignorancia y nos obliga a replantear lo que creemos. Una denuncia de corrupción, la hipótesis sobre el presunto autor de un asesinato o la noticia sobre la desaparición de una persona hace que los secretos dejen de serlo y se conviertan en asuntos públicos. La aparición de los medios masivos, con su efecto multiplicador, ha permitido que las noticias lleguen a todos y no queden ocultas.

La segunda es por que generan opinión. La opinión personal se forma a través de la experiencia personal y la información recibida. Por supuesto, ese material es procesado por nuestro pensamiento, que tiene su propia forma de percibir e interpretar la realidad. La noticia trae debate y discusión. Los seres humanos no somos corderitos, de modo que, lejos de actuar como un rebaño, opinamos a partir de lo que conocemos y razonamos, no sólo a partir de lo que los demás nos dicen.

Pero la tercera razón es la más importante: Las palabras son peligrosas cuando generan credibilidad. La gente decide qué medio es creíble. Cuando hay libertad de expresión y opinión, la gente elige qué leer, ver o escuchar; entonces la audiencia o la lectoría hace que el medio se vuelva poderoso. Para ser creíble un medio debe ser valiente y presentar la verdad de modo que pueda ser confirmada por sus receptores. Si no, estos mueven el dial, hacen uso del control remoto o eligen otra lectura. La conducta es la raíz de la credibilidad. La gente descree de aquel que cuando le conviene es incendiario, y cuando le conviene, bombero.

EL ARGUMENTO DE LOS TOTALITARIOS

Una crítica actual a los medios, que ha sido la misma que utilizaron las peores dictaduras, cuestiona a los medios por obedecer a los intereses de sus propietarios y editores.

No cabe duda que el periodismo es un negocio: Hay una oferta (la de diarios, noticieros, programas de investigación, etc.) porque hay una demanda insatisfecha. Sería un acto de suprema ingenuidad creer que es el idealismo el que mueve esta industria. Sin embargo, cuando hay democracia, dos hechos impiden la creación de una “realidad paralela”. La primera es la variedad de medios disponible para informarse. La llegada de Internet, la televisión por cable, los mensajitos por celulares y el aumento de las frecuencias radiales disponibles, hacen que una persona pueda consultar diversas fuentes. Hoy más que nunca es posible escuchar o leer todo tipo de opiniones. Por eso, desde luego, es un crimen permitir los oligopolios en materia de comunicación social.

Mucho peor aún es admitir o tolerar el monopolio. Curiosamente quienes atacan a dueños y directores de medios suelen ser gobernantes denunciados por aquellos, y su propósito es suprimirlos, para convertir al Estado (léase “su gobierno y sus intereses”) en el único informador y dueño de la verdad. El que no piensa como ellos “distorsiona la realidad”, “es un golpista” o es una “amenaza para el Estado”. Quién escribe esta nota ha visitado países donde el monopolio estatal de la opinión y la verdad es tan absoluto que cualquier disidencia con él conduce irremediablemente a la cárcel.

MÁS ESPACIOS DE OPINIÓN

Creo en la necesidad de legislar para permitir la existencia de más medios, no para eliminarlos ni acallarlos o controlarlos. Que la gente decida a quién, cuándo, cómo y dónde escuchar. No el gobierno, sino el ciudadano.

Los gobiernos que poseen los más grandes ejércitos temen a personas desarmadas, cuando saben que su palabra es respetada y tiene valor autoritativo para los que los leen u oyen. Ese respeto y esa autoridad no se la arrogaron quienes las pronunciaron o escribieron sino que el público se los confirió. Pero no pueden ser pocas las voces públicas o privadas que se oigan; deben ser “todas las voces todas”, como dice la canción. Tenemos que alentar la creación de espacios de información, opinión y discusión. No hay nada peor que el silencio, o, lo que es lo mismo, que sólo se oiga la voz oficialista, cualquiera sea su signo. Por ello, digamos “no” al silencio; hagamos que nuestra propia voz se escuche.

© Pablo R. Bedrossian, 2012. Todos los derechos reservados.