LA CASA DE LOS PAVOS REALES: LA PERLA OCULTA DEL ONCE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Es imposible pasar frente a la Casa de los Pavos Reales y no sorprenderse. Ubicada en la Avenida Rivadavia a la altura del 3216 al 3236, se encuentra formalmente en los límites del barrio de Balvanera, pero los vecinos dirán que se encuentra en Once, nombre que comúnmente recibe la zona y también la vecina Plaza Miserere, frente a la cual está la estación terminal del Ferrocarril Sarmiento.

EL EDIFICIO

La Casa de los Pavos Reales es un pequeño conjunto de edificios cuyo frente de ladrillos rojos lo vuelve único. Aunque posee una impronta modernista, su diseño es ecléctico. Incluso a primera vista parece un palazzo veneciano.

Para entender mejor la fachada de la Casa de los Pavos Reales conviene observar los detalles de cada nivel. En los amplios balcones del primer piso sobresalen ocho pavos reales en un entorno cargado de plantas al estilo art nouveau.

Entre ellos se admiran coloridos mosaicos entre columnas de piedra roja.

En el segundo piso llaman la atención unos leones “sosteniendo” los balcones de doble puerta, que, a su vez, conforman una espléndida unidad con los del primero.  Según una nota sin firma del Diario Clarín de 2005 por aquel entonces solo quedaban cuatro de los ocho leones originales[1].

Gracias a la restauración realizada en 2006 por el arquitecto José Barassi y el escultor Federico Poncerini[2] hoy luce la totalidad, recuperándose los primitivos leones[3].

Tanto balcones del primer piso como los del segundo están rodeados de ladrillos rojos con algunas tramas que decoran en frente. En cambio, el tercer piso, de color gris piedra, muestra un espectacular aspecto con pequeños balcones bajo arcos de medio punto y entre ellos arcos ojivales con columnas y mosaicos esmaltados intercalados.

Por encima, el remate superior de la fachada muestras sectores almenados con mascarones de leones por debajo.

LA CONSTRUCCIÓN

Tal como la Casa Calise, de la cual ya hemos escrito[4], la Casa de los Pavos es una de las obras más importantes del arquitecto Virginio Colombo en Buenos Aires. La construcción fue dirigida por Carlos S. Stroma, de quien no pude encontrar ninguna referencia.

Es un conjunto de dos edificios independientes e idénticos unidos por una misma fachada de unos 25 metros de largo. Fue inaugurado en 1912 para la empresa Rossi Hnos., dedicada al calzado femenino e infantil. En la planta baja operaba el negocio de la empresa mientras que los dueños obtenían una renta del alquiler de varios departamentos levantados en los pisos superiores destinados a vivienda.

Lamentablemente el descuido ha hecho que hoy no luzca en todo su esplendor. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires incluye la Casa de los Pavos dentro de las Áreas de Protección Histórica con nivel Estructural[5], lo que significa que “resguarda el exterior del edificio, su tipología y los elementos básicos que definen su forma de ocupación del espacio, aunque permite realizar modificaciones que no alteren su volumen”[6].

EL ARQUITECTO

Virginio Colombo nació en Milán en 1885. Graduado de arquitecto en 1905, llegó a la Argentina un año después, contratado por el Ministerio de Obras Públicas junto a otros arquitectos para la decoración del Palacio de Justicia que se construía en Buenos Aires. Afincado en el país, poco después fue designado director del estudio de los ingenieros Maupas y Jáuregui, ganando una medalla de oro en la Exposición del Centenario de la Revolución [7].

En su corta vida diseñó y ejecutó más de 50 obras, todas dentro o cerca del centro de la ciudad. Su trayectoria se suele dividir en dos etapas: la primera, donde confluyen la vertiente lombarda del modernismo, conocida como Liberty, y una reinterpretación personal de la arquitectura medieval italiana y una segunda etapa, tras el ocaso del modernismo y el eclecticismo, donde se observa la influencia de los estilos borbónicos franceses[8].

A la primera etapa corresponden la Casa Calise y la Casa de los Pavos Reales. Entre sus obras más conocidas también se encuentran el edificio de la Societá Unione Operai Italiani, ubicada en la calle Sarmiento nº 1374/82  y el Edificio Grimoldi (Avenida Corrientes 2548/60).

Solo en los últimos años se le ha dado al arquitecto Colombo el reconocimiento que merece. Su obra tiene su sello personal y ha hecho una contribución maravillosa a arquitectura porteña.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

Puede seguir leyendo más sobre obras de Virginio Colombo en el artículo “LA CASA CALISE, EXQUISITO ART NOUVEAU EN BUENOS AIRES”, haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

REFERENCIAS

[1] https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/tesoros-ocultos-arquitectura-ciudad_0_Sk8KVOkRKl.html

[2] Espina Rawson, Enrique; Izrastzoff, Iuri;  https://www.fervorxbuenosaires.com/pavos-reales/

[3] Machado, Alejandro; http://virginiocolombo.blogspot.com/2007/03/arquitecto-virginio-colombo-caba-av.html

[4] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian

[5] http://ssplan.buenosaires.gov.ar/_aphweb/baseaph_list.php?a=search&value=1&SearchFor=Pavos&SearchOption=Contains&SearchField

[6] https://www.bcba.sba.com.ar/proteccion-del-patrimonio/

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.102

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.103


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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EL PASAJE RODOLFO RIVAROLA, LA ÚNICA CALLE EN ESPEJO DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Si desde el Pasaje de la Piedad avanzamos por la calle Bartolomé Mitre, poco antes de la calle Talcahuano a mano izquierda nos sorprenderá el Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola. Este pasaje que es, en realidad, una calle corta -su única cuadra se extiende desde Bartolomé Mitre 1325 hasta la calle Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1330- tiene un llamativo mérito que lo vuelve único: su simetría, pues los edificios de un lado son exactamente iguales a los edificios del otro.

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Desde luego, este diseño no es producto ni de la imitación ni de la casualidad. El proyecto fue realizado por Petersen, Thiele y Cruz entre 1924 y 1926. Fue su idea abrir el pasaje “perforando” una típica manzana, que originalmente tomó el nombre de la empresa inversora, la compañía de seguros La Rural. En la actualidad el tránsito vehicular corre de sur a norte.

La construcción estuvo a cargo de la empresa Geopé (Compañía General de Obras Públicas S.A.)[1] , de capital alemán, que levantó magníficos edificios como el Correo Central y el Colegio Nacional de Buenos Aires y concretó obras muy famosas como el Obelisco porteño o “La Bombonera”, el estadio de Boca Juniors.

LOS EDIFICIOS DEL PASAJE

Los edificios del Pasaje Rivarola poseen un inconfundible aroma parisino, debido a su estilo Beaux Arts, también conocido como academicismo francés, que desde finales del siglo XIX embellecía a una Buenos Aires que admiraba a Europa. Fiel a ello, las señoriales fachadas son armónicas y proporcionadas y tienen color gris tiza[2].

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Cada edificio cuenta con planta baja -donde hay locales comerciales- y cinco pisos; los de las cuatro esquinas (dos en el cruce con Bartolomé Mitre y dos en el cruce con Tte. Gral. Juan Domingo Perón, antes llamada Cangallo) tienen cúpulas con mirador.

Cada piso de los ocho edificios tiene tres departamentos; cada departamento “tenía asignado en la terraza un lugar para el lavado y tendido de la ropa, además de un cuarto en el sótano para ser usado como depósito, un émulo de las actuales bauleras”[3]. Los ocho edificios fueron construidos con materiales de altísima calidad: “los pisos en las entradas y los palieres son de mármol y los de los departamentos, de roble de Eslavonia. En el exterior, la buena materia prima tampoco escasea: herrería artística, pizarra importada y marcos de bronce”[4].

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LOS CREADORES

Sobre las fachadas de los edificios se lee “PETERSEN, THIELE y CRUZ”. Esta empresa, que continúa activa y forma parte del poderoso Grupo Petersen, construyó muchísimos edificios en Buenos Aires; por ejemplo -y solo por citar algunos-, el edificio de ATC en Barrio Parque, el edificio IBM en Catalinas Norte, la torre Pirelli en Retiro y los Pabellones 2 y 3 de Ciudad Universitaria. Entre sus obras fuera de la ciudad se encuentran el Estadio Mundialista de Mendoza (hoy “Malvinas Argentinas”) y Central Nuclear Atucha II.

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¿Quiénes fueron los fundadores que diseñaron el Pasaje Rivarola y los edificios a sus lados? Todos los artículos mencionan como autores del proyecto a “los arquitectos Petersen, Thiele y Cruz”. Sin embargo, en el “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” no encontré mención a ninguno de los tres[5]. Sí pude confirmar que los apellidos correspondían a la empresa constructora nacida en 1918[6], que dos años después se constituyó como Sociedad Colectiva “Petersen, Thiele y Cruz Arquitectos e Ingenieros”[7]. A partir de allí inicié una búsqueda cuya propósito fue determinar si eran arquitectos, como decían los artículos, o ingenieros. En el camino surgió una cuestión adicional: en ningún lugar aparecían sus nombres; eran mecánicamente mencionados por sus apellidos, sin siquiera una inicial.

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Finalmente di con la biografía de la actriz Elena Cruz donde ella misma refiere haber sido hija de nuestro Cruz: “Mi padre Horacio Cruz… pintor de cuadros y arquitecto… Papá fundó la empresa ‘Petersen, Thiele y Cruz’ (‘arquitectos, ingenieros, constructores y mandatos’). Thiele, que murió antes, era el ingeniero que trabajaba en el Oeste para el lado de Mendoza y realizó muchos puentes. La empresa constructora nació en 1918, pero se constituyó en 1920 como Sociedad Colectiva. Los primeros trabajos se iniciaron en la Capital Federal o el Gran Buenos Aires y continuaron con obras por el resto del país, participando en la ejecución de importantes proyectos como diques, bodegas y barrios de viviendas… entre otras realizaciones”[8].

Gracias a este relato sabemos que Horacio Cruz era pintor y arquitecto y Thiele ingeniero. Un dato curioso es que el salón de la Presidencia del edificio de YPF sobre la Avenida Diagonal Norte, construido por Petersen, Thiele y Cruz, lucía un cuadro de Horacio Cruz sobre la explotación petrolera[9].

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En cuanto a Thiele descubrimos que se llamaba Ricardo Otto, gracias a un Boletín Oficial[10]. Nació en 1893[11] y falleció en 1971[12]. Una calle de General Gutiérrez, Mendoza, lo recuerda. Su padre, también llamado Ricardo Otto Thiele, nacido en Alemania, trabajó por 50 años en la Cervecería Quilmes -entre 1890 y 1940-, y fue uno de los fundadores de la Iglesia Evangélica y del Colegio Alemán de la zona en 1939[13]. Su madre, Adela Rosa Petersen, había nacido en el Uruguay y, era prima hermana del Petersen de la constructora.

Llegamos así un Boletín Oficial de 1957 que expesa: “don Gustavo Adolfo Petersen, que acostumbra llamarse y firmar ‘Adolfo Petersen’… domiciliado en Pasaje La Rural número ciento setenta y cinco de la Capital Federal…” [14]. Lo llama arquitecto y dice, además, que era presidente de la sociedad Petersen, Thiele y Cruz, Sociedad Anónima de Construcciones y Mandatos. El arquitecto Adolfo Petersen nació en 1895 y falleció en 1981[15].

LOS NOMBRES

En 1957, por el Decreto-Ordenanza n° 13.929, el pasaje dejó de denominarse La Rural, nombre que se le había otorgado por la Ordenanza Municipal del 29/12/1924[16], recibiendo el nombre actual de Dr. Rodolfo Rivarola, para el centenario del nacimiento de quien fuera abogado, docente, pensador y autor del proyecto del Código Penal argentino en 1890[17].

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CURIOSIDADES DEL PASAJE

El Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola sido declarado Área de Protección Histórica[18].

En el nº 115 está La Marca Editora, una innovadora editorial, cuyas vidrieras están cubiertas por fotografías de Marcos López, creador del sub-realismo criollo[19].

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En el nº 134 se encuentra la Casa Raab, conocida como “La Chacarita de los Relojes”, dedicada al arreglo de relojes antiguos. Es un lugar de referencia obligado para anticuarios y coleccionistas.

En el nº 147 está el Museo de la Mujer Argentina, cuyo propósito es “construir un archivo y reservorio museológico específico de la historia cultural, la promoción y producción del arte y la cultura de las mujeres, que hacen historia junto al pueblo”[20].

En el nº 154 funciona el “Centro Cultural Enrique Santos Discépolo”.

En el Pasaje Rivarola se han filmado películas, comerciales y se han realizado propuestas artísticas diversas.

También está presente en la literatura. Por ejemplo, Nicolás Meta en su cuento “El Maquinista” escribe:

“La calle: Pasaje Rivarola. La culpa es en primer lugar del Pasaje. De chico fantaseaba que podía pasar algo así. Al final crecí, me fui para otro barrio, y ahora el destino me trajo de vuelta acá. Se lo decía a mi papá: ¿Por qué todas las casas de esta vereda son iguales a las de enfrente? Esta calle es así, decía. ¿Enfrente hay un chico como yo?, preguntaba. Sí, me decía. Cúpula acá, cúpula exacta al frente, tres pisos acá, tres pisos allá, ventana-puerta-ventana de este lado, y al oro lado: ventana-puerta-ventana, en la misma posición. Un espejo[21]”.

De paso, para los amantes de los viajes y las curiosidades, el blog de Nicolás Meta es https://laolaviajera.com 

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No importa si se lo considera pasaje o calle, Rivarola es un espacio único de Buenos Aires, un reflejo de París por partida doble.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, en https://www.facebook.com/comisionnacionaldemonumentos/posts/1762823827302363

[2] Hay una excelente descripción, más técnica por Valentino, Julio, “Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola (ex pasaje La Rural)” en  http://arqi.com.ar/edificio/pasaje-rivarola/

[3] Autor anónimo (¿Parise, Eduardo?), “El Pasaje Rivarola en el Espejo”, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 18/06/2012. Puede leerse en https://www.clarin.com/ciudades/Pasaje-Rivarola-espejo_0_Hy5-KAfnwXe.html

[4] Autor anónimo (¿Parise, Eduardo?), Op. cit.

[5] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina”, 2004.

[6] http://www.petersenthieleycruz.com.ar/

[7] Conservó dicho nombre hasta 1941, cuando pasó a ser una sociedad anónima denominada Petersen, Thiele y Cruz S.A.C y M., que en la actualidad forma parte del Grupo Petersen.

[8] Gasco, Leandro, “Elena Cruz de Fernando Siro se confiesa con Leandro Gasco – Amor Eterno contra Viento y Marea”, RG Ediciones, Temperley, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.43-44.

[9] Durán, Cecilia, “Arquitectura como Arte Público – Estado, arquitectos y cultura en la Revista de Arquitectura (Argentina, 1925-1943)”, Universidad Torcuato Di Tella, Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos, Maestría en Historia y Cultura de la Arquitectura y la Ciudad, sin fecha, p.57.

[10] Boletín Oficial de la República Argentina, 8 de agosto de 1956, en https://archive.org/stream/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_2da_seccion_1956-08-08/1956-08-08_djvu.txt. El Boletín dice Ricardo O, pero en nuestra búsqueda dimos con un documento legal que llama Otto a su segundo nombre. http://www2.jus.mendoza.gov.ar/listas/proveidos/vertexto.php?ide=4430547052

[11] http://www.genealogiafamiliar.net/familychart.php?personID=I692234&tree=BVCZ

[12] https://www.genealogiairlandesa.com/genealogia/B/Byrne/edward2.htm

[13] http://armandovidal.com/administracion/index.php?view=article&catid=236%3Aestilo-argentino&id=1962%3Aquilmes-no-sabe-bien-lo-que-se-le-viene&tmpl=component&print=1&page=&option=com_content&Itemid=80

[14] Boletín Oficial de la República Argentina, 17 de diciembre de 1957, en https://archive.org/stream/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_2da_seccion_1957-12-17/1957-12-17_djvu.txt

[15] http://www.genealogiafamiliar.net/getperson.php?personID=I17424&tree=BVCZ

[16] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.466.

[17] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.155.

[18] Código de Planeamiento Urbano de la Ciudad de Buenos Aires (C.P.U.), Sección 10, Protección Patrimonial, p.50-51 en http://ssplan.buenosaires.gob.ar/dmdocuments/CPU_SECCION_10.pdf

[19] http://lamarcaeditora.com/catalogo/portfolio-fotografico-268/pop-latino-plus-1001

[20] http://www.museodelamujer.org.ar/

[21] Ferrero, Jesús, “XXIV Premio De Narración Breve UNED 2013. El Paraiso …Y Otros Relatos …”, eBook.


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EL PASAJE CARLOS COLOMBO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Uno de los pasajes privados más bellos de Buenos Aires es el Pasaje Colombo. Nace en la Avenida Rivadavia 2431 (entre Larrea y Azcuénaga).

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Tras unos treinta metros de recorrido y antes de terminar en una torreta de seguridad de dos pisos, se abre a la derecha su único brazo, que le da salida por Azcuénaga 34 (entre Bartolomé Mitre y Avenida Rivadavia). Por lo tanto, su trayecto es parecido a una L.

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Aunque está preparado para el tránsito vehicular, por Azcuénaga no puede ingresar ningún automóvil pues se ha levantado un muro. Además, detrás de esa entrada hay un cantero con una palmera.

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El pasaje es la calle interior de un complejo conformado por edificios de cinco plantas, que ocupa la porción sudeste de la manzana.

DSC02277.JPGSu piso es baldosas calcáreas típicas para uso peatonal; además tiene aceras y está iluminado con faroles de hierro adosados a las fachadas. A propósito, las construcciones circundantes creadas por Carlos Heynemann, aunque tienen diferentes tamaños, comparten el diseño, el color gris tiza y las puertas internas de acceso numeradas.

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Según el arquitecto Rolando Schere “consta de un subsuelo, planta baja destinada a vivienda en las unidades interiores del pasaje y 10 locales comerciales sobre Rivadavia y Azcuénaga, y 4 plantas altas con unidades de 3, 4, 5, 6, 7 y 8 habitaciones”[1]. Lamentablemente, como suele suceder, los locales comerciales rompen la armonía del diseño original con colores intensos, carteles, marquesinas y modificaciones en la mampostería a fin de atraer clientes.

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LA HISTORIA

Una placa en la entrada colocada en 2003 por la Junta de Estudios Históricos de Balvanera recuerda que el terreno formó parte principal de la quinta de Antonio González Varela, apodado Miserere, pionero del barrio.

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La Edificadora S.A. compró el solar y desarrolló el proyecto. Había sido fundada en 1875 y tenía por objeto adquirir terrenos y edificar viviendas para venderlas a sus socios[2]. Debido a ello originalmente se lo denominó Pasaje Edificadora. Posteriormente el complejo edilicio con el pasaje incluido fue adquirido por Carlos Ambrosio Colombo, quien vivía a tres cuadras, en la Avenida Rivadavia 2731. Su hijo Aquilino C. Colombo tuvo su inmobiliaria en la entrada de la calle Azcuénaga.

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Descubrimos el Pasaje Colombo cuando éramos adolescentes, y tenía las entradas cerradas con gruesas cadenas que pendían de dos pequeños monolitos. La delincuencia urbana obligó a reemplazarlos con portones de rejas negras que afortunadamente fueron elegidos con buen gusto y permiten ver desde afuera el pasaje en profundidad.

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Merecidamente, en 1997 fue declarado Área de Protección Histórica (APH) por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

EL DISEÑO

El complejo fue creado por Carlos Heynemann, quien colaboró con el arquitecto sueco Enrique Aberg en la construcción del Museo de La Plata. Heynemann era alemán; hasta donde hemos podido investigar, no era arquitecto como se menciona en algunas publicaciones, sino ingeniero[3]. Si bien en el “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” no hay ningún apartado para él, aparece mencionado en la biografía de Aberg como “el arquitecto alemán Federico Heynemann”[4].

Gracias a las exhaustivas investigaciones de Fabio Perlin publicadas en su blog[5] supimos que el propio Aberg fue el  fundador de La Edificadora (cuyo nombre completo era La Edificadora Buenos Aires S.A.). Al partir a Europa en 1886, dejó la empresa en manos de Heynemann.

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Los edificios de Rivadavia y Azcuénaga inaugurados en 1893, eran de estilo italianizante, lineamiento arquitectónico del siglo XIX que suponía un retorno al Renacimiento italiano pero dotado de elementos más pintorescos. En Argentina esta vertiente estética sirvió de transición entre la vieja arquitectura española colonial y el academicismo francés que se observa en muchos edificios importantes de Buenos Aires.

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En mi opinión, en el Pasaje Carlos Ambrosio Colombo hay tres detalles que merecen ser observados con detenimiento: la primera es la torreta de dos pisos con reloj coronada por una lanza.

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Los otros son los mascarones exteriores y las puertas de madera, en particular las que se observan sobre la calle Azcuénaga. Si pasa por allí, no deje de contemplarlos.

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UNA LEYENDA URBANA

Se sabe que en el Pasaje Colombo se han filmado películas y cortos publicitarios; además, una placa de bronce recuerda que uno de sus vecinos más ilustres fue el escritor Leopoldo Marechal.

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Sin embargo, muy pocos conocen la historia de Felicita Domínguez, una humilde trabajadora doméstica que a principios de 1930 fue atacada al salir de uno de los edificios un domingo de febrero por la noche. Al sentir el cuchillo en su garganta enmudeció; acto seguido, previendo que lo peor podía suceder, escuchó detrás suyo unos pasos. Repentinamente el ladrón soltó el arma y escapó como si hubiera visto un fantasma. Aún con el corazón latiendo como una locomotora giró para ver quien se acercaba… su horror fue aún mayor: contempló una figura negra con un esqueleto brillante.

– No se asuste, señora -le dijo una voz suave y provinciana-; vivo aquí y vengo de una fiesta de disfraces.

La pobre mujer no sabía si reír o llorar. Le dio las gracias y regresó al departamento en el cual trabajaba, pidiendo que la acompañen a tomar el colectivo. Esta historia, que me relató su hija siendo muy anciana, dicen que alimentó la leyenda del fantasma de Balvanera.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p. 57

[2] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.77

[3] Vallejo, Gustavo, “Escenarios de la cultura científica argentina: ciudad y universidad (1882-1955)”, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, España, 2007, p.143

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.14

[5] Perlin, Fabio, “Homenaje a los Arquitectos e Ingenieros Escandinavos en Argentina”, https://arquitectos-escandinavos-argentina.blogspot.com


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BUTTELER: LA ÚNICA CALLE EN X DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES

La primera noticia que tuve de Butteler, la única calle en forma de X de La Reina del Plata, fue a través de unos cuadernillos con textos de León Tenenbaum, titulados “Buenos Aires, un Museo al Aire Libre” que Laboratorios Elea regalaba[1]. Había pasado varias veces por una de sus entradas y no me había percatado que era mucho más que diagonal.

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La calle Butteler abarca únicamente una manzana que es cruzada por dos angostas callecitas empedradas que forman una equis, con una plazoleta en el centro. Cuenta con unas 70 casas, en su mayoría de una planta, construidas a principios del siglo XX. Sus calzadas tienen un ancho de unos tres metros, por donde puede pasar solo un auto, y las veredas 1,60 metros. Como se imagina, estacionar es un problema.

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Más difícil es aún entender su numeración, que comienza en la cuadra que nace en Avenida La Plata y Zelarrayán. Se ha dicho que va en sentido inverso a las agujas del reloj, pero a mí me sigue resultando indescifrable. Como alguien dijo, el 5 puede quedar frente al 88.

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LA HISTORIA

Corría 1907 cuando doña Azucena Butteler decidió donar a la Municipalidad un terreno que formaba parte de una quinta familiar para construir un barrio obrero. Cercano al Parque Chacabuco, que había sido creado cuatro años antes, ocupaba una superficie de alrededor de una hectárea. Estaba delimitado por las actuales Avenida La Plata al este, la Avenida Cobo al sur, la calle Senillosa al oeste y la calle Zelarrayán al norte y tenía un leve declive hacia el sur.

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Según un sitio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la piedra fundamental fue colocada el 15 de diciembre de 1907, siendo intendente don Carlos Torcuato de Alvear; ofició como padrino José Figueroa Alcorta, quien había sido elegido como Vicepresidente de la Nación, y ejercía la Presidencia desde enero de 1906 debido a la enfermedad y muerte del presidente Manuel Quintana. A la ceremonia asistieron, entre otros, Carlos Saavedra Lamas, quien casi 30 años después recibió el Premio Nobel de la Paz, el paisajista Carlos Thays, el Jefe de la Policía Ramón L. Falcón y el renombrado político socialista Alfredo Palacios.

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De acuerdo a la misma publicación, “se construyeron 64 casas de manera idéntica: divididas en cuatro secciones, distribuidas en dos ambientes, con un patio interior, paredes de color crema y puertas de madera” [2]. Fueron terminadas e inauguradas en 1910.

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Un siglo después, en 2010 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declaró la manzana de la calle Butteler “Área de Protección Histórica”, prohibiendo modificaciones a su espacio y a sus casas, y convirtiéndolo en patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad.

LA PLAZOLETA

La placita ubicada en el centro se llamaba Plaza Escondida; a partir de 1972 recibió el nombre de Plaza Enrique Santos Discépolo en honor al famoso compositor autor de Cambalache, que frecuentaba este diminuto barrio debido a que uno de sus amigos residía en él. De todos modos, para los vecinos sigue siendo la placita Butteler. Ha sido remodelada y cuenta con un espacio para juegos infantiles que ha sido cercado para evitar el vandalismo.

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Por fuera de la cerca hay un busto del popular Discepolín, obra del puntano Jesús Domingo Páez Torres (1920-2001), creador de varias esculturas porteñas. La historia del busto es interesante. Según Nicolás Gabriel Gutiérrez, el original realizado en cemento fue inaugurado el 18 de octubre de 1976 en el desaparecido Teatro Enrique Santos Discépolo. En 1980 se lo trasladó a su actual ubicación donde fue destruido por desconocidos. Por ello se realizó una copia en bronce fundido en la Dirección General de Obras y Monumentos, que fue emplazada el 10 de mayo de 1983 en el corazón de la calle Butteler[3] .

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EL NOMBRE

Según Miguel Iusem el nombre de la calle es “Azucena Butteler”[4]. Sin embargo Alberto Gabriel Piñeiro, indica que la denominación es simplemente “Butteler” y cita la Ordenanza Municipal del 2 de junio de 1911[5].

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CURIOSIDADES

La placita Butteler en la primera mitad del siglo XX fue sitio de celebración de concursos de disfraces y de las populares fogatas de San Pedro y San Pablo.

En aquel tiempo la calle Butteler era frecuentada por integrantes de la farándula, en particular por glorias del tango, como Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo y Hugo del Carril, quien dirigió y protagonizó en esta curiosa callecita el film “Culpable”.

Aunque algunos lo desmienten, la placita era un punto de reunión antes de los partidos de la barra brava de San Lorenzo, el equipo de fútbol cuyo antiguo estadio, el Viejo Gasómetro, se ubicaba a pocas cuadras sobre la Avenida La Plata. Por eso a la hinchada azulgrana se la conoce como La Gloriosa Butteler.

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Finalmente, así como hemos señalado que Alejandro Dolina menciona el Pasaje Trieste en su relato fantástico “Los amantes desconocidos”[6] o que la novelista colombiana Laura Restrepo ubica momentos de su novela “Demasiados héroes” en el Pasaje Coronda[7], en 2016 Néstor Darío Figueiras publicó una colección de cuentos titulada “El cerrojo del mundo está en Butteler”, cuyo título proviene del cuento homónimo, inspirado -en sus propias palabras- en este mágico pasaje. El personaje principal del cuento, el Dr.Beltrán, es un fan declarado de Discépolo.

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No podemos cerrar esta nota sin citar el tango Calle Butteler, con música de Saúl Cosentino y letra de Ernesto Pierro, compuesto en 1999, que evoca con nostalgia el pasado perdido, en el que inevitablemente incluye con pasión recuerdos del equipo del barrio, San Lorenzo de Almagro.

EPÍLOGO

Nos despedimos citando las palabras del Arq. Rolando Schere: “A nuestro juicio el pasaje Butteler es de las manzanas más lúcidas proyectadas en la ciudad de Buenos Aires… Constituye toda una lección de arquitectura, de conocimiento de la ciudad, de aprovechamiento de la manzana, de uso de espacios comunes significativos, apropiables, de sabiduría en la elección de la medida y en el empleo de elementos tipológicos que pertenecen largamente a la memoria ciudadana: la casa chorizo, la ochava, el retiro con verja y la fachada continua, reunidos en una propuesta absolutamente novedosa”[8].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: EL TANGO “CALLE BUTTELER”

Aquí se puede escuchar el tango “Calle Butteler” (S. Cosentino – E. Pierro) , en la voz de Carlos Varela, con imágenes de esta curiosa callecita porteña.


BONUS 2: VIDEO TRAILER DE ““EL CERROJO DEL MUNDO ESTÁ EN BUTTELER”

Aquí Néstor Darío Figueiras presenta su libro en la propia calle Butteler y cuenta su amor por ella.


REFERENCIAS

[1] Tenembaun, león “Buenos Aires Un Museo al Aire Libre”, Cuadernillo nº 4 “Pasajes, cortadas y callejones”, Laboratorios Elea, Buenos Aires, Argentina, sin fecha pero alrededor de 1985, p.8. Su libro homónimo, que no tenemos ni hemos leído, es de 1987. No sabemos si estos textos sirvieron de insumos para el libro o, al revés, son separatas de él.

[2] Autor no identificado, “Historias de mi Comuna: Barrio Butteler y Plaza Enrique Santos Discépolo”, http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/historias-de-mi-comuna-barrio-butteler-y-plaza-enrique-santos-discepolo

[3] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.475

[4] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.32

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.314

[6] https://pablobedrossian.com/2015/06/21/el-pasaje-trieste-y-la-calle-juan-a-boeri-por-pablo-r-bedrossian

[7] https://pablobedrossian.com/2017/06/17/los-pasajes-coronda-y-burgos-y-el-mercado-del-progreso-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.128


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción del plano, que fue tomado de Google Maps y editado a fines informativos para esta nota.

El video del tango “Calle Butteler” fue tomado del canal de Youtube de su intérprete, Carlos Varela.

El video ““El cerrojo del mundo está en Butteler – Book trailer” fue tomado del canal de Youtube de su autor, Néstor Darío Figueiras.