“EL GRITO”, UNA PINTURA QUE NO SE MIRA: SE SIENTE

Serie GRANDES OBRAS DE ARTE

Título: “El grito”

Autor: Edvard Munch

Fecha: 1893

“El grito”: un desgarrador retrato de nuestras emociones frente a situaciones que alteran el rumbo de nuestra vida. Descubra cómo Edvard Munch creó una de las obras más conmovedoras del arte moderno y conozca sus diferentes versiones.

“Los expresionistas sintieron tan intensamente el sufrimiento humano, la pobreza, la violencia y la pasión que se inclinaron a creer que la insistencia en la armonía y la belleza en arte solo podía nacer de una renuncia a ser honrado” E H. Gombrich[1]

Quizás Ud. se haya preguntado por qué el “El grito”, que parece más a un dibujo infantil que una obra maestra, sea una de las pinturas más conocidas del planeta. O acaso haya cuestionado el valor de ese rostro que se asemeja a una calavera o a la representación que algún caricaturista ha hecho de seres de otro planeta. Presentamos en esta nota las razones que sostienen la universalidad de esta pintura.

EL CONTEXTO

Aunque toda obra de arte debe hablar por sí misma, creemos que entender su contexto puede enriquecer la experiencia del observador.

En la segunda mitad del siglo XIX los artistas comenzaron a romper con la tradición académica. En lugar de pretender la maestría de los grandes creadores procuraron ser ellos mismos. Este cambio de paradigma tuvo como primera escuela notable al impresionismo[2], que fue vista como una herejía artística. Se centraba en la percepción de la luz y el color en el momento, un arte que partía de afuera hacia adentro: estímulos captados por los sentidos y traducidos en un lienzo. Sin embargo, y como una reacción, surgió a principios del XX el expresionismo, que, a la inversa, iba desde adentro del artista hacia afuera. No representaba estímulos materiales, sino emociones: una manifestación subjetiva que superaba la captura y reelaboración de un hecho objetivo. Y aunque muchos fijan como inicio del expresionismo los albores del siglo XX, “El grito”, pintado años antes, se encuadra dentro de él.

LA OBRA

No fue Munch el primero en utilizar la caricatura para ilustrar un tema dramático. Como bien cita E. H. Gombrich, fue Vincent Van Gogh[3] con su famoso retrato “El cartero Roulin”. Sin embargo, en “El grito” el artista noruego le da un sentido diferente. En su obra todas las líneas convergen sobre alguien que se toma la cabeza en signo de desesperación, abriendo exageradamente los ojos y la boca; en ese gesto se intuye un grito, mientras el cuerpo se tuerce como si fuera el blanco de las líneas pero, a la vez, parte de ellas. La figura se encuentra en lo que parece una pasarela de madera con el mar a su izquierda. El cielo rojo indica que es la hora del ocaso. Arriba a la izquierda aparecen dos figuras indefinidas que se alejan.

Según se infiere de un poema que escribió en su diario, la idea de “El grito” surgió durante un paseo nocturno que Munch dio con amigos, mientras el sol se ponía sobre el fiordo de Oslo. El poema, titulado Nice 22 de enero de 1892” y publicado ese mismo día, dice:

“Paseaba por un sendero con dos amigos -el sol se ponía-
el cielo se tornó de pronto rojo sangre.
Me detuve, me apoyé en una verja muerto de cansancio

-sangre y lenguas de fuego colgaban sobre el fiordo negro azul y la ciudad-
mis amigos siguieron caminando y yo me quedé quieto,
temblando de miedo
y sentí vasto un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”

NUESTRO ANÁLISIS

“El grito” ha estado sujeto a diversas interpretaciones. El protagonista es un ser extraño y enigmático. Ni siquiera podemos determinar su identidad: no sabemos su sexo, edad o clase social. Sin embargo su lenguaje corporal revela una experiencia inherente a la condición humana, sin importar la etnia, el tiempo o el lugar: la angustia y la desesperación.

La Dra. Elisabeth Kübler-Ross describió en su famoso libro “Sobre la muerte y los moribundos”[4] la secuencia de reacciones humanas ante el diagnóstico de una enfermedad terminal: primero la negación, luego la ira, después la negociación, a continuación la depresión y finalmente la aceptación. Podríamos extrapolar estas fases a todo duelo, a toda pérdida surgida de un modo inesperado. No sabemos dónde encaja “El grito” en esa serie y, sin embargo, vemos en la pintura ese conjunto de sentimientos reflejados. Quizás se deba a que la angustia y la desesperación son el común denominador de todos ello, aun cuando haya una diferencia profunda entre desesperación y desesperanza.

Hay en la obra varios elementos que agregan una cuota de dramatismo a la situación del personaje central. Comenzamos por las líneas que atraviesan su propio cuerpo que, como las externas, lo acechan. La reacción física al sufrimiento emocional – el torrente sanguíneo se inunda de hormonas y neurotransmisores- está fuera de nuestro control.

Yendo a lo externo, las figuras que se alejan en el ángulo izquierdo acentúan la indefensión del protagonista. El dolor es inevitable, pero se vuelve más tolerable cuando nos sentimos acompañados; la soledad y el abandono lo agrandan.

Finalmente, el cielo rojo representa la indiferencia de la naturaleza ante nuestro dolor. El mundo no va a cambiar ni detenerse por lo que nos pasa; no somos ni seremos jamás el centro de atención. La naturaleza no siente nuestra situación; la reacción a las circunstancias es exclusivamente nuestra.

VERSIONES DE UN MISMO TEMA

Munch creó varias versiones de “El grito”. Cuatro pueden admirarse en Oslo, capital de Noruega, la patria del artista; la más conocida se encuentra en el Museo Nacional; las otras tres, en el bellísimo Museo Munch, un edificio diseñado por el estudio Herreros (Juan Herreros+Jens Richter), inaugurado en 2021.

La primera es de 1893, hecha con témpera y crayón sobre cartón. Es la que el público reconoce en cualquier libro, póster o fotografía. Munch la expuso en Berlín el mismo año en que la pintó, con el título “Desesperación”. Desde luego, es la pieza más importante del Museo Nacional. Es la que hemos reproducido al principio.

Las tres que se exponen en el Museo Munch se encuentran en una misma sala; corresponden a una pintura, un dibujo y una impresión. Para protegerlas de la luz y la humedad, se exhiben en forma rotatoria cada media hora. Munch creó las diferentes versiones de “El grito” en cartón o papel, por lo que son más delicadas que las pinturas al óleo sobre lienzo. Pequeñas compuertas se cierran y se abren para admirar de a una por vez. Pasamos a presentarlas:

La más antigua es un dibujo con crayón sobre cartón. El artista experimentó diferentes técnicas. En la década de 1890, creó varios dibujos de gran tamaño con pastel o crayón. Su trazo se nota mucho más espontáneo, otorgando a la imagen un aspecto más frágil que destaca magistralmente el tema existencial de la obra.

La segunda es una pintura de témpera y óleo sobre cartón, de fecha incierta. En el museo aparece el año 1910 con signo de pregunta. La imagen abunda en líneas onduladas de colores suaves.

La litografía es de 1895. Munch fue un artista gráfico de talla mundial, y muchos de sus grabados alcanzaron más difusión que sus pinturas. Se realizaron unas 30 impresiones de esta audaz versión en blanco y negro que fue la que se reprodujo por primera vez en libros y revistas.

ACERCA DEL PINTOR

Edvard Munch (1863-1944) es el artista plástico noruego más importante de la Historia. Pintor y grabador, abordó principalmente la cuestión existencial. Según varias fuentes, en su diario, titulado en español “Diario de un poeta loco”, escribió hacia 1908 “Igual que Leonardo daVinci estudió la anatomía humana y disecó cuerpos, yo intento disecar almas”[5]. Podríamos decir que, desde el punto de vista temático, creaba un arte psicológico, porque exploraba las profundidades del ser humano.

Pocas obras de Munch, como “Ansiedad”, de 1894, tienen algún parecido con “El grito”.

Contra lo que pueda suponerse, “su obra más famosa no es representativa ni de su estilo, ni de su técnica. Pintaba de manera muy variada. Uno de sus rasgos identitarios fueron los colores planos y contrastes fuertes para enfatizar la emoción, en lugar de optar por un arte realista.

Su obra se desenvolvió entre el simbolismo, el modernismo y un expresionismo muy personal, mostrando en todos los casos una maestría singular y admirable.

© Pablo R. Bedrossian, 2025. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gombrich, E. H., “La Historia del Arte”, Phaidon, 1950, 16ª Ed. (revisada, ampliada y rediseñada), 1995, p.566

[2] En cuanto a ruptura con el orden tradicional pueden considerarse como precedentes primero a Eugéne Delacroix y luego en Gustave Courbet.

[3] Gombrich, E. H., obra citada, p.564

[4] Kübler-Ross, Elisabeth, “Sobre la muerte y los moribundos”, Grijalbo, original 1969, traducción 1985; otros traducen “Sobre la muerte y el morir”

[5] No hemos accedido a su diario en forma directa; por lo que nos limitamos a transcribir una cita mencionada por otros.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos. Fueron tomadas en el Museo Nacional y en el Museo Munch de Oslo, Noruega. Las últimas dos fotos corresponden a “Ansiedad” (1894) y “Caballo galopando” (1910-12), ambas de Edvard Munch.

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