Serie LECTURA RECOMENDADA
Título: “Cuentos completos”; incluye 6 libros de cuentos: “Historia universal de la infamia”, “Ficciones”, “El Aleph”, “El informe de Brodie”, “El libro de arena” y “La memoria de Shakespeare”
Autor: Jorge Luis Borges
Año: 2012 (Compilación)
La mejor forma de conocer la obra de Borges es a través de sus cuentos. El gran escritor argentino sospechaba que mucha gente que hablaba de él, nunca lo había leído. En un diálogo con María Esther Vázquez comentó:
– “Además tuve la desgracia de escribir un cuento totalmente falso: ‘Hombre de la esquina rosada’… debo la poca fama que tengo a ese cuento… Lo curioso es que las personas que admiran ese cuento lo llaman ‘Hombre de la Casa Rosada’ y suponen que me refiero al Presidente de la República”[1].
Por eso, y a fin de contribuir a facilitar su lectura, presentamos una brevísima introducción a “Jorge Luis Borges – Cuentos Completos”, publicado por Editorial Sudamericana.
DE LA CIUDAD AL UNIVERSO
En su breve relato “Borges y yo”, el escritor argentino afirma:
– “Pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito”[2].
En esas 16 palabras puede resumirse su historia literaria. Sus primeros libros, como “Fervor de Buenos Aires” (1923), “Luna de Enfrente” (1925), “Cuaderno San Martín” (1929) -estos tres de poesía-, y Evaristo Carriego (1930) se ocupan de una temática local, con aroma a yuyo, a compadrito, a calle de tierra y a suburbio. Sin embargo, Borges no conocía el ambiente de los orilleros. Creó esa mitología a partir de relatos de protagonistas y testigos, a los que, desde luego, enriqueció con su propia imaginación.
Aunque en “Discusión” (1932), una colección de ensayos breves, se abre a un universo más amplio, la gran bisagra de su obra es “Historia Universal de la Infamia” (1935), el primero de los seis libros incluidos en los “Cuentos Completos”. En ese volumen alterna historias fantásticas con reescrituras de relatos ajenos; ambos procedimientos fluyen despojados de todo rasgo argentino. La única excepción la constituye “El Hombre de la Esquina Rosada”, que conserva inalterable la mística porteña.

“FICCIONES” Y “EL ALEPH”
A partir de allí se suceden dos obras que le dieron a Borges dimensión universal, “Ficciones” (1944) y “El Aleph” (1949), en las que se consuma ese salto conceptual que va de la visión romántica de Buenos Aires y del pasado argentino a esa ingeniosa alquimia con ideas metafísicas y teológicas, que llama literatura fantástica porque, aunque basadas en la lógica, la desafían.
Escribe el crítico mexicano Jaime Alazraki “Sería una facilidad decir que ‘Historia Universal de la Infamia’ contiene ya, aunque sólo fuera en germen, la obra madura del autor de ‘Ficciones’ y ‘El Aleph’. Lo cierto es que esa primera colección prefigura al Borges más tardío”[3].
“Ficciones” incluye lo que originalmente fueron dos obras separadas: “El Jardín de los Senderos que se Bifurcan” (1941) y “Artificios” (1944). Contiene dieciséis cuentos y dos prólogos. Recomendamos la lectura de “Las ruinas circulares”, “Funes el memorioso”, “Tres versiones sobre Judas” y “El Sur”.
Tomemos como ejemplo el primer cuento del libro, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, nuestro favorito. Comienza ubicando a Borges personaje junto a Adolfo Bioy Casares en una quinta en Ramos Mejía, en las afueras de Buenos Aires. Allí aparece una de sus frases más celebradas “los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres”. Los amigos buscan el origen de esa sentencia y en el camino descubren un mundo virtual -una amenaza potencial creada por una sociedad secreta-, que finalmente ingresará en el mundo material.
“El Aleph”, que contiene 17 cuentos y un epílogo, puede considerarse una continuación de “Ficciones”. Borges sigue sirviéndose de historias para invitarnos a una aventura de la imaginación y el pensamiento. Tomemos como ejemplo, “La otra muerte”, donde presenta lo sucedido tras el fallecimiento de Pedro Damián, un peón de campo entrerriano. Borges personaje manifiesta su desconcierto al observar que el recuerdo de aquel campesino va cambiando en la memoria de aquellos que lo conocieron. Propone diferentes hipótesis preguntándose finalmente si Dios puede hacer que lo que fue no haya sido. Recomendamos la lectura de “El inmortal” (cuyo lugar en el libro es equivalente al de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” en Ficciones), “El muerto”, “Los teólogos”, “Emma Zunz”, “Deutsches Requiem”, “El Zahir”, el brevísimo “Los dos reyes y los dos laberintos” y, desde luego, “el Aleph”.
EL RETORNO A LA NARRATIVA BREVE
Quizás porque Borges perdió definitivamente la vista, dedicó las últimas décadas de su vida a la poesía. En “El Hacedor” (1960) incluyó algunos relatos cortos, pero no volvió a presentar un libro de cuentos hasta “El informe de Brodie” (1970), compuesto por un prólogo y once narraciones. En la obra retoma la mitología arrabalera que había abandonado como tema de sus cuentos hacía muchísimos años. Su relato más famoso es “La intrusa” donde dos hermanos, los Nilsen, ven que su relación se destruye al disputarse una misma mujer. Recomendamos la lectura de “El encuentro”, “El otro duelo” y “El Evangelio según Marcos”. El último cuento, “El informe de Brodie”, que da el título al libro, es el único que se aleja de la temática general de la obra. Es el relato fantástico de un misionero escocés en una tierra remota donde habitan los Yahoos.
Poco después Borges publica “El Libro de Arena” (1975), con trece cuentos y un epílogo. Retoma nuevamente el tema de los enigmas, destacándose el texto que da nombre a la obra, donde un vendedor de Biblias le ofrece un libro mágico que, aunque tiene tapa y contratapa, posee un infinito número de páginas. Sin embargo, aborda otras cuestiones. Por ejemplo, “Ulrica” según Borges es un cuento erótico, aunque para nuestra cultura dista mucho de serlo. Quizás por su veta nostálgica, recomendamos leer “El Congreso”, y por su misterio, “There are more things”. Aunque no alcanza el brillo literario ni la trama erudita de “Ficciones” o “El Aleph”, se percibe en la obra el aura borgeana. A esa atura de su vida, el escritor había “limado” su estilo, despojándolo de sus habituales barroquismos. Son cuentos que no demandan tanto pensamiento sino observación.
Finalmente aparece, como si fuera un apéndice, una serie de cuatro cuentos, agrupados bajo el título del cuento final, “La memoria de Shakespeare”. Podemos decir que “Los tigres azules” es un nuevo eslabón en la cadena iniciada en “El Aleph” y continuada por “El libro de arena”, donde el infinito es el gran protagonista. También recomendamos la lectura de “La rosa de Paracelso”.

RECOMENDACIONES FINALES
Para entender en profundidad la temática de sus cuentos recomendamos “La prosa narrativa de Jorge Luis Borges” del mexicano Jaime Alazraki[4] y también “La expresión de la irrealidad en la obra de Borges” de la argentina Ana María Barrenechea[5].
Leer los cuentos de Borges constituye un placer supremo. Nos transportan a otras realidades, despiertan nuestra imaginación y abren nuestro pensamiento. Son viajes que nos deparan dilemas y desafíos a lo largo de todo el camino.
© Pablo R. Bedrossian, 2024. Todos los derechos reservados.
REFERENCIAS
[1] Vázquez, María Esther, “Borges, sus días y su tiempo”, Javier Vergara (1984), p.51,52
[2] Borges, Jorge Luis, “El Hacedor”, en “Obras Completas 1923 – 1972”, Emecé Editores, Buenos Aires, 1974, p.808
[3] Alazraki, Jaime, “La prosa narrativa de Jorge Luis Borges”, Editorial Gredos, 3ª Ed., 1983., p.407
[4] Para más datos, ver la referencia 3.
[5] Barrenechea, Ana María, “La expresión de la irrealidad en la obra de Borges”, Centro Editor de América Latina, 1957, 1984.
