HUNDERTWASSERHAUS, CREATIVIDAD PARA TODOS (por Pablo R.Bedrossian)

Si piensa viajar a Viena, no puede dejar de ver la Hundertwasserhaus (en español, la Casa Hundertwasser). Es un caso curioso, pues concebida como un edificio de vivienda popular, se transformó en una atracción turística. Alejado del glamour imperial, este complejo habitacional es fácilmente reconocible por su fachada asimétrica, dividida en ondulantes secciones de colores intensos.

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Su construcción se inició en 1983 pero su historia comenzó mucho antes, en 1977, cuando Leopold Gratz, alcalde de Viena encargó el proyecto al artista Friedensreich Hundertwasser, quien desarrolló la idea. El diseño técnico corrió por cuenta del arquitecto Joseph Krawina, quien luego fue sucedido por el arquitecto Peter Pelikan. Quizás exagerando, puede decirse que es una suerte de expresión gaudiana tardía en tono menor, menos bella pero más divertida.

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Si desea visitarla, se encuentra en Kegelgasse 34-38 en el distrito 3 de Viena. El edificio cuenta con 52 viviendas, 4 locales comerciales, 16 terrazas privadas, un jardín de invierno, 3 azoteas comunitarias y 2 áreas de juegos infantiles. En frente hay un pequeño centro comercial, el Hundertwasser Village, que incluye una tienda de regalos, con recuerdos alegóricos.

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SU HISTORIA

Friedensreich Hundertwasser (1928 – 2000) fue un original artista, interesado en la naturaleza. Pintor en sus inicios, y luego de haber publicado varios manifiestos estéticos, en 1972 presentó un conjunto de maquetas en el programa Wünsch dir was, emitido por Eurovision, que testimoniaban su preocupación por una arquitectura en armonía con el hombre y el medio ambiente. A partir de allí ganó notoriedad.

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A fines de noviembre de 1977, Bruno Kreisky, Canciller de Austria -máxima autoridad del Poder Ejecutivo- le escribió una carta al influyente alcalde de Viena, Leopold Gratz, sugiriendo que Hundertwasser debería tener la posibilidad de materializar sus ideas en el campo de la vivienda. 15 días después, Gratz invitó a Hundertwasser a crear un edificio de apartamentos de acuerdo a sus propios criterios, que abarcaban lo estético, lo social y lo ambiental.

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Encontrar un terreno donde hacer realidad su sueño tomó algunos años. La propuesta de Hundertwasser era construir “un edificio para humanos y árboles”. Como era artista, y no arquitecto, se escogió un experto convirtiera esas ideas en un proyecto formal. Primero fue el arquitecto Joseph Krawina, pero posteriormente fue reemplazado por Peter Pelikan, quien terminó siendo socio de Hundertwasser en otros proyectos.

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Hundertwasser acudía diariamente a la obra para constatar los avances. Cuando se hizo el Open House se recibieron 70,000 visitantes. El edificio fue concluido en 1985, durante el mandato del alcalde Helmut Zilk, e inaugurada el 17 de febrero de 1986.

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EL EDIFICIO

La Casa Hundertwasser es una construcción de bloques de ladrillo cuyo diseño se aleja de los patrones reconocidos. Posee apartamentos de una y dos plantas. En algunos sobresalen balcones, pérgolas o terrazas. Se utilizó tierra negra para la forestación de sus numerosas áreas verdes internas. Durante nuestra visita no pudimos ingresar a las viviendas, pero sí a las áreas comunes, donde sobresalen los mosaicos en las paredes, en las escaleras y en los pasillos, creados por los trabajadores.

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Hundertwasser demostró que una arquitectura más humana y en armonía con la naturaleza es posible sin tomar más tiempo que otras obras, y que es posible realizarlo bajo los límites que impone el presupuesto de un proyecto público y sujeto a las leyes vigentes en su país, sin ningún tipo de permisos especiales.

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Para más información puede visitar: http://www.hundertwasser-haus.info

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BONUS: LE PALAIS DES BEAUX ARTS

A una cuadra, exactamente en Löwengasse 47, se encuentra el Palais des Beaux Arts  (en español, Palacio de Bellas Artes); como se observa, se prefiere denominarlo en francés pese a la que la lengua de Austria es el alemán.

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Desde 1994 alberga las embajadas de Lituania y Moldavia. Fue construido entre 1908 y 1909, por Anton Drexler (1858-1940) y Josef Drexler (1850-1922).

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Diseñado originalmente para ser un centro de la moda parisina, combina de manera original elementos del historicismo tardío con motivos art nouveau. En la esquina posee una torre coronada por una cúpula de tres niveles, flanqueada por un globo que sostiene personajes femeninos.

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Para más información puede visitar: http://www.palaisdesbeauxarts.at

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CRÉDITOS MULTIMEDIA

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ESCULTURA URBANA: CUERPOS COLGANTES (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE ARTE URBANO

Podemos definir el arte urbano como toda aquella manifestación con sentido estético realizada en lugares públicos. Se diferencia del arte a secas, por su exposición: las obras no quedan restringidas a museos o colecciones privadas; son visibles a todos.

La expresión más común de este arte callejero han sido los graffitis, inscripciones en aerosol que a veces se acompañan de imágenes, utilizadas como expresiones de protesta.

Considerados una extensión de los graffitis, están los murales urbanos, coloridas imágenes sobre paredes de casas y edificios, que trascienden el hecho estético para convertirse en mensajes para la comunidad. Su creatividad y/o belleza capturan la atención del transeúnte y sirven de vehículo para ideas y emociones.

Dentro del arte urbano existe una vertiente menos explorada, pero a la vez más peculiar. Aunque no sabemos si existe un nombre genérico para llamarla, es la creación y colocación de figuras o esculturas en vía pública, colgando o flotando en el aire. Nosotros las llamamos figuras colgantes o figuras flotantes, pues suelen ubicarse en espacios elevados. Presentamos aquí algunos ejemplos centrados en las figuras humanas y una en figuras animales:

 EL HOMBRE COLGADO DE PRAGA

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Muchos dicen que gracias al escultor checo David Černý, Sigmund Freud sobrevive en Praga… pero en difíciles condiciones pues cuelga en el aire apenas sostenido por la mano derecha aferrada a una barra.

Se cree que esta pesada escultura de bronce oscuro llamada Viselec en idioma checo, Hombre colgado en castellano y Hanging out en inglés, reproduce al padre del psicoanálisis en tamaño real. Aducen que es una suerte de reivindicación nacional al famoso siquiatra, debido a que nació Příbor (en alemán, Freiberg in Mähren) en la región de Moravia, en el extremo oeste de República Checa. Freud tenía nacionalidad austriaca pues cuando nace, en 1856, la región se encontraba bajo el Imperio Austro Húngaro.

La estatua pende de una barra colocada en uno de los techos de la calle Husova, en el corazón medieval de la ciudad. Fue presentada en 1996 y expuesta en diversos países. Representa a un hombre mayor, calvo, de frente arrugada, con anteojos y barba en candado, que luce un traje de tres piezas sin corbata. Mira hacia abajo y a la izquierda con cierta tristeza, nostalgia o desdén. Se sostiene de la barra con la mano derecha sin revelar ningún esfuerzo, idea que se refuerza por la mano izquierda hundida en el bolsillo.

Tiene un aire al Freud que conocemos a través de la fotografías. Los que aseguran que se trata de él, afirman que la obra se enfoca en la sagrada decisión que tiene cada ser humano de seguir adelante o sucumbir.

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Pero, ¿representa realmente a Sigmund Freud? Jesús Mª Montero Barrado presenta en su blog otro escenario posible: “David Černý se ha hecho famoso por un arte atrevido, controvertido y provocador, con algunos actos y esculturas llenas de un fuerte contenido anticomunista. No en vano en 2009 llegó a decir que ‘un buen comunista es un comunista muerto’”. Más adelante dice “También están quienes dicen que se trata de Vladimir Illich Lenin, cuyo cuerpo pendido en el aire y agarrado con una mano a una viga simbolizaría la caída del comunismo. Precisamente allá por 1968, fue el inicio de la invasión de la antigua Checoslovaquia país por las tropas del Pacto de Varsovia. Dos décadas pasaron desde entonces hasta 1989, en que fueron cayendo como fichas de un dominó los regímenes socialistas  / comunistas de los países del centro y este europeo. Y un cuarto de siglo ha pasado desde esa caída hasta hoy”[1]. Digamos que, mientras no se defina el autor, tiene un final abierto. Quizás es simplemente un hombre que no representa a ninguno de los dos.

EL HOMBRE DE BRAZOS ABIERTOS DE MÜNICH

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En la Kaufinger strasse (en alemán Kaufingerstraße), principal calle de Münich, nos sorprende en lo alto la imagen de un hombre con los brazos extendidos, cuyos zapatos se apoyan sobre una barra de acero color tinto. Es de mediana edad, viste camisa blanca con mangas largas, cinturón y pantalón oscuros. Tiene el cabello corto; su piel es oscura pero los rasgos netamente occidentales. Es un hombre común. No hace equilibrio sobre la barra, sino que luce confiado, como si estuviera abierto a todos. Los brazos extendidos se completan en dos grandes manos, quizás de mayor tamaño que la cabeza.

“Hombre con los brazos abiertos” (en alemán “Mann mit ausgebreiteten Armen”) es una obra del artista Stephan Balkenhol, artista alemán especializado en esculturas en madera, cuyo especial interés radica en la figura humana en su contexto. Ha creado varias esculturas de hombres con camisas blancas que se pueden observar en Hamburgo, Mainz y Hannover, a veces combinadas con animales, como la jirafa y el ciervo[2].  Sus obras forman parte del patrimonio de grandes museos en todo el mundo.

Esta escultura urbana admite múltiples interpretaciones. Cada uno tiene la suya. Si tuviera que arriesgar la que prefiero, diría que es un espejo en el que nos vemos reflejados: un ser humano abierto a los demás, que confía en el otro, siempre dispuesto a dar, aun cuando se trate de un desconocido. En una ocasión le escuché decir a Yolanda King, hija el pastor bautista y Premio Nobel de la Paz Martin Luther King “Al Buen Samaritano no le importó que le podía pasar a él si ayudaba al prójimo, sino que le pasaría a su prójimo si él no lo ayudaba”.

EL DESHOLLINADOR DE VIENA

El Deshollinador u Hombre con escalera (Viena) DSC07506El deshollinador u hombre con escalera se encuentra en la calle Wipplingerstraße, en una zona chic de Viena. A pesar de una búsqueda reiterada, no he encontrado datos precisos para identificar al autor ni el motivo. La descubrí de casualidad, en una de esas caminatas donde es mejor perderse que seguir un guía.

La obra, que parece hecha en metal, se asemeja más a una figura de dos planos que a un cuerpo con volumen. Se ve a un hombre de perfil, en color gris plomizo y coronado con un gorro blanco, caminando sobre sobre una barra negra. Está enfundado en su uniforme y carga la escalera de trabajo con su mano derecha, en la cual, si no contamos mal, tiene cinco dedos sin contar el pulgar. Completando su equipamiento, en el hombro lleva arrollado en círculo su cepillo.

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Se lo ve feliz, sin preocupaciones, mirando hacia adelante con determinación y fe. Aunque he leído que sería un símbolo de la lotería, me parece que su esperanza no radica en el azar sino en su capacidad y esfuerzo.

MONOS EN BERLÍN

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Los monos llegaron a Berlín de la mano del extraordinario pintor, dibujante y escultor indio N S Harsha, mundialmente conocido por sus pinturas, dibujos y sus intervenciones en lugares públicos. El grupo escultórico Tamasha representa un grupo de monos que se encuentran trepando por la fachada de un viejo edificio ubicado en Auguststraße 10, en Berlin-Mitte, el distrito más importante de Berlín.

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“Tamasha” es un término común en hindi y coloquialmente significa espectáculo o celebración, pero también escándalo, tumulto o conmoción. El título hace alusión a los grandes saqueos que realizan estos primates llamados langures grises, paradójicamente sagrados para los indios. Tienen pelaje blanco y rostro gris oscuro, viven en grupos y mantienen, como los humanos, feroces luchas por el poder. La imagen supone que los pequeños simios se han apoderado del frente de la construcción.

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Un detalle de la obra que puede pasar inadvertido es que los langures grises no se mueven a través de lianas sino por sus propias y larguísimas colas, que forman una imbricada red que se estira, enrolla y enreda; es una obvia referencia a nuestra sociedad, con su compleja trama de relaciones e interdependencias.

EPÍLOGO

Desde luego, este artículo sigue abierto: es incompleto, pues sólo ofrece una muestra. También está inconcluso debido a que continuamente surgen nuevas esculturas urbanas. Invitamos a nuestros lectores a comentarlas y compartirlas.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS:

[1] http://marymeseta.blogspot.com/2014/08/el-hombre-colgado-de-praga.html

[2] http://muenchen.im-bild.org/fotos/skulpturen-plastiken/mann-mit-ausgebreiteten-armen


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GIUSEPPE ARCIMBOLDO: UN GENIO CON MARCA PROPIA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES MAESTROS DE LA PINTURA

La Gestalt (palabra que en alemán significa conjunto, configuración, totalidad o forma) es una escuela de psicología que interpreta las experiencias humanas como una totalidad y no como el resultado de cada uno de los sentidos. Postula que la conciencia integra nuestras percepciones de un momento determinado en una única estructura. Este enfoque holístico puede resumirse en la frase “el todo es más que la suma de las partes”. Unimos lo que nuestro oído, vista, tacto, gusto y olfato perciben, recreando dentro de nosotros esa realidad.

“Retrato con verduras” (1590) por Giuseppe Arcimboldo, Museo Cívico Ala Ponzone, Cremona

Pero esto vale también para cada uno de los sentidos. Pensemos sólo en el oído. Lo que sentimos al oír una sinfonía no es el producto de escuchar cada uno de los vientos y las cuerdas, sino la percepción de una totalidad construida con todos los instrumentos, que produce en nosotros un efecto muy superior a la suma de sus individualidades. Lo mismo puede decirse de una pintura, donde cada elemento -el cielo, el sol, el campo, las aves- crean la percepción que llamamos paisaje; es esa imagen unificada -no la de cada objeto- la que nos produce una emoción particular.

En los ejemplos mencionados, el todo se construye con elementos afines a él, que la mente automáticamente relaciona. El sonido de los instrumentos permite una música sinfónica; las representaciones de los elementos de la naturaleza componen un paisaje. Sin embargo, siglos antes que la Gestalt, Giuseppe Arcimboldo (1527-1593) entendió estos principios y los extendió más allá de sus límites, pues a diferencia de una orquesta o de una tradicional pintura campestre, obtuvo un resultado asombroso tomando elementos ajenos a lo que se proponía representar. Único y excepcionalmente creativo, Arcimboldo se hizo famoso por sus composiciones de rostros, constituidas con flores, frutas, plantas, animales u objetos. La integración de las partes daba un todo asombrosamente humano.

LA PRIMERA SORPRESA: EL RETRATO DE RODOLFO II EN LOS UFFIZI

La primera ocasión donde contemplé una obra de Arcimboldo fue el los Uffizi, el famoso museo de Florencia, uno de los más antiguos del mundo. No conocía nada de este gran pintor y la primera sensación que tuve es estar frente a una caricatura. Delante de mí estaba el “Retrato de Rodolfo II en traje de Vertumno”; con asombro noté que había sido creado con frutas y verduras.

“Retrato de Rodolfo II en traje de Vertumno” (1591)

CUATRO PINTURAS EN EL MUSEO DE HISTORIA DEL ARTE DE VIENA

Años después tuve la oportunidad de visitar el Kunsthistorisches Museum, el Museo de Historia del Arte de Viena, Austria. Admiré allí cuatro de sus obras, dos de las cuales pertenecen a la serie “Las cuatro estaciones”, donde cada rostro representa un periodo del año y, a la vez, una etapa de la vida del hombre.

“Verano” (1563)
Detalle de “Verano” (1563) donde se ve en el cuello la firma del autor y en el hombro derecho la fecha de la obra.
“Invierno” (1566)
“Fuego” (1566)
“Agua” (1566)

LAS CUATRO ESTACIONES EN UNA CABEZA

A fines de octubre de 2016 pude visitar la National Gallery de Washington D.C., Estados Unidos. Encontré allí otra de las originales creaciones de Arcimboldo. Su título en español sería “Las cuatro estaciones en una cabeza”[1]. Esta obra fue exhibida al público por primera vez en 2007.

“Las Cuatro Estaciones en Una Cabeza” (1590). Incluye la firma del autor en la rama a la derecha, justo donde se ha perdido la corteza.

Eligiendo una perspectiva tres cuartos, que se aparta de su habitual predilección por los perfiles, la cabeza parece un conjunto de tubérculos de los cuales se desprenden ramas, que han sido cortadas al ras. Las cuatro estaciones están representadas por cuatro frutas: manzanas, ciruelas, uvas y cerezas. La expresión de la cabeza es sombría y carece de cualquier signo de alegría. Quizás haya algo de autorretrato, pues, pintada en 1590, es una de las últimas obras del autor que se acercaba al final de su vida.

CUATRO POR CUATRO EN EL LOUVRE

En 2019 pude volver admirar en el Museo del Louvre otras cuatro obras suyas que había visto en mis visitas anteriores:  “El Invierno”, “El Verano”, “El Otoño” y “La Primavera”. Todas estas obras son más tardías que las originales, pues fueron pintadas en 1573. La mayor diferencia radica en el encuadramiento floral, ausente en las primeras.

“Verano” (1573)
“Otoño” (1573)
“Invierno” (1573)
“Primavera” (1573)

En todos los casos me ha asombrado el talento del artista para disponer magistralmente objetos sin vínculo alguno con la figura que ellos mismo crean. También me habla de la capacidad del cerebro de integrar elementos en una imagen totalmente ajenos a ellos.

ACERCA DE GIUSEPPE ARCIMBOLDO

Giuseppe Arcimboldo (1526 – 1593) fue un pintor milanés que perteneció a una generación posterior al Alto Renacimiento en la que habían brillado Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel y Rafael. La época que lo precedió había traído un regreso a las formas de la antigüedad, llamadas clásicas, que se asociaban con la perfección, y la imitación de la naturaleza.

Es considerado un pintor manierista. El manierismo corresponde a la última parte del Renacimiento o Bajo Renacimiento y se caracteriza por una exageración de las formas clásicas y sus movimientos, que por momentos llegan a ser extravagantes. Algunos consideran a “El juicio de Dios” de Miguel Ángel, ubicado en el frente interior de la Capilla Sixtina, como una de las primeras obras manieristas, y como ejemplo señalan los gestos del Cristo pantokrator[2] que domina la obra.

Autorretrato de Giuseppe Arcimboldo (anterior a 1593) en la Galería Nacional de Praga

Arcimboldo fue un genial creador que sirvió a varios emperadores europeos. No sólo pintó: diseñó vitrales y gobelinos; inventó juegos, torneos y celebraciones de primera categoría. Incluso se cuenta que “fue admirado por sus dotes científicas y técnicas. Propuso un método colorimétrico de transcripción musical, según el cual una melodía podría representarse por manchitas de color sobre un papel. Partía de las proporciones pitagóricas de tonos y mediotonos. Empleó los colores en la escala: el amarillo al blanco, el verde al amarillo, el azul al verde, pardonegro al azul etc.”[3].

En medio de sus labores dedicó tiempo al estudio de los grabados de Leonardo da Vinci, en particular a los que eran de tendencia caricaturesca, cuya impronta se haría notable en su producción posterior[4]. A ello hay que sumarle otro elemento innovador: el ilusionismo, ese extraordinario atributo que destacamos al principio por el cual logra representar un rostro con elementos completamente ajenos a él. No es exagerado afirmar que es cultor de un arte fantástico, no porque utilice ingredientes irreales y sobrenaturales, sino porque sus invenciones pictóricas producen un fenómeno que Dalí retomará en el siglo XX, la imaginación compartida: la del creador y la del observador.

© Pablo R. Bedrossian, 2014, 2019. Todos los derechos reservados, a excepción de los correspondientes a las fotografías que son de dominio público.


BONUS: ARCIMBOLDO Y DALÍ

Tal como Georg Cantor al crear la Teoría de los Conjuntos, Arcimboldo sabía que la clave para hacer que el todo sea más que la suma de las partes no radica tanto en los elementos de sus pinturas sino en las relaciones entre ellos. El efecto que logró ubicando cada elemento partiendo de su posición frente a otro le otorgó esa unidad única que siglos después lo distingue y genialmente lo diferencia.

Se dice que su obra inspiró “Cabeza paranoica”, el famoso cuadro de Salvador Dalí. Durante una exposición de obras del gran artista catalán en Buenos Aires, me ocurrió algo curioso. Cerca del final mucha gente se aglomeró delante de un cuadro. Me acerqué y observé la pintura: vi una serie de figuras sentadas y recostadas, que me parecían hombrecitos; detrás de ellos, algo así como una choza con forma de iglú, rodeada de árboles, todo bajo un cielo blanco y azul; resumiendo, una imagen que no tenía nada de especial. Entonces le pregunté al que estaba a mi lado:

–         ¿Por qué hay tanta gente? ¿Qué es lo que ven?

–          Gire la cabeza y observe de costado

“Cabeza Paranoica” por Salvador Dalí (1935)

Quedé impresionado.  Al virar noventa grados vi la cabeza paranoica. Un “efecto Arcimboldo”, donde elementos extraños a la representación son dispuestos por el artista de tal modo de mostrarla.

© Pablo R. Bedrossian, 2014, 2019. Todos los derechos reservados


REFERENCIAS

[1] En inglés un pequeño cartel indicaba “Four seasons in one head”

[2] Pantokrator: Señor de todo, un Cristo que viene a juzgar a los hombres

[3] http://www.slideshare.net/kasafia/presentacion-arcimboldo

[4] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/arcimboldo.htm