BOTHRIECHIS SCHLEGELII: EL TAMAGÁS DE PESTAÑA O BOCARACÁ Y CÓMO MATAN LAS VÍBORAS DE FOSETA (Por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Conocida como víbora de pestaña, tamagás de pestaña, pestañuda, o bocaracá[1], la Bothriechis schlegelii es una pequeña serpiente venenosa de extraordinaria belleza, pues puede presentar distintos colores, que van de la combinación de verde oliva con manchas rojas o café al amarillo[2]. A pesar de los diferentes patrones cromáticos, aún no se han identificado subespecies. Jay M Savage escribe en 2002 que no hay ejemplos conocidos de tonalidades intermedias, lo que sugiere que los ejemplares amarillos, conocidos como oropel o yema de huevo, se reproducen solo entre ellos[3]. Sin embargo, tras la publicación del artículo un lector observó que de una misma camada pueden nacer oropel, nominales, christmas y rarezas como las rosas o las fire”, variaciones dentro de la misma especie.

Bothriechis schlegelii, patrón amarillo. Foto de un ejemplar en cautiverio tomada en La Paz Waterfalls, Alajuela, Costa Rica

Se distinguen por las escamas sobre los ojos que, por su aspecto, se asemejan a pequeños cuernos o pestañas; por esa razón se la llama también crótalo cornudo de Schlegel, homenajeando a la vez al herpetólogo y ornitólogo alemán Hermann Schlegel (1804-1884). El nombre común de esta especie en inglés es Eyelash Viper (en español, víbora de pestaña). Köhler las describe con “agrandadas y elevadas escamas en los párpados, con forma de púas”[4], y McCranie como “escamas superciliares pequeñas, parecidas a espinas, presentes entre el ojo y las escamas supraoculares”[5].  Esta peculiaridad le ha provisto el nombre serpiente de pestaña o pestañuda.

Las hembras son más grandes, alcanzando unos 80 cm., aunque se han documentado excepcionalmente ejemplares de más de 90 cm. La cabeza de distingue claramente del cuello y la cola es prensil. Es arbórea y de hábitos nocturnos. Durante el día se enrolla y duerme. Se alimenta habitualmente de vertebrados: ranas, lagartijas, pequeños roedores, murciélagos y pájaros. No pone huevos: la hembra pare de 12 a 20 juveniles por vez. Es agresiva si se la ataca. Aunque su veneno se considera menos potente que el de la Bothrops asper (el barba amarilla o terciopelo), puede matar al ser humano[6].

Habita desde el norte de Chiapas, en el sur de México, hasta el norte de Sudamérica (incluso se ha encontrado un ejemplar en el extremo noroccidental de Perú[7]). En Centroamérica se la encuentra en bosques húmedos, nubosos y lluviosos hasta una altura de 1400 metros sobre el nivel del mar. En Sudamérica puede hallarse aún a mayor altura[8].

QUÉ SON LAS VÍBORAS DE FOSETAS Y CÓMO MATAN

La Bothriechis schlegelii pertenece a la familia Viperidae (a cuyos miembros se los llama vipéridos), y dentro de ella a la subfamilia Crotalinae, la de los crótalos o víboras de foseta. La palabra foseta deriva de la palabra foso y hace referencia a un orificio característico ubicado a cada lado de la cabeza, entre el ojo y el orificio nasal, siempre por debajo de la línea imaginaria que los une. Las fosetas son órganos con funciones termorreceptoras altamente sensibles que sirven para detectar presas de sangre caliente.

Las víboras atacan a sus víctimas en forma repentina, realizando dos acciones simultáneas: las muerden y les inoculan el veneno a través de sus colmillos. Esto se debe a su dentición solenoglifa: posee colmillos huecos plegables en la parte anterior de la boca. Los huecos en los colmillos tienen forma de cánulas (como caños diminutos), por eso se dice que son acanalados[9].

Salvo que sus víctimas sean pequeñas, luego de atacarlas las sueltan[10]. Las presas caen o mueren en las cercanías en un tiempo corto, debido a que el veneno que fluye por los colmillos produce en forma inmediata una gran destrucción de tejidos (necrosis) con dolor muy intenso en la zona de la mordida. Para hallar sus presas, las víboras vuelven a utilizar sus fosetas que, como brújulas, siguen el rastro de la temperatura corporal. Si las víctimas sobreviven, mueren pocas horas después por sangrado, debido a la hemotoxicidad que el veneno produce a nivel sistémico. La muerte solo puede evitarse mediante el uso de suero antiofídico aplicado en forma intravenosa antes de las cuatro horas de ocurrida la mordida.

En Centroamérica todas las víboras -incluyendo la Bothrops asper, conocida como barba amarilla o terciopelo[11], y las cascabel– pertenecen a la subfamilia Crotalinae. Nótese que las corales (género Micrurus), aunque venenosas no son verdaderas víboras pues pertenecen a la familia Elapidae[12]; no matan por sangrado, sino que debido a su neurotoxicidad producen parálisis respiratoria.

A excepción de la matabuey o matacaballo (Lachesis muta), que es ovípara, todos los vipéridos son vivíparos (paren a sus crías completamente desarrolladas)[13].

PRECAUCIONES

Debido a que reposan durante el día sobre árboles y que los ejemplares con base verde oliva se camuflan perfectamente entre las hojas, conviene evitar apoyarse sobre troncos y ramas en lugares donde esta especie ha sido vista. Por sus hábitos arbóreos, las zonas de mayor riesgo de mordedura son manos, brazos, cuello y cabeza, aunque no existen registros estadísticos formales[14].

NOMBRES POPULARES DE LA BOTHRIECHIS SCHLEGELII

Algunos nombres populares que recibe: víbora de pestaña, tamagás de pestaña, pestañuda, bocaracá, toboba de pestaña, cantil de pestañas, chajbolay, víbora del árbol, carretilla, colgado, cucupal. Nombres exclusivos para color amarillo: oropel, yema de huevo, víbora amarilla.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] En Costa Rica según el Dr. Jay M. Savage, se suele llamar oropel a las color amarillo y bocaracá al resto.

[2] En Honduras el patrón amarillo es poco común, no así, por ejemplo, en Costa Rica

[3] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.725

[4] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.295

[5] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.487

[6] Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”, Heliconia Ideas y Publicaciones, Honduras, 2012, p.26

[7] McCranie, James R., Op. cit., p.491

[8] Köhler, Gunther, Op. cit., p.296

[9] Marineros, Leonel, Op. cit., p.32

[10] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.31

[11] Ver nuestro artículo “Bothrops asper (barba amarilla), la serpiente más temida de Centroamérica, https://pablobedrossian.com/2015/07/02/bothrops-asper-barba-amarilla-la-serpiente-mas-temida-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/, 2015

[12] Ver nuestro artículo “Micrurus nigrocinctus, la coral más famosa de Centroamérica”,  https://pablobedrossian.com/2016/12/16/micrurus-nigrocinctus-la-coral-mas-comun-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/, 2016

[13] Köhler, Gunther, Op. cit., p.291

[14] Dugas, Raymond; Vásquez Almazan, Carlos Roberto; Avendaño, Chaquín; Marroquín, Marta Lidia, “Manual para la identificación, prevención y tratamiento de mordeduras de serpientes venenosas en Centro América, Volumen I: Guatemala”, Organización Panamericana de la Salud, p.36


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DRYMOBIUS MARGARITIFERUS, PETATILLO O FALSO TAMAGÁS VERDE (por Pablo R, Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

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La Drymobius margitiferus es una de las serpientes más bellas de Centroamérica. Además, según Jay M. Savage es la serpiente más común de ver en Costa Rica[1]. También es una de las más frecuentes donde vivimos, que es a la vez nuestro campo de estudio: en más de nueve años de investigación en Campisa, en el noroeste de San Pedro Sula, Honduras, hemos observado 13 ejemplares, 7 vivos y 6 muertos.

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Pertenece a la familia Colubridae. Es una serpiente cuyas escamas dorsales, claramente visibles, lucen un verde amarillento brillante sobre un fondo reticulado romboidal más oscuro. Köhler, más exhaustivo en su descripción, dice que hay “sobre cada escama dorsal una mancha amarilla o verdeamarilla, de manera que la parte superior da la impresión de estar finamente moteada”[2]. De esta trama refulgente de su piel proviene el nombre de la especie, pues la palabra griega µαργαριτάρι, que se lee margaritari, significa perla.

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Alcanza hasta 1,34 m de largo[3]. La cabeza, que se distingue del cuello, posee grandes escamas que toman un color marrón o café claro, más nítido en la parte superior del hocico, mientras que las de la parte inferior son de color blancuzco o amarillo pálido. Tiene ojos oscuros, pupilas redondas y lengua bífida rosada.

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En cuanto a la dentición es aglifa: “presenta de 22 a 34 dientes maxilares, los posteriores considerablemente más grandes que los anteriores; los dientes mandibulares son desiguales”[4]. Su cola es larga. Leonel Marineros se apoya en Mendelson para decir que “pueden recurrir a la autonomía, es decir, pueden sufrir amputación en el extremo de la cola, pero ésta no se regenera”[5] ”. El hemipene es sencillo, no bifurcado.

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Totalmente inofensiva, habita desde el sur de Texas, Estados Unidos hasta Colombia, en diferentes tipos de bosques, en alturas que van desde el nivel del mar a los 1450 m. Es de hábitos diurnos y se alimenta básicamente de ranas. Leonel Marineros, citando a Álvarez del Toro, dice que a estos anfibios los “devora vigorosamente, tragando viva a la víctima”[6]. También se alimenta de lagartijas, huevos de reptiles y pequeños roedores. Se la suele encontrar en el suelo, cerca de pantanos, estanques, arroyos o río. Es ovípara y se ha documentado que colocan de 4 a 8 huevos por vez[7], cuyas crías nacen luego de 64 a 68 días[8]. Podemos decir que los expertos coinciden -con leves diferencias- que las hembras depositan los huevos entre abril y octubre.

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Köhler describe tres subespecies para Centroamérica [9]:

  • Drymobius margaritiferus margaritiferus, localizada desde Texas, Estados Unidos, a lo largo de la costa del Caribe hasta Sudamérica.
  • Drymobius margaritiferus maydis, propia de la Isla del Maíz Grande, en el Caribe, al sur de Nicaragua.
  • Drymobius margaritiferus occidentalis, ubicada desde Chiapas, México, a lo largo de la costa del Pacífico hasta El Salvador.
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Hemos encontrado que se le asignan los siguientes nombres populares: falso tamagás verde, petatilla, petatillo, culebra corredora de petatillos, citalcuate, chaquirilla, corredora pintada, margarita, ranera común; en inglés: Speckled racer.

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Tal como lo indica uno de sus nombres populares, hay quienes la confunden con el tamagás verde, denominación que engloba especies venenosas diversas tales como Bothriechis marchi y Bothriechis bicolor, muy diferentes a la Drymobius margitiferus, pero del mismo color.

Compartimos videos que hemos tomado de Drymobius margitiferus:

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REFERENCIAS

[1] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.660.

[2] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.209

[3] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.76

[4] Muñoz Chacón, Federico, en

http://www.crbio.cr:8080/neoportal-web/species/Drymobius%20margaritiferus. Última actualización 4/4/2011

[5] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.67

[6] Marineros, Leonel, Op.cit., p.32

[7] McCranie, James R., Op. cit., p.125

[8] Köhler, Gunther, Op. cit. p.208

[9] Köhler, Gunther, Op. cit. p.209


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BIBLIOGRAFÍA

Bedrossian, Pablo “Serpientes de Residencial Campisa”, Edición de autor, San Pedro Sula, Honduras, 2012

Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000

McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011

Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002

MICRURUS NIGROCINCTUS, LA CORAL MÁS FAMOSA DE CENTROAMÉRICA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

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Las corales, agrupadas bajo el género Micrurus, se destacan a simple vista por su vivo color rojo con anillos que entremezclan el negro y el blanco o el amarillo o el naranja. Pertenecen a la familia Elapidae y se encuentran entre las serpientes más temidas, debido a su veneno neurotóxico que produce una parálisis respiratoria y la consiguiente muerte por asfixia.

En Centroamérica existen 16 especies de colores llamativos, pero la más frecuente de observar es la Micrurus nigrocinctus. Visualmente se la reconoce con facilidad cuando su patrón de anillos sigue la secuencia RANA RANA: rojo, amarillo, negro, amarillo, rojo, amarillo, negro, amarillo.

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Sin embargo, a veces el amarillo es reemplazado por el blanco o naranja, o sólo presenta sólo dos colores, rojo y negro, tal como hemos hallado en la mayoría de los ejemplares que hemos documentado aquí en Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras.

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Pese a su mala fama, las mordeduras de esta coral son poco comunes. Me comentaba el Dr. Víctor Hernández, especialista en mordeduras de serpientes del Hospital Mario Catarino Rivas, que para él son una rareza. Ocurre que esta serpiente, cuyas hembras llegan a unos 115 cm y los machos a un máximo de 75 cm en estado adulto[1], es “rastrera”, lo que significa que se mueve al ras del piso y rara vez salta. Además, es de hábitos terrestres, no es agresiva y tiene una boca pequeña, por lo que, cuando muerde, lo hace del talón hacia abajo. Como los síntomas de neurotoxicidad no se advierten de inmediato y una vez producidos son muy difíciles de revertir, en caso de evidencia o sospecha de mordedura de coral se debe aplicar suero anticoral antes de 4 horas de producida la mordedura, aunque la persona no presente trastornos clínicos.

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A diferencia de otras serpientes venenosas, su cabeza no es triangular; apenas se insinúa un cuello. Generalmente el primer anillo negro cubre el hocico hasta los ojos y no hay foseta loreal[2]. Ese primer anillo negro es seguido por otro amarillo o blancuzco, o  incluso rojizo en el caso de Micrurus nigrocinctus de dos colores, seguido de otro anillo negro.

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En estos dos ejemplares se observan las diferencias en el segundo anillo: a la izquierda es amarillo y en el de la derecha es rojo

Sus colmillos ubicados en la porción anterior de la boca son pequeños y fijos, no eréctiles, diferenciándose de otras serpientes venenosas.

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En este ejemplar muerto y reseco se pueden observar los colmillos no eréctiles ubicados en la parte anterior de la mandíbula superior

Las pupilas, difíciles de ver a simple vista por el pequeño tamaño de sus ojos, son semielípticas; su lengua tiene color negro. El cuerpo es cilíndrico y está cubierto por escamas lisas. Se dice que tiene entre 10 y 24 series de anillos, pero se han observado casos de hasta 29 anillos[3]. En la docena de ejemplares que hemos documentado fotográficamente, el número más frecuente y, a la vez máximo, es de 24 anillos. La cola es corta; en los machos es del 13 a 17% de la longitud total y en las hembras del 8 a 13% de la longitud total.[4]

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Es ovípara; coloca de 1 a 14 huevos. Kohler, citando a Roze, dice que las culebritas nacen luego de 70 a 80 días[5]. Se sostiene que es de hábitos crepuscular y nocturno, pero McCranie afirma que es tanto de hábitos diurnos como nocturnos[6].

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Se alimenta de otras serpientes pequeñas, lagartijas, anfibios e invertebrados. Nuestro amigo Leonel Marineros escribe que Hobart y Grant encontraron un especimen en cuyo estómago se hallaba una coral casi de su mismo tamaño, y que en el Instituto Clodomiro Picado, el famoso centro de Costa Rica dedicado a la investigación y producción de sueros antiofídicos, alimentan las Micrurus nigrocinctus con ejemplares de Ninia sebae[7].

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En cuanto a su distribución, se encuentra desde el sudeste de Oaxaca, en el sur de México hasta la vertiente atlántica de Colombia. Habita en zonas boscosas bajas y elevaciones hasta 1,300 m (en Honduras hasta 1,600 m)[8] y también en zona de cultivos (bananeras, cafetales y palma africana)[9].

Aquí puede observar un video que tomamos en febrero de 2013

FALSOS CORALES

Algunos creen ver corales cuando observan otras especies de colores rojos. En la zona donde vivimos, la principal confusión se da con Lampropeltis triangulum, muy parecida a Micrurus nigrocinctus, pero con un patrón de anillos RNAN RNAN: rojo, negro, amarillo, negro, rojo, negro, amarillo negro.

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Lampropeltis triangulum

Aquí se puede observar un video de este mismo ejemplar de Lampropeltis triangulum (falso coral):

Hay casos que en lugar del amarillo se presenta el blanco, causando la misma confusión.

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Otra variante de Lampropeltis triangulum

Aquí se puede observar otro video, que corresponde a este segundo ejemplar de Lampropeltis triangulum (falso coral):

Finalmente hemos conocido a personas que confunden la pequeña e inofensiva Ninia sebae, conocida popularmente como coralillo por sus colores rojo y negro, con una coral de dos colores.

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Ninia sebae

Entre otros falsos corales se incluyen  las especies Pliocercus elapoides y Erythrolamprus minus.

Dice McCranie: “Además de los colmillos no eréctiles en la porción anterior de la boca, M. nigrocinctus se puede distinguir de todas las serpientes colúbricas anilladas hondureñas, excepto Dipsas bicolor, por tener escamas dorsales lisas en 15 filas en todo el cuerpo y sólo dos escamas entre el ojo y la fosa nasal”[10].

OTROS NOMBRES POPULARES

En Honduras: silviara, limlim (en misquito)[11], coral fino, coral del legítimo, bil-ala (tawhaka; en esa lengua indígena significa culebra collar)[12].

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.710

[2] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.135

[3] Savage, Jay M., Op. cit., p.710

[4] Savage, Jay M., Op. cit., p.710

[5] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.281

[6] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.465

[7] Marineros, Leonel, Op. cit., p.135

[8] McCranie, James R., Op. cit. p.461

[9] Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”, Heliconia Ideas y Publicaciones, Honduras, 2012, p.17

[10] McCranie, James R. Op. cit., p.464

[11] Marineros, Leonel, Op. cit., p.135

[12] Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, Op. cit. p.17


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Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

Bedrossian, Pablo “Serpientes de Residencial Campisa”, Edición de autor, San Pedro Sula, Honduras, 2012

Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000

Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”, Heliconia Ideas y Publicaciones, Honduras, 2012

McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011

Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002

 

FOTOGRAFÍAS Y VIDEOS:

Todas las fotos y videos fueron tomadas por el autor de esta nota y a él le pertenecen todos los derechos, a excepción de la segunda foto, tomada por mi amigo y vecino Israel García también aquí en Campisa, que he utilizado también como foto destacada.

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BOTHROPS ASPER (BARBA AMARILLA), LA SERPIENTE MÁS TEMIDA DE CENTROAMÉRICA (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

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Su mordida es temible pues afecta de un doble modo: a nivel local y en forma inmediata produce una gran necrosis, edema, sangrado local y dolor muy intenso. Posteriormente, a nivel sistémico, sus toxinas alteran la coagulación llevando a un sangrado generalizado que puede llevar a la muerte si no se aplica el suero antes de las cuatro horas de producida la lesión.

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Esto se debe a su dentición solenoglifa: posee colmillos venenosos plegables en la parte anterior de la boca[3]. Estos colmillos son acanalados y a través de ellos pasa su veneno altamente destructivo durante la mordida.

Vista de los colmillos plegados
Vista de los colmillos plegados
Vista de los colmillos desplegados
Vista de los colmillos desplegados

La Botrops asper es conocida en algunos países de Centroamérica como devanador, clavo amarillo, rabo amarillo, yagualán, zucat o barba, y entre los miskitos, en la zona oriental de la costa norte hondureña, como lal pauni. Se la identifica fácilmente por sus manchas triangulares a los costados del cuerpo, que otros describen en forma de A.

Manchas triangulares de la Bothrops asper, que otros describen en forma de A
Manchas triangulares de la Bothrops asper, que otros describen en forma de A

Otro rasgo distintivo es la raya color café o marrón  oscuro que va del ojo a la mandíbula.

En la foto se observa claramente la raya café o marrón que parte del ojo cuya pupila que es elíptica
En la foto se observa claramente la raya café o marrón que parte del ojo cuya pupila que es elíptica

Presentamos aquí un breve video donde explicamos sus características distintivas que facilitan su identificación.

El color de su piel aterciopelada es negruzco, grisáceo o café; a veces es negruzco o grisáceo pero con triángulos café.

Vista cenital del dibujo sobre la piel de una cría
Vista cenital del dibujo sobre la piel de una cría

Su tonalidad le permite camuflarse perfectamente entre la hojarasca. Nuestro amigo, el biólogo Leonel Marineros, cuenta “hemos tenido un ejemplar a escaso un metro y con mucha dificultad la hemos logrado distinguir después de varios minutos de búsqueda”[4].

Es una serpiente terrestre que puede camuflarse fácilmente en la hojarasca
Es una serpiente terrestre que puede camuflarse fácilmente en la hojarasca

Es una de las víboras más grandes de la región centroamericana (sólo superada por las del género Lachesis, las famosas matabueyes), llegando a alcanzar 2,50 metros de largo. La hembras, que en promedio alcanzan 1,85 metros, suelen ser de mayor tamaño que los machos. El ejemplar más grande que observamos se encontraba en cautiverio, en el serpentario del Pico Bonito Lodge. Nosotros el más largo que encontramos medía aproximadamente 1,50 metros. Un caso especial es mencionado por nuestro amigo James Randy McCranie, en “The snakes of Honduras”. Cuenta de una Bothrops asper hembra en estado de gravidez que fue matada en territorio miskito, en el departamento de Gracias a Dios, Honduras. Él tomó la cabeza con su mano y la elevó lo más alto que pudo; a pesar de su esfuerzo la cola aún tocaba el suelo, por lo que estima que el ejemplar medía por lo menos tres metros.

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Vista parcial del ejemplar más grande que hemos hallado en estado natural

El barba amarilla es de hábitos nocturnos y terrestres aunque se han observado juveniles en ramas de árboles. A diferencia de la mayoría de las serpientes no ponen huevos; son vivíparas, dando a luz en promedio en cada parto de 20 a 50 crías. Cada vez que nosotros hemos encontrado una cría, uno o dos días después hallamos otra, y no siempre de mismo color.

Conocida popularmente como barba amarilla en Centroamérica, terciopelo en México y Fer-de-lance en países de habla inglesa, la Bothrops asper es considerada la serpiente venenosa más frecuente y peligrosa de esta región[1]. Es la responsable de la mayor cantidad de accidentes y de muertes ofídicas de la historia de Honduras y de Centroamérica[2]. Pertenece a la familia Viperidae. Su “prima” en el sudeste sudamericano es la célebre yarará, cuyo nombre científico es Bothrops alternatus.

Si te interesa saber más sobre esta serpiente, te invitamos a leer nuestro artículo BOTHROPS ASPER – BARBA AMARILLA, FER-DE-LANCE O TERCIOPELO: RESCATANDO UN EJEMPLAR, haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2020/01/29/bothrops-asper-barba-amarilla-fer-de-lance-o-terciopelo-rescatando-un-ejemplar-por-pablo-r-bedrossian/

Un hecho llamativo es que en noviembre de 2011 encontramos dos crías, una viva y una muerta con un día de diferencia. La primera murió al día siguiente. Aprovechamos para fotografiarlas juntas mostrando la diferencia de color y textura (una más aterciopelada, la segunda más rugosa). Sin embargo, quizás tal como ocurre con otras especies de vipéridos como la Bothriechis schlegelii (conocida en algunos países como bocaracá), pueden provenir de la misma madre.

Dos crías encontradas con un día de diferencia. Se observan colores y texturas diferentes.
Dos crías encontradas con un día de diferencia. Se observan colores y texturas diferentes.

Miden al nacer unos 30 cm y no todas sobreviven. Se sostiene que el veneno de las crías es más concentrado y, por lo tanto, más letal.

Una de las crías que hemos encontrado en Campisa
Una de las crías que hemos encontrado en Campisa

Habitan bosques secos, húmedos y lluviosos que van desde el nivel del mar hasta los 1,300 metros de altura, desde México hasta Venezuela y Ecuador. También se encuentra “en la maleza secundaria, en las cercanías de los poblados urbanos, de preferencia cerca de los cursos de agua[5]”. Se alimentan de lagartijas, ranas, roedores, otros pequeños mamíferos y otras culebras,. En 2007, un pastor, que cuidaba ganado en una zona que forma parte de nuestro campo de estudio, nos comentó que encontró muerta una de sus vacas “en un charco de sangre” y creía que la causa de muerte fue la mordida de un barba amarilla.

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Paseando de noche

Durante nuestra investigación que lleva ocho años registrando fotográficamente serpientes en Campisa, una zona ubicada en el noroeste de San Pedro Sula, Honduras, hemos observado 10 ejemplares, 5 vivos y 5 muertos. Además contamos con 4 registros adicionales de ejemplares debidamente documentados por vecinos. Si bien la mayoría de los ejemplares observados fueron crías, los ejemplares adultos y juveniles observados no fueron agresivos, aunque eran de rápido movimiento, siempre huyendo de las personas.

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Vista frontal de un ejemplar adulto

 EN MOVIMIENTO: VEA LA GALERÍA DE VIDEOS

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, p.299, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

[2] Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”, p.28, Heliconia Ideas y Publicaciones, Honduras, 2012

[3] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, p.32, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000

[4] Marineros, Leonel, Op.cit. p.149

[5] Köhler, Gunther, Op.cit. p.299

[6] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, p. 501, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011


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BIBLIOGRAFÍA

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McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011

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