LUGARES IMPERDIBLES DE PARÍS – Parte 1 (por Pablo R. Bedrossian)

París es una ciudad demasiado bella para ser cierta… Es como un sueño: Creemos visitarla pero, en realidad, es ella quien nos visita, envolviéndonos en una atmósfera única. Te invito a recorrer algunos de sus mágicos lugares.

1. CHAILLOT

Comenzamos nuestra visita por uno de los barrios más refinados de París. Su corazón es el Palacio Chaillot. Desde su amplia terraza, adornada por bellas esculturas de bronce, se observan los jardines del Trocadero y espectaculares vistas de la Torre Eiffel. En la imagen, la primera escultura dorada es La Jeunesse, de Alexandre Descatoire, la segunda es Flore, de Marcel Gimond; la tercera Le Matin, de Pryas (seundónimo Jean Paris).

Escultura de Apolo ; bronce del artista Henri Bouchard delante del Musée National des Monuments Français , en la terraza del Palais de Chaillot.

2. TERRAZA DE CATEDRAL DE NOTRE DAME

Cuando realizamos la primera publicación de esta nota Notre Dame estaba intacta. Casualmente, cuando ocurrió el trágico incendio nos encontrábamos nuevamente en París; apenas tres días antes habíamos regresado a la Catedral y recorrido nuevamente sus terrazas (nuestra nota sobre el siniestro que arrasó con amplias secciones de la iglesia puede leerse en https://pablobedrossian.com/2019/05/08/notre-dame-tres-dias-antes-del-incendio-por-pablo-r-bedrossian/). Aunque hoy es imposible acceder a este maravilloso lugar, las famosas quimeras o gárgolas pueden admirarse desde abajo.

Ubicada en la Isla de la Ciudad (en francés L’Île de la Cité), en el centro del río Sena que atraviesa París, la Catedral de Notre Dame es una de las joyas góticas que han sobrevivido a los siglos, a las revoluciones y a las guerras. Su construcción se inició en el año 1163 y finalizó casi dos siglos después, en 1345.

A lo largo del tiempo, sufrió algunas modificaciones sin perder su esencia original. Quizás el agregado más importante fueron las gárgolas (en francés gargoyles) de su azotea.

Las gárgolas son seres monstruosos imaginarios asociados a la concepción medieval del infierno, caracterizado como un lugar de horrendos tormentos. Sin embargo, su uso en la arquitectura tenía otros significados: decorar los desagües, expulsando agua por la boca, y, siguiendo una tradición popular, ahuyentar los malos espíritus. Agregadas a mediados del siglo XIX por Eugène Viollet-le-Duc, las espectaculares figuras de piedra de la terraza de Notre Dame, no son específicamente gárgolas, sino quimeras (en francés chimères), pues su función es exclusivamente estética. De todos modos, alguien dijo que perseguían un doble propósito: proteger el edificio y asustar a los pecadores.

Para llegar hasta la Galería de las Gárgolas (en francés, Galerie des Chimères) se debe ingresar desde uno de los costados de la catedral. Tras un largo ascenso por una estrecha escalera entramos al estrecho pasillo al aire libre que une las dos torres (cuya altura es de 69 metros). Desde allí se pueden observar estas grotescas pero veneradas tallas de color gris, algunas de dimensiones humanas. En total conforman un bestiario de 54 piezas, todas relacionadas entre sí. Además, desde allí se obtienen maravillosas vistas panorámicas de París.

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3. EL PUENTE ALEJANDRO III

El puente Alejandro III (en francés Le Pont Alexandre III) es un puente que cruza el río Sena. Fue inaugurado en el año 1900 y recibe el nombre del zar ruso (1845-1994) a quien fue dedicado. De paso, en 1887 este monarca sobrevivió a un atentado, tras el cual hizo fusilar a los presuntos conspiradores, entre quienes se encontraba Aleksandr Ulyánov, el hermano mayor de quien conocemos como Vladimir Lenin, líder de la Revolución Rusa de 1917.

Fue construido para la Exposición Universal de 1900, dando acceso desde la explanada de Les Invalides a los dos extraordinarios edificios conocidos como Le Grand Palais y Le Petit Palais. Diseñado por los arquitectos fueron Joseph Marie Cassien-Bernard y Gaston Cousin y bajo la dirección de los ingenieros Amédée Alby y Jean Résal, fue una de las primeras estructuras metálicas prefabricadas en el mundo, pues sus partes fueron fundidas y forjadas en las famosas acerías de Le Creusot, en la Borgogne francesa, transportadas hasta París e instalada por una inmensa grúa.

Su estilo Beaux Arts es fácilmente reconocible. Su generosa ornamentación cumple funciones de sobrepeso. Tiene un largo de 160 metros y un ancho de 40 metros; posee un solo arco de 6 metros de alto y 109 metros de longitud. Se destacan las lámparas montadas sobre candelabros de bronce oscuro, sus ninfas y sus cuatro columnas, de 17 metros de altura, coronadas cada una con Pegasos, mitológicos caballos alados, de bronce dorado.

4. LA ÓPERA

La Ópera de París (L’Opéra) se ubica en un bellísimo edificio, conocido como Palacio Garnier (en francés, Palais Garnier), en honor al arquitecto que lo diseñó, Charles Garnier. Una plaza y una explanada permiten admirar toda su belleza. Bajo la dirección del Barón Haussmann, buena parte de la ciudad medieval fue destruida a mediados del siglo XIX para dar a luz a la París moderna.

Así surgieron, entre otras obras, las amplias avenidas que surgen del Arco del Triunfo y este maravilloso edificio neobarroco, inaugurado en 1875. Muy cerca está el Boulevard des Capucines que la conecta con otra excelsa construcción: la iglesia conocida como La Madeleine.

5. EL MUSEO DEL LOUVRE

El Louvre es probablemente el museo más famoso del mundo. Entre sus obras maestras se encuentran La Gioconda, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia. Abrió sus puertas en 1793. Sin embargo, el edificio originalmente fue una fortaleza medieval, luego convertido en palacio real, de modo que no sólo las piezas expuestas tienen una rica historia.

Un inusitado hecho estético modificó sustancialmente su aspecto: En 1989 se construyó una pirámide de cristal en el frente, desde donde hoy acceden sus casi ocho millones de visitantes anuales. Al principio rechazada, esta curiosa creación del arquitecto chino Ieoh Ming Pei hoy forma parte inseparable del Louvre.

La colección tiene unas 300,000 obras, de las cuales se exponen algo más de una décima parte, organizadas temáticamente. Nuestras favoritas son las obras del cinquecento, la maravillosa época del renacimiento italiano. Dada su vastedad, recomendamos utilizar una guía del museo (se puede bajar digitalmente o comprar una impresa en el museo) y admirar sólo las obras maestras.

6. BASÍLICA DE SACRÉ-CŒUR

Charles Aznavour en su clásico La Bohème, le pone voz a un pintor que recuerda su juventud en Montmartre, y describe con nostalgia aquel tiempo desaparecido. La razón es sencilla: este barrio ubicado en una colina de unos 130 metros de altura, poseedor de una innegable aura romántica, fue la cuna de los impresionistas y el hogar de grandes artistas, como Picasso y Modigliani.

El corazón de Montmartre es la Basílica del Sacré Cœur. Aunque es un templo católico fue erigida en homenaje a los numerosos franceses muertos en la guerra con franco-prusiana. La piedra fundamental se colocó en 1875 y la obra se terminó en 1914, aunque fue consagrada recién en 1919.

El edificio de color blanquecino es un diseño elementos romanos y bizantinos. Tiene forma de cruz griega y cuatro cúpulas; el domo central tiene 80 metros de altura.

Se puede subir a la basílica en funicular. Muchos eligen sentarse en las gradas que están por delante para observar el atardecer, pero vale la pena dirigirse hacia tras, y caminar por la animada y bulliciosa Plaza de los Pintores (llamada en francés Place du Tertre), donde los retratistas compiten con las ventas de souvenirs. Por su ubicación privilegiada, recomendamos luego cenar en Le Consulat.

7. LA TORRE EIFFEL

La Tour Eiffel, como se le llama en francés, es el símbolo de París. Está situada muy cerca del Sena, en un extremo del Campo de Marte, en Les Invalides. Fue construida para la Exposición Universal de 1889. Diseñada por Maurice Koechlin y Émile Nouguier, la construcción de esta espigada estructura de hierro de 300 metros de altura fue construida por Alexandre Gustave Eiffel, quien además diseñó la estructura interna de la famosa Estatua de la Libertad de New York, en los Estados Unidos. El entramado de hierro, pensando para soportar grandes vientos, hoy es admirado por su perfecta simetría.

La Torre Eiffel está construida sobre una base cuadrada de 125 metros de lado, sobre la que asientan sus cuatro pilares. Los arcos se elevan hasta 39 metros de altura y su diámetro es de 74 metros. Tiene tres niveles a los que se asciende mediante ascensores (disfrute de los ascensores doble cabina).

En los dos primeros pisos hay miradores, negocios y restaurantes. Desde el tercer nivel, se dice que en días despejados se puede ver hasta una distancia de 72 kilómetros. Si uno quisiera subir en escalera hasta la cumbre, debe superar 1665 escalones, pero si cree que su corazón no resistiría, no se preocupe: sólo se pueden utilizar las escaleras hasta el segundo piso.

En el año 2000 se agregó al paisaje el Muro por la Paz, inspirado en el Muro de los Lamentos de Jerusalem. Fue diseñado por la escultora Clara Halter e instalado por el arquitecto Jean-Marie Wilmotte. Parte del monumento son 32 columnas de acero que contienen la palabra Paz.

8. PLACE DES VOSGES

Construida a principios del siglo XVII, esta plaza es la más antigua de las que perduran en París. Aunque está ubicada en Le Marais, un barrio de artistas, museos y restaurantes, es un remanso en medio del bullicio urbano.

Está cercada por 36 edificios de piedra blanca y ladrillo rojo, con ventanas salientes sobre arcadas y techos de tejas negras de pizarra. Sin salidas por las esquinas, la vista transmite una honda simetría, intacta desde hace cuatro siglos, que nos transporta a la época donde sus bancas eran ocupadas por la aristocracia. De paso, el escritor Víctor Hugo vivió varios años en una de sus casas.

París es… París… única, refinada, siempre a la vanguardia de las tendencias. Si va a París, no deje de visitar estos ocho lugares.

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2020. Todos los derechos reservados.

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LA VICTORIA DE SAMOTRACIA EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

Junto a la Venus de Milo y la Gioconda, la Victoria de Samotracia conforma la triada de obras maestras más representativas del Museo de Louvre, de París. Sin embargo, pocos saben que existes réplicas en tamaño real en Buenos Aires. Conózcala en esta breve nota.

Visitar el Louvre es una experiencia única. El museo más grande del mundo alberga enormes colecciones de arte e historia de todo el mundo. Recorrer sus salas parece una tarea infinita porque cada una de sus más de 370,000 piezas exige suma atención. Allí la Victoria de Samotracia, ocupa un lugar privilegiado: establecida bajo altos techos y elevadas paredes en forma de nichos, se la admira en lo alto, subiendo una ancha y extensa escalera. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

Fue esculpida alrededor del año 190 a.C., y pertenece a la Escuela de Rodas, dentro del Periodo Helenístico. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el francés Charles Champoiseau, se hallaba enterrada dentro del Santuario de los Grandes Dioses y partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. Incluso se vieron forzados a completar la vigorosa estatua con partes de yeso.

La obra es atribuida a Pythokritos de Rodas, pero, en realidad, no se sabe quién fue su creador. Otro detalle poco conocido es que durante su última restauración los investigadores descubrieron restos de pigmento azul, imperceptibles al ojo humano por el paso de los siglos, que indican la presencia de ese color en la obra original.

Fue emplazada en su actual ubicación, en un descanso de la escalera Daru del Louvre, en 1884. Durante un tiempo se exhibió parte de una mano que podría corresponder a la pieza original. No se han encontrado ni la cabeza, ni los brazos, pero tampoco los necesita; con la pierna derecha extendida, el anónimo escultor le ha dado poder y movimiento, y con los pliegues de su atuendo y la postura del torso, ha sugerido que avanza contra el viento. La ropa, liviana y translúcida en la parte superior y gruesa en la parte inferior, muestra la maestría del artista.

La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros, y la del pedestal en forma de navío, hecho de mármol gris de la isla de Rodas, 2,01 metros. La altura total es de 5,57 metros, que le provee autoridad y esplendor.

LA VICTORIA DE SAMOTRACIA PORTEÑA

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Ubicado a metros de la Plaza de Retiro, en Buenos Aires, el Palacio Estrugamou es una monumental construcción de departamentos; su diseño es una de las mejores muestras de la influencia europea -y particularmente francesa- en la arquitectura argentina. Inaugurado en 1929, se erige en la esquina formada por las calles Juncal y Esmeralda. Aunque ocupa toda la cuadra norte de Juncal, su entrada principal está sobre Esmeralda, y sirve a la vez de final a la distinguida y serpenteante calle Arroyo.

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En el Palacio Estrugamou se encuentra la Victoria de Samotracia porteña, hecha de bronce; es réplica en tamaño real de la original. Embellece el patio que sirve espacio compartido para los cuatro edificios que conforman el palacio. Vale la pena ver esta joya en Buenos Aires, de singular belleza.

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Aunque ahora por cuestiones de seguridad no se permite el ingreso, la réplica de la Victoria de Samotracia puede admirarse desde uno de los portones de rejas de la calle Juncal. Si pasa por allí, deténgase a observarla. Estar esperando por usted.

Hay preguntas que quizás algunos lectores puedan responder: ¿Quién hizo los moldes de esta réplica? ¿Fue traída de Francia? En caso afirmativo, ¿por quién y cuándo? ¿Cuándo fue colocada allí? Espero que alguno me ayude a terminar este rompecabezas.

LA VICTORIA DE SAMOTRACIA TAMBIÉN EN CALCOS

Entre 1903 y 1905 el artista Eduardo Schiaffino fue designado por el gobierno nacional para negociar en Europa la compra de varios calcos, incluyendo uno de la imponente Victoria de Samotracia, al Louvre. El museo tenía desde 1794 un taller dedicado a la producción de estas réplicas realizadas en moldes obtenidos de las esculturas originales en los cuales luego se vierte yeso y se espera hasta que fragüe. Finalmente, la pieza fue adquirida en 1906 y cuatro años después colocada en el Pabellón Argentino[1] que formaba parte del flamante Museo Nacional de Bellas Artes[2] que se había mudado desde lo que hoy son las Galerías Pacífico a la Plaza San Martín.

Entre 1932 y 1933 el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) se trasladó a la antigua Casa de Bombas de Recoleta que había sido remodelada por el arquitecto Alejandro Bustillo. La Victoria de Samotracia obtuvo un lugar privilegiado en el hall principal, coronando la escalinata de entrada. En 1945 fue movida a la biblioteca del museo[3]. En nuestras visitas al MNBA no la hemos visto, ni tampoco hallado entre las 2,500 obras que forman la colección digital ofrecida en su sitio web.

Sin embargo, hemos podido admirar otro calco en yeso de la Victoria de Samotracia que, como el anterior, carece de la base del navío. El Museo Ernesto de la Cárcova[4], ubicado en la Costanera Sur, ocupa lo que fueron las caballerizas del Lazareto, un antiguo centro de inspección veterinaria. En 1923 el sitio fue remodelado para que funcionara allí la Escuela Superior de Bellas Artes, institución creada por el propio de la Cárcova. En 1928 se añadió el actual Museo de Calcos[5], tal como se lo conoce popularmente, con un propósito didáctico que mantiene hasta hoy: ofrecer modelos en tamaño real a los futuros artistas.

En 1927 Ernesto de la Cárcova compró una colección de calcos a la cual inicialmente solo los alumnos tuvieron acceso. Entre ellos se encontraba otra Victoria de Samotracia en tamaño real. Recién en 1932 se permitió el ingreso del público general[6]. Desde esa fecha hasta el día de hoy tanto los futuros artistas como las personas corrientes pueden admirar una obra que, si bien no es la original, tiene idéntica fisonomía. Lamentablemente pocas personas conocen del museo y menos aún saben de esta pieza que, junto a las Venus de Milo y el imponente David de Miguel Ángel se encuentran allí esperando por ellas.

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Se trata de la misma estructura de hierro y cristal que se había utilizado en la Exposición Universal de París de 1889 para representar a la Argentina.

[2] Gallipoli, Milena, “Las Victorias: de Samotracia a Buenos Aires. Calcos en yeso en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Bellas Artes en la primera mitad del siglo XX”. Modos, Revista de História da Arte. Campinas, Vol 2, Nº.2, mayo. 2018, p.297, 298

[3] Gallipoli, Milena, Op. cit., p.302

[4] Su nombre completo es “Museo de Calcos y Escultura comparada Ernesto de la Cárcova”

[5] El nombre proviene de su gran colección de calcos

[6] Gallipoli, Milena, Op. cit., p.303


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