ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: EL ÚNICO PASAJE EN S DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Uno de mis primeros lugares de trabajo estaba ubicado en un edificio de cúpula imponente levantado en Callao y Lavalle, al que se accedía por Lavalle 1790. Cruzando la avenida Callao, justo donde debía formarse la esquina sudoeste se abría una curiosa callecita. No era una diagonal, sino una calle en S que perforaba la manzana. Se llamaba Rauch y el tránsito vehicular en su única cuadra iba de Callao y Lavalle hasta Riobamba y Corrientes, donde desembocaba.

Me gustaba recorrerla y dos detalles cautivaban mi atención: una placa que recordaba el paso por esa calle de la primera locomotora que hubo en el país, La Porteña, y el Teatro del Picadero, donde en 1980 había asistido a un recital del legendario tecladista Carlos Cutaia, cuyos invitados especiales habían sido nada menos que Charlie García y León Gieco.

Hoy la calle se llama Enrique Santos Discépolo y se ha convertido en uno de los pasajes peatonales más anchos de Buenos Aires. Tiene una peculiaridad: debido a su serpenteante trayecto, si uno se sitúa en cualquiera de sus extremos no podrá ver el otro, a pesar de tener una sola cuadra. Además, es un lugar extraño donde conviven vagos con oficinistas, bohemios con estudiantes y comerciantes con vecinos.

LA EDAD DE HIERRO

En septiembre de 1853 un grupo de argentinos se unió para crear el primer ferrocarril local; una ley de enero de 1854 les otorgó la concesión para explotarlo. Tres años y medio después, el 29 de agosto de 1857 realizaron el viaje inaugural. El trayecto original comprendía diez kilómetros de líneas férreas, desde la Estación Parque, ubicada donde hoy se encuentra el Teatro Colón, hasta la Estación (La) Floresta.  

Cuenta el historiador ferroviario Jorge Tartarini “Al salir de la estación, las vías hacían una suave curva cruzando la Plaza del Parque, para luego seguir por calle Lavalle hasta Callao. Allí tomaba por la curva de los olivos u ‘hornos del señor Bayo’ para entrar en la calle Corrientes, desde donde se dirigía hasta Centroamérica (hoy Pueyrredón)”[1]. El 15 de octubre de 1856, don Rosendo Bayo había cedido estas tierras al Ferrocarril Oeste, habiendo constancia de la escritura[2]. A esa curva también se la conoció después como “curva de los Jesuitas”, por la cercanía con la Iglesia y el Colegio del Salvador, levantados en la década de 1860, o “curva de la muerte” por las dificultades que les generaba a los flamantes maquinistas.[3]

Recordemos que el recorrido del primer tren criollo, encabezado por la mítica locomotora “La Porteña” era más bien rural. El país recién acababa de salir del rosismo; Buenos Aires, que aún no había adherido a la reciente Constitución Nacional, todavía estaba dominada por la arquitectura colonial; su población, según el censo de 1855, era de alrededor de 92,000 habitantes, cuya mayoría no sabía leer[4].

La Calle del Parque (hoy Lavalle)[5] que atravesaba el tren en sus primeros kilómetros era una zona de quintas, tal como lo señala un plano de mensura de firma ilegible realizado en 1864, que además contiene la primera mención que encontramos sobre la breve sección sinuosa: “Se observa un tramo de vías de ferrocarril en forma de curva, expresado en línea punteada, sobre la calle Parque a la altura de Callao”[6].

NACE UNA ESTRELLA

Buenos Aires se sumó a la Confederación Argentina en 1860, mediante el Pacto de San José de Flores (de paso, la Provincia de Buenos Aires siguió emitiendo su propia moneda hasta 1861). A partir de allí el país se abrió camino hacia la modernidad a un ritmo vertiginoso. La ciudad creció “desde el núcleo del antiguo radio del municipio, hoy Casco Histórico, pasando por la expansión en las direcciones Norte y Oeste (desde 1870), hasta la incorporación e integración de los Municipios de Flores y Belgrano (1887)”[7].

El crecimiento del transporte ferroviario fue exponencial. En 1871 -debido también al éxodo masivo generado por la epidemia de fiebre amarilla que azotó la ciudad- se vendieron un millón de boletos. Cuentan Jorge Schvarzer y Teresita Gómez, director e investigadora respectivamente del CEEED (Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que “Diez años más tarde (1881), la empresa se vio obligada a construir vías dobles a partir del Once, para atender el intenso tráfico de la zona; la ampliación llegó a Liniers en 1883…. Ese mismo año se terminaba de desmontar el ramal que nacía en el Parque y llegaba al Once, debido a las demoras y accidentes que provocaba el servicio en dicho tramo, ya densamente poblado y donde la franja disponible para las vías era demasiado angosta para encarar mejoras de cualquier orden”[8].

El crecimiento urbano desde el Centro hasta el Once llevó, entonces, a levantar las vías entre las dos primeras estaciones, dejando libre el paso en la vieja Curva de los Olivos, dondemencionamos que antiguamente se hallaban los hornos de ladrillos de Bayo. Lo que había sido un camino de trenes se convirtió en una calle transitable. Diez años después, y mencionada como Curva del Ferrocarril en el texto, la Ordenanza Municipal del 27/11/1893 le impone el nombre de Rauch[9].

LOS AÑOS OSCUROS Y EL REGRESO DE LAS LUCES

Muy pocos datos hemos podido obtener de las décadas que siguieron, todos aportados por Vicente Cutolo en su libro sobre calles de Buenos Aires. Cuenta que a principios de siglo en su extremo que da la Avenida Callao había un bebedero para caballos, que luego hubo prostíbulos de cortinas rojas y que hacia 1930 existió también una feria al aire libre[10].

Sin embargo, pudimos hallar por nuestra cuenta algunos datos interesantes sobre cuatro edificios que aún sobreviven. El primero es que uno de los laterales de la Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento, cuya entrada principal se encuentra en la Avenida Callao 450, da a la ex calle Rauch. Este centro educativo fue inaugurado en 1886 como Escuela Primaria y en 1914 elevado a Escuela Normal (que en aquel entonces indicaba nivel Secundario con orientación a la docencia). El edificio con fuertes influencias del neorrenacimiento italiano fue creado por el arquitecto italiano Carlos Morra (1854-1926), especialista en edificios escolares[11] . Hoy está catalogado como APH (Área de Protección Histórica). De todos modos, su relevancia arquitectónica para la actual calle Enrique Santos Discépolo es baja.

Mucho más interesante es el edificio art deco de once plantas levantado en la esquina norte de Rauch y Callao; fue diseñado por el arquitecto croata de origen húngaro Andrés Kalnay[12] y construido por Lorenzo Bursese en 1935.

También en la esquina que une este pasaje con Corrientes y Riobamba se encuentra el edificio apodado “La Porteña”, ex sede del Banco Mercantil Argentino, hoy ocupada por Swiss Medical. Es un edificio de ocho pisos, planta baja y dos subsuelos, construido a mediados del siglo XX, cuyo diseño, casi triangular, obedece a las medidas del terreno. Ha sido reciclado en 2005[13].

Pero, sin duda el jugador distinto del pasaje es el Teatro del Picadero. Fue creado por el arquitecto Gastón Breyer en 1980, recuperando una fábrica de bujías levantada en la mano norte de la cuadra en 1926[14] bajo diseño del arquitecto italiano Benjamín Pedrotti. En 1981 se desarrolló allí Teatro Abierto, un proyecto cultural surgido como una reacción a la dictadura militar. En la madrugada del 6 de agosto de ese año estalló una bomba que dejó el edificio inutilizable. Años después fue reconstruido y utilizado con diversos fines, pero en 2007 se comenzó a demolerlo para unirlo a un terreno vecino y levantar allí unas torres comerciales. El intento logró frustrarse gracias a la reacción de la comunidad y organizaciones que defendían el patrimonio edilicio porteño. En mayo de 2012, fue reinaugurado bajo ideas del arquitecto Gustavo Keller; la sala del primer piso puede albergar casi 300 personas. Su dirección es Enrique Santos Discépolo 1849.

PRIMERO EL TREN, LUEGO LOS AUTOS, AHORA LOS PEATONES

Desde que se levantaron los rieles la curva en forma de S, la vía pasó a ser utilizada primero por carros y luego por autos. Sin embargo, en octubre de 2003 el legislador porteño Carlo Campolongo presentó un proyecto de ley proponiendo convertir el pasaje Enrique Santos Discépolo en peatonal. La Legislatura lo acompañó con una declaración para que “se arbitren las medidas necesarias a los efectos de convertir el tramo en un espacio de atracción histórico, cultural y turístico”[15]. La ley 1157 fue sancionada el 3 de noviembre de 2003[16] y publicada el 20 de noviembre de ese año[17].  Finalmente, dos años después, la ex Rauch se convirtió en peatonal[18], con una superficie embaldosada, con cestos y árboles.

En 2008 fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Resolución 179/08. A fines de 2013, con la participación de la comunidad educativa de la vecina Escuela Domingo Faustino Sarmiento se inauguraron los trabajos de recuperación que incluyeron lugares de descanso para que los padres de los alumnos puedan esperar con mayor comodidad a sus hijos y la colocación de luces blancas para iluminar el piso de noche[19].

EL MURAL DE SANTA MARÍA

En 2007 Marino Santa María, cuyas intervenciones artísticas sobre la calle Lanín[20] de Barracas y el pasaje Hugo del Carril en la Estación Flores son ampliamente conocidas, creó el mural “Uno, Once y Nosotros”. Se trata de una composición de 120 m2 en mosaico veneciano y trencadís catalán (una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada) sobre el contrafrente del Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento que da al pasaje y en los canteros de esa vereda.

El proyecto se llevó a cabo con el apoyo de la Cámara de Comerciantes del Once (CADMIRA) y la Fundación Armonía y alude al paso de la histórica locomotora La Porteña por esa vía, al tango Uno con letra de Discépolo y a Teatro Abierto, aquel proyecto escénico contestatario llevado a cabo en el Teatro del Picadero[21].

LA FERIA FRANCA

Recuperando la idea de aquel mercado que existió en los años ’30 del siglo XX, la Fundación Sabe la Tierra ha creado el Mercado Balvanera que funciona todos los miércoles en el pasaje, salvo que llueva. Consta de treinta puestos que ofrecen productos naturales, orgánicos y sustentables directamente del productor al consumidor[22].

EL BAR MORDISQUITO

En 2016 cerró el bar cultural Mordisquito, que funcionaba en el pasaje[23]. Era un lugar para la poesía, la música y las artes plásticas. Además, contaba con una biblioteca con clásicos y literatura de vanguardia. Nos da tristeza que se haya perdido un espacio donde los artistas podían mostrar lo que hacían y compartir sus creaciones. Funcionó durante más de cinco años; existía la Radio Mordisquito, la radio del bar.

EL PASAJE EN LA LITERATURA

Vicente Cutolo cita una breve cuarteta que atribuye a un poeta de Buenos Aires:

 “En viñeta caprichosa, / el Pasaje Rauch conserva / la curva que dibujó / el humo de “La Porteña”[24].

Baldomero Fernández Moreno el que le dedica un breve pero significativo poema:

CALLEJUELA RAUCH[25]

Callejuela apartada,
humilde callejuela
que ofreces a mi espíritu cansado
de tanta calle recta,
el sencillo misterio de tu curva…
Gracias, hermana callejuela.

También es mencionado como Pasaje Rauch dos veces en “Restos Humanos”[26],  novela de Álvaro Abós. No encontramos ninguna referencia literaria citando al pasaje como Enrique Santos Discépolo, salvo como dirección del Teatro del Picadero.

LOS NOMBRES DESPUÉS DE LAS CURVAS

Nuestro pasaje recibió el nombre de Rauch, como hemos escrito antes, por la Ordenanza Municipal del 27/11/1893. Sin embargo, en 1988 hubo un doble cambio de nombre: Por la Ordenanza Nº 43.388-1988[27],  la calle Rauch pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo y el pasaje Salónica, ubicado entre Medrano y Salguero, recibió el nuevo nombre de Rauch. En realidad, fue casi un trueque. Presentamos brevemente la historia.

El pasaje Salónica originalmente se consideraba parte de la calle Rocamora. Sin embargo, y razonablemente porque no constituía una verdadera continuación de aquella calle, en 1933 pasó a llamarse Salónica. En 1973 fue rebautizado como Enrique Santos Discépolo por la Ordenanza Nº 28.124/1973; en 1976, tras el golpe militar, recuperó el antiguo nombre de Salónica (Ordenanza Nº 1.665/1976)[28]. Por lo tanto, en 1988 el pasaje que alguna vez se llamó Enrique Santos Discépolo pasó a llamarse Rauch, y el pasaje Rauch donde pasaba La Porteña pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo.

QUIÉNES FUERON

Federico Guillermo Rauch fue un militar nacido en 1790[29] en el Gran Ducado de Baden, territorio en la actual Alemania. Fue oficial de loe ejércitos napoleónicos. Llegó a la Argentina en 1819 donde se incorporó al ejército argentino. Intervino en las primeras campañas al desierto durante la década de 1820 al ‘30. Ascendido a coronel, fue confirmado como como jefe del Regimiento de Húsares que desde entonces fue el 5to. de Caballería. Desplazado de su cargo por el gobernador Dorrego, se volvió unitario. Peleó junto a Lavalle[30] y fue muerto en una emboscada por los indios. A Rauch lo recuerda también un Partido y su ciudad cabecera de la Provincia de Buenos Aires.

Perdura un encendido debate sobre los merecimientos de Rauch para que su nombre se recuerde en ciudades y calles. El escritor Osvaldo Bayer, autor de La Patagonia Rebelde, ya en 1963 había propuesto un plebiscito para cambiar el nombre de la ciudad bonaerense por el de Arbolito, el indio que decapitó a Rauch. “Ese coronel prusiano era de una crueldad terrible. A los indios les hacía el degüello corbatita para ahorrar en balas”[31]. El periodista Rolando Hanglin, en franca oposición a Bayer, cuenta el otro lado de la historia en un reciente artículo. Dice de Rauch: “fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, el 28 de marzo de 1829, y en una emboscada le bolearon el caballo y luego lo lancearon y degollaron. El autor material de su muerte fue el ranquel Nicasio Maciel (ya muchos indios llevaban nombres cristianos), apodado Arbolito. Decapitaron a Rauch, abatido junto al coronel Nicolás Medina, y arrojaron su cabeza en la puerta de casa de la madre de su enemigo, Prudencio Arnold, como gesto cordial. Luego la pasearon por Buenos Aires hasta tirarla por ahí, en señal de desafío a los unitarios de la ciudad”[32].

Un detalle: Rauch es nombrado por Ernesto Sábato, en “Sobre héroes y tumbas”, a través de uno de sus personajes: “Soy el comandante Alejandro Danel… Y después cuando al fin, cuando Francia ya no era más la tierra de la Libertad y yo soñaba con combatir por los pueblos oprimidos, me embarqué hacia estas tierras, junto con Brauix, Viel, Bardel, Brandsen y Rauch, que habían combatido al lado de Napoleón”[33].

No hay discusión, en cambio, sobre la figura de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Discepolín, como se lo conocía, dejó en su corta vida letras esenciales en la Historia del Tango, tales como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, Yira-Yira y Uno. Además de poeta, fue actor y dramaturgo. También lleva su nombre la placita que está en el centro de la calle Butteler[34] en Boedo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO


AGRADECIMIENTO:

Quiero agradecer muy especialmente a Beatriz Bursese, nieta de Lorenzo Bursese, constructor del edificio art deco de once plantas en la esquina norte de Rauch y Callao, quien tras leer la versión original de esta nota me proveyó el nombre correcto de su abuelo, tal como ahora aparece. Los constructores muchas veces pasan inadvertidos a pesar que tienen el enorme mérito de hacer realidad los sueños de los arquitectos.


REFERENCIAS:

[1] Tartarini, Jorge, “Arquitectura ferroviaria”, Ediciones Colihue, 2001, p.65,66

[2] “Memoria del Ministerio de Hacienda de la Provincia y de las diversas reparticiones que de él dependen correspondientes al año 1866 y presentadas a la Legislatura de 1867”, Imprenta Buenos Aires, Calle Moreno, Frente a la Casa de Gobierno, 1867, p.222

[3] García Costa, Víctor, “Los Ferrocarriles”, Centro Editor de América Latina, 1971, p.41

[4] “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”, Población de Buenos Aires, vol. 3, núm. 4, octubre, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, 2006, pp. 91-103

[5] Cutolo, Vicente Antonio, “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres”, Editorial Elche, Buenos Aires, 1988, p.691

[6] Barela, Liliana, “Guía de Cartografía Histórica de Buenos Aires (1854-1900)”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.29

[7] Barela, Liliana, Op. cit., p.14

[8] Schvarzer, Jorge y Gómez, Teresita, “El Ferrocarril del Oeste en la Argentina: entre las demandas de la ciudad y el campo (1854-1870)”, Revista TST (Transportes, Servicios y Telecomunicaciones), Dossier, p.204

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.349

[10] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., p.1013

[11] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando , Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.168

[12] Böhm. Mimi, Grementieri, Fabio y Verstraeten, Xavier, “Buenos Aires – Art Deco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, 2008, p.117

[13] Diario La Nación, Buenos Aires, Arentina, 15 de agosto de 2005, https://www.lanacion.com.ar/729810-a-pasos-de-callao

[14] http://arqi.com.ar/edificio/teatro-del-picadero/

[15] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 28 de octubre de 2003. https://www.lanacion.com.ar/539943-convertiran-el-pasaje-santos-discepolo-en-una-calle-peatonal

[16] http://www.buenosaires.gob.ar/areas/cultura/cpphc/sitios/detalle.php?id=127

[17] http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/ambiente/calles/index4.html. El 9 de noviembre de 2006 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la ley 2.135 prohibiendo también el estacionamiento sobre el pasaje, ver http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/leyes/ley2135.html

[18] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 3 de noviembre de 2005 https://www.lanacion.com.ar/753063-el-pasaje-santos-discepolo-se-convirtio-en-un-paseo-peatonal

[19] Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 27/12/2013  https://www.clarin.com/ciudades/escuela-recuperan-historico-pasaje-discepolo_0_H1IjJ-sP7x.html

[20] Puede leerse nuestro artículo “La pintoresca calle Lanín”, https://pablobedrossian.com/2018/02/20/la-pintoresca-calle-lanin-por-pablo-r-bedrossian/

[21] Santa María, Marino, “Intervenciones Urbanas”, Bisman Ediciones – Weber Saint-Gobain, 2015, p.26

[22] Fundación Sabe la Tierra, http://www.sabelatierra.com/balvanera/

[23] http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/cierra-el-bar-mordisquito

[24] Cutolo, Vicente, Op. cit., p.1013

[25] Fernández Moreno, Baldomero, “Ciudad, 1915-1949”, Ediciones de la Municipalidad, 1949, p.30

[26] Abós, Álvaro, “Restos Humanos”, Puntosur Editores, 1990, pp.38-39

[27] Publicada en el Boletín Municipal n° 18.520

[28] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p

[29] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.151. Es la fecha más aceptada. Cutolo dice 1794.

[30] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., pp.1013-1014

[31] Vitale, Cristian, Diario Página 12 16/10/2003 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-903-2003-10-22.html

[32] Hanglin, Rolando, Diario InfoBAE 14/05/2017 https://www.infobae.com/opinion/2017/05/14/querer-cambiarle-el-nombre-a-rauch-por-arbolito-no-solo-es-absurdo-es-ofensivo/

[33] Sábato, Ernesto, “Sobre Heroes y Tumbas”, Colección Summa Literaria, Seix Barral,1961,1985, p.185

[34] Puede leerse nuestro artículo “Butteler: la única calle en X de Buenos Aires” donde hablamos y mostramos la placita Enrique Santos Discépolo  https://pablobedrossian.com/2018/06/03/butteler-la-unica-calle-en-x-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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LA PINTORESCA CALLE LANÍN (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicada en el barrio de Barracas, la calle Lanín es una de las más pintorescas de Buenos Aires. Vista desde arriba parece un arco; además, es muy corta: según de qué mano se cuente, consta solamente de dos o tres cuadras.

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Considerando la dirección vehicular, nace en la Avenida Suárez, en el cruce con la calle José Aarón Salmún Feijóo (que también aparece como Feijoó, con acento en la segunda o) donde forma cinco esquinas, y muere en la calle Brandsen, muy cerca del Hospital Moyano. Su encanto no radica en el curioso trazado ni en la brevedad de su recorrido sino en la sucesión de fachadas que fueron intervenidas artísticamente por Marino Santa María.

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Marino Santa María es hijo del ceramista y pintor Marino Pérsico (1910 – 1976), una de cuyas obras, “Herido”, hemos mencionado al describir el Museo Quinquela Martín[1]. Marino nació en Lanín 33 en 1949 y allí tiene su taller.

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Es un artista plástico sumamente versátil, capaz de combinar técnicas muy diferentes con un mismo fin. Como artista y vecino, decidió transformar la atmósfera gris de su calle. Hizo revivir los frentes con coloridas formas abstractas, inspiradas en sus propias obras. Sobre el trabajo, dice el sitio web del pintor: “Consta de la intervención color de 40 fachadas a lo largo de las tres cuadras de la Calle Lanín y la instalación Huellas del Aire, que se extiende a lo largo del paredón del ferrocarril; es un conjunto de pesados marcos dorados con fotografías de trozos de cielo y otros con espejos, recreando una suerte de mágica sensación de ilusión y realidad”.

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La intervención se inauguró el 19 de abril de 2001, pero a partir de 2005 la propuesta se enriqueció añadiendo trencandís, una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada inventado por Gaudí, y de mosaico veneciano, nacido de una pasta de vidrio fundida a alta temperatura que otorga a cada pieza intensos colores brillantes. Para combinarlos utilizó mezclas adhesivas y pastinas.

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LA VISITA

Iniciamos el recorrido en las 5 esquinas. Allí encontramos a nuestra derecha un magnífico edificio de 1920, que fuera una fábrica textil. Es creación de los arquitectos Donatti y Colomba y ocupa una manzana triangular, con fachadas sobre tres calles, incluyendo Lanín.

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Al iniciar nuestro camino llama la atención su bella cúpula con la inscripción “Barracas Central”.

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Al avanzar por Lanín, que a esa altura tiene la numeración 200, el edificio queda a nuestra derecha y las casas intervenidas quedan a mano izquierda.

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Como muchas casas antiguas de la zona, en la cuadra hay varias viviendas en estilo art nouveau.

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A pocos metros del inicio, a mano izquierda nace una breve calle de una cuadra, llamada Copahue, que muere en la cercana calle Arcamendia. Del lado sur, en esa esquina hay un centro del Ejército de Salvación, cuyo frente, tanto sobre Lanín como sobre Copahue, ha sido intervenido por Santa María.

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Cruzando Copahue, en la mano izquierda de la calle Lanín continúan las casas intervenidas, mientras que en la mano derecha continúa el extenso edificio de Barracas Central. Desde el cruce se ve el giro que la calle dará al llegar a la esquina siguiente.

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El diseño abstracto y la fuerza tonal provista por los materiales le dan vida y movimiento a esta calle empedrada -para algunos un pasaje- de poca circulación vehicular y vida tranquila.

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Al llegar a la altura del 100 encontramos el único cruce donde se forman cuatro esquinas: la calle Icalma, nacida a una cuadra en la calle Arcamendia, cruza Lanín para morir en la cuadra siguiente, al chocar con la calle Salmún Feijóo.

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En el ángulo sudeste se encuentra otro extremo del edificio Barracas Central.

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Ya no hay excusas: en la larguísima cuadra siguiente, que va del 100 al 0, estarán intervenidas las casas a ambos lados. Al final, al lado izquierdo tendremos el paredón que da al Ferrocarril Roca. Las viviendas allí brillan con luz propia.

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Todas son casas bajas. Veamos la sorprendente sucesión de fachadas:

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Una placa de mármol nos recuerda que la calle Lanín, considerado pasaje por las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires, fue declarado Sitio de Interés y Patrimonio Cultural de Barracas.

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Completamos el paseo observando en la mano izquierda las últimas casas hasta llegar al muro del ferrocarril.

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Más allá, al fondo está la curva que hace la calle antes de morir en la calle Brandsen, fácilmente observable por la pared que la separa de las vías.

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Emprendemos el regreso para ver la otra mano, que viniendo desde la calle Brandsen hacia la Avenida Suárez, ahora queda a nuestra izquierda. Al caminar en sentido inverso a la dirección vehicular, la numeración de las casas es ascendente.

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Llaman la atención algunas originales puertas, pintadas con tonos intensos.

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Sin duda, el espacio más interesante de esa cuadra, lo constituye el taller de Marino Santa María

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Las sombras de la tarde se proyectan sobre la única cuadra de Lanín del lado este (la otra está ocupada por el enorme y bello edificio que fuera una planta textil, mencionado al principio)

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Nos vamos con la sensación de haber entrado en otra atmósfera, en un lugar de secreto recogimiento, con aroma a barrio y a vecino, lejos de toda la ominosa carga del bullicio. El arte transforma personas y lugares, y Marino Santa María lo ha hecho no sólo con sus creaciones sino con su corazón.

ACERCA DE OTRAS OBRAS DE MARINO SANTA MARÍA

Este eximio artista plástico fue rector de la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón” entre 1992 y 1998. Ha hecho numerosas muestras e intervenciones. Entre sus obras más recientes se encuentra un enorme mosaico en la Estación Las Heras.

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Las creaciones de Marino Santa María se reconocen con facilidad pues le imprime a cada una su sello personal. Se puede conocer más de él en su webiste: http://www.marinosantamaria.com

ACERCA DE LA CALLE LANÍN

Su nombre proviene del volcán Lanín, descubierto por Villarino en 1901, en el Parque Nacional Neuquén[2]. Antiguamente se llamaba Silva, pero por Ordenanza Municipal del 28/10/1904 recibió su nombre actual[3]. Su código postal es el 1274, teniendo diferentes sufijos de acuerdo a su numeración.

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REFERENCIAS

[1] https://pablobedrossian.com/2016/11/27/como-visitar-la-boca-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.102

[3] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.397


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LOS PASAJES CORONDA Y BURGOS Y EL MERCADO DEL PROGRESO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

“Caballito está en el centro de Buenos Aires, y Coronda debe estar en el centro de Caballito.” (Laura Restrepo, escritora colombiana, en su novela “Demasiados héroes”)

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 EL RECUERDO

Pocas calles en Buenos Aires tienen forma de L. Una de ellas, el pasaje Coronda, es una perla oculta del barrio de Caballito. De niño me llamaba la atención su curioso trazado: nacía en la avenida Juan Bautista Alberdi; tras una cuadra hacía un codo evitando chocar con un robusto edificio, para luego morir a pocos metros en la calle Centenera.

Pasaron los años y descubrí que la calleja que se abría en Centenera ya no se llamaba Coronda sino Burgos, y que lo que veía al final del primer tramo era la parte posterior un mercado. Sin embargo, el pasaje conservaba su atmósfera íntima, alejado del tránsito y el bullicio. Me propongo contar aquí algo de su historia.

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LOS ORÍGENES: EL PASAJE CORONDA Y EL MERCADO DEL PROGRESO

Un hecho marca un antes y un después en la vida del pasaje Coronda: La construcción del Mercado del Progreso en 1889. Hasta ese momento no tenía denominación oficial. Se extendía entre Rivadavia y Juan Bautista Alberdi, corriendo paralelo a Centenera, que en aquel momento se llamaba calle Silva[1]. Según un artículo de la revista barrial Horizonte, cuando se lotearon los terrenos donde se construiría aquel centro comercial, la actual Coronda era una calle de tierra conocida como Pasaje del Mercado. En la “Guía de Cartografía Histórica de la Ciudad de Buenos Aires (1854-1900)” no encontramos ninguna referencia a una Calle o Pasaje del Mercado en la zona, por lo que también es posible que haya adquirido ese nombre desde la fundación del Mercado del Progreso hasta ser designado Coronda seis años después.

La familia Ocantos, emparentada lejanamente con Narciso Laprida, el famoso presidente del Congreso de Tucumán de 1816, adquirió en 1880 una residencia vecina denominada La Quinta del Caballito. Fue su propietaria cerca de una década, utilizándola como casa de verano. El terreno ocupaba la manzana que hoy limitan la avenida Rivadavia, la calle Del Barco Centenera (que, como dijimos, en aquel entonces se llamaba Silva), la avenida Juan Bautista Alberdi y la calle Cachimayo, que hasta 1895 se conoció como calle Ocantos[2].

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Construido por la Sociedad de Progreso de Caballito frente a aquella quinta de los Ocantos, y al lado de un edificio en ruinas, el Mercado del Progreso se inauguró el 9 de noviembre de 1889 literalmente con bombos y platillos, pues, participaron en el acto dos bandas de música. Hubo una bendición religiosa por el párroco de Flores, el padre Feliciano De Vita, impulsor de la construcción de la actual basílica de San José de Flores[3],[4]. Para coronar la celebración, se realizó una reunión social en el Hotel Roma[5].

El mercado marcó un hito en la vida del barrio. Generó empleos mayoritariamente para inmigrantes, teniendo como principales clientes a los vecinos de los barrios de Caballito, Flores y Almagro.

EL MERCADO

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El Mercado del Progreso disponía de dos niveles: la planta baja estaba ocupada por locales comerciales y la planta alta por viviendas. Para su construcción se utilizaron hierro, ladrillos y mármol. El diseño priorizó la ventilación y la limpieza, signos de modernidad de la época. Los sectores al aire libre se cubrían con toldos para preservar la mercadería. Transcribimos lo que el sitio web del Mercado cuenta de sus orígenes:

“El pabellón central estaba exclusivamente reservado a la venta de carne. Completamente libre, sin paredes que impidieran circular libremente el aire, y cerrados los puestos durante la noche por planchas de hierro, tenía una excelente ventilación directa. En una de las galerías laterales donde había anchas tablas de mármol con fuentes de aguas constantes, se vendía exclusivamente pescado que podía ser lavado y aún conservado en agua con gran comodidad. El resto de las galerías estaban dispuestas para la venta de hortalizas y frutas. En total eran 53 puestos. El mercado estaba bien provisto de agua por medio de dos fuentes colocadas en el centro. Todos los departamentos estaban provistos de agua, de manera que la limpieza podía se inmediata y completa”[6].

EL NOMBRE CORONDA

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Al mercado se podía acceder por la avenida Rivadavia, la calle Silva (como dijimos, hoy Del Barco Centenera) y el pasaje Coronda, que adquirió su nombre definitivo en 1905, por la Ordenanza del 19 de mayo de ese año[7]. ¿Por qué Coronda? Según un artículo de la revista Horizonte, “recuerda una localidad santafecina del Departamento de San Jerónimo, originada en tierras que fueron de Juan de Garay”[8].

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Miguel Iusem va más allá y dice que “el nombre de Coronda proviene de la laguna, ciudad y puerto de Santa Fe homónimos, que tomaron para sí la palabra que los indígenas utilizaban para llamar la región. También es el nombre que recibió el triunfo de Estanislao López sobre Hortiguera en 1819 y sobre Ramírez en 1821, en el tiempo de los caudillos argentinos”[9].

INSEPARABLES

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La historia del Mercado del Progreso y el pasaje Coronda se entrelazan a lo largo del tiempo: “En 1920 la construcción sufre ampliaciones sobre el pasaje Coronda y lo incorpora como calle interna de servicio, allí se instalarían las cámaras frigoríficas”[10]. Allí Coronda pierde su acceso a Rivadavia.

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 A fin de mejorar la experiencia de compra, entre 1929 y 1930 se reforma la fachada, incorporando elementos Art Déco, que había causado furor en la Exposición Internacional de París de 1925. Resaltan formas geométricas de estricta simetría, el nombre del mercado en grandes letras y un reloj[11].

Todo sugiere que, a partir del Mercado del Progreso, el pasaje Coronda se convirtió en la clave para resolver el problema de la carga y descarga de mercadería: el transporte ingresaba desde Alberdi y, una vez descargada su mercadería, salía por Centenera. Esta rudimentaria logística, que perdura hasta nuestros días, no ha impedido que las casas sobre Coronda sur ni sobre Coronda este (hoy Burgos) conformen una suerte de isla donde la vida parece transcurrir más lenta y tranquila.

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El tiempo pasó, Caballito se desarrolló como un importantísimo centro comercial de Buenos Aires, pero el pasaje Coronda y el Mercado del Progreso, como un matrimonio que permanece unido a pesar de los avatares de la vida, no perdieron su esencia. Quizás el acontecimiento más relevante fue la venta del Mercado en 1957 a raíz de una crisis financiera, pasando a manos de una sociedad anónima conformada por los arrendatarios, que supieron conservar la fisonomía del edificio[12].

EL PASAJE BURGOS

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Actualmente el pasaje Coronda nace en la parte trasera del Mercado y termina en la avenida Juan Bautista Alberdi al 900. La dirección del tránsito vehicular es de sur a norte. Hasta 1990 tenía el mencionado brazo lateral -mucho más corto-, que llegaba hasta la calle Del Barco Centenera. En ese año, aquel ramal pasó a llamarse Burgos por la Ordenanza N° 43.942/1989, B.M. N° 18.683, no apareciendo un nombre anterior[13]. La denominación proviene de la ciudad española situada en el norte de la península ibérica[14]. El pasaje Burgos nace en Centenera; es una vía angosta, de no más de 30 metros, que termina en el pasaje Coronda, con el que forma dos esquinas, poco antes que éste desemboque en el Mercado. Los vehículos circulan en dirección oeste – este.

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EL ÚLTIMO ACTO

Por la Norma 111/01 “declárase Sitio de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el Mercado del Progreso sito en la Avenida Rivadavia 5408 / 30 del Barrio de Caballito, con frente por la calle Del Barco Centenera y Pasaje Coronda”[15]. Con esta frase en un documento y la mención “Patrimonio del Barrio de Caballito” grabada en una placa, el Mercado del Progreso ingresó en 2001 en el selecto grupo de lugares que contienen valor patrimonial para la ciudad.

A partir de 2005 se comenzó a discutir la posibilidad de remodelar los pasajes Coronda y Burgos, que forman dos esquinas.

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Sin embargo, recién en 2008 se iniciaron las obras, que fueron inauguradas en febrero de 2009[16]. “El objetivo fue recuperar la esencia del comercio minorista en la zona de Primera Junta, en el barrio de Caballito reivindicando las veredas como lugares de tránsito peatonal y de encuentro entre vecinos. Se unificó la calzada con la vereda en los pasajes Burgos y Coronda, se reforzó la iluminación peatonal con farolas ornamentales y se renovó el arbolado y el equipamiento urbano”[17]. Se les dio una imagen renovada; para ello hubo dos elementos clave: la nivelación de aceras y calzada y la colocación de bolardos (un tipo de pequeños pilotes) para evitar el mal estacionamiento.

En cuanto al Mercado del Progreso, en la actualidad tiene 17 negocios ubicados hacia el exterior y 174 puestos interiores distribuidos en una superficie de 3600 m2[18]. A la izquierda del área de carga y descarga, hay un ingreso peatonal con rampa por el pasaje Coronda y un estacionamiento cubierto sobre Burgos.

EL MERCADO DEL PROGRESO Y EL PASAJE CORONDA EN LA LITERATURA

Varios artículos sobre el Mercado del Progreso repiten que Roberto Arlt ambientó allí su novela “El juguete rabioso”[19]. En realidad, no está ambientada allí, y tampoco nombra al Mercado del Progreso como tal, sino que, en una única mención, lo llama mercado de Caballito:

“Entré al mercado de Caballito, ese mercado que siempre me recordaba los mercados de las novelas de Carolina Invernizio”[20].

En su obra, Arlt habla otros mercados, como el Mercado del Plata, o de la feria de Flores; de Caballito menciona la vecina calle Rojas (cuya continuación es Centenera). El relato muestra al protagonista recorriendo diversos barrios de la ciudad para hacer sus ventas.

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Mucho más llamativa e interesante es la treintena de menciones a Coronda (en realidad, a una casa en el pasaje Coronda a la que identifica por el nombre del pasaje) que hace la escritora colombiana Laura Restrepo. Ubica su novela “Demasiados héroes” en Buenos Aires, a donde llegan los personajes Lorenza y Mateo, madre e hijo, en busca Ramón. Para ella el viaje es una reflexión sobre su antigua y peligrosa militancia en tiempos de la dictadura, mientras que para él es simplemente un camino hacia su padre. La autora, por ejemplo, escribe:

“Para Aurelia, Coronda fue la puerta a Buenos Aires”

“-¿Vivías en Coronda cuando yo aparecí”?

El tío Miche siguió viviendo en el Pasaje Coronda”.  

Incluso nombra la esquina vecina:

“Un sábado al mediodía regresaba de la florería cuando vio, en la esquina de Centenera y Alberdi…”

Sin embargo, el texto más interesante une el pasaje Coronda con el Mercado del Progreso describiéndolo:

“Hay un callejón que da a la parte de atrás del mercado popular del Progreso, en Primera Junta, barrio de Caballito. Se llama Pasaje Coronda, es el lugar de descargue de los camiones que surten al mercado de alimentos, y bien puede ser el menos memorable de los rincones de Buenos Aires. El número 121 de ese callejón es una especie de conventillo que aloja a varias familias; una construcción larga y precaria de un solo piso, en forma de tren, con fachada estrecha y nueve cuartos independientes entre sí y alineados hacia el fondo, que dan a un pasadizo común”[21].

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Las precisas referencias muestran el carácter autobiográfico del texto: la escritora vivió en Argentina entre 1978 y 1982; parte de ese periodo lo vivió en el pasaje Coronda. “Yo estaba en un partido trotskista y vine porque pidieron militantes para ayudar en la clandestinidad. Sabía perfectamente a qué venía”[22].

Independientemente de las ideologías, la ganadora del Premio Alfaguara 2004 ha puesto al pasaje Coronda dentro de la literatura latinoamericana.  Aunque dice “bien puede ser el menos memorable de los rincones de Buenos Aires”, su obra lo recupera del olvido y le da un merecido lugar. Acaso, es también lo que intentamos nosotros al contar su historia.

CONOZCA EL PASAJE CORONDA

Lo invitamos a recorrer el pasaje Coronda, la entrada posterior del Mercado del Progreso y el pasaje Burgos a través de este video:

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] “Los ‘Pasajes Ciegos’ de Caballito”, Revista Horizonte Año 16, Número 178, noviembre 2010, sin firma, p.11

[2] Montes-Bradley, Eduardo, “La Resurrección de Carlos María Ocantos”, Revista Hispamérica, Número 114. 2009

[3] Avellaneda, Luis, “La Basílica y su Historia – San José de Flores: Reseña histórica”, 2000, http://sanjosedeflores.blogspot.com/2011/04/san-jose-de-flores-resena-historica.html#more.

[4] Avellaneda, Luis, “Fechas para recordar en nuestra Parroquia”, Compilación del Bicentenario, 2006

[5] Mercado del Progreso, website oficial, http://www.mercadodelprogreso.com.ar/; la mayoría de esta misma data aparece en la nota de Parise, Eduardo, “Un joya fuera de las guías turísticas“, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, https://www.clarin.com/ciudades/joya-guias-turisticas_0_SJ4KAXkjwXx.amp.html, 03/03/2014 y también en publicaciones del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que se pueden leer en www.buenosaires.gob.ar/areas/planeamiento_obras/pdf/humanizacion_1.pdf

[6] Mercado del Progreso, website oficial, http://www.mercadodelprogreso.com.ar/;

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, 2003, p.338

[8] Los ‘Pasajes Ciegos’ de Caballito”, Op. cit., p.11

[9] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.47.

[10] Maronese, Leticia, “Sitios de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (1994-2003)”, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, 2004, p.156

[11] Historias de mi Comuna: Mercado del Progreso, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/historias-de-mi-comuna-mercado-del-progreso

[12] Maronese, Leticia, Op. cit., p.156

[13] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.314

[14] http://caballitotequiero.com.ar/portal/2014/01/28/las-calles-de-caballito/

[15] Maronese, Leticia, Op. cit., p.156

[16] “La verdadera historia del Pasaje Coronda”, Revista Horizonte Año 17, Número 188, Octubre 2011, sin firma, p.10

[17] “Acupuntura Urbana”, Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, http://www.buenosaires.gob.ar/desarrollo-urbano/humanizando-la-ciudad

[18] http://mercadodelprogreso.com/index.php?lan=1&sec=1

[19] Esta repetición de una afirmación errónea o confusa es común en publicaciones digitales que se dedican a copiar y pegar, mostrando como propio el trabajo ajeno. Otro ejemplo es la afirmación reiterada de que el Mercado del Progreso fue construido “frente a las casas de Ocantos”, sin tomarse el trabajo de investigar a qué hace referencia dicha localización.

[20] Arlt, Roberto, “El juguete rabioso”, Espasa Calpe, Buenos Aires, Argentina, edición de Ricardo Pilgia, 1993, p.173; la obra original es de 1926.

[21] Todas las citas corresponden a Restrepo, Laura, “Demasiados héroes”, Alfaguara, 2009

[22] Kolesnikov, Patricia, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, sábado, 06/08/2005, citada en “La escritora colombiana Laura Restrepo, reivindica militancia trotskista en Argentina”, https://www.aporrea.org/actualidad/n64192.html

[23] Separata “Obras”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, p.44, sin firma, se puede consultar en http://www.buenosaires.gob.ar/areas/planeamiento_obras/pdf/humanizacion_intro.pdf


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BONUS: DETALLES DE LAS REFORMAS DE 2008 / 2009 A LOS PASAJES CORONDA Y BURGOS

Transcribimos de la documentación que pudimos obtener:

“Ahora, el objetivo primordial de la intervención fue cualificar el espacio público de la ciudad, recuperando el comercio minorista y las actividades vinculadas, rehabilitando funciones de las calles comerciales, imprimiendo una nueva dinámica a la economía urbana al consolidarlas identidades barriales a través de sus sitios de interés. Se apuntó a recuperar las veredas como lugares de tránsito peatonal y encuentro con una renovada calidad espacial.

La intervención contempla unificar, en los pasajes, el nivel de calzada con el de vereda. La unificación de las aceras se encuentra fundada en el objetivo de construir la revalorización del espacio urbano de un sector ‘residencial’ que integra en su tejido un hito del barrio, como lo es el Mercado del Progreso.

Además se percibe en el entorno la carencia de equipamiento adecuado, la iluminación es insuficiente, se debe completar el arbolado urbano, faltan cestos papeleros, los solados se encuentran en mal estado y/o deslucidos; situaciones estas a las cuales la intervención mencionada dio respuestas. La unificación y nivelación de las veredas permitió generar un espacio público que potencia la flexibilidad de usos.

Los solados de las veredas son de loseta granítica de 40 x 40 -64 panes-. El sector de calzada en los pasajes se materializó con solado intertrabado 20 x 10 x 8, entre solias de hormigón, en las cuales se colocaron bolardos para dar seguridad y demarcar el área de vereda; se reforzó la iluminación peatonal con farolas ornamentales, se colocaron rejillas de evacuación de agua donde era necesario y rampas vehiculares de hormigón.

La arborización existente estaba compuesta por fresnos y algunos ficus. Estos últimos fueron retirados y se procedió a la plantación de arbolado urbano: fumo bravo en Del Barco Centenera y en Av. Rivadavia, y tulipaneros en Av. Juan B. Alberdi, completaron la forestación”. [23]