EL COLIBRÍ ESMERALDA HONDUREÑO, UN AVE ÚNICA (por Pablo R. Bedrossian)

El colibrí esmeralda es la única ave endémica de Honduras. Al decir endémica indicamos que se encuentra exclusivamente en ese país. Cuentan Howell & Webb, autores del clásico libro sobre aves de México y norte de Centroamérica de 1995, “hasta hace poco solo se conocía de 11 especímenes, el más reciente en 1950. Fue redescubierto en junio de 1988 en el alto Valle del río Aguan”[1]. Hemos visitado la zona y se trata de un bosque tropical muy seco (ultraseco, si se permitiera la expresión) cercano a la ciudad de Olanchito, Yoro, poblado de cardos, cactus y arbustos capaces de sobrevivir en situaciones de extrema sequedad. Sin embargo, en los últimos años ya se han encontrado ejemplares en departamentos como Santa Bárbara, Lempira, Cortés y Olancho.

Este colibrí, cuyos macho y hembra son muy parecidos, mide unos 10 cm; Se caracteriza por un color azul turquesa rutilante en la zona que va de la garganta a la parte superior del pecho, aunque en ocasiones adquiere un color más grisáceo; en la hembra el brillo de la gorguera suele ser menos intenso.

La corona, nuca, dorso y flancos son color verde esmeralda; sus plumas cobertoras son oscuras con borde blanco, aunque en el área superior son más verdosas; la mitad inferior del pecho y el vientre son blancuzcos. La cola tiene una hendidura y a veces parece levemente bifurcada. El pico es de color gris oscuro y está muy levemente curvado, con su sección inferior de color rojizo opaco. Una marca de campo característica es la mancha postocular blanca.

En el biotopo que visitamos – el polígono de la Fuerza Aérea Hondureña que sirve de refugio a esta bella ave diminuta- su principal alimento proviene del Pie de Niño (Euphorbia tithymaloides también conocida como Pedilanthus camporum), una especie que florece todo el año; sin embargo, su extensión a otras zonas que carecen de esta planta sugiere que ha desarrollado una importante capacidad de adaptación. Según el experto Robert Gallardo, entre sus fuentes de néctar también se encuentran bromelias como la Aechmea bracteata, la Opuntia hondurensis (un tipo de cactus de flor roja) y la Calliandra caeciliae, un tipo de leguminácea de ramitas laterales cortas de flores rojas que parecen un ramillete de hilos verticales rojos)[2].

Flor de Pie de Niño (Euphorbia tithymaloides también conocida como Pedilanthus camporum)

Además, Amazilia luciae, el colibrí esmeralda hondureño, también se alimenta de insectos. Anida en marzo y abril y sus pequeños nidos son hechos de musgos y líquenes, poniendo en ellos casi siempre dos huevos. Las crías son alimentadas por la pareja[3].

En El Cajón, muy cerca de Santa Cruz de Yojoa, Cortés, donde se lo ve con relativa facilidad, hemos sido testigos de algo increíble. Alex Martínez Matute, del Restaurante El Rancho, lo llamó diciéndole “¡Niño!”. El colibrí esmeralda apareció con su habitual zumbido llegando a un metro de Alex tras lo cual regresó a una rama donde posarse. No he sido el único que ha sido testigo de esa asombrosa conducta.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS:


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología)


AGRADECIMIENTOS

Agradecemos muy especialmente a Felipe Reyes, quien nos permitió admirar por primera vez el colibrí esmeralda hondureño en Yoro y a todos los queridos amigos de la aldea San Lorenzo en el Valle Arriba del río Aguán, cercano a la ciudad cívica de Olanchito, en el Departamento de Yoro, Honduras. También a Alex Martínez Matute, del Restaurante El Rancho, por habernos mostrado el colibrí esmeralda hondureño en El Cajón, Cortés, Honduras. Alex tiene un extraordinario amor por la naturaleza y su restaurante y hotel es una excelente cabecera para ver no solo el Honduras Emerald sino también el Yellow-tailed Oriole (Icterus mesomelas) y el White-necked Puffbird (Notharchus hyperrhynchus). También hacemos extensiva nuestra gratitud a nuestro querido amigo y maestro Romel Romero quien nos ha guiado en las visitas a estos maravillosos lugares.


REFERENCIAS

[1] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia, “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p..409

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p.218

[3] http://asidehonduras.org/colibri-esmeralda-hondureno . ASIDE, una ONG local, es la responsable de la protección y conservación del Refugio de Vida Silvestre Colibrí Esmeralda Hondureño (RVSCEH) que tiene un convenio de comanejo con el Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo Forestal, Áreas Protegidas y Vida Silvestre (ICF) y las Municipalidades de Arenal y Olanchito.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

EL RETO DE LOS MOTMOTS O GUARDABARRANCOS (por Pablo R. Bedrossian)

Los motmots son coloridas aves tropicales que solo existen en el continente americano. En cada región reciben un nombre diferente, como torogon, taragon, torogoz, guardabarranco, barranquero, momoto o burgo; pero sin importar el nombre que se les dé, la asombrosa combinación de rojos, azules, verdes, turquesas y naranjas de su plumaje los pone en la lista de los más buscados para fotografiar. Se los reconoce porque la mayoría de ellos tienen gruesos picos largos y curiosas colas en forma de raqueta.

Un motmot con su grueso pico y las puntas de la cola en forma de raqueta

Para describir las diversas especies, además del nombre científico, en Centroamérica suele preferirse el nombre en inglés. Ud. quizás se pregunte por qué. Es para unificar el lenguaje, porque hay un solo nombre en esa lengua para cada especie de ave; en cambio, en español suele diferir de pueblo en pueblo y de país en país.

TURQUOISE-BROWED MOTMOT (EUMOMOTA SUPERCILIOSA)

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa)

En Honduras hay siete especies de motmot, pero en el barrio donde vivo, Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, solo una, el Turquoise-browed Motmot (cuyo nombre científico es Eumomota superciliosa). Es llamada así por sus enormes “cejas” color turquesa, Su detalle más notable es la cola formada por plumas con forma triangular de color azul con puntas negras. También conocida como talapo, es el ave nacional de El Salvador y Nicaragua.

LESSON’S MOTMOT ( MOMOTUS LESSONII)

En nuestra ciudad hay unos cerros que forman parte de una pequeña cordillera que se conoce como El Merendón, y es un área protegida. Allí también se observa una especie más grande, el Lesson’s Motmot (nombre científico Momotus lessonii), antes conocido como Blue-crowned Motmot.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

Junto con el Turquoise-browed Motmot antes mencionado son los más comunes. Posee una corona o anillo turquesa en la parte superior de la cabeza y las plumas en raqueta de las puntas son muy pequeñas.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

EL RETO

Las demás especies son más difíciles de observar. Un fin de semana me propuse ver dos de ellas: el Keel-billed Motmot y la especie más pequeña y díscola, el Tody Motmot, algo nada fácil, pero, desde luego, tampoco imposible.

KEEL-BILLED MOTMOT (ELECTRON CARINATUM)

Con mi esposa nos dirigimos al Parque Nacional Cerro Azul Meámbar, más conocido por su acróstico PANACAM. Se encuentra a una hora de viaje de nuestra casa y a escasos 7 kilómetros del Lago de Yojoa, en el centro de Honduras. Se llega ascendiendo por una serpenteante carretera de tierra colorada.

En el Lodge ubicado en su entrada hay senderos que ofrecen una amplia diversidad[1]; también cuenta con torres de avistamiento. En una de ellas, muy próxima a la recepción del hotel, Abiel Martínez, el joven guía que me acompañó en la ocasión, reprodujo el canto del Keel-billed Motmot (Electron carinatum). Lo escuchamos paulatinamente acercarse. Cinco minutos después se mostró cerca nuestro. No era la primera vez que lo veía, pero era la primera vez que lo fotografiaba con claridad.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Abiel me dijo: “Cada vez que lo llamo, siempre responde”. Aprovechamos para ver otras aves. Tras la caminata, almorzamos con Graciela en el bello deck con vista al lago de este hotel de montaña; en el lugar hay además comederos para colibríes que llegan raudamente, se alimentan y se alejan dejando la resonancia de su zumbido.

Uno de los miradores del Panacam lodge

Por la tarde, estaba cerca de las cabañas cuando don Teo, uno de los guías que se hallaba a pocos metros, exclamó: “¡Mire lo que hay delante suyo!”.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Era otro Keel-billed Motmot a unos tres metros, apoyado en la baranda de una escalera, con tonalidad más verdosa, acentuada por la iridiscencia producida por el sol.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

La primera misión estaba doblemente cumplida. Pernoctamos en el lodge y tras otra breve caminata fotográfica emprendimos el camino para encontrar el Tody Motmot (nombre científico Hylomanes momotula).

TODY MOTMOT (HYLOMANES MOMOTULA)

Descendimos en nuestro vehículo el camino de piedra y tierra unos 3 kilómetros hasta la aldea Santa Elena y allí doblamos a la derecha para dirigirnos a la EcoFinca Luna del Puente, ubicada a unos 20’, poco después del pueblo de San Isidro, en el Municipio de Santa Cruz de Yojoa, Cortés.

Flores en la EcoFinca Luna del Puente

La EcoFinca Luna del Puente es un hermoso y amplio terreno que cubre varias hectáreas; allí se cultiva el café y el cacao, y cuenta con una magnífica biodiversidad. Nos recibió nuestro amigo Damián Magario, un cordobés radicado en Centroamérica, quien ofició de guía. Mi esposa prefirió recostarse en una hamaca de tela. En cambio, Diana Rosellón, una querida colega observadora de aves que había acampado allí, decidió sumarse a nosotros para ir en busca del Tody Motmot.

Planta de cacao en EcoFinca Luna del Puente

Nos adentramos en el bosque siguiendo el sendero donde tiempo atrás ocasionalmente se dejaba ver el más pequeño de todos los torogones. Es un angosto camino de tierra rodeado de una vegetación muy tupida. Tras cuatrocientos metros de marcha nos detuvimos donde lo habían observado. Damián reprodujo su canto utilizando la aplicación Merlin, favorita de los birders. Como no obtuvimos respuesta, avanzamos unos doscientos metros más. Intentamos de nuevo y pareció responder muy a lo lejos, pero teníamos dudas. ¿Vamos en su búsqueda? Damián no dudó y pronunció un viejo refrán para dejar en claro que la decisión ya estaba tomada: “El que no arriesga no gana”.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Decidimos penetrar en la espesura. Descendimos lentamente por una barranca, abriéndonos paso trabajosamente entre arbustos con espinos y un grueso zacate, hasta encontrar un pequeño espacio donde agazapados volvimos a reproducir el llamado del Tody Motmot. Para nuestra sorpresa nos respondió. Minutos después se posó por un instante frente a nosotros; sin darnos tiempo para una fotografía partió con la misma velocidad con la que llegó. Esperamos su regreso durante más de media hora. Veíamos y escuchábamos otras aves, pero nuestro pájaro ni siquiera cantaba a la distancia.

Selfie por Diana Rosellón; al lado suyo el autor de esta nota y detrás Damián Magario, todos a la espera del Tody Motmot

Decidimos regresar habiendo obtenido como premio raspones y picaduras. Nos tomó más de veinte minutos la subida sobre ese terreno irregular cubierto de ramas y juncos. Cuando logramos retornar al sendero hicimos una nueva prueba, reproduciendo la llamada, pero el motmot enano no respondía. Era el momento para desistir. “Hagamos un intento más” propuse.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Habiendo insumido cerca de una hora y media, nuestra búsqueda había resultado estéril. Sin embargo, no perdíamos nada con invertir un rato más. Lo habíamos visto por brevísimos segundos, y aunque no cantara sabíamos que debía estar allí. La tarde estaba avanzando, y el resto de sol que quedaba nos permitiría intentar unos minutos más.

Más flores en la Ecofinca Luna del Puente

 Avanzamos unos treinta metros. Sin previo aviso, el Tody Motmot apoyó sus diminutas patas en una rama justo frente a nosotros. La sorpresa del encuentro no impidió que, al fin, pudiéramos fotografiarlo. No fue fácil ni obtuvimos imágenes perfectas, pues comenzaba a oscurecer.

Tody Motmot (Hylomanes momotula), foto por Damián Magario

Pocos segundos después el ave había desaparecido. Con una amplia sonrisa, nos felicitamos mutuamente por el mágico momento. Emocionados, desde luego, emprendimos el regreso.

Imagen tras el encuentro con el motmot enano; de izquierda a derecha Damián Magario, Diana Rosellón y el autor de esta nota

EL MOTMOT GARGANTA AZUL

He podido ver ya en cuatro ocasiones otro torogon, el garganta azul. Blue-throated Motmot (nombre científico Aspatha gularis). Tiene su santuario en Opatoro, una localidad cercana a Marcala, La Paz, en el Occidente de Honduras.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

Muy esquivo, cuesta fotografiarlo pues se esconde entre el follaje con mucha facilidad. Sin embargo, sus colores le dan una belleza única. Se caracteriza por su garganta intensamente azul y la ausencia de raquetas en la cola.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

ACERCA DE LOS TOROGONES

Pertenecen a la familia Momotidae. Se los conoce como guardabarrancos o barranqueros porque crean huecos en los barrancos para utilizar como nidos. Solo existen en el trópico latinoamericano. En total hay 14 especies, de las cuales 10 habitan en Centroamérica, y de ellas 7 se observan en Honduras, donde vivo, que es el país con más especies de motmots en el mundo. Comparto una tabla donde se puede ver la distribución de motmots según eBird.

Solo me faltan ver allí el Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum) y el Rufous Motmot (Baryphthengus martii). Se encuentran en la costa norte de Honduras y en la Mosquitia, al oriente del país, lugar donde no es posible acceder por transporte terrestre.

Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), foto por nuestro amigo y maestro Romel Romero

Compartimos una imagem del Rufous-capped Motmot (Baryphthengus ruficapillus), también con corona rufa, que habita en las selvas tropicales ubicadas al este de Sudamérica (Brasil, Paraguay y Argentina) y es conocido como yeruvá o yeruvá oriental.

Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), foto por Vicente García

ACERCA DE LOS MOTMOTS, TOROGONES O GUARDABARRANCOS

Su colorido plumaje brillante hace a los motmots sumamente vistosos. Una curiosa característica de la mayoría de los miembros de esta familia son sus largas colas en forma de raqueta. Robert Gallardo, citando a Beebe (1910) explica que “las puntas son formadas por la caída de venas que están débilmente pegadas a lo largo del raquis medial de las dos plumas caudales centrales alargadas”[2].

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa) mostrando las puntas de la cola en forma de raqueta

Según el mismo autor, un experto al que admiramos, se alimentan de “artrópodos, pero también de frutos y ocasionalmente de vertebrados pequeños”. No tiene dimorfismo sexual (externamente el macho luce igual que la hembra) y sus sonidos son graves, cortos y poco atractivos al oído humano.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Para conocer más de ese lugar, puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2017/09/13/una-caminata-por-panacam-parque-nacional-cerro-azul-meambar-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018, p.227


BIBLIOGRAFÍA

Edwards, Ernest Preston “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005)

Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016

Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018

Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007)


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de:

La foto de los tres observadores de aves agazapados esperando al Tody Motmot, tomada por Diana Rosellón.

La última foto del Tody Motmot (Hylomanes momotula), tomada por Damián Magario.

La foto del Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), tomada por Romel Romero.

La foto del Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), tomada por Vicente García

Las cuatro han sido utilizadas con los respectivos permisos de los mencionados fotógrafos, actuales propietarios de sus derechos.

EN BUSCA DEL CARACARA GARGANTA ROJA (por Pablo R. Bedrossian)

Hay aves que ya no existen. Por ejemplo, el famoso pájaro dodo (nombre científico Raphus cucullatus), endémico de las Islas Mauricio en el Océano Índico, desapareció a fines del siglo XVII a causa del hombre. Otro caso es el pájaro carpintero real, (nombre científico Campephilus imperialis) que se hizo popular gracias a los dibujos animados de El Pájaro Loco (en inglés Woody Woodpecker). No ha habido reportes confiables de su avistamiento desde 1956.

Otras aves han desaparecido de algunas regiones o países. Por ejemplo, un pequeño halcón, el Orange-breasted Falcon (nombre científico: Falco deiroleucus) que el autor de esta nota ha fotografiado en Tikal, Guatemala, hace años que no se observa en Honduras, país de donde se lo considera extirpado.

Orange-breasted Falcon (nombre científico: Falco deiroleucus) 01
Orange-breasted Falcon (nombre científico: Falco deiroleucus) en Tikal, Departamento de Petén, Guatemala. Foto tomada en 2009.

Muchas especies se han extinguido, han restringido su hábitat o disminuido sus poblaciones por la acción humana; no solo es debido a la caza sino también a la destrucción de los bosques, la contaminación de los ríos, el uso de plaguicidas y la expansión demográfica, entre otras causas.

El caracara garganta roja (cuyo nombre científico es Ibycter americanus y en inglés Red-throated Caracara) supuestamente tiene una amplia distribución que va de México a Brasil y Bolivia; sin embargo, es una especie cada vez es más difícil de encontrar pues, aunque la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) lo ha incluido dentro del grupo de “preocupación menor”[1], sus poblaciones vienen reduciéndose dramáticamente[2]. Al momento de escribir este artículo (fines de octubre de 2018), según eBird[3], la base de datos preferida de los observadores de aves, para México, Guatemala, Belice y El Salvador no hay reportes. La última observación en Nicaragua fue el 14 de diciembre del 2015, y en Costa Rica, donde es muy difícil de hallar, el 24 de agosto de este año, documentado por una foto de pésima calidad según el propio usuario que la tomó.

INTENTOS FALLIDOS

Romel Romero, nuestro maestro y amigo, regresando de un viaje de trabajo por una zona rural del centro de Honduras escuchó a estas ruidosas aves. A pesar de la sorpresa, gracias a su extraordinaria memoria auditiva las reconoció de inmediato. Detuvo su vehículo y luego de una exhaustiva búsqueda logró fotografiarlas. Fiel a su estilo, este experto observador de aves hondureño nos compartió la información y nos propuso ir a buscarlas. Seguramente habría más ejemplares por allí.

Pernoctamos en Siguatepeque, una tranquila ciudad en el centro de Honduras, y a la seis de la mañana once personas provenientes de diversos lugares de Honduras nos montamos en dos camionetas con el único propósito de encontrar el Red-throated Caracara[4]. En el grupo había observadores de aves expertos como John Van Dort, Francisco Dubón, Héctor Moncada, Oscar Suazo y Ricardo Aguilar, fotógrafos eximios como Kathy y Alejandro Sikaffy, además de Karina y Ashley, esposa e hija de Romel.

DSC05715

El día estaba oscuro y lluvioso, tal como indicaba el pronóstico. Nos dirigimos hacia el noreste por un camino que rápidamente se hizo de tierra. Gracias a la tracción 4 x 4 de las pickups pudimos avanzar sobre el barro y vadear algunos pequeños arroyos; ante los signos de una posible tormenta alguno propuso desistir del intento. Sin embargo, primó el deseo de arriesgarnos y continuar el viaje por un camino sinuoso que bajaba y subía.

Tras andar más de una hora, al aproximarnos al punto donde Romel Romero había visto los dos ejemplares, las nubes comenzaron a alejarse, permitiendo que el sol asome sus rayos. Cuando nos detuvimos cerca de las 7.30 de la mañana en el sector Tierras Blancas (14.7092,-87.6973), Municipio de La Trinidad, Departamento de Comayagua, el cielo se había aclarado. Nos encontrábamos en la cresta de una montaña a 630 metros sobre el nivel del mar, que servía de mirador hacia un fértil valle tras el cual se levantaba otro cerro. La vista era imponente.

DSC05643

Repentinamente apareció un buen número de payasos, un tipo de pájaro carpintero de aspecto colorido (en inglés Acorn Woodpecker, nombre científico Melanerpes formicivorus).

DSC05652.JPG

También contemplamos, entre otros, a un halconcito llamado en español cernícalo americano (en inglés, American Kestrel, nombre científico Falco sparverius[5]) y, apoyado sobre un poste de madera, un pequeño Rusty Sparrow (nombre científico Aimophila rufescens).

DSC05659.JPGRomel reprodujo desde su celular el canto del caracara garganta roja audible a considerable distancia gracias a un parlante con tecnología bluetooth; en algún momento se oyó la respuesta a lo lejos pero no fue posible identificar de dónde provenía el sonido. El aliciente más significativo provino de un agricultor que apareció en el camino con su machete. Al consultarle nos dijo:

Siempre se escucha; es un ave negra de cuello rojo y pico ganchudo. Aquí le decimos “cuentacacao”.

Sentimos que estábamos más cerca.

Luego de casi una hora en nuestra primera parada, avanzamos cerca de un kilómetro más hasta el sector Terreros (14.7104,-87.6857), a 650 metros sobre el nivel del mar.

DSC05648.JPG

Mientras detrás nuestro se alzaba un bosque mixto de pino-encino, seguíamos desde la carretera de tierra pendientes de oír el canto del caracara garganta roja.

DSC05665.JPG

De pronto en el cielo aparecieron numerosos buitres negros, conocidos en Honduras como zopilotes cabeza negra (en inglés, Black Vulture; nombre científico Coragyps atratus) y gavilanes de ala ancha (en inglés, Broad-winged Hawk; nombre científico Buteo platypterus). En esa media hora volvimos a llamar al caracara garganta roja sin éxito. ¿Estaría realmente allí o la observación que Romel había hecho durante la semana fue pura casualidad?

EN BUSCA DEL CARACARA GARGANTA ROJA

Decidimos seguir avanzando. Llegamos a La Trinidad, un pequeño pueblo, cabecera del municipio del mismo nombre, que vive de la agricultura y la ganadería. Vimos la iglesia, erigida hace justo un siglo, y aprovechamos para hacer consultas. Todos coincidían que el ave estaba en la zona. Nos brindaron la misma descripción que el campesino y el mismo nombre: cuentacacao.

DSC05672.JPG

Seguimos nuestro viaje cuando alguien señaló la copa de un árbol ubicado a unos 30 metros sobre un montículo . Bajamos de los autos pensando que había visto el ave que buscábamos. Sin embargo, eran dos caracaras comunes o quebrantahuesos, (en inglés Crested Caracara; nombre científico Caracara cheriway), muy parecidos al que conocemos en Argentina como carancho (nombre científico Caracara plancus). No tuvimos tiempo de fotografiarlos pues volaron de inmediato.

Copy of DSC07592
Crested Caracara (nombre científico Caracara cheriway); foto tomada en 2015

Avanzamos unos 150 metros más (ubicación 14.7114,-87.6604) y de repente oímos muy cerca de nosotros su inconfundible canto, que suena parecido a ca-cou, ca-cou, de allí lo del nombre cuentacacao. Una pareja de caracaras garganta roja estaba frente de nosotros. Aunque se movió de inmediato seguimos oyendo las ruidosas voces. Vimos otro ejemplar a nuestra derecha y luego de avanzar unos metros, uno posando directamente frente a nosotros en una rama elevada. Además, se veía la pareja en una zona oscura cubierta por hojas del mismo árbol. En total había cinco.

Copy of DSC05687.JPG

Cruzamos un alambre de púas y pudimos observar, fotografiar y filmar desde cerca el ejemplar perchado, quizás un poco más joven que los otros. Se quedó allí largamente, durante más de 15’. Pudimos admirar esta ave de gran porte en toda belleza.

Luego dos ejemplares volaron hasta una rama seca y se dejaron fotografiar allí por unos instantes.

DSC05710

Misión cumplida. Habíamos podido ver al fin esta peculiar ave cuya supervivencia en México y Centroamérica se encuentra en riesgo.

ACERCA DEL CARACARA GARGANTA ROJA

El caracara garganta roja es altamente territorial y de gran tamaño, pues mide entre 53.3 y 63.5 cm. Su extensión de alas llega a 114.3 cm. No presenta dimorfismo sexual[6].

Su cabeza y cuerpo son de color negro con panza blanca y patas rosadas o rojas; su pico amarillo está rodeado de una cera[7] color celeste; desde luego, su garganta es roja, lo mismo que sus ojos.

Copy of DSC05688.JPG

Habita en bosques de hoja ancha y de pino, a una altura que varía de los 500 a 1000 metros sobre el nivel del mar, al menos en Honduras[8]. Anda solo, en pareja o en grupos pequeños; su vuelo es lento.

Contra lo que se cree no es un ave carroñera. Se alimenta principalmente de larvas de abejas y avispas (hurgando en sus nidos) pero también de insectos adultos[9]. Coloca dos a tres huevos blancuzcos con manchas rojizas y amarronadas[10].

Ya los expertos Steve Howell y Sophie Webb al publicar su famoso libro en 1995 sobre aves de México y norte de Centroamérica presumieron que el caracara garganta roja se encontraba extirpado de la región. En aquel entonces utilizaron su anterior nombre científico, Daptrius americanus. Ernest Preston Edwards también en su libro de aves de México y áreas adyacentes, publicado en 1998, los considera extirpados de esas zonas[11]. Por todo ello, haber admirado estas magníficas aves, tan difíciles de hallar, fue uno de esos momentos que recordaremos toda la vida.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] BirdLife International (2018) Species factsheet: Ibycter americanus. Downloaded from http://www.birdlife.org on 25/10/2018

[2] Davis, C. and S. McCann (2014). Red-throated Caracara (Ibycter americanus), version 1.0. In Neotropical Birds Online (T. S. Schulenberg, Editor). Cornell Lab of Ornithology, Ithaca, NY, USA. https://doi.org/10.2173/nb.retcar2.01

[3] www.ebird.org, © Audubon and Cornell Lab of Ornithology

[4] Los observadores de aves preferimos usar los nombres en inglés pues en todos los países donde se habla esa lengua (de Estados Unidos a Australia, del Reino Unido a Sudáfrica) las aves mantienen el mismo nombre; en cambio, los nombres populares en español suelen cambiar no solo de país en país, sino de pueblo en pueblo.

[5] Aclaramos el uso de las mayúsculas y minúsculas en las especies animales: los nombres populares en español van en minúscula (uno no escribe “una Jirafa” sino “una jirafa”; en inglés se escriben con la letra inicial en mayúscula. Finalmente, los nombres científicos se escriben con dos palabras en latín; la primera, con la letra inicial en mayúscula expresa el género y la segunda, toda en minúsculas, expresa la especie).

[6] Gallardo, Robert J., “Guide to Birds of Honduras”, Edición de autor, 1ª Edición, 2014, p.236.

[7] “Cera” en español (“cere” en inglés) es una membrana que se encuentra en la parte superior del pico de algunas aves

[8] Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016, p.218

[9] Gallardo, Robert J., Op. cit., p.236.

[10] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p.212

[11] Preston Edwards, Ernest “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005), p.186


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos

AMAZILIA LUCIAE, EL COLIBRÍ ESMERALDA, ÚNICA AVE ENDÉMICA DE HONDURAS (por Pablo R. Bedrossian)

Amazilia luciae 01.JPG

Hace unos meses recibí una invitación de Proyecto Aldea Global -una ONG dedicada a la alfabetización, salud comunitaria, supervivencia de niños, proyectos de seguridad alimentaria, medio ambiente y desarrollo agrícola- para visitar la aldea San Lorenzo, en el productivo Valle Arriba del río Aguán, cercano a la ciudad cívica de Olanchito, en el Departamento de Yoro, Honduras.

Aldea San Lorenzo 01
La casa más antigua de la aldea San Lorenzo Arriba

Compartimos maravillosos momentos con los habitantes del lugar, dedicados en su mayoría a las tareas del campo. Personajes como El Cute, un excelente domador de caballos, hicieron de la visita una experiencia extraordinaria.

Amazilia luciae 04
A la izquierda Felipe Reyes, subdirector de Proyecto Aldea Global en Honduras, en el centro El Cute y a la derecha el autor de esta nota

Sin embargo, el propósito principal de la visita era admirar por primera vez el Amazilia luciae, el famoso colibrí esmeralda, la única ave endémica de Honduras. Al decir endémica indicamos que se encuentra exclusivamente en ese bello país de Centroamérica, que ha sido mi hogar durante los últimos 15 años.

Amazilia luciae por Romel Romero 01
Amazilia luciae, el colibrí esmeralda hondureño, fotografía por Romel Romero

Para ello fuimos a su biotopo, ubicado en el polígono de tiro de la Fuerza Aérea Hondureña -que alguna vez fue un aeródromo-, cercano a la ciudad de Olanchito. Un biotopo es una zona con condiciones ambientales uniformes que provee espacio vital a un conjunto de flora y fauna. Sólo estando en el lugar pude entender por qué este pequeño picaflor de rutilantes colores puede observarse casi exclusivamente allí.

Amazilia luciae 05
Cartel en la entrada del polígono de tiro de la Fuerza Aérea hondureña

Se trata de un bosque tropical muy seco (ultraseco, si se permitiera la expresión) en el valle del río Aguán que ofrece un panorama totalmente diferente al resto de Honduras, pues está poblado de cardos, cactus y arbustos capaces de sobrevivir en situaciones de extrema sequedad. Obviamente forma parte de un área protegida, que atrae a visitantes de diversas partes del mundo. No se puede ingresar sin previo aviso, pues se exige un permiso emitido por las autoridades.

Bosque muy seco - Pilosocereus chrysacanthus y Opuntia hondurensis
Vista del bosque muy seco; sobresalen dos especies: Pilosocereus chrysacanthus y Opuntia hondurensis

EL COLIBRÍ ESMERALDA

Este colibrí, cuyos macho y hembra son muy parecidos, mide unos 10 cm; Se caracteriza por un color azul turquesa rutilante en la zona que va de la garganta a la parte superior del pecho, aunque en ocasiones adquiere un color más grisáceo; en la hembra el brillo de la gorguera suele ser menos intenso.

Amazilia luciae 02
Amazilia luciae, el colibrí esmeralda hondureño

La corona, nuca, dorso y flancos son color verde esmeralda; sus plumas cobertoras son oscuras con borde blanco, aunque en el área superior son más verdosas; la mitad inferior del pecho y el vientre son blancuzcos. Emite un zumbido con las alas, las cuales mueve con mayor rapidez que cualquier otra ave.

Amazilia luciae por Romel Romero 02
Amazilia luciae, el colibrí esmeralda hondureño; fotografía por Romel Romero

La cola tiene una hendidura y a veces parece levemente bifurcada. El pico es de color gris oscuro y está muy levemente curvado, con su sección inferior de color rojizo opaco. Una marca de campo característica es la mancha postocular blanca.

Amazilia luciae 06
En la foto se observa la parte inferior del pico rojiza, la gorguera clara (en este caso grisácea) y la mancha blanca postocular

En el biotopo que visitamos su principal alimento proviene del Pie de Niño (Pedilanthus camporum), una especie que florece todo el año.

Flor de pie de niño (Pedilanthus camporum)

El colibrí esmeralda también se alimenta de insectos. Anida en marzo y abril y sus pequeños nidos son hechos de musgos y líquenes, poniendo en ellos casi siempre dos huevos. Las crías son alimentadas por la pareja[1].

Se observa con facilidad, pues le gusta perchar en los árboles. Vimos el primer ejemplar al llegar al centro de visitantes. Sin embargo, no siempre fue así. Cuentan Howell & Webb, autores del clásico libro sobre aves de México y norte de Centroamérica, en su primera edición de 1995: “Hasta hace poco solo se conocía de 11 especímenes, el más reciente tomado en 1950. Redescubierto en junio de 1988 en el alto Valle del río Aguan”[2]. Este comentario permite valorar el esfuerzo que ha tomado su conservación.

Amazilia luciae 07
Amazilia luciae, el colibrí esmeralda hondureño

El Amazilia luciae se ha observado en otros departamentos de Honduras: Olancho, Santa Bárbara y Lempira; hay registros aislados en Cortés en eBird, la base de datos de aves más reconocida a nivel global.

ACERCA DE LA FAUNA Y FLORA EN EL BOSQUE TROPICAL MUY SECO

En cuanto al reino vegetal, de las 11 especies endémicas que existen en las zonas de bosque seco tropical en Honduras, nueve se encuentran en el biotopo del colibrí esmeralda cercano a Olanchito[3]. De ellas, cuatro son endémicas del valle del río Aguán: Stencereus yunckeri, Capparis admirabilis, Opuntia hondurensis y Eugenia coyolensis.

Opuntia hondurensis 01
Opuntia hondurensis endémica

Además, se observan otras especies, capaces de sobrevivir en el área del polígono de tiro de la Fuerza Aérea Hondureña donde habita el Amazilia luciae.

Capparis admirabilis Stand 01
Capparis admirabilis Stand endémica

Existe, además, un reptil endémico del mismo biotopo: el Ctenosaura melanosterna, el jamo negro, una iguana oscura, que sólo se ve en el Departamento de Yoro y en los Cayos Cochinos en el Caribe hondureño. Es famoso pues en Olanchito se celebra todos los años el Carnaval del Jamo, una fiesta popular que incluye desfile de carrozas, música y exposiciones, dedicada desde 1988 a san Jorge, patrón de La Ciudad de los Escritores hondureña.

Ctenosaura melanosterna - jamo negro 01
Ctenosaura melanosterna, popularmente conocido como jamo o jamo negro

VIDEOS DEL COLIBRÍ ESMERALDA

VISITAR LA ZONA

Amazilia luciae por Romel Romero 03
El grupo con el que visitamos el biotopo del colibrí esmeralda hondureño junto a nuestros guías. Fotografía por Romel Romero

Para los amantes del aviturismo, todo el camino desde San Lorenzo Arriba hasta Olanchito tiene innumerables sorpresas; sin embargo, el mayor tesoro es observar el Amazilia luciae en su propio entorno. Si puede visitar la zona, no dude en buscarlo. Puede hallarlo en pleno vuelo o posándose en una rama en cualquier momento.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS

A Felipe Reyes de Proyecto Aldea Global, por la invitación. A toda la gente de la aldea San Lorenzo, vecina a Olanchito, por su maravillosa cordialidad.

A Romel Romero por la revisión de esta nota y sus valiosas sugerencias, así como por sus fotografías que generosamente cedió en forma gratuita para esta nota.

A José Luis Ramos quien nos recibió en nombre de ASIDE en el Refugio de Vida Silvestre Colibrí Esmeralda Hondureño y contribuyó a este artículo con la identificación de las plantas, arbustos y árboles que fotografiamos durante nuestra visita.


REFERENCIAS

[1] http://asidehonduras.org/colibri-esmeralda-hondureno/. ASIDE, una ONG local, es la responsable de la protección y conservación del Refugio de Vida Silvestre Colibrí Esmeralda Hondureño (RVSCEH)  que tiene un convenio de co-manejo con el Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo Forestal, Áreas Protegidas y Vida Silvestre (ICF) y las Municipalidades de Arenal y Olanchito.

[2] Howell, Steve y Webb, Sophie, “A Guide to the Birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford Press University, 1ra. Edición, 1995, p.409

[3] Según el DECRETO OFICIAL No.159-2005 publicado en La Gaceta de la República de Honduras el 9/11/2005. Desde luego, si ben no es una publicación científica, el decreto se basa en información provista por especialistas en biología.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos y videos pertenecen al autor y es el dueño de todos sus derechos a excepción de las tres fotografías en las cuales se indica que su autor es Romel Romero.


BIBLIOGRAFÍA

Gallardo, Robert J., “Guide to the Birds of Honduras”, Mountain Gem Tours, 2014

Howell, Steve y Webb, Sophie, “A Guide to the Birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford Press University, 1ra. Edición, 1995

Fagan, Jesse & Oliver Komar “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America”, Peterson Field Guides, 2016

UNA CAMINATA POR PANACAM (PARQUE NACIONAL CERRO AZUL MEÁMBAR) (por Pablo R. Bedrossian)

Si Ud. viene por la carretera que une Tegucigalpa, la capital de Honduras, con San Pedro Sula, corazón industrial del país, encontrará a mitad de camino uno de los espejos de agua más bellos de Centroamérica, el Lago de Yojoa. Puede parar allí en el conocido Restaurante La Naturaleza para degustar los famosos pescados fritos de la zona o avanzar un corto trecho para hacer una excursión en lancha.

P1060051

Aunque el encuentro con los centenares de especies de aves que sobrevuelan el lago es asombroso, si no conoce la zona puede perder lo mejor: El Parque Nacional Azul Meambar, más conocido por su acróstico PANACAM.

Panacam 001 DSC05520

Nuestro punto de inicio es el Panacam Lodge, un hotel de montaña administrado por la ONG Aldea Global. Para llegar, viajando de Tegucigalpa a San Pedro Sula se debe doblar a la derecha en La Guama, y ascender 7 kilómetros por un camino de piedra para el cual no se necesita un vehículo con tracción 4 x 4, salvo en ocasiones de grandes tormentas.

Panacam 010 P1190621

Al final del camino hay un pequeño puesto de control del ejército, e inmediatamente aparece el lodge en un entorno natural intensamente verde, rodeado de cerros. Seguramente al llegar a la recepción observará diferentes especies de colibríes en pleno vuelo o alimentándose en los comederos.

Panacam 003 DSC05511

El lugar es ideal para los que aman el treakking, el hiking y todo tipo de senderismo. Además, para los observadores de aves es un verdadero paraíso. Según eBird, la base de datos más utilizada en el mundo por los birdwatchers, Panacam Lodge es el quinto lugar de Honduras con más especies observadas, 309 a agosto de 2017, una cantidad mayor a la que se registran en algunos países.

Panacam 000 P1190825

No sólo la fauna sorprende. Es un lugar ideal para relajarse y meditar. Lejos ruido de las grandes ciudades, el soplo de una brisa o el canto de los pájaros nos permite desconectarnos de las preocupaciones y renovar nuestra visión de nosotros mismos y de las circunstancias que atravesamos.

Panacam 011 P1190852

En mi último viaje descubrí una mejora en el restaurante del hotel, un amplio deck de madera donde uno puede dejar que la mirada se pierda entre el bosque y el cielo mientras disfruta de una taza del famoso café hondureño.

Panacam 002 DSC05553

Siempre que visité PANACAM encontré joyas. Por ejemplo, un White-collared Manakin (cuyo nombre científico es Manacus candei), un ave que nunca se queda quieta, y, por lo tanto, difícil de fotografiar.

Panacam 012

RECORRIENDO EL SENDERO SINAÍ

Sin embargo, hoy quiero compartir acerca del sendero Sinaí, un paseo por la montaña de 6.5 kilómetros que junto a un grupo de cinco birdwatchers recorrimos en la última visita: nuestro guía y amigo Romel Romero, Felipe Reyes, David Corea, el joven Abiel Martínez y quien escribe. Emprendimos el ascenso hacia lo alto de la montaña, livianos de ropa pero con nuestras cantimploras llenas y las cámaras fotográficas listas.

Panacam 004 DSC05406El camino no es muy empinado. Por el contrario, está diseñado para que cualquiera que esté en buena forma puede recorrerlo. Va subiendo lentamente, con algunos tramos planos donde es ideal hacer una pausa para admirar el entorno, visualizar aves y descansar por la subida.

Panacam 005 DSC05403

– ¡Colibrí! ¡Colibrí!

Avisó Romel, nuestro guía y maestro. Todos hicimos silencio para observarlo. Era un Berylline Hummingbird, un hermoso picaflor cuyo nombre científico es Amazilia beryllina.

DSC05468

Tardamos unos 20′ para llegar a una torre de avistamiento hecha de madera. Como aún era temprano y recién amanecía, el espléndido bosque se vía como un manto gris oscuro cubierto de niebla. Decidimos seguir el ascenso mientras el sol despejaba el cielo y el cerro comenzaba a revelar su verdor. Como en un bosque encantado, a cada paso algo nos sorprendía: hongos de diversos colores, mariposas de colores o ranitas de montaña.

Panacam 007 DSC05360

Sin previo aviso unos loros poco comunes, llamados en inglés es Brown-hooded Parrot (nombre científico Pyrilia haematotis) salieron a nuestro encuentro. Nos detuvimos unos momentos para observar cómo elegían los frutos

Panacam 008 DSC05385

Poco después llegamos a un amplio mirador. Recorrer la distancia entre la torre y el mirador nos tomó algo menos de media hora. Desde allí la vista que se extendía hasta el lago nos maravilló.

Panacam 012 DSC05363

Mientras degustábamos una burrita (una pequeña merienda para tener fuerzas en lo que restaba del camino), un Green Honeycreeper (nombre científico Chlorophanes spiza) posó para nosotros. Era un macho, pues esta especie presenta lo que se conoce como dimorfismo sexual: el macho es visiblemente diferente de la hembra, que en esta especie es intensamente verde.

Panacam 014 DSC05412

A medida que ascendíamos iba cambiando el clima y la vegetación. Una experiencia memorable fue cerrar los ojos y escuchar. La sinfonía de pájaros alrededor nuestro nos permitió conectarnos con la naturaleza de un modo profundo. Lejos quedaban los ruidos  molestos de la ciudad. Además, la hermosura de la naturaleza continuaba sorprendiéndonos.

Panacam 008 DSC05417

Como saben los birdwatchers, observar aves en el bosque es mucho más difícil que en campo abierto. Por eso avanzamos silenciosamente hasta la cima. Allí, entre la densa vegetación, pudimos atisbar el otro lado de cerro. Antes de iniciar el descenso vimos a nuestra derecha el pico más alto de esta formación geológica. Mientras tanto, delante se extendía toda la falda del cerro cubierta de verde.

DSC05426Poco después de iniciar un intensivo descenso, notamos un brusco cambio en el entorno que nos rodeaba. La forestación era diferente y por un momento las voces de las aves se hicieron inaudibles.

Panacam 016 DSC05429Pocos metros más adelante llegamos a un lugar emocionante: el sitio donde las cámaras trampa habían fotografiado meses atrás a un puma; avanzamos por el estrecho sendero donde el poderoso felino había dejado sus pisadas. Escuchamos un Red-capped manakin, una de las aves más bellas y curiosas de Honduras, debido a su famoso baile.  Intentamos encontrarlo entre la maleza -que en Centroamérica se conoce como zacate– pero, pese a los intentos de Romel, fue imposible. Nos dejó un buen motivo para regresar. Pero allí mismo, en ese lugar, otros pájaros pusieron color y movimiento a la mañana que ya se iba convirtiendo en mediodía.

Panacam 016 DSC05479

Descendiendo otro buen trecho, llegamos a una cascada cuyo raudal cae desde unos 10 metros de altura. El agua fresca, la suave brisa, el vuelo de los vencejos y las gruesas piedras crean un oasis luego del intenso recorrido. Al estar al amparo de un pequeño cañón, su sombra ayuda a menguar el calor.

Panacam 017 DSC05444

Cruzamos un puente colgante y subimos unos metros; nuevamente multitud de pájaros cantaron alrededor nuestro.

Panacam 018 DSC05456

Muchos pertenecían a distintas especies de colibríes. Abiel y Romel nos ayudaron a identificarlos entre la espesura del bosque. Pareciera que esas aves diminutas hubieran estado esperando por nosotros.

Panacam 017 DSC05517

Panacam 019 DSC05545

La visita se acababa. Unos veinticinco minutos después arribamos a nuestro punto de partida. Un suculento almuerzo en el restaurante del Panacam Lodge aguardaba por nosotros.

NOS VAMOS PARA VOLVER

Cada vez visita a PANACAM ofrece algo diferente gracias al manejo que desde 1992 el Proyecto Aldea Global realiza sobre este bello parque nacional. Debido a su excelente gestión, esta ONG obtuvo en 2009 el Premio Nacional del Ambiente en la Categoría Institucional, que otorga la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (SERNA) y la Fundación Cervecería Hondureña para el Ambiente.

Panacam 020 P1190855

Proyecto Aldea Global es una propuesta inclusiva que promueve la participación activa de los municipios y comunidades de la región.

Panacam 022 P1350817

El día se termina. Uno puede elegir quedarse o regresar en otra ocasión. Prefiero la primera opción, pues los colores del atardecer son demasiado bellos como para perdérselos. Si piensa visitar Honduras y ama la montaña y la naturaleza va a disfrutar de este magnífico lugar.

Panacam 023 P1190642

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.