¿ES EL COACHING UNA PANACEA? – UN COMENTARIO A “COACHING” DE JOHN WITHMORE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO 

A partir de las experiencias Tim Gallwey en el tenis, donde descubrió que el peor enemigo del jugador no es el que está del otro lado de la red, el coaching se extendió inicialmente a otros deportes como el esquí y el golf. Su éxito fue tan notorio que llegó sin dificultad al mundo empresarial donde hoy forma parte inseparable de la gestión de personas. Sin embargo, ¿vale su uso para todos los casos? ¿Se trata de una herramienta, un sistema o una panacea?

“Coaching”, el libro de John Withmore, presenta una visión altamente optimista. La primera parte de este texto, ya clásico, nos parece la más rica por sus definiciones. Afirma: “El coaching consiste en liberar el potencial de una persona para incrementar al máximo su desempeño. Consiste en ayudarle a aprender en lugar de enseñarle”. Presenta al coaching como “una intervención que tiene como objetivo subyacente y omnipresente el fortalecimiento de la autoestima en los demás”.

Enseguida da su respuesta a una de nuestras preguntas: ‘El coaching no es una mera técnica; es una forma de gestión, un modo de tratar a la gente, una forma de pensar y un modo de ser”. Para ello basa el proceso en dos principios: la toma de conciencia y responsabilidad.

Luego de diferenciar el coaching del mentoring, presenta los tipos de coaching y las herramientas que el modelo ofrece. Contrapone la “cultura de la censura” a la “cultura del coaching” y plantea con acierto la dificultad que los gerentes de la vieja escuela tienen para adaptarse a este nuevo modelo donde no mandan sino orientan y mueven a los colaboradores mediante preguntas a actuar por sí mismos.

Photo by Jopwell on Pexels.com

En un párrafo iluminador sostiene: “Un maestro, un instructor o un gerente se sentirán tentados a mostrar y decir a los otros que hagan algo como él les ha enseñado a hacerlo, o como dice ‘el libro’ que se debería hacer. En otras palabras, le enseña. SI bien el aprendizaje y el empleo de la manera ‘correcta’ o normal de hacer algo mostrarán las ventajas del desempeño inicial, se suprimen las preferencias y atributos personales del subordinado, facilitando el proceso para el gerente. Pero esto también hace al subordinado más dependiente del experto, lo cual fomenta el ego del gerente y su ilusión de poder”.

Finalmente, el libro dedica amplias secciones a la técnica de hacer preguntas, a las características del coach, a cómo lograr el darse cuenta y la asunción de la responsabilidad, al coaching de equipos, a las barreras al coaching y a los beneficios del sistema.


UN BREVE ANÁLISIS

Aunque personalmente hemos recibido enormes beneficios al ser coacheados y también hemos alcanzado excelentes resultados al brindarlo a nivel directivo, nos proponemos presentar objetivamente algunas reflexiones que surgen frente a la lectura de un libro tan importante.

¿OPTIMISMO O INGENUIDAD?

Withmore sostiene que “para utilizar satisfactoriamente el coaching hay que adoptar una perspectiva mucho más optimista que la habitual de la capacidad latente de la gente, de toda la gente”. ¿Se trata de una visión optimista o ingenua?

Otra escuela parte de una premisa radicalmente diferente: “toda persona en su horario de trabajo trata de conseguir sus objetivos personales”; basada en numerosos ejemplos, propone que la respuesta apropiada es alinear esos objetivos personales a los objetivos de la empresa mediante sistemas de incentivos (monetarios y emocionales) que alienten el comportamiento deseado. Mientras en “Coaching” la visión del hombre es altamente positiva, bajo esta perspectiva es claramente negativa. Probablemente ambos enfoques tengan su parte de verdad. Sin embargo, algo pueda inclinar la balanza en favor de la visión de Withmore: si encontramos gente con agendas propias dentro de las organizaciones es probable que no hayan pasado por procesos robustos de selección. Contrataciones basadas exclusivamente en competencia duras o en costos traen malas consecuencias. La búsqueda de habilidades blandas y, en particular, de los valores -tan mencionados en las organizaciones, pero muy poco explorados en las entrevistas y pedidos de referencias- junto a la realización de detección de perfiles de puesto permiten reclutar personas confiables, íntegras y proactivas.

¿PARA TODOS O PARA AQUELLOS QUE YA CONOCEN LAS TAREAS?

Respondiendo también la pregunta si vale su uso para todos los casos, está la cuestión situacional. Si tengo una persona debe aprender a manejar una máquina, ¿debo hacerlo a través de preguntas o tengo que enseñarle? En ese sentido, el recorrido que Ken Blanchard nos propone en su famosa matriz nos indica que el coaching solo es oportuno en la medida que la persona esté preparada y haya adquirido cierta práctica. El coaching trabaja más en el comportamiento de apoyo que en el comportamiento directivo.

Photo by fauxels on Pexels.com

¿UNA HERRAMIENTA, UN SISTEMA O UNA PANACEA?

Llamamos panacea a un remedio que cura todos los males. Nos parece una ingenuidad pensar que el coaching como cualquier otro abordaje de la gestión humana pueda con todo. El mismo Withmore reconoce que hay casos que necesitan ayuda psicológica. Creemos que sin una adecuada formación clínica, un gerente que actúe como coach o incluso un coach profesional externo puede equivocarse si espera inducir, por ejemplo, cambios de comportamiento en personas con trastornos bipolares; del mismo modo, corren un alto riesgo de ser manipulados por psicópatas, que suelen ser personas muy seductoras e inteligentes. Sin embargo, y pese a su propia advertencia, el libro tiende a presentar el coaching como un sistema de valor universal.

Una herramienta o técnica es una acción o recurso que utilizamos cuando lo necesitamos; un sistema o modelo es nuestra forma habitual de trabajar. John Withmore plantea que es un sistema.  coincidimos con él que el coaching puede y debe adoptarse para impulsar el crecimiento de las personas. Sin embargo, como hemos visto al citar a Blanchard, el comportamiento de apoyo funciona cuando se ha adquirido el manejo de las tareas; pero, mientras tanto, en tanto uno enseña conducir una grúa, a hacer un reporte en el sistema o a presentar un producto al cliente puede ser utilizado también como herramienta.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

TRES DERECHOS QUE VIOLA LA EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL BASADA EN IDEOLOGÍA DE GÉNERO (por Pablo R. Bedrossian)

Se supone -quizás con ingenuidad- que los gobiernos elegidos por voto no actuarán como si fueran dictaduras, pues traicionarían el mandato otorgado por el pueblo. Por ello hay derechos que no se escriben: son tan obvios que se dan por sentado, como el derecho a respirar.

Algunos de estos derechos tan elementales están actualmente bajo amenaza, particularmente en los niños. Mediante un disfraz de pluralismo y derechos humanos, se presenta un dogma que no solo carece de sustento científico sino que precisamente contradice ambas consignas: es exclusivista y viola derechos humanos tan básicos como la libertad de pensamiento y expresión; nos referimos a la ideología de género.

La ideología de género, que en la práctica es impartida en escuelas argentinas bajo la bandera de educación sexual integral (ESI), ahora quiere ser impuesta en forma absoluta y totalitaria mediante las modificaciones a la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral, propuestas por las comisiones de Educación, Familia, Mujer y Minoridad del Congreso de la Nación, para su tratamiento en la Cámara de Diputados.

Desde luego, estamos de acuerdo con la educación sexual integral en las escuelas, pero sus contenidos deben estar basados en evidencias científicas y no en manipulaciones o en enunciados sin fundamento, deben respetar los derechos del niño y de sus padres y los idearios de las instituciones que ellos han elegido, estableciendo consensos con toda la comunidad educativa.

Tanto las modificaciones que se han propuesto a la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral como la práctica extendida de adoctrinamiento de género que realizan algunos docentes, violan por lo menos tres derechos básicos de los niños:

  1. EL DERECHO A LA INTIMIDAD

La intimidad es aquello que conocemos de nosotros mismos que no queremos que conozcan los demás. Preservamos nuestra intimidad de muchas maneras. Por ejemplo, nos vestimos porque no deseamos que los demás nos vean desnudos.

La enseñanza temprana sobre como tener relaciones sexuales (bajo la falsa consigna de “hacer el amor”, cuando muchas veces no hay amor en el sexo) viola otro derecho natural: el derecho al autodescubrimiento, estrechamente ligado al derecho a la intimidad. No se puede forzar a niños y niñas de corta edad a ver una erección, como se muestra en el video al que fueron expuestos en clase niños de 8 y 9 años en Córdoba, y menos sin el consentimiento de los padres. De paso, el inicio del video, una santa abuelita, como buen Caballo de Troya no sugiere lo que realmente se muestra después. Comparto la noticia donde se proyectan las imágenes a las que hago referencia (por favor, vea el video completo):

De hecho, aunque sean dibujos animados es pornografía pues representa escenas de actividad sexual. ¿Esos docentes no se preguntan cómo impactan emocionalmente esos contenidos “educativos” a esa temprana edad, donde ni el niño ni la niña siquiera están biológicamente desarrollados para una relación sexual? ¿No se dan cuenta que puede ser perturbador? Quieren obligar por la fuerza a que el niño vea cómo tener sexo sin permitirle elegir ni a él ni a sus padres el momento oportuno.

El artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas dice: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, en su familia… Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”. En los mismos términos se expresa el artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (más conocido como Pacto de San José de Costa Rica), a la cual la República Argentina ha adherido. Nadie y menos aún el Estado tiene derecho a ninguna injerencia en la vida privada.

  1. EL DERECHO A LA VERDAD

La ideología de género presenta sus dogmas como verdades indiscutibles, pese que carecen de fundamentos genéticos, anatómicos y fisiológicos. Presenta lo que para muchos no es normal como si lo fuera. Oculta toda la evidencia biológica divorciando caprichosamente el sexo del género, como si el ojo no fuera para la vista. Presenta la autopercepción como un signo de normalidad cuando sus acólitos consideran enfermo a quien se autopercibe como Napoleón o como un perro y no le asignan los mismos derechos. La ideología de género ignora deliberadamente la ruptura que puede haber en el yo, tal como describe la psiquiatría clásica.

Ante la debilidad de sus argumentos, sus apóstoles han elegido la fuerza y la propaganda, no la razón, para imponer sus doctrinas, convirtiéndose a un equivalente de la Iglesia Católica medieval, asistidos por instrumentos legales que actúan como una Inquisición que persigue a todos aquellos que piensan diferente. De paso, nótese la posición del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) de Santa Fe, frente al aborto, con su fachada cubierta por pañuelos verdes; solo defienden los derechos de los que piensan como ellos. La verdad se debe encontrar en el debate respetuoso, no en la imposición de cumplimiento obligatorio por parte de un gobierno.

INADI de Santa Fe.jpg
Fachada del INADI de Santa Fe durante el debate de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, más conocida como Ley del Aborto. Según las autoridades los pañuelos verdes fueron decisión de los trabajadores, como si ellos no tuvieran responsabilidades. ¿Qué mujer interpondría allí una denuncia si se trata de defender la vida de su bebé por nacer? ¿Qué trabajador la atendería?

  1. EL DERECHO A LA LIBERTAD

Precisamente, el miedo a la verdad -tal como en las peores dictaduras- lleva a imponer y no a debatir y consensuar los contenidos de la Educación Sexual Integral. Para ello, los ideólogos de género no solo se han infiltrado en las esferas educativas, sino que se han esmerado en obtener legislaciones que proscriben la disidencia, bajo la excusa de la discriminación y la inclusión.

De ese modo, privan a los niños de la libertad de elegir sin prejuicios: los inducen a pensar y a creer de un único modo acerca del sexo aunque contradiga sus sensaciones más elementales. Este lavado cerebral temprano, realizado a una edad donde el pensamiento crítico recién comienza a desarrollarse, pretende implantar un dogma como si fuera la única verdad, impidiendo que el niño forme a medida que crece sus propias convicciones. Paradójicamente, en nombre de la libertad se la niegan… ¿desde cuándo libertad significa pensar de una única manera?

Resumiendo, la democracia está bajo amenaza cuando desde el Estado se quiere imponer el pensamiento único; mucho más lo está cuando sus víctimas son los niños. Son muchos los que hoy han abierto los ojos y resisten. Es urgente que los gobernantes comprendan que incluir dogmas sin evidencia científica como si fueran verdades absolutas convierten su gestión en una dictadura.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

“NO ME ARREPIENTO DE NADA” (por Pablo R. Bedrossian)

Una de las frases más repetidas es “no me arrepiento de nada”. Desde celebridades como Diego Maradona, Julio Iglesias y Kate del Castillo a personajes siniestros como el asesino profesional Carlos “El Chacal” o el dictador Jorge Rafael Videla, son muchos los que la han pronunciado.

Sin embargo, no es sólo una declaración de personalidades públicas; la escuchamos en la intimidad de una charla de café, en una reunión social y hasta en los juzgados. Puede ser que Ud. o yo alguna vez la hayamos utilizado.

No es necesariamente un acto de arrogancia. Si bien la frase indica que arrepentirse es algo negativo, no parece que el arrepentimiento se perciba como algo malo, sino como un signo de debilidad.

Sin embargo, decir “no me arrepiento de nada” es una actitud defensiva: una forma de justificarnos. La frase no es una afirmación sino una negación que puede indicar, al menos, una de estas tres cosas: no querer asumir que nos hemos equivocado, negarnos a darle la razón a los otros o evitar hacernos cargo de las consecuencias de nuestros errores.

Para algunos arrepentirse sería reconocer errores o derrotas. Entonces, el problema no es el arrepentimiento sino asumir que nos hemos equivocado. La palabra fracaso en nuestra sociedad suena a lepra. Nadie quiere sentirse un fracasado; reconocer que necesitamos arrepentirnos nos incluiría en esa categoría.

Hay también quienes sienten que aceptar culpas, fallas o yerros es darles la razón a los otros, a los que le advirtieron de los riesgos, a los críticos, a los adversarios o a los chismosos. En ese caso, el problema no está en el error sino en admitirlo ante los demás.

Finalmente esgrimimos la frase para evitar hacernos cargo de las consecuencias de nuestras equivocaciones. Obviamente es una posición muy ingenua: decir que no estamos enfermos no nos librará de las consecuencias del cáncer.

ARREPENTIRSE: LAS LLAVES DEL REINO

En lo personal creo que todos tenemos muchas cosas de qué arrepentirnos, y, más importante aún, el arrepentimiento puede sernos de gran utilidad. Quiero presentar sencillamente sus beneficios.

Quien no admite que se equivocó, repetirá sus errores. Reconocer las fallas no es humillarse: es una forma de aprender. Sólo aceptando nuestras caídas podemos identificar las causas y corregirlas. El necio ignora sus fracasos; el hombre inteligente aprende de ellos.

Salvo que el orgullo nos domine, no hay nada malo en darle la razón a los demás. A veces asumimos riegos inútilmente. Saber escuchar y sopesar todos los puntos de vista es muestra de sabiduría. Alguna vez leí que hay tres clases de personas: los muy inteligentes, que aprenden de la experiencia ajena, los normales, que aprenden de la propia y están aquellos que no aprenden nunca. ¿En qué grupo quisiera encontrarse Ud.? Eso no significa que debamos actuar de acuerdo con lo que los demás nos digan, sino considerando los diferentes puntos de vista.

Finalmente, ser sincero con uno mismo implica asumir los resultados de nuestras acciones. Si le fallé a alguien, ¿por qué no reconocerlo y pedirle perdón? Si dañé a alguien, ¿no corresponde compensarlo? Es cierto que hay cosas que no tienen arreglo, pero tratar de enmendar aquellas acciones que voluntaria o involuntariamente dañaron a los demás nos ayuda a madurar y mejorar.

¿Le cuesta decir me equivoqué? ¿Es capaz no de ofrecer simplemente disculpas, sino de pedir perdón sinceramente? ¿Puede decir me arrepiento de algunas cosas y trabajo para corregirlas? En mi caso -y lo digo sin falso pudor- me he arrepentido muchas veces. Desde luego, en ocasiones ha sido doloroso, pero creo que es el modo más sencillo para cambiar, crecer y mejorar. Para ello hay dos claves: tomar conciencia y ser responsables.

Tomar conciencia es la capacidad de examinarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de nuestros aciertos y errores, fortalezas y debilidades; ser responsables es actuar midiendo riesgos y si fallamos enfrentarlo y responder por ello.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Las fotos del cuerpo de la nota corresponden a “El Pensador” de Auguste Rodin y “La Mujer del Sweter Rojo” de Antonio Berni

“LOS 7 HÁBITOS DE LA GENTE ALTAMENTE EFECTIVA”, PRINCIPIOS PARA TODA LA VIDA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “LECTURA RECOMENDADA”

7-habitosLa mayoría de la gente culpa a los demás por sus fracasos. Algunos atribuyen los sufrimientos presentes a experiencias traumáticas de su niñez. Otros, a injusticias y maltratos en el ámbito laboral o familiar, o a calamidades recientes, como robos, despidos o estafas. Incluso, hay quienes se sienten víctimas de maldiciones, del gobierno o del FMI. Independientemente de su verdadera causalidad, mientras pongamos el problema fuera de nosotros, nada va a cambiar. “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” fue escrito para dejar de mirarnos como testigos de lo que nos sucede para convertirnos en protagonistas que escriben su propia historia.

No es un obra de autoayuda; ni de management personal. Es un libro de filosofía de vida que ayuda a poner bajo una adecuada perspectiva nuestros pensamientos y nuestras acciones. Su primera parte habla de lo que el autor llama “la victoria privada”, la construcción de hábitos basados en valores, entendidos como creencias profundas sobre los cuales cimentamos nuestra persona. La segunda parte está dedicada a “la victoria pública”, que se ocupa de la formación de hábitos de comunicación y comportamiento que mejoran y enriquecen las relaciones interpersonales.

Esta obra combate el miedo, la inseguridad y la desesperanza. Quizás su mayor aporte consista en cuestionar paradigmas profundamente arraigados dentro nuestro y volvernos responsables por nuestros actos y nuestros resultados. Para ello nos provee herramientas que han demostrado ser a lo largo de los años columnas inquebrantables sobre las cuales crecer y desarrollarnos.

“Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” es un libro para leer y releer. Su autor, Stephen R. Covey, ha sido llamado el Sócrates norteamericano. Sus lecciones sobre el cambio personal pueden revolucionar su vida. La clave consiste en leer este libro mirando hacia dentro de nosotros mismos.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.