BOTHROPS ASPER – BARBA AMARILLA, FER-DE-LANCE O TERCIOPELO: RESCATANDO UN EJEMPLAR (Por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Muchos han leído nuestro artículo “Bothrops asper – Barba amarilla, la serpiente más temida de Centroamérica”, donde presentamos esta especie con datos, fotos y videos y explicamos detalles de su biología y su comportamiento. Para los que no leyeron, lo pueden encontrar en

https://pablobedrossian.com/2015/07/02/bothrops-asper-barba-amarilla-la-serpiente-mas-temida-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/

OTRA BARBA AMARILLA ENTRE NOSOTROS

Tiempo después de aquel artículo, un vecino de nuestra comunidad, Residencial Campisa, ubicada en el sector noroeste de San Pedro Sula, Honduras, me pidió ayuda pues había visto una serpiente entre unas maderas frente a su casa. Al llegar, la identifiqué de inmediato: era una Bothrops asper, conocida como barba amarilla, fer-de-lance o terciopelo. Aunque solo se veía una pequeña parte de su grueso cuerpo, los patrones en A de su piel aterciopleada y grisácesa fueron suficientes para comprender que estábamos frente a una de las especies más peligrosas de Centroamérica.

Las maderas se encontraban a pocos metros de un curso de agua. Nos preguntamos cómo retirar el barba amarilla sin correr riesgos, evitando a la vez que huyera al canal desde donde podría regresar. Además no contábamos con pinzas adecuadas para la toma de serpientes. Como no teníamos una mejor opción decidimos quitar con cuidado las maderas que estaban en las partes superiores, hasta que dejamos a la víbora al descubierto.

Desde luego, no fue un proceso fácil y tomó bastante tiempo. La serpiente prácticamente se mantuvo inmóvil, por lo que sospechamos que había elegido ese lugar para reposar tras haber ingerido alguna presa. En una ocasión habíamos observado y filmado a unos 200 metros una Boa constrictor deglutiendo un Ctenosaura similis, una iguana gris o garrobo. La cuestión es que la teníamos al descubierto y había que extraerla.

Este ejemplar medía aproximadamente 1,30 metros. Por el tamaño pensamos que era un juvenil y decidimos tocarla suavemente con un tubo de metal sin agarraderas y una rama seca de aproximadamente un metro para que ingresara por sus propios medios en una bolsa gruesa y resistente para un traslado seguro.

Al mínimo toque la serpiente se movió de inmediato, aunque sin la agresividad que hemos observado en otros adultos de la misma especie.

La fuimos guiando con el tubo y la rama procurando que entrara en la bolsa, cuya ancha boca dejamos abierta frente a ella. Guardamos una buena distancia y no la golpeamos; nuestros movimientos fueron dirigidos a evitar que se desviara. Luego de un par de intentos fallidos, la Botrhops asper ingresó en la bolsa, que cerramos y levantamos de inmediato. Cómo suele suceder, la víbora se quedó tranquila, descansando en la parte de abajo.

La trasladamos en ese mismo momento en una camioneta a una región montañosa cercana donde habíamos visto otros ejemplares de esta especie. Allí la liberamos.

Su comportamiento fue diferente pues rápidamente se movilizó y desapareció entre las piedras y las plantas.

EDUCAR PARA CONSERVAR Y ACTUAR PARA RESCATAR

Desde luego, nuestra actuación es cuestionable; no contar con pinzas entraña siempre peligros. Sin embargo, y luego de trabajar durante mucho tiempo con serpientes, sabemos que no siempre es posible hacer procedimientos de manual. Dejarla allí hubiera sido exponer a la comunidad a su mortal mordedura.

Para nosotros es importante preservar cada animal. Por ello nos ofrecemos a ayudar a nuestros vecinos en caso de visitantes peligrosos como los barba amarillas o las corales. Las rescatamos evitando en lo posible agredirlas y las devolvemos a su hábitat. En 2019 rescatamos una pequeña Bothrops asper (quizás tenía solo un par de semanas de vida) del jardín de una vecina cuyo muro linda con el de nuestra casa.

Invitamos a ver el video de este pequeño pero temible ejemplar:

En 2020, pocos días antes de la publicación de este artículo, también rescatamos una Micrurus nigrocinctus de dos colores.

Esta coral verdadera se hallaba en un terreno baldío, lindante con la vivienda de una familia de nuestra comunidad. Compartimos un video de este ejemplar una vez que fue liberada.

Muchos cuando ven una serpiente, aunque sea inofensiva, la matan de inmediato, actuando por miedo. Ese miedo es producto de la falta de educación ambiental y, en particular, el total desconocimiento de las serpientes. El gran desafío que tenemos todos los que amamos los reptiles es educar para conservar, y solo si es necesario, actuar para rescatar.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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DRYMOBIUS MARGARITIFERUS, PETATILLO O FALSO TAMAGÁS VERDE (por Pablo R, Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

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La Drymobius margitiferus es una de las serpientes más bellas de Centroamérica. Además, según Jay M. Savage es la serpiente más común de ver en Costa Rica[1]. También es una de las más frecuentes donde vivimos, que es a la vez nuestro campo de estudio: en más de nueve años de investigación en Campisa, en el noroeste de San Pedro Sula, Honduras, hemos observado 13 ejemplares, 7 vivos y 6 muertos.

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Pertenece a la familia Colubridae. Es una serpiente cuyas escamas dorsales, claramente visibles, lucen un verde amarillento brillante sobre un fondo reticulado romboidal más oscuro. Köhler, más exhaustivo en su descripción, dice que hay “sobre cada escama dorsal una mancha amarilla o verdeamarilla, de manera que la parte superior da la impresión de estar finamente moteada”[2]. De esta trama refulgente de su piel proviene el nombre de la especie, pues la palabra griega µαργαριτάρι, que se lee margaritari, significa perla.

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Alcanza hasta 1,34 m de largo[3]. La cabeza, que se distingue del cuello, posee grandes escamas que toman un color marrón o café claro, más nítido en la parte superior del hocico, mientras que las de la parte inferior son de color blancuzco o amarillo pálido. Tiene ojos oscuros, pupilas redondas y lengua bífida rosada.

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En cuanto a la dentición es aglifa: “presenta de 22 a 34 dientes maxilares, los posteriores considerablemente más grandes que los anteriores; los dientes mandibulares son desiguales”[4]. Su cola es larga. Leonel Marineros se apoya en Mendelson para decir que “pueden recurrir a la autonomía, es decir, pueden sufrir amputación en el extremo de la cola, pero ésta no se regenera”[5] ”. El hemipene es sencillo, no bifurcado.

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Totalmente inofensiva, habita desde el sur de Texas, Estados Unidos hasta Colombia, en diferentes tipos de bosques, en alturas que van desde el nivel del mar a los 1450 m. Es de hábitos diurnos y se alimenta básicamente de ranas. Leonel Marineros, citando a Álvarez del Toro, dice que a estos anfibios los “devora vigorosamente, tragando viva a la víctima”[6]. También se alimenta de lagartijas, huevos de reptiles y pequeños roedores. Se la suele encontrar en el suelo, cerca de pantanos, estanques, arroyos o río. Es ovípara y se ha documentado que colocan de 4 a 8 huevos por vez[7], cuyas crías nacen luego de 64 a 68 días[8]. Podemos decir que los expertos coinciden -con leves diferencias- que las hembras depositan los huevos entre abril y octubre.

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Köhler describe tres subespecies para Centroamérica [9]:

  • Drymobius margaritiferus margaritiferus, localizada desde Texas, Estados Unidos, a lo largo de la costa del Caribe hasta Sudamérica.
  • Drymobius margaritiferus maydis, propia de la Isla del Maíz Grande, en el Caribe, al sur de Nicaragua.
  • Drymobius margaritiferus occidentalis, ubicada desde Chiapas, México, a lo largo de la costa del Pacífico hasta El Salvador.
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Hemos encontrado que se le asignan los siguientes nombres populares: falso tamagás verde, petatilla, petatillo, culebra corredora de petatillos, citalcuate, chaquirilla, corredora pintada, margarita, ranera común; en inglés: Speckled racer.

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Tal como lo indica uno de sus nombres populares, hay quienes la confunden con el tamagás verde, denominación que engloba especies venenosas diversas tales como Bothriechis marchi y Bothriechis bicolor, muy diferentes a la Drymobius margitiferus, pero del mismo color.

Compartimos videos que hemos tomado de Drymobius margitiferus:

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.660.

[2] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.209

[3] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.76

[4] Muñoz Chacón, Federico, en

http://www.crbio.cr:8080/neoportal-web/species/Drymobius%20margaritiferus. Última actualización 4/4/2011

[5] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.67

[6] Marineros, Leonel, Op.cit., p.32

[7] McCranie, James R., Op. cit., p.125

[8] Köhler, Gunther, Op. cit. p.208

[9] Köhler, Gunther, Op. cit. p.209


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

BIBLIOGRAFÍA

Bedrossian, Pablo “Serpientes de Residencial Campisa”, Edición de autor, San Pedro Sula, Honduras, 2012

Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000

McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011

Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002