CHISMES SIN PLUMAS (por Pablo R. Bedrossian)

Chisme 01¿Qué tienen en común el chisme y la calumnia?

El chisme es una noticia o comentario con el cual generalmente se pretende predisponer a una persona con otra;  la calumnia es una acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño.

Aunque el chisme puede ser verdadero o falso, y la calumnia es por definición una mentira, tienen mucho en común. Muchas veces comparten la misma intención, y aún, cuando no la tengan,  siempre producen el mismo efecto: lastimar a una persona ausente e indefensa ante una afirmación en contra suya. Ambas son formas de desacreditar a alguien en público. Tristemente, la difamación suele ser un arma asesina de uso frecuente.

“El chisme y la calumnia producen el mismo efecto: lastimar a una persona ausente e indefensa ante una afirmación en contra suya.”

Vivimos en un mundo donde las palabras absuelven o condenan aun cuando no las respalde ninguna evidencia.  Hay gente malintencionada y “trepadora” que se sirve cualquier ocasión para descalificar al otro o, simplemente, sentirse protagonista. Cuando algunos advierten las consecuencias de sus dichos se arrepienten; sin embargo, el problema no radica en su conciencia ni tampoco en el perdón que el damnificado le otorgue, sino en el acto cometido, que, como un cuchillo hundido en el abdomen, produce heridas que no paran de sangrar.

CHISMES SIN PLUMAS

Naturaleza muerta 01Se cuenta que una joven hizo un comentario negativo contra una compañera que no estaba presente para defenderse. Tiempo después se dio cuenta que su opinión estaba equivocada; a pesar de ello el rumor que generó se había extendido. Sinceramente preocupada, fue a consultar a su maestro. Él la observó unos momentos y le dijo.

–              ¿Quieres arreglar tu error? Ve al mercado, compra una gallina, mátala y desplúmala. Luego arroja las plumas a lo largo del camino.

La alumna obedeció la indicación y regresó al día siguiente, preguntando:

–              ¿Qué debo hacer ahora?

–              Junta todas las plumas y tráemelas.

Sin discutir, la joven revisó el camino recorrido y luego de varias horas halló cuatro plumas. Frustrada, regresó y volvió a preguntarle:

–              ¿Qué debo hacer ahora?

–              ¿Trajiste sólo cuatro? Debías traer todas las plumas y ponerlas en su lugar.

–              Tú sabes que eso es imposible.

–              Ya ves; lo mismo sucede cuando nuestras palabras señalan a otros injustamente.

Aun cuando el propósito no haya sido perjudicar a alguien, el efecto de emitir un juicio negativo sobre otra persona ante otra puede ser devastador. Debe ser esa una de las razones por la cual se dice que el hombre es dueño de las palabras que calla y esclavo de las que pronuncia. Cuidemos nuestras palabras hablando tal como quisiéramos que los demás hablaran de nosotros.

“Cuidemos nuestras palabras hablando tal como quisiéramos que los demás hablaran de nosotros.”

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

 

NOTA: SOBRE EL RELATO DE LAS GALLINA

El relato de la gallina desplumada ha llegado hasta nosotros de boca en boca, y tiene muchas variantes. La nuestra es una adaptación que hoy pertenece al saber popular.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

 

Acerca del dibujo: Fue descargado de la web; ignoro su autor.

Acerca de la foto: Fue descargada de la web;  ignoro su autor. Corresponde a una escultura de Ron Mueck, titulada “Still Life” -en español “Naturaleza muerta”-, de 2009.

 

CÓMO COMPONER CANCIONES (Parte 2)

Sin embargo, en cierta medida, el arte también puede ser aprendido. Es como recibir un diamante en bruto. La tarea del artista es tallarlo para proveerle ese fulgurante brillo misterioso y cautivador. Entonces, centrémonos en el  momento en que debemos  trabajar la inspiración que hemos recibido, y convertirnos en actores y protagonistas.

La música, como todo arte, es una forma de expresión. Uno saca afuera lo que tiene adentro.  Como expresión se integra al proceso de comunicación. Por eso, al escribir una letra y/o una música nos formulamos inicialmente dos preguntas: A quién me dirijo y qué quiero decirle.

Música y comunicación

Identificar el destinatario es reconocer su persona y su situación, sus convicciones y sus aspiraciones. Definir el tema de la canción es elegir el mensaje. El mensaje puede surgir de mis propios intereses (“lo que me interesa que el otro oiga”) o ser motivado en la necesidad del otro (“lo que al otro le interesa escuchar”). Por supuesto, hay muchas variantes pero es primordial comprender  que nuestra labor se inicia respondiendo estas dos cuestiones, que son simultáneas y concurrentes.

Obtenidas ambas respuestas nos formulamos la tercera pregunta: Cómo vamos a comunicar. ¿Cuál es el medio y cuál es la forma más adecuados para lograr el impacto que queremos?

El apóstol Pablo escribió “Tantas clases de idiomas hay, seguramente,  en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí”[1]. Para que podamos ser comprendidos primero hay que comprender al otro. Debemos ponernos en sus zapatos; si no lo hacemos nuestro mensaje puede ser percibido simplemente como ruido o voces sin significado.

© Pablo R. Bedrossian, 2012. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] 1ª Epístola a los Corintios 14:10-11, Santa Biblia, RVA, Sociedades Bíblicas Unidas