“LA ÚLTIMA SALIDA”, UNA FANTÁSTICA NOVELA DE INTRIGA POR FEDERICO AXAT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

La literatura argentina ya no tiene la estatura de Borges, Sábato o Cortázar. Más bien transita un camino que la confunde con otras literaturas y no termina de encontrar su propia identidad. A esta altura sería legítimo preguntarse qué tiene de argentina esa literatura, si la temática, la ambientación o la nacionalidad del autor. No se trata de una discusión académica sino de sentido común. Por ejemplo, nadie dudaría de la argentinidad de las obras de Julio Cortázar, pese a que nació en Bélgica y murió en París.

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En ese curioso devenir, como en la música, existen las fusiones. Por ejemplo, hay quienes escriben tomando como modelos escritores norteamericanos y europeos, como Graham Greene y Morris West en décadas pasadas y Dan Brown en tiempos recientes: una literatura visual, donde se alternan sin pausa acciones y diálogos, como en una película.

Dentro de ese campo hay algunos hallazgos extraordinarios, a pesar que recorren un territorio que ha sido descubierto por otros. Tal es el caso de “La Última Salida” de Federico Axat.

LA OBRA

Ya hemos comentado otras obras dentro del mismo género, como “El Jardín de Bronce”[1], la brillante novela de intriga de Gustavo Malajovich ambientada en la Argentina, y “Crímenes Imperceptibles”[2] de Guillermo Martínez, protagonizada por un matemático argentino que estudia en Inglaterra. A diferencia de ambas, “La Última Salida” no está ni ambientada en Argentina ni protagonizada por ningún argentino. La historia transcurre en los Estados Unidos y todos sus personajes son norteamericanos. Sin exageración puede decirse que es una novela norteamericana escrita por un argentino. Sin embargo, su relato es tan atrapante que termina demostrando que la buena literatura no tiene nacionalidades ni fronteras.

Sería injusto revelar la trama; ni siquiera su comienzo. Solo podemos decir que es un relato repleto de sorpresas, con cambios imprevistos, tal como en “Persona”, la famosa película del sueco Ingmar Bergman, donde una enfermera y una paciente psiquiátrica intercambian sus roles. El magistral manejo de los tiempos y los golpes de efecto que hace el autor mantienen la intriga hasta el final, mediante una historia de crímenes que rompe con todos los moldes conocidos.

EL AUTOR

Federico Axat nació en Buenos Aires en 1975. Es ingeniero y tiene una alta vocación por la escritura. “La Última Salida” es su tercera novela. Al momento de su publicación, en 2016, ya se habían vendido los derechos editoriales para traducirla a 25 lenguas y también para ser llevada al cine. Definitivamente para los amantes de los misterios y el suspenso leerla será como abrir una caja de sorpresas, de esas que siempre se recuerdan aunque hayan quedado en el camino.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] https://pablobedrossian.com/2014/02/19/el-jardin-de-bronce-la-opera-prima-de-gustavo-malajovich-por-pablo-r-bedrossian/

[2] https://pablobedrossian.com/2017/07/30/crimenes-imperceptibles-el-policial-matematico-de-guillermo-martinez-por-pablo-r-bedrossian/

“CRÍMENES IMPERCEPTIBLES”, EL POLICIAL MATEMÁTICO DE GUILLERMO MARTÍNEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Crímenes imerceptibles 01Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Según Borges, cuando Edgar Allan Poe creó el género policial engendró al mismo tiempo un tipo de lector, que trata de encontrar en el texto señales que develan un misterio[1]. Este proceso deductivo es parte de una tácita complicidad entre el autor, que va dejando hilos sueltos, y ese lector, que debe unirlos.

Como ya hemos escrito, en este tipo de intrigas prima la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”. Por lo tanto, ningún detalle queda librado a la casualidad. Lo que parece una descripción banal termina siendo una mención calculada del escritor, cuyo verdadero significado se revela en otro momento de la historia.[2].

Dentro del género policial, los crímenes seriales han propiciado una vuelta de tuerca: se trata de descubrir el patrón que sigue el asesino. El desafío para el lector es identificar cómo se forma la cadena para atrapar al homicida justo antes que agregue su próximo eslabón. Esto excede la literatura y se ha vuelto común en el cine, como en el caso de Murder 101 (que a la vez parodia cómo se escribe una buena novela policial) o Seven (que en países de habla hispana se tituló Pecados capitales). Estos relatos se enfocan en la presunta psicología del criminal que lo lleva a actuar inexorablemente de un determinado modo.

Crímenes imerceptibles 02Precisamente, “Crímenes imperceptibles”, la novela del escritor argentino Guillermo Martínez plantea hechos que el protagonista con la ayuda de un experto intenta concatenar. Se trata de una sucesión de muertes que parecen naturales, pero son puestas bajo sospecha por un entorno plagado de rencor y vanidad.

Traducida a 35 idiomas y llevada al cine bajo el nombre de Los crímenes de Oxford, contiene elementos autobiográficos, pues el escritor, tal como el personaje principal, es un matemático argentino que ha viajado como becario a Inglaterra, donde transcurren los hechos. Ese sesgo matemático tan proclive a encontrar patrones, como el John Nash retratado en A beautiful mind (la película Una mente brillante), es el paradigma bajo el cual se construye el relato.

Como leí en la introducción de la edición de Planeta, en un relato policial hay dos historias: la del crimen y la de la investigación; dicho de otro modo, la del asesino y la de su perseguidor. Sin embargo, aunque los indicios nos sugieren cómo sucedieron los hechos, tal como Kühn atribuye de los científicos[3], a veces vemos sólo lo que queremos ver. No quiero contarle más; paso a dejar el misterio en sus manos. Lea “Crímenes imperceptibles” y después me cuenta.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Borges, Jorge Luis, “Borges Oral”, Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires, Argentina, 1979, p.66

[2] Bedrossian, Pablo, “Vemos lo que leemos – Breve ensayo acerca de la novela de intriga”, https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/03/21/vemos-lo-que-leemos-breve-ensayo-acerca-de-la-novela-de-intriga-por-pablo-r-bedrossian/ 2014

[3] Kühn, Thomas S., “La estructura de las revoluciones científicas”, Primera edición en inglés, 1962, Primera edición en español (Fondo de Cultura Económica, México), 1971, Octava reimpresión (FCE, Argentina), 2004, p.26


PARA LOS AMANTES DEL GÉNERO POLICIAL Y LAS NOVELAS DE INTRIGA

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EL PROCESO CREATIVO – de CÓMO COMPONER CANCIONES (Parte 3)

Stephen Nachmanovitch

En su libro “Free Play, la improvisación en la vida y en el arte”[1],  el violinista y compositor Stephen Nachmanovitch propone que dentro de un autor coexisten dos personajes: El creador y el corrector. El creador deja fluir su pensamiento sin freno alguno, pero el corrector revisa paso a paso lo que hace el creador y lo cuestiona. El creador rompe moldes; el corrector le impone los límites. El creador propone; el corrector dispone: “esto sí, esto no”, “cambiemos aquí, adaptemos allá”. El input lo da el creador, pero el corrector es quien, sobre lo recibido del creador, determina el output.  De ese balance entre libertad y orden es que se surge una pieza musical.

La palabra orden puede sonar carcelaria para un artista, sin embargo, aún el surrealista tiene un esquema o método para permitir que emerja libremente lo que hay dentro de él. En la literatura, Virginia Woolf se enfrentó con esta paradoja: “La mente recibe una miríada de impresiones: triviales, fantásticas, evanescentes… vienen de todos lados, una lluvia incesante de átomos innumerables… registrémoslos como caen en nuestra mente, en el orden en el que caen, busquemos su patrón aunque parezca incoherente y disconexo…”[2].  Esa secuencia definida en la frase “en el orden el que caen” muestra que aun crear a partir de lo que nos viene a la mente sigue lineamientos indicados por la conciencia. No se trata de identificar un patrón a posteriori sino entender que a priori el corrector que está dentro de nosotros necesariamente interviene proveyendo forma a lo informe, como si le diera cauce al agua proveniente de una inundación.

Pensemos en la música, y tomemos como ejemplo uno de sus elementos básicos: el ritmo. Si en cada estrofa cambiáramos el compás, y acento cayera en momentos diferentes, probablemente el oyente terminaría perturbado. Salvo que el propósito sea precisamente ése (podría utilizarse, por ejemplo, en la música que ornamenta una secuencia cinematográfica que busca causar terror), se necesita un balance entre genio y estructura para obtener  el resultado deseado. Salvo que se proponga expresar el caos, la creación demanda corrección para ser expresiva (y, desde luego, mejorada) y a la vez poder ser entendida.

Si el creador rechazara al corrector, probablemente su obra no sería ni aceptada ni entendida por los demás. Si el corrector sujetara al creador, su obra probablemente aburriría y sería ignorada por el público. No digo que tenga que haber un punto medio.  De ningún modo. En mi opinión el creador debe prevalecer, pero si no existe ese diálogo -o incluso tensión- entre creación y corrección, el producto será como esas piedras en bruto que pudiendo ser un diamante quedaron  herrumbradas  junto a otras piedras porque no se percibía en ellas ningún valor.

© Pablo R. Bedrossian, 2012. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Stephen Nachmanovitch, “Free Play, la improvisación en la vida y en el arte”, Ed.Paidos, 2007, p.152-153

[2] “Ficción moderna”, Virginia Woolf, citado en “El experimento de la conciencia”, Guillermo Martínez, http://guillermo-martinez.net/notas/El_experimento_de_la_conciencia