“LA ENCANTADORA DE FLORENCIA” Y EL REALISMO MÁGICO DE SALMAN RUSHDIE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

A Jorge Molina

Un joven europeo con asombrosas dotes histriónicas visita la corte de un gran rey mogol que está enamorado de una mujer imaginaria. Precedido por dudosos antecedentes el recién llegado logra ganar un espacio en el reino, lo que enciende la ira de sus detractores. A pesar de esa enconada oposición, sus pretensiones ocultas pronto se harán públicas y cambiarán la historia del pueblo.

En forma paralela pero no simultánea, la historia de tres jóvenes toscanos, Nico, Il Machia y Argalia, fluye y confluye hasta que uno de ellos decide romper filas y lanzarse a la aventura de recorrer nuevos caminos emprendiendo una carrera militar. Cada uno debe forjar su propio destino en una Florencia que se ha liberado del tutelaje religioso de Girolamo Savonarola y vive una suerte de destape renacentista bajo el mecenazgo de los Medicis.

Además, sirviendo como puente y centro del relato, aparece una princesa oriental errante, Qara Köz, con alma de hechicera, junto a su inseparable Espejo.

No podemos contar más de esta novela ambientada en el siglo XVI pues esperamos que sus misterios los devele la lectura. Sin embargo, manteniendo esa reserva, resaltamos el peculiar realismo mágico de Salman Rushdie que nos sumerge en el tiempo y en la historia haciendo que lo asombroso parezca natural. En “La Encantadora de Florencia” el autor, un indio radicado en Inglaterra, presenta la confluencia de dos culturas: la oriental y la occidental, cada una con su propia atmósfera: una poblada de imágenes, la otra poblada de ideas. En la intersección de estos conjuntos aparecen los símbolos y también las paradojas, creencias eternas y, a la vez, cambiantes como los sentimientos de los cuales se alimentan: la credulidad y el escepticismo, la apoteosis y el linchamiento, y, desde luego, el amor y el desprecio. Si le gustan los relatos de época y las fantasías, este libro es para Ud.

Quizá el joven protagonista europeo, que se hacía llamar Mogor dell’ Amore, represente al propio escritor: deja una cultura para instalarse en otra contando historias, historias que el público debe decidir si creer o no creer en ellas.

 ACERCA DEL AUTOR

Salman Rushdie, nacido en 1947, se hizo famoso por su novela “Los Versos Satánicos” de 1988, considerada blasfema por algunos grupos musulmanes cuyas autoridades promovieron el asesinato del escritor llegando a poner precio a su cabeza. Debido a la gravedad de las amenazas Rushdie ha pasado largos años en la clandestinidad protegido por el gobierno británico. Pese a ello, en lugar de acomodarse a lo “políticamente correcto” ha sido fiel a sus convicciones expresándose libremente a través de la escritura. En 2007 fue la Reina Isabel II le otorgó el título de caballero a pesar de la indignación del mundo islámico.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

LAS ESCULTURAS DE STEPHAN BALKENHOL: HOMENAJE AL HOMBRE COMÚN (por Pablo R.Bedrossian)

Serie “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”

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Hombre con Pez (2001), Grant Park, Shedd Aquarium, Chicago, Illinois, Estados Unidos; foto de 2009 tomada por nuestra querida amiga, la actriz Margo Wickesser

El arte es representación.

Bajo esa perspectiva, se observa desde los albores de una suerte de obsesión por representar la figura humana. Las esculturas del antiguo mundo grecorromano representan a los hombres delgados y musculosos y a las mujeres delicadas y esbeltas. Esta particular forma de recrear la figura humana, que se conoce como ideal clásico, unifica dos conceptos que para el hombre moderno son independientes: perfección y belleza.

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Akenathon con su visible pancita, Museo Egipcio, El Cairo, Egipto, foto tomada en 2000

Con diversos matices, este mismo arquetipo de armonía y simetría dominó la escultura del Oriente Medio y del norte de África. Ignorarlo generaba rechazo. Por ejemplo, la representación del famoso faraón egipcio monoteísta Amenofis IV, luego llamado Akenathon, panzón, como era, produjo un escándalo.

El Renacimiento retomó el ideal del arte clásico. Basta ver el David de Miguel Ángel para comprobarlo.

Sin embargo, dejando de lado el arte abstracto (una invención del siglo XX), una de las principales innovaciones de los escultores en las últimas décadas ha sido representar al hombre tal cual es: sustituir la perfección del ideal clásico (el “deber ser”) por la naturalidad (el “ser”).

El uso de nuevas tecnologías y, desde luego, la genialidad de los artistas han impulsado esa recreación que nos sirve de espejo. Ya no se trata de admirar la perfección sino de contemplar nuestra propia humanidad en las rutinas de la vida. Un excelente ejemplo es Ron Mueck a través de sus obras hiperrealistas. Hoy nos ocupa otro ejemplo extraordinario, Stephan Balkenhol.

STEPHAN BALKENHOL

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“Hombre grande con hombre pequeño” (en alemán “Grosser Mann und kleiner Mann”), en el patio del Palais am Pariser Platz, Berlín, Alemania

Descubrí a Stephan Balkenhol de casualidad. En 2009, visitando el famoso acuario de Chicago, posé junto a una gigantesca figura de un hombre con un pez. El 2013, en Berlín, hice lo mismo, con un hombre enorme que cobijaba a un hombre pequeño entre sus piernas. En 2016, vi la foto de 2009 y recordé de inmediato la de 2013. Era obvio que provenían de un mismo autor. Me interesó saber quién era y conocer su obra.

En 2015, en otro artículo sobre escultura urbana y cuerpos colgantes, ya había mencionado a Balkenhol al presentar su “Hombre con los brazos abiertos” (en alemán “Mann mit ausgebreiteten Armen”) de Münich.

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“Hombre con los brazos abiertos” (1997), al frente de la galería pasaje Kaufinger Tor, Münich, Alemania; foto de 2013

Stephan Balkenhol es un artista alemán nacido en 1957. Formado en la Escuela de Bellas Artes de Hamburgo, se dedica a la escultura en madera. Podríamos decir que su especialidad es lo cotidiano, el hombre común que hace cosas corrientes, pero abordado desde una concepción minimalista, donde se simplifica al máximo, dejando que nada sobre y todo se concentre en lo esencial. En una entrevista publicada en España este magnífico artista afirma:

“Me gusta el enfoque minimalista. No deseo contar muchas historias sino lograr transmitir esa ‘historia oculta’, ésa que tienes que concebir o ingeniar en tu mente; es más interesante. La escultura figurativa en los últimos siglos se utilizó, sobre todo, para ilustrar ideas políticas o religiosas, ideas alejadas del arte en sí. En el siglo XX esta tradición se ha roto, lo que significa una oportunidad para partir de cero” [1]Las obras de Stephan Balkenhol son esculturas de hombres y mujeres corrientes, indefinidos, impersonales, pertenecientes al presente, espejos de todos y cada uno de nosotros”[2].

Se observa en sus obras un interés por la figura humana y su relación con el espacio, trabajadas sin barroquismos ni exageraciones. Curiosamente su mentor fue un artista especializado en escultura abstracta, el alemán Ulrich Rückriem. Tomándolo como referencia, continúa Balkenhol en la misma entrevista:

“Sin duda, Rückriem ejerció una gran influencia sobre mí; con toda seguridad yo habría realizado un trabajo completamente diferente de no haberlo conocido. Quizá, porque con él me vi forzado a preguntarme muchas cuestiones fundamentales: ¿qué significa el trabajar con la figuración?, ¿qué significa crear una figura de un hombre o una mujer?… Toda una serie de cuestiones que no habrían surgido si yo hubiera estudiado con un artista figurativo”.

Su forma de trabajo comienza con las fotografías, a partir de ellas crea sus esculturas, dándoles un volumen que revela su singular manera de percibir el mundo e interpretar la realidad, modo que nos hace también mirarnos a nosotros mismos.

Sus obras están dispersas en todo el mundo. Si viaja, esté atento; puede encontrar alguna de ellas en cualquier momento.


ACTUALIZACIÓN 2017:

Las obras de Balkenhol tienen identidad propia; se reconocen a simple vista. Este año, caminando en los alrededores del Tower Bridge, el famoso puente levadizo de Londres, divisé en lo alto una figura femenina con el indudable sello personal de su creador.

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Forma parte de una obra llamada Couple, (en español Pareja) y data de 2003. Al varón sólo lo descubrí después y por foto. Sin embargo, bastó en el encuentro con Woman, la dama de la pareja, para percibir ese tributo al ser humano corriente que Balkenhol rinde a través de sus creaciones.

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La mujer luce un vestido corto, como su cabello, con los hombros al descubierto. Los brazos descansan a los lados. Su mirada, como toda su expresión corporal,  muestra a la vez confianza y expectación.

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Quizás esté aguardando a su ser amado, ese que no vimos y del que nos enteramos después.

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Barro, David “Primera retrospectiva del escultor Stephan Balkenhol en España” en “El Cultural”, edición impresa del 10/01/2001, que puede leerse también en http://www.elcultural.com/revista/arte/Primera-retrospectiva-del-escultor-Stephan-Balkenhol-en-Espana/1776

[2] Jitsag, en https://munichparallevar.wordpress.com/2016/02/01/la-escultura-de-balkenhol/

[3] Stephen Friedman Gallery, http://www.stephenfriedman.com/artists/stephan-balkenhol/


CRÉDITOS MULTIMEDIA:

Todas las fotos fueron tomadas por el autor o para él, y es el dueño de todos sus derechos.


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LA IMAGEN EN EL ESPEJO DE AGUA (Autor desconocido, reescrito por Pablo R. Bedrossian)

León 01Un león buscaba aplacar su sed. La lengua reseca delataba la deshidratación. El calor lo abrasaba, y cada paso se hacía más difícil. Finalmente encontró una laguna y confió que las penurias de aquel día desaparecerían de inmediato.

Con entusiasmo se acercó a la orilla, y cuando se aprestaba a beber, la imagen reflejada en la superficie lo asustó: Era un león inmenso, muy parecido a él. Espantado retrocedió. Necesitaba beber para recuperarse, pero no estaba dispuesto a exponerse ante aquel enorme felino de cabellera dorada.

Quiso alejarse, pero la desesperación lo empujó a repetir el intento. Caminó sigilosamente para que no lo detectara aquella fiera que seguramente se había apropiado de la laguna desde hacía tiempo. Luego de hacer una pausa, se asomó repentinamente y el espejo de agua, sin la más mínima demora, le devolvió el mismo rostro de la ocasión anterior. Con un ágil salto hacia atrás retrocedió. ¿Cómo puede ser –se preguntaba- que su congénere le hubiera adivinado el pensamiento? El pánico lo alejaba, pero la sed lo devolvía a la laguna sabiendo que sin agua moriría.

Convencido que no tenía alternativa se dispuso a arriesgarlo todo. Con las escasas fuerzas disponibles corrió hacia la laguna. Esta vez no se intimidó por lo que veía y hundió su cabeza en el agua para beber, mientras la temida imagen de aquel enemigo instantáneamente desapareció.

Autor desconocido, reescrito por Pablo R. Bedrossian. © Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados