“CADA COSA EN LA VIDA”, CANCIÓN ELEGIDA PARA RECIBIR AL FRANCISCO I EN SU PRIMERA VISITA A UNA IGLESIA EVANGÉLICA (por Pablo R. Bedrossian)

Mi hermano Alejandro, que es escritor, dice que el libro es un viajero cuyo destino es desconocido. Lo mismo puede decirse de las canciones. Aquel que las crea y las comparte jamás podrá saber hasta donde llegan. Tal es el caso de “Enséñame”, que algunos nombran por su primera línea “Cada cosa en la vida”. Es aún más conocida por su coro, que dice “Enséñame a vivir el hoy de tal manera que mañana no tenga que reprocharme el ayer”.

36 años después de haber sido compuesta, “Enséñame” fue elegida para la primera visita del Papa a una iglesia evangélica en Turín, Italia. El magno evento llevado a cabo el 21 de junio de 2015, fue recogido en un video de CTV (Centro Televisivo Vaticano) que invitamos a ver:

ACERCA DE LA CANCIÓN

Escribí “Enséñame” cuando tenía 20 años, en 1979. Una breve historia de la canción puede leerse en:

https://pablobedrossian.wordpress.com/2011/06/02/%E2%80%9Censename-a-vivir-el-hoy-de-tal-manera-que-manana-no-tenga-que-reprocharme-el-ayer%E2%80%9D-la-historia-de-la-cancion/

ACERCA DEL CORO

En esta ocasión, “Cada cosa en la vida” fue  interpretada por el coro Semincanto, dirigido por Stefano D’Amore, quien también es pastor de la Iglesia Valdense de Turín.  Habla castellano debido a que vivió un año en Buenos Aires, Argentina, y está dedicado especialmente al trabajo con jóvenes.

Él mismo nos cuenta sobre el origen del coro: “nació con un pequeño grupo de jóvenes valdenses hace 9 años y ahora hay valdenses, bautistas, amigos católicos y no creyentes. Se llama Semincanto. La palabra puede significar tres cosas: semillas en cantomedio encantosí me encantó. Este animado grupo vocal tiene un canal en Youtube, donde puede escucharse otra versión suya de este viejo tema:

ACERCA DEL ENCUENTRO

El motivo del encuentro celebrado en la Iglesia Evangélica Valdense no fue simplemente protocolar. La máxima autoridad de la Iglesia Católica Apostólica Romana acudió para pedir perdón por las brutales persecuciones sufridas por los valdenses, un grupo reformador cristiano surgido en el siglo XII. “Por parte de la Iglesia católica, os pido perdón por las actitudes y los comportamientos no cristianos e incluso inhumanos que, a lo largo de la historia, hemos tenido contra vosotros. En nombre del Señor Jesucristo, ¡perdonadnos!” dijo en nombre de la institución que representa.

QUIÉNES SON LOS VALDENSES

Valdo -cuyo nombre en español sería Pedro Valdés– era un mercader de Lyon del siglo XII que eligió llevar una vida de pobreza y predicación. Enseguida se conformó alrededor suyo un grupo de seguidores a los cuales el arzobispo de la ciudad, Guichard de Lyon, prohibió predicar. Valdo y los suyos apelaron a Roma, donde el inglés Walter Map, haciendo uso de sutilezas teológicas -diferenciaciones que nosotros hoy no comprendemos- los ridiculizó. Si bien se les permitió a los valdenses conservar sus votos de pobreza, se les prohibió predicar, salvo que las autoridades locales lo admitieran. A pesar de la oposición del arzobispo, a su regreso proclamaron su mensaje de pobreza y fe, por lo que fueron condenados en el Concilio de Verona en 1184 y perseguidos en toda Europa, refugiándose en los valles más altos de los Alpes[1]. Allí se unieron a ellos lo que quedaba de los “pobres lombardos”, movimiento muy similar al de los valdenses que padecían la misma situación.

Templo de la Iglesia Valdense de Turin
Templo de la Iglesia Valdense de Turin

Primero reprimidos, luego fueron buscados y atacados ferozmente. Cuenta Ernesto Comba “el primer suplicio que se recuerda es el de una mujer, acusada de valdesía y quemada viva en Pinerolo en 1312, siempre en virtud del contrato estipulado entre los príncipes de Acaya y la Inquisición… en 1354 se plegaron a la orden de arrestar unos 15 valdenses, los que probablemente fueron enviados a la hoguera… de 1376 a 1393 la persecución, dirigida por el inquisidor Francisco Borelli, monje de Gap, fue espantosa; el frenesí fanático llegó a tal punto que, por último, se desenterraba a los muertos para quemarlos”[2]. La lista de padecimientos es terrible y extensa.

Después de una heroica lucha por su supervivencia, en el siglo XVI, tras el surgimiento de la Reforma, los valdenses adhirieron a su doctrina y se sumaron a ella[3].

El propio Map dijo de ellos: “Andan en parejas, descalzos, vestidos con prendas de lana, desposeídos de todo, manteniendo todas las cosas en común como los Apóstoles… si los aceptamos seremos eliminados”[4].

LOS VALDENSES EN EL RÍO DE LA PLATA

En la actualidad, tanto en Argentina como en Uruguay hay iglesias valdenses. En 1857 llegaron a Uruguay los primeros colonos italianos valdenses. Pese a serias contingencias, lograron establecer una colonia en Rosario Oriental, Departamento de Colonia, donde -escribe nuestro amigo, el Dr.Pablo Deiros- llegaron a tener “su iglesia, su pastor, su escuela y un maestro de origen europeo… en 1877 llegó al país su líder más destacado, el pastor Daniel Armando Ugón”[5], que fue un gran organizador. Se abrieron escuelas, templos, obras y se promovió la inmigración y fundación de nuevas colonias.

De Uruguay la llegada de valdenses se extendió a la Argentina, ocupando territorios desde La Pampa a Chaco.

Las colonias de estos países “cuentan con templos y pastores propios, y han permanecido unidas con la Iglesia Valdense madre, de la que forman el V Distrito, llamado Distrito de la Región Platense, a partir del año 1922; cada año se reúnen en Conferencia y nombran sus delegados al Sínodo de Torre Pellice, el cual se interesa siempre vivamente en la suerte de aquellas lejanas Iglesias”[6].

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS 

[1] González, Justo L., “Historia del Pensamiento Cristiano”, Tomo 2, p.191.192, Editorial Caribe, 2002

[2] Comba, Ernesto, Historia de los Valdenses, 1997, traducción de Levy Tron y Daniel Bonjour, http://www.mercaba.org/K/medieval/historia%20de%20los%20valdenses%20comba.htm, 1987

[3] González, Justo L., “Historia del Cristianismo”, Tomo 1, p.412, Editorial Unilit, 1994

[4] Johnson, Paul, “La Historia del Cristianismo”, p.289,290, Javier Vergara Editor, 1989

[5] Deiros, Pablo Alberto, “Historia del Cristianismo en América Latina”, p.630-631, Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1992

[6] Comba, Ernesto, Op.cit.

“ENSÉÑAME A VIVIR EL HOY DE TAL MANERA QUE MAÑANA NO TENGA QUE REPROCHARME EL AYER” – LA HISTORIA DE LA CANCIÓN

Hace un tiempo un amigo me envió un relato que encontró en la web, escrito
por Lucía Knol, una joven alemana que viajó a como misionera laica a la
Argentina, que decía “quiero terminar mi testimonio con una parte de un poema
que conocí aquí en Argentina y que me gustó mucho pues puede expresar
sintéticamente lo que significa mi experiencia en este país” y citaba la primera
estrofa y el coro de “Enséñame”, la canción cuya frase más conocida encabeza
esta nota. Justamente esa frase, que ha trascendido más allá de la canción, ha
sido de bendición e inspiración para otras personas.  En la Internet se puede
encontrar en devocionales como el de Mónica I. Tomkins en el website de la
Iglesia Evangélica del Río de la Plata, en Gotitas de Vida para el Alma, hecho
en México, o Ecos de la Eternidad, por Daniel Chevriau, por mencionar sólo a
algunos. Es una oración que aún hoy elevo a Dios con frecuencia, porque para los
que creemos no importa la edad: siempre hay un futuro, y ese futuro se construye
a partir del presente.

Una mañana Juan Daniel Vicente me comentó que iba a predicar un sermón
titulado “El tiempo justo de hacer las cosas”, cuyo mensaje central era que
había un tiempo preciso para cada experiencia, basado en el famoso capítulo 3 de
El Eclesiastés. Iba a dividirlo en tres puntos: “Tiempo de nacer, tiempo de
morir”, luego “tiempo de llorar, tiempo de reír” y finalmente “tiempo de buscar,
tiempo de perder”. Me pidió si podía componer una canción alusiva. De inmediato
recordé un poema incluido en “40 días junto a la cruz”, un libro conmovedor de
Arthur Blessitt, líder en los ’60 del Movimiento Jesús, sobre el que hacía poco
había reflexionado. Recuerdo dos pensamientos del poema: “Hoy es todo el tiempo
que tengo. La aurora del mañana puede no llegar”.

Trabajé esa semana para componer la canción y sobre todo para crear una frase
que uniera las ideas de Juan Daniel y de Blessitt. Teniendo en aquel momento 20
años y la vida por delante era tentador depositar las expectativas en el futuro,
pero una y otra vez volvía a la idea “hoy es todo el tiempo que tengo”. Allí
surgió la oración cuya intención es pedir a Dios sabiduría para construir el
mañana a partir del presente. Terminé la canción el 6 de julio de 1979 en Buenos
Aires, donde vivía, bajo el título de “Tiempo justo”, que jamás se impuso o fue
reconocido, porque la gente la llamó “Cada cosa en la vida”, “Enséñame a vivir
el hoy” o simplemente “Enséñame”. La estrené dos días después en mi iglesia, la
amada iglesia bautista de Flores.

Hay dos detalles de la música que pocos saben. El primero es que la estrofa
al inicio no tiene una secuencia armónica DO SOL FA DO, si no DO SOL SOL# DO; el segundo es que el coro tiene un contracanto para hacer a cuatro voces mientras
el solista canta la melodía.

LA LETRA DE LA CANCIÓN

ENSÉÑAME

Por Pablo. R. Bedrossian

Cada cosa en la vida tiene su justo lugar;

cada cosa tiene un tiempo para hacerse realidad.

Es por eso que preciso que me enseñes a mirar

lo que tengo por delante y el presente que está acá.

Enséñame a vivir el hoy de tal manera

que mañana no tenga que reprocharme el ayer.

Tiempo de nacer, tiempo de morir;

tiempo de llorar, también de reír.

Tiempo de buscar, tiempo de perder;

tiempo de saber lo que hay que hacer.

Es por eso que preciso que me enseñes a vivir

y a o equivocarme cuando tenga que elegir.

Enséñame a vivir el hoy de tal manera

que mañana no tenga que reprocharme el ayer.

© Pablo R. Bedrossian, 2011. Todos los derechos reservados.