ACERCA DEL VALOR DE LAS COSAS Y UN TATUAJE PARA MEDITAR (por Pablo R. Bedrossian)

De visita por Cracovia, Polonia, el tatuaje de una joven atrajo mi atención. Ubicado en su espalda, justo debajo del cuello, tenía forma de espiral y consistía en una frase escrita en portugués: “a valor das coisas não está no tempo que elas duram, mas na intensidade com que acontecem”, que traducido al español es “el valor de las cosas no está en el tiempo que duren sino en la intensidad con que suceden”.

En un primer momento la frase me hizo pensar en el falaz dilema “calidad o cantidad”, pero luego medité en el modo que abordamos las situaciones.  Recordé un pensamiento capital de Viktor Frankl “no elegimos las circunstancias, pero sí elegimos cómo reaccionamos frente a ellas”. De allí provino la luz.

Hay una figura literaria que se llama hipálage. Consiste en asignar a un sustantivo una cualidad o acción propia de otro sustantivo cercano en el mismo texto, rompiendo así con la relación lógica del sustantivo con el verbo o adjetivo.  De algún modo esta figura subyace en la frase del tatuaje, pues el valor no está en la intensidad de las cosas, sino en nuestra intensidad para vivirlas.

Tatuaje "El valor de las cosas"

 

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


NOTA:

He tratado infructuosamente de identificar al autor de la frase. Si alguno lo conoce, por favor, hágamelo saber indicando la fuente. Se ha atribuido a Fernando Pessoa y a otras personas, pero al leer los textos originales, no queda claro si son propias o las hacen propias, citando un pensamiento de otro autor. Muchas gracias.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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EL DILEMA DE NAPOLÉON (Autor desconocido, reescrito por Pablo R. Bedrossian)

“No hay justo ni aún uno”  (La Biblia)

Paris 01Se cuenta que un soldado del ejército imperial francés había desertado. Tras ser capturado, fue condenado a muerte. La desesperada madre pidió audiencia con Napoleón Bonaparte quien en vista de la gravedad del asunto se la concedió.

– Distinguido Napoleón, sé que mi hijo se ha equivocado y que su error se castiga con la muerte. ¡Él es lo único que tengo! Por favor, ¡te ruego que lo perdones!

– Mujer, tu hijo ha desertado huyendo del combate mientras que otros compañeros han dado la vida por su nación. Si concedo lo que me pides, la noticia correrá como reguero de pólvora. La moral del ejército caerá y otros empezarán a imitarlo. ¿O acaso piensas que todos van a la guerra por amor a la Patria?

– Excelentísimo Emperador, por favor, ¡te pido para él misericordia!

– Tu hijo no merece misericordia.

– Sí, es cierto –replicó la angustiada señora-, pero si la hubiera merecido no hubiera sido misericordia sino justicia, y yo he venido a pedirte misericordia.

Dice el relato que ante tan contundente argumento, el gran Napoleón se conmovió y perdonó al soldado.

Autor desconocido, reescrito por Pablo R. Bedrossian. © Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.