Serie PERLAS DE LA BIBLIA
¿Reconocemos cuando Dios viene a nuestro encuentro? ¿Y si este fuera el momento en que nos visita? Una reflexión sobre el rumbo de nuestras vidas, las decisiones y el tiempo que no vuelve.
Lo invitamos a mirar la vida desde otra perspectiva, a reflexionar sobre aquellos momentos únicos en la vida donde Dios se acerca a nosotros.
Ya en sus últimos días, Jesús lloró sobre Jerusalén:
“Cuando llegó cerca de Jerusalén, al ver la ciudad, Jesús lloró por ella, diciendo: ‘¡Si en este día tú también entendieras lo que puede darte paz! Pero ahora eso te está escondido y no puedes verlo. Pues van a venir para ti días malos, en que tus enemigos harán un muro a tu alrededor, y te rodearán y atacarán por todos lados,y te destruirán por completo. Matarán a tus habitantes, y no dejarán en ti ni una piedra sobre otra, porque no reconociste el momento en que Dios vino a visitarte’”[1].
Sus palabras penetran como agujas dirigidas al corazón:
“¡Si en este día tú también entendieras lo que puede darte paz!”. Todos los seres humanos en algún momento ansiamos paz interior. El problema no es desearla, sino ignorar dónde encontrarla. “Pero ahora eso te está escondido y no puedes verlo”. Somos conscientes de nuestra situación, pero con frecuencia nos sentimos incapaces de hallar una salida.
“Pues van a venir para ti días malos, en que tus enemigos harán un muro a tu alrededor, y te rodearán y atacarán por todos lados,y te destruirán por completo. Matarán a tus habitantes, y no dejarán en ti ni una piedra sobre otra”. Jesús se refiere aquí a la Ciudad Santa y anticipa la destrucción del templo que ocurriría en el año 70 d. C. Sin embargo, no es difícil reconocer en sus palabras una imagen de lo que puede sucedernos cuando permanecemos cerrados, ciegos interiormente, sin escuchar las advertencias que nos invitan a detenernos y a reconsiderar el rumbo de nuestras vidas.
“Porque no reconociste el momento que Dios vino a visitarte”. Aquí Jesús revela tanto la causa como la salida. Hay momentos concretos en la vida en los que Dios viene a nuestro encuentro. Son instantes decisivos en los que nos enfrentamos a nuestras propias limitaciones. Algunos optan por seguir solos; otros eligen encontrarse con un Dios que no elimina mágicamente los problemas, pero que sostiene, fortalece y acompaña en el camino. Ante esa elección, la decisión siempre es personal.

YENDO UN POCO MÁS ALLÁ
En el libro de Isaías encontramos una poderosa recomendación: “busquen al Señor mientras puedan encontrarlo, llámenlo mientras está cerca”[2]. Estas palabras dialogan profundamente con la expresión “el momento en que Dios vino a visitarte”. Nos hablan de un tiempo concreto, de una oportunidad que no es infinita. Jesús mismo en el Apocalipsis declara: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”[3]. Algunos ignoran esta invitación, otros la rechazan, pero hay quienes la aprovechan.
El apóstol Juan, discípulo dilecto de Jesús, resume esta realidad con sencillez y profundidad al inicio de su evangelio, haciendo referencia a su maestro:: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”[4]. También el apóstol Pablo recuerda el fundamento, el enorme amor de Dios por cada ser humano: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”[5].
¿Desea un cambio para su vida? ¿Anhela caminar en otra dirección? La oportunidad es aquí y ahora. ¿No será este el momento en que Dios lo visita? ¿No será este el tiempo para volver a Dios? La decisión es suya.
© Pablo R. Bedrossian, 2026. Todos los derechos reservados.
REFERENCIAS
[1] Lucas 19:41-44 (versión Dios habla hoy)
[2] Isaías 55:6
[3] Apocalipsis 3:20.
[4] Juan 1:11
[5] Epístola del apóstol Pablo a los Romanos 5:8
