Acompáñenos en este viaje visual por Copenhague: de plazas históricas y palacios reales a canales multicolores donde conviven tradición y modernidad. Lo invitamos a descubrir la capital de Dinamarca a través de sus calles, sus puentes, su arquitectura y su arte.
Para el segundo paseo por esta hermosa ciudad, lo invitamos a visitar el siguiente link 👉: https://pablobedrossian.com/2025/10/17/los-mejores-lugares-de-copenhague-paseo-2-del-nyhavn-a-kastellet/
Copenhague es una ciudad silenciosa. Quizás se deba a los autos eléctricos y a las infinitas bicicletas que surcan sus calles, aunque intuimos que la razón más valedera reside en su cultura y en la herencia de su luteranismo espartano. Sin embargo, es también una ciudad llena de vida.

Se cree que nació como un pueblo de pescadores, en el siglo X u XI. Como en todas las capitales de los países nórdicos, el mar está omnipresente. Se encuentra asentada sobre varias islas (principalmente Sjælland y parte de Amager), conectadas por puentes y canales. Pero dejemos por un momento la historia y comencemos a recorrerla.

Iniciamos el paseo desde la Rådhuspladsen (la Plaza del Ayuntamiento), famosa por los edificios que la rodean y su amplia explanada.

Aunque podríamos avanzar por la calle Strøget, preferimos caminar unas pocas cuadras, cruzar el Marmorbroen, un puente de mármol construido entre 1739 y 1745 sobre el canal de Frederiksholms, e ingresar a la Slotsholmen, la “isla del Castillo”. Frente a nosotros se despliega un amplio espacio abierto, en cuyo centro se encuentra la Christiansborg Ridebane, una pista ecuestre donde se observan carruajes tirados por hermosos caballos blancos; a ambos lados se levantan los establos reales.

A continuación aparece al Christiansborg Slot (el Palacio de Christiansborg), un señorial edificio del color gris oscuro con forma de letra C acostada con un torre en el centro. Alberga los tres poderes del estado: el Parlamento danés, la Corte Suprema y el Ministerio de Gobierno. Este palacio ha sido levantado en 1928, tras haber sido destruidos por el fuego los dos que lo precedieron. No es casualidad: se dice que Copenhague es la ciudad de los incendios.

Cruzando el castillo a través de un arco encontramos una amplio espacio: la Christiansborg Slotplads. Por delante tiene una avenida, luego el mismo canal por el que accedimos a la isla, que tienen forma de letra U, y, detrás del canal, un grupo de antiguos edificios.

A la derecha, a unos 150 metros, se puede admirar un precioso edificio, sede del Museo Thorvaldsen, con una cuadriga de bronce coronando su techo. Inaugurado en 1848, con un original diseño del arquitecto Michael Gottlieb Bindesbøll, está dedicado a la obra del escultor danés Bertel Thorvaldsen.

A nuestras espaldas encontramos un imponente edificio neoclásico con seis columnas con capiteles jónicos sobre los que se apoya una frontón triangular: es el Domhuset, sede del Palacio de Tribunales de Copenhague, construido entre 1805 y 1815.

Tenemos dos opciones para ir a nuestro próximo destino. Elegimos ir por la izquierda, cruzar el canal hasta llegar a la calle Strøget para recorrerla. Hemos leído en varios sitios web que, con tres kilómetros de extensión, es la calle peatonal más larga del mundo. Si bien es bonita y se encuentran preciosas fuentes en su recorrido, esa declaración no puede ser más exagerada: la transitamos varias veces y, con suerte, puede llegar al kilómetro y medio.

La calle Strøget termina en una suerte de desembocadura sobre Kongens Nytorv, una bella plaza, con un café al aire libre, un antiguo kiosco y hermosos edificios a su alrededor, incluyendo la antigua Ópera de la ciudad.

A pasos de allí llegamos al Nyhavn, un paseo marítimo del siglo XVII que tiene como eje un canal, en una de cuyas riberas se observan antiguos barcos de madera encallados y, detrás de ellos, un conjunto de casas pintadas con vibrantes colores que lo han convertido en el sitio más visitado e instagramable de Copenhague.

Nyhavn fue construido por orden del rey Christian V entre 1670 y 1673, con el propósito de ofrecer una vía de acceso rápida desde el mar al centro de la ciudad. La dura excavación del canal estuvo a cargo de soldados suecos hechos prisioneros durante la Guerra sueco-danesa de 1658–1660; sin embargo, durante la primer mitad del siglo XX perdió su función comercial y fue transformada en un museo portuario.

Hoy el lado norte rebosa de cafés y restaurantes con mesas al air libre y sus edificios policromados se han convertido en petit hôtels, construidos con madera, ladrillos y yeso, mientras que el lado sur se ha convertido en un espacio reservado para residencias de lujo.

No hay nada más delicioso en Copenhague que caminar por el lado sur y desde allí tomar fotos de los antiguos barcos, con el luminoso fondo de las construcciones multicolores, para luego cruzar el puente de hierro levantado en 1912 y regresar entre la multitud por el lado norte.

Desde 2016, gracias a la inauguración del Inderhavnsbroen (es español Puente del Puerto Interior) para peatones y bicicletas, es posible continuar por la ribera sur en dirección al mar y llegar hasta la Ópera sin necesidad de un ferry. No puede pasar inadvertido el Broens Street Food, un patio de comidas al aire libre con una amplia variedad de platillos étnicos.

Luego ingresamos a Christianshavn, un barrio con un canal homónimo rodeado de edificios de notable arquitectura. Esta zona es famosa por su comunidad náutica, sus casitas rojas con tejas naranjas y sus espectaculares vistas.

Nos fascinó una vivienda con grandes ventanales, que al observarla por detrás descubrimos que fue construida con contenedores.

La obra más importante del barrio es la Ópera, inaugurada en 2005, a la cual se accede cruzando un pequeño puente. Su construcción generó un fuerte debate debido a su escandaloso costo (unos 340 millones de euros) deducible de impuestos, sufragado por A.P. Møller, fundador de la empresa de transporte marítimo Mærsk. El diseño corrió por cuenta del arquitecto danés Henning Larsen, quien mantuvo fuertes disputas con el donante.

El edificio, cuya mejor vista se obtiene desde la ribera opuesta, en las cercanías del Palacio de Amalienborg; se distingue por su marquesina voladiza y su fachada revestida de mármol travertino. A pesar de su monumentalidad, el resultado final sigue en tela de juicio; para muchos esta lujosa sala de conciertos es un elefante blanco.

Para regresar, debemos tomar un ferry o volver por el camino por donde vinimos. Sin embargo, pero hay algo más que admirar junto a la Ópera: un pequeño jardín con algunos senderos que sirve para la meditación. El contraste no puede ser mayor: la mole de hormigón y acero frente a un apacible entorno natural teñido de verde.

Copenhague es una caja de sorpresas, donde lo clásico y lo contemporáneo, el arte y la naturaleza se combinan, para crear uno de los sitios más felices del planeta.
© Pablo R. Bedrossian, 2025. Todos los derechos reservados.
BONUS: VIDEOS
CRÉDITOS MULTIMEDIA
Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.
