“EL POPULISMO JESUITA”, UNA OBRA IMPRESCINDIBLE PARA ENTENDER LOS POPULISMOS LATINOAMERICANOS

Serie LECTURA RECOMENDADA

Título: “El populismo jesuita”

Autores: Loris Zanatta

Año: 2020

¡Gracias, Samy Mielgo, por haberme obsequiado este libro y por tu amistad!

Una lúcida obra de Loris Zanatta que revela la naturaleza de los populismos latinoamericanos y su relación con la visión jesuita de la Historia. De las misiones guaraníes los caudillismos contemporáneos: cómo el imaginario religioso moldea el poder arrogándose el nombre de pueblo.

“El populismo jesuita” es un libro breve pero profundo como pocos. Escrito en un estilo barroco, pleno de recias imágenes, describe de manera impecable los populismos latinoamericanos más importantes: el de Perón en Argentina, el de Castro en Cuba, el de Chávez en Venezuela y, como si estos ejemplos no fueran suficientes, el del papado de Francisco I, el argentino Jorge Bergoglio. Sin embargo, su mérito principal radica en mostrar y demostrar como común denominador y certificado de origen el populismo de los jesuitas, cuyo precedente inicial fueron las misiones a los guaraníes en el Paraguay.

Con claridad meridiana propone y expone a los populismos como una reacción antagónica al a la libertad de pensamiento que trajo la Reforma protestante, al iluminismo, al liberalismo, al capitalismo y a la democracia representativa; líderes que se levantan arrogándose la representación del pueblo (al que siempre cita en itálica) y, en particular de los pobres. Desnuda aquí otra paradoja: por un lado los populistas declaran que hay que terminar con la pobreza, pero, luego, la ensalzan, como si la riqueza fuera un pecado mortal.

El autor encuentra en el movimiento pendular de la Historia latinoamericana la rivalidad entre un modelo tutelar, igualitarista, uniformista, corporativista y solidarista, propuesto como Estado Ético, frente a otro liberal, individualista, diverso, democrático participativo y meritocrático presentado como Estado laico. Sin embargo, brinda sobrada evidencia de que el primero, aunque pretenda una sociedad más justa, somete y empobrece, mientras el segundo, a pesar de las desigualdades, no solo libera al individuo sino que provee una mejor calidad de vida para todos, incluso los más pobres, por lo que cabe preguntarse cuál es, en realidad, el más ético.

Quizás hay dos puntos en los que hubiéramos esperado un mayor desarrollo. El primero es la manipulación de la palabra pueblo por parte de los “jesuitas” de nuestro tiempo y qué se debe entender por pueblo[1]. El segundo, mucho más significativo aún, es quién iguala a los igualadores, porque a lo largo del relato se observa que quienes detentan el poder durante los populismos forman una casta que goza de privilegios que carece el resto, controla el Estado haciendo uso de la fuerza para eliminar a los disidentes y se sirve del pueblo, a la manera en que Milovan Djilas describió el mismo fenómeno dentro del comunismo en su libro “La nueva clase”[2]. Incluso Zanatta muestra que los populismos jesuitas tienen puntos en común con las dictaduras marxistas: organizaciones centralizadas, comunidades orgánicas, líderes mesiánicos, rechazo al liberalismo y al capitalismo, y utopías redentoras.

Sin duda, el capítulo más rico es el inicial donde establece los cimientos para el edificio histórico y racional que levantará en el resto de los capítulos.

© Pablo R. Bedrossian, 2025. Todos los derechos reservados.

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS 1 Y 2 QUE SIRVEN DE BASE PARA EL RESTO DE LOS CAPÍTULOS

Mejor que seguir hablando del libro, es dejar que el libro nos hable. Presentamos un resumen de los dos primeros capítulos que analizan los populismos jesuitas en general; los capítulos siguientes están dedicados a análisis de populismos en particular.

Capítulo 1 – La edad de lo sagrado

Comienza dando una opinión “pienso que el populismo expresa la añoranza de una unidad extraviada, una inocencia perdida, una identidad disuelta y que ambiciona restaurarlas. Es, en breve, una nostalgia de unanimidad… La unanimidad, la unidad orgánica del pueblo que el populismo evoca, no es un pacto racional, sino una comunidad de fe que protege del pecado y de los peligros del mundo. En tal sentido, el populismo es un fenómeno de origen religioso o mejor: es un modo religioso de entender la vida y la historia. Como tal, antes aunque un régimen o un movimiento, el populismo es un imaginario: una vaga galaxia de creencias y de valores, pulsiones y expectativas, etérea pero arraigada, que se expresa en una mentalidad. Mucho menos estructurado que una ideología, tal imaginario convoca un universo moral antiguo, adecuado a nuevas épocas… invoca la protección de una identidad primigenia, el rescate de una comunidad ideal e idealizada. A tal comunidad alude la palabra pueblo, perno léxico en torno al cual gira el populismo”[3].

Continuando con la fijación de las bases de su trabajo:

“En el mundo penetrado por lo sagrado, tal ambición de salvar al pue­blo se llamaba redención; en el mundo secular toma el nombre de revolución, palabra mágica de los populismos. La fe que animaba a la primera deviene religión política en la segunda: ideología erguida como verdad divina, como certificado de superioridad moral. Tal es la ideología de los populismos jesuitas’. Su cruzada contra aquellos a quienes imputan corromper al pueblo es de tipo moral; es una guerra de religión más que un enfrentamiento político… ¿Unanimidad de qué? De aquello que de vez en vez el populismo eleva como fundamento univoco de la comunidad, cofre exclusive de la identidad y de la cultura del pueblo. En un tiempo era unanimidad de fe: a cada nación su religión. En el mundo moderno es unanimidad política. Ideológica, moral”[4].

Tras presentar el concepto de unanimidad como eje, lo profundiza: “en el caso de los ‘populismos jesuitas’ asume la semblanza del pobre, elevado a emblema de pureza espiritual, a imagen de Cristo”[5]. Esto lleva a una visión maniquea de la historia y de la vida, donde el pueblo, los pobres, representan el Bien luchando contra el Mal. ¿Quién es el enemigo para los “populismos jesuitas”?: “El nacimiento del individuo moderno que minó la unanimidad de la comunidad orgánica, la revolución científica que quebró el aura sagrada del creador, la racionalidad iluminista que fisuró la simbiosis entre fe y razón, el liberalismo que disolvió la fusión entre la esfera espiritual y esfera temporal, el capitalismo que, glorificando la prosperidad exaltó el egoísmo… en la visión redentora del populismo no son la fisiología de la condición humana, sino patologías que atentan contra el organismo sano llamado pueblo[6].

Pasa a luego a analizar la cristiandad hispánica cuyo propósito era establecer un orden cristiano, un “régimen de cristiandad” en América, cuyo primer fundamento era la unanimidad (o unanimismo, como el autor utiliza en esta sección), que excluye la pluralidad. “Súbdito y fiel eran una sola cosa”[7]. Un segundo aspecto eran las jerarquías: la autoridad indiscutida que se ejercía de arriba para abajo, inmóvil y eterna. Un tercer elemento era el corporativismo: el individuo estaba subordinado al cuerpo. Sobre ellos estaba el Estado cristiano, un estado ético: su fin era moralizar al pueblo. Todo esto formó un imaginario omnipresente, una cultura impregnada de religiosidad. “Donde más se aproximó la utopía religiosa de la cristiandad hispánica a un acabado sistema de gobierno y organización social fue entre los siglos XVII y XVIII, en Paraguay, en las misiones jesuíticas con los guaraníes: un Estado teocrático”[8]. Zanatta encuentra en él los tres elementos descritos previamente que caracterizan el populismo: unanimismo (“la autoridad política y religiosa se fundían; ley y fe eran todo uno”), orden jerárquico (“los padres jesuitas eran la cabeza de un organismo, una casta un poco humana y muy divina que educaba al pueblo y lo disciplinaba a través de la fe”) y comunidades corporativas.

Capítulo 2 – La edad secular

Como es sabido, los jesuitas fueron expulsados de las colonias españolas en 1767 y su orden suprimida en 1773 por el Papa Clemente XIV. La Revolución Francesa y la Independencia de los Estados Unidos habían cambiado la historia “dando así la espalda a aquello que quedaba de la cristiandad hispánica y de sus principios teocráticos; a la idea de ‘gobernar a los hombres a través de la religión’”[9]. Sin embargo, el papa Pío XIV la restaura en la orden jesuita en 1814 por su apoyo incondicional al papado.

Luego de plantear que a partir de allí en Latinoamérica se genera un ciclo pendular y agrega “a cada arrogante avanzada del individuo sobre las corporaciones, del pluralismo sobre la unanimidad, del Estado laico sobre el Estado ético seguía, con un brusco retroceso, la poderosa reacción de la sociedad orgánica centrada en la Iglesia y capaz de movilizar al pueblo. Y viceversa: a cada regurgitación clerical le seguía un ulterior arranque liberal”[10].

Luego de hacer un repaso histórico de este mecanismo pendular, plantea la visión “jesuita” que apareció con toda su fuerza tras la Primera Guerra Mundial: “En tanto, sin embargo, había que extirpar la hierba mala del «catolicismo liberal». No bastaba con el enemigo a las puertas, ¡se había incluso introducido en casa! En tal cruzada destacaron los jesuitas, fueron como en otros tiempos el ejército del papa. ¿Cómo tolerar el connubio de la fe con la herejía liberal, la convivencia con las ideas anticristianas del iluminismo? El activismo pedag6gico y publicista de los jesuitas se lanzó contra ello y contra ‘los errores’ del liberalismo; no ahorró nada ni nadie, en la estela del célebre Syllabus de Pío IX: democracia liberal, parlamentarismo, libertad de prensa, libertad de conciencia; el Estado laico más que cualquier otra cosa. Por no hablar del capitalismo. ¡Cuántas polémicas contra la satánica ley de la demanda y de la oferta, cuantas excomulgaciones de la lógica impersonal del mercado, de la propiedad privada que nutría al egoísmo! El capitalismo era la forma más degenerada de la apostasía liberal, el mayor elemento de corrupción del pueblo inocente, la mis poderosa fuerza disgregadora de la comunidad orgánica. ¿Servía para sustraer a muchas personas de la miseria? Jamás: causaba desigualdad y basta”[11].

Continúa describiendo la revancha jesuita en las décadas posteriores: “Para remediar, urgía fundar un ‘nuevo orden cristiano’: tal fue la cruzada del revanchismo católica entre las dos guerras…. Se trataba del ‘retorno a una sociedad de tipo orgánico’. El Estado cristiano debía aplastar al Estado laico; la nueva cristiandad, abatir a las élites descristianizadas; la comunidad de fe, volver a poner en su lugar al individuo. Contra el Estado liberal, la Iglesia invocó a la ‘nación católica’, la fe del pueblo. Comenzaba el largo viaje de la restauración cristiana, el rescate del pueblo de la esclavitud y el retorno a la tierra prometida. Ya pocos recordaban las misiones jesuitas. Pero espíritu se cernía: el nacionalismo celebraba la catolicidad con­tra el protestantismo anglosajón; las corporaciones, contra la democracia liberal; la cruz y la espada, contra los partidos y el Parlamento”[12].

Entra de inmediato a la simpatía del catolicismo jesuita por el fascismo, que era también unanimista, jerárquico, corporativo y antiliberal. Menciona los ataques recibidos con los jesuitas a la cabeza por el filósofo católico Jacques Maritain y sus seguidores, interesados en conciliar cristianismo y democracia: “No era cuestión de ‘cambiar a los hombres’ se oía desde los púlpitos y en los conventos, sino de cambiar ‘el sistema’; ‘revolución’ era la palabra en boca de todos, ‘redención’ querían decir, restaura el Reino, conquistar el Estado y por mano del Estado expiar el pecado liberal, catequizar al pueblo, convertir a los enemigos o eliminarlos”[13].


REFERENCIAS

[1] En el caso de Perón sí lo aclara: pueblo es sinónimo de obreros

[2] Djilas, Milovan, “La nueva clase”, Institutos de Investigaciones Internacionales del Trabajo, sin fecha; el original en inglés es de 1957

[3] Zanatta, Loris, “El populismo jesuita”, Edhasa, 2020, p.13,14

[4] p.14

[5] P.14. Jesús nunca planteó la pobreza como un modelo de vida, ni sentó la contracultura cristiana sobre ella. La interpretación lastimera de los jesuitas es forzada y manipula expresiones “Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros” (Juan 12;8) cuyo sentido tiene que ver con ayudarlos a salir de la pobreza, no a mantenerlos dentro de ella.

[6] p.14,15

[7] p.15

[8] p.17

[9] p.24

[10] p.24

[11] p.29,30

[12] p.30,31

[13] p.31,32

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