Una introducción detallada y debidamente documentada del Evangelio de Mateo, su trasfondo histórico, su mensaje y su relevancia.
Serie LECTURA RECOMENDADA
Título: “Evangelio según san Mateo”
Autor: atribuido a Mateo, el discípulo de Jesús
Año: alrededor años 70-80 d.C.
QUÉ SON LOS EVANGELIOS
El Nuevo Testamento contiene cuatro relatos sobre la vida de Jesús, que a partir del siglo II fueron llamados genéricamente evangelios: Los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Constituyen un género literario único, diferente al de las biografías grecolatinas; su estructura puede verse como un largo prólogo a su tema central: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo[1],.
Su finalidad no es principalmente histórica, sino teológica. Al menos, para el autor de la Epístola de Juan: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”[2].

Son obras anónimas, cuya autoría se atribuye a partir de citas de autores antiguos compiladas por Eusebio de Cesarea en su obra “Historia Eclesiástica”[3], escrita a fines del siglo III y principios del siglo IV. En cuanto a la fecha de composición, se estima que el evangelio de Marcos fue escrito entre los años 60 y 70 de nuestra era, el de Mateo entre el 70 y el 80, el de Lucas entre el 80 y 90, y el de Juan entre el 90 y 100. No hay certeza absoluta. Por ejemplo, se creía que el evangelio de Juan había sido compuesto alrededor del año 130 d.C. hasta que se descubrió el P52, un fragmento de papiro escrito en ambos lados, probablemente de alrededor del año 100 o 110 d.C.[4], que contiene un pasaje del Evangelio de Juan (18:31-33, 37-38).
ACERCA DE LA AUTORÍA DEL EVANGELIO DE MATEO
El evangelio del Mateo no lleva firma ni ofrece ninguna referencia explícita de su autoría; algunos ven una cita autobiográfica en el publicano[5] convertido en discípulo de Jesús, que en este evangelio aparece como Mateo[6] y en los relatos paralelos de los evangelios de Marcos y Lucas como Leví, pero es una mera conjetura.
La primera noticia que tenemos sobre Mateo como escritor del evangelio proviene de Eusebio de Cesarea “De todos estos (discípulos) únicamente Mateo y Juan nos han dejado un recuerdo de las pláticas del Señor, e incluso ellos, según la tradición, se pusieron a escribir obligados. Por su parte, Mateo, que en primer lugar predicó a los hebreos cuando ya estaba por dedicarse también a otros, expuso por escrito su evangelio en su lengua materna”[7]. Más adelante cita a Papías, un obispo cristiano del siglo II que vivió en la ciudad de Hierápolis, en la actual Turquía, de su obra “Explicaciones de la palabra del Señor”[8]: “Mateo compuso su discurso en hebreo y cada uno lo tradujo como pudo”[9].
La mayoría de los eruditos en literatura bíblica creen que la afirmación de Papías es errónea, pues sostienen que, según las evidencias, el primer evangelio fue el de Marcos, que sirvió como fuente para los evangelios de Mateo y Lucas. Hallan cuestiones lingüísticas para señalar que Mateo fue originalmente fue escrito en griego y no en hebreo y que, quizás, la cita aluda a otro evangelio, como, por ejemplo, el llamado “Evangelio de los Hebreos”.
EL PRIMER LUGAR EN EL NUEVO TESTAMENTO
En los códices más antiguos que se conservan con casi la totalidad del Nuevo Testamento (el Sinaítico, del siglo IV, el Vaticano, también del siglo IV y el Alejandrino, del siglo V, el evangelio de Mateo, tal como en la actualidad, ocupa el primer lugar[10]; sin embargo, no es un tema relevante pues los cristianos otorgan a los cuatro evangelios la misma autoridad.
FUENTES DEL EVANGELIO DE MATEO
Aun considerando legítima la atribución de esta obra a un discípulo de Jesús, hay consenso en el uso de otras fuentes. Como ya mencionamos, la más importante es el evangelio de Marcos, que contribuye también al evangelio de Lucas; debido a su paralelismo, estos tres evangelios son llamados sinópticos. También hay secciones de Mateo que solo comparte con el evangelio de Lucas (no aparecen en el de Marcos). Para explicar su origen se ha postulado la existencia de una hipotética segunda fuente, de la cual a la fecha no hay ninguna evidencia documental, que los expertos llaman Documento Q[11]. Entre un 20% y 25% del texto es material exclusivo de Mateo.
EL RELATO DEL EVANGELIO DE MATEO
A diferencia del evangelio de Marcos, que comienza con la predicación de Juan El Bautista seguida del bautismo de Jesús, Mateo comienza trazando una genealogía de Jesús que comienza con Abraham: es el linaje de “José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo”[12]. El listado se diferencia en varios puntos al declarado por Lucas; sin embargo, coincide con él en dos asuntos esenciales: la pertenencia a la tribu de Judá y a la estirpe del rey David, algo que también menciona el apóstol Pablo[13], en acuerdo con la expectativa mesiánica en la época. Sin embargo, si bien presenta el nacimiento de Jesús, no menciona la anunciación a María, ni a un censo ni al pesebre. Sí habla de la concepción virginal y la anunciación a José, también mediante un ángel, pero durante un sueño.
Mateo brinda datos geográficos e históricos del nacimiento de Jesús, aunque en forma más sucinta que Lucas: dice que ocurrió en Belén en tiempo del rey Herodes[14]. Es el único que menciona a los magos de Oriente, los famosos “reyes magos” (no dice que fueran ni reyes, ni tres, ni da sus nombres), la matanza de los niños y la huida de José y María a Egipto con el niño Jesús. De paso, en Egipto se pueden visitar los supuestos lugares donde estuvo la llamada sagrada familia (término que no es bíblico), pero Mateo no menciona ninguno de ellos.
A partir de allí sigue en forma paralela el relato del evangelio de Marcos: la predicación de Juan El Bautista, el bautismo de Jesús (realizado por el propio Juan), las tentaciones en el desierto y el inicio de la actividad pública de Jesús (conocida como ministerio) en la región de Galilea. Sin embargo, el autor construye su relato alrededor de cinco discursos o sermones, que concluyen todos con frases similares a “cuando Jesús terminó de decir estas cosas”: el famoso Sermón del Monte (Mateo 5–7), que contiene las Bienaventuranzas y el Padre nuestro, las instrucciones a los discípulos (Mateo 10), las enseñanzas mediante parábolas (Mateo 13), el discurso para la comunidad de fe (Mateo 18) y la exposición acerca de los tiempos finales (Mateo 24–25). Entre ellos intercala milagros, resúmenes y diálogos.
Tal como ocurre en los otros evangelios sinópticos, durante el ministerio de Jesús hay un cambio decisivo a partir de lo que se denomina la Confesión de Pedro, su discípulo, quien lo reconoce como Hijo de Dios. Allí comienza una secuencia donde Jesús declara a los doce que va a sufrir, morir y resucitar, seguida de lo que se conoce como la transfiguración para posteriormente emprender el viaje final a Jerusalén.
Los relatos como la institución de la Cena del Señor, la traición de Judas y la crucifixión son similares a los evangelios de Marcos y Lucas, aunque incorpora elementos propios, algo que se hace más ostensible cuando describe la resurrección de Jesús, su versión sobre la muerte de Judas, la guardia romana sobre la tumba y las palabras conocidas como la Gran Comisión en Galilea.
EL MENSAJE DEL EVANGELIO DE MATEO
Nosotros encontramos al menos seis propósitos en el evangelio de Mateo.
El primero es demostrar que en Jesús se cumplen las profecías sobre el Mesías del Antiguo Testamento. En reiteradas ocasiones utiliza la expresión “para que se cumpliese la Escritura” o similar, citando textos de los profetas y en un caso de un salmo: Mateo 1:22, 2:15, 2:5-6, 2:17-18, 2:23, 4:14, 8:17, 12:17-21, 13:35, 21:4-5, 26:54-56, 27:9-10.
El segundo es declarar la divinidad de Cristo desde el principio hasta el final. Podemos señalar por ejemplo, la profecía en Mateo 1:22-23 tomada de Isaías 7:14, cuando dice “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. Mateo ve en Jesús a ese Emanuel, a ese Dios con nosotros. Aunque hay otras evidencias, como los milagros, basta señalar la adoración recibida por Jesús desde el principio, por los magos de Oriente: “al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron” (Mt.2:11), hasta el final por los discípulos: “Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron” (Mt.28:16-17a; ver también Mt.28:9). Presenta a Jesús declarando su autoridad divina: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mt.20:18), confirmada con la frase “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt.20:19).
El tercero es presentar una ética superadora de la ley judía. La fórmula “oísteis que fue dicho… mas yo os digo” utilizada en el Sermón del Monte es, quizás, la prueba más palpable, y el texto “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt.5:42) su mejor resumen. Sin embargo, hay otros ejemplos, como su posición frente al divorcio (Mt.19:7-9) o mensajes que, sin ser vinculados directamente a la Torah, proponen unas reglas de conducta más elevadas, como en el tema del perdón (Mt.18:21) y los llamados al servicio (por ejemplo, Mt.25:34-40).
El cuarto es la universalidad de la salvación. El texto da a entender que Jesús vino primeramente a su pueblo, el hebreo (por ejemplo, Mt.10:6, Mt.15:24), pero la invitación se ha extendido a todos los hombres (Mt.8:11, Mt.24:14, Mt.28.19). La declaración del centurión tras la muerte de Jesús, “Verdaderamente este era Hijo de Dios” (Mt.27:54) es tomada como símbolo de la ampliación de la salvación divina a los gentiles (los no judíos).
El quinto es el sentido de misión. En el evangelio de Mateo hay dos misiones: la primera de carácter nacional (Mateo 10:1-7 y siguientes) y otra, tras la resurrección, de alcance universal (Mateo 28:18-20). Jesús encomienda la misión a sus discípulos iniciando con las palabras “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”[15].
Finalmente, Jesús funda una comunidad como base para la labor misionera. La palabra iglesia es utilizada en dos secciones del libro: La primera, en el capítulo 18, cuando aborda cómo debe tratarse al hermano que peque contra uno (Mt.18:15-17). Algunos creen que es un anacronismo (una adaptación tardía de palabras de Jesús como regla para las nacientes comunidades de fe); otros proponen que se refiere a algún tipo de asamblea dentro de Israel, quizás en la sinagoga. Sin embargo, la segunda mención, que es exclusiva de Mateo, es fundacional: “Y Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo”[16]. Jesús luego hace extensivo lo de atar y desatar al resto de los discípulos[17].
Además, todo el texto contiene guías para la vida en comunidad. Una de ellas, que ya mencionamos y no aparece en ningún otro evangelio, también tiene que ver con la convivencia fraterna y es impartida a Pedro: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”[18].
Llama la atención la preminencia de Pedro en el evangelio de Mateo, cuando los escritores más antiguos sostienen que es Marcos quien recogió en su evangelio sus memorias[19].
EPÍLOGO
El evangelio de Mateo nos pone en contacto con un Jesús que es humano y divino a la vez. Reclama para sí una autoridad por encima de las instituciones más sagradas, como el sábado[20] o el templo[21], autoridad que es reconocida por el pueblo cuando escucha sus enseñanzas[22] y que él confirma con sus milagros[23]. Sin embargo, no usa ese poder para “servirse de” sino para “servir a”. Sienta al amor, la misericordia, el perdón, la oración y la fe como bases para una vida en comunidad, atacando con dureza la hipocresía[24].
Su actividad pública puede ser vista como un viaje cuyo destino es conocido: la cruz; el significado de su muerte está simbolizado en la Santa Cena (Mt.26:26-29). Su resurrección marca un antes y un después en la historia donde es investido como Rey de reyes y Señor de señores, prometiendo estar siempre junto a los suyos y dándoles una nueva misión: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”[25].
BONUS: PERLAS DEL EVANGELIO DE MATEO
ÁMBITO Y TENDENCIA
Alguna vez encontramos -creemos que en una obra de Oscar Cullmann- un esquema que posiciona las tendencias de las distintas tendencias de autores de evangelios y cartas de acuerdo a su afinidad con la Ley judía e Israel y el mundo gentil o pagano. Lo reproducimos tal cual lo recordamos:

Creemos que el esquema representa con acierto la posición de Mateo, quien se acerca más al judaísmo que el resto de los evangelios; esto puede observarse en frases como “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mt.5:17) o “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mt.23:23), aunque abre la salvación a toda la humanidad.
“VENID A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁIS CANSADOS…”
El famoso texto “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mt.11:28-30) es exclusivo de Mateo. Jesús se propone a sí mismo como ejemplo. Es difícil no ver en estas palabras la frase que el profeta Isaías pone en boca de Dios: “A todos los sedientos: ‘Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David’” (Is.55:3).
ECOS DEL EVANGELIO DE JUAN EN MATEO
Una de las curiosidades que comparten los evangelios de Mateo y Lucas es la presencia de lo que conoce como “interpolación joánica” o “declaración joánica”: un texto que tiene el estilo literario del evangelio de Juan al referirse a Dios y a Jesús como el Padre y el Hijo: “Y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mt.11:27). Los estudiosos no han podido desentrañar aún el origen de este texto, ajeno al lenguaje de Mateo, que tiene ecos de Juan 10:15: “así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre”.
PERSONAJES HISTÓRICOS EN MATEO
Fuera de los seguidores de Jesús, aparecen varios personajes históricos en el evangelio de Mateo, como por Herodes El Grande[26], a quien ya hemos mencionado, Arquelao[27], Herodes Antipas[28] (ambos sus hijos) y Poncio Pilatos[29]. Aparecen Juan El Bautista[30] y el sumo sacerdote Caifás[31] que son también mencionados por el general e historiador judío Flavio Josefo. Barrabás no aparece en ninguna fuente extra bíblica pero Mateo añade un dato peculiar sobre él, su primer nombre: Jesús (nombre que no aparece en la versión RVA 1960 que hemos usado en nuestras transcripciones, pero sí, por ejemplo, en las versión DHH, donde aparece como Jesús Barrabás)[32].
Sin embargo, hay otro personaje mencionado una sola vez, pero muy relevante para el valor histórico del evangelio de Mateo: Simón de Cirene, el hombre que cargó la cruz hasta el Gólgota[33]. El evangelio de Marcos da datos más precisos de este hombre: “Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz”[34]. Evidentemente sus hijos, Alejandro y Rufo, eran conocidos en la iglesia primitiva, si no, ¿qué sentido habría tenido nombrarlos? Aunque difícilmente se trate del Rufo mencionado en la Carta a los Romanos 16:3, es probable que los lectores a los cuales de dedicó el evangelio de Mateo estuvieran familiarizados en ellos.
LA FAMILIA DE JESÚS
El evangelio de Mateo habla de los hermanos de Jesús y, al igual que Marcos, da sus nombres. “¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros?” (Mt.13:55-56). Nótese que a Jesús no se lo llama unigénito, sino primogénito (Mt.1:25). Para los evangélicos y reformados Jesús nació de la Virgen María, pero luego ella tuvo otros hijos con José; en cambio, para los católicos, que creen en la perpetua virginidad de María, estos “hermanos del Señor” serían, en realidad, primos, y para los ortodoxos, hijos de un matrimonio previo de José, del cual había enviudado. En realidad, durante la adultez de Jesús no hay referencias en los evangelios a José, salvo la transcripta recién, donde menciona su profesión. Jesús, según Marcos 6:3, también era carpintero, así que es probable que aprendiera el oficio de su padre.
© Pablo R. Bedrossian, 2025. Todos los derechos reservados.
REFERENCIAS
[1] Vielhauer, Philipp, “Historia de la literatura cristiana primitiva”, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2003, 2ª Ed., p.302,303. El primero en identificar a los evangelios como «relatos de la pasión con una larga introducción» ha sido Martin Kähler
[2] Juan 20:30-31
[3] Eusebio de Cesarea, “Historia Eclesiástica”, Clíe, 1988, p. 172 y 201; la obra original es de fines del siglo III y principios del siglo IV y las citas se encuentran en el Libro III, Cáp. y Cáp.39
[4] Al estar escrito de ambos lados, se supone que no era parte de un rollo, sino de un códice, una especie de cuaderno. Siendo esta copia tan temprana, los eruditos tuvieron que cambiar las fechas que habían estimado.
[5] Los publicanos eran judíos que cobraban impuestos en favor del Imperio Romano; para ello obtenían una concesión, pagando por adelantado.
[6] Comparar Mateo 9:9, también identificado con Mateo el publicano en la lista de discípulos de Mateo 10:3, con Marcos 2:14 y Lucas 5:27-29
[7] Eusebio de Cesarea, obra citada, p. 172
[8] Eusebio de Cesarea, obra citada, p. 199
[9] Eusebio de Cesarea, obra citada, p. 201
[10] Bruce, F. F., “El canon de la Escritura”, Clíe, 1988, 2002, p.207, 208
[11] Robinson, James; Hoffman, Paul, Kloppenborg, John S., “El documento Q”, Ediciones Sígueme,2 001, 2002 contiene una reconstrucción puramente teórica y una exposición de sus fundamentos
[12] Mateo 1:16.
[13] Ep. a los Romanos 1:3
[14] Herodes El Grande, un rey títere puesto por el Imperio Romano, de origen idumeo por línea paterna y nabateo (árabe) por línea materna. Su padre se había convertido al judaísmo y él fue criado como judío. Su reinado abarcaba Judea, Galilea, Samaria e Idumea y se extendió entre los años 37 a. C. y 4 a.C. En el año 3. a.C. su reino fue dividido en cuatro secciones llamadas tetrarquías y entregadas a sus descendientes. La fijación del año del nacimiento de Jesús fue establecida muchos siglos después y es muy probable que Jesús naciera no en el año 1, sino poco antes del fin del reinado de Herodes.
[15] Esta declaración incluida en Mt. 28:18-20 parece un texto paralelo al antiguo canto que menciona el apóstol Pablo en su Carta a los Filipenses 2:10-11.
[16] Mateo 16:16-20
[17] Mateo 18:18
[18] Mateo 18:21-22
[19] Eusebio de Cesarea, obra citada, p. 100 (Libro II, cap. 15) y p.201 (Libro III, Cap. 39)
[20] Mateo 12:8
[21] Mateo 12:6
[22] Mateo 7:29
[23] Mateo 9:6
[24] Mateo 23:14-29 y varias citas más
[25] Mateo 28:18b-20
[26] Mt. 2:1 y siguientes
[27] Mt.2:22
[28] Mt. 14:1 y siguientes
[29] Mt. 27:2 y siguientes
[30] Flavio Josefo, “Antigüedades de los Judíos”, Libro XVIII, Cap. 5, Sec.2
[31] Flavio Josefo, “Antigüedades de los Judíos”, Libro XVIII, Cap. 4, Sec.3
[32] Mt. 27:16,17
[33] Mt. 27:32
[34] Mc. 15:21
