“LA BAILARINA DE AUSCHWITZ” DE EDIT EGER; CAMBIA LA MANERA DE VER TUS HERIDAS (por Pablo R. Bedrossian)

“LA BAILARINA DE AUSCHWITZ” DE EDIT EGER, UNA LECTURA QUE CAMBIA LA FORMA DE VER LA VIDA

Serie LECTURA RECOMENDADA

Título: La bailarina de Auschwitz” (título original en inglés “The Choice: Embrace the Possible”)

Autor: Edith Eger

Año: 2017

Con “La bailarina de Auschwitz” nos ocurrió algo curioso: cuando llevábamos leídas tres cuartas partes de sus 400 páginas, decidimos reiniciar su lectura para profundizar en su mensaje.

La autora publica este libro con casi 90 años. Es mucho más que sus memorias signadas por el terrible paso por el campo de concentración: es el proceso -su lucha- por impedir que el pasado la retenga como una prisionera.

La obra está dividida en cuatro partes: la primera, titulada “La Prisión”, contiene retazos de su niñez, incluyendo las disfunciones familiares y el impacto en su autoestima, la llegada del nazismo a Košice, su ciudad natal, la persecución de los judíos y su paso por Auschwitz, lugar del que sobrevivió milagrosamente. La segunda parte, “La Huida”, trata sobre lo ocurrido tras su liberación: las graves secuelas físicas, su boda, el arribo del comunismo, el terror impuesto por sus esbirros y la huida hacia Norteamérica. La tercera parte, “La Libertad”, relata los duros inicios en su nuevo país, las penurias a causa de la pobreza, las decisiones que le permitieron salir adelante y su notable carrera, coronada con un doctorado en Psicología; sin embargo, ninguno de estos constituye el tema principal de la sección: se trata de la batalla librada en su interior por romper las cadenas que la ataban al pasado. La última parte, “La curación”, presenta algunos casos clínicos donde no solo ayudó a sus pacientes sino también cómo ellos contribuyeron a su propia sanidad interior.

Siguiendo al Dr. Viktor Frankl[1], a quien considera su mentor, para la Dra. Eger, encontrar un propósito por el cual vivir es el elemento primordial para la supervivencia. El drama del prisionero no termina con su liberación: perdura a través de las heridas que sangran en su interior. Preguntarse “¿Por qué me ha pasado esto?” conduce inevitablemente a la autoconmiseración. La pregunta correcta, según propone la autora, es “¿Qué hago con la vida que se me ha concedido?” Dicho de otra manera, qué hago con lo que me queda a partir de ahora.

“La bailarina de Auschwitz” se centra en cómo su autora y protagonista fue sanada interiormente. Cerca del final, si bien reconoce que no hay una única manera para la curación, propone los que llama “pasos del baile de la libertad”. Primero, reconocer y asumir las responsabilidad por nuestros propios sentimientos, lo que implica dejar de reprimirlos o culpar a otros por ellos. Esto incluye aprender a reconocer nuestra responsabilidad y hacernos cargo por la forma en que establecemos y manejamos nuestras relaciones.

El segundo paso consiste en aprender cómo correr los riesgos necesarios para la autorrealización. Sostiene que “correr riesgos no significa lanzarnos a ciegas al peligro, sino asumir nuestros miedos para no ser prisioneros de ellos”.

El tercer paso es aceptar y perdonar. No se trata de olvidar, ni de absolver al abusador, sino un acto de autoliberación que nos permite dejar atrás el sufrimiento. En este punto hay una emotiva mención a Corrie Ten Boom, la famosa relojera cristiana de Holanda, que salvó a cientos de judíos del Holocausto. Tras ser descubierta, fue llevada a un campo de concentración junto a su familia, donde fue liberada al final de la guerra, pocos días después de la muerte de su hermana Betsie. Eger expresa su gran admiración por esta valiente mujer que fue capaz de perdonar personalmente a sus carceleros y declarada «Justa entre las Naciones» por el Estado de Israel en 1967.

Finalmente, el cuarto paso reside en reconstruirnos, enfocándonos en el futuro: elegir conscientemente cómo vamos a vivir nuestra vida, sin quedar anclados al pasado.

Desmond Tutu, el obispo anglicano sudafricano Premio Nobel de la Paz, dijo de este libro “Es un regalo para la humanidad; una de esas historias que nunca quieres terminar de leer y que te cambian la vida para siempre”.

© Pablo R. Bedrossian, 2024. Todos los derechos reservados.

BONUS: ALGUNOS DE LOS PENSAMIENTOS MÁS INSPIRADORES DEL LIBRO

EL PODER DE DECIDIR FRENTE A LO QUE ESTÁ FUERA DE NUESTRO CONTROL

“Lo sucedido no puede olvidarse ni cambiarse jamás. Pero, con el tiempo, he aprendido que puedo decidir cómo reaccionar ante el pasado. Siempre tenemos la posibilidad de decidir, la posibilidad de tener el control”.

“Todos en algún momento padeceremos algún tipo de desgracia, calamidad o abuso, provocados por circunstancias, personas o instituciones sobre las que tenemos poco o ningún control. Eso es la victimización. Viene del exterior. Son los matones del barrio, el jefe que se enfada, el marido que pega, el amante que engaña, la ley que discrimina, el accidente que te envía al hospital. En cambio el victimismo procede del interior. Nadie puede convertirnos en víctimas, excepto nosotros mismos. Nos convertimos en víctimas (lo dice en el sentido de sentirnos víctimas), no por lo que nos sucede, sino porque decidimos aferrarnos a nuestra victimización. Desarrollamos una mentalidad de víctimas… Nos convertimos en nuestros propios carceleros… No estoy culpando a las víctimas, muchas de las cuales nunca tuvieron una oportunidad… mi intención es guiar a otras personas hacia una posición de fortaleza ante todas las penurias de la vida”.

“Todo puede ser mucho peor. Cada momento alberga un potencial ara la violencia. Nunca sabemos cuándo o dónde nos desmoronaremos. Hacer lo que te dicen (se refiere a los nazis pero lo extrapola a todos los captores) puede que no haga que te salves”.

 “La negación es nuestro escudo. Todavía no sabemos que perpetuamos el daño negar el pasado, al mantenernos en silencio … Únicamente después de muchos años llegué a entender que huir no cura el dolor. Lo empeora. Al huir del pasado, de mi miedo, no encontré la libertad. Construí una celda con mi terror y corrí el cerrojo con el silencio”[2].

“Ser pasiva es permitir que otros decidan por ti. Ser agresiva es decidir por otros. Ser asertiva es decidir por ti misma. Y confiar en que eso basta, que tu bastas”.

“Tengo que afrontar lo que hay en mi interior”.

“Tras sus experimentos, Seligman llegó a la conclusión de que, cuando sentimos no tenemos control sobre nuestras circunstancias, cuando creemos que nada de lo que hagamos puede aliviar nuestro sufrimiento o mejorar nuestras vidas, dejamos de tomar iniciativas porque consideramos que no tiene sentido… sufrir es algo inevitable y universal. Sin embargo, lo que cambia es la forma de reaccionar ante el sufrimiento”.

GRANDES APRENDIZAJES PROVISTOS POR OTROS

“Albert Ellis demostró que bajo nuestras conductas más perjudiciales subyace un trasfondo irracional, pero tan determinante en la opinión que tenemos de nosotros mismos y del mundo que, a menudo, nos somos conscientes de que únicamente se trata de una creencia, ni de lo que insistentemente que nos repetimos esa creencia en nuestra vida cotidiana. La creencia determina nuestros sentimientos (tristeza, ira, ansiedad, etc.) y nuestros sentimientos, a su vez, influyen en nuestra conducta (malos comportamientos, cerrarnos, automedicarnos para aliviar el malestar). Para modificar nuestra conducta, nos dice Ellis, debemos modificar nuestros sentimientos y, para modificar nuestros sentimientos, debemos cambiar nuestros pensamientos”.

“A lo largo de nuestra vida tendremos experiencias desagradables, cometeremos errores y no siempre conseguiremos lo que queremos. Eso forma parte del hecho de ser humanos. El problema, y la base de nuestro sufrimiento constante, es la creencia de que el malestar, los errores y la decepción indican algo sobre nuestra valía: la creencia de que las cosas desagradables de nuestra vida son las que nos merecemos”.

“Carl Rogers postulaba que, cuando nuestra necesidad de autorrealización entra en conflicto con nuestra necesidad de valoración positiva, o viceversa, podemos optar por reprimir, esconder o ignorar nuestra verdadera personalidad y deseos. Cuando llegamos a creer que no hay manera de ser amado ni de ser auténtico, corremos el riesgo de negar nuestra verdadera naturaleza… La autoaceptación fue para mí la parte más dura de la curación, algo con lo que todavía batallo. El perfeccionismo surgió en mi infancia como una conducta para satisfacer mi necesidad de aprobación, y se convirtió en un mecanismo de adaptación aún más integrado para hacer frente a mi sentimiento de culpa por haber sobrevivido. El perfeccionismo es la creencia de que algo está roto: tú. Disfrazas tu rotura con títulos, logros, premios, pedazos de papel, que no pueden arreglar lo que crees que estás arreglando”.

ACERCA DE SU PROPUESTA TERAPÉUTICA

“Si tuviera que ponerle un nombre a mi terapia (se refiere al tipo de tratamiento que, como psicóloga, aplica a sus pacientes), probablemente la denominaría terapia electiva, ya que la libertad tiene que ver con la elección; con elegir la compasión, el humor, el optimismo, la intuición, al curiosidad y la expresión personal. Esas son las herramientas que utilizan mis pacientes para liberarse de las expectativas asociadas a los roles, para ser padres atentos y cariñosos consigo mismos, para dejar de transmitir creencias y conductas esclavizadoras, ara descubrir que, al final, la respuesta es el amor”.

“Oriento a mis pacientes para que entiendan qué provoca y qué mantienen sus comportamientos autodestructivos. Los comportamientos autodestructivos surgieron en primer lugar como comportamientos útiles, como cosas que hacían para satisfacer una necesidad, habitualmente la necesidad de una de las «aes»: aprobación, afecto, atención. Una vez que los pacientes descubren por qué han desarrollado un determinado comportamiento (despreciar a los demás, unirse a personas iracundas comer demasiado, comer demasiado poco, etc.) pueden asumir la responsabilidad de mantener o no dicho comportamiento. Pueden aprender a cuidarse mejor y a aceptarse: solo yo puedo hacer lo que puedo hacer de la manera que lo puedo hacer”.

DESDE DÓNDE MIRAMOS NUESTRO PASADO

“Para mí, aprender que solo yo puedo hacer lo que yo puedo hacer de la manera que lo puedo hacer significó derrocar a la triunfadora compulsiva que había en mí, la que siempre buscaba conseguir más y más papeles con la esperanza de afirmar su valía. Y significó aprender a redefinir mi trauma, a ver en mi doloroso pasado una prueba de mi fortaleza, mi talento y mis oportunidades para crecer, en lugar de una confirmación de mi debilidad o mis heridas”.

“Haber sido víctimas de encarcelamiento, deshumanización, tortura, hambre y pérdidas devastadoras no determinaba la vida que podían vivir… Es importante atribuir la culpa a los culpables. No se consigue nada si cerramos los ojos ante el mal, si no lo dejamos pasar, si no exigimos responsabilidad. Pero, tal como me enseñaron mis compañeros supervivientes, puedes vivir para vengarte del pasado o puedes vivir para enriquecer el presente. Puede vivir en la prisión del pasado o puedes dejar que el pasado sea el trampolín que te ayude a alcanzar la vida que deseas… Todos los sobrevivientes que conocí tenían una cosa en común conmigo y entre sí. No teníamos control sobre los hechos más apabullantes de nuestras vidas, pero teníamos el poder para determinar cómo experimentar la vida después del trauma: podíamos continuar siendo víctimas mucho después que la opresión hubiera desaparecido, o podíamos aprender a salir adelante y prosperar”.

“Reprimir los sentimientos solo hace que sea más difícil liberarse de ellos. Expresión es lo contrario de depresión”.

“Mi convicción personal y mi piedra angular clínica: podemos decidir ser nuestros propios carceleros o podemos decidir ser libres”.

“Es más fácil hacer a alguien responsable de tu dolor que asumir la responsabilidad de poner fin a tu propio victimismo… una buena definición de víctima es alguien que pone el foco fuera de sí, que busca en el exterior a otra persona a quien culpar de sus circunstancias actuales o que determine sus objetivos, su destino su valía”.

“Nuestras experiencias dolorosas no son un hándicap, son un regalo. Nos proporcionan perspectiva y sentido, una oportunidad de encontrar nuestro objetivo y nuestra fuerza”.

NUESTRAS RELACIONES CON LOS DEMÁS

““Con mucha frecuencia, nuestra infelicidad se debe a que estaos asumiendo demasiada responsabilidad o demasiado poca. En lugar de mantenernos firmes y decidir por nosotros mismos puede que nos volvamos agresivos (decidamos por otros), pasivos (permitamos que otros decidan por nosotros) o pasivo-agresivos (decidamos por otros para impedir que consigan lo que están decidiendo por sí mismos)”.

“Intentar ser el cuidador que se ocupa de todas las necesidades de otra persona es tan problemático como eludir tu propia responsabilidad… Está bien ayudar a la gente, y está bien necesitar ayuda, pero cuando tu capacitación permite que otras personas no se ayuden a sí mismas, estás incapacitando a las personas a las que quieres ayudar”.

“Nunca he conocido a nadie que decidiera conscientemente vivir en cautividad. Sin embargo, sí he sido testigo una y otra vez de lo dispuestos que estamos a entregar nuestra libertad espiritual y mental, a decidir ceder a otra persona o entidad la responsabilidad de guiar nuestras vidas, de decidir por nosotros”.

“Si permanecemos en un estado de luto perpetuo, estamos optando por una mentalidad de víctima, convencidos de que nunca lo superaremos. Si nos estancamos en el luto, es como si nuestras vidas también se hubieran acabado”.

“La aceptación no llega de un día para otro. Y nunca te parecerá bien que haya muerto. Pero tienes que decidir seguir adelante. Tienes que descubrir que vivir una vida plena es la mejor manera de honrar su memoria”.

“La fuerza no consiste en reaccionar, sino en responder: sentir lo que sientes, meditar sobre ello y planear una acción eficaz que te acerque a tu prójimo”.

HACERNOS CARGO DE NOSOTROS MISMOS

“Cuando renunciamos a asumir la responsabilidad por nosotros mismos, estamos renunciando a nuestra capacidad de crear y descubrir sentido. En otras palabras, renunciamos a la vida”.

“Creo en la necesidad de vivir en congruencia con nuestros valores e ideales: con nuestro yo moral. Creo en la importancia de defender lo que es justo y desafiar lo que es injusto e inhumano. Y creo en las decisiones. La libertad radica en examinar las opciones disponibles y evaluar sus consecuencias”.

“La verdad más importante que conozco, que la mayor prisión está en tu propia mente y que ya tienes la llave en el bolsillo: la voluntad de liberarte del cuestionamiento, de reivindicar tu inocencia y de quererte por lo que realmente eres: un ser humano imperfecto y pleno”.

“Huir del pasado o luchar contra el presente es encarcelarnos a nosotros mismos. La libertad consiste en aceptar lo que hay y en perdonarnos, en abrir nuestros corazones para descubrir los milagros que existen ahora”.

“No puedes cambiar lo sucedido, no puedes cambiar lo que hiciste o lo que te hicieron. Pero puedes decidir cómo vivir ahora. Queridísimo amigo, puedes decidir ser libre”.


REFERENCIAS

[1] Para quienes no han leído a Viktor Frankl, sugerimos leer nuestro comentario a su obra más famosa: “’El hombre en busca de sentido’, una joya al alcance de todos”, 15/4/2020 https://pablobedrossian.com/2020/04/15/el-hombre-en-busca-de-sentido-una-joya-al-alcance-de-todos-por-pablo-r-bedrossian/

[2] La segunda parte de este párrafo lo dice varias páginas después de la primera. Las uní porque la propia autora lo hace a lo largo de todo el texto.

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