NOTRE-DAME TRES DÍAS ANTES DEL INCENDIO (por Pablo R. Bedrossian)

El viernes 12 de abril visitamos con mi esposa la Catedral de Notre-Dame. Tres días después, el lunes 15, mientras caminábamos por la avenida de Champs-Élysées divisamos una enorme nube de humo que venía del sudeste de la ciudad. En ese momento no imaginamos que la histórica iglesia estaba siendo consumida por el fuego.

La catedral de Notre-Dame comenzó a construirse en 1163, cuando el papa Alejandro III colocó su piedra fundamental. Ubicada en el corazón de l’île de la Cité, la isla más importante de París sobre el río Sena, tiene una notable arquitectura gótica. Se la reconoce fácilmente por sus torres simétricas de 69 metros de altura, erigidas a mediados del siglo XIII. El edificio fue terminado hacia 1330, con unos 130 metros de largo con altas paredes sostenidas por arbotantes a fin de reflejar la pequeñez del hombre frente a la majestuosidad divina.

Durante la visita aproveché para subir a las torres. Era mi tercera vez en Notre-Dame y la segunda en sus terrazas que, además de, ofrecer fantásticas panorámicas de la ciudad, permite observar de cerca las famosas gárgolas o más correctamente quimeras (del francés chimères), pues no son las típicas figuras utilizadas para disfrazar desagües. Se trata de verdaderas esculturas de aspecto monstruoso cuyo propósito primigenio era mantener alejados a los malos espíritus[1].

Subí más de 400 peldaños de una estrecha escalera en espiral. Desde lo alto se veía perfectamente una amplia zona en restauración, cubierta de estructuras metálicas, incluyendo la famosa aguja, una torrecilla en forma de flecha de 90 metros de altura, erigida por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX que colapsó durante el incendio.

Al llegar al nivel donde se encuentran las campanas, el guía, un tico llamado Juan Carlos, nos dijo:

“Aquí no hay conexiones eléctricas pues hay materiales altamente combustibles”.

“Pero mire allí -le dijo un turista señalando un tomacorrientes –; hay un enchufe colocado allí”.

Sin que ninguno de los dos se lo haya propuesto, había algo premonitorio en esa conversación.

Tras bajar, admiramos las imágenes labradas en la fachada e ingresamos al interior de la iglesia.

Los techos elevados, las anchas columnas interiores y la delicada luminosidad que se filtra por los vitrales crean una atmósfera de hondo recogimiento. Fiel al estilo medieval, cuenta con tres naves: la central está ocupada por los bancos para la feligresía, el altar y, detrás, el coro de madera, mientras que en las laterales, que se unen al fondo permitiendo rodear toda la iglesia, se abren numerosas capillas.

Hubo dos capillas que atrajeron mi atención. La primera es la dedicada al mártir chino del siglo XIX san Paul Chen. Toda una curiosidad ver en una catedral gótica imágenes con ideogramas.

La otra, la Capilla del Sagrado Sacramento, por sus extraordinarios vitrales.

No sabemos cuán grande ha sido la magnitud de los daños. Pero, más allá de las religiones y las teologías -quien escribe esta nota no es católico-, Notre-Dame es un símbolo de la cristiandad de Occidente, además de un ícono de la nación francesa y parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Por eso presentamos algunos testimonios de lo que quizás se haya perdido para siempre.

LOS BAJORRELIEVES ALREDEDOR DEL CORO

El coro ubicado detrás del altar cuenta con una hermosa sillería. Sin embargo, en su pared exterior, llamada jubé, que mira al amplio pasillo que conforma junto a las capillas, se encuentran unos bajorrelieves de madera tallada que cuentan la historia de Jesús.

Fueron realizados a mitad del siglo XIV y están pintados a mano[2]. Definitivamente son mis favoritos.

LOS VITRALES

Según pudimos constatar al día siguiente, desde el lugar donde la policía nos permitió llegar (estaba acordonada toda la zona), en el incendio se dañaron algunos vitrales e incluso se perdió al menos un rosetón lateral.

Afortunadamente han sobrevivido los tres principales de 13 metros de diámetro. La extraordinaria vidriería es del siglo XIII pero fueron renovada en numerosas ocasiones[3].

LAS QUIMERAS O “GÁRGOLAS”

Como hemos dicho estas figuras que -aunque se atribuyen a
Eugène Viollet-le-Duc, el mismo autor de la aguja que cayó-, parecen surgidas de la imaginería medieval.

Se encuentran en las terrazas exteriores, muy cerca del lugar donde aparentemente se inició el incendio y parecen surgidas de alguna extraña mitología.

Notre-Dame ha sufrido un devastador incendio, pero esperamos que pueda recuperar la belleza perdida, no solo por lo que es sino por lo que representa no solo para el pueblo francés sino para el mundo entero, símbolo de arte, historia y fe.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS 1

Fotos del 16 de abril, día después del incendio. Como se observa el fuego se extendió en la zona donde se estaba trabajando.


BONUS 2

Fotos del 4 de mayo mostrando las obras en la Iglesia de Notre-Dame.


REFERENCIAS

[1] Según hemos leído las quimeras de Notre Dame no provienen del medioevo, sino que fueron agregadas por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX.

[2] Si desea más Información, puede leerse un interesante artículo con amplia documentación histórica y fotográfica en https://aquicoral.blogspot.com/2017/03/notre-dame-de-paris-escultura-talla.html

[3] Del Ser, Guimar y Romero, Alejandro, Diario El País, Madrid, España, edición del 18/04/2019. Escriben“aunque los tres rosetones principales, de 13 metros de diámetro, no han sido destruidos, el fuego sí ha afectado a los de menor tamaño situados en el nivel de la cubierta calcinada”. La nota completa puede leerse en:
https://elpais.com/cultura/2019/04/16/actualidad/1555432161_255893.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LA IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS DE LA AVENIDA BELGRANO 579 (por Pablo R. Bedrossian y William D. Grant)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS, Av. Belgrano 579, Barrio
de Monserrat, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

LOS PIONEROS

La Iglesia Presbiteriana surge en Escocia durante el siglo XVI como heredera de una notable tradición religiosa que comienza con los albores de la fe cristiana. Liderada inicialmente por el reformador John Knox, es una iglesia protestante que luchó contra la monarquía inglesa en reiteradas ocasiones.

La firma en Buenos Aires del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica el 2 de febrero de 1825 permitió la inmigración de súbditos británicos, reconociéndoles derechos religiosos que incluían la construcción de sus propios templos.

Bajo este marco y como parte del acuerdo entre el Ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia y los hermanos John y William Parish Robertson, en agosto de ese año arribó a tierras argentinas un contingente de escoceses para formar la Colonia Agrícola Ganadera de Monte Grande en la Provincia de Buenos Aires. La travesía en la goleta “Symmetry”,que duró tres meses, fue documentada por William Grierson, abuelo de Cecilia Grierson, primera médica mujer egresada de la Universidad de Buenos Aires, que hoy es recordada por una calle de Puerto Madero[1].

Estos primitivos colonos establecidos en la zona sur de lo que hoy llamamos el Gran Buenos Aires al año siguiente de su llegada pidieron a la Iglesia de Escocia el envío de un ministro religioso, por lo que fue enviado el reverendo William Brown, quien arribó a la Argentina a fines de 1826.

Sin embargo, tras un inicio prometedor, hacia 1828 la colonia cayó en el fracaso económico. Algunos colonos se radicaron en la zona de lo que hoy es Florencio Varela, San Vicente y zonas cercanas, y otros en la zona de Chascomús. El Rev. William Brown y otros colonos prefirieron, en cambio, establecerse en la ciudad de Buenos Aires.

El 22 de diciembre de ese año un grupo de escoceses presbiterianos autoconvocados decidieron formar una iglesia en Buenos Aires, bajo “la doctrina y disciplina de la Iglesia Establecida de Escocia”. Para ello acordaron compartir los buenos oficios del Rev. William Brown con los colonos de Monte Grande, dando origen a la Iglesia Presbiteriana San Andrés en la Argentina, que fue constituida formalmente el 15 de marzo del año siguiente.

Parte del memorial de los miembros de la Iglesia caídos en la Primera Guerra Mundial

Ese esa ocasión el culto inaugural se llevó a cabo en lo que se llamó “Capilla Presbiteriana Escocesa” (“Scotch Presbyterian Chapel”) en la calle México al 300, según su antigua numeración, que probablemente correspondiera al cruce actual entre la calle mencionada y la Avenida 9 de Julio o a sus cercanías.

Su ministro fue el mismo Rev. William Brown y los primeros presbíteros “elders” o “ancianos”, que constituían el cuerpo formado por laicos al que la autoridad pastoral estaba sujeta, fueron John McClymont, Hugh Robson y James Brown.

EL TEMPLO DE LA CALLE PIEDRAS Y SU ARQUITECTO

Con la anuencia del Gobierno de Buenos Aires encabezado por Juan Manuel de Rosas, el 25 de febrero de 1833 se colocó la piedra fundamental del nuevo templo en un predio adquirido por la comunidad. Se encontraba ubicado en la calle Piedras 55, entre las actuales calles Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, que en aquel entonces se llamaba Victoria. El edificio fue inaugurado el 25 de abril de 1835, con el nombre de “Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés” (“St. Andrew’s Scotch Presbyterian Church”)

Templo de calle Piedras 55 diseñado por Richard Adams.

El templo era de diseño neoclásico, con un atrio al que se llegaba ascendiendo tres escalones; tenía al frente seis columnas con capiteles jónicos sobre las que se levantaba un frontón triangular. El interior era más modesto, aunque lucía dos pares de columnas con capiteles corintios entre los cuales se alineaban los bancos de madera para los feligreses. Décadas después, en 1884, detrás del altar se ubicaron los majestuosos tubos del órgano, el mismo que con sus sucesivos arreglos, modificaciones y ampliaciones aún perdura en el actual templo sobre la Avenida Belgrano.

Interior del templo de la calle Piedras 55

El edificio fue diseñado por Richard Adams, un escocés que había arribado a la Argentina como parte del contingente de la goleta “Symmetry” y había trabajado en la colonia escocesa de la zona sur de Buenos Aires. Allí este arquitecto y pintor había levantado en 1828 más de 30 edificios de mampostería con 145 habitaciones, 47 ranchos, la casa principal, y un detalle que no es menor: una capilla presbiteriana, de la cual, sin embargo, nada se conoce[2]. Ese pequeño templo desaparecido fue la primera iglesia protestante erigida en Argentina.

Casa de los hermanos Parish Robertson en la Estancia Santa Catalina. En ese predio se instalaron los colonos escoceses y Adams construyó el primer templo protestante de la Argentina.

En 1829 Adams se estableció en Buenos Aires donde le encargaron la construcción de la actual Catedral Anglicana de San Juan Bautista, inaugurada en 1831, cuya fachada sirvió de referencia para la Iglesia Presbiteriana San Andrés. Además, estuvo a cargo del proyecto y dirección del Segundo Cementerio de Disidentes de Buenos Aires, sobre la actual plaza 1º de Mayo, limitada por las calles Alsina, Pasco, Hipólito Yrigoyen y edificios para vivienda que dan a la calle Pichincha. En el centro del camposanto ubicó la capilla, “diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XVIII, con ábside central y naves laterales”[3]. Este importante arquitecto escocés murió en 1835 a los 43 años en Buenos Aires. 

Vista aérea del centro de Buenos Aires en la década de 1890. Encerrada en un círculo se observa el templo de la calle Piedras 55.

A fines de 1841 se colocó la piedra fundamental de la Escuela San Andrés en el terreno detrás de la Iglesia, bajo diseño de Edward Taylor, un ingeniero y arquitecto inglés y que había llegado a la Argentina en 1824. Décadas después tuvo a su cargo la creación de la Aduana Nueva[4].

LA DEMOLICIÓN DEL TEMPLO

La congregación presbiteriana fue creciendo con el paso del tiempo. En la década de 1880, luego de un encendido debate en Buenos Aires, se decidió la apertura de una gran arteria en el centro de la ciudad, la Avenida de Mayo, que comunicaría la Casa Rosada y la Plaza de Mayo con el Congreso de la Nación. El proyecto inicialmente fue muy resistido pues implicaba la expropiación y demolición de importantes edificios de ubicación privilegiada, entre ellos el de la Iglesia Presbiteriana San Andrés y su escuela. Tras su aprobación, las obras se iniciaron en 1888. Fueron lentas debido a la magnitud del proyecto. Finalmente, le llegó el turno a la iglesia de la calle Piedras 55, que fue expropiada y demolida cinco años después. El último servicio religioso allí se realizó el 8 de octubre de 1893.

EL NUEVO EDIFICIO Y SUS ARQUITECTOS

En 1894 la Iglesia Presbiteriana Escocesa, que había adquirido el terreno actual con accesos por la avenida Belgrano y la calle Perú, convocó a varios arquitectos para el diseño y construcción de su nuevo templo, adjudicando el proyecto al estudio de los arquitectos Edwin Arthur Merry y Charles T. Raynes[5]. E.A. Merry fue un importante proyectista de la comunidad británica en Buenos Aires[6], que en 1872, asociado con Carlos Ryder, había levantado la Iglesia Anglicana de la Santísima Trinidad en Lomas de Zamora y en 1874 la Primera Iglesia Metodista en la avenida Corrientes 718, que aún subsisten.

Colocación de la piedra fundamental del templo de la calle Belgrano 579

En 1895 se inauguraron las oficinas de la Iglesia en la calle Perú 352; allí el lote ofrecía un pequeño acceso, que en la actualidad se considera el segundo frente más estrecho de la ciudad.

Actual frente sobre la calle Perú

Finalmente el 10 de abril de 1896 se consagró la nueva Iglesia Presbiteriana San Andrés (“St. Andrew’s Scotch Church”) en Belgrano 579, que en ese momento era una calle angosta.

La iglesia de la calle Belgrano 579 con su espléndida torre. Detrás, el bellísimo edificio Otto Wulff con su doble cúpula

La construcción original era dominada por una espléndida torre de 35 metros de alto, con base cuadrada, que lucía en su techo agujas y almenas.

Ensanche calle Belgrano, Antiguo Bar Colonial y Torre de la Iglesia Presbiteriana

Lamentablemente esta joya arquitectónica porteña también se perdió: fue demolida en 1950 durante la ampliación de la calle Belgrano que pasó a ser avenida. Por segunda vez la congregación presbiteriana veía truncado su derecho a conservar intacta la espléndida arquitectura de sus edificios.

Demolición de la torre de la Iglesia Presbiteriana Escocesa por ampliación de la calle Belgrano que pasaba a ser avenida

Tanto la demolición de la torre y los vestíbulos contiguos como la construcción del nuevo frente inaugurado en 1962, estuvo a cargo del arquitecto inglés Sydney Follett, quien había arribado a la Argentina en 1911 y años atrás había estado a cargo de los trabajos de ebanistería en el interior de la Catedral Anglicana[7] entre otros edificios importantes de la comunidad británica. Follet falleció en 1968[8].

Vista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés del centro de Buenos Aires desde la demolición de su torre en 1950 hasta su nueva fachada en 1962

El resto del templo se mantuvo sin mayores cambios, conservando la mayor parte de su extraordinario interior hasta el día de hoy.

Nueva fachada en construcción

Cuenta con una gran nave central de 16 metros de largo por 13 metros de ancho, flanqueada por dos pasillos laterales. Por delante tiene un transepto, -suerte de nave transversal- que junto a la nave central conforman una planta en cruz latina.

En el interior tiene numerosos arcos neogóticos; los de los costados sirven como separadores entre la enorme nave central y los pasillos laterales. Por encima de ellos se encuentran bellos vitrales con temas bíblicos. El techo es de madera.

El hermoso ábside de piedra gris labrada cuya forma también corresponde al del arco neogótico, cuenta con cinco placas de bronce y con el hermoso rosetón que permite el ingreso de luz natural desde lo alto.

El púlpito de madera, al cual se accede por una pequeña escalera, se encuentra a la izquierda mientras que la pila bautismal a la derecha, lo mismo que el órgano y sus tubos.

Tanto el órgano como la pila bautismal habían sido inaugurados en la Iglesia de la calle Piedras.

Toda la capilla tiene detalles e inscripciones que habla de su fe y de su historia.

Atrio occidental, con el busto del Rev. Dr. James Smith, segundo pastor de la Iglesia. El busto es obra del escultor Arturo Dresco. Tanto este busto como la Iglesia de Belgrano, que lleva el nombre del Dr. Smith, fueron parte de los memoriales después de su fallecimiento.

LOS VITRALES

Se conservan cuatro bellos vitrales del templo de la calle Piedras que fueron reubicados dos en cada uno de los dos vestíbulos del nuevo templo de la entonces calle Belgrano. Cuando estos vestíbulos se demolieron junto con la torre para dar lugar a la Avenida Belgrano, estos cuatro vitrales fueron reubicados nuevamente uno en cada vestíbulo nuevo y en cada transepto. El más antiguo de los vitrales está en el transepto occidental frente al púlpito. Estos vitrales llevan los nombres de sus donantes o las personas a cuya memoria están dedicados.

El vitral Wilson, “Jesús y María Magdalena en la tumba”, dedicado en 1874 por William Wilson en memoria de su esposa Ann Margaret, fallecida a los 24 años a causa de una diabetes.

El vitral Black, “Las tres Marías junto a la tumba vacía”, dedicado en 1876 por G. C. Black en memoria de sus padres.

El vitral Bell, “Jacob bendiciendo a sus hijos”, dedicado por la viuda e hijos de George Bell en 1879.

El vitral McClymont, “La agonía de Jesús en el jardín de Getsemaní” en memoria de William McClymont, fallecido en 1883.

El Rosetón es el único vitral dentro del templo que perdura de la inauguración del segundo templo, en 1896; fue donado por los niños de la iglesia que hicieron una colecta especial. Se lo conoce como Rose Window o Children’s Window.

Al año siguiente se inauguró el segundo vitral que se encuentra al fondo del templo, en memoria de Thomas Drysdale, un importante miembro de la congregación.

En los siguientes años fueron colocados otros vitrales en memoria de otros miembros, donados por parientes y amigos, todos ellos realizados por la firma John and William Güthrie de Glasgow, Escocia.

LA IGLESIA ACTUAL

Como sucede en casi todas las iglesias étnicas, por cuestiones de idioma y asimilación cultural, ya son pocos los escoceses y sus descendientes que asisten a los cultos; sin embargo, se ha conformado una interesante comunidad de fe, integrada por personas de diferentes orígenes que adhieren a los principios presbiterianos. Además, hay un trabajo mancomunado con la Iglesia Presbiteriana de Olivos, que integra la comunidad San Andrés, de la cual forman parte también el colegio y la universidad del mismo nombre.

Detrás del templo hay oficinas, otras dependencias, un pequeño museo y un amplio salón, al que se accede más fácilmente desde la entrada de la calle Perú que ha sido utilizado por el Coro Gospel Argentina como sala de ensayos.

Pasillo de entrada al edificio por la calle Perú. En este pasillo se ha instalado el MuPSA. (Museo Presbiteriano San Andrés).

© Pablo R. Bedrossian y William D. Grant, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: A MANERA DE COLOFÓN, NOTAS DE LOS AUTORES

Los autores de esta nota: William D. Grant a la izquierda; Pablo R. Bedrossian a la derecha

La Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Ciudad de Buenos Aires, actualmente conocida como Iglesia Presbiteriana San Andrés del Centro, ubicada en la Avenida Belgrano entre las calles Perú y Bolívar, es especial para mí: cursé el Secundario en el vecino Colegio Nacional de Buenos Aires por lo que pasaba diariamente frente a ella. Luego en 1979 y 1980 participamos allí junto a mi hermano Alejandro en unos festivales de rock con nuestra banda “Propuesta”. Finalmente, en 1993 contraje enlace con mi amada esposa Graciela en su maravillosa capilla. A propósito, suelo llamar a esta iglesia “el cementerio de los elefantes” porque allí sucumbimos al matrimonio varios amigos “duros de casar”. Pero detrás de esos recuerdos, este imponente edificio tiene una rica historia digna de contar.

Pablo R. Bedrossian

Mis contactos con la Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Argentina, en esa época Iglesia Escocesa San Andrés, se iniciaron en el Salón de Actos de la Escuela Escocesa San Andrés en Nogoyá 550, Olivos. Yo había sido alumno de dicha escuela, y empecé a asistir a los Cultos Religiosos que se hacían allí cuando tenía 16 años. Poco tiempo después me confirmaron como miembro de la Iglesia y empecé a asistir a los cultos en la Iglesia de Belgrano R, Dr. Smith Memorial, que estaba cerca de casa. Al año siguiente se reinaguró la Iglesia de la Avenida Belgrano con su nueva fachada. Y se iniciaron unos cultos mensuales corales a la tarde noche a los que asistía siempre. En 1977 fui ordenado Presbítero Gobernante (Elder) de la Iglesia Dr. Smith Memorial. Pero el cargo era para toda la Iglesia. Y en 1989 me trasladé a la Iglesia del Centro debido a que en esa época vivía en San Telmo. No enumero la cantidad de actividades desempeñadas en ambas congregaciones ya que sería muy largo hacerlo. Pero debo decir que, si bien las otras Iglesias Presbiterianas fundadas originalmente por los escoceses y sus descendientes me maravillan, siento algo muy especial por la Iglesia de la Avenida Belgrano…

William D. Grant


REFERENCIAS:

[1] El diario fue publicado por primera vez en la Revista de la Iglesia Presbiteriana Escocesa “San Andrés” en 1958.

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.20

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo s/z, p.97

[5] Petrina, Alberto , Alberto Nicolini y Julio Cacciatore, “Patrimonio Arquitectónico Argentino – Memoria del Bicentenario (1810-2010)”, Tomo II (1880-1920), Ministerio de Cultura, Presidencia de la Nación, Argentina, 2010, p.92.93

[6]  Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo i/n, p.134

[7] Para más detalles, ver nuestro artículo “La Catedral Anglicana de Buenos Aires” en https://pablobedrossian.com/2018/01/19/la-catedral-anglicana-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo e/h, p.88


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías a color fueron tomadas por Pablo Bedrossian, uno de los autores de esta nota y es el dueño de todos sus derechos. Las fotos en blanco y negro fueron cedidas por William D. Grant, el otro coautor de esta nota, de su archivo personal, cuya fuente principal es de la revista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés.


AGRADECIMIENTO ESPECIAL

Quiero agradecer muy especialmente a William D. Grant por su admirable trabajo de recopilación histórica sobre la Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés. Espero que alguna vez su investigación pueda verse reflejada en un libro. Buscando información sobre el templo de la avenida Belgrano, todos los consultados me refirieron a Willie, como lo llaman sus amigos, a quien definen como el historiador de la iglesia. ¡Gracias, Willie, por tu generosidad, entusiasmo y aportes! Pablo Bedrossian.

LA CATEDRAL ANGLICANA DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

CATEDRAL ANGLICANA SAN JUAN BAUTISTA, 25 de Mayo 276, Barrio de San Nicolás, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Catedral Anglicana de Buenos Aires 01.JPG

Inaugurado en 1831 bajo el nombre de Iglesia Episcopal Británica de San Juan Bautista es considerado el primer templo disidente (no católico) de Sudamérica. Su propósito era proveer servicios religiosos a la comunidad inglesa en la Argentina. El terreno, que fuera parte del vecino convento mercedario de San Román Nonato, fue cedido por el entonces gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas.

UN POCO DE HISTORIA

Durante el periodo colonial, el único culto legalmente permitido en América del Sur era el católico romano. Dice el Dr. Pablo A. Deiros “La penetración del protestantismo en América Latina data de 1820-1850, y coincide con la liberalización subsiguiente a la independencia”[1].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 02

La llegada a Buenos Aires en 1818 del misionero y educador bautista escocés Diego Thompson fue el primer antecedente importante frente a la hegemonía católica. Thompson fundó numerosas escuelas públicas; el Cabildo de Buenos Aires lo nombró Director General de Escuelas en reconocimiento a esa labor[2]. Este joven maestro promovía el sistema lancasteriano, basado en la formación de los alumnos más avanzados para enseñar a leer y escribir al resto. El uso de la Biblia como libro de texto generó resistencia en el clero, que en aquel tiempo se atribuía el monopolio de su lectura.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 03

En diciembre de 1824 se reunió un congreso del que participaron representantes de todas las provincias argentinas. Al mes siguiente, tras largas deliberaciones, sancionó leyes que ratificaron la independencia de las Provincias Unidas y, a la vez, garantizaron las autonomías provinciales. Hasta la sanción de una constitución se resolvió que el gobierno de Buenos Aires se hiciera cargo del poder ejecutivo, en particular para el manejo de las relaciones exteriores.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 03

El Gobernador de Provincia de Buenos Aires quedó facultado para la firma en Buenos Aires del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica (S.M.B.) el 2 de febrero de 1825. En su artículo 12, abordaba la cuestión religiosa:

“Los súbditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas del Rio de la Plata, no serán inquietados, perseguidos ni molestados por razón de su religión; más gozarán de una perfecta libertad de conciencia en ellas, celebrando el oficio divino dentro de sus casas, o en sus propias o particulares iglesias o capillas… también será permitido enterrar a los súbditos de S. M. B. que murieren en los territorios de las dichas Provincias Unidas, en sus propios cementerios”[3].

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EL PRIMER PASTOR ANGLICANO EN ARGENTINA

Luego de la firma Tratado de Amistad, Comercio y Navegación se promulgó en Londres la Ley de Capellanía Consular, que permitió ese mismo año la llegada a la Argentina de John Armstrong, procedente de las Honduras Británicas, enviado por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera.  Cumplió su ministerio religioso en Buenos Aires durante 20 años, tras los cuales fue sucedido por su hijo. “Los anglicanos gozaron de la simpatía del pueblo y las autoridades en razón de que no propusieron la evangelización de los católicos” [4].

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EL ARQUITECTO

El templo anglicano de la calle 25 de mayo fue construido por el arquitecto escocés Richard Adams, durante el pastorado de John Armstrong. Hasta ese momento, la comunidad anglicana se reunía en la sala de la Sociedad Filarmónica[5] de la calle Alsina, frente al paredón lateral de la Iglesia de San Ignacio.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 06

Richard Adams, arquitecto y pintor formado en la escuela del neoclacismo británico, había arribado a la Argentina en 1825 como parte de un contingente escocés[6], para participar de un proyecto colonizador acordado por convenio entre el entonces Ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, y los hermanos John y William Parish Robertson. Según el historiador Dr. Pablo Deiros, Adams sería presbiteriano[7]. Como la idea no prosperó, los escoceses se establecieron en la zona de Lomas de Zamora y Monte Grande, organizando un establecimiento rural, para el cual, hacia 1828, Adams ya había levantado más de 30 edificios de mampostería con 145 habitaciones, 47 ranchos, la casa principal, y un detalle que no es menor: una capilla presbiteriana, de la cual, sin embargo, nada se conoce[8].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 08

En 1829 Adams se estableció en Buenos Aires donde se le encargó la construcción de la actual Catedral de San Juan Bautista. La obra se inició el 5 de mayo de 1830 y fue habilitada un año después, el 6 de mayo de 1831.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 14

Adams también participó en dos obras desaparecidas: en la fase inicial del primer templo presbiteriano de Buenos Aires, inaugurado en 1835 y demolido en 1893 debido a la ampliación de la Avenida de Mayo, y en el proyecto y dirección del Segundo Cementerio de Disidentes de Buenos Aires, sobre la actual plaza 1º de Mayo, limitada por las calles Alsina, Pasco, Hipólito Yrigoyen y edificios para vivienda que dan a la calle Pichincha. En el centro del camposanto ubicó la capilla, “diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XVIII, con ábside central y naves laterales”[9].

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Este importante arquitecto escocés murió en 1835 a los 43 años en Buenos Aires. De su obra pictórica, subsisten tres óleos; el resto se ha perdido.

LA CATEDRAL

Se considera el primer edificio porteño integralmente concebido bajo el estilo neoclásico, pues el pórtico de la Catedral Metropolitana, que data de 1823, es un agregado que no responde a su diseño original[10].

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Está retirado de la calle y elevado, de modo que deben ascenderse escaleras. Cuenta con seis imponentes columnas de orden dórico sobre las cuales se apoya un frontón triangular. Las columnas centrales tienen una mayor separación entre sí que el resto. La puerta rectangular de madera es de hoja doble y está labrada con sencillez. La elevada fachada, de color gris tiza, infunde una austera dignidad.

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El interior sigue la tradicional planta de tres naves separadas por columnas que originalmente eran de orden jónico, pero fueron remodeladas y convertidas al orden corintio a fines del siglo XIX.

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La decoración es muy rica sin perder su sencillez. Se destacan los vitrales, dos placas de bronce que recuerdan a los 500 descendientes británicos enviados desde Argentina a pelear por Inglaterra en la Primera Guerra Mundial y a los 50 enviados a la Segunda, y una talla en madera en el altar que representa la resurrección de Jesucristo.

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Cuenta además con un bello órgano de tubos ubicado al frente de la nave derecha. Todos los bancos son de madera. El cielorraso plano presenta finas terminaciones que combina con el color crema y dorado de las columnas.

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LOS CAMBIOS

El edificio fue restaurado y modificado en 1894 y en 1911. Además, en 1919 el arquitecto inglés Walter Bassett-Smith proyectó el altar, el trono episcopal y los asientos para los canónigos[11]. En 1931 se le añadió el revestimiento de fina ebanistería en roble, diseñado por el arquitecto J. B. L. Tolhurst de Beckenham, y realizado por Sidney Follet.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 21

Nos cuenta Marcos Gabriel Vanzini: “En un principio la nave central terminaba en una pared donde se habían pintado el Credo, el Padrenuestro y los Mandamientos; junto a estos textos se encontraba la pintura que representa la ‘Adoración de los Magos’, que hoy se encuentra en la nave izquierda. En la decoración del templo, a lo largo de los años, participó activamente parte de la comunidad anglicana. Era costumbre que muchos de los elementos que lo adornaban, fueran regalados por los fieles. Como ejemplo, es destacable el caso de los vitrales que embellecen San Juan Bautista. De un modo especial hay que señalar que en los que se encuentran a la derecha de la Catedral, se recuerda a mujeres pertenecientes a tres generaciones del almirante Guillermo Brown, héroe de la armada argentina[12].

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DE IGLESIA A CATEDRAL

La actividad pastoral de la Iglesia Anglicana de Buenos Aires dependió económicamente de la corona británica hasta 1869, cuando pasó a pertenecer a la diócesis de las Islas Malvinas que acababa de ser creada.

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Se consagró como primer obispo a Waite Hockin Stirling, quien había realizado labores misioneras en Tierra del Fuego[13]. Escriben, Juan Francisco Lutteral y Nicolás Hilding Ohlsson: “En 1910 la diócesis de las Islas Malvinas, que comprendía toda Sudamérica, se dividió en dos. Por un lado, la Diócesis de la Costa Oriental (Tierra del Fuego, Islas Malvinas, Chile y Perú) y, por el otro, la Diócesis Anglicana en Argentina y Este de Sudamérica (Argentina, Paraguay, Brasil, Uruguay y Bolivia). Pero los problemas financieros que frenaban la expansión de la obra, la construcción de nuevos edificios y el pago de sueldos a ministros laicos, hicieron que las dos diócesis se volvieran a unir y recién en 1963 se hizo una nueva división diferente”. Por ello, recién en 1964 al quedar fija la sede episcopal en Buenos Aires, la Iglesia Anglicana San Juan Bautista fue elevada a Catedral.

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MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL

El 29 de diciembre de 2000 fue declarada monumento histórico nacional. El decreto del Poder Ejecutivo Nacional dice: “…por su trascendencia histórica y religiosa, la Catedral Anglicana de San Juan Bautista constituye un testimonio temprano y valioso tanto de la arquitectura neoclásica, como de la apertura del país a diferentes pueblos y confesiones religiosas”[14].

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CURIOSIDADES

Vitrales de la familia Brown: En la pared derecha de la Catedral, hay vitrales en honor a tres generaciones de mujeres de la familia del  almirante Guillermo Brown, héroe de la armada argentina.

Educadora: Una calle de Puerto Madero recuerda a Juana Manso, “la mujer que más luchó en la Argentina del siglo XIX para promover la educación popular y la emancipación de la mujer. Se destacó como una gran educadora que combatió la instrucción verbalista y dogmática que dominaba en su época, y fomentó una enseñanza integral y mixta”[15]. A los 46 años en este templo decidió seguir la fe cristiana protestante. Trabajó junto a Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda para transformar la educación argentina, fundando y dirigiendo escuelas públicas.

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Visitante ilustre: Para el primer centenario de la Iglesia Anglicana en Argentina se realizó en 1925 un culto al que asistió el Príncipe de Gales.

Mármol: En el exterior hay un mármol conmemorativo dedicado a Caesar Augustus. Rodney fue ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica en Argentina, título que de hecho lo convirtió en el primer embajador norteamericano en el país. Fallecido en 1824, la piedra recordatoria fue colocada, según se lee en ella, el 28 de febrero de 1832. Esto obviamente sugiere que Rodney era anglicano. Su hija se casó en 1926 con un pastor presbiteriano, sirviendo como misioneros en a Argentina[16].

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Túnel: Existe un pasillo interno que conecta la Catedral Anglicana con la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, indudable símbolo de confraternidad[17].

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REFERENCIAS

[1] Deiros, Pablo Alberto, “Historia del Cristianismo en América Latina”, Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1992, p.111

[2] Rodríguez E., Wilson en https://web.archive.org/web/20100721051634/http://diegothomson.edu.pe/mod/resource/view.php?id=29 , basado en “Diego Thompson”, libro escrito por nuestro querido y recordado amigo, el Dr. Arnoldo Canclini.  El nombre del educador en inglés era James Thompson. El autor agrega que Thompson extendió su labor misionera y educativa al Uruguay, Chile, Perú, Colombia y posteriormente hasta México, siendo recibido personalmente por los próceres Bernardo O’Higgins, José de San Martín y Simón Bolívar.

[3] Diario “El Nacional”, Nº 12. del 10 de marzo de 1825. El Diario El nacional circuló entre 1824 y 1826. El texto es reproducido parcialmente por Vanzini, Marcos Gabriel en “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires” y otros.

[4] Deiros, Pablo Alberto, Op. cit., p.625

[5] Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2011, 2ª Ed., p.141

[6] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.20

[7] Deiros, Pablo Alberto, Op. cit., p.628

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[9] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[10] Giménez, Carlos, en http://arqi.com.ar/edificio/catedral-anglicana/

[11] Autores varios, “Patrimonio Arquitectónico Argentino”, Tomo I (capítulo Culto), Ministerio de Cultura de la Nación Argentina, 2011, p.104

[12] Vanzini, Marcos Gabriel, Op. cit. p.141

[13] Lutteral, Juan Francisco y Nicolás Hilding Ohlsson, monografía sin fecha, p.3-4

[14] Vanzini, Marcos Gabriel, Op. cit. p.143

[15] Deiros, Pablo A., “Juana Paula Manso”, incluido en “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012, p.136

[16] Scharenberg, Martín, “Pioneros presbiterianos”, Rama del Almendro, Buenos Aires, 2017, p.34

[17] Dergarabedian, César, en Catedral Anglicana San Juan Bautista, Templo no Católico más antiguo de América Latina, 2017, https://bahiacesar.com/2017/07/17/catedral-anglicana-san-juan-bautista-templo-no-catolico-mas-antiguo-de-america-latina/ 


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CRACOVIA! (por Pablo R. Bedrossian)

Sea por su arquitectura, por su entorno, por su gente, su arte o sus comidas, Cracovia es un lugar que sorprende. Ubicada en el sur de Polonia, fue la sede del poder monárquico y religioso del país durante siglos. Declarada Capital Cultural de Europa del año 2000 y bastión del papa Juan Pablo II (dirigió allí seminarios en la clandestinidad), el casco histórico se recorre a pie y vale la pena dedicar tiempo a admirar sus detalles, esos que pasan inadvertidos en las visitas express.  Muy cerca se encuentran las tristemente célebres Auschwitz y Birkenau cuyas emotivas visitas son obligadas.

El Castillo de Wavel

Conviene iniciar el paseo por el Castillo de Wavel (que se pronuncia Vavel), ubicado en lo alto de una suave colina.

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Es un conjunto de edificios que conforman una ciudadela medieval.

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Incluye la espectacular Catedral de San Wenceslao y San Estanislao, que, como la Abadía de Wesminster para los británicos, es a la vez iglesia, edificio histórico, cementerio de reyes, museo y muestra de esplendor. Está prohibido tomar fotos del interior, pero no se puede dejar de admirar el arte expuesto en ella.

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Construida en el siglo XIV, fue el sitio de coronación de los monarcas polacos. Tiene el clásico estilo medieval de tres naves que terminan en el ábside, donde se ubica el altar. Posteriormente se le añadieron capillas funerarias. La más famosa es la de Segismundo, fiel reflejo de la llegada del Renacimiento a Polonia.

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Su campana, la Sikmunda, pesa casi 11 toneladas; para tañer necesita la fuerza de veinte campaneros.

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También puede visitarse enfrente el pequeño museo de la Catedral (recomiendo la audioguía que da una breve explicación de cada objeto). También puede verse al aire libre una estatua en bronce de Juan Pablo II, a quien atribuyen la caída del comunismo. Tras almorzar en un restaurante del Castillo los famosos “pierogi”, los “ravioles” fritos polacos, recorrí también el Palacio Real y los aposentos reales.

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Además admiré La Dama de Armiño, la pintura de Leonardo da Vinci que fue trasladada transitoriamente allí hasta que se complete la remodelación del Museo Czartoryski, que habitualmente la alberga.

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El Castillo tiene excelentes vistas panorámicas para fotos. Desde uno de sus lados se observa el río Vístula. Bajando en esa dirección se observa una estructura metálica que es el famoso dragón de Wavel sobre el cual hay una leyenda y es el lugar favorito de los niños. Se pagan las visitas a los lugares cerrados, no la entrada al Castillo. A veces hay que reservar el día anterior porque en temporada alta cuesta conseguir lugar para algunas visitas.

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Caminando por la Ulica Grodzka

Tras visitar el Castillo de Wawel, lo más recomendable es recorrer la peatonal Ulica (calle) Grodzka que une el Castillo con la enorme y bella Plaza del Mercado.

La Ulica Grodzka es una serpenteante vía peatonal a cuyos lados aloja edificios históricos y numerosas tiendas. Una multitud nunca cesa de caminar por ella. Si uno tiene suerte, puede ser sorprendido por algún colorido desfile de héroes de guerra o de una ruidosa banda militar.

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Al inicio, viniendo del Castillo sobre esta calle hay a mano derecha una excelente tienda de artesanías, la mejor que encontré de la ciudad. Poco después se encuentra la Iglesia de San Andrés  (en polaco: Kościół św. Andrzejacon sus altas torres blancuzcas. De estilo románico, fue construida en el siglo XI. Aún sobreviven algunas partes originales.

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Inmediatamente después, y siempre del lado derecho, está la Iglesia de los Santos Pedro y Pablo (en polaco Kościół św Piotra i Pawla), un imponente templo católico de estilo barroco, construido para los jesuitas en la primera mitad del siglo XVII. En su frente muestra una extensa verja coronada por estatuas de los 12 apóstoles, realizadas entre 1715 y 1722.

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Vale la pena recorrer su interior, donde se destaca el altar mayor, y también observar los detalles externos.

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Un poco más adelante hay también una Iglesia Luterana. Pero a medida que nos acercamos a la Plaza del Mercado, la Ulica Grodzka se vuelve más comercial. Siempre hay músicos ambulantes, mesas en la calle para tomar café o almorzar, y el murmullo de los transeúntes.

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El cruce con la Ulica Dominikańska

Una esquina en la que es necesario detenerse es el cruce con la Ulica Dominikańska. Allí se encuentra el tradicional edificio Antoni Suski, cuyo restaurante de comida rápida es poco recomendable. A ambos lados de esa esquina se observan importantes templos católicos: la Iglesia Dominica y la Franciscana.

A la derecha tenemos la Iglesia Dominica o Dominicana, erigida en la segunda mitad del siglo XIII. Sufrió diversas transformaciones y a mediados del siglo XV tomó el distinguido estilo gótico que luce en la actualidad. Posteriormente se le añadieron varias capillas.

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Delante de la iglesia hay una pequeña plaza donde se detienen autobuses y tranvías, que son el principal medio de transporte de la ciudad.

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Del otro lado, hacia la izquierda de la Ulica Godzka, se encuentra la Iglesia Franciscana. Adquirió su aspecto gótico cuando fue construida (entre el siglo XIII y XV), pero en los siglos XVII y XIX padeció importantes remodelaciones que transformaron su exterior.

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Lo más interesante se encuentra en su interior, como, por ejemplo, el magnífico trabajo de ebanistería del coro.

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Se destacan en particular los magníficos vitraux del pintor, arquitecto, ebanista y dramaturgo polaco  Stanisław Wyspiański, realizadas entre 1895 y 1897,  de admirable policromía y movimiento, consideradas un eslabón entre el arte provinciano de Cracovia y la vanguardia estética de su época. 

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La Plaza del Mercado

Regresando a la calle Grodzka, y retomando nuestro camino, llegamos enseguida a una de las esquinas de la bella Plaza del Mercado. Se llama así porque en su centro se ubica un enorme edificio, el Mercado de Paños. La plaza tiene más 200 metros de lado. Es plana y peatonal; está cubierta de baldosas color gris, sin árboles. En verano se puebla de mesas donde los turistas toman café, almuerzan o cenan.

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Muy próximas a la esquina desde donde ingresamos, sobre la propia plaza se encuentran la pequeña iglesia de San Adalberto y la Torre del Ayuntamiento. En la iglesia de San Adalberto -también llamada Iglesia de St. Wojciech (en polaco, Kościół św Wojciecha)- asistí a un concierto de música clásica donde el primer violinista hizo fantásticos solos de jazz, tanto en Summertime como en el clásico tema de la serie televisiva Bonanza, compuesto por David Rose.

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A muy pocos pasos, la Torre del Ayuntamiento es una imponente estructura gótica de ladrillo rojo con partes blancas, cuya cúpula barroca domina toda la vista de la plaza. Es el último vestigio de Ayuntamiento original del siglo XV.

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En otra de las esquinas de la plaza, se levanta la Iglesia de Santa María con sus altísimas torres. Su construcción se inició en 1355; la bóveda y las capillas se terminaron a mediados del siglo XV, y la torre menor a inicios del siglo XVI.

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Su interior es magnífico. Un Cristo crucificado cuelga  desde lo alto de un techo azul. Sus brazos parecen querer abrazar al mundo por el cual está muriendo.

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Entre las magníficas obras de arte que embellecen su interior, se destaca un gran retablo gótico de 12 metros de ancho por 11 de alto, tallado por Veit Stoss entre 1477 y 1489, que representa la muerte de la Virgen María en presencia de los doce apóstoles. Es el mayor de toda Europa. Un retablo es una obra de arte pintada o esculpida sobre madera, piedra o mármol que se coloca detrás del altar y que generalmente representa escenas bíblicas o religiosas. Este tipo de retablo se llama políptico, pues está compuesto por varias tablas, con tablas laterales móviles.

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Dejando la Plaza -a la cual volveremos- un poco más allá de la Iglesia de Santa María, nos internamos en la calle Floriańska, que es un tramo del Camino Real que recorrían los reyes desde Varsovia para ser coronados en Cracovia. Esta corta vía peatonal termina en la Puerta de Florián, donde se observan restos de la muralla medieval sobre la cual improvisados marchands cuelgan pinturas y reproducciones ofrecidas a los turistas a bajo precio.

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A pocos metros a la izquierda se encuentra el Museo Czartoryski. Fue fundado en 1796 por la Princesa Izabela Czartoryska para preservar el patrimonio polaco según el lema “El pasado para el futuro”. Habitualmente se expone allí La Dama del Armiño, de Leonardo da Vinci, pero debido a la remodelación del museo, la admiramos en el Castillo de Wavel.

 

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Pero sin desviarnos del camino, justo donde termina la Ulica Floriańska, un arco abre el camino hacia un amplio parque en el cual se levanta la Barbacana (en polaco barbakan), una construcción medieval de ladrillo de finalidad defensiva.

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Caminando por el parque hacia la izquierda, y luego retornando en dirección de la Plaza del Mercado, a poco menos que dos cuadras de ella, sale a nuestro encuentro la Plac Szczepanski, un espacio lleno de vida y arte. A pesar de los puestos de comida ambulante, nos sorprende el buen gusto de los edificios que la rodean. Uno de ellos es el Teatro Viejo (Teatr Stary), la sala de representaciones más antigua del país. Fue inaugurado en 1793 y reconstruido dos veces. La última, en estilo art nouveau, se realizó entre 1903 y 1905.

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También sobre la Plac Szczepanski se ubica el Palac Sztuki, edificio de la Sociedad de Bellas Artes, construido en 1901 bajo el diseño de Franciszek Mączyński; sus líneas siguen fielmente el estilo de la Secession vienesa, dentro del movimiento modernista de la época. Merecen especial atención sus frisos neoclásicos con fondo dorado. También hay un busto alusivo a Jan Matejko, considerado el mejor pintor polaco de todos los tiempos.

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Vale la pena detenerse para observar la multitud de detalles que ofrecen los edificios que rodean esta bulliciosa plaza.

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Pero regresemos a la magnífica Plaza del Mercado (en polaco Rynek Glówni). Trazada en 1257, cuando la ciudad obtuvo la carta municipal, sigue siendo el centro neurálgico de la ciudad. Es una de las más bonitas y grandes de Europa.

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El único transporte que se puede observar en el lugar son elegantes carruajes turísticos tirados por caballos.

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Como parte de la experiencia, visitar por dentro el Mercado de Paños y recorrer sus tiendas es una obligación.

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Dejamos la Plaza no sin echar una última mirada.

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Vamos en busca de nuestro último punto de visita, apurando nuestro paso por el costado del Castillo de Wavel, antes que se ponga el sol.

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Entramos finalmente en Kazimierz, el barrio judío, donde se desarrollaron trágicos sucesos durante la Segunda Guerra Mundial.

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En Kazimierz hay antiguas sinagogas, negocios tradicionales y buenos restaurantes, como antesala a un encuentro con la Historia.

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Tiene detalles que le dan un aura bohemia y retro que lo hacen especialmente atractivo para la juventud.

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Sin embargo, perdura una atmósfera de hondo dolor y respetuoso silencio por aquellos que fueron primero segregados, después detenidos y secuestrados y luego cruelmente asesinados en las cámaras de gas de las cercanas Auschwitz y Birkenau.

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Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis confinaron a toda la población judía dentro de una zona totalmente amurallada, conformando un ghetto. Sólo persiste un pequeño sector de aquel muro.

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Se puede visitar un viejo conventillo o cuartería, donde se filmaron escenas del multipremiado film“La lista de Schlinder” dirigido por Steven Spielberg, y también la fábrica donde este empresario alemán se sirvió de su filiación al partido nazi para salvar a unas 1200 personas de una muerte segura.

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Nos despedimos en la Plaza de los Héroes, donde un curioso monumento recuerda a las víctimas del genocidio. Son grandes sillas vacías con velas encendidas debajo, dispersas a lo largo de la plaza.  Allí  los nazis concentraban a los judíos del ghetto en largas filas para enviarlos a los campos de concentración y exterminio.

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Nos despedimos de Cracovia con recogimiento. Una ciudad cuya historia nos habla en cada una de sus calles.

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Videos:

Castillo de Waveel:

Paseo por la Plaza del Mercado y la Ulica Grodzka

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LOS VITRALES DE LA CATEDRAL DE SAN VITO (por Pablo R. Bedrossian)

Quizás Ud. escuchó hablar del Mal de San Vito; también conocido como Corea de Huntington, es una enfermedad neurodegenerativa que produce trastornos mentales y un “baile” muscular caracterizado por bruscos movimientos involuntarios. Pero el nombre de San Vito, un mártir cristiano siciliano del siglo III, no solo es famoso por esta patología sino también por la majestuosa iglesia gótica que le fue dedicada, iluminada por extraordinarios vitrales. Le invito a conocerlos.

LA CATEDRAL

Cuando en Praga, capital de la República Checa, se menciona el nombre de San Vito (Chrám svatého Víta o Katedrála Svatého Víta, en checo) todo el mundo mira hacia la colina donde se erige el Castillo, para admirar su Catedral. Es un edificio tan grande que con una cámara común es imposible fotografiar desde el atrio toda su fachada.

Vista lateral de la Catedral de San Vito

La construcción se inició en 1344, durante el gobierno de Carlos IV. Pocos años después asumió su dirección el genial arquitecto alemán Peter Parler, que también construyó en Praga el famoso “Puente de Carlos”.  La obra fue luego continuada por sus hijos. Como muchos grandes edificios en Europa, la Catedral de San Vito terminó siendo el fruto de muchas manos y la suma de muchos estilos. Fue terminada en 1929, casi 600 años después de su inicio.

Interior de la gótica Catedral de San Vito

También dedicada a San Wenceslao y San Adalberto, en ella han sido coronado todos los reyes de Bohemia y en su interior se encuentran las tumbas de los más encumbrados jerarcas católicos checos. Pero no nos ocupa aquí hacer un recorrido por esta colosal maravilla gótica o profundizar su historia; nuestro propósito es centrarnos en sus extraordinarios vitrales.

LOS VITRALES

Los vitrales provienen de la Primera República Checoslovaca, surgida tras la caída Imperio Austro-Húngaro en 1918, al final de la 1ª Guerra Mundial. Bohemia al oeste y Moravia al este -regiones con ciudades industrializadas de habla checa- fueron integradas con Eslovaquia, una región rural con una población étnicamente diferente, lo que significó distintas culturas bajo un mismo estado.

Detalle de uno de los vitrales por Karel Svolinsky

El nuevo gobierno estuvo presidido por Tomás Masaryk, quien gobernó entre 1918 y 1935. Fue una época floreciente, con un alto nivel de desarrollo en comparación con sus vecinos. La Catedral debía reflejar ese progreso y traducirlo en magnificencia. Entonces, se convocó a los principales maestros cristaleros de Bohemia, cuyo arte se había hecho mundialmente famoso a partir del siglo XVI, para construir enormes vitrales cuya belleza debía ser conmovedora.

“La Leyenda de San Juan Nepomuceno”, vitral diseñado por Karel Svolinsky entre 1930 y1931

La mayoría es creación de Frantisek Kysela, y de uno de sus alumnos, Karel Svolinsky. Actuaron inspirados por Josef Cibulka, un distinguido erudito checo, especialista en Filosofía e Historia del Arte, que durante las primeras décadas del siglo XX influenció en forma extraordinaria la cultura y la educación de su país. Wikipedia menciona también como coautor a Cyril Bouda, otro talentosísimo discípulo de Frantisek, pero no encontré evidencia alguna de su participación ni en mis visitas a la Catedral de San Vito, ni en la búsqueda documental que realicé.

Vista parcial de “Los Siete Benditos” de Frantisek Kysela

Otros vitrales son obra del modernista Max Svabinsky, pintor, dibujante, diseñador gráfico y profesor de arte, que es considerado como uno de los artistas más notables de la historia de la pintura checa.

Detalle de “La Leyenda de San Juan” de Karel Svolinsky

Finalmente, una vidriera en la zona izquierda es creación de Alfons Mucha, uno de los impulsores del art nouveau, cuyas obras son reconocidas a nivel mundial. Este pintor, ilustrador y diseñador se ha destacado por el encanto de sus idealizadas figuras femeninas que parecen flotar en el aire, rodeadas de un aura floral mientras lucen atuendos neoclásicos. En mi opinión, es uno de los grandes del arte de todos los tiempos.

Detalle de “La Leyenda de San Cirilo y San Metodio” por Alfons Mucha

El interior de la Catedral se ilumina a través de estas fantásticas vidrieras, cuya técnica crea la impresión de mosaicos de colores. Fueron colocadas en su mayoría desde 1929 hasta 1940 reemplazando las ventanas góticas pintadas que las precedieron.

Otro detalle de “La Leyenda de San Cirilo y San Metodio” por Alfons Mucha

Todos sabemos que en el arte no existe la competencia, sino la diferencia. Por ello, aunque no tengan la historia de los altísimos vitraux de la Sainte-Chapelle de París, los vitrales de la Catedral de San Vito forman parte de los más bellos monumentos de cristal que la Humanidad haya levantado. Admirarlos es una experiencia única que conmueve por su incesante belleza. Los invito a conocerlos; las referencias a cada vitral se encuentran debajo de cada fotografía.

EL TRÍPTICO DETRÁS DEL ALTAR POR MAX SVABINSKY

Max Svabinsky diseñó este vitral “tríptico” que se encuentra detrás del altar de la Catedral de San Vito. Es una composición que presenta a la Santísima Trinidad con la Virgen María y los santos y soberanos checos. Las tres ventanas fueron diseñadas por este maravilloso artista checo (la referencia que tengo es que fue en 1946 y 1947, pero no pude confirmarla, pues debería ser una fecha anterior) y fueron realizadas por Josef Kricka.

Este es un detalle de la vidriera central, que muestra la Santísima Trinidad, con Dios Padre luciendo una corona regia; en sus brazos yace su Hijo Jesús muerto, y el Espíritu Santo en forma de paloma aparece a su derecha.La ventana de la izquierda muestra a la Virgen María con la corona de San Vito, junto a Santa Ludmila y el caballero Spytihnev II, duque de Bohemia (1031-1061).La ventana de la derecha representa a San Wenceslao, rey de Bohemia (1363-1419), rogando por su país natal, y a Carlos IV (1316-1378), su padre, llevando ofreciendo una réplica de la Catedral en miniatura.

EL DESCENSO DEL ESPÍRITU SANTODE MAX SVABINSKY

El descenso o la venida del Espíritu Santo, en la capilla de Santa Ludmila, diseñada también por Max Svabinsky y ejecutada por Jan Jares entre 1933 y 1934.

Vale la pena admirar detalles de esa misma obra.

VITRALES POR KAREL SVOLINSKY

Otra extraordinaria vidriera fue diseñada por Karel Svolinsky, ejecutado por Jan Jares entre  1932 y 1933.

El fulgurante colorido de sus rojos, azules y violetas proveen dramatismo a las imágenes.

LA LEYENDA DE SAN JUAN NEPOMUCENOPOR KAREL SVOLINSKY

Otro vitral diseñado por Karel Svolinsky es “La leyenda de San Juan Nepomuceno ” , realizado entre 1930 y 1931.

LA LEYENDA DE SAN CIRILO Y SAN METODIOPOR ALFONS MUCHA

La obra más sorprendente y quizás la más conocida es “La leyenda de San Cirilo y San Metodio”, diseñada por Alfons Mucha en 1931.

Su excepcional concepción la vuelve una joya art nouveau y obra maestra del arte moderno.

Los invito a admirar algunos de sus detalles.

“LOS SIETE BENDITOS” POR FRANTISEK KYSELA

Otro de los magníficos vitrales es el llamado “Los Siete Benditos”, diseñado por el maestro Frantisek Kysela entre 1933 y 1934.

También es obra suya el rosetón con el vitral La Creación del Mundo , diseñada en 1928.

Los vitrales de la Catedral de San Vito combinan tres elementos: arte, nación y fe. Si tiene la oportunidad de visitar Praga, no deje de verlos.

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