OTRAS 12 ANÉCDOTAS IMPERDIBLES DE JORGE LUIS BORGES (por Pablo R. Bedrossian)

En 2015 publiqué “12 Anécdotas Imperdibles de Jorge Luis Borges”, una nota magistralmente ilustrada por Luis Chávez. Se puede leer en https://pablobedrossian.com/2015/03/13/12-anecdotas-imperdibles-de-jorge-luis-borges-por-pablo-r-bedrossian-e-ilustrada-por-luis-chavez/

Allí mencionaba que Borges no sólo era un gran escritor sino también un gran conversador. A través de numerosos libros que recogen sus diálogos y experiencias se revela ese estilo de pensamiento, tan diferente a los comunes casos de toda suerte humana, a partir del cual Borges urdió su literatura. Ahora presento otras 12 anécdotas imperdibles del gran escritor argentino, esperando que las disfruten.

PARTIDARIO

Un periodista peruano a Jorge Luis Borges: “Usted ¿de quién es partidario? ¿De Pizarro o de Atahualpa?” –Borges: “¿Y usted?  ¿De Roma o de Cartago?”.

Del muro de Nicolás González Varela (citado en Borges todo el año, grupo de Facebook, por Patricia Damiano)

PERONISMO

¿Los peronistas? Son una maravilla. Tienen todo el pasado por delante”

(Atribuido a Borges por varias fuentes, pero aún no debidamente documentado)

GALTIERI

Néstor J. Montenegro dialoga con Borges y le comenta: “En el libro ‘Los Nombres de la Derrota’, (el General) Galtieri dice que tenemos más muertos por accidentes de tránsito que en el caso de la guerra por una causa nacional. Borges responde: “Creí que era una broma. No creo que sea cinismo; son mentes bastante rudimentarias… Equiparar las muertes de una guerra a las muertes de los accidentes de tránsito sería, en todo caso, un fuerte argumento contra los choferes”[1].

CEGUERA

En 1928 Borges publicó en La Prensa “Una pieza del 52”, un despiadado comentario sobre una obra teatral de Pedro Echagüe. Juan Pablo Echagüe, descendiente del dramaturgo y crítico literario se sintió ofendido, desatándose una intensa polémica. Echagüe envió desde París una carta al mencionado diario titulada “A propósito de una obra estrenada en 1860 y un artículo publicado por D. Jorge L. Borges”. Allí escribe “Las críticas del Sr. Borges adolecen de esa insuficiencia que los especialistas designan con el nombre de ‘amaurosis y que consiste en una falla de las relaciones del nervio óptico con el encéfalo[2]. Aunque Borges pudo demostrar lo absurdo de los argumentos de su oponente en una sección de la revista Criterio, no deja de ser llamativa la involuntaria alusión a la futura ceguera de Borges. Desde luego no hay dotes proféticas en su autor, pero sí nos permitimos preguntarnos quién era el ciego[3].

BORGES – SÁBATO

Pese a ser junto a Julio Cortázar las figuras literarias más importantes de la Argentina, pocos conocen que existe el libro “Diálogos Borges Sábato”, publicado por Emecé en 1976, que recoge conversaciones entre ambos escritores, compiladas y grabadas en diciembre de 1974 por Orlando Barone, promotor de la iniciativa. Menos conocido aún es el diálogo mantenido por el autor de “Ficciones” y el de “Sobre héroes y tumbas” publicado en 1975 por la Revista Gente, cuyo mentor, Alfredo Serra, recordó en una nota de InfoBAE el 16 de diciembre de 2018[4]. Hay dos sabrosos momentos que vale la pena compartir, donde surge el fino sentido del humor de Borges.

El primero es parte del intercambio:

Sábato: Imagínese un hombre que se pasara toda la vida afeitándose. O diciendo Buenos días.  Mucha gente supone que los hombres famosos nunca dicen buenos días o toman café con leche, como cualquiera. Si los ven tomar café con leche, ya no creen en su fama. La gente parece ignorar que el hombre no siempre escribe el Quijote. A veces paga impuestos…

Borges: Es cierto. Lo mismo que esos que dicen: “A fulano lo conocí siendo de este alto”. Bueno, ¿qué pretenden? ¿Que naciera siendo gigantesco?…

El segundo es un relato de Borges sobre la muerte del escritor Robert Louis Stevenson. Borges cuenta:

“Stevenson murió mientras preparaba una ensalada. El jamás había comido ensalada. Aborrecía las ensaladas. Cuando alguien le contó el episodio a Chesterton, éste respondió: ‘Ahora sí creo que Stevenson ha muerto. Era un hombre que siempre estaba haciendo cosas inesperadas’”.

BORGES CENSURADO

Es famoso el castigo político infligido al gran escritor argentino cuando la burocracia peronista decidió convertir en 1946 a su crítico de auxiliar bibliotecario -JLB trabajaba en la Biblioteca Miguel Cané de Boedo desde 1937- en inspector de aves de corral (inspector de aves, conejos y huevos en las ferias municipales). Sin embargo, no está claro el verdadero título del nuevo puesto asignado. En “Borges, Vida y Literatura”, de Alejandro Vaccaro, publicado por Edhasa en 2006, se hace referencia a las heterogéneas denominaciones atribuidas al nuevo inspector: “de aves en el Mercado Central de Buenos Aires” (James Irby), “de feria” (Napoleón Murat), “para la venta de pollos en los mercados de Buenos Aires” (Victoria Ocampo), “de pollos, gallinas y conejos” (Alicia Jurado), “de aves y conejos en el mercado de la calle Córdoba” (Rodríguez Monegal), “del Mercado de Concentración Municipal de Aves, Huevos y Afines” (Jorge B. Rivera), etc.[5]. De hecho, en 2017 se lanzó una historieta ilustrada y escrita por Lucas Nine, titulada “Borges: inspector de aves” que originalmente había sido publicada en entregas en la revista Fierro[6].

Lo que pocos saben es que el intendente de la época era radical; se llamaba Emilio Siri, y fue obsecuente con el gobierno de turno. El número 142 de la Revista Sur reprodujo las palabras de Borges en la cena de desagravio que se organizó en un restaurante de Once: “Las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez”.  

MENOS CONOCIDA QUE EL CASTIGO PÚBLICO ES LA CENSURA PRIVADA.

Matías Bauso en un interesante artículo sobre Jacobo Timerman[7] relata una curiosa anécdota que tiene a Borges como involuntario protagonista: “Tomás Eloy Martínez cuenta que… luego del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, Primera Plana preparó un número homenaje. Le pidieron un texto a Jorge Luis Borges. Cuando lo recibió, la desilusión de Jacobo fue extrema; esperaba un poema y recibió un texto en prosa de 200 palabras. Gritó, pegó portazos y ordenó que no se publicara la colaboración. Borges no descartó su aporte y lo publicó en su libro El Hacedor. ‘Esta bala es antigua’ dice la primera línea”.

EL OTRO

Cuando Borges trabajaba en la Biblioteca Miguel Cané, otros bibliotecarios hallaron su nombre en un diccionario biográfico. Le dijeron:

“Mirá que casualidad. Este tipo se llama igual que vos y nació en tu cumpleaños”[8].

FE

Aunque Borges era ateo, y, pese a que su mamá, doña Leonor Acevedo, era católica, en su pensamiento se percibe la influencia protestante. Incluso tuvo un bisabuelo pastor metodista. Conocía muy bien la Biblia y sus versiones preferidas eran reformadas. En el cuento “El Libro de Arena” ofrece una lista (quizás autobiográfica) de traducciones de la Biblia “En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta” dice el personaje relator (tres traducciones protestantes en inglés, español y alemán y una sola católica en latín). Una anécdota de Borges que recoge María Esther Vázquez, sucede en una pequeña iglesia sajona en Lichfield, Inglaterra “Entré y en la penumbra del templo cumplí un voto que yo había hecho muchos años antes en Buenos Aires, sin esperanza de poder realmente cumplirlo: dije el Padre Nuestro en inglés antiguo, en esa vieja iglesia sajona y logré al cabo de diez siglos, digamos, que volviera a resonar en esa iglesita olvidada el Faether ure, thu eart on heovenum, sie thin namá gehalgot…Creo que lo hice para darle una pequeña sorpresa a Dios”[9].

REVISIONISMO HISTÓRICO

Consultado por María Esther Vázquez sobre su pensamiento acerca del revisionismo histórico, Borges expresó: “Si fuera realmente una revisión de la historia me parecería bien. Pero no lo es… ¿Por qué simulan el proceso de revisar la historia, cuando sabemos que empiezan con las conclusiones y luego inventan las premisas?[10].

UNA PERSONAL: FOTÓGRAFO SE BUSCA

Como algunos saben, el 10 de septiembre de 1984 tuve la oportunidad de compartir con Borges cerca de tres horas. Estuve en su departamento desde donde partimos para cumplir el mandato de su médico: caminar treinta cuadras por día, según me dijo. Anduvimos por la calle Florida camino a la Librería El Ateneo donde quería comprar un libro de soneto de Enrique Banchs que finalmente le obsequié. En la nota sobre aquel encuentro[11] conté algo sucedido en el camino: “Un joven fotógrafo comenzó a disparar su cámara insistentemente. Borges le preguntó a qué medio pertenecía. Cuando respondió ‘Editorial Atlántida’, el anciano comenzó a lanzar furibundos bastonazos ante el asombro del fotógrafo que huyó raudamente. No sin amargura declaró: ‘Son unos estafadores’”. Lo que no escribí es que justo antes de la reacción de Borges iba a preguntarle al fotógrafo el nombre y cómo encontrarlo para obtener las fotografías como recuerdo. Desde luego, al ver la violenta indignación del escritor preferí llamarme a silencio antes de convertirme en el nuevo objeto de sus bastonazos. Hasta el día de hoy sigo esperando que esas fotos aparezcan. Si alguno tiene alguna información, por favor, se paga recompensa.

EXISTENCIA TRANSITORIA

Al enterarse que el escritor daba clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, una mujer decide ir a conocerlo y lo espera en el pasillo. Cuando termina la clase, salen los alumnos y tras ellos, Borges. La mujer, emocionada por la cercanía, le pregunta:

– ¿Ud. es Jorge Luis Borges?

Borges, tan sorprendido como ella, responde:

– Momentáneamente[12].

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Montenegro, Néstor J., “Diálogos”, Nemont Ediciones, 1983, p.19

[2] Diario La Prensa, lunes 6 de agosto de 1928.

[3] Diario Última Hora del 6 de agosto de 1928, reproducido en “Todo Borges y… la vida, la muerte, las mujeres, la madre, la política, los enemigos”, edición especial de la revista Gente y la Actualidad, 1977

[4] Serra, Alfredo, InfoBAE, 18/12/2018, https://www.infobae.com/america/cultura-america/2018/12/16/el-primer-y-ultimo-encuentro-de-borges-y-sabato-despues-de-veinte-anos-de-enemistad-e-indiferencia/

[5] Ríos, Rubén H., “Borges, inspector de aves y detective”, https://www.perfil.com/noticias/cultura/borges-inspector-de-aves-y-detective.phtml

[6] Ríos Rubén H., Op. cit.

[7] Bauso, Matías, “A 20 años de la muerte de Jacobo Timerman, un personaje apasionado, arbitrario y genial”, https://www.infobae.com/sociedad/2019/11/11/a-20-anos-de-la-muerte-de-jacobo-timerman-un-personaje-apasionado-arbitrario-y-genial/

[8] Ortiz Lemos, Andrés, “Cuando Jorge Luis Borges fue inspector de aves de corral”, https://www.planv.com.ec/ideas/ideas/cuando-jorge-luis-borges-fue-inspector-aves-corral

[9] Vázquez, María Esther, “Borges, sus días y su tiempo”, Javier Vergara, 1984, p.77

[10] Vázquez, María Esther, Op. cit., p.108.

[11] Nuestra conversación puede leerse en “Encuentro desconocido con Jorge Luis Borges”, https://pablobedrossian.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/

[12] “Palabra de Borges”, en “A cien años de su nacimiento”, Revista Viva, Diario Clarín, 1999, p.28

EL PASAJE TRIESTE Y LA CALLE JUAN A. BOERI (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Pasaje Trieste 014Hasta la fecha, tanto para el pasaje Trieste como para la calle Juan A. Boeri, ubicados en Montecastro (para otros, la zona forma parte de Floresta), dentro de la Ciudad de Buenos Aires, no he encontrado trabajo alguno que los incluya, estudie o fotografíe. Este texto es un punto de partida para descubrir estas perlas ocultas de la urbe porteña, donde aún perdura el espíritu del barrio.

El pasaje Trieste

Trieste es uno de los pasajes vehiculares más angostos de Buenos Aires, cuya anchura quizás sea similar a los pasajes de carruajes de Palermo.

Vista del pasaje Trieste desde el acceso por la calle Tupac Amaru

Vista del pasaje Trieste desde el acceso por la calle Tupac Amaru

Debe su nombre a la famosa ciudad del norte de Italia ubicada frente al Mar Adriático, que tuvo un gran valor estratégico durante la Guerra Fría. Aunque su extensión aproximada es de una cuadra y media, según el Correo Argentino su numeración va del 4401[1] al 4600[2].

Pasaje Trieste 09


Casi todas sus casas son de una sola planta y en toda su extensión no hay edificios. Basta un auto estacionado para hacer imposible el tránsito. Tiene aroma a barrio y una atmósfera tranquila: allí casi no se conoce el ruido de motores y bocinas.

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Tupac Amaru hacia la calle Juan A. Boeri

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Tupac Amaru hacia la calle Juan A. Boeri

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado norte, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado norte, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)

Nace en la calle Tupac Amaru y forma cuatro esquinas en el cruce con la calle Boeri.

Vista de la esquina del Pasaje Trieste con la calle Juan A. Boeri, visto desde el Pasaje Triste, avanzando desde Tupac Amaru. Al fondo se ve el paredón rojo donde termina la calle.

Vista de la esquina del Pasaje Trieste con la calle Juan A. Boeri desde el Pasaje Triste, avanzando desde Tupac Amaru. Al fondo se ve el paredón rojo donde termina la pasaje.

Termina pocos metros después en un cul-de-sac, aún más angosto que su cuadra anterior.

La que es quizás la fachada más bonita del pasaje Trieste se encuentra en la media cuadra final.

La que es quizás la fachada más bonita del pasaje Trieste se encuentra en la media cuadra final.

El paredón rojo donde termina el estrecho pasaje Trieste.

El paredón rojo donde termina el estrecho pasaje Trieste.

Paradójicamente este final sin salida se ha ganado la única mención literaria del pasaje que ha llegado hasta nosotros: Alejandro Dolina, en su fantástico relato “Los amantes desconocidos”, escribe con su melancólico humor:

“El ingreso a Amantes Desconocidos de un grupo de redactores humorísticos y malévolos provocó una serie de catástrofes que marcaron al decadencia de la Sociedad.

Estos profesionales, que perseguían únicamente la diversión personal, empezaron a enviar cartas a damas casadas y a urdir toda clase de intrigas chuscas.

De este modo consiguieron que la Sra. Aurora B de García Vassari se presentara a las cuatro de la mañana con una vela en la mano en el fondo del pasaje Trieste”[3]. 

La calle Juan A. Boeri

La calle Juan A. Boeri, para muchos un pasaje, se extiende desde la calle Gral. César Díaz en dirección sur hasta la calle Remedios Escalada de San Martín. Su único cruce es con el Pasaje Trieste. Tiene dos cuadras y según el Correo Argentino, la numeración se extiende entre el 1101[4] al 1200[5]; sin embargo, hemos constatado personalmente que llega a 1250.

Cartel indicador de la altura de Juan A. Boeri, del 1200 al 1250.

Cartel indicador de la altura de Juan A. Boeri, del 1200 al 1250.

Según dos publicaciones, recibe su nombre en honor del Dr. Juan A. Boeri, médico y farmacéutico italiano. La primera cuenta que ingresó a la Argentina a los 14 años y da como año de nacimiento 1874, y de fallecimiento, 1924. “Durante más de 30 años fue concejal del barrio de Flores donde se encuentra la calle que lo recuerda. Colaboró durante la epidemia de fiebre amarilla y curó a los heridos de la revolución del ‘80”[6]. La segunda amplía algunos datos “Nacido en Italia, el 19 de agosto de 1889 fue designado catedrático de la asignatura farmacia como profesor titular de Farmacognosia. Antes de fallecer en 1914, es nombrado profesor honorario. Fue figura patriarcal del barrio de Vélez Sarsfield, fundó sociedades italianas, fomentó la educación popular y protegió al desvalido. Lamentablemente la quinta en la que habitaba la familia, rodeada de un frondoso parque, que se llamaba ‘Las golondrinas’ fue demolida en 1950”[7].

Encontramos una medalla alusiva al Dr.Juan A. Boeri en la Biblioteca Digital de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, emitida en 1924[8]. La pieza circular de bronce, que lleva en el anverso la imagen del Dr.Boeri, confirma en su reverso las fechas del natalicio y muerte de la primera publicación. Las de la de segunda, además, le dan un tiempo muy corto de vida para tan distinguida carrera, apenas 25 años, cuando en realidad vivió unos 75.

Medalla conmemorativa en honor al Dr.Juan A. Boeri

Medalla conmemorativa en honor al Dr.Juan A. Boeri

Por una publicación alusiva al 150º aniversario de la creación de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Buenos Aires sabemos que su nombre completo era José Antonio Boeri. El trabajo cuenta que “en 1889 por jubilación de Martín Spuch se nombró a Juan A. Boeri en Farmacología, italiano de origen, hombre de humilde nacimiento, pero de grandes cualidades e inteligencia. Se recibe de médico y debido a sus esfuerzos y empeño reorganiza e inicia, con el maestro Irízar, la época moderna de la Escuela de Farmacia” [9]. Agrega que se jubiló en 1913.

La calle no es tan estrecha como el Pasaje Trieste pero conserva su misma esencia. Hay muy pocas casas de dos pisos; el resto es de una planta.

Calle Juan A. Boeri 06

Vista de la calle Juan A. Boeri desde la calle Gral. César Díaz

No se observan negocios; reina una apacible calma.

Calle Juan A. Boeri 05

Un taxi descansa en la vereda. No hay lugar en la calle para el estacionamiento.

Una ex-vecina, Susana Neve, nos cuenta “viví en el pasaje Boeri, en una pensión familiar llamada El Universo. Allí conocí gente muy original, venida de diferentes horizontes: alemanes, españoles, italianos, etc.”[10].

El Club All Boys es un símbolo de Floresta, y la segunda cuadra de la calle Juan A. Boeri(entre Trieste y Remedios Escalada de San Martín) luce un mural con su escudo.

El Club All Boys es un símbolo de Floresta, y la segunda cuadra de la calle Juan A. Boeri (entre Trieste y Remedios Escalada de San Martín) luce un mural con su escudo.

La leyenda

No sé si la leyenda es cierta pero se cuenta que en la esquina de Boeri y Trieste vivía Pinuccio Minotti, recordado como “el poeta que murió de amor”.

Esquina oeste de Juan A. Boeri y Trieste, vista desde la cuadra norte de Juan A. Boeri

Esquina oeste de Juan A. Boeri y Trieste, vista desde la cuadra norte de Juan A. Boeri

Este inmigrante piamontés estaba enamorado de doña Victorina, una vecina que vivía en “El Universo”. Como en la pensión estaban prohibidas las visitas, él la veía en la pizzería “La Esponja”, de la calle Segurola. Todos los martes Pinuccio se sentaba en la misma mesa, junto a una pared color verde pálido. Allí tomaba una servilleta de papel donde escribía un breve poema de amor para doña Victorina. Ella llegaba, lo miraba, se sentaba y pedía un café. Luego de media hora en silencio, ella se retiraba. Desde luego ocupaban distintas mesas y el jamás se animó a entregarle ninguna de sus poesías. El día que Victorina no apareció más, Pinuccio se enfermó de pena y murió semanas después. Se cuenta que un ángel (quizás un vecino) encontró decenas de servilletas escritas en casa de Pinuccio. Conociendo los sentimientos del poeta italiano, cada semana le daba una propina al encargado de la pensión para que dejara un poema en la mesita de luz de doña Victorina, que murió sola y anciana releyendo durante todos los años siguientes los poemas sin saber quién era el autor.

Algunas imágenes más

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Pasaje Trieste 10

Vista el pasaje Trieste desde el cul-de-sac. Al fondo la calle Tupac Amaru.

Vista el pasaje Trieste desde el cul-de-sac. Al fondo la calle Tupac Amaru.

Muy cerca de donde termina el pasaje Trieste, sobre la calle Tupac Amaru un enorme mural recuerda a los verdaderos héroes de Malvinas, los jóvenes soldados.

Muy cerca de donde termina el pasaje Trieste, sobre la calle Tupac Amaru un enorme mural recuerda a los verdaderos héroes de Malvinas, los jóvenes soldados.

Calle Juan A. Boeri 01Calle Juan A. Boeri 02

Otra vista de la calle Juan A. Boeri, avanzando desde la calle Gral. César Díaz. Como se ve, los autos estacionan en la acera.

Otra vista de la calle Juan A. Boeri, avanzando desde la calle Gral. César Díaz. Como se ve, los autos estacionan en la acera.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.

 

 


REFERENCIAS:

[1] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-trieste/00004401-00004499/

[2] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-trieste/00004502-00004600/

[3] Dolina, Alejandro, “Crónicas del ángel gris”, 1ª Ed., 19 reimp., p. 301, Colihue, Buenos Aires, Argentina, 2006

[4] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-juan-a-boeri/00001101-00001199/

[5] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-juan-a-boeri/00001102-00001200/

[6] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, p.29,  Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

[7] di Fiori, Jorge, “Historia de los pasajes porteños”, http://www.pasajes-portenios.com.ar/historia6.html, 2008

[8] http://www.bibliomedicinadigital.fmed.uba.ar/medicina/cgi-bin/library.cgi?e=d-00000-00—off-0medallas–00-2—-0-10-0—0—0direct-10—4——-0-1l–10-es-Zz-1—20-home—00-3-1-00-0–4–0–0-0-01-10-0utfZz-8-00&a=d&c=medallas&cl=CL3.8.17&d=Medalla_0811

[9] Roberto J. GARCÍA, Adriana CARLUCCI & Carlos BREGNI, “150° Aniversario de la Creación de la Carrera de Farmacia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, Argentina”, http://www.latamjpharm.org/trabajos/24/3/LAJOP_24_3_7_1_4M355H9W2J.pdf, 2005

[10] http://www.la-floresta.com.ar/mibarrio/16.htm


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción del mapa, tomado de Google Maps y la fotografía de medalla, tomada del sitio http://www.bibliomedicinadigital.fmed.uba.ar/medicina/cgi-bin/library.cgi?e=d-00000-00—off-0medallas–00-2—-0-10-0—0—0direct-10—4——-0-1l–10-es-Zz-1—20-home—00-3-1-00-0–4–0–0-0-01-10-0utfZz-8-00&a=d&c=medallas&cl=CL3.8.17&d=Medalla_0811


BIBLIOGRAFÍA:

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde la fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2003

Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998