EL EDIFICIO DE CHACABUCO 78, UNA DE LAS OBRAS MAESTRAS DE JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Uno de los edificios porteños que se mencionan con mayor frecuencia está ubicado en la calle Chacabuco 78. Aunque la estrechez de la calle no permite admirarlo con la debida perspectiva, desde cualquier ángulo se advierte que tiene una belleza diferente. Erigido a pasos de la Avenida de Mayo, es una de las obras maestras del arquitecto Julián García Núñez quien hizo el diseño y dirigió su construcción.

Fue inaugurado en 1911. Era la época donde el modernismo europeo estaba en su apogeo y su influencia se hacía palpable en el Río de la Plata, siguiendo la línea francesa, el art nouveau; sin embargo, García Núñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, y adhería al modernismo catalán preconizado por Antoni Gaudí y Lluís Doménech i Montaner, entre otros. Desde su llegada a la Argentina en 1903 sus obras reflejaron la ideas de sus maestros, incluido el edificio de Chacabuco 78 (ya hemos hablado sobre este tema en nuestra publicación “Chacabuco 855: Una perla del modernismo catalán en Buenos Aires”, que se puede leer en https://pablobedrossian.com/2020/05/05/chacabuco-855-una-perla-del-modernismo-catalan-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/). En la fachada se observan también elementos de la vertiente vienesa del modernismo, la Sezession, estilo que este brillante arquitecto fusionó definitivamente con el modernismo catalán a partir de 1915.

Casa Majolica, edificio emblemático de la Sezession vienesa, de Otto Wagner

Chacabuco 78 es un edificio de oficinas -una novedad para ese tiempo – de cinco plantas rectangulares y simétricas, con amplios y luminosos espacios comunes. La planta baja cuenta con dos locales y una entrada con bello trabajo de herrería, un hall y una escalera. Cada piso superior cuenta con doce oficinas y un baño común.

Al llegar al segundo piso se observan importantes innovaciones pues posee un amplio espacio central alrededor del cual se levantan las plantas restantes; bordeando ese alto patio, que es el corazón inmaterial del edificio, se encuentran los pasillos que unen las oficinas formando balcones perimetrales, bañados de luz a través de una gran claraboya a dos aguas de vidrio y hierro.

Esa generosa fuente de iluminación natural crea una sensación única por las transparencias que proyecta y las interrelaciones que crea con el resto de los materiales, incluida la magnífica herrería, las losetas de vidrio y la madera. El ascensor tiene todo su mecanismo a la vista, lo que ha sido visto como un influjo del industrialismo[1].

La fachada posee una longitud de 21 metros y se encuentra dividida en cinco paños. Está poblada de líneas rectas acompañadas de diseños geométricos en las rejas de los balcones[2]; en los extremos de la última planta se elevan dos torrecillas. El color ha ido variando (incluso tuvo detalles pintados de un verde lamentable) pero preferimos el natural gris tiza.

Los elementos decorativos son interesantes: los balcones al frente cuentan con excelentes diseños metálicos de color negro, lo mismo que la puerta de entrada. Las molduras y texturas muestran el habitual cuidado del detalle por parte de García Núñez.

El edificio fue construido a pedido de Ignacio Atucha. La propiedad estuvo en manos de la familia Atucha Ocampo hasta que sus integrantes decidieron subdividirla en forma horizontal en 1963[3].

El arquitecto Julián Jaime García Núñez, firmó la obra, tal como era su acostumbre, como Julián García.

Oculto entre la calzada angosta y los edificios de la zona, muy cerca de calle Florida, del Palacio de la Legislatura de la Ciudad y del Café Tortoni, esta joya modernista amerita una visita.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: PARA LOS INTERESADOS EN EL ARQ. JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ

Para los interesados en conocer la obra y biografía del arquitecto Julián García Núñez comparto algunas de las fuentes bibilográficas:

“Julián García Núñez. Caminos de ida y vuelta” de Julio Cacciatore, Fundación Carolina – Cedodal, 2005 (no poseemos este libro, pero hemos conseguido separatas que han sido de gran utilidad)

“Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras”, blog por Alejandro Machado, http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2008/02/

“Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” de Jorge Francisco Liemur y Fernando Aliata, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109-111

“Introducción a la arquitectura del siglo XX en Buenos Aires” de Guillermo Luis Rodríguez, ediión de autor, 1996, p.26-29


REFERENCIAS

[1] Valentino, Julio, “Edificio Chacabuco 78 (1910)”, en http://arqi.com.ar/edificio/edificio-chacabuco-78/

[2] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.81

[3] Solsona, Justo y Hunter, Carlos, “La Avenida de Mayo Un Proyecto inconcluso”, Nobuko, 1990, p.135


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LA CASA DE LOS PAVOS REALES: LA PERLA OCULTA DEL ONCE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Es imposible pasar frente a la Casa de los Pavos Reales y no sorprenderse. Ubicada en la Avenida Rivadavia a la altura del 3216 al 3236, se encuentra formalmente en los límites del barrio de Balvanera, pero los vecinos dirán que se encuentra en Once, nombre que comúnmente recibe la zona y también la vecina Plaza Miserere, frente a la cual está la estación terminal del Ferrocarril Sarmiento.

EL EDIFICIO

La Casa de los Pavos Reales es un pequeño conjunto de edificios cuyo frente de ladrillos rojos lo vuelve único. Aunque posee una impronta modernista, su diseño es ecléctico. Incluso a primera vista parece un palazzo veneciano.

Para entender mejor la fachada de la Casa de los Pavos Reales conviene observar los detalles de cada nivel. En los amplios balcones del primer piso sobresalen ocho pavos reales en un entorno cargado de plantas al estilo art nouveau.

Entre ellos se admiran coloridos mosaicos entre columnas de piedra roja.

En el segundo piso llaman la atención unos leones “sosteniendo” los balcones de doble puerta, que, a su vez, conforman una espléndida unidad con los del primero.  Según una nota sin firma del Diario Clarín de 2005 por aquel entonces solo quedaban cuatro de los ocho leones originales[1].

Gracias a la restauración realizada en 2006 por el arquitecto José Barassi y el escultor Federico Poncerini[2] hoy luce la totalidad, recuperándose los primitivos leones[3].

Tanto balcones del primer piso como los del segundo están rodeados de ladrillos rojos con algunas tramas que decoran en frente. En cambio, el tercer piso, de color gris piedra, muestra un espectacular aspecto con pequeños balcones bajo arcos de medio punto y entre ellos arcos ojivales con columnas y mosaicos esmaltados intercalados.

Por encima, el remate superior de la fachada muestras sectores almenados con mascarones de leones por debajo.

LA CONSTRUCCIÓN

Tal como la Casa Calise, de la cual ya hemos escrito[4], la Casa de los Pavos es una de las obras más importantes del arquitecto Virginio Colombo en Buenos Aires. La construcción fue dirigida por Carlos S. Stroma, de quien no pude encontrar ninguna referencia.

Es un conjunto de dos edificios independientes e idénticos unidos por una misma fachada de unos 25 metros de largo. Fue inaugurado en 1912 para la empresa Rossi Hnos., dedicada al calzado femenino e infantil. En la planta baja operaba el negocio de la empresa mientras que los dueños obtenían una renta del alquiler de varios departamentos levantados en los pisos superiores destinados a vivienda.

Lamentablemente el descuido ha hecho que hoy no luzca en todo su esplendor. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires incluye la Casa de los Pavos dentro de las Áreas de Protección Histórica con nivel Estructural[5], lo que significa que “resguarda el exterior del edificio, su tipología y los elementos básicos que definen su forma de ocupación del espacio, aunque permite realizar modificaciones que no alteren su volumen”[6].

EL ARQUITECTO

Virginio Colombo nació en Milán en 1885. Graduado de arquitecto en 1905, llegó a la Argentina un año después, contratado por el Ministerio de Obras Públicas junto a otros arquitectos para la decoración del Palacio de Justicia que se construía en Buenos Aires. Afincado en el país, poco después fue designado director del estudio de los ingenieros Maupas y Jáuregui, ganando una medalla de oro en la Exposición del Centenario de la Revolución [7].

En su corta vida diseñó y ejecutó más de 50 obras, todas dentro o cerca del centro de la ciudad. Su trayectoria se suele dividir en dos etapas: la primera, donde confluyen la vertiente lombarda del modernismo, conocida como Liberty, y una reinterpretación personal de la arquitectura medieval italiana y una segunda etapa, tras el ocaso del modernismo y el eclecticismo, donde se observa la influencia de los estilos borbónicos franceses[8].

A la primera etapa corresponden la Casa Calise y la Casa de los Pavos Reales. Entre sus obras más conocidas también se encuentran el edificio de la Societá Unione Operai Italiani, ubicada en la calle Sarmiento nº 1374/82  y el Edificio Grimoldi (Avenida Corrientes 2548/60).

Solo en los últimos años se le ha dado al arquitecto Colombo el reconocimiento que merece. Su obra tiene su sello personal y ha hecho una contribución maravillosa a arquitectura porteña.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

Puede seguir leyendo más sobre obras de Virginio Colombo en el artículo “LA CASA CALISE, EXQUISITO ART NOUVEAU EN BUENOS AIRES”, haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

REFERENCIAS

[1] https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/tesoros-ocultos-arquitectura-ciudad_0_Sk8KVOkRKl.html

[2] Espina Rawson, Enrique; Izrastzoff, Iuri;  https://www.fervorxbuenosaires.com/pavos-reales/

[3] Machado, Alejandro; http://virginiocolombo.blogspot.com/2007/03/arquitecto-virginio-colombo-caba-av.html

[4] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian

[5] http://ssplan.buenosaires.gov.ar/_aphweb/baseaph_list.php?a=search&value=1&SearchFor=Pavos&SearchOption=Contains&SearchField

[6] https://www.bcba.sba.com.ar/proteccion-del-patrimonio/

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.102

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.103


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

“EL ATENEO GRAND SPLENDID”, QUIZÁS LA LIBRERÍA MÁS BELLA DEL MUNDO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Serie LIBRERÍAS MARAVILLOSAS DEL MUNDO

Solemos admirar los edificios por su fachada; no es común que su interior nos deslumbre más que su aspecto exterior. Sin embargo, la Librería El Ateneo Grand Splendid es uno de esos casos donde las profundidades son más luminosas que las superficies. Los invito a conocer su historia y a recorrerla.

Argentina es un país de ávidos lectores. Quizás por eso ha producido maravillosos escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ernesto Sábato. Buenos Aires, su capital, sigue siendo famosa por sus librerías. Incluso Umberto Eco al inicio de “El Nombre de la Rosa” hace mención de ellas:

“Si nada nuevo hubiese sucedido, todavía seguiría preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk; pero en 1970, en Buenos Aires, curioseando en las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del más famoso Patio del Tango de esa gran arteria tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Temesvar…”[1].

La más bella de todas es, sin duda, la librería El Ateneo Grand Splendid[2]. Ubicada en la Avenida Santa Fe 1860, entre la Avenida Callao y la calle Riobamba, fue originalmente un cine y teatro. Ahora, el espectáculo son los libros.

EL EDIFICIO

Por encargo del empresario discográfico Max Glücksman -un inmigrante austriaco que había llegado a los 15 años a la Argentina-, y bajo diseño de los arquitectos Rafael Peró y Manuel Torres Armengol, en 1917 se inició la construcción del Grand Splendid, inaugurándose en mayo de 1919. Aunque todos los artículos hacen referencia a “los arquitectos Pizoney y Falcope” a cargo de la dirección de obra, creemos que es un errónea referencia a los grandes constructores José Pizone y Luis Falcone. Pizone tuvo a cargo la construcción del Palacio Barolo, diseñado por Mario Palanti, y Falcone la construcción del Palacio de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, diseñado por Héctor Ayerza y Edouard Le Monnier.

Esta suerte de Catedral del Teatro contaba con 550 butacas distribuidas en cuatro niveles de palcos y una platea para 500 personas. Quizás el distintivo más importante lo constituya la pintura realizada por Nazareno Orlandi en su enorme cúpula. Es una representación alegórica de la paz que celebra el fin de la 1ª Guerra Mundial[3].

GRANDES VALORES DEL AYER

Por el Grand Splendid pasaron importantes personajes del tango, y a partir de 1920 Carlos Gardel grabó varios de sus discos en un estudio instalado en la parte superior del edificio[4]. En 1923, también en uno de los pisos altos, se instalaron los estudios de Radio Splendid. En su sala se estrenaron películas mudas argentinas y se proyectó la primera película sonora llegada al país, “La divina dama”.

DEL CINE A LA LIBRERÍA

Los tiempos cambiaron. La llegada de los complejos multisalas y los cambios en los hábitos del público en los ’90, inclinado hacia el alquiler de videos, produjeron una crisis en el negocio de los cines.

Procurando una salida, Rabeno Saragusti, responsable del Grand Splendid, el 14 de febrero de 2000 firmó un contrato de alquiler con la cadena Yenny, también propietaria de la Librería El Ateneo de la calle Florida. Cerró así las puertas al cine, pero ensanchó las de la cultura, conservando su belleza original. Las cuidadosas remodelaciones fueron llevadas a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone.

Hoy el hall de entrada está saturado de mesas y bateas con libros, CDs y DVDs, además de una pequeña sección de coleccionables y regalos. Pero al llegar a la sala de proyecciones uno entra en una atmósfera solemne bañada por una tenue luz. En el centro se abren escaleras mecánicas que conducen al subsuelo (área de CDs, DVDs y sala de lectura para niños); a ambos lados, una multitud de estantes exhiben libros de todo tipo de tamaño y color.

Al fondo, donde estaba el escenario, se encuentra una confitería, donde se puede tomar un café, dialogar con amigos o leer un libro.

Para acceder a los pisos superiores donde están los palcos se debe tomar un elevador. Allí se encuentra literatura, audio y videos especializados.

Para los que amamos la lectura, entrar a la Librería El Ateneo Grand Splendid es hacer realidad aquellas palabras que Borges atribuye a Ralph W. Emerson: “Una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad… tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan” [5].

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


NOTA

Casi a totalidad del presente artículo ha sido extraída de nuestro artículo “Librerías Maravillosas”, © Pablo R. Bedrossian, 2016, 2017, 2018. Todos los derechos reservados que puede leerse en https://pablobedrossian.com/2016/03/25/dos-librerias-maravillosas-por-pablo-r-bedrossian/


REFERENCIAS

[1] Eco, Umberto, “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Ed.,p.11

[2] El Ateneo es el nombre de una cadena de librerías argentina de la cual la que presentamos es una sucursal.

[3] Para los que quieran saber más sobre la hermosa pintura en el techo, recomendamos leer el artículo publicado por Hugo Petruschansky en la Revista La Nación, del diario del mismo nombre, el 18 de julio de 2004, que puede leerse en http://www.lanacion.com.ar/618516-cupula-del-grand-splendid-como-ver-la-obra

[4] Sobre Gardel y el sitio de sus grabaciones, hay una breve pero excelente nota de Eduardo Parise en http://www.clarin.com/ciudades/Ecos-Gardel-pieza-vacia_0_456554378.html

[5] Borges, Jorge Luis, “Borges Oral”, Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1979, 2ª Impresión, p.22


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LA IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS DE LA AVENIDA BELGRANO 579 (por Pablo R. Bedrossian y William D. Grant)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS, Av. Belgrano 579, Barrio
de Monserrat, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

LOS PIONEROS

La Iglesia Presbiteriana surge en Escocia durante el siglo XVI como heredera de una notable tradición religiosa que comienza con los albores de la fe cristiana. Liderada inicialmente por el reformador John Knox, es una iglesia protestante que luchó contra la monarquía inglesa en reiteradas ocasiones.

La firma en Buenos Aires del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica el 2 de febrero de 1825 permitió la inmigración de súbditos británicos, reconociéndoles derechos religiosos que incluían la construcción de sus propios templos.

Bajo este marco y como parte del acuerdo entre el Ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia y los hermanos John y William Parish Robertson, en agosto de ese año arribó a tierras argentinas un contingente de escoceses para formar la Colonia Agrícola Ganadera de Monte Grande en la Provincia de Buenos Aires. La travesía en la goleta “Symmetry”,que duró tres meses, fue documentada por William Grierson, abuelo de Cecilia Grierson, primera médica mujer egresada de la Universidad de Buenos Aires, que hoy es recordada por una calle de Puerto Madero[1].

Estos primitivos colonos establecidos en la zona sur de lo que hoy llamamos el Gran Buenos Aires al año siguiente de su llegada pidieron a la Iglesia de Escocia el envío de un ministro religioso, por lo que fue enviado el reverendo William Brown, quien arribó a la Argentina a fines de 1826.

Sin embargo, tras un inicio prometedor, hacia 1828 la colonia cayó en el fracaso económico. Algunos colonos se radicaron en la zona de lo que hoy es Florencio Varela, San Vicente y zonas cercanas, y otros en la zona de Chascomús. El Rev. William Brown y otros colonos prefirieron, en cambio, establecerse en la ciudad de Buenos Aires.

El 22 de diciembre de ese año un grupo de escoceses presbiterianos autoconvocados decidieron formar una iglesia en Buenos Aires, bajo “la doctrina y disciplina de la Iglesia Establecida de Escocia”. Para ello acordaron compartir los buenos oficios del Rev. William Brown con los colonos de Monte Grande, dando origen a la Iglesia Presbiteriana San Andrés en la Argentina, que fue constituida formalmente el 15 de marzo del año siguiente.

Parte del memorial de los miembros de la Iglesia caídos en la Primera Guerra Mundial

Ese esa ocasión el culto inaugural se llevó a cabo en lo que se llamó “Capilla Presbiteriana Escocesa” (“Scotch Presbyterian Chapel”) en la calle México al 300, según su antigua numeración, que probablemente correspondiera al cruce actual entre la calle mencionada y la Avenida 9 de Julio o a sus cercanías.

Su ministro fue el mismo Rev. William Brown y los primeros presbíteros “elders” o “ancianos”, que constituían el cuerpo formado por laicos al que la autoridad pastoral estaba sujeta, fueron John McClymont, Hugh Robson y James Brown.

EL TEMPLO DE LA CALLE PIEDRAS Y SU ARQUITECTO

Con la anuencia del Gobierno de Buenos Aires encabezado por Juan Manuel de Rosas, el 25 de febrero de 1833 se colocó la piedra fundamental del nuevo templo en un predio adquirido por la comunidad. Se encontraba ubicado en la calle Piedras 55, entre las actuales calles Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, que en aquel entonces se llamaba Victoria. El edificio fue inaugurado el 25 de abril de 1835, con el nombre de “Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés” (“St. Andrew’s Scotch Presbyterian Church”)

Templo de calle Piedras 55 diseñado por Richard Adams.

El templo era de diseño neoclásico, con un atrio al que se llegaba ascendiendo tres escalones; tenía al frente seis columnas con capiteles jónicos sobre las que se levantaba un frontón triangular. El interior era más modesto, aunque lucía dos pares de columnas con capiteles corintios entre los cuales se alineaban los bancos de madera para los feligreses. Décadas después, en 1884, detrás del altar se ubicaron los majestuosos tubos del órgano, el mismo que con sus sucesivos arreglos, modificaciones y ampliaciones aún perdura en el actual templo sobre la Avenida Belgrano.

Interior del templo de la calle Piedras 55

El edificio fue diseñado por Richard Adams, un escocés que había arribado a la Argentina como parte del contingente de la goleta “Symmetry” y había trabajado en la colonia escocesa de la zona sur de Buenos Aires. Allí este arquitecto y pintor había levantado en 1828 más de 30 edificios de mampostería con 145 habitaciones, 47 ranchos, la casa principal, y un detalle que no es menor: una capilla presbiteriana, de la cual, sin embargo, nada se conoce[2]. Ese pequeño templo desaparecido fue la primera iglesia protestante erigida en Argentina.

Casa de los hermanos Parish Robertson en la Estancia Santa Catalina. En ese predio se instalaron los colonos escoceses y Adams construyó el primer templo protestante de la Argentina.

En 1829 Adams se estableció en Buenos Aires donde le encargaron la construcción de la actual Catedral Anglicana de San Juan Bautista, inaugurada en 1831, cuya fachada sirvió de referencia para la Iglesia Presbiteriana San Andrés. Además, estuvo a cargo del proyecto y dirección del Segundo Cementerio de Disidentes de Buenos Aires, sobre la actual plaza 1º de Mayo, limitada por las calles Alsina, Pasco, Hipólito Yrigoyen y edificios para vivienda que dan a la calle Pichincha. En el centro del camposanto ubicó la capilla, “diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XVIII, con ábside central y naves laterales”[3]. Este importante arquitecto escocés murió en 1835 a los 43 años en Buenos Aires. 

Vista aérea del centro de Buenos Aires en la década de 1890. Encerrada en un círculo se observa el templo de la calle Piedras 55.

A fines de 1841 se colocó la piedra fundamental de la Escuela San Andrés en el terreno detrás de la Iglesia, bajo diseño de Edward Taylor, un ingeniero y arquitecto inglés y que había llegado a la Argentina en 1824. Décadas después tuvo a su cargo la creación de la Aduana Nueva[4].

LA DEMOLICIÓN DEL TEMPLO

La congregación presbiteriana fue creciendo con el paso del tiempo. En la década de 1880, luego de un encendido debate en Buenos Aires, se decidió la apertura de una gran arteria en el centro de la ciudad, la Avenida de Mayo, que comunicaría la Casa Rosada y la Plaza de Mayo con el Congreso de la Nación. El proyecto inicialmente fue muy resistido pues implicaba la expropiación y demolición de importantes edificios de ubicación privilegiada, entre ellos el de la Iglesia Presbiteriana San Andrés y su escuela. Tras su aprobación, las obras se iniciaron en 1888. Fueron lentas debido a la magnitud del proyecto. Finalmente, le llegó el turno a la iglesia de la calle Piedras 55, que fue expropiada y demolida cinco años después. El último servicio religioso allí se realizó el 8 de octubre de 1893.

EL NUEVO EDIFICIO Y SUS ARQUITECTOS

En 1894 la Iglesia Presbiteriana Escocesa, que había adquirido el terreno actual con accesos por la avenida Belgrano y la calle Perú, convocó a varios arquitectos para el diseño y construcción de su nuevo templo, adjudicando el proyecto al estudio de los arquitectos Edwin Arthur Merry y Charles T. Raynes[5]. E.A. Merry fue un importante proyectista de la comunidad británica en Buenos Aires[6], que en 1872, asociado con Carlos Ryder, había levantado la Iglesia Anglicana de la Santísima Trinidad en Lomas de Zamora y en 1874 la Primera Iglesia Metodista en la avenida Corrientes 718, que aún subsisten.

Colocación de la piedra fundamental del templo de la calle Belgrano 579

En 1895 se inauguraron las oficinas de la Iglesia en la calle Perú 352; allí el lote ofrecía un pequeño acceso, que en la actualidad se considera el segundo frente más estrecho de la ciudad.

Actual frente sobre la calle Perú

Finalmente el 10 de abril de 1896 se consagró la nueva Iglesia Presbiteriana San Andrés (“St. Andrew’s Scotch Church”) en Belgrano 579, que en ese momento era una calle angosta.

La iglesia de la calle Belgrano 579 con su espléndida torre. Detrás, el bellísimo edificio Otto Wulff con su doble cúpula

La construcción original era dominada por una espléndida torre de 35 metros de alto, con base cuadrada, que lucía en su techo agujas y almenas.

Ensanche calle Belgrano, Antiguo Bar Colonial y Torre de la Iglesia Presbiteriana

Lamentablemente esta joya arquitectónica porteña también se perdió: fue demolida en 1950 durante la ampliación de la calle Belgrano que pasó a ser avenida. Por segunda vez la congregación presbiteriana veía truncado su derecho a conservar intacta la espléndida arquitectura de sus edificios.

Demolición de la torre de la Iglesia Presbiteriana Escocesa por ampliación de la calle Belgrano que pasaba a ser avenida

Tanto la demolición de la torre y los vestíbulos contiguos como la construcción del nuevo frente inaugurado en 1962, estuvo a cargo del arquitecto inglés Sydney Follett, quien había arribado a la Argentina en 1911 y años atrás había estado a cargo de los trabajos de ebanistería en el interior de la Catedral Anglicana[7] entre otros edificios importantes de la comunidad británica. Follet falleció en 1968[8].

Vista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés del centro de Buenos Aires desde la demolición de su torre en 1950 hasta su nueva fachada en 1962

El resto del templo se mantuvo sin mayores cambios, conservando la mayor parte de su extraordinario interior hasta el día de hoy.

Nueva fachada en construcción

Cuenta con una gran nave central de 16 metros de largo por 13 metros de ancho, flanqueada por dos pasillos laterales. Por delante tiene un transepto, -suerte de nave transversal- que junto a la nave central conforman una planta en cruz latina.

En el interior tiene numerosos arcos neogóticos; los de los costados sirven como separadores entre la enorme nave central y los pasillos laterales. Por encima de ellos se encuentran bellos vitrales con temas bíblicos. El techo es de madera.

El hermoso ábside de piedra gris labrada cuya forma también corresponde al del arco neogótico, cuenta con cinco placas de bronce y con el hermoso rosetón que permite el ingreso de luz natural desde lo alto.

El púlpito de madera, al cual se accede por una pequeña escalera, se encuentra a la izquierda mientras que la pila bautismal a la derecha, lo mismo que el órgano y sus tubos.

Tanto el órgano como la pila bautismal habían sido inaugurados en la Iglesia de la calle Piedras.

Toda la capilla tiene detalles e inscripciones que habla de su fe y de su historia.

Atrio occidental, con el busto del Rev. Dr. James Smith, segundo pastor de la Iglesia. El busto es obra del escultor Arturo Dresco. Tanto este busto como la Iglesia de Belgrano, que lleva el nombre del Dr. Smith, fueron parte de los memoriales después de su fallecimiento.

LOS VITRALES

Se conservan cuatro bellos vitrales del templo de la calle Piedras que fueron reubicados dos en cada uno de los dos vestíbulos del nuevo templo de la entonces calle Belgrano. Cuando estos vestíbulos se demolieron junto con la torre para dar lugar a la Avenida Belgrano, estos cuatro vitrales fueron reubicados nuevamente uno en cada vestíbulo nuevo y en cada transepto. El más antiguo de los vitrales está en el transepto occidental frente al púlpito. Estos vitrales llevan los nombres de sus donantes o las personas a cuya memoria están dedicados.

El vitral Wilson, “Jesús y María Magdalena en la tumba”, dedicado en 1874 por William Wilson en memoria de su esposa Ann Margaret, fallecida a los 24 años a causa de una diabetes.

El vitral Black, “Las tres Marías junto a la tumba vacía”, dedicado en 1876 por G. C. Black en memoria de sus padres.

El vitral Bell, “Jacob bendiciendo a sus hijos”, dedicado por la viuda e hijos de George Bell en 1879.

El vitral McClymont, “La agonía de Jesús en el jardín de Getsemaní” en memoria de William McClymont, fallecido en 1883.

El Rosetón es el único vitral dentro del templo que perdura de la inauguración del segundo templo, en 1896; fue donado por los niños de la iglesia que hicieron una colecta especial. Se lo conoce como Rose Window o Children’s Window.

Al año siguiente se inauguró el segundo vitral que se encuentra al fondo del templo, en memoria de Thomas Drysdale, un importante miembro de la congregación.

En los siguientes años fueron colocados otros vitrales en memoria de otros miembros, donados por parientes y amigos, todos ellos realizados por la firma John and William Güthrie de Glasgow, Escocia.

LA IGLESIA ACTUAL

Como sucede en casi todas las iglesias étnicas, por cuestiones de idioma y asimilación cultural, ya son pocos los escoceses y sus descendientes que asisten a los cultos; sin embargo, se ha conformado una interesante comunidad de fe, integrada por personas de diferentes orígenes que adhieren a los principios presbiterianos. Además, hay un trabajo mancomunado con la Iglesia Presbiteriana de Olivos, que integra la comunidad San Andrés, de la cual forman parte también el colegio y la universidad del mismo nombre.

Detrás del templo hay oficinas, otras dependencias, un pequeño museo y un amplio salón, al que se accede más fácilmente desde la entrada de la calle Perú que ha sido utilizado por el Coro Gospel Argentina como sala de ensayos.

Pasillo de entrada al edificio por la calle Perú. En este pasillo se ha instalado el MuPSA. (Museo Presbiteriano San Andrés).

© Pablo R. Bedrossian y William D. Grant, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: A MANERA DE COLOFÓN, NOTAS DE LOS AUTORES

Los autores de esta nota: William D. Grant a la izquierda; Pablo R. Bedrossian a la derecha

La Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Ciudad de Buenos Aires, actualmente conocida como Iglesia Presbiteriana San Andrés del Centro, ubicada en la Avenida Belgrano entre las calles Perú y Bolívar, es especial para mí: cursé el Secundario en el vecino Colegio Nacional de Buenos Aires por lo que pasaba diariamente frente a ella. Luego en 1979 y 1980 participamos allí junto a mi hermano Alejandro en unos festivales de rock con nuestra banda “Propuesta”. Finalmente, en 1993 contraje enlace con mi amada esposa Graciela en su maravillosa capilla. A propósito, suelo llamar a esta iglesia “el cementerio de los elefantes” porque allí sucumbimos al matrimonio varios amigos “duros de casar”. Pero detrás de esos recuerdos, este imponente edificio tiene una rica historia digna de contar.

Pablo R. Bedrossian

Mis contactos con la Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Argentina, en esa época Iglesia Escocesa San Andrés, se iniciaron en el Salón de Actos de la Escuela Escocesa San Andrés en Nogoyá 550, Olivos. Yo había sido alumno de dicha escuela, y empecé a asistir a los Cultos Religiosos que se hacían allí cuando tenía 16 años. Poco tiempo después me confirmaron como miembro de la Iglesia y empecé a asistir a los cultos en la Iglesia de Belgrano R, Dr. Smith Memorial, que estaba cerca de casa. Al año siguiente se reinaguró la Iglesia de la Avenida Belgrano con su nueva fachada. Y se iniciaron unos cultos mensuales corales a la tarde noche a los que asistía siempre. En 1977 fui ordenado Presbítero Gobernante (Elder) de la Iglesia Dr. Smith Memorial. Pero el cargo era para toda la Iglesia. Y en 1989 me trasladé a la Iglesia del Centro debido a que en esa época vivía en San Telmo. No enumero la cantidad de actividades desempeñadas en ambas congregaciones ya que sería muy largo hacerlo. Pero debo decir que, si bien las otras Iglesias Presbiterianas fundadas originalmente por los escoceses y sus descendientes me maravillan, siento algo muy especial por la Iglesia de la Avenida Belgrano…

William D. Grant


REFERENCIAS:

[1] El diario fue publicado por primera vez en la Revista de la Iglesia Presbiteriana Escocesa “San Andrés” en 1958.

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.20

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo s/z, p.97

[5] Petrina, Alberto , Alberto Nicolini y Julio Cacciatore, “Patrimonio Arquitectónico Argentino – Memoria del Bicentenario (1810-2010)”, Tomo II (1880-1920), Ministerio de Cultura, Presidencia de la Nación, Argentina, 2010, p.92.93

[6]  Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo i/n, p.134

[7] Para más detalles, ver nuestro artículo “La Catedral Anglicana de Buenos Aires” en https://pablobedrossian.com/2018/01/19/la-catedral-anglicana-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo e/h, p.88


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías a color fueron tomadas por Pablo Bedrossian, uno de los autores de esta nota y es el dueño de todos sus derechos. Las fotos en blanco y negro fueron cedidas por William D. Grant, el otro coautor de esta nota, de su archivo personal, cuya fuente principal es de la revista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés.


AGRADECIMIENTO ESPECIAL

Quiero agradecer muy especialmente a William D. Grant por su admirable trabajo de recopilación histórica sobre la Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés. Espero que alguna vez su investigación pueda verse reflejada en un libro. Buscando información sobre el templo de la avenida Belgrano, todos los consultados me refirieron a Willie, como lo llaman sus amigos, a quien definen como el historiador de la iglesia. ¡Gracias, Willie, por tu generosidad, entusiasmo y aportes! Pablo Bedrossian.

LA CATEDRAL ANGLICANA DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

CATEDRAL ANGLICANA SAN JUAN BAUTISTA, 25 de Mayo 276, Barrio de San Nicolás, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Catedral Anglicana de Buenos Aires 01.JPG

Inaugurado en 1831 bajo el nombre de Iglesia Episcopal Británica de San Juan Bautista es considerado el primer templo disidente (no católico) de Sudamérica. Su propósito era proveer servicios religiosos a la comunidad inglesa en la Argentina. El terreno, que fuera parte del vecino convento mercedario de San Román Nonato, fue cedido por el entonces gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas.

UN POCO DE HISTORIA

Durante el periodo colonial, el único culto legalmente permitido en América del Sur era el católico romano. Dice el Dr. Pablo A. Deiros “La penetración del protestantismo en América Latina data de 1820-1850, y coincide con la liberalización subsiguiente a la independencia”[1].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 02

La llegada a Buenos Aires en 1818 del misionero y educador bautista escocés Diego Thompson fue el primer antecedente importante frente a la hegemonía católica. Thompson fundó numerosas escuelas públicas; el Cabildo de Buenos Aires lo nombró Director General de Escuelas en reconocimiento a esa labor[2]. Este joven maestro promovía el sistema lancasteriano, basado en la formación de los alumnos más avanzados para enseñar a leer y escribir al resto. El uso de la Biblia como libro de texto generó resistencia en el clero, que en aquel tiempo se atribuía el monopolio de su lectura.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 03

En diciembre de 1824 se reunió un congreso del que participaron representantes de todas las provincias argentinas. Al mes siguiente, tras largas deliberaciones, sancionó leyes que ratificaron la independencia de las Provincias Unidas y, a la vez, garantizaron las autonomías provinciales. Hasta la sanción de una constitución se resolvió que el gobierno de Buenos Aires se hiciera cargo del poder ejecutivo, en particular para el manejo de las relaciones exteriores.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 03

El Gobernador de Provincia de Buenos Aires quedó facultado para la firma en Buenos Aires del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica (S.M.B.) el 2 de febrero de 1825. En su artículo 12, abordaba la cuestión religiosa:

“Los súbditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas del Rio de la Plata, no serán inquietados, perseguidos ni molestados por razón de su religión; más gozarán de una perfecta libertad de conciencia en ellas, celebrando el oficio divino dentro de sus casas, o en sus propias o particulares iglesias o capillas… también será permitido enterrar a los súbditos de S. M. B. que murieren en los territorios de las dichas Provincias Unidas, en sus propios cementerios”[3].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 04

EL PRIMER PASTOR ANGLICANO EN ARGENTINA

Luego de la firma Tratado de Amistad, Comercio y Navegación se promulgó en Londres la Ley de Capellanía Consular, que permitió ese mismo año la llegada a la Argentina de John Armstrong, procedente de las Honduras Británicas, enviado por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera.  Cumplió su ministerio religioso en Buenos Aires durante 20 años, tras los cuales fue sucedido por su hijo. “Los anglicanos gozaron de la simpatía del pueblo y las autoridades en razón de que no propusieron la evangelización de los católicos” [4].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 07

EL ARQUITECTO

El templo anglicano de la calle 25 de mayo fue construido por el arquitecto escocés Richard Adams, durante el pastorado de John Armstrong. Hasta ese momento, la comunidad anglicana se reunía en la sala de la Sociedad Filarmónica[5] de la calle Alsina, frente al paredón lateral de la Iglesia de San Ignacio.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 06

Richard Adams, arquitecto y pintor formado en la escuela del neoclacismo británico, había arribado a la Argentina en 1825 como parte de un contingente escocés[6], para participar de un proyecto colonizador acordado por convenio entre el entonces Ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, y los hermanos John y William Parish Robertson. Según el historiador Dr. Pablo Deiros, Adams sería presbiteriano[7]. Como la idea no prosperó, los escoceses se establecieron en la zona de Lomas de Zamora y Monte Grande, organizando un establecimiento rural, para el cual, hacia 1828, Adams ya había levantado más de 30 edificios de mampostería con 145 habitaciones, 47 ranchos, la casa principal, y un detalle que no es menor: una capilla presbiteriana, de la cual, sin embargo, nada se conoce[8].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 08

En 1829 Adams se estableció en Buenos Aires donde se le encargó la construcción de la actual Catedral de San Juan Bautista. La obra se inició el 5 de mayo de 1830 y fue habilitada un año después, el 6 de mayo de 1831.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 14

Adams también participó en dos obras desaparecidas: en la fase inicial del primer templo presbiteriano de Buenos Aires, inaugurado en 1835 y demolido en 1893 debido a la ampliación de la Avenida de Mayo, y en el proyecto y dirección del Segundo Cementerio de Disidentes de Buenos Aires, sobre la actual plaza 1º de Mayo, limitada por las calles Alsina, Pasco, Hipólito Yrigoyen y edificios para vivienda que dan a la calle Pichincha. En el centro del camposanto ubicó la capilla, “diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XVIII, con ábside central y naves laterales”[9].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 19

Este importante arquitecto escocés murió en 1835 a los 43 años en Buenos Aires. De su obra pictórica, subsisten tres óleos; el resto se ha perdido.

LA CATEDRAL

Se considera el primer edificio porteño integralmente concebido bajo el estilo neoclásico, pues el pórtico de la Catedral Metropolitana, que data de 1823, es un agregado que no responde a su diseño original[10].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 10

Está retirado de la calle y elevado, de modo que deben ascenderse escaleras. Cuenta con seis imponentes columnas de orden dórico sobre las cuales se apoya un frontón triangular. Las columnas centrales tienen una mayor separación entre sí que el resto. La puerta rectangular de madera es de hoja doble y está labrada con sencillez. La elevada fachada, de color gris tiza, infunde una austera dignidad.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 18

El interior sigue la tradicional planta de tres naves separadas por columnas que originalmente eran de orden jónico, pero fueron remodeladas y convertidas al orden corintio a fines del siglo XIX.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 11

La decoración es muy rica sin perder su sencillez. Se destacan los vitrales, dos placas de bronce que recuerdan a los 500 descendientes británicos enviados desde Argentina a pelear por Inglaterra en la Primera Guerra Mundial y a los 50 enviados a la Segunda, y una talla en madera en el altar que representa la resurrección de Jesucristo.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 16

Cuenta además con un bello órgano de tubos ubicado al frente de la nave derecha. Todos los bancos son de madera. El cielorraso plano presenta finas terminaciones que combina con el color crema y dorado de las columnas.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 20

LOS CAMBIOS

El edificio fue restaurado y modificado en 1894 y en 1911. Además, en 1919 el arquitecto inglés Walter Bassett-Smith proyectó el altar, el trono episcopal y los asientos para los canónigos[11]. En 1931 se le añadió el revestimiento de fina ebanistería en roble, diseñado por el arquitecto J. B. L. Tolhurst de Beckenham, y realizado por Sidney Follet.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 21

Nos cuenta Marcos Gabriel Vanzini: “En un principio la nave central terminaba en una pared donde se habían pintado el Credo, el Padrenuestro y los Mandamientos; junto a estos textos se encontraba la pintura que representa la ‘Adoración de los Magos’, que hoy se encuentra en la nave izquierda. En la decoración del templo, a lo largo de los años, participó activamente parte de la comunidad anglicana. Era costumbre que muchos de los elementos que lo adornaban, fueran regalados por los fieles. Como ejemplo, es destacable el caso de los vitrales que embellecen San Juan Bautista. De un modo especial hay que señalar que en los que se encuentran a la derecha de la Catedral, se recuerda a mujeres pertenecientes a tres generaciones del almirante Guillermo Brown, héroe de la armada argentina[12].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 23

DE IGLESIA A CATEDRAL

La actividad pastoral de la Iglesia Anglicana de Buenos Aires dependió económicamente de la corona británica hasta 1869, cuando pasó a pertenecer a la diócesis de las Islas Malvinas que acababa de ser creada.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 22

Se consagró como primer obispo a Waite Hockin Stirling, quien había realizado labores misioneras en Tierra del Fuego[13]. Escriben, Juan Francisco Lutteral y Nicolás Hilding Ohlsson: “En 1910 la diócesis de las Islas Malvinas, que comprendía toda Sudamérica, se dividió en dos. Por un lado, la Diócesis de la Costa Oriental (Tierra del Fuego, Islas Malvinas, Chile y Perú) y, por el otro, la Diócesis Anglicana en Argentina y Este de Sudamérica (Argentina, Paraguay, Brasil, Uruguay y Bolivia). Pero los problemas financieros que frenaban la expansión de la obra, la construcción de nuevos edificios y el pago de sueldos a ministros laicos, hicieron que las dos diócesis se volvieran a unir y recién en 1963 se hizo una nueva división diferente”. Por ello, recién en 1964 al quedar fija la sede episcopal en Buenos Aires, la Iglesia Anglicana San Juan Bautista fue elevada a Catedral.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 09

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL

El 29 de diciembre de 2000 fue declarada monumento histórico nacional. El decreto del Poder Ejecutivo Nacional dice: “…por su trascendencia histórica y religiosa, la Catedral Anglicana de San Juan Bautista constituye un testimonio temprano y valioso tanto de la arquitectura neoclásica, como de la apertura del país a diferentes pueblos y confesiones religiosas”[14].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 24

CURIOSIDADES

Vitrales de la familia Brown: En la pared derecha de la Catedral, hay vitrales en honor a tres generaciones de mujeres de la familia del  almirante Guillermo Brown, héroe de la armada argentina.

Educadora: Una calle de Puerto Madero recuerda a Juana Manso, “la mujer que más luchó en la Argentina del siglo XIX para promover la educación popular y la emancipación de la mujer. Se destacó como una gran educadora que combatió la instrucción verbalista y dogmática que dominaba en su época, y fomentó una enseñanza integral y mixta”[15]. A los 46 años en este templo decidió seguir la fe cristiana protestante. Trabajó junto a Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda para transformar la educación argentina, fundando y dirigiendo escuelas públicas.

Catedral Anglicana de Buenos Aires 25

Visitante ilustre: Para el primer centenario de la Iglesia Anglicana en Argentina se realizó en 1925 un culto al que asistió el Príncipe de Gales.

Mármol: En el exterior hay un mármol conmemorativo dedicado a Caesar Augustus. Rodney fue ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica en Argentina, título que de hecho lo convirtió en el primer embajador norteamericano en el país. Fallecido en 1824, la piedra recordatoria fue colocada, según se lee en ella, el 28 de febrero de 1832. Esto obviamente sugiere que Rodney era anglicano. Su hija se casó en 1926 con un pastor presbiteriano, sirviendo como misioneros en a Argentina[16].

Catedral Anglicana de Buenos Aires 26

Túnel: Existe un pasillo interno que conecta la Catedral Anglicana con la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, indudable símbolo de confraternidad[17].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Deiros, Pablo Alberto, “Historia del Cristianismo en América Latina”, Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1992, p.111

[2] Rodríguez E., Wilson en https://web.archive.org/web/20100721051634/http://diegothomson.edu.pe/mod/resource/view.php?id=29 , basado en “Diego Thompson”, libro escrito por nuestro querido y recordado amigo, el Dr. Arnoldo Canclini.  El nombre del educador en inglés era James Thompson. El autor agrega que Thompson extendió su labor misionera y educativa al Uruguay, Chile, Perú, Colombia y posteriormente hasta México, siendo recibido personalmente por los próceres Bernardo O’Higgins, José de San Martín y Simón Bolívar.

[3] Diario “El Nacional”, Nº 12. del 10 de marzo de 1825. El Diario El nacional circuló entre 1824 y 1826. El texto es reproducido parcialmente por Vanzini, Marcos Gabriel en “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires” y otros.

[4] Deiros, Pablo Alberto, Op. cit., p.625

[5] Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2011, 2ª Ed., p.141

[6] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.20

[7] Deiros, Pablo Alberto, Op. cit., p.628

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[9] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[10] Giménez, Carlos, en http://arqi.com.ar/edificio/catedral-anglicana/

[11] Autores varios, “Patrimonio Arquitectónico Argentino”, Tomo I (capítulo Culto), Ministerio de Cultura de la Nación Argentina, 2011, p.104

[12] Vanzini, Marcos Gabriel, Op. cit. p.141

[13] Lutteral, Juan Francisco y Nicolás Hilding Ohlsson, monografía sin fecha, p.3-4

[14] Vanzini, Marcos Gabriel, Op. cit. p.143

[15] Deiros, Pablo A., “Juana Paula Manso”, incluido en “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012, p.136

[16] Scharenberg, Martín, “Pioneros presbiterianos”, Rama del Almendro, Buenos Aires, 2017, p.34

[17] Dergarabedian, César, en Catedral Anglicana San Juan Bautista, Templo no Católico más antiguo de América Latina, 2017, https://bahiacesar.com/2017/07/17/catedral-anglicana-san-juan-bautista-templo-no-catolico-mas-antiguo-de-america-latina/ 


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos fueron tomadas por el autor y a él le pertenecen todos sus derechos.