PUERCOESPÍN CENTROAMERICANO Y EL HALLAZGO DE UN EJEMPLAR JUVENIL (por Pablo R. Bedrossian)

El puercoespín centroamericano o tropical, cuyo nombre científico es Sphiggurus mexicanus (conocido también como Coendou mexicanus), es uno de los mamíferos más curiosos por su sistema de defensa: su cuerpo está cubierto por unas estructuras rígidas, largas y delgadas de tonalidad amarillenta conocidas como espinas o púas. Se trata de pelos envueltos por queratina, una proteína que les provee su dureza. Las bases de estas púas se encuentran insertadas en la piel.

Ejemplar encontrado en nuestro residencial y reubicado en el cerro Campisa

Las espinas se erizan ante situaciones de amenaza mediante a un mecanismo similar al de la piloerección, y pueden despedirlas o liberarlas sacudiendo su cuerpo. Aunque se dice que es falso que disparen estas púas contra sus atacantes, en nuestra comunidad hemos tenido perros que han sufrido sus dolorosas consecuencias.

Puercoespín fotografiado en la montaña

Suelen pesar de 1,4 a 2,6 kg. El cuerpo es alargado y de color café. Se dice que la cabeza no tiene espinas; sin embargo, todos los ejemplares que hemos visto las poseen. La nariz, que no tienen púas, cuenta con pelos a manera de un bigote, es rosada, redondeada y regordeta remedando a la del cerdo, con el que, a pesar del nombre, no tienen ningún parentesco. La boca cuenta con tiene 20 dientes con incisivos muy desarrollados[1], algo propio de los roedores. Los ojos son pequeños y la cola es prensil, gruesa y con espinas en su base. Poseen cuatro dedos en cada extremidad.

Ejemplar fotografiado entre las ramas de un árbol de la Etapa I de Campisa.

La cola suele ser de la mitad del tamaño de la longitud cabeza-cuerpo. Es interesante que en Sudamérica hay también especies de cola corta (en la especie Echinoprocta rufescens mide alrededor del 30% de la longitud cabeza-cuerpo) y de cola larga (en la especie Coendou melanurus de la zona oriental de la Cordillera de los Andes mide el 85% o más de la longitud cabeza-cuerpo)[2].

Este ejemplar descendió de la montaña y se acomodó en una ventana de las oficinas de Promotora del Norte. Como llegó se fue.

Los puercoespines son animales de desplazamiento lento y hábitos preferentemente nocturnos, aunque nosotros hemos visto adultos en pleno día sobre árboles tupidos. Comen ramas tiernas, frutas, semillas y hojas. Viven en huecos de árboles o en cuevas. Las hembras ponen una cría[3]. Una característica propia de todas las especies de puercoespines en su longevidad, que habitualmente supera los 20 años de vida[4].

EL HALLAZGO DE UN JUVENIL

Vivimos en Residencial Campisa, un complejo habitacional que ocupa un terreno de aproximadamente 300 hectáreas, ubicado en el cuadrante noreste de San Pedro Sula, en la región noroccidental del Honduras. Pese a formar parte del casco urbano, hemos documentado la existencia de puercoespines y muy recientemente la observación de un pequeño ejemplar juvenil.

Ejemplar juvenil

El terreno es irregular con elevaciones que van desde los 65 hasta los 267 metros sobre el nivel del mar; cuenta con dos cerros actualmente despoblados cuyo hábitat es el de un bosque seco tropical; entre ellos hay áreas planas urbanizadas con arborización, engramado y jardinería; el residencial cuenta con un canal de agua y una laguna artificial. Todos los puercoespines fueron observados en el cerro más alto o en sus faldas.

Nótese la nariz bulbosa y rosada, los pelos del bigote y las uñas largas en ambas manos

En ese cerro hay una vieja carretera de tierra que se encuentra abandonada. Recientemente, el vecino Gustavo Restrepo, practicando allí ciclismo de montaña, observó un pequeño animalito que fotografió con su celular. Cuando lo compartió, lo reconocimos de inmediato como un puercoespín de pocas semanas de vida. Le pedimos que si lo volvía a encontrar nos avisara. Dos días después, a las 3 de la tarde nos llamó diciéndonos que el pequeño mamífero se hallaba en el mismo lugar. Nos dirigimos allí de inmediato y lo pudimos admirar mientras reposaba en el tronco de un árbol. El color era más rojizo que en los adultos y aún no tenía las espinas plenamente desarrolladas. Se encontraba tranquilo sin signos de alerta por lo que pudimos fotografiar y filmar. No encontramos ningún signo de presencia de la madre en las inmediaciones.

ALGO MÁS SOBRE LOS PUERCOESPINES

Hay dos grandes grupos de puercoespines: la familia Hystricidae, los puercoespines del “Viejo Mundo” y la familia Erethizontidae, los puercoespines del “Nuevo Mundo” o americanos. En Centroamérica, la única especie conocida es Sphiggurus mexicanus, cuya distribución se extiende desde el centro de México hasta el oeste de Panamá, en alturas hasta 3,200m. En Costa Rica se encuentra en las vertientes Caribe y Pacífico (a excepción de Osa y San Vito) en zonas bajas hasta alturas de 3,200 metros sobre el mar[5].

El mismo ejemplar juvenil

Otro animal con púas en la piel es el erizo, famoso por enrollarse sobre sí mismo quedando como si fuera una bola; sin embargo, no está dentro de la familia de los puercoespines.

VIDEOS DEL EJEMPLAR JUVENIL

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS

Una de las personas que más me ha enseñado de la biodiversidad centroamericana es Leonel Marineros. Es el autor del único libro de mamíferos que conocemos de Honduras y el primero en publicar un libro sobre las serpientes del país. ¡Gracias, Leonel, por tu amistad y apoyo de siempre!


REFERENCIAS

[1] Marineros, Leonel, Martínez Gallegos, Francisco, “Guía de Campo de los Mamíferos de Honduras”, Instituto Nacional de Ambiente y Desarrollo (INADES), 1998, p.166

[2] Tirira S., Diego, “Mamíferos de Ecuador”, Museo de Zoología, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito, Ecuador, 1999, p.207

[3] Carrillo, Eduardo, Wong, Grace y Sáenz, Joel C.; “Mamíferos de Costa Rica Mammals”, INBio, Santo Domingo de Heredia, Costa Rica, 1999, p.154

[4] Gorbunova, Vera, Bozzella, Michael J. y Seluanov, Andrei, “Rodents for comparative aging studies: from mice to beavers”, Age 30, 2008, p.112

[5] Carrillo, Eduardo, Wong, Grace y Sáenz, Joel C., Op. cit., p.153


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

UNA VISITA AL VOLCÁN POÁS Y LA PAZ WATERFALL GARDENS (por Pablo R. Bedrossian)

DSC08610Si Ud. viaja por negocios a Costa Rica o va de visita y tiene algún día libre, no dude en aprovechar la riqueza más grande del país: su naturaleza.

Si está en San José y sólo dispone de unas pocas horas, le recomendamos visitar Zooave, un interesante parque a unos 30’ del aeropuerto, cuya fauna consiste en mucho más que aves. Lo puede recorrer cómodamente en un par de horas.

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Si sólo tiene libre la noche, le recomendamos cenar en El Monasterio, en Irazú. Ubicado en lo alto de una colina, ofrece sorprendentes vistas de la capital. Puede dar un vistazo allí a la pequeña capilla, donde en una de nuestras visitas asistimos a un breve concierto de villancicos dado por una pareja francesa, o descender a su cava, para escuchar música en vivo y pasar un momento relajante en buena compañía.

Pero si tiene un día entero, nuestra sugerencia es una excursión que incluya el Parque Nacional Volcán Poás por la mañana, seguido de un almuerzo y recorrido en La Paz Waterfall Gardens por la tarde. Lo invitamos a conocerlo.

PARQUE NACIONAL VOLCÁN POÁS

Copy of IMG_2786El aeropuerto internacional Juan Santamaría está ubicado en la ciudad de Alajuela, a escasos 18 kilómetros de San José, la capital del país. Alajuela es la cabecera de la provincia del mismo nombre que desde el centro se extiende hacia el norte de la Suiza de Centroamérica. La provincia de Alajuela tiene una bella geografía rural. Es muy rica en agricultura y tiene una importante producción láctea.

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Sin embargo, su joya de mayor precio es el Parque Nacional Volcán Poás, ubicado a unos 45 kilómetros al noroeste de San José. Desde esa ciudad, el ascenso hasta allí, con un par de cortas paradas para tomar fotografías, toma unos noventa minutos. Uno encuentra en el sitio distintos hábitats boscosos, destacándose el bosque nuboso y el bosque achaparrado.

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Su nombre, Poás, proviene de unas plantas puntiagudas que crecen allí, conocidas como púas.

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El parque tiene un territorio de unos 66 km2, y su principal atractivo, desde luego, es su volcán.

LA VISITA

DSC08668Desde el Centro de Visitantes, el camino al volcán muestra una densa vegetación boscosa y numerosas aves.

DSC08652En la zona, donde incluso pueden observarse arrayanes, la planta más famosa es la Gunnera insignis, conocida como sombrilla de pobre, de enormes hojas circulares.

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La espesa y diversa vegetación sorprende a lo largo de todo el camino.

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El estratovolcán, como se llama a este tipo de volcán de perfil escarpado compuesto por múltiples capas de lava endurecida, está ubicado a 2,700 metros sobre el nivel del mar y tiene tres cráteres. El principal tiene 300 metros de profundidad y un diámetro de 1,320 metros Desde el mirador se observa su famosa laguna, que aparece inmaculada en todas las postales. De extrema acidez (su pH es menor que 1) tiene un característico color turquesa debido a su alto contenido de azufre. La visita al volcán no siempre permite admirarla. Durante la mayoría de los meses una densa capa de nubes cubre el triple cráter del Poás, y se debe tener suerte para observarlo. De pronto sopla un viento y por unos segundos o minutos es posible fotografiarlo, aunque, desde luego, hay días que puede verse sin inconvenientes.

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IMG_2787Los otros dos cráteres son el Von Frantzius, a un kilómetro al norte del cráter principal y el Botos, de 365 metros de diámetro, a un kilómetro al sur del cráter principal, que posee una laguna formada por agua de lluvia estancada y de baja temperatura, por lo que se la conoce como Laguna Fría.

LA PAZ WATERFALL GARDENS

DSC08688Ubicado a unos 20’ del Volcán Poás, y con un entorno donde alternan el bosque lluvioso y nuboso, La Paz Waterfall Garden es un complejo turístico que incluye un hotel, un restaurante para los visitantes, senderos, cascadas y una amplia variedad de especies en hábitats diseñados especialmente para su mejor observación. Comenzamos con el Peace Lodge, de arquitectura ecoamigable; esperamos alguna vez hospedarnos allí.

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El camino, bien cuidado, es descendente y ofrece una rica flora a lo largo de todo su recorrido.

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Hay pequeñas sorpresas a lo largo del camino, rodeado de cerros cubiertos por una exuberante vegetación.

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Primero llegamos al aviario donde se destacan las guacamayas y los tucanes, con los cuales se puede interactuar y tomarse una fotografía.

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Luego llegamos al magnífico mariposario, en nuestra opinión aún superior al que conocimos años atrás en Monteverde, Costa Rica. Tiene dos partes: en la primera hay mariposas disecadas, expuestas en cuadros. En la segunda, las mariposas vuelan libremente y pueden ser observadas desde muy cerca en los comederos creados para ellas.

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A continuación hay un sector para observar monos. Vimos monos araña (en inglés Spyder Monkey, nombre científico Ateles geoffroyi) y capuchinos (también conocidos como monos cara blanca, en inglés White-headed Capuchin, nombre científico, Cebus capucinus), y un poco más adelante un jardín para ver colibríes. Según las autoridades del parque ha documentado allí 26 especies distintas de estas pequeñas y coloridas aves.

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De allí recomendamos pasar directamente al buffet del excelente Restaurante Colibríes. Tras el almuerzo es tiempo de visitar el serpentario, que incluye serpientes venenosas y no venenosas. Aquí compartimos imágenes de un ejemplar juvenil y otro adulto de la especie Bothriechis schlegelii, en inglés conocida como eyelash viper y en castellano víbora o tamagás de pestaña, que -además del intenso color amarillo del adulto- se caracteriza por sus grandes y elevadas escamas de los párpados en forma de púas.

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Tras contemplar los ofidios, llegamos a lo que quizás es la zona más admirada, el área de exhibición de los felinos, donde pumas, ocelotes, tigrillos y una familia entera de jaguares cautivan la atención de grandes y niños.

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Aún nos queda el ranario. A diferencia de otros países de la región, como Honduras, Costa Rica posee ranas venenosas. En el espacio dedicado a los anfibios vimos en libertad al menos dos de estas especies diminutas, la Oophaga pumilio, antes llamada Dendrobates pumilio, en español rana flecha roja y azul y en inglés Strawberry Poison Frog, de color rojizo y extremidades azuladas, y la Dendrobates auratus, en español rana flecha verde y negra, y en inglés Green And Black Poison Frog, con un moteado verde y negro.

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Dejando atrás el ranario entramos en la última parte del camino a las cascadas.

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Para los que no hemos vivido en una selva, el entorno puede parecernos una jungla.

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Vale la pena admirar las cascadas. Aunque no de gran altura o extensión, transmiten una enorme energía.

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Hay puentes para observarlas de modo panorámico; en ellos se puede llevar a cabo un truco interesante: si uno mira un punto fijo de la caída de agua durante unos veinte segundos y luego gira la vista a la derecha, tendrá la impresión de que las rocas vecinas a la cascada se están moviendo. Esta trompe l’oeil de la naturaleza es un detalle que no debería perderse.

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El regreso a San José toma algo más de una hora. Sin duda regresará cansado, pero feliz de haber estado en un contacto tan íntimo con la naturaleza. Como dicen los ticos, “Costa Rica, pura vida”.

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la foto vertical del volcán Poás, tomada por Gareth James,  y las otras dos del volcán, apaisadas, tomadas por Sofa Palaquibay, ambos compañeros de excursión.