LA MISTERIOSA CASA DE SANTIAGO DEL ESTERO 679-683 (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Caminando desde la Avenida Independencia por la calle Santiago del Estero, poco antes de llegar a la calle Chile aparece una curiosa construcción de dos plantas con reminiscencias medievales. Pintada de amarillo, llama la atención la fachada con un escudo, dragones, arcos ojivales y un balcón símil piedra. Todo un misterio.

No encontré ninguna descripción o documentación sobre la casa; ni siquiera aparece en el Inventario de Patrimonio Urbano de Monserrat que consulté, aunque allí se mencione la casa de enfrente (Santiago del Estero 674-678) [1]. Tampoco encontré información en “San Telmo & Monserrat”[2], un libro sobre el casco histórico de Buenos Aires, de modo que decidí iniciar mi investigación a través de los nombres de los arquitectos grabados en la fachada: Sabaté y Rubillo. Pienso que la inscripción hace referencia a Jorge Sabaté y Emilio Rubillo.

LOS ARQUITECTOS

Jorge Sabaté (1897-1991), nacido en Buenos Aires, fue una personalidad distinguida. Graduado de arquitecto en 1921 en la UBA, se dedicó a la actividad privada y pública. Entre otros logros, en 1930 ganó la Medalla de Oro en la Exposición Panamericana de Arquitectura y en 1931 el concurso para el edificio del gremio “La Fraternidad”. En 1935 pasó a laborar como Director Escenógrafo de la Compañía Argentina de Alta Comedia del Teatro Moderno. Entre 1938 y 1941 presidió la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y en 1941 obtuvo el Premio Municipal con el edifico de departamentos ubicado en Scalabrini Ortiz (ex Canning) 2910[3].

Posteriormente se dedicó a la función pública, teniendo un rol superlativo durante los primeros gobiernos peronistas, siendo Intendente de la Ciudad de Buenos Aires entre enero de 1952 y octubre de 1954, después de lo cual se dedicó a la actividad privada[4]. Es probable que esta obra corresponda a dicho periodo posterior.

Emilio Rubillo nació en Italia pero llegó muy joven a la Argentina. Obtuvo su título de técnico constructor en la Escuela Industrial Otto Krause y luego el de Arquitecto en la UBA en 1924[5]. Aunque no se conoce mucho de él, se destacan dos de sus obras: el Pabellón Maternidad del Hospital Iturraspe en Santa Fe (1937 – 1940) y el Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández (más conocido como Hospital Fernández) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1939-1949), esta obra junto a los arquitectos Francisco Achával Rodríguez y Luis E. Bianchetti[6].

No encontramos evidencias documentales que hayan trabajado juntos, pero fueron contemporáneos y no conocemos otros arquitectos con esos apellidos que hayan podido colaborar para ese diseño.

EL ESCUDO

En vista que no pude avanzar más por ese derrotero, consulté a un grupo de personas interesadas en la Heráldica; les compartí la imagen del escudo que se encuentra en la parte superior de la fachada, de forma circular, con un yelmo en el centro sobre una flor de ocho pétalos.

La respuesta fue unánime: no es un escudo de armas; simplemente se trata de un adorno. Sin embargo, también agregaron que el uso del yelmo corresponde a las familias Casco[7], Cascos y Lamich[8], entre otras. No sabemos a ciencia cierta si el escudo ornamental guarda o guardaba alguna relación con la familia que ordenó su construcción.

LA FACHADA

Finalmente, consulté a un arquitecto catalán sobre la fachada; basado en las fotografías que le envié, formuló una serie de hipótesis muy interesantes que deseo compartir:

“Sobre la casa que me envías, no tiene un estilo definido, por los elementos diría que es de origen mediterráneo oriental; sirio, libanés, egipcio, turco o quizás tunecino. La parte superior es un frontón triangular achatado o sobrebajado… esas figuras superiores son minaretes, del arte musulmán -en referencia a las torrecillas a los extremos del frontón-, pero la cruz que corona dice que son coptos, o sea de religión cristiana en territorio musulmán.

Las ventanas góticas venecianas se popularizaron por todo el Mediterráneo, incluidas zonas árabes; el balcón no es ni colonial, ni español, ya que no tiene barandillas; sólo es de decoración. La puerta principal es de medio punto con un aire morisco, igual que los frisos que remarcan los contornos de las puertas y ventanas; el escudo es morisco con un casco militar de un cruzado, y las figuras parecen ser un dragón, que protege la casa, algo muy habitual en los pueblos mediterráneos.

Por todo eso yo creo que podría ser una casa de un pequeño comerciante libanés, parte de una comunidad muy numerosa que llegó a la Argentina, sobre todo a la zona del Río de la Plata, a principio del siglo XX; la casa la dataría en la década de los 30 o 40 del siglo pasado, y el apellido Sabaté es de origen catalán”.

EL MISTERIO

Como se puede observar, son todas conjeturas. Salvo las imágenes, no tenemos aún ningún soporte documental para conocer ni el origen ni la historia de la casa (cuyo color amarillo, además, no parece ser original). Por eso, esta es una nota abierta, un texto que busca ser reescrito a partir de información provista por sus lectores. Su único mérito hasta ahora -me parece- es presentar una casa única en su especie en su barrio y, quizás, en todo Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela; Saiegh, Diana; Santaló, Alicia, “Buenos Aires Monserrat 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.38

[2] Schmidt, Claudia (textos) y Pedroza, Gustavo (fotografías), “San Telmo y Monserrat – Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Secretaria de Cultura, 2003

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, 2004, Tomo s/z, p.9

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo s/z, p.10

[5] Parera, Cecilia, “Arquitectura Pública: entre la Burocracia y la Disciplina – Intervenciones de Nación y Provincia en territorio santafecino durante la década del 30”, Doctorado en Arquitectura, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de La Plata, Octubre 2012, p.263

[6] https://www.modernabuenosaires.org/obras/20s-a-70s/hospital-general-de-agudos-dr-juan-a-fernandez

[7] https://www.heraldrysinstitute.com/lang/es/ricerca/?search=Casco

[8] https://www.armoria.info/libro_de_armoria/LAMICH.html


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BAGNOREGIO, LA CIUDAD QUE MUERE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PUEBLOS PINTORESCOS DE EUROPA

En el centro de Italia y a solo 110 km de Roma, se encuentra Bagnoregio, la ciudad que muere. Ubicada sobre un monte, fue en la antigüedad un asentamiento etrusco[1] establecido probablemente en el siglo V a.C., que pasó a manos de los romanos poco tiempo antes de la conformación del imperio.

Su superficie en aquel entonces era mucho más extensa pero debido a la débil estructura geológica de la zona, constituida por un tipo de piedra muy friable llamada toba, a sucesivos terremotos[2] y a la erosión continua, ya en la Edad Media había quedado reducida a sus actuales dimensiones.

El valle de Calanchi, en el cual Bagnoregio se eleva sobre lo que parecen acantilados, es único en el mundo por su combinación de piedra toba, arcilla y arena que le brindan su singular fisonomía con curiosos manchones blancuzcos.

Para llegar a este pequeño poblado el único acceso es un estrecho puente peatonal ascendente de 300 metros, aunque también circulan por allí mototaxis. La ciudad parece asentada sobre un trono de rocas que se levantan en el centro del valle, adquiriendo un aspecto digno de un cuento.

Bagnoregio es muy pequeño; se recorre en una hora debido a su pequeña superficie de forma oblonga; vista desde arriba se asemeja lejanamente a una lagartija.

La vista a la llegada es conmovedora, ingresando a una silenciosa atmósfera fuera del tiempo.

Para ingresar uno debe cruzar el arco gótico de la Porta de Santa María o Porta Cava.

Luce a sus lados sendos leones sosteniendo con sus garras una cabeza humana; simbolizan la victoria del pueblo sobre los tiranos de la poderosa familia Monaldeschi de la vecina ciudad de Orvieto en 1457. Además, se cree que había otra entrada que conducía a unas termas que fueron utilizadas por el rey Desiderio durante el breve tiempo de la ocupación lombarda (año 756 al 774 d.C.); recibiendo por esa razón el nombre Bagnoregio que significa baño del rey.

Avanzando por la calle que nace de la puerta llegamos a la plaza central, de polvo gris y carente de árboles, que está rodeada de antiguos edificios de ladrillo. Allí podemos admirar la Iglesia de San Donato. Construida en estilo románico, fue restaurada en el siglo XVI; cuenta con un interesante órgano de tubos.

Al lado izquierdo de la iglesia se levanta una torre que es la construcción más alta de Bagnoregio.

Los edificios más distinguidos fueron erigidos durante el Renacimiento o en fecha posterior; corresponden a las familias más importantes de la ciudad.

Alternan con casas bajas, arcos, escaleras, balcones y pequeños jardines poblados de flores distribuidos a los lados de angostas callejuelas empedradas que suben y bajan que nos transportan a un burgo medieval.

En Bagnoregio se han filmado algunas películas y se celebra anualmente un festival de cine. Incluso allí tiene casa el director de cine Giuseppe Tornatore, ganador del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1989 por “Cinema Paradiso”.

En su pequeña superficie la ciudadela alberga varios hotelitos, restaurantes, museos y tiendas de artesanía, incluyendo una en la plaza principal que ofrece jabones y perfumes locales, como el Aqua de Civita. El asno es uno de los símbolos de la ciudad, pues allí se celebraba antiguamente una carrera de burros.

Una pequeña gruta recuerda a san Bonaventura, nativo de la ciudad, de quien se dice que de niño fue sanado por san Francisco de Asís durante una visita que hizo a Bagnoregio.  Posteriormente se convirtió en fraile y fue biógrafo del santo.

Se la conoce como “la ciudad que muere” porque año a año pierde terreno y altura debido a la fragilidad del material donde se asienta.

Aunque se va yendo de a poco, un día puede desaparecer para siempre.

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BONUS: VIDEOS


AGRADECIMIENTO

Agradezco en forma especial a mi querido concuñado Gianni Palleschi quien en este viaje me hizo conocer Bagnoregio y también Perugia y Assisi. ¡Gracias, Gianni, por tu amistad!


REFERENCIAS

[1] Los etruscos habitaban una serie de ciudades en la zona centro occidental de la actual Italia.

[2] Civita de Bagnoregio, sitio web oficial, https://www.civitadibagnoregio.cloud/la-storia-di-civita-di-bagnoregio/


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NOTRE-DAME TRES DÍAS ANTES DEL INCENDIO (por Pablo R. Bedrossian)

El viernes 12 de abril visitamos con mi esposa la Catedral de Notre-Dame. Tres días después, el lunes 15, mientras caminábamos por la avenida de Champs-Élysées divisamos una enorme nube de humo que venía del sudeste de la ciudad. En ese momento no imaginamos que la histórica iglesia estaba siendo consumida por el fuego.

La catedral de Notre-Dame comenzó a construirse en 1163, cuando el papa Alejandro III colocó su piedra fundamental. Ubicada en el corazón de l’île de la Cité, la isla más importante de París sobre el río Sena, tiene una notable arquitectura gótica. Se la reconoce fácilmente por sus torres simétricas de 69 metros de altura, erigidas a mediados del siglo XIII. El edificio fue terminado hacia 1330, con unos 130 metros de largo con altas paredes sostenidas por arbotantes a fin de reflejar la pequeñez del hombre frente a la majestuosidad divina.

Durante la visita aproveché para subir a las torres. Era mi tercera vez en Notre-Dame y la segunda en sus terrazas que, además de, ofrecer fantásticas panorámicas de la ciudad, permite observar de cerca las famosas gárgolas o más correctamente quimeras (del francés chimères), pues no son las típicas figuras utilizadas para disfrazar desagües. Se trata de verdaderas esculturas de aspecto monstruoso cuyo propósito primigenio era mantener alejados a los malos espíritus[1].

Subí más de 400 peldaños de una estrecha escalera en espiral. Desde lo alto se veía perfectamente una amplia zona en restauración, cubierta de estructuras metálicas, incluyendo la famosa aguja, una torrecilla en forma de flecha de 90 metros de altura, erigida por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX que colapsó durante el incendio.

Al llegar al nivel donde se encuentran las campanas, el guía, un tico llamado Juan Carlos, nos dijo:

“Aquí no hay conexiones eléctricas pues hay materiales altamente combustibles”.

“Pero mire allí -le dijo un turista señalando un tomacorrientes –; hay un enchufe colocado allí”.

Sin que ninguno de los dos se lo haya propuesto, había algo premonitorio en esa conversación.

Tras bajar, admiramos las imágenes labradas en la fachada e ingresamos al interior de la iglesia.

Los techos elevados, las anchas columnas interiores y la delicada luminosidad que se filtra por los vitrales crean una atmósfera de hondo recogimiento. Fiel al estilo medieval, cuenta con tres naves: la central está ocupada por los bancos para la feligresía, el altar y, detrás, el coro de madera, mientras que en las laterales, que se unen al fondo permitiendo rodear toda la iglesia, se abren numerosas capillas.

Hubo dos capillas que atrajeron mi atención. La primera es la dedicada al mártir chino del siglo XIX san Paul Chen. Toda una curiosidad ver en una catedral gótica imágenes con ideogramas.

La otra, la Capilla del Sagrado Sacramento, por sus extraordinarios vitrales.

No sabemos cuán grande ha sido la magnitud de los daños. Pero, más allá de las religiones y las teologías -quien escribe esta nota no es católico-, Notre-Dame es un símbolo de la cristiandad de Occidente, además de un ícono de la nación francesa y parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Por eso presentamos algunos testimonios de lo que quizás se haya perdido para siempre.

LOS BAJORRELIEVES ALREDEDOR DEL CORO

El coro ubicado detrás del altar cuenta con una hermosa sillería. Sin embargo, en su pared exterior, llamada jubé, que mira al amplio pasillo que conforma junto a las capillas, se encuentran unos bajorrelieves de madera tallada que cuentan la historia de Jesús.

Fueron realizados a mitad del siglo XIV y están pintados a mano[2]. Definitivamente son mis favoritos.

LOS VITRALES

Según pudimos constatar al día siguiente, desde el lugar donde la policía nos permitió llegar (estaba acordonada toda la zona), en el incendio se dañaron algunos vitrales e incluso se perdió al menos un rosetón lateral.

Afortunadamente han sobrevivido los tres principales de 13 metros de diámetro. La extraordinaria vidriería es del siglo XIII pero fueron renovada en numerosas ocasiones[3].

LAS QUIMERAS O “GÁRGOLAS”

Como hemos dicho estas figuras que -aunque se atribuyen a
Eugène Viollet-le-Duc, el mismo autor de la aguja que cayó-, parecen surgidas de la imaginería medieval.

Se encuentran en las terrazas exteriores, muy cerca del lugar donde aparentemente se inició el incendio y parecen surgidas de alguna extraña mitología.

Notre-Dame ha sufrido un devastador incendio, pero esperamos que pueda recuperar la belleza perdida, no solo por lo que es sino por lo que representa no solo para el pueblo francés sino para el mundo entero, símbolo de arte, historia y fe.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS 1

Fotos del 16 de abril, día después del incendio. Como se observa el fuego se extendió en la zona donde se estaba trabajando.


BONUS 2

Fotos del 4 de mayo mostrando las obras en la Iglesia de Notre-Dame.


REFERENCIAS

[1] Según hemos leído las quimeras de Notre Dame no provienen del medioevo, sino que fueron agregadas por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX.

[2] Si desea más Información, puede leerse un interesante artículo con amplia documentación histórica y fotográfica en https://aquicoral.blogspot.com/2017/03/notre-dame-de-paris-escultura-talla.html

[3] Del Ser, Guimar y Romero, Alejandro, Diario El País, Madrid, España, edición del 18/04/2019. Escriben“aunque los tres rosetones principales, de 13 metros de diámetro, no han sido destruidos, el fuego sí ha afectado a los de menor tamaño situados en el nivel de la cubierta calcinada”. La nota completa puede leerse en:
https://elpais.com/cultura/2019/04/16/actualidad/1555432161_255893.html


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SALGAMOS DE NUESTROS PROPIOS GHETTOS (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente usted escuchó hablar de los ghettos (en castellano, guetos). El origen del nombre es conocido. Aunque vivían familias hebreas en Venecia desde hacía varios siglos, la llegada de un alto número de inmigrantes judíos debido a la expulsión padecida en España, movió a las autoridades a establecer en 1516 un barrio donde alojarlos o, más bien recluirlos, que denominaron ghetto. A partir de allí los ghettos en Europa se multiplicaron.

Su propósito era aislar una población para controlarla. Estaban cercados por muros y tenían muy pocas entradas, que de noche debían permanecer cerradas. Además se sancionaban leyes que impedían a los judíos adquirir propiedades fuera del ghetto. Este confinamiento complicaba el desarrollo comunitario, pues el natural crecimiento demográfico terminaba con los pocos espacios disponibles.

EL GHETTO DE PRAGA

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Reloj en el barrio judío de Praga. Las manecillas giran en sentido inverso, imitando la lectura de la escritura hebrea, de derecha a izquierda.

Tuve oportunidad de visitar el barrio judío de Praga, llamado Josefov. Josefov deriva de Josefstadt (del alemán Ciudad de José), nombre que se le dio al lugar en 1850 en honor al emperador José II, quien en 1781 emancipó a los judíos. Sin embargo Josefov tiene una triste y larga historia, iniciada cuando en 1096, durante la Primera Cruzada, se obligó a los judíos a concentrarse en un barrio amurallado. En los tiempos modernos, a fines de la primera mitad del siglo XX, los nazis quisieron hacer de la zona un curioso museo de una “raza extinta”, por lo que paradójicamente salvaron de la destrucción varias bellas sinagogas.

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Sinagoga en el Josefov, el barrio judío de Praga, República Checa

De los muchos testimonios conmovedores que se encuentran allí, hay uno que nos habla a pesar de su silencio: el antiguo cementerio judío de Praga.

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Lápidas del famoso cementerio judío de Praga

El cementerio fue utilizado desde principios del siglo XV hasta 1787. Aunque hoy conserva unas 12,000 lápidas, se estima que en ellas descansan los restos de más de 100,000 israelitas. Durante más de 300 años fue el único lugar de Praga donde se le permitió a la comunidad hebrea enterrar a sus muertos, por lo que debajo de cada tumba visible hay muchas otras de personas anónimas que vivieron, amaron y sufrieron.

He visitado otros ghettos, como el mencionado de Venecia, Italia, hoy reducido a sitio turístico. Me impresionó el de Cracovia, en Polonia, donde vivieron hacinadas 15,000 personas.

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Plaza de los Héroes, Cracovia, Polonia. Monumento a las víctimas del genocidio. Debajo de cada silla hay una vela encendida.

Muy cerca de él tenía su fábrica el empresario Oscar Schindler, cuya intervención en favor de sus empleados israelitas fue testimoniada en el film “La lista de Schindler”. El ghetto de Cracovia estaba cercado por muros, y todas las puertas y ventanas que daban al exterior estaban tapiadas. Sólo había cuatro entradas, todas estrictamente vigiladas.

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Resto que ha perdurado del muro que rodeaba el ghetto de Cracovia

El hambre y las enfermedades producidas por el encierro se llevaron miles de vidas; el genocidio no se realizaba solamente en la vecina Auschwitz.

NUESTROS PROPIOS GHETTOS

Cuando uno observa lo que fueron los ghettos e imagina la vida desgraciada a la que otros seres humanos fueron sometidos simplemente por su origen, no puede evitar sentir dolor e impotencia. Pero también nos mueve a mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos si no construimos nuestros propios ghettos para quedar encerrados dentro de ellos.

Lo veo todos los días. Muchos en lugar de dialogar, nos encerramos dentro de nuestras propias ideas. Sin darnos cuenta, pretendemos imponer a los demás nuestras propias reglas, creyendo que el mundo es de un único modo, aquel en que nosotros lo vemos. A diferencia del forzado sufrimiento del pueblo hebreo, construimos libremente una suerte de prisión social e intelectual para vivir cercados por sus muros.

ABRE TUS VENTANAS

Philip Yancey cuenta una historia que simboliza cabalmente los ghettos a los que involuntariamente pertenecemos. Cita una experiencia que el pastor Eugene Peterson mencionó de su niñez. Peterson asistía a una iglesia asistía en donde se congregaba también una excéntrica anciana conocida como la hermana Lychen. Con frecuencia la mujer se ponía de pie durante de los cultos y decía que Dios le había revelado que no moriría hasta que Jesús regresara a la Tierra. Parecía una mujer dramática pero espiritual. Un día, la madre le pidió a Eugene que le llevara unas galletas a la hermana Lychen. La mujer invitó al niño a pasar a su casa a tomar un vaso de leche. Al entrar notó que todas las persianas estaban cerradas, y que la anciana vivía en una penumbra casi total. Tuvo ganas de abrir las ventanas y decirle “¡Mire afuera! ¡Vea, hay un álamo, y un águila pescadora en el tope de la rama! ¡Hay un venado de cola blanca! ¡Hermana Lychen, hay todo un mundo allá afuera!”.

Muchos sin darnos cuenta vivimos como la hermana Lychen. Esa oscuridad nos lleva a confrontar con el otro simplemente porque sentimos que si una de nuestras creencias se cae, nos desmoronaremos por completo. Hay quienes deciden en lugar de buscar la verdad, negar las evidencias y refugiarse en su propio yo.

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Close up de “Alta intensidad”  de Érro, (seudónimo del pintor islandés  Guðmundur Guðmundsson), Szépművészeti Múzeum, Budapest, Hungría

Nuestros ghettos nos impiden una visión amplia de la realidad y nos conducen a mirarnos a nosotros mismos. Nos limitan, y a veces nos oprimen, quedando encerrados en una cárcel cuyas puertas se encuentran sin llave. Si nuestra mente no tiene las ventanas abiertas, ¿cómo ver  y entender lo que hay fuera de nosotros? Si no nos exponemos a otras realidades, ¿cómo podremos crecer y aprender?  Nosotros no tenemos nazis que nos impidan salir del territorio donde estamos recluidos. Hagámonos el desafío de mirar más allá de lo que hoy pensamos y creemos para encontrarnos con nosotros, conocer la verdad y ser verdaderamente libres.

 

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


NOTA:

Este artículo fue escrito a mediados de 2015 para el número 1 de HORA ZERO MAGAZINE, revista impresa dirigida por Santiago Fernández, de Buenos Aires, Argentina.


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UN DÍA EN SAN GIMIGNANO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PUEBLOS PINTORESCOS DE EUROPA

San Gimignano 01

San Gimignano es una pequeña comarca medieval, cercana a Siena y a Florencia, en la bella Toscana italiana. Ubicado en lo alto de una colina, este antiguo poblado amurallado es famoso por sus antiquísimas torres empinadas.

San Gimignano 02

El Centro Histórico de San Gimignano fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1990. Se recorre bien en medio día.

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Allí encontrará pequeños restaurantes que harán delicias a su paladar. Les recomendamos las típicas bruschettas, rebanadas de pan tostado, rebozadas con ajo, aceite de oliva, sal y pimentón. A partir de allí la decisión es suya; puede añadirles lo que desee: tomate, queso, vegetales, anchoas, huevos.

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Su época de oro se desarrolló desde fines del siglo XII hasta mediados de siglo XIV. De las 72 torres erigidas en aquella época conserva 13, cuya alargada forma hexaédrica permite reconocer la silueta de la ciudad aún a la distancia.

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Algunas de las torres se pueden visitar, sirviendo de espléndidos balcones, para admirar el pueblo con sus viejas edificaciones en distintas tonalidades de ocre, sus paredes de piedra y sus techos de tejas, y también la verde campiña que lo rodea.

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Si va a Florencia o a Siena, no deje de visitar San Gimignano. Será un maravilloso recuerdo que perdurará en usted toda la vida.

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EL GRAN REFORMADOR CHECO JAN HUS – Parte 2 LOS HUSITAS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

Jan Hus había sido para mí un nombre más en la lista de reformadores fallidos: hombres que lucharon por ideas legítimas cuya voz fue suprimida por los poderosos de su tiempo, un héroe anónimo, cuyo fuego sólo se recuerda por sus cenizas. Pero al llegar a Praga me di cuenta que su legado sigue vivo de una doble manera: uno religioso y otro espiritual.

Monumento a Jan Hus y detrás la Iglesia de San Nicolás, devuelta a los husitas
Monumento a Jan Hus y detrás la Iglesia de San Nicolás, devuelta a los husitas

La actual República Checa es la nación con menos creyentes de Europa. Según los datos que allí me bridaron un 60% de la población es agnóstica, un 20% católico, 10% husita y 10% del resto de religiones. Al profundizar, observé que bajo el nombre de husitas incluyen a evangélicos y a otras confesiones reformadas. Sin embargo, en la actualidad hay husitas, y la Iglesia de San Nicolás, en una esquina de la Plaza, les pertenece. ¿Qué ha ocurrido desde la muerte de Jan Hus?

EN DIRECCIONES OPUESTAS

Los seguidores de Hus en Bohemia continuaron su obra, denominándose “husitas”, divididos en dos alas: una moderada (los “utraquistas”) y otra radical (los “taboritas”). En un primer momento, todos los husitas se pusieron bajo las órdenes del general Jan Zizka, y pelearon contra las tropas del emperador Segismundo. Se cuenta que Zizka, gravemente enfermo por la peste, pidió a sus soldados que a su muerte lo despellejaran “para acompañarlos a la batalla, con mi piel estirada en los tambores”.

Tras la muerte de Jan Zizka, las divisiones se hicieron insalvables pues los husitas radicales se convirtieron en una suerte de guerrilla que fue finalmente derrotada. Cuenta el historiador cubano-norteamericano Justo L. González que pese a ello “las doctrinas de Hus no desaparecieron. A mediados del siglo XV sus seguidores se unieron a algunos valdenses y formaron la Unión de los Hermanos Bohemios, que posteriormente adoptó las ideas de la Reforma Protestante”[1]. Lo que González llama “Hermanos Bohemios” nosotros lo conocemos como “Hermanos Moravos”, cuyas iglesias incluso existen fuera de Europa, principalmente en Estados Unidos. Entre sus predecesores se encuentra el educador Juan Amós Comenio, quien condujo a sus fieles al exilio debido a las grandes persecuciones padecidas. Pero el espíritu renovador se debe sobre todo al conde Graf von Zinzendorf, un cristiano pietista. Bajo su liderazgo se fundó la comunidad de Herrnhut y un despertar espiritual sacudió la iglesia allí en 1727, generando no sólo una fuerte acción social a favor de los necesitados, sino también una poderosa visión misionera, alcanzando países de África y América.

Los Hermanos Moravos llegaron hasta la costa norte de Honduras y Nicaragua, evangelizando la Mosquitia. Dice el premiado escritor hondureño Julio Escoto “como es sabido, Centroamérica fue hasta el siglo XVII predominantemente católica, pero a partir de ese período, cuando los agentes ingleses comienzan a intervenir en la vida regional, el credo moravo se impone en una amplia franja del istmo, la de los pueblos de La Mosquitia, y empieza a cambiar notablemente el peso de la concepción romana de la relación entre el hombre y la deidad”[2]. Hoy los miskitos en una alta proporción pertenecen a la Iglesia Morava.

LA IGLESIA HUSITA CHECOSLOVACA

Pero la historia también tiene otra vertiente dentro de la patria de Jan Hus. La Primera República Checoslovaca surgió tras la caída Imperio Austro-Húngaro en 1918, al final de la 1ª Guerra Mundial. Bohemia y Moravia fueron integradas con Eslovaquia bajo un mismo estado. Como la Iglesia Católica había sido utilizada por el emperador para frenar el llamado resurgimiento checo, sacerdotes católicos renovadores aprovecharon la coyuntura para separarse y crear la Iglesia Husita Checoslovaca en 1920, introduciendo, entre otros cambios, la abolición del celibato obligatorio y el uso de la lengua checa en los servicios religiosos, democratizando el ministerio eclesiástico a través de la participación directa de los laicos. La Iglesia Husita, que reconoce a Jan Hus como su predecesor e inspirador, participó valientemente de la resistencia a la ocupación nazi, pero durante el comunismo sufrió una gran fractura que la dañó severamente. Del 10% de la población que se identificaba con ella en 1950, hoy conserva menos del 2%.

EL LEGADO MÁS IMPORTANTE

Pero el legado de Jan Hus no es sólo religioso sino espiritual. El coraje demostrado al aceptar la muerte antes que renunciar a sus convicciones lo convirtió en un símbolo patrio. Más que un mártir, es visto como un héroe que amó su nación. Su integridad y su valentía están presentes en el recuerdo de cada checo. La fe en Jesucristo fue su inspiración, y no es improbable que su ejemplo vuelva a mover el corazón de su pueblo en dirección a Aquel por quien dio la vida.

LOS GRUPOS MILENARISTAS

Paul Johnson hace una observación interesante al respecto que ilumina mejor el comportamiento de grupos como los husitas radicales “La creencia de que el milenio era inminente era la señal para el ataque a los ricos: había que derribarlos en un apocalipsis terrenal antes de arrojarlos a las llamas eternas del otro mundo…Los igualitarios formaron el  ala radical de los husitas después de 1419; tenían fondos comunes y comunidades del tipo kibutz… Por supuesto,decía la argumentación, la sociedad cristiana ortodoxa en todos los aspectos ha traicionado sus orígenes y aceptado las normas del mundo; por consiguiente, era la sociedad, no de Cristo, sino del Anticristo, y su derrocamiento sería el preludio de la parousía…  Esta tendencia de los milenaristas anárquicos a dominar y por lo tanto arruinar los movimientos reformistas fue una de las razones por las que la Iglesia (Catolica) había permanecido tanto tiempo sin ser reformada. Lutero estaba decidido a evitar este destino”.[3]

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] González, Justo L, “Historia del Pensamiento Cristiano”, Ed.Caribe, 2002 Tomo II, p.348

[2] Escoto, Julio, “Downtown” paraíso: reflexiones sobre identidad en Centroamérica, “Encuentros”, Centro Cultural del Bid, Enero 2002, No 44

[3] Johnson, Paul, “La Historia del Cristianismo”, Javier Vergara Editor, 1989, p.299 y 321


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EL GRAN REFORMADOR CHECO JAN HUS, Parte 1 (por Pablo R. Bedrossian)

Monumento a Jan Hus 04Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

El corazón de la Ciudad Vieja de Praga es su Plaza, llamada en checo Staromestské námestí. Es un amplio solar empedrado rodeado de edificios medievales, entre los que se destacan la Torre del Ayuntamiento y las agujas góticas de la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn. Desde la Torre del Ayuntamiento se observa en el extremo izquierdo el único monumento que interrumpe la superficie plana de la plaza. Sobre un óvalo de piedra gris oscura se erige el grupo escultórico que tiene el color verde del cobre oxidado; entre todas sus figuras, una se levanta descollante: Es Jan Hus, el gran reformador checo, símbolo de integridad y valentía para su nación. De la Reforma, quizás muchos sólo recuerden los nombres de Lutero y Calvino, pero ante los desvíos de la Iglesia medieval la rebelión teológica tuvo también otros líderes que dieron la vida por lo que creían y predicaban.

Jan Hus nació alrededor de 1370, en Bohemia, hoy República Checa, que formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico. No provenía ni de la nobleza ni de la naciente burguesía, pues su padre era un campesino pobre que murió tempranamente. Sin embargo, pudo estudiar e ingresar a la Universidad de Praga, de la cual llegó a ser rector. En 1398 completó el bachillerato en Teología; dos años después fue ordenado sacerdote, y en 1402 comenzó a predicar en la Capilla de los Santos Inocentes de Belén, en Praga, donde, contraviniendo la tradición latina, predicaba en su lengua natal.

Un nacionalismo bohemio, netamente antigermánico, sirvió de contexto sociopolítico y dio cauce a sus ideas revolucionarias. Influido por las ideas de John Wycliff, el reformador radical inglés que había muerto pocos años antes, pedía someter toda creencia y conducta a la autoridad de la Biblia, las Sagradas Escrituras dadas por Dios a todo el pueblo y no sólo al clero. Juntamente con esta pretensión teológica, denunció la corrupción de Iglesia, su degradación moral y su desmedida ambición económica, cuyo ejemplo más notorio era la venta de indulgencias.

REFORMADOR, NO CISMÁTICO

Vista desde lo alto de la Torre del Ayuntamiento de Praga del monumento a Jan Hus
Vista desde lo alto de la Torre del Ayuntamiento de Praga del monumento a Jan Hus

Como muchos reformadores, Hus no quería cambiar de iglesia, sino que la iglesia cambie. Dice el historiador Justo L. González “Al mismo tiempo que predicaba contra los abusos que existían en la iglesia, Hus seguía sosteniendo las doctrinas generalmente aceptadas, y ni aún sus peores enemigos se atrevían a impugnar su vida o su ortodoxia. A diferencia de Wycliff, era en extremo afable, y grande el apoyo popular con que contaba”[1].  Pero sus críticas eran tan virulentas, que la colisión se hizo inevitable. Sostenía que un Papa indigno no debía ser obedecido, declarando que la autoridad definitiva era la Biblia.

Fue excomulgado dos veces. La primera fue en 1410 para acallarlo. A instancias del arzobispo de Praga, El Papa Alejandro V prohibió predicar fuera de las catedrales, monasterios e iglesias parroquiales; la Capilla de Belén, cuyo púlpito ocupaba Hus, quedaba fuera del ámbito establecido. No se detuvo, por lo que se lo consideró en desobediencia; su negativa a ir a Roma a dar cuenta de sus actos provocó su excomunión. Como si fueran las palabras que el personaje que interpreta Woody Allen pronuncia al final de “El Testaferro”, pareciera oírse a Hus decir “No reconozco la autoridad de este tribunal”.

El rey Wenceslao de Bohemia, para congraciarse con el Papa en la discutida sucesión del trono, prohibió que se siguiera criticando la venta de indulgencias, pero la posición de Hus ya era conocida y contó con la adhesión del pueblo que realizó airadas protestas. Por ello, en Roma lo tomaron por hereje,  y en 1412 fue excomulgado por segunda vez por el Papa Juan XXIII (no confundir con el Papa del mismo nombre que en el siglo XX convocó al Concilio Vaticano II). Hus nuevamente se rehusó a ir a Roma y se refugió en el sur de Bohemia donde continuó su ministerio reformador a través de sus escritos.

EL CONCILIO DE CONSTANZA

La Plaza de la Ciudad Vieja con el monumento de Jan Hus a la izquierda
La Plaza de la Ciudad Vieja con el monumento de Jan Hus a la izquierda

El movimiento conciliar, que había surgido como una reacción a las luchas intestinas por el Papado, era visto como un organismo reformador. Tenía la oportunidad de terminar con la explotación económica, la ostentación y la simonía que dejaban en evidencia la ruina moral en la que se encontraba la Iglesia. Por ello, cuando Hus se enteró que había sido convocado al Concilio de Constanza para exponer su defensa, decidió asistir, obteniendo un salvoconducto que le garantizaba su seguridad personal emitido por el rey Segismundo, que había sucedido a su hermano Wenceslao. No sabía que iba a una emboscada.

El Papa Juan XXIII Primero lo recibió cortésmente, pero días después, cuando Hus no accedió a presentar su alegato ante él, pues sólo reconocía la autoridad  del concilio, lo declaró hereje.  Lo sometió a una suerte de arresto domiciliario, que incluyó la reclusión forzosa en conventos.

Finalmente en 1415 Hus compareció en Constanza. El Papa Juan XXIII había sido arrestado, lo que suponía una ventaja para él. Sin embargo, lo que prometía ser un nuevo día de la Iglesia terminó siendo una caza de brujas. Lo llevaron a la asamblea encadenado. Se le acusó de hereje. Durante el “proceso”, cada vez que le señalaron sus supuestas herejías, Hus demostró ser perfectamente ortodoxo. Se le exigió retractarse y él insistía en que no podía retractarse de una doctrina en la cual nunca había creído. Incluso indicó que Juan XXIII, el Papa que lo había acusado de hereje, había sido condenado por el mismo Concilio que ahora lo juzgaba a él.

El rey Segismundo (en ese entonces, emperador) le retiró el salvoconducto. La tensión llego a su punto máximo cuando Hus declaró que, de no haber querido ir al Concilio, ni el Emperador lo hubiera podido obligar. Los acusadores se sirvieron de esa afirmación para ver en él la terquedad y la soberbia de un hereje. Le exigieron retractarse nuevamente de sus supuestas herejías a lo que respondió: “Apelo a Jesucristo, el único juez todopoderoso y totalmente justo. En sus manos pongo mi causa, puesto que Él ha de juzgar a cada cual, no en base a testigos falsos y concilios errados, sino a la justicia y la verdad”[2].

EL FINAL

Fue encarcelado. Días después fue llevado a la hoguera no sin ser sometido antes a una humillante parodia de su ministerio. En el camino, le mostraron cómo quemaban sus libros. Se le pidió por última vez que se retractara, a lo que volvió a negarse. Antes de morir oro diciendo “Señor Jesús, por ti sufro con paciencia esta muerte cruel. Te ruego que tengas misericordia de mis enemigos”.

Se cuenta que le dijo a su verdugo: “Vas a asar un ganso, pero dentro de un siglo te encontrarás con un cisne que no podrás asar”. Hus en checo significa ganso, y se les adjudicó valor profético a estas palabras cuando apareció en escena Martín Lutero, cuyo escudo de armas familiar tiene un cisne. Al enterarse el pueblo bohemio de su brutal asesinato, Hus se volvió un símbolo patrio, representando coraje e integridad. Murió cantando salmos.

En Praga me comentaron que Juan Pablo II pidió perdón por este infame homicidio perpetrado por la Iglesia Católica en el siglo XV. Sin embargo, las citas que he encontrado no son ni un pedido de perdón ni un signo de arrepentimiento, sino el reconocimiento de una injusticia, que se define como tal no por su naturaleza sino por la brutalidad del castigo: “Hus es una figura memorable por muchas razones, pero sobre todo su valentía moral ante las adversidades y la muerte… Siento el deber de expresar mi profunda pena por la cruel muerte infligida a Jan Hus y por la consiguiente herida, fuente de conflictos y divisiones, que se abrió de ese modo en la mente y en el corazón del pueblo bohemio”. Estas palabras, vertidas en 1999 durante un simposio dedicado en Roma a la memoria de este gran reformador, no dejan de ser un avance, pero creo que hubiera sido mucho más loable y, desde luego, más justo pedir perdón.

ACERCA DEL MONUMENTO A JAN HUS

Jan Hus, mirando hacia la Iglesia Nuestra Señora de Tyn, principal iglesia husita entre 1419 y 1421
Jan Hus, mirando hacia la Iglesia Nuestra Señora de Tyn, principal iglesia husita entre 1419 y 1421

El monumento a Jan Hus en la Plaza de la Ciudad Vieja fue diseñado por Ladislav Saloun. La primera fundamental se colocó en 1903. La magnífica obra se inauguró en 1915 para los 500 años de la muerte del héroe nacional. Las celebraciones fueron prohibidas pues las autoridades del Imperio Austro-Húngaro temían que exacerbaran el sentimiento nacionalista checo.

El monumento muestra a Jan Hus de pie, mirando hacia la Iglesia Nuestra Señora de Tyn, que fuera la principal iglesia husita entre 1419 y 1421. Hay dos grupos de figuras que lo acompañan. Vistos desde la Torre del Ayuntamiento, los guerreros husitas están a la izquierda y, recostados a la derecha, el pueblo husita forzado al exilio en 1620. Las inscripciones fueron agregadas en 1918, tras la creación de la Primera República de Checoslovaca y tienen palabras de Hus. Una de ellas, que se hace eco de textos bíblicos, dice “Ámense los unos a los otros y deseen la verdad para todos”

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] González, Justo L., “Historia del Cristianismo”, Ed.Unilit, 1994 Tomo I, p.512

[2] González, Justo L., Op. cit. p.516


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y a él pertenecen todos los derechos.