¿QUÉ SE ESPERA DE UN LÍDER EN TIEMPO DE CRISIS? (por Pablo R. Bedrossian)

Las crisis repentinas producen un cambio de expectativas en los integrantes de una organización. En medio de las calamidades temen por su seguridad, sus ingresos e incluso su supervivencia.

Esas nuevas expectativas demandan un cambio en el comportamiento de los líderes. Para superar circunstancias críticas debemos adaptar nuestro estilo de liderazgo a las exigencias de la situación.

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COMPORTAMIENTO EN TIEMPOS DE CRISIS

En tiempos de adversidad uno de los objetivos primordiales del líder es sostener una actitud positiva en sus colaboradores que impulse a producir y alcanzar las metas. Para ello debe examinarse a sí mismo y definir qué quiere lograr y cómo lo va a obtener, considerando que si su equipo no lo sigue, fracasará cualquiera sea la decisión que tome.

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Presentamos cinco aspectos que forman parte de las expectativas de los colaboradores cuyo cumplimiento contribuirá a alinearlos con la visión que Ud. les comunique.

1. MANEJO DE SUS EMOCIONES

Si un líder no maneja sus emociones lo dominarán sus problemas. Las crisis repentinas producen pérdidas. Ante ellas, la mayoría reacciona con frustración. Bajo ese escenario, el líder que muestre malhumor, enojo, quejas o, aún peor, culpe a miembros de su equipo por no estar a la altura de la situación obtendrá un efecto bumerang. Comience con el autoliderazgo, manteniendo una actitud positiva en medio de las circunstancias más difíciles.

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2. PREDICAR CON EL EJEMPLO

No pida lo que no esté dispuesto a dar. Alguien dijo: “¡Predica! ¡Predica! ¡Predica! Y solo si hace falta usa palabras”. Se predica con el ejemplo. No demande sacrificios si Ud. no los hace. Como dice un viejo amigo, el líder es el primero en salir al campo de batalla y el último en retirarse; no sea como esos generales que ven las guerras desde las pantallas de sus oficinas.

3. CLARA COMUNICACIÓN DE LA VERDAD

La credibilidad se gana con la verdad; ¿quién puede confiar en un jefe que miente? Por supuesto, hay información confidencial que un líder debe guardar, pero si, por ejemplo, Ud. debe hacer recortes, hágalos de inmediato y enfóquese en generar confianza en aquellos que quedan. Por algo los ha elegido para colaborar con Ud. en un entorno complejo. Póngase en el lugar de la gente: hábleles como quisiera que le hablen.

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4. INTERÉS GENUINO EN LAS PERSONAS

En tiempos de crisis muchos colaboradores andan “como ovejas que no tienen pastor”; el rol del líder es apacentarlos. Quizás Ud. no sepa cómo ayudar a sus situaciones personales o familiares, pero no se trata de brindarles consejos sino de hacerlos sentir acompañados a lo largo del camino. Un líder que está presente en los malos momentos es probable que obtenga el apoyo de su equipo cuando él pase por circunstancias difíciles.

5. MOSTRAR EL CAMINO

Si no hay visión cualquier equipo se derrumba. Debemos extirpar la creencia agorera de que la crisis será fatal. La única batalla perdida es aquella en la que no se pelea. Quizás Ud. no sepa cuándo terminarán de cruzar el océano, pero sí puede señarles dónde se encuentra la otra orilla. Represento este esfuerzo como si fuera una estrella de cinco puntas:

a. Motivación: el estado anímico del líder determinará el del equipo. Aquellos que vieron el Super Bowl 2020 recordarán a Patrick Mahomes, el joven mariscal de los Chiefs de Kansas que condujo a su equipo al triunfo. En la semifinal su equipo perdía 24 a 0 en el primer cuarto, una goleada que parecía irremontable. La televisión captó un momento donde este joven líder motivaba a sus compañeros que sentados en la banca lucían abatidos. Él no sabía cuál iba a ser el resultado, pero nunca dio el partido por perdido. Su equipo le respondió realizando una extraordinaria remontada. Nuestros colaboradores esperan que quien los conduce les inyecte esperanza: la convicción de que es posible superar las circunstancias más adversas.

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b. Tomar decisiones: Las crisis producen confusión. Tanto la pasividad como el desconcierto propician el caos. Nuestros colaboradores, como los marineros cuando se abaten las tormentas, esperan que el capitán se haga cargo. A veces hay que actuar de inmediato. En ese contexto el líder debe tomar decisiones y hacerse responsable por ellas, sabiendo las consecuencias que pueden tener sus errores. Pero recuerde: tomar decisiones muchas veces obliga a pagar un precio tan alto que hay una sola cosa más costosa: no tomarlas.

c. Enfoque en lo posible: No pierda tiempo pidiendo lo imposible. No se le puede pedir a un elefante que trepe a una rama, pero sí que la empuje. En tiempos de crisis uno debe centrarse en lo que puede. Dos de nuestros clientes son maquilas, empresas que fabrican ropa de exportación para terceros (outsourcing). Por la pandemia del coronavirus tuvieron que detener muchas de sus operaciones, pero encontraron un nicho donde mantenerse activas: la producción de mascarillas y batas de uso médico. Piense en términos prácticos: responda la pregunta ¿qué podemos hacer ahora?

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d. Fijación de metas de corto plazo: Hace poco escuché “exceso de pasado, depresión; exceso de presente, estrés y exceso de futuro, ansiedad”. Las metas de corto plazo proveen propósito, ponen a los colaboradores en movimiento y, una vez alcanzadas, producen sensación de logro. Los objetivos pueden tener como finalidad, por ejemplo, generar ingresos, mitigar pérdidas, motivar a los colaboradores, reducir riesgos o virtualizar la comunicación y los servicios. Elija cuáles serán los de mayor impacto. Defina qué pueden lograr como equipo en lo inmediato.

e. Gestión del riesgo: Uno de los errores más frecuentes es la falta de prevención. Es cierto que en una calamidad es un riesgo consumado, pero hay otros peligros que se derivan de esa situación imprevista que deben ser tomados en cuenta y es posible prevenirlos o minimizar sus consecuencias. Los colaboradores esperan una visión amplia de sus líderes y forma parte de nuestras obligaciones definir los escenarios futuros posibles y los planes de contingencia.

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RESUMIENDO

En tiempo de crisis, el líder debe revisar su rol porque las personas a su cargo cambian sus expectativas: no ven en él la persona que los guía a alcanzar las más altas cumbres sino a aquel que en medio de la tormenta sabe disponer las velas para llevarlos a buen puerto.

Recuerde: un líder tiene influencia sobre sus colaboradores porque ha ganado su confianza. No lo siguen por su posición jerárquica sino porque creen en él.   

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

EL LIDERAZGO NO ES CUESTIÓN DE SUERTE (por Pablo R. Bedrossian)

Este es un artículo que fue publicado por el Diario El País de Honduras el 4 de febrero de 2019.

En 2017 una revista de negocios publicó los resultados de una encuesta realizada a directores generales de empresas. Los entrevistados afirmaban que había grandes diferencias entre gerentes y líderes, pero al preguntarles cuáles eran, las respuestas perdían claridad. Quizás la única distinción era que asociaban los líderes a las personas y los gerentes a los resultados.

En realidad, aquella pregunta era falaz, pues la gerencia es una posición y el liderazgo es un rol. Una posición es un lugar establecido dentro de una organización, identificado por sus tareas, responsabilidades y grado de autoridad; tiene un nombre y ocupa un espacio en el organigrama. En cambio, un rol es un patrón de comportamiento manifestado en la interacción con otros, que impacta en el desempeño organizacional. Por lo tanto, todo gerente debería ser un líder. ¿Lo es usted?

El liderazgo está estrechamente ligado a la inteligencia social, que podemos definir como la capacidad de movilizar a otros para el logro de nuestros objetivos. Desde luego, esto es manipulación cuando me sirvo de los demás como instrumentos, y liderazgo cuando sirvo a los demás de modo de guiarlos y apoyarlos para que alcancen las metas. Un gerente puede lograr que le obedezcan por la autoridad que posee, pero un líder hace que los colaboradores lo sigan por propia voluntad. En cierta ocasión le pregunté a una persona porqué servía tan fielmente a su jefe: “porque quiero ser como él” me respondió. Si les preguntaran lo mismo a las personas de su equipo porqué lo acompañan, ¿qué responderían?

LIDERAZGO EXITOSO

Presentamos tres aspectos para un liderazgo exitoso. El primero es entender que para influir en los seguidores es necesario generar confianza. La confianza es un valor que no se regala: se conquista. Hay cuatro elementos que crean confianza: el primero es el ejemplo. Alguien dijo “predica, y solo si hace falta usa palabras”; el segundo es saber comunicar. Comunicar no es solo saber hablar sino saber escuchar. En tercer lugar, el líder tiene conocimiento. ¿Cuándo fue la última vez que tomó un curso o leyó un artículo para elevar su formación profesional? No hay peor enemigo del aprendizaje que creer que uno ya lo sabe. Finalmente, el líder da dirección. Se cuenta que se inauguraba un parque temático de Disney. Al evento estaba invitada la viuda del mítico fundador de la compañía, Walt Disney. Un alto gerente le dijo a la mujer: “Qué pena que Walt no pudo ver esto”. “Al contrario -le dijo ella-, él lo vio antes que todos nosotros”.

El segundo aspecto es conocer y manejar el tipo de liderazgo. No hay una única manera de guiar y conducir. Cada uno tiene su estilo y, además, debe adecuarlo a la situación, pues no podemos actuar antes diferentes circunstancias de una única manera. De hecho, un líder a veces debe proceder como un jefe tradicional, pero sería absurdo que lo hiciera en forma habitual. ¿Cuál es su modo de liderar?

Finalmente, todo gerente tiene el compromiso de cumplir las metas. Es algo no negociable. Para ello cuenta tres factores clave: las personas a su cargo, los recursos que administra y las actividades que ejecuta. Sin embargo, cuando un gerente es un verdadero líder, hay un cuarto elemento que lo distingue: la capacidad de tomar decisiones sobres esas personas, recursos y actividades a fin de lograr los resultados. El líder se reconoce porque se atreve a tomar decisiones y asume su responsabilidad por ellas. ¿Lo hace usted?

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


UN COMENTARIO A “EL LEGADO DE LA REFORMA”, DE CÉSAR VIDAL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “LECTURA RECOMENDADA”

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Vivimos tiempos contradictorios, donde muchos supuestos beneficiarios de la Reforma están erigiendo una nueva Contrarreforma. Basta ver el regreso a las jerarquías eclesiásticas, que Lutero tanto combatió al predicar el sacerdocio universal de todos los creyentes, y la consiguiente predilección por títulos pomposos como los apostolados (cargo o función que ni siquiera los primeros seguidores de los apóstoles osaron tomar para sí), a lo que se añade la pretensión de autoridad y poder sobre otros hermanos. Incluso se utiliza la expresión “estar bajo cobertura” como si fuera bíblica, cuando no existe en el Nuevo Testamento. No se sorprenda: hay quienes predican la sujeción a un líder como signo de humildad y obediencia a Dios, cuando no es otra cosa que un intento de justificar el control y la manipulación.

Esta Contrarreforma, a la cual, desde luego, muchos cristianos e iglesias se oponen, también pregona una falsa promesa de prosperidad a cambio de diezmos y ofrendas, e incluso promueve “pactos” económicos vergonzosos. Dentro de este lamentable escenario se ha añadido una suerte de mediación entre Dios y los hombres, donde se “pasa” la “unción” y hasta con “doble porción”, sustituyendo la relación directa entre el hombre con Dios por alguien “ungido” para impartir esos “dones”.

Finalmente, y quizás la prueba más dramática de esta Contrarreforma en marcha, es la sustitución de la Biblia no ya por dogmas -aunque también los hay- sino por experiencias, que llevan a mover a las personas por emociones y no por la Palabra revelada en las Sagradas Escrituras.

Por eso, en tiempos donde los tataranietos de la Reforma se cruzan a la vereda de enfrente, a veces por ignorancia pero otras veces movidos por el poder y el dinero -males contra los cuales Lutero luchó-, “El Legado de la Reforma” del periodista e historiador César Vidal, es mucho más que una bocanada de aire fresco: Es la recuperación de una perspectiva que, al menos en los países latinos, parece olvidada o perdida.

EL LIBRO

Publicado por los 500 años de aquel día donde Lutero clavó sus 95 Tesis en Iglesia del Palacio de Wittenberg, “El Legado de la Reforma” es un estudio del mensaje que puso bajo tela de juicio la religiosidad dominante de su tiempo. Comienza con el análisis de sus causas, presenta los hechos y se concentra en sus consecuencias.

La obra consta de cuatro partes y un apéndice. La primera, titulada “La necesidad de la Reforma”, es un breve recorrido por la historia de la Iglesia Católica Romana donde pone al desnudo sus crisis, divisiones y urgencias hasta la época de Lutero.

La segunda parte, “Los orígenes de la Reforma” es una mirada al viaje espiritual del monje alemán devenido a teólogo. César Vidal reconstruye su biografía llegando hasta inmediatamente después de la famosa Dieta de Worms. En sección no solo incluye la famosa disputa sobre las indulgencias, sino que dedica varias páginas al descubrimiento bíblico que Lutero hizo de la justificación por la fe, de donde se derivan muchos de sus postulados. Allí, en algunos momentos, no se sabe si habla el apóstol Pablo, el reformador alemán o el escritor.

Al final de esta segunda parte, hay una somera descripción de otros movimientos reformadores surgidos en la misma época.

La tercera parte, “El legado espiritual de la Reforma” enfatiza la centralidad de la Biblia en el pensamiento de Lutero. Se ocupa de los principios sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo sobre los cuales el teólogo alemán fundamentó su reclamo de devolver la Biblia, el evangelio y a Cristo al pueblo, con un fuerte acento en la libertad que goza el cristiano cuya medida no es la religiosidad sino las verdades presentadas en el Nuevo Testamento.

La cuarta parte es “El legado cultural de la Reforma”. Esta extraordinaria sección es una exposición de las contribuciones que la Reforma hizo en campos como el trabajo, las finanzas, la educación, la ciencia, la Ley, la ética, la división de poderes, la libertad de conciencia, la ayuda social, la dignidad de la mujer y el arte. Dentro de esta sección, resulta aleccionador ver que las posiciones antijudías que Lutero mantuvo en la última parte de su vida fueron rechazadas y condenadas por sus seguidores, confirmando que en la nueva concepción de iglesia, ni teólogo alemán ni ningún otro sería un Papa evangélico ni tendría poder supremo. Se terminaba el autoritarismo para abrirse a una libertad que facilitara el diálogo y el debate para encontrar la verdad.

Finalmente, la obra incluye un apéndice con varios textos breves de Lutero y otros documentos de valor histórico.

EPÍLOGO

El “Legado de la Reforma” no es solamente un libro sobre el pasado, sino sobre el presente. En un tiempo donde la fe cristiana no católica se ve amenazada por una Contrarreforma interna que, como la establecida en el Concilio de Trento, se aleja de las Escrituras y construye un sistema de poder vertical al cual el creyente debe someterse, esta obra nos recuerda que el cambio comienza por principios no negociables: sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

ERNESTO CASACCIA: DESDE EL MONTE CHAQUEÑO AL DESIERTO DE MONGOLIA (por Pablo R. Bedrossian)

Entrevistamos a Ernesto Casaccia, misionero evangélico oriundo de la provincia de Chaco, que sirvió durante 20 años en Mongolia. Junto a su esposa y sus tres hijos entregó lo mejor de sí al pueblo mongol, a pesar de los riesgos que tuvo que asumir y las dificultades que tuvo que enfrentar. Regresó a la Argentina a luchar contra una dura enfermedad. Nuestro propósito es compartir las experiencias de una persona comprometida con Dios, que estuvo dispuesta en todo momento a ser fiel a su llamado.

MONGOLIA Y UN POCO DE SU HISTORIA

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Mongolia se encuentra en el centro de Asia. Limita al norte con Rusia y al sur con China. Habitada por tribus nómades, a principios del siglo XIII se constituyó como estado bajo el liderazgo de Gengis Kahn. Este extraordinario estratega militar conquistó una gran parte del mundo conocido de la época. Su nieto Kublai Kahn se adueñó de China e inició la dinastía Yuan (1279-1368). La lenta declinación del imperio mongol desembocó tres siglos después en su sometimiento a China. Aunque sus autoridades dispusieron de cierta independencia, la relación con el gobierno chino siempre fue complicada. Finalmente, un acuerdo entre Rusia y China determinó los límites entre China y Mongolia mantenidos hasta hoy.

A principios del siglo XX Mongolia sufrió vertiginosos cambios políticos: recuperó su independencia, luego fue invadida por los chinos, después se volvió a independizar con ayuda rusa; en 1924 se proclamó la República Popular de Mongolia, convirtiéndose en un país comunista bajo la órbita de la desaparecida Unión Soviética. En 1992 volvió a llamarse Mongolia y se transformó en una democracia representativa.

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Es un país muy escasamente poblado, con montañas y estepas al norte y oeste y el desierto de Gobi al sur. Una parte importante de la población es nómade o seminómade. La religión mayoritaria es el budismo tibetano y la capital se llama Ulan Bator.

Pudimos conectarnos con Ernesto Casaccia gracias a nuestro común amigo Daniel Bianchi, de Conexión Oriental, y a las nuevas tecnologías, que acortan las distancias.

LA ENTREVISTA

¿Cómo la fe cristiana ingresó a Mongolia? Así como China tuvo al jesuita Francisco Javier, ¿quiénes han sido las personas que mayor influencia misionera?

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Mongolia tiene una larga historia con el cristianismo, desde el tiempo de Gengis Khan, cuando los mongoles conquistaron gran parte de lo que hoy es Europa Oriental. Parte de su botín era traer mujeres de los lugares que habían sometido; muchas de ellas eran cristianas, de la Iglesia Nestoriana. Eso tuvo una gran influencia incluso en la corte: El cristianismo fue respetado, aunque no fue aceptado como religión oficial. El propio Gengis Kahn declaró “de interés” a la fe cristiana.

Gengis Kahn pidió al Papa de aquel entonces que enviara personas pudieran enseñar el evangelio a su pueblo; sin embargo, pasaron más de cien años hasta que otro Papa encontró la carta con la solicitud del conquistador mongol, y envió solamente dos evangelizadores: uno murió en el camino en el viaje en barco y el otro se desanimó y regresó Italia. Por eso el evangelio nunca llegó a alcanzar el Imperio Mongol plenamente.

Una de las razones fue también que el Papa creía que los mongoles eran gente pagana que no merecía conocer la Palabra de Dios. Uno de los Khan envió una delegación al Tibet y ellos sí enviaron monjes tibetanos que, según cuenta la leyenda, con artes mágicas hicieron que el vino que este Kahn tenía en una copa subiera hasta su boca sin tocarla. Esto lo sorprendió tanto que dijo que esa debería ser la religión verdadera, y de allí se adoptó el budismo como religión oficial para todo el Imperio. El cristianismo quedó relegado.

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Pasaron siglos hasta que grupos de iglesias bautistas procedentes de Rusia volvieron a evangelizar, pero pagaron un alto precio en vidas. También la Iglesia Nestoriana tuvo cierta influencia. Cuando se produjo la Revolución de los Boxers[1] en China, a fines del siglo XIX y principios del XX, muchos misioneros escaparon hacia el norte. Nuevamente muchos tuvieron que pagar un alto precio. Tenían que cruzar el río Obi con sus familias y la mayoría murió. Así fueron los inicios de cristianismo en Mongolia, una tierra inhóspita y hostil. Luego vino la Revolución Cultural[2] en 1921, donde Mongolia se cerró a todo lo que sea religión. Hubo una “limpieza religiosa” completa: se destruyeron todos los monasterios budistas y las pocas iglesias cristianas que había.

Recién en 1990, cuando se pasó del comunismo a una apertura a la democracia, fue cuando comenzó a ingresar el evangelio en forma más contundente, veraz y continua. La iglesia de Mongolia es muy joven y pujante pues ha habido grandes avances en la predicación del evangelio. Sin embargo, hay zonas, especialmente rurales, donde la Palabra de Dios no ha ingresado. Resumiendo, en Mongolia no hubo un pionero; ha sido un esfuerzo conjunto. Dios ha usado grupos pentecostales, bautistas, presbiterianos.

¿Cómo surgió tu deseo de ir a compartir tu fe a un país tan lejano? ¿Fuiste con tu familia? ¿Qué imaginabas de Mongolia y qué encontraste?

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Quizás de lo aprendido en El Impenetrable, esa densa selva del noreste argentino, sirvió como patrón: decidí no imaginarme cómo iba a ser el lugar para no formarme falsas expectativas. Sabía algunas cosas de la cultura, del clima, de la situación, pero no imaginé nada, de modo que al llegar no sufrí un choque. Sí sufrí el cambio de clima: del norte argentino, acostumbrado a los calores de 45º y 50º C pasé a Mongolia, con temperaturas de -30º a – 40º C (¡bajo cero!).

En Mongolia encontré gente común, muy receptiva, interesada en conocer a extranjeros. Antes había estado cinco años en El Impenetrable y encontré muchas similitudes entre los nómades -la gente mongol con la que me tocó trabajar- y la gente de campo chaqueña. Tomamos la decisión con mi esposa y decidimos irnos a ese lugar.

¿Hay libertad religiosa? Si la hay, ¿en qué grado? ¿Cuál era tu visión y cómo desarrollaste allí tu labor misionera?

En Mongolia hay libertad religiosa garantizada por la Constitución, aunque yo diría que más bien hay tolerancia religiosa, pues hay un fuerte control oficial. Desde que se inició la democracia en 1990, el budismo se adelantó y hoy Mongolia ha sido declarada la segunda capital mundial del budismo, siguiendo al Tibet. El Dalai Lama ha venido muchas veces a Mongolia pues se practica el budismo tibetano. Por supuesto, hay bastante restricción religiosa; no está permitido hacer proselitismo. Jóvenes de 16 años para abajo deben tener autorización escrita de los padres para asistir a una reunión, así que desde ese punto de vista, la libertad religiosa es muy limitada.

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En cuanto a la visión, mi trabajo específicamente fue a ayudar a formar y desarrollar la iglesia local. Para ello nos concentramos en grupos de personas que fuimos conociendo y discipulando poco a poco. Por una cuestión logística, pues teníamos continuamente la supervisión de los servicios secretos, nunca tomamos el rol de pastores en una iglesia, sino que entrenábamos a los discípulos más antiguos, a los que parecían líderes locales, y ellos eran los que hacían las reuniones. Nosotros sólo asistíamos y escuchábamos. Cuando estábamos solos con ellos compartíamos qué estuvo bien, qué habría que reforzar. Eso ayudó a que la gente local tomara respeto por sus propios líderes.

Hemos visto otros casos donde los misioneros toman el rol de pastores o líderes y después la gente compara. Los misioneros vienen con formación teológica, un bagaje de años en el evangelio, y no se puede comparar el conocimiento de una persona nueva en la fe, con dos o tres años de estudio bíblico, con alguien ya formado. A veces las comparaciones son dañinas porque toman al local como de menor categoría. Gracias a Dios nunca hemos hecho eso ni hemos predicado en público, salvo unas pocas veces que nos invitaron. Siempre hemos dejado que los locales prediquen, aun cuando sus mensajes a veces eran demasiado simples, pero poco a poco la gente les fue tomamdo cariño y hoy han ganado gran respeto; el Señor los ha fortalecido. Se han ido formando y el Espíritu de Dios ha ido trabajando en sus vidas de una manera interesante.

¿Cuál fue la recepción? ¿Cuáles fueron los resultados que pudiste ver? Por favor, ¿podrías contarnos algunos testimonios de personas concretas?

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Al principio fue difícil pues había bastante desconfianza; sin embargo, fuimos ganando acceso a través de la amistad, hacernos conocer, estar con ellos allí. Dios fue abriendo puertas.

Desde el principio, por una cuestión de visa, trabajamos con una ONG cristiana, y iniciamos proyectos de alcance comunitario que nos daba acceso a familias que no eran cristianas. Así fuimos ganando confianza con ellos, y cuando nos preguntaban por qué hacíamos esa tarea, ahí se abrían las puertas para hablar del Señor Jesús en forma paulatina. La recepción no fue a brazos abiertos, pero creció poco a poco.

Comparto el testimonio de un actual líder.  Vivía al lado de una de las mujeres que trabajaba con nosotros. Como era ateo, decidió probarle que todo lo que ella creía era mentira. Le pidió una Biblia y comenzó a leerla. Una vez por semana se reunían para discutir. Pero a medida que él avanzaba en la lectura se iba dando cuenta que sus argumentos se desmoronaban. Llegó un punto donde se dio cuenta que era él el que estaba equivocado. Finalmente le preguntó a esta hermana ¿qué debo hacer para seguir a Jesucristo? Y fue una de las personas que trajo muchas personas a la iglesia pues había sido un ateo conocido en la región.

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En el segundo lugar donde servimos fue diferente. La gente estaba más preparada a recibir este tipo de asistencia o ayuda de ONGs, y a través de eso se nos abrieron más puertas para poder proclamar el evangelio.

¿Cómo te has sentido en un país tan diferente al tuyo en estos 20 años?

El deseo de ir a Mongolia fue en el mismo momento de mi conversión. Fue cuando conocí a Cristo, leyendo la Biblia y orando. Una de las primeras cosas que hice fue trabajar con un mapa mundial y marcar áreas donde creía que aún no había ingresado el evangelio. Una de esas áreas fue precisamente Mongolia. Pasé mucho tiempo orando. Todavía no había asistido a ninguna iglesia.

Antes de ir a Mongolia surgió el deseo de ir a predicar el evangelio en El Impenetrable chaqueño. Empecé a asistir a la Iglesia Bautista Resistencia Sur que hoy se transformó en la Iglesia de la Ciudad, y fue a través de ella que se abrieron las puertas. Era algo que le había pedido a Dios: encontrar una iglesia con un espíritu misionero Había visitado otras congregaciones, pero Dios realmente me guio a ese lugar. Allí el pastor y los líderes comenzaron a apoyar este llamado.

Pasaron nueve años desde ese momento hasta que salimos a Mongolia. Antes pasé cinco años en El Impenetrable. Pasé un año en Inglaterra, un año en Kazajistán[3], tuve en el medio algunos viajes a Mongolia, y recién en 1996 nos instalamos allí. Había conocido a quien hoy es mi esposa, que es de Corea del Sur, en Inglaterra. Decidimos casarnos, fuimos a la Argentina para nuestra boda y nos trasladamos en Mongolia, donde nacieron nuestras dos primeras dos hijas; nuestro tercer hijo, el varón, nació en Corea del Sur.

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Nuestra intención nunca fue quedarnos en un sitio donde ya había testimonio cristiano, sino extendernos a lugares donde aún no se ha predicado el evangelio. En oración el Señor mostró el oeste de Mongolia, por lo que, poco después de llegar a la capital, Ulan Bator y del nacimiento de nuestra primera hija, nos trasladamos a esa zona, donde pasamos once años en el país. No fue fácil porque éramos de los primeros matrimonios extranjeros que vivían en esa región y había mucha reticencia y miedo hacia nosotros. Tuvimos varias veces la visita de la agencia secreta de Mongolia (equivalente a la famosa KGB soviética) y estuvimos a punto de ser echados; incluso nos incautaron los pasaportes. Pero por gracia de Dios pudimos perseverar y continuar adelante hasta que el Señor nos permitió ver que la iglesia se formara en ese lugar. Terminamos nuestra labor y dejamos la obra en manos de los hermanos locaes. Volvimos a Ulan Bator donde estuvimos un año y medio buscando la guía del Señor, hasta que nos volvió a mostrar a dónde ir, esta vez a una provincia de Uvs, más al norte. Allí estuvimos casi ocho años. Allí la gente era más receptiva con los extranjeros y la obra del Señor avanzó mucho más rápido.

¿Cuál sentís que es tu legado al pueblo de Mongolia? ¿Cuáles pensás que han sido tus mayores contribuciones como predicador y maestro cristiano a esa nación?

Nosotros siempre trabajamos como equipo. Éramos parte de la WEC International. Nunca hemos trabajado solos como Llaneros Solitarios así que no puedo decir esta es mi contribución. Hicimos lo mejor que pudimos, tratamos de entrenar líderes locales, motivarlos a que ellos mismos tomen valor y confianza en el Señor. No hay algo que pueda decir que me pertenece o que surgió así por causa mía. Fue todo un trabajo en equipo, y todo lo que ha sucedido y todo lo que el Señor ha hecho, lo ha hecho a través de la oración, algo que venimos trabajando como equipo, como grupo de hermanos. Cada uno ha hecho su parte, cada uno ha puesto su grano de arena para que el evangelio pueda prender en ese lugar.

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Personalmente nunca me he sentido extraño en Mongolia. Sí parezco diferente, pero haber trabajado con gente en el monte y luego en el campo, nunca me hizo sentir como una persona totalmente extraña para ellos. Jamás tuve una reacción de melancolía por mi tierra argentina. Al contrario, cuanto más tiempo pudiera pasar en ese lugar, mejor sería para mí. Cada vez que teníamos que venir para nuestro retiro sabático, cada cuatro o cinco años, me costaba venir y quedarme un tiempo. Al principio era un año y la última vez lo acortamos a seis meses. En los últimos 10 años solo regresamos a Argentina a renovar pasaportes y nos quedábamos uno o dos meses y regresábamos. Nunca sentí que me faltaba algo. Hemos tomado un gran cariño por la gente de Mongolia. Aunque hemos tenido que salir a causa de mi enfermedad, seguimos en contacto con ellos casi semanalmente y mantenemos nuestras relaciones. Hemos hecho un alto en la obra en Mongolia pero es nuestra oración a Dios, a pesar de mi enfermedad, que podamos volver.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


COLUMNISTA INVITADO: ESCRIBE DANIEL BIANCHI

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Ernesto Casaccia ha sido un obrero pionero en un lugar con enormes necesidades espirituales y humanas. Su perseverancia y compromiso desde que inició su camino misionero ha sido conocida por muchas gente. La tarea en Mongolia auguraba tiempos de consolidación y crecimiento. Sin embargo, hace más de tres años a Ernesto se le diagnóstico cáncer.  Él mantuvo su servicio dentro de todas sus posibilidades. La enfermedad siguió avanzando aunque se le hicieron cirugías y varios tratamientos de quimioterapia. Actualmente él y su familia están de vuelta en Chaco para recibir atención. Ernesto mantiene una confianza plena en el Señor y sigue inspirando a cientos por sus mensajes y palabras. ¡Oremos por él!


NOTA DE 2019

Ernesto Casaccia falleció el 7 de marzo de 2018, dejando una enorme herencia de fe y esperanza. Fue un eslabón más en esa “gran nube de testigos” que menciona el autor de la Epístola de los Hebreos. Además de la columna que va debajo, recomendamos leer la nota de nuestro querido amigo Daniel Bianchi en Facebook titulada “El Legado de Ernesto”.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Fue un movimiento conservador nacionalista chino que se opuso a todo lo foráneo llevado a cabo entre noviembre de 1899 y finalizado el 7 de septiembre de 1901, Fueron asesinados centenares de extranjeros y miles de chinos cristianos, además de los combatientes.

[2] Revolución por la cual Mongolia quedó bajo la supervisión del gobierno soviético y que desembocó en la proclamación de la República Popular de Mongolia, una dictadura comunista.

[3] País asiático que formó parte de la Unión Soviética hasta 1991, cuya mayoría de la población profesa el Islam.