CLOROFONIA CORONA AZUL, UNA DE LAS AVES ÚNICAS DE CENTROAMÉRICA Y MÉXICO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA (Grupo AVES EXTRAORDINARIAS DE HONDURAS)

No por casualidad una pareja de esta especie sea la imagen de tapa de “Honduras Salvaje”[1], el extraordinario libro fotográfico sobre fauna hondureña del Dr. Juan Ramón Collart. Es un ave cuya belleza cautiva y hace que se encuentre entre las más buscadas.

Llamada en inglés Blue-crowned Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia occipitalis; en español Clorofonia coroniazul), mide unos 13 cm. Es de color verde rutilante con una corona azul turquesa en su cabeza y partes inferiores amarillas. Presentan un leve dimorfismo sexual (diferenciación visual de los sexos): el macho tiene una suerte de fina gargantilla negra, pecho y vientre amarillo y flancos verdes, mientras que la hembra no tiene la raya negra y sus partes inferiores son amarillas verdosas con vientre amarillo[2]. Ambas en la mitad posterior del cuello tienen una línea celeste. El pico y las patas son grises. Los juveniles carecen de la corona la cabeza, alcanzando su plumaje adulto luego de aproximadamente un año[3].

Según eBird[4], tiene una distribución poco extendida: va del centro de México al noroeste de Nicaragua. Incluso en esa área no es fácil encontrarla: En El Salvador hay apenas 25 registros y solo 3 con fotografías; no hay registros en Belice. Es considerada un ave local y poco común[5].

Suelen andar en pareja o pequeñas bandadas. Sus nidos, de forma globular, están hechos con raicillas y musgos que construyen en medio de bromelias. Ponen tres huevos blancos muy moteados con manchas color café, rojizo y gris[6]. En una reciente publicación, Guillermo Funes, de El Salvador, describe a una pareja construyendo su nido entre helechos sobre una cactácea epífita (Disocactus speciosus cinnabarinus) a unos 10 metros de altura. Cuenta Funes “Mientras uno colocaba el material vegetal sobre el nido, el otro individuo permanecía cerca con más material vegetal en su pico. Una vez que uno de los individuos terminaba de colocar el material, volaba a los alrededores e inmediatamente, el ave que esperaba en las cercanías volaba al nido y acomodaba también su material vegetal. Durante todo el tiempo de observación (cerca de 30 minutos), esta pareja realizó tres visitas al nido y emitían un silbido corto, suave y persistente” [7]. Lamentablemente no pudo dar seguimiento al proceso reproductivo pues a los tres días una tormenta derribó el nido; tampoco halló huevos. La publicación aporta su segundo interesante dato: se creía que el periodo reproductivo de esta especie iba de febrero a mayo, sin embargo, Funes realizó su observación a fines de junio de 2016.

La Blue-crowned Chlorophonia es amante de los bosques; aunque prefiere las zonas altas, por temporadas desciende hasta casi el nivel del mar. Suele divisarse entre los árboles, aunque es difícil de fotografiar por su constante movimiento. Consume higos (de la familia Moraceae) o frutos del guarumo (Cecropia peltata). Nosotros la hemos visto en Honduras en el Parque Nacional Montaña Santa Bárbara, en la Reserva Biológica Montecillos vecina a Siguatepeque, Comayagua, y en Opatoro, departamento de La Paz. En una de las ocasiones varios observadores la percibimos de tonalidad celeste, no sabemos si fue debido a un efecto de la luz solar o a otra razón que desconocemos.

QUÉ SON LAS CLOROFONIAS

Es un grupo de aves que conforman un género que solo se encuentra en el continente americano llamado Chlorophonia. El género Chlorophonia es parte de la familia Fringillidae, dentro de la cual también se encuentran también los géneros Euphonia y Spinus. Esta familia corresponde al orden Passeriformes.

El género Chlorophonia está integrado solo por cinco especies; además de la Blue-crowned Chlorophonia se conocen las siguientes:

Golden-browed Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia callophrys; en español clorofonia cejidorada), muy parecida a la Blue-crowned Chlorophonia) en Costa Rica y Panamá (según eBird, en Nicaragua solo hay 2 observaciones sin respaldo fotográfico).

Yellow-collared Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia flavirostris; en español clorofonia acollarada) desde Panamá (donde es muy difícil de ver; en eBird solo hay 41 registros de los cuales solo 5 tienen fotografías que documenten la especie) hasta Ecuador siguiendo la línea del Océano Pacífico.

Chestnut-breasted Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia pyrrhophrys; en español clorofonia pechicastaña) presente desde Venezuela en el norte de Sudamérica hasta Perú, siguiendo una línea paralela a la cordillera de los Andes.

Blue-naped Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia cyanea; en español clorofonia nuquiazul) con una curiosa distribución en dos vastas zonas: una que va del extremo norte de Sudamérica siguiendo también una línea paralela a la cordillera de los Andes hasta Bolivia y otra que abarca el sur de Brasil, Paraguay y Argentina. 

Concluyo presentando una tabla comparativa sobre la presencia de clorofonias  construida con datos provistos por eBird a la fecha de publicación de esta nota.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología).


REREFERENCIAS

[1] Collart, Juan Ramón, “Honduras Salvaje”, edición de autor, 2014,

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p 484

[3] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p.666

[4] www.eBird.org; es la base de datos más completa de observaciones de aves en el mundo; fue desarrollada por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell

[5] Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America“, Peterson Field Guides, 2016, p.330

[6] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia, Op. cit., p.666

[7] Funes, Guillermo, “Notas sobre la anidación de la clorofonia corona azul (Chlorophonia occipitalis) en El Salvador”, Zeledonia 22:2, Noviembre 2018, p.60


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CEROGENES AURICOMA, UN MISTERIOSO INSECTO CENTROAMERICANO (por Pablo R. Bedrossian)

Semanas atrás tuve la oportunidad de visitar la Reserva Biológica de Montecillos, un área protegida de unas 20,000 hectáreas que ocupa parte de los departamentos de Comayagua, La Paz e Intibucá, en la República de Honduras, Centroamérica. Aunque el propósito central era identificar y registrar las aves de la zona, algunos de los participantes de la actividad me preguntaron si conocía un extraño insecto de gran tamaño que encontraron adherido a un tronco caído. Al observarlo quedé desconcertado: parecía una especie de chicharra de cabeza amarilla, ojos rojos y alas negras rodeada de unos densos filamentos blancos, algunos de los cuales se extendían como gruesos hilos hacia atrás.

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Pude fotografiarlo y filmarlo. Al regresar, realicé una búsqueda y con la ayuda de amigos logré identificarlo: se trataba de un Cerogenes auricoma, un tipo de insecto, que -según me dijeron- estaba relacionado con los Quercus, el género de la botánica que agrupa a los robles. No encontré bibliografía en español, así que comparto algo de lo que vi e investigué.

Cerogenes auricoma solo se encuentra en Centroamérica y pertenece a la familia conocida como Fulgoridae. Fue descrito por primera vez por el naturalista alemán, nacionalizado argentino, Karl Hermann Konrad Burmeister en 1835. Cerogenes auricoma puede significar en latín productor de cera dorada.

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Su adhesión a los árboles no es casual: se alimenta del floema de sus plantas hospedadoras. El floema es un tejido vegetal que transporta nutrientes dentro de las plantas y árboles que el Cerogenes auricoma necesita para su crecimiento. Sin embargo, como el floema es muy rico en carbohidratos puede producir un aumento de la presión osmótica de este invertebrado, por lo que se ha sugerido -aunque no hay evidencia certera- que sus curiosos filamentos le sirven para eliminar exceso de carbono, contrarrestando los efectos patológicos de la ingestión de altos volúmenes de azúcar. Además, los filamentos cumplirían también una función defensiva, pues dificultan el ataque de hormigas y evitan el parasitismo.

En Honduras he visto que se lo llama viejito (probablemente por la lejana similitud de sus filamentos con la barba blanca de un anciano) o gallito de montaña.

Cumplan o no el famoso dicho la estructura sigue a la función, estos curiosos filamentos proveen una misteriosa belleza a los Cerogenes auricoma, de los que aún nos falta casi todo por conocer.

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BIBLIOGRAFÍA

O’Brien, Lois B., “The Wild Wonderful World of Fulgoromorpha”, Denisia 04, zugleich Kataloge des OÖ. Landesmuseums, Neue Folge Nr. 176, Enero 2002, p. 83-102

Goemans, Geert, “The Fulgoridae (Hemiptera, Fulgoromorpha) of Guatemala”, Biodiversidad de Guatemala 1, 2006

LAS 7 IGUANAS DE HONDURAS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

En Honduras se han descrito siete especies de iguanas; solo una pertenece al género Iguana, la que se conoce popularmente como iguana verde, cuyo nombre científico -y no hay error al repetirlo- es Iguana iguana. Las otras seis corresponden al género Ctenosaura, y son consideradas genéricamente como iguanas negras.

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Las especies más comunes son la mencionada iguana verde y el garrobo gris o café, cuyo nombre científico es Ctenosaura similis. Ambas se encuentran ampliamente distribuidas por todo el país. Las otras parecen tener localizaciones específicas. Los invito a descubrirlas.

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IGUANA IGUANA (IGUANA VERDE, EN INGLÉS GREEN IGUANA)

La iguana verde es un reptil que habita desde México hasta el norte de Argentina, Paraguay y el sur del Brasil. Se caracteriza por su color intensamente verde, que les permite camuflarse, aunque en Honduras los machos adultos pueden tomar un color más pálido, cercano al ocre.

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Su gruesa piel está cubierta por diminutas escamas. Poseen un cuerpo alargado con patas cortas, que terminan en cinco dedos con garras en cada una. Uno de sus rasgos más distintivos es la presencia de una escama grande circular cerca de la boca; Además la cola es más larga y lisa que en los Ctenosaura.

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El macho es más grande que la hembra y tiene una cresta mucho más notoria, al igual que la papada que crece a lo largo de los años. Se dice que de la cabeza a la cola pueden medir cerca de dos metros, pero publicaciones científicas sostienen que su longitud hocico-cloaca llega hasta 550 mm[1]. Si bien son de las iguanas mayor tamaño, la más larga que hemos visto en Honduras medía menos de metro y medio.

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Prefieren las tierras bajas, cerca de cursos de agua. Son arbóreos, aunque también se arrastran por el suelo. Los juveniles suelen encontrarse a baja altura y en arbustos y los adultos en las copas de los árboles. Se alimentan de hojas y son grandes nadadoras. Donde vivimos, Residencial Campisa, en San Pedro Sula, cuando sienten la presencia humana suelen arrojarse desde los árboles a la laguna si sufrir perjuicio alguno.

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Köhler, basado en observaciones de otros investigadores, menciona que al llegar la temporada seca las hembras cavan un agujero en la tierra que puede tener de 30 cm a 2 metros de profundidad, donde desovan entre 20 y 60 huevos. Las crías nacen tres meses después, al inicio de la época lluviosa.

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En Centroamérica hay dos subespecies. En Honduras se encuentra la rhinolopha, mientras que la otra habita desde Costa Rica hacia el sur.

LOS CTENOSAURIOS

Como hemos dicho, las otras seis especies pertenecen al género Ctenosaura, y son agrupadas como iguanas negras, aunque no en todas predomina ese color. Estas especies habitan en tierras bajas de México y Centroamérica hasta Panamá, en algunas islas del Pacífico cercanas a las costas de dichas regiones y también en islas del Mar Caribe.

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Todas son ovíparas. Eligen lugares expuestos donde, utilizando un sistema de hoyos y túneles, desovan de 5 a 15 huevos en las especies pequeñas y de 20 a 88 huevos en el caso de C. similis[2]. El periodo de incubación es de aproximadamente tres meses.

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Todos los Ctenosaura (salvo el bakeri) presentan al nacer un color verde intenso que podría mover a un observador sin experiencia a confundirlos con una iguana verde. Sin embargo, la iguana verde se diferencia por esa gruesa escama redondeada cerca de la boca que mencionamos y porque su cola es lisa.

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Al crecer, los juveniles toman un color marrón grisáceo o café; alcanzan su madurez sexual a los dos o tres años.

CTENOSAURA SIMILIS (GARROBO, EN INGLÉS SPINY-TAILED IGUANA)

Su color es café claro, a veces virando hacia un tono anaranjado, con franjas oscuras en el dorso. Como describe su nombre en inglés poseen una cola con espinas y en anillos. Los machos son más grandes, pudiendo medir del extremo de la cabeza hasta el final de la cola hasta 1,3 metros (longitud hocico-cloaca hasta 489 mm). Además, poseen una cresta muy notable en su dorso con aspecto de espinas pero suaves al tacto, cabeza ancha y mandíbulas fuertes.

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La hembra es más pequeña y de cabeza angosta.

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Es común verlos arrastrarse por el suelo o treparse a un árbol para esconderse en alguno de sus huecos. Pueden desplazarse a gran velocidad. Expresan su sensación de amenaza o enojo con una secuencia de movimientos de ascenso y descenso de la cabeza.

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Hemos filmado dos veces a machos luchando; en uno de los casos una hembra observaba tranquilamente el combate.

CTENOSAURA MELANOSTERNA (JAMO, JAMO NEGRO, EN INGLÉS BLACK-CHESTED SPINY-TAILED IGUANA)

Esta especie tiene una distribución restringida: Es endémica del valle del río Aguán y de los Cayos Cochinos, ubicados en el Caribe hondureño. En la zona de Olanchito, Yoro, se celebra una fiesta que lleva su nombre, “La fiesta del jamo”. Su existencia está amenazada tanto por el consumo de su carne, considerada por algunos un manjar, como de sus huevos.

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Aunque algunos puedan confundirlos con los garrobos, son portadores de algunas marcas de campo particulares: color más oscuro con franjas grises y negruzcas, ojos anaranjados y en los machos una enorme papada.

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Más pequeñas que la I. iguana y el C. similis, su longitud hocico-cloaca alcanza los 310 mm. Aunque solo es producto de observaciones aleatorias y no de una medición rigurosa, todos los ejemplares que hemos visto en los Cayos Cochinos son más grandes que los que vimos en el valle del Aguán.

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Recién en 1997, las investigaciones de Buckley & Axtell demostraron que se trataba de una especie independiente. Hasta esa fecha se pensaba que estos especímenes correspondían a Ctenosaura palearis.

CTENOSAURA OEDIRHINA (IGUANA NEGRA DE ROATÁN, EN INGLÉS ROATAN SPINY-TAILED IGUANA)

Esta especie, que también recibe los nombres en inglés de De Queiroz’s Spiny-tailed Iguana y Wishywilly, vive exclusivamente en la isla de Roatán, la más grande de las tres Islas de la Bahía (Bay Islands en inglés) en el Caribe hondureño. Fue descrita como una especia propia en 1987 por Kevin de Queiroz.

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Estas iguanas se reconocen por su color negro con franjas gris oscuras. Tienen el hocico más redondeado debido a que la cápsula nasal está inflada[3] (su nombre oedirhina traducido del griego al castellano significa nariz hinchada).

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Viven en manglares y bosques secos. Está amenazada por la destrucción de su hábitat, la caza furtiva y el tráfico de mascotas.

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CTENOSAURA BAKERI (IGUANA NEGRA DE UTILA, EN INGLÉS UTILA SPINY-TAILED IGUANA O SWAMPER)

Esta especie es endémica de la isla de Utila, la más pequeña de las tres islas de la Bahía (49 km2) y la más cercana al continente. A estas iguanas también se las conoce como swampers, wishywilly o garrobos de Utila por su coloración oscura. No existen en ninguna otra parte del mundo, salvo que sea como mascotas traficadas ilegalmente.

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C. bakeri fue descrita como una especie hace más de un siglo, en 1901, por el noruego Leonhard Stejneger, que era investigador del Smithsonian Institute. Por ello ha sido mejor estudiada que otras especies de identificación más reciente. Se trata de iguanas pequeñas. Los machos, de la cabeza a la cola pueden alcanzar los 76 cm; las hembras son más pequeñas[4] (Su longitud hocico-cloaca llega hasta 300 mm). Como ya hemos dicha, es la única especie de Ctenosaura en Honduras que al nacer no es de color verde.

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En la misma isla coexiste con I. iguana y C. similis. La competencia con estos, más grandes y agresivos, parece ser la causa por la cual estas iguanas negras viven exclusivamente en una zona pantanosa poblada de manglares, en un área estimada de 8 km2. Son muy territoriales, al extremo que habitan el mismo sitio (un hoyo de un árbol o una depresión de un árbol hueco) durante muchos años[5].

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Las iguanas adultas son estrictamente arbóreas. Sólo durante la temporada reproductiva dejan su “casa” yendo hasta las pocas playas de arena que Utila tiene, donde colocan sus huevos en túneles excavados por ellas mismas. No se sabe cómo estas hembras son capaces de navegar hasta un kilómetro de regreso a “su” árbol después de que los huevos han sido puestos.

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Gracias al esfuerzo del herpetólogo Gunther Köhler, que a principios de los ’90 encontró casi extinta a la C. bakeri, se creó en 1997 Iguana Research & Breeding Station (IRBS), un ente autónomo dedicado a la conservación de esta especie.

CTENOSAURA PRAEOCULARIS (EN INGLÉS SOUTHERN HONDURAN SPINY-TAILED IGUANA O HONDURAN CLUB TAIL IGUANA)

Esta especie fue descrita recientemente, en 2009, por Carlos Roberto Hasbún y Gunther Khöler. Su hábitat se localiza en la vertiente Pacífica del sureste de Honduras (Departamentos de Francisco Morazan y Choluteca). El nombre praeocularis, que combina las palabras latinas prae (antes) y oculus (ojo), se asignó debido a unas escamas preoculares que son exclusivas de la especie.

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En las zonas vecinas se encuentran otras dos especies: Ctenosaura flavidorsalis (suroeste de Honduras, El Salvador y sureste de Guatemala) y Ctenosaura quinquecarinata (Nicaragua y Costa Rica). Difiere de ellas en varias características de escamación, coloración y osteológicas[6].

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Los especímenes son de tamaño pequeño en comparación con las mencionadas precedentemente. Su longitud hocico-cloaca máxima que se ha encontrado es de 168 mm. La mayoría de los rasgos que permiten diferenciarlas de las iguanas de zonas vecinas son imperceptibles para quien no es especialista, pero hay detalles interesantes; por ejemplo, que no presentan papada y poseen una tonalidad amarillenta, además de una cola espinosa.

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Los ejemplares al momento de ser hallados se encontraban en huecos de árboles a no más de 2 metros del suelo, en un medio dominado por arbustos y árboles.

CTENOSAURA FLAVIDORSALIS (RUMIA, EN INGLÉS YELLOW-BACKED SPINY-TAILED IGUANA)

Esta iguana fue descrita en 1994 por Khöler y Klemmer, en el departamento de La Paz, Honduras. Hoy se sabe que hay poblaciones aisladas de esta especie desde el este de Guatemala hasta el este de El Salvador y al sudoeste de Honduras, en el valle de Comayagua[7].

Ctenosaura flaviorsalis - Yellowback-spiny-tailed-iguana

Estas pequeñas iguanas miden de la cabeza a la cola 40 cm. (longitud hocico-cloaca llega hasta 170 mm). Tienen la cabeza claramente separada del cuello. En lugar de papada presentan un pliegue transversal hendido[8] y la piel en la región del cuello muy flexible. Además, tienen una extensa cresta y la cola es sumamente espinosa. En cuanto al color, en los machos se mezclan franjas oscuras con amarillo o suave anaranjado, mientras que en los especímenes juveniles y en la mayoría de las hembras son predominan tonalidades grises o cafés brillantes, aunque en ocasiones pueden ser oscuras. Su nombre proviene del latín (flavus significa amarillo y dorsalis, dorso o espalda).

Habitan en bosques tropicales secos y formaciones de bosque seco subtropical. Son principalmente terrestre y su hábitat preferido es el terreno rocoso. Las grietas y los agujeros se usan como refugios.

Se cree que hay unos 2,500 ejemplares maduros, en unas 20 poblaciones aisladas. La deforestación, la quema regular de su hábitat y el uso de su carne localmente como alimento son sus mayores amenazas. Ninguna ley los protege.

CONCLUSIONES

Hasta la fecha se conocen siete especies de iguanas en Honduras. Al conocimiento tradicional de la Iguana iguana y Ctenosaura similis, en 1901 se añadió Ctenosaura bakeri. Pasaron 86 años para que se identificara una nueva especie endémica de Honduras: en 1987 se demostró que la iguana negra que habitaba Roatán era una especie independiente, y fue denominada Ctenosaura oedirhina. A partir de allí se sucedieron tres nuevos hallazgos: Ctenosaura flavidorsalis en 1994, Ctenosaura melanosterna en 1997 (que hasta esa fecha se consideraban C. palearis, una especie que habita en el valle del Río Motagua en Guatemala) y finalmente Ctenosaura praeocularis en 2009. Aunque es difícil que se identifique una nueva especie, no parece imposible. Mientras tanto sigamos protegiendo las siete iguanas de Honduras y disfrutando de su belleza.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


VIDEOS


REFERENCIAS

[1] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.134

[2] Köhler, Gunther, Op. cit., p.127

[3] De Keiroz, Kevin, “A New Spiny-tailed Iguana from Honduras, with Comments on Relationships within Ctenosaura (Squamata: Iguania)”, Copeia, American Society of Ichthyologists and Herpetologists, December 1987, p.892-893

[4] Sosa, Arturo, “Iguana Station”, http://www.hondurastips.hn/2010/10/04/iguana-station/ Si bien no es un artículo científico contiene información muy útil acerca de la historia natural de esta especie y su conservación.

[5] Goetz, Matthias, “Ctenosaura bakeri, Husbandry Guidelines and Bibliography”, Durrell Wildlife Coservation Trust, Mayo 2006, p.3

[6] Hasbún, Carlos Roberto y Gunther Khöler, “New Species of Ctenosaura (Squamata, Iguanidae) from Southeastern Honduras”, Journal of Herpetology, Society of Amphibians and Reptiles, Vol.43, Nº2, 2009, p.192

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.128

[8] Köhler, Gunther & Konrad Klemmer, “Eine neue Schwarzleguanart der Gattung Ctenosaura aus La Paz, Honduras”, Revista Salamandra, vol. 30, n. 3, 1994, p.201


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de:

1. Las fotos de Ctenosaura praeocularis, compartidas por Carlos Roberto Hasbun y usadas con su permiso.

2. La foto de Ctenosaura flavidorsalis, tomadas por el Dr. Gunther Köhler y descargada del sitio https://www.arkive.org/yellowback-spiny-tailed-iguana/ctenosaura-flavidorsalis/image-G73315.html


AGRADECIMIENTOS

A Leonel Marineros por ser el primero en enseñarme a distinguir las especies de iguanas de Honduras hace muchos años.

Al Dr. Gunther Köhler, a quien conozco solo por correo electrónico, por sus aportes al conocimiento científico de la herpetofauna centroamericana. Hemos tomado una foto suya sin su permiso, confiando en que no se opondrá, pues nuestro propósito exclusivo es poner la biodiversidad hondureña al alcance de todas las personas.

A Carlos Roberto Hasbún, quien junto al ilustre Dr. Gunther Köhler identificó la Ctenosaura praeocularis, por los artículos y fotos que me compartió y permitió publicar.

Al Dr. Juan Ramón Collart, quien gentilmente me compartió y permitió publicar una de sus fotos de Ctenosaura bakeri en la versión original de este artículo, que posteriormente sustituí por fotos que tomé en los pantanos Utila y en Iguana Station.

A Joel Amaya por su experiencias con fauna en las Islas de la Bahía y su disposición a colaborar con este artículo.