LOS ARMENIOS DE TRANSILVANIA Y LA IGLESIA ARMENIA DE BUDAPEST (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “ARMENIOS EN EL MUNDO”

Hace unos pocos años tuve la oportunidad de visitar Budapest; es la unión de dos ciudades, Buda y Pest. Cada una se ubica a un lado del Danubio: Buda, en una colina, Pest en una llanura. En Buda se encuentra el Castillo, que fue la sede histórica de los reyes húngaros.

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Caminando por dentro de sus magníficos edificios descubrí una exposición titulada “Lejos del Monte Ararat – Cultura Armenia en la Cuenca de los Cárpatos” organizada por el Museo Histórico de Budapest y la Biblioteca Nacional Széchényi y patrocinada por el Centro de Humanidades, Historia y Cultura de Europa Central y Oriental de la Universidad de Leipzig (GWZO).

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LA EXPOSICIÓN EN EL CASTILLO: LA HISTORIA DE LOS ARMENIOS EN EUROPA ORIENTAL

Esta presentación se basa en los textos de la exposición titulada “Lejos del Monte Ararat – Cultura Armenia en la Cuenca de los Cárpatos” que vi en Budapest, a los cuales añadí diversos datos históricos.

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Ani fue la antigua capital de Armenia; se la conocía como la ciudad de las 1001 iglesias. En 1004 la ciudad fue ocupada por los turcos selyúcidas; algunos de sus habitantes huyeron a Crimea, una península al norte del Mar Negro, hoy territorio ruso reclamado por Ucrania. En 1475 los turcos del Imperio Otomano ocuparon Crimea. Muchos armenios fueron asesinados y esclavizados y 16 de sus iglesias fueron convertidas en mezquitas. Un grupo pudo emigrar al este, instalándose en Moldavia donde ya había una colonia armenia. En 1512 el ejército otomano se apoderó de esa nación. En 1669 hubo un levantamiento moldavo al cual se sumaron los armenios que los turcos aplastaron perpetrando una masacre. Unos 3000 armenios huyeron, cruzaron las montañas de los Cárpatos y en 1672 se instalaron en la Transilvania, una región localizada en la zona centro-noroccidental de la actual Rumania y que por varios siglos estuvo bajo el poder húngaro, donde un príncipe protestante les permitió vivir en paz y practicar su fe.

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Sin embargo, en 1700, los armenios entraron en conflicto con los sajones que habitaban de la ciudad de Bistrița, probablemente porque competían en artesanía y comercio. Los sajones acusaron a los armenios de propagar una plaga y ordenaron su expulsión en 24 horas.

LA FUNDACIÓN DE ARMENÓPOLIS

Los armenios expulsados de Bistrița ese mismo año fundaron su propia ciudad a orillas del río Someş: La ciudad de Gherla o Szamosújvár, también conocida Armenopolis, Armenienstadt o Hayakaghak, diseñada bajo una concepción barroca con calles paralelas, callejones diagonales y un mercado simétrico considerados casi únicos en Europa Central.

En 1713 los armenios de Transilvania se convirtieron al catolicismo. Durante el siglo XVIII, cuatro municipios lograron levantar sus propias iglesias católicas armenias, conservando sus comunidades armenias fuertes e independientes. Dos de ellos, Gherla y Dumbráveni, poco después alcanzaron el estatus de ciudades reales libres.

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En Transilvania, como en otras partes de Europa del Este, los armenios se especializaron en el comercio y la artesanía, especialmente en el procesamiento de cuero. Desempeñaron un papel particularmente importante en el comercio internacional, con operaciones que iban desde Isfahan y Constantinopla hasta Ámsterdam. Además, se dedicaron al comercio de ganado vivo, comprando en Moldavia y Valaquia y vendiendo en Pest y Viena.

Los armenios siempre gozaron de los beneficios de la autonomía interna. En 1795 se estableció el Foro Mercantil, que incorporó la estabilidad jurídica interna de la comunidad y se ocupó de la protección frente a otros grupos. Básicamente era un tribunal comercial que también administraba la vida social y, en menor medida, la vida religiosa de los armenios.

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Hoy, como parte de las “minorías nacionales”, los armenios tienen representación en el parlamento rumano.

EUROPA Y LOS LIBROS IMPRESOS EN IDIOMA ARMENIO

Los libros en armenio de la cuenca de los Cárpatos provenían prácticamente de todos los rincones del mundo: Ámsterdam, Venecia, Constantinopla, Roma, París, Marsella, Tbilisi, Jerusalén, San Petersburgo, etc. Llegaron a la región a través del comercio, la iglesia y redes culturales. Un estudio cuidadoso de estos libros revela casi toda la historia de la impresión armenia.

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Al principio, la impresión de libros en idioma armenio estuvo en manos de la diáspora. Hakob Meghapart imprimió el primer en libro en armenio; su labor fue continuada por Abgar Tohatetsi, quien tiempo después trasladó su taller de Venecia a Constantinopla.

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Durante el siglo XVIII, se publicaron alrededor de 300 títulos en más de 20 imprentas armenias en Constantinopla. La primera de esas imprentas fue establecida en 1694 por Grigor Marzvanetsi. Su nombre marcó el inicio de un nuevo período en la ilustración del libro armenio: sus publicaciones fueron decoradas con grabados de calidad que coinciden con el contenido.

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A mediados del siglo XVIII hubo otro exitoso impresor armenio en Constantinopla: Astvatsatur Dpir Konstandnupolsetsi; a través de la red de comerciantes de libros, estaba familiarizado con la situación y las demandas de textos en armenio, tanto en las diásporas como en la madre patria.

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Los libros en armenio aparecieron en Roma ya en el siglo XVI. Sin embargo, llegaron a Transilvania en gran cantidad un siglo después traídos por los sacerdotes armenios que habían estudiado en Roma y publicados por Typographia Poliglotta, una imprenta establecida a mediados del siglo XVII por la Congregación para la Propagación de la Fe. La imprenta publicó principalmente libros necesarios para la actividad exitosa de los misioneros católicos: Biblias en lengua vernácula, comentarios bíblicos, textos de enseñanza de idiomas, diccionarios, obras litúrgicas y libros teológicos. En 1759 publicaba en 27 idiomas y hasta 1796 había editado un total de 44 títulos en armenios.

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ARMENIOS EN LA REVOLUCIÓN Y LA GUERRA DE INDEPENDENCIA HÚNGARA (1848/49)

De todas las etnias en Hungría, los armenios probablemente fueron los más representados en la Revolución y la Guerra de Independencia (1848/49). Dos de los trece militares de alto rango ejecutados por los Habsburgo conocidos como los Mártires de Arad eran de ascendencia armenia: el teniente El general Ernó Kiss y el coronel Vilmos Lazar. Otros dos líderes militares húngaros provenían de la comunidad armenia: János Czetz, quien luego emigró a la Argentina y fue el organizador del Colegio Militar de la Nación, y Dénes Lukács, comandante en jefe nacional de la artillería húngara. De todos los participantes en la Guerra de Independencia, dos tenientes coroneles, seis mayores, 18 tenientes y 25 subtenientes eran armenios. Además de los militares, la comunidad armenia también contribuyó financieramente a esta fallida gesta independentista.

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El papel que los húngaros armenios habían jugado en los eventos de 1848/49 quedó grabado en la memoria cultural de Hungría; Los armenios eran a menudo descritos como los principales aliados de los húngaros. El conde Sándor Teleki, por ejemplo, hizo la siguiente declaración: “Amo a la nación de los armenios porque son húngaros hasta el fondo de sus corazones; Dotan sobre nuestra tierra y aman a nuestra patria; entre todas las nacionalidades, ¡la suya es la única que vive con nosotros y moriría por nosotros! […] Amo tanto a los armenios que puedo ser nombrado armenio honorario!”.

LA IGLESIA CATÓLICA ARMENIA DE BUDAPEST

Intenté dos veces visitar por dentro esta iglesia ubicada en una zona apacible de Buda pero me fue imposible: un domingo fui por la tarde (la misa se celebra solo por la mañana) y al domingo siguiente no hubo misa, porque se celebra cada 15 días. Sin embargo, pude admirar por fuera el templo y sus jardines.

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Cuando uno encuentra un pedacito de la madre patria en territorio extranjero no puede menos que conmoverse.

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La Iglesia Armenia en Budapest testimonia la lucha por la supervivencia de toda una diáspora.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


GALERÍA MULTIMEDIA

MÁS LIBROS ANTIGUOS EN IDIOMA ARMENIO PRESENTADOS EN LA EXPOSICIÓN

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LA IGLESIA ARMENIA CATÓLICA DE BUDAPEST

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CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente el título suena a exageración. Más bien debería hablar de mis obras de arte predilectas sobre el tema o mis recomendaciones, pero decidí dejar ese título no solo por el valor estético de las obras sino por su valor espiritual. Cuentan diferentes momentos de una misma historia desde una perspectiva singular; además, cada una de ellas es portadora de profundos significados. Te invito a descubrirlas.

1. “Jesús cargando la cruz” (entre 1515 y 1520) Maestro del Norte de Holanda, quizás de Leyden (fechas desconocidas), en el Szépművészeti Múzeum , Budapest, Hungría.

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El condenado era obligado a cargar con su cruz. Es muy probable que Jesús, luego de las torturas padecidas la noche previa, no pudiera soportarla. Tres de los evangelios cuentan de la ayuda que recibió: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”[1]. En la obra vemos a Jesús llevando el travesaño y detrás de él a este Simón de Cirene, que luego probablemente pasó a formar parte de la iglesia primitiva, pues se dice que era “padre de Alejandro y de Rufo”[2], menciones que sugieren que eran reconocidos en el naciente pueblo cristiano.

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Esta obra constituye una novedad en el arte por intenso uso del color blanco con algunas tonalidades sobre un pequeño fondo negro, solo interrumpido por el color piel de cabezas y manos. Además, crea una suerte de trompe l’oeil a través de un marco que da sensación de tridimensionalidad. La ropa y el calzado, como los edificios del fondo, son de la época del artista.

La representación está idealizada. Jesús es castigado y escarnecido. Nos hubiéramos imaginado que para acentuar el contraste entre víctimas y victimarios se hubieran utilizado colores diferentes para unos y otros, pero parece que el autor se negó a ser tan obvio y puso en consideración un elemento diferente: resaltar que unos y otros comparten la misma humanidad; por lo tanto, es doblemente trágico que el hombre mismo destruya a su prójimo, sobre todo cuando ese prójimo es inocente.

2. “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) de Salvador Dalí (1904-1989), en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Escocia

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951)

Salvador Dalí pintó repetidas veces la crucifixión desde su óptica surrealista. En este caso se inspiró en un dibujo místico de San Juan de la Cruz y en un sueño que, según él, sirvió de confirmación. Sin embargo, es la singular perspectiva de la obra y su perfecta ejecución lo que nos sorprende: Jesús colgado en la cruz es visto desde arriba, formando un triángulo con el travesaño lleno de luz. Aunque no se observan los ojos, la posición de la cabeza sugiere que el crucificado mira hacia abajo.

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Debajo hay un nuboso cielo dorado que refleja el resplandor que proviene de la cruz. Más abajo se observa un lago, una barca en la arena y dos pescadores, uno de ellos con una red.

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La imagen no presenta un Cristo sufriente, sino, más bien, contemplativo. Su panorama no es un mundo en llamas sino una imagen apacible, que nos refiere inmediatamente a los inicios de su actividad pública en el lago de Galilea y a sus primeros discípulos: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron[3].

Hay una invisible mirada de ternura en este Cristo de Dalí. El artista dijo acerca de su obra “Mi ambición estética en ese cuadro era la contraria a la de todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores modernos, que lo interpretaron en el sentido expresionista y contorsionista, provocando la emoción por medio de la fealdad. Mi principal preocupación era pintar a un Cristo bello como el mismo Dios que él encarna”[4].

3. “La crucifixión de Cristo” (cerca del 1500), de Lucas Cranach El Viejo (1472-1553), en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 02

Se ve a Jesús crucificado entre dos ladrones, tal como lo describen los cuatro evangelios. Leamos el que es considerado el más antiguo, el evangelio de Marcos “Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: El Rey de los Judíos. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda”[5].

En el cuadrante inferior izquierdo se ve un grupo integrado por cinco mujeres y un joven al pie de la cruz.  Sin embargo, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hablan que las mujeres que lo seguían desde Galilea se encontraban “mirando de lejos”[6]. El pintor las ubica allí basado en el relato del cuarto evangelio, atribuido a Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”[7]. Justamente la tradición reconoce en el apóstol Juan al discípulo designado para cuidar a María.

Sin embargo, el personaje más llamativo de la obra es el jinete con armadura que monta un elegante caballo blanco. Representa al centurión, un extranjero que presenció la muerte de Jesús y que fue el primero en reconocer su divinidad. Escribe Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”[8].

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El hecho de verlo ataviado como un caballero medieval, tal como las mujeres con sus atuendos de época, no debe ser considerado un anacronismo. Más bien representa el drama de la cruz y su impacto en las personas en el presente del artista. Pareciera que el caballero de sombrero rojo y barba amarilla al levantar su mano derecha sigue declarando, pese al paso de los siglos, que Jesús es el Hijo de Dios, pero también lo muestra indiferente, eligiendo seguir su propio camino.

Lucas Cranach fue un pintor de la Reforma, que hizo otras composiciones sobre la crucifixión, manteniendo la idea original en la mitad superior de la pintura y alternando personajes en la mitad inferior.

4. “La Piedad” (1495), de Miguel Angel Buonarroti (entre 1498 y 1499) en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

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La Piedad es una de las esculturas más conocidas y admiradas. Aun si no tocara un tema religioso, hubiera sido reconocida como una joya por su extraordinaria belleza y hondo sentimiento. Representa a María, joven y hermosa, rodeando con sus brazos el cuerpo inerte de su amado hijo Jesús, que yace sobre sus rodillas. A pesar de la dificultad que implica esculpir el mármol, los pliegues de la vestimenta son perfectos aunque el mayor atractivo es la expresión de silencioso dolor en el rostro de María.

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Pese a ser una magnífica composición, presenta una singular inconsistencia: Hasta donde sabemos, la madre de Jesús jamás entró en contacto con el cadáver de su hijo. Según los evangelios, “José de Arimatea, miembro noble del concilio… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto… dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” [9]. La representación tan popular de “La Piedad” no tiene asidero histórico. Sin embargo, la imagen revela cabalmente el amor y el dolor infinitos de una madre ante la pérdida de su hijo.

Se trata de la única escultura firmada por el propio Miguel Ángel, cuyo nombre puede leerse en la cinta que cruza el pecho de la Virgen.

5. “Cristo muerto” o “Lamentación sobre Cristo muerto” (realizada, según se estima, entre 1480 y 1490) de Andrea Mantegna, Pinacoteca de Brera, Milán, Italia.

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La escena muestra a Jesús muerto, yaciendo sobre una losa de mármol, con la cabeza inclinada e inmóvil, apoyada sobre un almohadón. Tiene los cabellos largos, bigotes y una barba incipiente. La representación produce un profundo impacto emocional debido en parte a la técnica del escorzo: el uso de una figura situada en forma oblicua o perpendicular al plano sobre el que se pinta. Esta magnífica aplicación de la perspectiva nos acerca a un Cristo, cuya presencia perdura a pesar de su muerte.

Hay un intenso contraste de luces y sombras en el que resalta la blanca palidez de Jesús y el llanto de los presentes a la derecha del muerto: María, su madre, Juan, el discípulo amado, y otra figura que apenas atisba por detrás de María; probablemente se trate María Magdalena. El cuerpo de Jesús de la cintura hacia arriba está desnudo, mientras que de la cintura para abajo está cubierto por una sábana cuyos magníficos pliegues acentúan la sensación de cercanía y realidad.

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La escena es una creación del pintor y no tiene fundamento bíblico. Ya hemos comentado que el cadáver de Jesús fue entregado a un discípulo secreto de Jesús, José de Arimatea, miembro del tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín. En los evangelios, las mujeres son descritas como testigos de la sepultura: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este… fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie… Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo conforme al mandamiento”[10].

Más allá del efecto visual, quizás el mayor aporte de esta obra sea mostrar la humanidad de Cristo sin simbolismos, representando quizás lo que dice el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”[11].

6. “Cristo descendiendo a los infiernos” (1491), de Giovanni de Benvenuto (1436-1518), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos

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El título original de esta obra es “Cristo en el limbo”. El limbo al que se refiere la pintura no es el lugar a dónde, según la según una creencia popular católica[12], van los niños sin bautizar (una entelequia que contradice la afirmación de Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”[13]), sino al “limbo de los justos o de los patriarcas”, un lugar misterioso al que hace referencia la 1ª Carta de san Pedro donde estaban cautivos los patriarcas del Antiguo Testamento, que murieron antes de Jesús. Dice el texto que Cristo muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”[14].

Aunque no forma parte del Credo Niceno (año 325) esta idea fue incluso incorporada al Credo de los Apóstoles, formado probablemente en el siglo V en la Galia, cuando dice “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso”.

Esta pintura describe el descenso de Cristo al “limbo de los patriarcas” según la imaginería popular. Jesús sostiene a la izquierda la mano de un hombre barbudo que representa a Adán. A su lado está Eva. Detrás de ellos muchos hombres, casi todos con curiosos sombreros y rostros desfallecientes que contemplan a Jesús que acaba de derribar las puertas del infierno aplastando al demonio que se encuentra debajo.

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Además de la originalidad del tema, poco tratado en el arte, hay algunos detalles llamativos en la obra que vale la pena señalar. El primero es el tratamiento de los rostros como caricaturas, en particular los de Adán y Eva, algo ajeno a la época. Obsérvese el rostro de Adán. Podría ser un gnomo o uno de los enanitos de Blancanieves. El artista se anticipa a su época. El segundo es el tratamiento visual de la obra: Jesús aparece de espaldas y apenas se ve el perfil de su rostro. El foco está en las personas necesitadas y vencidas. La fuerza está, sin embargo, en los delgados y alargados brazos salvadores de Jesús, que aferran a los sufrientes a fin de rescatarlos.

7. “Cristo resucitado de la tumba” (cerca del 1490), de Ambrogio  da Fossano, más conocido como Bergognone (1453-1523), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos 

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El Jesús resucitado de Bergognone es un Cristo victorioso, cercano al pantokrator (“Señor sobre todo”). Detrás tiene un halo dorado que resalta su gloria y contrasta con la blancura del cuerpo y la ropa, solo interrumpida por la herida en el pecho, mencionada en el evangelio de Juan: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”[15].

Tiene su mano derecha abierta, mostrando la marca dejada por un clavo de la cruz; en la izquierda sostiene un mástil rojo coronado por una bandera blanca con una cruz roja que simboliza su triunfo sobre la muerte[16].

Es llamativa la posición del cuerpo, con la pierna flexionada mostrando a Jesús de pie, pero como a punto de dar un salto: verdaderamente ha resucitado[17].

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El rostro de Jesús tiene aspecto europeo, siguiendo el arquetipo elegido por los artistas del medioevo; el pelo cae sobre los hombros, la barba y las cejas están perfectamente recortadas. La mirada de Jesús apunta al cielo, como si esperara que Dios confirmara su aprobación por la obediencia mostrada.

Las Sagradas Escrituras dicen que la sábana mortuoria había quedado en el sepulcro: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”[18]. Sin embargo, Jesús en la Pintura parece salir de la tumba vestido. Esta es una licencia del artista para evitar mostrar a Jesús desnudo.

8. “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección” (1898) de Eugène Burnand, (1850-1921), en el Musée d’Orsay, París, Francia.

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Esta obra es fascinante porque aunque no muestra ninguna imagen de Jesús, describe el efecto de su resurrección. Recoge el antiguo relato del evangelio de Juan: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”[19].

El pintor suizo Eugène Burnand era un hombre de profundas convicciones cristianas. De activa fe protestante, se propuso recrear este pasaje bíblico a través de una composición naturalista. El naturalismo era una escuela surgida en Francia durante el siglo XIX que procuraba reflejar la realidad tal como era, renunciando a la perfección y a la exageración dramática. El cuadro retrata el momento en que “Pedro y el otro discípulo”, identificado con Juan, “corrían los dos juntos”. Los rostros de aspecto casi fotográfico transmiten incertidumbre y sorpresa; preocupación, pero también un rayo de esperanza.

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Los cabellos sacudidos por el viento, los cuerpos inclinados hacia adelante y las expresiones de las manos refuerzan esa impresión, bajo un cielo nublado con tonos ocres que resaltan las figuras de los discípulos.

No en vano el artista pinta rostros contemporáneos y los muestra en ansioso movimiento. De algún modo representan al hombre de hoy con sus preguntas, si creer o no creer en alguien superior que no vemos a través de cosas que no entendemos. Nada peor que la resignación o la indiferencia. La búsqueda de un Dios vivo es el principio del encuentro con Él. No hace falta verlo, como a Juan no le fue necesario encontrarse con el Cristo resucitado. El cuadro nos habla de fe. El artista, como nosotros, sabía que la historia terminaba con la frase “y vio, y creyó”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


NOTA:

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de dos, que conoce a través de libros de Historia del Arte: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí y “Lamentación sobre Cristo muerto” de Andrea Mantegna. De todas, su favorita es “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección”, de Eugène Burnand cuya imagen contempló por primera vez en un libro durante su niñez.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según Lucas 23:26

[2] Evangelio según Marcos 15:21

[3] Evangelio según Marcos 1:16-20

[4] The Scottish Art Review, Vol.IV No.2. Summer 1952, “Dali”

[5] Evangelio según san Marcos 15:25-27

[6] Evangelio según san Marcos 15:40-41

[7] Evangelio según san Juan 19:25-27

[8] Evangelio según san Marcos 15:40

[9] Evangelio según Marcos 15:43-47

[10] Evangelio según Lucas 23:50-56

[11] 1ª Carta de Pedro 3:18

[12] Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, el limbo no es una verdad dogmática, sino una hipótesis teológica

[13] Evangelio según Mateo 19:14

[14] 1ª Carta de Pedro 3:18b-19

[15] Evangelio según Juan 19:33-35

[16] Letellier, Robert Ignatius y Janet Mellor “The Bible and Art: Exploring the Covenant of God’s Love in Word and Image”, Cambridge Scholars Publishing, Newcastle upon Tyne, Inglaterra, 2016, p.88

[17] Evangelio según Lucas 24:34

[18] Evangelio según Juan 20:6-8

[19] Evangelio de Juan 20:1-8


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos son de dominio público.

LIBRERÍAS MARAVILLOSAS (por Pablo R. Bedrossian)

“El libro es una extensión de nuestra memoria y nuestra imaginación” [1]. (Jorge Luis Borges)

Los que amamos la lectura no podemos evitar la tentación de entrar a una librería, y ojear y hojear aquellos libros que nos interesan. Comprar un libro se ha vuelto una experiencia: elegirlo, compararlo, admirarlo, comenzar a leerlo antes de pagar por él. O sin pagar, porque para mejorar esa experiencia, cada vez más librerías proveen espacios para la lectura. Si bien estamos en una época de venta digital, el libro impreso sigue creciendo[2].

El ámbito de la experiencia provee más valor al lector. Las librerías, como las bibliotecas, determinan ese ámbito; sentarse en mullidos sillones, en un sitio climatizado, amplio y luminoso, donde uno pueda también tomar un café, hace que la lectura se vuelva un placer aún mayor.

Quiero presentar algunas de las librerías más hermosas del mundo, que han elevado esa experiencia.

ALEXANDRA BOOK CAFE, BUDAPEST, HUNGRÍA

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Budapest es considerada la París del este europeo. Su calles, avenidas, parques y puentes son en sí mismos un show al aire libre. Caminando por su emblemática avenida Andrassy[3], a la altura del número 39 aparece un llamativo edificio, la Librería Alexandra[4]. Se trata de una serie de pisos a los cuales se accede por escaleras mecánicas.

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En la planta baja un mundo de libros aguarda que el visitante vaya por ellos. En el segundo piso, hay mesas y anaqueles poblados de textos, y un formidable salón de decoración barroca donde se puede tomar un café con algún bocadillo, o simplemente escuchar su piano. Además, hay una exposición de arte en el piso superior, donde se pueden adquirir pinturas.

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La construcción original neorrenacentista fue diseñada por Gustav Petschacher y Segismundo Sziklai e inaugurada en 1884. Contaba con un billar y salones de baile en el piso inferior, un casino -que era el corazón del proyecto- en el segundo, y dos apartamentos de lujo en el tercero.

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El diseño de interiores, incluyendo el espectacular fresco que corona la cafetería, realizado por Karl Lotz, el Príncipe de las Artes de Hungría, han sobrevivido hasta nuestros días.

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La primera remodelación tuvo lugar en 1909, cuando el nuevo propietario, Samuel Goldberger, decidió renovar el edificio, que había sido dañado por un incendio en 1903. Se reinauguró el 3 de marzo de 1911 bajo el nombre Párizsi Nagy Áruház (en español, Tienda por Departamentos París) convirtiéndose en el primer gran almacén moderno de Hungría. Aunque en esa época no existía el art deco, su fachada parece haberlo anticipado.

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El edificio sobrevivió a la 2ª Guerra Mundial. Se hicieron arreglos, y fue reabierto al público en 1958 bajo el nombre de Divatcsarnok, dedicado a la moda. En 1967 fue declarado monumento protegido. Sin embargo, el colapso de la Unión Soviética y la caída de la cortina de hierro llevaron al cierre del negocio. En manos del Estado no hubo ningún plan concreto para relanzarlo. En 2005 fue adquirido por The Orco Property Group, un consorcio francés dedicado a bienes raíces, que dedicó cuatro años a renovarlo, reabriendo sus puertas el 10 de noviembre de 2010.

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El primer inquilino fue la Librería Alexandra, que se hizo cargo de los dos primeros pisos, y el Lotz-terem (el maravilloso ex salón de baile donde está el café). Más arriba hay una galería de antigüedades y arte.

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Si visita Budapest, no dude: entre. Ingresará a un espacio que le hará sentir que los libros son amigos que lo reciben en su casa.

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EL ATENEO – GRAND SPLENDID, BUENOS AIRES, ARGENTINA

Argentina es un país de ávidos lectores. Quizás por eso ha producido maravillosos escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ernesto Sábato. Buenos Aires, su capital, sigue siendo famosa por sus librerías. Incluso Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa” hace mención de ellas:

“Si nada nuevo hubiese sucedido, todavía seguiría preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk; pero en 1970, en Buenos Aires, curioseando en las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del más famoso Patio del Tango de esa gran arteria tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Temesvar…”[5].

La más bella de todas es, sin duda, la librería El Ateneo Gran Splendid[6]. Ubicada en la Avenida Santa Fe 1860, entre la Avenida Callao y la calle Riobamba, fue originalmente un cine y teatro. Ahora, el espectáculo son los libros.

Por encargo del empresario discográfico Max Glücksman -un inmigrante austriaco que había llegado a los 15 años a la Argentina-, y bajo diseño de los arquitectos Peró y Torres Armengol, en 1917 se inició la construcción del Grand Splendid. La obra, dirigida por los arquitectos Pizoney y Falcope, se inauguró en mayo de 1919. Esta suerte de Catedral del Teatro contaba con 550 butacas distribuidas en cuatro niveles de palcos y una platea para 500 personas. Quizás el distintivo más importante lo constituya la pintura realizada por Nazareno Orlandi en su enorme cúpula. Es una representación alegórica de la paz que celebra el fin de la 1ª Guerra Mundial[7].

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Por el Grand Splendid pasaron importantes personajes del tango, y a partir de 1920 Carlos Gardel grabó varios de sus discos en un estudio instalado en la parte superior del edificio[8]. En 1923, también en uno de los pisos altos, se instalaron los estudios de Radio Splendid. En su sala se estrenaron películas mudas argentinas y se proyectó la primera película sonora llegada al país, “La divina dama”.

Los tiempos cambiaron. La llegada de los complejos multisalas y los cambios en los hábitos del público en los ’90, inclinado hacia el alquiler de videos, produjeron una crisis en el negocio de los cines.

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Procurando una salida, Rabeno Saragusti, responsable del Grand Splendid, el 14 de febrero de 2000 firmó un contrato de alquiler con la cadena Yenny, también propietaria de la Librería El Ateneo de la calle Florida. Cerró así las puertas al cine, pero ensanchó las de la cultura, conservando su belleza original. Las cuidadosas remodelaciones fueron llevadas a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone.

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Hoy el hall de entrada está saturado de mesas y bateas con libros, CDs y DVDs, además de una pequeña sección de coleccionables y regalos. Pero al llegar a la sala de proyecciones, uno entra en una atmósfera solemne bañada por una tenue luz. En el centro se abren escaleras mecánicas que conducen al subsuelo (área de CDs, DVDs y sala de lectura para niños); a ambos lados, una multitud de estantes exhiben libros de todo tipo de tamaño y color. Al fondo, donde estaba el escenario, se encuentra una confitería, donde se puede tomar un café, dialogar con amigos o leer un libro.

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Para acceder a los pisos superiores donde están los palcos se debe tomar un elevador. Allí se encuentran literatura, audio y videos especializados.

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CAPITOL HILL BOOKS, WASHINGTON D.C., ESTADOS UNIDOS

Algunos opinan que Washington es una urbe europea en el corazón de los Estados Unidos. Probablemente no lo dicen sólo por su arquitectura -hay infinidad de edificios de estilo neoclásico-, sino por su naturaleza cosmopolita. Pero quizás exista una razón adicional: cuando uno ingresa a Capitol Hill Books siente que está en alguna ciudad del Viejo Continente.

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Al visitarla recordamos aquella idea borgeana, que el universo tiene forma de biblioteca, pero no es un cosmos sino un caos. Con libros por todas partes, incluyendo el cuarto de baño, es un paraíso para los bibliófilos.

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Ubicada frente al Eastern Market, a pocas cuadras del Capitolio de los Estados Unidos y de la famosa Biblioteca del Congreso, posee un sótano y dos plantas repletos de libros usados, primeras ediciones y publicaciones raras. Su dueño original falleció en 1994. El actual no permite que ingresen ni celulares, ni novelas románticas. Cualquier otro texto, uno lo puede encontrar allí.

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Su estilo es único, definido por Jim Toole, su actual propietario, como “desorganización controlada”[9].

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Dice en su website “Tenemos libros de ficción en la sala de ficción, libros de misterio en la sala del misterio, libros de lenguas extranjeras en el baño, libros de cocina en la cocina, libros de negocios y de abogados en el armario de negocios, biografías culturales en el armario cultural, y una sección extraña para los que, como las brujas, los sueños, y las cosas, chocan en la noche. También tenemos libros sobre historia, filosofía, viajes, teología, psicología, política (por supuesto), juegos, arte y más… Cada espacio en la tienda tiene un libro, y realmente hay uno aquí, en alguna parte, para usted”[10].

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Capitol Hill Books es ideal para aquellos que les gusta escarbar entre pilas de libros, anhelando encontrar un diamante literario. Además, los precios son muy atractivos.

LIBRERÍA DE ÁVILA, BUENOS AIRES, ARGENTINA

Cuenta Diego Zigiotto, que la Librería de Ávila “es el único comercio porteño que desde 1785 se mantiene en el mismo lugar y dedicado al mismo rubro”[11]. Desde hace casi dos siglos se la conoce como la Librería del Colegio por su cercanía al Nacional Buenos Aires[12]. Habiendo cursado allí mi Secundario, he visitado la librería infinidad de veces, y cada vez que regreso, no deja de asombrarme.

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¿Qué hace especial esta librería? La diversidad de textos, su elegante salón y la experiencia de sus vendedores. Está ubicada en la esquina de Alsina y Bolívar, frente a la Iglesia de San Ignacio, que ocupa la esquina sudoeste de la famosa Manzana de las Luces. A escasos 100 metros se encuentran el Cabildo y la Plaza de Mayo.

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Ofrece una enorme variedad de libros, muchos de los cuales no se consiguen en otras tiendas. Por ejemplo, en una de mis últimas visitas a Buenos Aires compré “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, de Nicolás Gabriel Gutiérrez, una joya que no había visto en ningún otro sitio. Aunque, desde luego, se consiguen best sellers, su mayor atractivo se encuentra en su oferta de ediciones raras y libros usados, muy valiosos para estudiosos y coleccionistas.

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El actual edificio levantado en 1926, bajo diseño del arquitecto Ángel Pascual y el ingeniero Luis Migone, cuenta con un salón de ventas de espléndida luminosidad. Al entrar se observa un amplio espacio en dos niveles; allí, sobre mesas y vitrinas se exhiben los libros, los grandes protagonistas de ese histórico lugar.

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A la izquierda, una suerte de balcón oval sirve de mirador para la sección de libros en el subsuelo a la que se accede a través de una escalera.

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Si tiene preguntas, no dude en consultar a quienes atienden al público. Saben de literatura y de libros. Más que vendedores, son asesores que saben guiar al cliente a encontrar lo que busca. Por pura coincidencia, cuando vivía en Buenos Aires tuve un vecino que trabajaba allí. Lo habían elegido porque era una enciclopedia viviente.

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Otros, como Esteban Moore[13], han escrito sobre las celebridades que fueron sus clientes, como los ex presidentes argentinos Mitre, Sarmiento y Avellaneda o los escritores Lugones, Arlt y Borges, pero no es nuestra intención contar su historia sino invitar a vivir la experiencia de visitar la Librería de Ávila. Sólo mencionamos que en 1994 fue adquirida por el librero Miguel Ávila, quien le puso su nombre y ha hecho que hoy no sólo conserve la tradición sino que se haya convertido en una librería de culto.

SHAKESPEARE & CO., PARÍS, FRANCIA

Ubicada sobre la rue de la Bûcherie, a pasos del río Sena y muy cerca de la Catedral de Notre-Dame, Shakespeare and Co. es la librería más famosa de París. Ud. quizás se pregunte porque no lleva el nombre de algunas de las brillantes plumas francesas, como Stendhal, Dumas, Camus o Zola; simplemente se debe a que la librería se especializa en obras de habla inglesa.

Desde su apertura en 1951, ha sido un punto de encuentro de autores y lectores anglófonos. Su fundador, George Whitman, escribió “creé esta librería como un hombre escribiría una novela, construyendo cada habitación como un capítulo, y me gusta que la gente abra la puerta de la misma manera que abre un libro, un libro que lleva a un mundo mágico en su imaginación”[1]. Incluso en 2016 se lanzó un libro de 400 páginas sobre la librería, denominado “Shakespeare and Company, Paris: A History of the Rag & Bone Shop of the Heart”.

La historia personal de George Withman es asombrosa. En tiempos de la famosa Gran Depresión decidió realizar un viaje por México y Centroamérica. Durante su estadía en Yucatán cayó gravemente enfermo y fue curado por una tribu maya. Quizás por eso, su personal filosofía de vida lo llevó a ser hospitalario, invitando a escritores, artistas e intelectuales a dormir entre los estantes de la tienda y las pilas de libros sobre pequeñas camas que durante el día se doblaban y servían como bancos.

El edificio cuenta con un doble frente, adornado por mesas con libros sobre la acera. Fue levantado a principios del siglo XVI para servir de monasterio. Por dentro la librería parece una vieja casona con diminutas escaleras y pasillos laberínticos donde uno debe ser cuidadoso para no tropezarse con otros visitantes, en un ambiente íntimo y amaderado, donde está prohibido tomar fotografías. Sus estantes y mesas pobladas con libros no solo atraen lectores sino a miles de curiosos. La librería pasa siempre llena.

Originalmente la tienda se llamaba Le Mistral, pero en 1964, coincidiendo con el 400º aniversario del nacimiento del autor de “Hamlet” y “Romeo y Julieta”, su fundador decidió darle el nombre actual en recuerdo de una librería homónima fundada en 1919 por Sylvia Beach que reunía escritores expatriados de habla inglesa como Joyce, Hemingway, Fitzgerald, T.S. Eliot, Ezra Pound con talentosos autores nacionales, un poco al estilo de “Medianoche en París” de Woody Allen. La nueva “Shakespeare and Co.” Tuvo entre sus primeros visitantes a un joven argentino nacido en Bélgica: nada menos que Julio Cortázar.

BIBLIO-GLOBUS, MOSCÚ, RUSIA

Ubicada muy cerca de lo que fuera el edificio de la KGB, hoy sede del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y de la plaza Lubyanka, la librería Biblio-Globus es una de las más grandes del mundo: ocupa tres plantas de un edificio cuya superficie cubre la mayor parte de la manzana donde se encuentra.

Fue fundada en 1957 siguiendo las mejores tradiciones de venta de libros, por lo que se ha constituido en un verdadero club de lectores que reúne a personas de diferentes intereses, credos, actividades y orígenes en un mismo espacio cultural. Tal como la misma librería afirma, su misión es “garantizar que las próximas generaciones hereden el amor y el respeto por el libro, el conocimiento, el patrimonio cultural de Rusia y del mundo entero”[15].

Es una librería enorme, tan diversa como completa. La planta baja cuenta con cuatro salas: una ofrece libros de historia, filosofía, política y religión, otra contiene libros de literatura de nivel académico; una tercera, libros sobre hobbies, viajes y deportes; la última, tarjetas postales, papelería y obsequios, desde luego, ¡todos en lengua rusa!

Si busca libros en alfabeto latino debe subir a la segunda planta. Allí también encontrará las secciones de novelas, colecciones de cuentos y literatura infantil en lengua rusa. Hay una amplia variedad de DVDs de películas y algunos CDs.

Quizás la estética no sea su mayor virtud, sin embargo tiene secciones para el asombro. Lo mejor se encuentra en el subsuelo con algunas salas dignas de los mejores museos. Allí no solo se venden libros antiguos y difíciles de conseguir sino extraordinarias piezas de numismática y filatelia. En ese mismo nivel encontrará libros de arte y hasta una floristería.

Por supuesto en Biblio-Globus no faltan sitios donde tomar café. Allí podrá leer alguno de los 250,000 títulos que ponen a la venta.

THE STRAND BOOKSTORE, NEW YORK CITY, ESTADOS UNIDOS

En Nueva York, se encuentra The Strand Bookstore, la única librería en el mundo que afirma tener “18 millas de libros”.

Está ubicada en la esquina de Broadway, la única avenida diagonal que atraviesa Manhattan, y la 12th Street en el East Village. Este paraíso de los lectores tiene un doble mérito: siendo una librería independiente ha sido capaz de competir con las grandes cadenas, como Barnes & Noble que tiene una sucursal a solo dos cuadras en Union Square; además sobrevive en un entorno donde las ediciones digitales están reemplazando a las de papel.

La librería se encuentra en esta icónica esquina desde 1957. Tiene pisos de madera, amplias escaleras y un ascensor interno. Las estanterías de la planta baja parecen infinitas, como si fueran parte de la borgeana Biblioteca de Babel. Puede admirarla desde espacios que funcionan como balcones.

Nuestras zonas favoritas son un pequeño entrepiso que ofrece libros de arte y arquitectura y la sección de libros antiguos, primeras ediciones y rarezas del tercer piso que cierra más temprano que el resto de la librería.

Además, hay un enorme surtido de libros usados y algunos coleccionables. Si va a New York, no deje de visitarla, pero déjenos advertirle algo: vaya con tiempo, porque una vez adentro no querrá salir.

EL ATENEO DE LA CALLE FLORIDA 340, BUENOS AIRES, ARGENTINA

El 10 de septiembre de 1984 viví una experiencia única: conocí personalmente a Jorge Luis Borges y conversé con él unas tres horas. Me pidió que lo llevara a El Ateneo, nombre que en aquel entonces se adjudicaba exclusivamente a la librería de Florida 340, en el Centro de Buenos Aires. Transcribo brevemente la historia:

Llegamos a “El Ateneo”. En la distinguida librería recibieron a Borges como un prócer o mito viviente. Nos rodeó una veintena de empleados que lo saludaron con esmerado respeto. Borges quería un libro de sonetos de Enrique Banchs para una antología que estaba preparando.  Aproveché para regalárselo y, con una desvergüenza propia de un alucinado, le escribí una dedicatoria” [16].

No era casualidad que Borges hubiera elegido esa librería, aun cuando había muchas otras más cerca de su departamento: se trataba de la más grande y la más completa, de la más bella y la más refinada del país. El Ateneo había sido fundada en 1912, por el español Pedro García. El poeta y comunicador Willy G. Bouillon nos cuenta: “La primera sede de El Ateneo estuvo en la calle Victoria al 600 (hoy Hipólito Yrigoyen), frente al Concejo Deliberante. En 1936 se trasladó a Florida 371 y poco después a su definitivo emplazamiento, en el 340 de la misma calle. Con el antiguo edificio de La Nación en la vereda opuesta, integraron un par singular de ese tramo de la céntrica arteria, que fue el primero en hacerse peatonal, en 1913”[4].

Siendo la peatonal calle Florida de algún modo el corazón de Buenos Aires, sus altas y anchas vidrieras son un imán para los transeúntes. Al ingresar, el lector encuentra mesas rodeadas de estanterías mostrando libros fotográficos junto a las más recientes publicaciones. Los libros están rigurosamente clasificados por temas, colocados de modo de producir un cautivante impacto visual. Por una escalera mecánica uno pude ascender a la segunda planta (en Argentina llamada primer piso) donde hay también una buena selección de CDs y DVDs y una cafetería.

El piso alfombrado, los anaqueles de madera, las columnas interiores con molduras y una escalera de estilo art nouveau al fondo, crean una atmósfera exquisita y, a la vez, acogedora.  Como si todo esto no bastara, también posee un subsuelo poblado de textos. En este templo de la cultura, el 21 de septiembre de 1969 se celebró allí por primera vez La Primavera de las Letras Argentinas, donde autores nacionales firmaron libros y conversaron con los lectores. Este evento, que se repitió al año siguiente, sirvió de antecedente para la famosa Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Vale la pena entrar y pasar un tiempo en esta librería, hoy integrada a la cadena Yenny – El Ateneo, tal como la maravillosa El Ateneo – Gran Splendid.

LAS DOS QUE ME FALTAN: LO MEJOR PARA EL FINAL

Las librerías, como las bibliotecas, tienen para mí algo sagrado: son templos del saber, del pensamiento, de la imaginación y del descubrimiento. Existen dos de ellas que solo conozco a través de las imágenes, pero  algún día poder visitarlas:

LIBRERIA LELLO, OPORTO, PORTUGAL

La Librería Lello se encuentra en un extraordinario edificio modernista inaugurado en 1906.

En su interior se destacan la decoración en estuco moldeado y pintado que simula piezas de ebanistería y la majestuosa escalera que lleva al segundo piso.

Se cobra entrada y dicen que allí se inspiró J.K. Rowling para escribir historias de Harry Potter.

LIBRERÍA SELEXYZ DOMINICANEN, MAASTRICHT, PAÍSES BAJOS.

Esta librería ocupa el lugar más antiguo dedicado exclusivamente a la venta de libros:  una iglesia gótica de la orden de los dominicos erigida a fines del siglo XIII en Maastricht, Países Bajos.

Los arquitectos Merkx y Girod, lograron ampliar el espacio interior mediante una pasarela multinivel de acero que permite el acceso a gigantescos estantes.

Fue inaugurada en 2005 y obtuvo el Premio de Arquitectura Interior Lensvelt en 2007

UN JARDÍN ENCANTADO

Para los que amamos la lectura, entrar a alguna de estas librerías es hacer realidad aquellas palabras que Borges atribuye a Ralph W. Emerson: “Una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. Tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan” [18].

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2017, 2018, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: “THE LITERARY MAN”

Un caso extraordinario es” The Literary Man”, un hotel literario ubicado de Óbidos, una localidad portuguesa a 70 km de Lisboa declarada por la UNESCO en 2015 como “Ciudad Literaria”.

Establecida en un viejo convento, su colección cuenta con más de 50,000 volúmenes. Los huéspedes están rodeados por un mundo de libros.


BONUS 2: PERLAS ESCONDIDAS

Toda selección puede ser injusta; por eso, algunos dirán que hay librerías mejores. Probablemente tengan razón porque para cada persona la mejor librería es aquella que ama. Además, todas tienen algo en común: el alma de sus dueños, los libreros.

En lo personal me atraen con la fuerza de un imán las librerías de anticuarios. Hay algunas que deseo reconocer especialmente: First Editions, de Dublin, Irlanda, donde Allan Gregory, su dueño, me atendió maravillosamente y adquirí un libro impreso hace más de tres siglos; Sanderus, en Gante, Bélgica, donde adquirí un par de manuscritos iluminados, que formaron parte de libros de oraciones anteriores a la imprenta. Su sala de cartografía antigua es imperdible, pero solo se puede visitar con el permiso y la presencia de su dueño, Filip Devroe. En el barrio judío de Praga, República Checa, también hallé joyas, como un comentario en hebreo de los libros de los profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel impreso en 1792.

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Tampoco quiero omitir una mención de las tiendas de libros antiguos de la rue Bonaparte de París, Francia, y de las viejas librerías de la Avenida de Mayo de Buenos Aires, atiborradas de primeras ediciones, coleccionables y textos curiosos, entre las que se destaca El Túnel, para nosotros imperdible.


REFERENCIAS

[1] Borges, Jorge Luis, “Borges Oral”, Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1979, 2ª Impresión, p.13.

[2] Para los interesados, recomendamos leer el estudio de PriceWaterhouse, que se encuentra en http://www.pwc.com/gx/en/global-entertainment-media-outlook/assets/2014/pdfs/book-publishing.pdf  Allí se predice que en 2018 los libros electrónicos alcanzarán el nivel de venta de los libros en papel sólo en dos naciones: Estados Unidos y Reino Unido.

[3] La Avenida Andrassy, construida en 1872, fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 2002, debido a las bellas fachadas de las casas y palacios que conserva.

[4] Alexandra es el nombre de una cadena de librerías húngara de la cual la que presentamos es una sucursal.

[5] Eco, Umberto, “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Ed.,p.11

[6] Yenny – El Ateneo es el nombre de una cadena de librerías argentina de la cual la que presentamos es una sucursal.

[7] Para los que quieran saber más sobre la hermosa pintura en el techo, recomendamos leer el artículo publicado por Hugo Petruschansky en la Revista La Nación, del diario del mismo nombre, el 18 de julio de 2004,  que se puede encontrar en http://www.lanacion.com.ar/618516-cupula-del-grand-splendid-como-ver-la-obra

[8] Sobre Gardel y el sitio de sus grabaciones, hay una breve pero excelente nota de Eduardo Parise en http://www.clarin.com/ciudades/Ecos-Gardel-pieza-vacia_0_456554378.html

[9] https://www.washingtonian.com/2016/05/27/capitol-hill-books-jim-toole-curmudgeonly-rules-signs

[10] http://www.capitolhillbooks-dc.com

[11] Zigiotto, Diego M., “Las mil y una curiosidades de Buenos Aires”, edición corregida y actualizada, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2012, p.228

[12] Cuando se comenzó a ser llamada así, el actual Colegio Nacional de Buenos Aires se llamaba Colegio Real de San Carlos.

[13] Su libro se llama: “Librerías de Valor Patrimonial de Buenos Aires”, publicado por la Dirección General de Patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 2003.

[14] https://shakespeareandcompany.com/35/history/36/a-brief-history-of-a-parisian-bookstore

[15] http://www.biblio-globus.ru/content.aspx?page_id=15

[16] La conversación con Borges puede leerse en https://pablobedrossian.wordpress.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/; este diálogo se publicó originalmente en El Expositor Bautista de agosto de 1986. Borges había muerto en Ginebra en junio de ese año. Cuando nos encontramos él tenía 85 años, y yo apenas 25.

[17] Bouillon, Willy G., “Cumple 90 años la librería El Ateneo”, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, edición del 7 de septiembre de 2002; se puede leer en http://www.lanacion.com.ar/429434-cumple-90-anos-la-libreria-el-ateneo

[18] Borges, Jorge Luis, Op.cit., p.22


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de:

Fotos de Librería Lello, tomadas de la página https://okdiario.com/cultura/pasos-harry-potter-oporto-ciudad-portuguesa-que-inspiro-j-k-rowling-292827, diario digital español, (https://okdiario.com/)

Fotos de la librería Selexyz Dominicanen: La primera foto fue tomada del sitio: http://www.pinterest.com/pin/417075615472297486  correspondiente a www.matemolivares.blogia.com. La segunda fue tomada del sitio: http://www.huffpost.com/entry/selexyz-dominicanen-the-700-year-old-church_b_2949961, correspondiente al periódico online Huffposts (https://www.huffpost.com/)

Foto del hotel The Literary Man, tomada de https://www.lavanguardia.com/ocio/viajes/20170620/423524592856/hotel-50000-libros-obidos-the-literary-man.html, del periódico español La Vanguardia (http://www.lavanguardia.com)

ESCULTURA URBANA: CUERPOS QUE ATRAVIESAN LA MATERIA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “ARTE URBANO”

Si Ud. visita la Galleria dell’Accademia (en castellano Galería de la Academia), en Florencia, le será muy difícil no conmoverse ante el David, la famosa escultura de Miguel Ángel, de más de 5 metros de altura. Sin embargo, hay allí otras obras del magnífico pintor de la Capilla Sixtina. Entre ellas se destacan cuatro esculturas llamadas Prigioni (en castellano, Los Esclavos), esculpidas hacia 1530. Cada una de ellas es un bloque de mármol del cual parece emerger un hombre que lucha por liberarse de la materia. Es una muestra de la maestría de Michellangelo Buonarroti en la técnica del inacabado. Nuestra intuición sugiere que las partes de la figura que no vemos permanecen atrapadas en la piedra. Precisamente, observar una imagen parcial que la mente completa, nos mueve a pensar que lo que vemos es también producto de lo que no vemos.

En el arte urbano contemporáneo encontramos muchas ideas novedosas que tienen algo en común con Prigioni: esculturas saliendo a través de las paredes, pisos o techos, o, a la inversa, entrando en ellos, donde la mente intuye lo que no se ve, a pesar que… ¡no existe! Presentamos aquí algunos ejemplos:

HOMBRE ENTRANDO A LA PARED EN SAN TELMO, BUENOS AIRES

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Aún me cuesta entender la poca difusión de “Cochabamba”, obra de Gerardo Feldstein, un brillante artista visual argentino. Está ubicada en el muro del Espacio Giesso-Reich, en la calle Cochabamba 370, cerca de la esquina con la calle Defensa, en San Telmo. La escultura representa a un hombre joven vestido con jeans y chaqueta corta en tonalidades grises y azules penetrando una pared (de hecho, la cabeza no se ve porque supuestamente está dentro de ella). Calzado con borceguíes, su pie izquierdo empuja el cuerpo hacia arriba y adelante, apoyándose en una pequeña saliente amarilla, mientras la otra pierna, con la rodilla flexionada, se encuentra en pleno esfuerzo. Las manos también acompañan el intento agarrándose virtualmente de un hueco desde donde toman fuerza para completar el impulso. Esta intervención realizada en 2003, combinó cemento, telas, calzado, acrílico, madera, resina y esmalte sintético.

Feldstein ha realizado obras sobre la misma idea, como Up (2004) donde se observan dos piernas esforzándose por penetrar un techo donde supuestamente ya ha ingresado el resto del cuerpo.

HOMBRE ATRAVESANDO LA PARED DE PARÍS

Paris (por Joan Acley) - copia

La pequeña plaza Marcel Aymé, se encuentra en Montmartre, uno de los barrios parisinos más bohemios. Recibió el nombre de su más ilustre vecino, un brillante escritor francés del siglo XX. Una escultura lo homenajea recordando uno de sus cuentos más famosos, El Pasamurallas (en francés Le Passe-muraille).

La escultura muestra a Léon Dutilleul, personaje central del texto, un gris oficinista quien ante sus fracasos alegaba que una muralla le impedía cumplir sus propósitos. Cierto día descubre que puede atravesar paredes. Empieza a utilizar esta extraordinaria capacidad con fines cada vez más egoístas. Cuando es detenido por robo se escapa de la cárcel a través del muro. El desenlace llega cuando, por cuestiones amorosas, queda atrapado para siempre en una pared frente a su propia casa.

El Pasamurallas de la plaza Marcel Aymé, se encuentra en uno de sus costados, y es obra del actor y escultor Jean Marais. En una de las piedras del muro se encuentra una inscripción, que data la fecha de inauguración: el 25 de febrero de 1989. Se observa al personaje, representado en bronce, saliendo de la pared; en realidad, se trata de un busto parcial con el brazo derecho completo, la mano y muñeca izquierda y la pierna izquierda con el zapato apuntando hacia el suelo.

EPÍLOGO:

Cada vez se observa más este tipo de escultura alrededor del mundo: restos de una mano o de un rostro para que nuestra imaginación complete el resto. Invito a los lectores a compartir información sobre esculturas de este género.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la foto del Pasamurallas, tomada por nuestra amiga Joan Ackley y utilizada con su permiso.


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UNA VISITA AL CASTILLO DEL CONDE DRÁCULA (por Pablo R. Bedrossian)

La gran cantidad de libros, series televisivas y películas sobre vampirismo ponen en evidencia la enorme influencia del conde Drácula. Muchos no dudan de su origen histórico pero otros creen que es el fruto de una exagerada imaginación. Te invito a conocer la verdadera historia  y recorrer el castillo a través de las imágenes.

LA HISTORIA TAMBIÉN TIENE SU HISTORIA

001 DSC00319Podemos situar su presentación pública en la novela del irlandés Bram Stoker, de 1897, donde presenta a su protagonista, Vlad Drăculea, como un hombre vampiro. La historia sirvió de base para el film Bram Stoker’s Dracula, dirigida por Francis Ford Coppola, con la actuación estelar del multifacético Gary Oldman.

Los que vieron la película recordarán que el joven abogado londinense Jonathan Harker (interpretado por Keanu Reeves) viaja a la Transilvania llevando unos documentos que el famoso conde debe firmar. En el castillo descubre no sólo que se ha convertido en su rehén sino que Drácula es un vampiro que perdió su amor hace varios siglos.

La novela tiene varios antecedentes literarios que confluyen en la creación del famoso personaje que se nutre de sangre humana; incluso se dice que la historia original le fue confiada por el húngaro Arminius (Armenio) Vámbéry. Del mismo modo, la película de Coppola tiene precedentes, entre los que se destacan Nosferatu el vampiro, de 1922, dirigida por F.W.Marnau, Drácula, de 1931, dirigida por Tod Browning e interpretada por Bela Lugosi y Drácula, de 1958, dirigida por Terence Fisher, con la recordada actuación de Christopher Lee.

Se ha postulado que para ubicar su novela en un remoto castillo en los Cárpatos de Transilvania, Bram Stocker se sirvió de dos obras: una de Emily Gerard, La tierra más allá de los bosques, de 1888, y un informe sobre los principados de Valaquia[1].

EL CASTILLO

El Castillo de Bran (en rumano: Castelul Bran; en alemán: Schloss Bran; en húngaro: Törcsvári kastély) se ubica en la actual Rumania. Alrededor de él ha crecido la ciudad turística de Bran, que pude visitar en 2013. Su fama proviene de la novela, pero digamos que es una de las pruebas más contundentes del triunfo del marketing sobre la Historia, porque Vlad III Drăculea (en rumano, Vlad Țepeș), el personaje histórico que inspiró a Stoker, pasó muy poco tiempo en el Castillo. Este Drácula, conocido como El Empalador, vivió en el siglo XV y luchó contra los turcos sarracenos que habían invadido Europa luego de las Cruzadas. Desde luego, no era un murciélago chupasangre ni nada parecido. Cuando se erigió la actual fortaleza (finales del siglo XIV) la zona pertenecía a Hungría. Hoy se visita desde la bella ciudad rumana de Brasov, y aunque no hay ninguna evidencia de vampirismo, sigue siendo una lugar preferido para góticos, vampirofílicos y otras tribus urbanas de corte dark.

Un detalle interesante es la mención del Chupacabra, un personaje del imaginario popular centroamericano. Dice el texto en inglés del castillo que a este conocido mito, muy extendido en Honduras, se le adjudican más muertes que a todos los vampiros de la Historia.

Los invitamos a viajar a través de las imágenes.

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Vista exterior, a la llegada al castillo

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Vista desde la base del castillo

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Otra vista desde la base del castillo

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Cruz en la base del edificio

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Uno de los dormitorios. En ninguna de las habitaciones el mobiliario corresponde a la época de Vlad Tepes, El Empalador.

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Otra vista interior. El retrato que se observa al fondo es de Vlad III Drăculea (en rumano, Vlad Țepeș).

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El autor de esta nota en un pasadizo del castillo

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Vista de la biblioteca del castillo.

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Vista del patio interior del Castillo de Bran que se observa desde una de las ventanas del edificio.

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Otra vista del patio interior del Castillo de Bran, desde otra de las ventana del edificio.

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Vista del entorno desde el castillo.

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Vista de otro de los dormitorios.

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Armas y escudos expuestos en una sala.

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Una de las antiguas cerraduras.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Drácula#Fuentes_de_Stoker


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

 

ACERCA DE “EGY VILÁG” (“EL MUNDO” O “UN MUNDO”), UNA PINTURA DE MAXIMILIAN LENZ (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE GRANDES OBRAS DE ARTE

Cuando vi la obra “Egy világ” (traducida como “El mundo” o “Un mundo”) en el Museo de Bellas Artes de Budapest, me cautivó a primera vista. Debe ser porque el arte no se piensa: se siente. Con esa misma mirada encendida uno puede profundizar en lo que admira, indagando sobre ese mundo al que fue transportado. Comparto aquí el resultado de mi búsqueda.

Egy Világ 01 (vista completa)Mi primera impresión fue observar un espacio abierto, poblado por verdes y azules y blancos sobre los cuales resaltan pequeñas luminarias marrones y rojas. En ese campo, que parece un enorme jardín, veo tres grupos de etéreas figuras femeninas vestidas de azul:

Grupo de ninfas danzando, atrás, a la derecha.
Grupo de ninfas danzando, atrás, a la derecha.

El primero, al fondo a la derecha, está integrado por cuatro mujeres que danzan formando un círculo tomadas de la mano. A algunos quizás lejanamente les recuerde a “La Dance”, la famosa creación de Henri Matisse, de la cual hizo dos cuadros (una versión preliminar, que vi en el MoMA de New York, de 1909, y la versión definitiva, que está en el Hermitage, en San Petersburgo, de 1910)… pero no tienen ninguna relación, y la de Lenz es diez años anterior, pues es de 1899.

El segundo grupo, siempre en el fondo, está conformado por otras dos mujeres: una de cabello rojizo que mira aparentemente al hombre que está delante, y otra de largo cabello más oscuro que parece hablar con ella.

El grupo de ninfas más importante
El grupo de ninfas más importante

El tercer grupo, adelante a la izquierda, lo constituyen cuatro jóvenes con vestidos semitransparentes -presumiblemente ninfas, lo mismo que las demás mujeres de la pintura- que portan ramas doradas. Las ninfas son divinidades menores de la mitología griega asociadas a paisajes naturales, que con frecuencia se representan como muchachas.

Las miradas de las ninfas que están adelante parecen perderse detrás del hombre, vestido con ropa oscura, sombrero gris, sobretodo marrón y barba también marrón. Claramente ubicado a la derecha, el elegante caballero parece ocupar el centro de la obra. Cabizbajo, con un cigarro en su derecha y la izquierda en el bolsillo, da la impresión de caminar totalmente ajeno al entorno, absorto en sus propios pensamientos. La escena parece situarse en primavera, pero el hombre, ya maduro,  la vive como si fuera su otoño o invierno.

El elegante caballero, presumiblemente el propio Maximilian Lenz
El elegante caballero, presumiblemente el propio Maximilian Lenz

Para mí, como simple espectador, lo único real en esta enigmática obra es precisamente el hombre, que intuyo que es el propio pintor. Eso me lleva a notar una paradoja: A este señor vienés, la escena le resulta indiferente, como si la realidad fuera percibida como pura fantasía; por el contrario, para él, la única realidad es la que no tiene materia, la de los pensamientos.

¿Por qué se llama “El mundo” o “Un mundo”?

Maximilian Lenz, el autor, fue un artista plástico austríaco que adhirió a la Secession, un movimiento artístico de vanguardia en su país, de corte modernista, que tuvo como principal exponente en la pintura a su amigo Gustav Klimt. Como artista innovador, adhirió al simbolismo, que reemplazó la pintura historicista de tipo “objetivo”, por una nueva perspectiva subjetiva, vinculada a lo onírico y a las percepciones idealizadas de la realidad a través del color y la forma. Para los simbolistas, el mundo es un misterio y los objetos mucho más que su apariencia física: buscan lo sobrenatural más allá de la materia y se centran en su imaginación, utilizando los símbolos como medio para revelarla. Su lenguaje pictórico expresa tanto los sueños como las ideas a través de metáforas. Las obras no se centran en su técnica sino en la temática, que permite distintas interpretaciones.

Entonces, bajo este ángulo, “Egy Világ” representa de un modo figurado el sentimiento del hombre (que, como dijimos, creemos que es el propio pintor) que enfrenta el mundo que lo rodea con indiferencia. Cree que existe un solo mundo, el que está dentro de él.

Egy Világ 05
Vista de la pintura con el marco que luce en el Museo de Bellas Artes de Budapest

Dejo abierto el debate para aquel que quiera expresar su opinión sobre esta magnífica obra y compartir su sentimiento o interpretación.

Detalle de las ninfas

 © Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


FICHA

Ubicada en el Museo de Bellas Artes de Budapest , Hungría (en húngaro Szépművészeti Múzeum), la traducimos como complemento informativo.

Artista:

Lenz, Maximilian (1860 – 1948), nacido y fallecido en Viena, Austria

Fecha

1899

Técnica

Óleo sobre tela

Tamaño

121.5 cm x 186 cm

Clasificación

Pintura

Propiedad

Adquirida en 1900

Número de Inventario

20.B

Departmento:

Arte post 1800


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota.