EL JARDÍN DE LAS ESTATUAS DE LA CALLE GRANADEROS, EN CIUDADELA (por Pablo R. Bedrossian)

De casualidad, en una brevísima visita a Buenos Aires, viví una experiencia surrealista. Había tomado el tren hasta Liniers, en busca de un sanatorio cercano. Crucé por debajo la Avenida General Paz y bordeé por el lado norte el Cementerio Israelita. Muy pocas cuadras después, en la calle Granaderos 146 / 150 un jardín lleno de curiosas estatuas me arrancó de mis pensamientos.

La imagen era sorprendente: una plétora de figuras de tamaño real cubría la grama, teniendo como fondo una casa de dos plantas.

No pude encontrar ninguna identificación del lugar, si era la casa del artista, un museo o simplemente una exposición decorativa. Sin embargo, me llamaron la atención los títulos de algunas de las obras; por ejemplo, “La venganza del lagarto” o “La planta humana”.

Cada escultura representaba un personaje: una mujer cargando recipientes con agua, un guerrero negro, un payaso de circo, un jardinero, un inmigrante. Incluso había un tigre y un animal prehistórico identificado como tiranosaurio.

Recordé casi inmediatamente la letra de “Soledad” el tango que cantaba Gardel con letra de Alfredo Le Pera:

“Hay un desfile de extrañas figuras que me contemplan con burlón mirar. Es una caravana interminable que se hunde en el olvido con su mueca espectral”.

Independientemente de la voluntad del autor (la evidencia sugiere que todo proviene de la misma mano), había algo en esas figuras que iba más allá más del sentimiento individual que comunicaba cada personaje. Aún con sus orígenes diversos, todas parecían dirigirse a un destino común, como una procesión, metáfora de la vida, de la que todos participamos a pesar de nuestras diferencias.  

No sé si el jardín de las estatuas permanece aún o no en ese rincón de Ciudadela. Espero que sí.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.