JESÚS, EL INMIGRANTE (por Pablo R. Bedrossian)

Vivo en Honduras, Centroamérica. El principal ingreso del país son las remesas enviadas por los hondureños desde el exterior[1]. Aunque recientemente una nutrida caravana ha atraído la atención de la prensa mundial, desde que llegué hace muchos años a este bello país he conocido personas que, arriesgándolo todo, emprenden un viaje en dirección al sueño americano. Pagan grandes sumas a coyotes que pertenecen a organizaciones criminales dedicadas al tráfico de personas que les prometen -muchas veces falsamente- transportarlos a la Tierra Prometida.

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Desde luego, la emigración no solo ocurre en Centroamérica: los heroicos venezolanos huyen de la sangrienta dictadura de Maduro como lo han hecho por décadas los cubanos que huían de Fidel Castro. Lo hacen habitantes del norte de África viajando a Europa en naves tan primitivas que parecen cáscaras de nueces en medio del mar. Lo hacen los sirios en su lucha por sobrevivir a una guerra de intereses económicos y geopolíticos que ha convertido a su nación en un campo de batalla y los sudaneses de Darfur para no ser una cifra más en el genocidio.

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Lógicamente, un país no puede aceptar a cualquier inmigrante sin verificar quién es, no sea que ladrones, asesinos o terroristas ingresen libremente a su territorio; sin embargo, se levantan otros muros que impiden al extranjero honesto y trabajador lograr su cometido.

En su inmensa mayoría, las personas no emigran porque quieren; escapan de la guerra, la violencia, las extorsiones, las amenazas y la falta de oportunidades que les impiden desarrollarse en el medio que han nacido, donde se encuentran sus afectos. Por favor, no se malentienda: no estoy victimizando al inmigrante. Muchas personas se quedan y luchan por mejorar sus condiciones, demostrando que es posible progresar en su propia tierra, pero eso no nos puede hacer perder de vista que, a medio camino entre la desesperación y la desesperanza, hay quienes asumen el riesgo de perderlo todo con tal de salvar la vida.

JESÚS Y LA HUIDA A EGIPTO

Pocos recuerdan que Jesús fue un inmigrante. No eligió serlo, sino que lo fue por decisión de sus padres, a fin de preservar su vida.

El nacimiento de Jesús es relatado en dos evangelios: el de Lucas y el de Mateo. Mateo es el único que cuenta la famosa historia de los “Reyes Magos”, que no eran ni reyes ni magos, sino sabios que estudiaban los astros. Leamos el relato:

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“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta… Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.  Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

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Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes… Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño. Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel”[2].

Hay un notables paralelismos entre este relato de la niñez de Jesús y la historia de algunos migrantes de nuestro tiempo.

El primero es la precariedad. Todas las personas, y en particular los niños, deberían gozar del derecho a vivir en paz y libertad. En algunos países por causa de las dictaduras, en otros por las mafias, narcos, maras y pandillas, y en algunos debido a los fanatismos violentos -todos ellos diferentes formas de terrorismo-, el futuro se presenta peligroso y angustiante.

El segundo es la huida como única opción. Solo una medida desesperada como escapar con lo puesto a veces salva la vida. No tuvieron ese tiempo los judíos durante la Noche de los Cristales Rotos, ni los líderes armenios el fatídico 24 de abril de 1915, ni los hugonotes franceses la aciaga noche de san Bartolomé; tampoco los tutsis y hutus moderados ruandeses aquellos trágicos días a partir del 6 de abril de 1994 donde los hutus radicales salieron en su caza con la bendición oficial.

El tercero son los riesgos asumidos. Muchos migrantes mueren en el camino víctimas de la violencia, las enfermedades y los accidentes. No sabemos cómo fue aquella travesía que José y María emprendieron con el único propósito de salvar a su primogénito, pero estamos seguros que no estuvo exenta de graves sobresaltos. Del mismo modo, para muchos migrantes el riesgo de dejar su tierra es tan alto que hay una sola cosa más riesgosa: no dejarla.

El cuarto, y, sin duda, el más significativo es la esperanza. La fe en un nuevo comienzo es el motor que permite enfrentar los dolores y calamidades que acechan a lo largo del camino. Como José y María, hay padres que hacen lo imposible por proveer a sus hijos un futuro digno. Quiero mencionar a Juan Alberto Matheu, un valiente padre soltero que salió de Honduras rumbo a los Estados Unidos con su hija Lesly, una niña de 7 años con capacidades especiales debido a un severo daño cerebral. Llevó a su hija postrada en silla de ruedas por los medios que pudo hasta la frontera. Cuentan los que lo han visto que con amor limpiaba a su niña con toallas secas, le daba el biberón y le cambiaba los pañales. Por la acción humanitaria de personas que apoyan a los inmigrantes pudo ingresar a los Estados Unidos, una prueba más que los milagros existen y que hay ángeles de carne y hueso. Sin embargo, uno se pregunta cuántos padres desesperados como él habrán quedado en el camino.

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La mayoría de los inmigrantes son personas honradas y luchadoras. Su inmigración no es un delito; es un acto desesperado que requiere comprensión y respeto. No piden otra cosa que una oportunidad de dar lo mejor de sí mismos para encontrar un lugar en el mundo donde sostener a su familia y servir a la sociedad.

En este tiempo de Navidad donde celebramos el nacimiento de Jesús, recordemos que él también tuvo que emigrar. Si no hubiera salido de su tierra, quizás nunca se hubiera encendido esa luz divina que aún veintiún siglos después alumbra a millones de corazones.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] “Honduras – Informe Económico y Comercial”, Oficina Económica y Comercial de España en Tegucigalpa, actualizado a Junio 2018, p.11

[2] Mateo 2:1-5,7-16


CRÉDITOS MULTIMEDIA

La foto de la caravana de migrantes fue tomada del sitio https://www.animalpolitico.com/2018/10/caravana-migrantes-tapachula/

La foto de refugiados del norte de África fue tomada del sitio https://www.elestrechodigital.com/2018/05/08/acnur-reclama-una-mayor-coordinacion-ante-el-aumento-de-pateras-en-el-estrecho/

Las pinturas de Jesús camino a Egipto son creaciones de la artista norteamericana de origen filipino Rose Datoc Dall. Para conocer más de las obras de esta brillante artista contemporánea se puede visitar su website, https://www.rosedatocdall.com

La foto de Juan Alberto Matheu y su hija Lesly fue tomada del sitio https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article223263905.html

“SOBREVIVIR PARA CONTARLO”: UNA HISTORIA DE FE CONTRA TODA ESPERANZA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “LECTURA RECOMENDADA”

Sobrevivir paracontarlo (Immaculée Ilibagiza) 01Un genocidio puede definirse como la aniquilación sistemática y deliberada de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos. Durante el siglo XX ocurrieron al menos tres genocidios que superaron el millón de muertos. Los dos primeros son muy conocidos: el padecido por el pueblo armenio por parte de los turcos y el genocidio perpetrado por los nazis contra el pueblo judío. El tercero es el más reciente e ignorado: el ocurrido en Ruanda, donde la mayoría hutu decidió exterminar a la minoría tutsi en una horrorosa muestra de odio colectivo impulsado por las autoridades.

Ruanda es una nación africana ubicada en el centro este de África. Durante siglos, una monarquía tutsi había mantenido la paz colectiva, hasta que la intervención belga abrió la grieta entre las etnias. En 1962, con el apoyo de esa nación europea y tras sangrientas revueltas, los hutus tomaron el poder. Los asesinatos masivos de tutsis se hicieron comunes. En 1994, tras el asesinato del presidente hutu Juvénal Habyarimana, el nuevo gobierno se radicalizó promoviendo la completa destrucción de la etnia tutsi, incluyendo el asesinato de todos sus niños, mediante grupos paramilitares. En solo 100 días se estima que murieron 800,000 tutsis y casi todas las mujeres sobrevivientes fueron violadas.

EL LIBRO

“Sobrevivir para contarlo”, prologado por Wayne Dyer, autor del best seller “Tus zonas erróneas”, es el relato en primera persona de Immaculée Ilibagiza, una joven tutsi que repentinamente se encontró inmersa en una de las cacerías humanas más terribles de la Historia. Vivió escondida en un baño junto a otras cinco mujeres durante 91 días. Solo para simbolizar las calamidades padecidas durante esos sangrientos meses, uno de sus hermanos fue muerto a machetazos por una horda hutu; uno de los asesinos se jactó de haberle partido el cráneo para ver cómo era el cerebro de alguien con una maestría.

Sin embargo, el testimonio de Immaculée no persigue efectos lacrimógenos. Todo lo contrario. Es una historia de esperanza, tal como ella misma subtituló el libro: “Cómo descubrí a Dios en medio del holocausto”. Su fe la llevó a sobrevivir durante la tragedia apoyada en la oración, luego a perdonar a los genocidas y finalmente a reconstruir una vida reducida a escombros. La autora describe dos viajes: el que contempla impotente las atrocidades cometidas contra su etnia incluso por aquellos que creía sus amigos, y el que realiza hacia dentro de sí misma, donde escudriña en profundidad sus propios sentimientos.

El libro escrito con la ayuda experta de Steve Erwin puede ser leído por cualquier persona. Su lenguaje es sencillo y directo. Además, por su contenido, puede adscribirse a otros conmovedores relatos testimoniales como “Ni reír ni llorar” de Abrahan Hartunian y “Hayrig” de Eduardo Bedrossian sobre el genocidio armenio y “He sobrevivido para contarlo” de Tadeusz Sobolewicz, “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl y “La niña que miraba los trenes partir” de Ruperto Long sobre el genocidio nazi.

EL PERDÓN

Los genocidios revelan el infinito sadismo que una persona puede tener sobre otra cuando el odio gobierna sus acciones, pero los líderes que la impulsan no actúan por emociones sino por conveniencia: demonizan al grupo que pretenden destruir, castigan a quienes asumen una posición tibia como si fueran cómplices de los perseguidos, incentivan a los perseguidores ofreciéndoles las propiedades de los perseguidos y alimentan la brutalidad con una propaganda ruidosa, monopólica y monolítica.

Hitler decía que la compasión era una debilidad cristiana. Immaculée Ilibagiza nos demuestra que es quizás la mayor virtud.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados

EL 24 DE ABRIL MÁS TRISTE DE LA HISTORIA (por Pablo R. Bedrossian)

La noche del 23 de abril de 1915 comenzó una de las jornadas más terribles del siglo XX. Durante toda esa noche y hasta la madrugada del 24, centenares de líderes de la comunidad armenia fueron secuestrados de sus hogares, puestos bajo arresto en Estambul e inmediatamente deportados hacia el interior de Turquía, para luego ser en su mayoría asesinados. A partir de allí la persecución se extendió a todo el pueblo. Las formas de aniquilación que los turcos utilizaron eran variadas: largas deportaciones donde los indefensos civiles armenios eran expuestos al hambre, la intemperie y las enfermedades, como también torturas, violaciones, horcas y fusilamientos.

Genocidio Armenio 01 Niños

QUIÉNES SON LOS ARMENIOS

Armenia es una nación milenaria. De acuerdo con el relato bíblico, el arca de Noé se posó en el Monte Ararat. Según Génesis 10:3, Jafet, uno de los tres hijos de Noé, tuvo un nieto llamado Togarma (Torkom para los armenios). Una tradición cuenta que un hijo de Togarma, Haik, se estableció en la planicie más alta del Ararat fundando el pueblo armenio. Sin embargo,  otros historiadores sostienen que los armenios eran oriundos de Europa y habrían vivido en Asia Menor, hasta asentarse finalmente en la tierra de Urartú (Ararat). De un modo u otro, toda la antigüedad clásica menciona a Armenia como una nación altamente influyente, que sirvió campo de batalla para los imperios romano y persa entre los cuales se encontraba.

Una tradición armenia acerca del Señor Jesús coincide con el relato que Eusebio de Cesarea, obispo e historiador cristiano de fines del siglo III y principios de siglo IV, detalla en su conocida obra Historia Eclesiástica. Es el pedido epistolar al Salvador de parte del Rey Abgaro, gobernante de un importante territorio armenio denominado Edesa, para que lo sanara de una grave enfermedad. Cuenta Eusebio que “Jesús no respondió a su llamado entonces, pero juzgó que era digno de una carta particular en la que le prometía enviarle uno de sus discípulos para procurarle la curación de su dolencia juntamente con la salvación para él y todos los suyos. Poco después le cumplió la promesa… Tomás, uno de los doce apóstoles, impulsado por Dios, envió a Edesa como heraldo y evangelista a Tadeo”. Más adelante Eusebio dice “Hay testimonio escrito disponible de todo esto en los archivos de Edesa… De todos modos nada será tan exacto como escuchar las cartas que nosotros hemos sacado de los archivos y traducido…” y transcribe las cartas de Abgaro y la atribuida a Jesús. Es la única mención de un acto de Jesús que hace Eusebio fuera de los correspondientes al Nuevo Testamento.

Luego de conversiones, persecuciones y martirios a lo largo de más de dos siglos, un hecho cambia el curso de la historia religiosa del país. El rey Trdát o Tiridates III es sanado en el nombre de Cristo por San Gregorio, el “Iluminador”, y convierte en el 301 a Armenia en la primera nación que adopta como religión de estado.

Luego de una gran persecución por los persas, en el siglo V se restablece la libertad religiosa en el país. Posteriormente los armenios caen políticamente en manos de los árabes. Dice el Dr.Eduardo Bedrossian en su “Síntesis de la Historia Armenia” que “durante los siglos de dominación árabe fue respetada la religión y cultura armenia”, pero “la llegada de los turcos selyúcidas en el siglo XI cambió la situación de los armenios porque traían la intención de acabar con la armenidad y con la fe cristiana”.

A lo largo de los siglos siguientes, con breves periodos de libertad e independencia, los armenios son sometidos por ejércitos extranjeros. Los invasores comparten la filiación turca y la religión musulmana. Bajo el Imperio Turco Otomano se masacran entre 1884 y 1886 unos 300,000 armenios, muchos de ellos quemados dentro de los templos en los cuales buscan refugio. Estos asesinatos masivos fueron denunciados por la prensa mundial, y las naciones más poderosas de la tierra expresaron su condena. En 1909 los turcos asesinan 30,000 armenios en Adana y alrededores. Las muertes continúan.

LA NOCHE MÁS TRISTE DE LA HISTORIA

Pero la medianoche del sábado 24 de abril de 1915 inaugura el período más cruel para este azotado pueblo. En Estambul (antes llamada Constantinopla) son detenidos y posteriormente asesinados cientos de líderes armenios. Es el comienzo de una deportación masiva que llevará a la muerte de los modos más crueles a la sufrida población armenia.

Lo acaecido el 24 de abril de 1915 no fue la acción improvisada de una turba sino la puesta en marcha de un plan minuciosamente planificado. Pergeñado por los “Jóvenes Turcos”, un grupo de oficiales “progresistas” que pocos años antes terminaron con el sultanato otomano, este plan tenía como propósito la aniquilación de una minoría considerada potencialmente peligrosa.

SOBREVIVIENDO

Agop Bedrossian (1900-2001), heroico sobreviviente del genocidio armenio perpetrado por los turcos

Agop Bedrossian (1900-2001), heroico sobreviviente del genocidio armenio perpetrado por los turcos

De ese genocidio, mi abuelo Agop, es un heroico sobreviviente. Luego de ser deportado junto a su madre y hermanitos por meses, llegan a una montaña donde les prometen que les darán ropa y comida, pero del otro lado escuchan los gritos desgarradores de los que son asesinados. Su madre, María, toma un puñado de tierra y lo pone en sus bocas como si fueran los sagrados sacramentos. “Hijos, en un momento estaremos en la presencia de Cristo”. Ella es asesinada con una espada y él golpeado en la cabeza y dado por muerto. Lo arrojan a una fosa común poblada de cadáveres donde por horas simula estar muerto. Cuando los asesinos turcos se van, sólo unos pocos niños sobreviven. El se va con un árabe que lo toma para pastorear sus ovejas y salva su vida.

Agop es una excepción a la regla. Quedan muy pocos para llorar a tantos muertos. Una parte de Armenia queda sometida a Turquía, y la parte oriental que declara brevemente su independencia, termina en manos de los rusos que, paradójicamente, al someterla la salvan de su destrucción total.

RESURRECCIÓN

En 1991 con la caída de la Unión Soviética, Armenia, la pequeña Armenia que sobrevivió al este, se vuelve una nación soberana. El Parlamento Europeo, el Parlamento del Mercosur y numerosas naciones, incluyendo la Argentina, Canadá, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Suecia, Suiza, Uruguay, Ciudad del Vaticano y Venezuela reconocen el genocidio padecido por los armenios. Sin embargo, en Turquía afirmar que el genocidio ocurrió es considerado “insulto a la identidad nacional” (delito de opinión). El valiente Premio Nobel turco, Orham Pamuk fue acusado ante los tribunales de su país por afirmar en un periódico suizo: “30,000 kurdos y un millón de armenios fueron asesinados y nadie se atreve a hablar de ello”. En enero de 2007 el periodista armenio Hrant Dink, jefe de redacción del influyente diario Argos, voz de la comunidad armenia en Turquía, fue vilmente asesinado por un fanático nacionalista turco que posteriormente posó para la prensa mundial junto a sus captores. El negacionismo es impuesto por la ley y por la fuerza. En 2015, el papa Francisco I, luego de 100 años hace el primer reconocimiento formal del genocidio por parte de la Iglesia Católica Apostólica Romana, haciendo justicia, aunque muy tardíamente, a tantos seres humanos vilmente asesinados.

HÉROES 

El autor de bíblica Epístola a los Hebreos hace mención de una gran nube de testigos que nos precedieron en la fe. Entre ellos menciona héroes anónimos, de los cuales dice “fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido”. Dentro de ellos, sin duda, se encuentran ese admirable millón y medio anónimo de armenios asesinados, mártires a los cuales queremos, al recordar su historia, rendir respetuosamente nuestro más sentido homenaje.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.

 

AUSCHWITZ: A 70 AÑOS DE SU LIBERACIÓN (por Pablo R. Bedrossian)

“Quien no recuerda el pasado está condendado a repetirlo” (George Santayana)

El 27 de enero de 2015 se cumplieron los 70 años de la liberación de Auschwitz, el campo de concentración más temido de la Historia, y del vecino campo de exterminio de Birkenau, ambos en la Polonia ocupada por los nazis. A partir de mediados de 1940 llegaron a sus barracas aproximadamente 1,300,000 personas, de las cuales sólo sobrevivieron unas 200,000.

La mayoría de los prisioneros eran judíos; además había polacos disidentes, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, personas con defectos físicos y muchos que no adherían al Tercer Reich o no eran considerados dignos de convivir con la raza aria. Morían por la brutalidad de los guardias, las cámaras de gas o las infrahumanas condiciones de vida a las que estaban sometidos.

Durante mi visita a Auschwitz y Birkenau adquirí un libro escrito por un sobreviviente, miembro de la resistencia polaca. Al leer las atrocidades padecidas comprendí que yo no hubiera sobrevivido ni un solo día. Fueron héroes todos, sobrevivientes y muertos.

LA VISITA POR FUERA

Un cartel de hierro negro con la inscripción Arbeit macht frei (“El trabajo los hará libres”) constituía la cínica bienvenida dada a los prisioneros.

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Los herméticos fachadas de ladrillos rojos no revelan las monstruosidades cometidas dentro de sus paredes. Por ejemplo, un castigo “ejemplar” era encerrar a varias personas en un diminuto y asfixiante calabozo de menos de un metro de superficie, donde generalmente alguno de ellos moría.

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Los alambrados electrificados son prueba fehaciente de un destino sin otra escapatoria que la muerte. Javier Gómez Pérez calificó al sistema imperante en Auschwitz y Birkenau como la arquitectura de la demencia.

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 LA VISITA POR DENTRO

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Al cruzar la puerta e introducirse en las barracas uno puede disecar la anatomía del horror. A modo de muestra comparto imágenes de calzados y carteras encontrados en el lugar. Representan cientos de miles de vidas truncadas, talentos cuya oportunidad en la vida les fue amputada por quienes se arrogaron el derecho de hacerlo por creer absurdamente que pertenecían a una raza superior.

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Las camas y los sanitarios son otra prueba de la despersonalización a la que los prisioneros eran sometidos. No había espacio para la privacidad aún de los actos más íntimos.

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Del mismo modo debían hacer sus necesidades en presencia de los demás.

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La cámara de gas representaba el natural corolario a semejante tragedia. Viktor Frankl en su clásico “El hombre en busca de sentido” cuenta de un hombre que padecía una pesadilla muy cerca suyo en el campo de concentración. Sintió los gritos y pensó en despertarlo. Se abstuvo. No tenía sentido devolverlo a una realidad que no podía ser mejor que el peor de los sueños.

LA LIBERACIÓN 

Cuando el ejército soviético entró en Auschwitz se encontró con unos siete mil prisioneros caquécticos y desconcertados; sus captores cobardemente habían huido horas antes. Hallaron además unos mil cadáveres listos para ser cremados y varias centenas diseminadas por el campamento. Ante el avance de los aliados, 10 días antes Rudolf Höss dio la orden para empezar a evacuarlo, en el miserable intento de reubicar 56,000 prisioneros en otros campamentos. Mientras tanto, las SS, una fuerza parapolicial y paramilitar del partido nazi, destruyó los archivos y voló crematorios en el propósito de borrar todo vestigio de la crueldad infinita ejercida por sus hombres en ese lugar.

Quiero a través de este relato rendir homenaje a todos esos valientes hombres y mujeres anónimos, ancianos, adultos, jóvenes y niños, que fueron asesinados por la maquinaria nazi. También quiero invitar a pensar en nuestra vida diaria y meditar sobre nuestra percepción de los problemas. En mi caso, recordar a los héroes de Auschwitz y Birkenau, me ayuda a poner la vida en perspectiva.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.