ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: EL ÚNICO PASAJE EN S DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Uno de mis primeros lugares de trabajo estaba ubicado en un edificio de cúpula imponente levantado en Callao y Lavalle, al que se accedía por Lavalle 1790. Cruzando la avenida Callao, justo donde debía formarse la esquina sudoeste se abría una curiosa callecita. No era una diagonal, sino una calle en S que perforaba la manzana. Se llamaba Rauch y el tránsito vehicular en su única cuadra iba de Callao y Lavalle hasta Riobamba y Corrientes, donde desembocaba.

Me gustaba recorrerla y dos detalles cautivaban mi atención: una placa que recordaba el paso por esa calle de la primera locomotora que hubo en el país, La Porteña, y el Teatro del Picadero, donde en 1980 había asistido a un recital del legendario tecladista Carlos Cutaia, cuyos invitados especiales habían sido nada menos que Charlie García y León Gieco.

Hoy la calle se llama Enrique Santos Discépolo y se ha convertido en uno de los pasajes peatonales más anchos de Buenos Aires. Tiene una peculiaridad: debido a su serpenteante trayecto, si uno se sitúa en cualquiera de sus extremos no podrá ver el otro, a pesar de tener una sola cuadra. Además, es un lugar extraño donde conviven vagos con oficinistas, bohemios con estudiantes y comerciantes con vecinos.

LA EDAD DE HIERRO

En septiembre de 1853 un grupo de argentinos se unió para crear el primer ferrocarril local; una ley de enero de 1854 les otorgó la concesión para explotarlo. Tres años y medio después, el 29 de agosto de 1857 realizaron el viaje inaugural. El trayecto original comprendía diez kilómetros de líneas férreas, desde la Estación Parque, ubicada donde hoy se encuentra el Teatro Colón, hasta la Estación (La) Floresta.  

Cuenta el historiador ferroviario Jorge Tartarini “Al salir de la estación, las vías hacían una suave curva cruzando la Plaza del Parque, para luego seguir por calle Lavalle hasta Callao. Allí tomaba por la curva de los olivos u ‘hornos del señor Bayo’ para entrar en la calle Corrientes, desde donde se dirigía hasta Centroamérica (hoy Pueyrredón)”[1]. El 15 de octubre de 1856, don Rosendo Bayo había cedido estas tierras al Ferrocarril Oeste, habiendo constancia de la escritura[2]. A esa curva también se la conoció después como “curva de los Jesuitas”, por la cercanía con la Iglesia y el Colegio del Salvador, levantados en la década de 1860, o “curva de la muerte” por las dificultades que les generaba a los flamantes maquinistas.[3]

Recordemos que el recorrido del primer tren criollo, encabezado por la mítica locomotora “La Porteña” era más bien rural. El país recién acababa de salir del rosismo; Buenos Aires, que aún no había adherido a la reciente Constitución Nacional, todavía estaba dominada por la arquitectura colonial; su población, según el censo de 1855, era de alrededor de 92,000 habitantes, cuya mayoría no sabía leer[4].

La Calle del Parque (hoy Lavalle)[5] que atravesaba el tren en sus primeros kilómetros era una zona de quintas, tal como lo señala un plano de mensura de firma ilegible realizado en 1864, que además contiene la primera mención que encontramos sobre la breve sección sinuosa: “Se observa un tramo de vías de ferrocarril en forma de curva, expresado en línea punteada, sobre la calle Parque a la altura de Callao”[6].

NACE UNA ESTRELLA

Buenos Aires se sumó a la Confederación Argentina en 1860, mediante el Pacto de San José de Flores (de paso, la Provincia de Buenos Aires siguió emitiendo su propia moneda hasta 1861). A partir de allí el país se abrió camino hacia la modernidad a un ritmo vertiginoso. La ciudad creció “desde el núcleo del antiguo radio del municipio, hoy Casco Histórico, pasando por la expansión en las direcciones Norte y Oeste (desde 1870), hasta la incorporación e integración de los Municipios de Flores y Belgrano (1887)”[7].

El crecimiento del transporte ferroviario fue exponencial. En 1871 -debido también al éxodo masivo generado por la epidemia de fiebre amarilla que azotó la ciudad- se vendieron un millón de boletos. Cuentan Jorge Schvarzer y Teresita Gómez, director e investigadora respectivamente del CEEED (Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que “Diez años más tarde (1881), la empresa se vio obligada a construir vías dobles a partir del Once, para atender el intenso tráfico de la zona; la ampliación llegó a Liniers en 1883…. Ese mismo año se terminaba de desmontar el ramal que nacía en el Parque y llegaba al Once, debido a las demoras y accidentes que provocaba el servicio en dicho tramo, ya densamente poblado y donde la franja disponible para las vías era demasiado angosta para encarar mejoras de cualquier orden”[8].

El crecimiento urbano desde el Centro hasta el Once llevó, entonces, a levantar las vías entre las dos primeras estaciones, dejando libre el paso en la vieja Curva de los Olivos, dondemencionamos que antiguamente se hallaban los hornos de ladrillos de Bayo. Lo que había sido un camino de trenes se convirtió en una calle transitable. Diez años después, y mencionada como Curva del Ferrocarril en el texto, la Ordenanza Municipal del 27/11/1893 le impone el nombre de Rauch[9].

LOS AÑOS OSCUROS Y EL REGRESO DE LAS LUCES

Muy pocos datos hemos podido obtener de las décadas que siguieron, todos aportados por Vicente Cutolo en su libro sobre calles de Buenos Aires. Cuenta que a principios de siglo en su extremo que da la Avenida Callao había un bebedero para caballos, que luego hubo prostíbulos de cortinas rojas y que hacia 1930 existió también una feria al aire libre[10].

Sin embargo, pudimos hallar por nuestra cuenta algunos datos interesantes sobre cuatro edificios que aún sobreviven. El primero es que uno de los laterales de la Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento, cuya entrada principal se encuentra en la Avenida Callao 450, da a la ex calle Rauch. Este centro educativo fue inaugurado en 1886 como Escuela Primaria y en 1914 elevado a Escuela Normal (que en aquel entonces indicaba nivel Secundario con orientación a la docencia). El edificio con fuertes influencias del neorrenacimiento italiano fue creado por el arquitecto italiano Carlos Morra (1854-1926), especialista en edificios escolares[11] . Hoy está catalogado como APH (Área de Protección Histórica). De todos modos, su relevancia arquitectónica para la actual calle Enrique Santos Discépolo es baja.

Mucho más interesante es el edificio art deco de once plantas levantado en la esquina norte de Rauch y Callao; fue diseñado por el arquitecto croata de origen húngaro Andrés Kalnay[12] y construido por Lorenzo Bursese en 1935.

También en la esquina que une este pasaje con Corrientes y Riobamba se encuentra el edificio apodado “La Porteña”, ex sede del Banco Mercantil Argentino, hoy ocupada por Swiss Medical. Es un edificio de ocho pisos, planta baja y dos subsuelos, construido a mediados del siglo XX, cuyo diseño, casi triangular, obedece a las medidas del terreno. Ha sido reciclado en 2005[13].

Pero, sin duda el jugador distinto del pasaje es el Teatro del Picadero. Fue creado por el arquitecto Gastón Breyer en 1980, recuperando una fábrica de bujías levantada en la mano norte de la cuadra en 1926[14] bajo diseño del arquitecto italiano Benjamín Pedrotti. En 1981 se desarrolló allí Teatro Abierto, un proyecto cultural surgido como una reacción a la dictadura militar. En la madrugada del 6 de agosto de ese año estalló una bomba que dejó el edificio inutilizable. Años después fue reconstruido y utilizado con diversos fines, pero en 2007 se comenzó a demolerlo para unirlo a un terreno vecino y levantar allí unas torres comerciales. El intento logró frustrarse gracias a la reacción de la comunidad y organizaciones que defendían el patrimonio edilicio porteño. En mayo de 2012, fue reinaugurado bajo ideas del arquitecto Gustavo Keller; la sala del primer piso puede albergar casi 300 personas. Su dirección es Enrique Santos Discépolo 1849.

PRIMERO EL TREN, LUEGO LOS AUTOS, AHORA LOS PEATONES

Desde que se levantaron los rieles la curva en forma de S, la vía pasó a ser utilizada primero por carros y luego por autos. Sin embargo, en octubre de 2003 el legislador porteño Carlo Campolongo presentó un proyecto de ley proponiendo convertir el pasaje Enrique Santos Discépolo en peatonal. La Legislatura lo acompañó con una declaración para que “se arbitren las medidas necesarias a los efectos de convertir el tramo en un espacio de atracción histórico, cultural y turístico”[15]. La ley 1157 fue sancionada el 3 de noviembre de 2003[16] y publicada el 20 de noviembre de ese año[17].  Finalmente, dos años después, la ex Rauch se convirtió en peatonal[18], con una superficie embaldosada, con cestos y árboles.

En 2008 fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Resolución 179/08. A fines de 2013, con la participación de la comunidad educativa de la vecina Escuela Domingo Faustino Sarmiento se inauguraron los trabajos de recuperación que incluyeron lugares de descanso para que los padres de los alumnos puedan esperar con mayor comodidad a sus hijos y la colocación de luces blancas para iluminar el piso de noche[19].

EL MURAL DE SANTA MARÍA

En 2007 Marino Santa María, cuyas intervenciones artísticas sobre la calle Lanín[20] de Barracas y el pasaje Hugo del Carril en la Estación Flores son ampliamente conocidas, creó el mural “Uno, Once y Nosotros”. Se trata de una composición de 120 m2 en mosaico veneciano y trencadís catalán (una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada) sobre el contrafrente del Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento que da al pasaje y en los canteros de esa vereda.

El proyecto se llevó a cabo con el apoyo de la Cámara de Comerciantes del Once (CADMIRA) y la Fundación Armonía y alude al paso de la histórica locomotora La Porteña por esa vía, al tango Uno con letra de Discépolo y a Teatro Abierto, aquel proyecto escénico contestatario llevado a cabo en el Teatro del Picadero[21].

LA FERIA FRANCA

Recuperando la idea de aquel mercado que existió en los años ’30 del siglo XX, la Fundación Sabe la Tierra ha creado el Mercado Balvanera que funciona todos los miércoles en el pasaje, salvo que llueva. Consta de treinta puestos que ofrecen productos naturales, orgánicos y sustentables directamente del productor al consumidor[22].

EL BAR MORDISQUITO

En 2016 cerró el bar cultural Mordisquito, que funcionaba en el pasaje[23]. Era un lugar para la poesía, la música y las artes plásticas. Además, contaba con una biblioteca con clásicos y literatura de vanguardia. Nos da tristeza que se haya perdido un espacio donde los artistas podían mostrar lo que hacían y compartir sus creaciones. Funcionó durante más de cinco años; existía la Radio Mordisquito, la radio del bar.

EL PASAJE EN LA LITERATURA

Vicente Cutolo cita una breve cuarteta que atribuye a un poeta de Buenos Aires:

 “En viñeta caprichosa, / el Pasaje Rauch conserva / la curva que dibujó / el humo de “La Porteña”[24].

Baldomero Fernández Moreno el que le dedica un breve pero significativo poema:

CALLEJUELA RAUCH[25]

Callejuela apartada,
humilde callejuela
que ofreces a mi espíritu cansado
de tanta calle recta,
el sencillo misterio de tu curva…
Gracias, hermana callejuela.

También es mencionado como Pasaje Rauch dos veces en “Restos Humanos”[26],  novela de Álvaro Abós. No encontramos ninguna referencia literaria citando al pasaje como Enrique Santos Discépolo, salvo como dirección del Teatro del Picadero.

LOS NOMBRES DESPUÉS DE LAS CURVAS

Nuestro pasaje recibió el nombre de Rauch, como hemos escrito antes, por la Ordenanza Municipal del 27/11/1893. Sin embargo, en 1988 hubo un doble cambio de nombre: Por la Ordenanza Nº 43.388-1988[27],  la calle Rauch pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo y el pasaje Salónica, ubicado entre Medrano y Salguero, recibió el nuevo nombre de Rauch. En realidad, fue casi un trueque. Presentamos brevemente la historia.

El pasaje Salónica originalmente se consideraba parte de la calle Rocamora. Sin embargo, y razonablemente porque no constituía una verdadera continuación de aquella calle, en 1933 pasó a llamarse Salónica. En 1973 fue rebautizado como Enrique Santos Discépolo por la Ordenanza Nº 28.124/1973; en 1976, tras el golpe militar, recuperó el antiguo nombre de Salónica (Ordenanza Nº 1.665/1976)[28]. Por lo tanto, en 1988 el pasaje que alguna vez se llamó Enrique Santos Discépolo pasó a llamarse Rauch, y el pasaje Rauch donde pasaba La Porteña pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo.

QUIÉNES FUERON

Federico Guillermo Rauch fue un militar nacido en 1790[29] en el Gran Ducado de Baden, territorio en la actual Alemania. Fue oficial de loe ejércitos napoleónicos. Llegó a la Argentina en 1819 donde se incorporó al ejército argentino. Intervino en las primeras campañas al desierto durante la década de 1820 al ‘30. Ascendido a coronel, fue confirmado como como jefe del Regimiento de Húsares que desde entonces fue el 5to. de Caballería. Desplazado de su cargo por el gobernador Dorrego, se volvió unitario. Peleó junto a Lavalle[30] y fue muerto en una emboscada por los indios. A Rauch lo recuerda también un Partido y su ciudad cabecera de la Provincia de Buenos Aires.

Perdura un encendido debate sobre los merecimientos de Rauch para que su nombre se recuerde en ciudades y calles. El escritor Osvaldo Bayer, autor de La Patagonia Rebelde, ya en 1963 había propuesto un plebiscito para cambiar el nombre de la ciudad bonaerense por el de Arbolito, el indio que decapitó a Rauch. “Ese coronel prusiano era de una crueldad terrible. A los indios les hacía el degüello corbatita para ahorrar en balas”[31]. El periodista Rolando Hanglin, en franca oposición a Bayer, cuenta el otro lado de la historia en un reciente artículo. Dice de Rauch: “fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, el 28 de marzo de 1829, y en una emboscada le bolearon el caballo y luego lo lancearon y degollaron. El autor material de su muerte fue el ranquel Nicasio Maciel (ya muchos indios llevaban nombres cristianos), apodado Arbolito. Decapitaron a Rauch, abatido junto al coronel Nicolás Medina, y arrojaron su cabeza en la puerta de casa de la madre de su enemigo, Prudencio Arnold, como gesto cordial. Luego la pasearon por Buenos Aires hasta tirarla por ahí, en señal de desafío a los unitarios de la ciudad”[32].

Un detalle: Rauch es nombrado por Ernesto Sábato, en “Sobre héroes y tumbas”, a través de uno de sus personajes: “Soy el comandante Alejandro Danel… Y después cuando al fin, cuando Francia ya no era más la tierra de la Libertad y yo soñaba con combatir por los pueblos oprimidos, me embarqué hacia estas tierras, junto con Brauix, Viel, Bardel, Brandsen y Rauch, que habían combatido al lado de Napoleón”[33].

No hay discusión, en cambio, sobre la figura de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Discepolín, como se lo conocía, dejó en su corta vida letras esenciales en la Historia del Tango, tales como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, Yira-Yira y Uno. Además de poeta, fue actor y dramaturgo. También lleva su nombre la placita que está en el centro de la calle Butteler[34] en Boedo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO


AGRADECIMIENTO:

Quiero agradecer muy especialmente a Beatriz Bursese, nieta de Lorenzo Bursese, constructor del edificio art deco de once plantas en la esquina norte de Rauch y Callao, quien tras leer la versión original de esta nota me proveyó el nombre correcto de su abuelo, tal como ahora aparece. Los constructores muchas veces pasan inadvertidos a pesar que tienen el enorme mérito de hacer realidad los sueños de los arquitectos.


REFERENCIAS:

[1] Tartarini, Jorge, “Arquitectura ferroviaria”, Ediciones Colihue, 2001, p.65,66

[2] “Memoria del Ministerio de Hacienda de la Provincia y de las diversas reparticiones que de él dependen correspondientes al año 1866 y presentadas a la Legislatura de 1867”, Imprenta Buenos Aires, Calle Moreno, Frente a la Casa de Gobierno, 1867, p.222

[3] García Costa, Víctor, “Los Ferrocarriles”, Centro Editor de América Latina, 1971, p.41

[4] “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”, Población de Buenos Aires, vol. 3, núm. 4, octubre, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, 2006, pp. 91-103

[5] Cutolo, Vicente Antonio, “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres”, Editorial Elche, Buenos Aires, 1988, p.691

[6] Barela, Liliana, “Guía de Cartografía Histórica de Buenos Aires (1854-1900)”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.29

[7] Barela, Liliana, Op. cit., p.14

[8] Schvarzer, Jorge y Gómez, Teresita, “El Ferrocarril del Oeste en la Argentina: entre las demandas de la ciudad y el campo (1854-1870)”, Revista TST (Transportes, Servicios y Telecomunicaciones), Dossier, p.204

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.349

[10] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., p.1013

[11] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando , Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.168

[12] Böhm. Mimi, Grementieri, Fabio y Verstraeten, Xavier, “Buenos Aires – Art Deco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, 2008, p.117

[13] Diario La Nación, Buenos Aires, Arentina, 15 de agosto de 2005, https://www.lanacion.com.ar/729810-a-pasos-de-callao

[14] http://arqi.com.ar/edificio/teatro-del-picadero/

[15] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 28 de octubre de 2003. https://www.lanacion.com.ar/539943-convertiran-el-pasaje-santos-discepolo-en-una-calle-peatonal

[16] http://www.buenosaires.gob.ar/areas/cultura/cpphc/sitios/detalle.php?id=127

[17] http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/ambiente/calles/index4.html. El 9 de noviembre de 2006 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la ley 2.135 prohibiendo también el estacionamiento sobre el pasaje, ver http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/leyes/ley2135.html

[18] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 3 de noviembre de 2005 https://www.lanacion.com.ar/753063-el-pasaje-santos-discepolo-se-convirtio-en-un-paseo-peatonal

[19] Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 27/12/2013  https://www.clarin.com/ciudades/escuela-recuperan-historico-pasaje-discepolo_0_H1IjJ-sP7x.html

[20] Puede leerse nuestro artículo “La pintoresca calle Lanín”, https://pablobedrossian.com/2018/02/20/la-pintoresca-calle-lanin-por-pablo-r-bedrossian/

[21] Santa María, Marino, “Intervenciones Urbanas”, Bisman Ediciones – Weber Saint-Gobain, 2015, p.26

[22] Fundación Sabe la Tierra, http://www.sabelatierra.com/balvanera/

[23] http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/cierra-el-bar-mordisquito

[24] Cutolo, Vicente, Op. cit., p.1013

[25] Fernández Moreno, Baldomero, “Ciudad, 1915-1949”, Ediciones de la Municipalidad, 1949, p.30

[26] Abós, Álvaro, “Restos Humanos”, Puntosur Editores, 1990, pp.38-39

[27] Publicada en el Boletín Municipal n° 18.520

[28] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p

[29] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.151. Es la fecha más aceptada. Cutolo dice 1794.

[30] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., pp.1013-1014

[31] Vitale, Cristian, Diario Página 12 16/10/2003 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-903-2003-10-22.html

[32] Hanglin, Rolando, Diario InfoBAE 14/05/2017 https://www.infobae.com/opinion/2017/05/14/querer-cambiarle-el-nombre-a-rauch-por-arbolito-no-solo-es-absurdo-es-ofensivo/

[33] Sábato, Ernesto, “Sobre Heroes y Tumbas”, Colección Summa Literaria, Seix Barral,1961,1985, p.185

[34] Puede leerse nuestro artículo “Butteler: la única calle en X de Buenos Aires” donde hablamos y mostramos la placita Enrique Santos Discépolo  https://pablobedrossian.com/2018/06/03/butteler-la-unica-calle-en-x-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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EL EDIFICIO ART DECO DE JOSÉ M. MORENO 122 Y OTRAS OBRAS DE ALEJANDRO J. VARANGOT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

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La Argentina siempre consideró a Europa como un espejo en el cual reflejarse. Entonces, así como a principios de siglo dio una ferviente bienvenida al Art Nouveau, tres décadas después recibió con sumo beneplácito al Art Déco, cuyo alcance se había extendido también a las grandes urbes de Estados Unidos.

Los cines y teatros porteños fueron los primeros en elegir el Art Déco para vestirse de gala. Luego lo adoptaron bancos, fábricas, mercados y comercios, edificios y viviendas, configurando una nueva metrópolis donde las sensuales curvas del Art Nouveau convivían con las figuras simétricas del Art Déco[1].

Data de 1936 una de las obras Art Déco más curiosas de Buenos Aires, ubicada en José María Moreno 122, barrio de Caballito, frente a lo que hoy es el Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina.

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Rodeado de edificios de líneas rectas levantados mucho después, esta construcción de seis pisos emerge con una fachada muy original definida como “puro juego de polleras, collares y tocado hecho de estrías y esferas”[2].

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Vale la pena detenerse a admirarla. En el segundo y tercer piso hay listones verticales de diverso tamaño que producen una sensación de ondulación y, hacia el centro, dos filas de discos que se van reduciendo de tamaño a medida que ascienden. Un diseño parecido se observa en el sexto piso que se continúa en su curiosa torre.

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Precisamente, esa suerte de torre poliédrica es quizás su detalle más llamativo. Se la observa aún desde la concurrida esquina de las avenidas José María Moreno y Rivadavia, ubicada a unos 150 metros. Este curioso remate, al observar el edificio de frente, nos recuerda vagamente las pirámides mayas de Tikal, en Guatemala, que algunos habrán visto en la primera película de la Guerra de las Galaxias.

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El experto Mario Sabugo -cita el historiador Germinal Nogués- afirma que los discos de la fachada “se expanden y multiplican en las ciento sesenta y cuatro esferas de cemento armado que, dispuestas sobre sus diversos diámetros acompañan el carácter ascendente de la composición”[3]. Todos estos detalles Art Déco sugieren poder, elegancia y movimiento.

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 ACERCA DE ALEJANDRO J. VARANGOT, SU CREADOR

Entre los cultores más destacados del Art Déco en Argentina se encuentran los arquitectos Alejandro Virasoro y los hermanos Andrés y Jorge Kálnay.  Sin embargo, el edificio de José M. Moreno 122 proviene de un ingeniero, Alejandro J. Varangot, quien es conocido por algunas de sus obras.

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Su edificio más importante es el Edificio Antonio Pini, ubicado en Diagonal Norte Roque Sáenz Peña 875/99, esquina Sarmiento, ubicado en el barrio porteño de San Nicolás, que es lo mismo que decir pleno Centro.

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La entrada se ubica en una esquina triangular en la cual Varangot ubicó dos enormes águilas, que sirven de ménsulas. En el blog del historiador Alejandro Machado, Laura Varangot, nieta del creador del edificio, dejó un comentario con un detalle muy interesante: “Si se observa sobre las figuras de las dos águilas, en el centro, hay un relieve de una cara con melena de león. Esa era la cara de mi abuelo, o sea, la firma de su magnífica obra”[4]. Este detalle se ve en el balcón del segundo piso.

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De paso, todos los artículos de Alejandro Machado son excelentes y a los amantes de Buenos Aires recomiendo seguir su blog.

Otra curiosa obra de Varangot es el Mausoleo Social del Centro Gallego[5], hoy conocido como Panteón Social, de estilo románico, ubicado en el Cementerio de la Chacarita, calle Nº 33 y 50. Hay datos interesantes de esta obra, proporcionados por Hernán Vizzari, quien se ha dedicado a estudiar el patrimonio funerario porteño, que Miguel Jurado ha recogido en una nota periodística: “Este edificio es de 1929 y está inspirado en la Colegiata de Santa María del Sar de Santiago de Compostela. Tiene gárgolas con los escudos de las provincias gallegas. Además, cuando se puso la piedra fundamental, enterraron cuatro cofres con tierras de Pontevedra, La Coruña, Lugo y Orense”[6].

En la Plaza Almagro, ubicada en el corazón del barrio homónimo, frente al bajorrelieve de El Fauno[7], creado por César Sforza y adquirido e inaugurado por la desaparecida Municipalidad de Buenos Aires, se encuentra “Monumento a la Bandera de la Plaza Almagro”, diseñado por Varangot. Consiste en un alto mástil sobre cuya base se apoyan dos águilas de bronce de grandes alas. La forma geométrica de las aves es propia del Art Déco. La obra fue inaugurada el 18 de noviembre de 1938 y las águilas fueron realizadas gracias a una colecta vecinal[8].

Finalmente, identificamos una obra más suya, el edificio de Guido 1725, en Barrio Norte. Estas obras nos recuerdan que los porteños somos deudores creadores como el Ingeniero Alejandro J. Varangot, que han hecho de Buenos Aires, una de las ciudades más lindas y diversas del mundo.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


ALGUNAS IMÁGENES ADICIONALES DEL EDIFICIO DE JOSÉ MARÍA MORENO 122

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BONUS: QUÉ ES EL ART DÉCO

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Con el Art Déco sucede algo curioso: se lo reconoce a simple vista, pero cuesta definirlo. Por ejemplo, Jonathan Glacey en su “Historia de la Arquitectura”, prologada nada menos que por Norman Foster, dice que “se caracteriza por la utilización de materiales lujosos, motivos estilizados y formas modernas”[1]. Podríamos decir que ofrece una definición indefinida

La mayoría de los expertos fija como punto de inicio del Art Déco a la Exposición Universal de las Artes, celebrada en París en 1925. Se manifestó allí en diferentes expresiones artísticas, tales como el diseño gráfico y textil, los objetos decorativos, la pintura, la escultura y la arquitectura.

Para entender su nacimiento corramos las agujas un poco más atrás. A fines del siglo XIX impactó en Europa un innovador movimiento artístico que recibió nombres diversos según la forma y el país donde se desarrollara: Art Nouveau (Francia), Jugendstil (Alemania), Sezession (Austria), Modernismo (España), Liberty (Italia). Este movimiento rompiendo con el academicismo dominante, intentaba llevar el arte a todas las cosas y personas.  De todos ellos, el más extendido fue el Art Nouveau. Se caracterizaba por el uso profuso (a veces también confuso y difuso) de un elevado número de elementos naturales, generalmente florales, delgados, alargados y entrelazados mediante líneas curvas, junto a la inclusión de imágenes femeninas etéreas con abundantes pliegues en sus ropas y ondas en sus cabellos. Pura sensualidad y sensualidad pura.

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El Art Déco llegó para superar el Art Nouveau, reduciendo la cantidad de detalles y simplificando el trazo de las líneas. Sus diseños eran mucho más geométricos. Sin prescindir de la belleza, se podría decir que aplicó la fórmula “menos es más” sobre el estilo anterior. Se extendió más allá de Europa, apoyado en la idea de la simetría y proponiendo diseños más anchos y menos abigarrados, que comunicaban al mismo tiempo elegancia y solidez. Un buen ejemplo serían los rascacielos de New York, como el Edificio Chrysler y el Empire State.

Más allá de nuestras especulaciones, todos los expertos están de acuerdo en aceptar que el Art Déco fue el puente entre el academicismo y el eclecticismo dominantes en la Vieja Europa y el racionalismo que cobraría auge a mediados del siglo XX.

Entre las características fácilmente observables de Art Déco, encontramos:

  • Preferencia por las formas piramidales (evidenciado, por ejemplo, en los rascacielos neoyorquinos o en los detalles ornamentales de muchos edificios)
  • La geometrización de las formas, incluyendo zigzags, espirales, rectas, guirnaldas, líneas onduladas.
  • Relieves en las superficies planas, creando texturas y juegos de luces y sombras

Resumiendo, la estética de cualquier diseño Art Déco comparado con uno Art Nouveau, no importa el campo en el que se realice, es más sencilla, geométrica, simétrica, sólida y “limpia”. Fue un avance de la razón frente a la sensualidad del fin de siglo europeo, sirviendo de precedente al racionalismo que lo sucedió.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Años después se renunciaría a la ostentación y al refinamiento para dar lugar a la sobriedad del racionalismo.

[2] Böhm, Mimi, Grementieri, Fabio (texto) y Verstraeten, Xavier (fotografía), “Buenos Aires, Art Déco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, Buenos Aires, Argentina, 2008, p.192.

[3] Nogués, Germinal, “Buenos Aires Ciudad Secreta”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 2004

[4] Machado, Alejandro, http://fotosbaires.blogspot.com/2011/10/una-de-las-maravillas-arquitectonicas.html

[5] Galicia, Revista del Centro Gallego, Año XVII, nº198, junio 1929, p.7

[6] Jurado, Miguel, “En la ciudad de los muertos”, Clarín Digital, https://www.clarin.com/ciudades/Ciudad-Muertos_0_B1kb6POpwXg.html

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.24

[8] Ierardo, Esteban y Navarro, Laura, “Buenos Aires Desconocida” https://www.facebook.com/buenosairesdesconocida/photos/a.118050948343486.23666.117908258357755/403049713176940


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


REFERENCIAS

[1] Glacey, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La Isla, Buenos Aires y Barcelona, 2001, p.160


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LA CASA CALISE, EXQUISITO ART NOUVEAU EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

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Debo el descubrimiento de la Casa Calise a un libro extinto, que negligentemente evité comprar. En 2008, de visita por Buenos Aires, husmeando en la enorme librería Cúspide del Village Recoleta, dos enormes publicaciones fotográficas atrajeron mi atención. Uno se llamaba “Buenos Aires – El Art Deco y Racionalismo” y el otro “Buenos Aires – Art Nouveau”. Me cautivó la portada del segundo. Se observaban unas bellísimas esculturas femeninas, detrás de una las cuales se observaba un colorido vitraux. Era un libro producido por Mimi Böhm con textos de Fabio Grementieri y fotos de Xavier Verstraeten, quien era también el editor.

Recorrí sus maravillosas páginas. Allí descubrí el frente de la Casa Calise, que me desconcertó. ¿Cómo pudo ser que pasé tantas veces delante de semejante belleza y nunca la advertí? Quizás -me respondí-, porque muchas veces uno camina cabizbajo procurando no caerse, en lugar de mirar hacia arriba donde está lo que nos levanta.

Balcones de la Casa Calise
Balcones de la Casa Calise

Memoricé la dirección. Como al día siguiente regresaba a Honduras, me comprometí conmigo mismo a visitarla en el próximo viaje. Fue precisamente en 2010 que tras participar de una grabación en Estudios ION, caminé unos metros para admirar personalmente el edificio. Los cables y la angostura de la calle no permitían tener una buena perspectiva, y le faltaba una buena mano de pintura, pero aun así lucía como una refinada dama vestida de fiesta.

Vista del edificio
Vista del edificio

En una fugaz visita en 2014, regresé para fotografiarla. La luz no ayudaba y el día tampoco, pero su mera observación me conmovió.

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Debo haberlo demostrado porque el encargado me vio y me invitó a pasar para tomar fotos por dentro. Descubrí allí esculturas admirables, vitrales y herrerías con las estilizadas curvas de ese estilo tan cercano al modernismo y a la Secession.

La doble entrada de la Casa Calise. Nótese el bello trabajo de herrería de las puertas rodeadas por las paredes caladas
La doble entrada de la Casa Calise. Nótese el bello trabajo de herrería de las puertas rodeadas por las paredes labradas

Vitral en el interior
Vitral en el interior

Otro vitral rodeado de esculturas
Otro vitral rodeado de esculturas

La Casa Calise fue diseñada por el prolífico arquitecto ítalo-argentino Virginio Colombo (1885 – 1927), que en sus 42 años de existencia dejó obras perdurables, como la Casa de los Pavos Reales, en Av. Rivadavia 3216/36, que es su obra más conocida. Ubicada en Hipólito Yrigoyen 2562-78, la Casa Calise fue terminada en 1911. Su estilo art nouveau (corriente liberty milanés) la puso a la vanguardia entre las creaciones de su tiempo, poco después de la celebración del sesquicentenario de la Revolución de Mayo, un tiempo donde Argentina era considerada una potencia exportadora mundial.

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El nombre proviene de su primer propietario, la familia Calise, quien destinó la vivienda para alquiler de vivienda y locales comerciales.

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Alejandro Machado[1] en su blog dice que tiene “una profusión inusitada de estatuas (13) femeninas, querubines (10), cabezas femeninas en las ménsulas (12), vitraux (3) y una escena que parece una crucifixión coronando todo… Las dos entradas principales comparten un pallier con 4 esculturas femeninas y la medianera está calada, de manera que se pueden ver las estatuas de un pallier a otro. Es la única casa donde el escultor, Ercole Pasina, también la firma”. Durante mi visita vi las estatuas que se ven de un pallier al otro pero la luz, a pesar del flash no ayudó. El edificio tiene tres cuerpos, y me han dicho que adentro funciona más de un hotel de pasajeros. Agrego además que en el frente se lee “Pedro Ferloni, constructor”.

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Durante mi visita vi las estatuas interiores pero la luz, a pesar del flash, no ayudó. El edificio tiene tres cuerpos, y me han dicho que adentro funciona más de un hotel de pasajeros. Agrego además que en el frente se lee “Pedro Ferloni, constructor”.

No dejen de pasar frente a ella, y si tienen oportunidad, visitarla por dentro. Descubrirán algo del París antiguo instalado en Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


NOTA DE 2015

El 12 de noviembre de 2015 nos escribió Fernando Tuma Moreno informando que designado apoderado especial para el proyecto de difusión de la Casa Calise, que fue declarado de Interés Cultural. Nos cuenta: “podemos mostrar la casa y el CPC /Centro Patrimonial Calise en Portería recién inaugurado Por favor, sólo habría que coordinar alguna fecha al 15 3092 0033”. Nos congratulamos por tan buena noticia.


VIDEO


ANEXO 1: ASOCIACIÓN ART NOUVEAU BUENOS AIRES

En ArgentinaAsociacion Art Nouveau Buenos Aires existe la Asociación Art Nouveau Buenos Aires. Tiene como misión: Revalorizar, registrar y divulgar la arquitectura y las artes decorativas Art Nouveau porteñas, concientizando sobre la importancia de este patrimonio cultural de la ciudad, que caracterizó el refinamiento y el esplendor de una época.

Su website es: http://www.aanba.com.ar. La Asociación ha creado materiales sumamente útiles para los amantes del arte, la arquitectura y la ciudad, y, desde luego para los turistas que visitan la París de Sudamérica. Los invitamos a ver un excelente video producido por la AANBA, que promueve su obra “El Gran Mapa del Art Nouveau Porteño”.

Finalmente en esta lámina encontrarán las direcciones de los edificios Art Nouveau más emblemáticos de Buenos Aires.

Edificios emblematicos Art Nouveau


REFERENCIAS

[1] Machado, Alejandro, http://virginiocolombo.blogspot.com/2007/09/h-yrigoyen-2562-78-la-casa-calise.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor y es el dueño de todos los derechos, a excepción de las tapas de los dos libros, el logo de la AANBA y la lámina final, encontradas a través de Google.

El video Casa Calise, Art Nouveau en Buenos Aires, Argentina fue tomado por el autor y a él le pertenecen todos los derechos.

El video “El Gran Mapa del Art Nouveau Porteño” fue producido por la AANBA (http://www.aanba.com.ar) y entendemos que a ellos pertenecen los derechos.


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