LA VICTORIA DE SAMOTRACIA (por Pablo R. Bedrossian)

Visitar el Louvre es una experiencia única. El museo más grande del mundo alberga enormes colecciones de arte e historia de todo el mundo. Recorrer sus salas parece una tarea infinita porque cada una de sus más de 370,000 piezas exige suma atención. Allí la Victoria de Samotracia, ocupa un lugar privilegiado: establecida bajo altos techos y elevadas paredes en forma de nichos, se la admira en lo alto, subiendo una ancha y extensa escalera. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

Fue esculpida alrededor del año 190 a.C., y pertenece a la Escuela de Rodas, dentro del Periodo Helenístico. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el francés Charles Champoiseau, se hallaba enterrada dentro del Santuario de los Grandes Dioses y partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. Incluso se vieron forzados a completar la vigorosa estatua con partes de yeso.

La obra es atribuida a Pythokritos de Rodas, pero, en realidad, no se sabe quién fue su creador. Otro detalle poco conocido es que durante su última restauración los investigadores descubrieron restos de pigmento azul, imperceptibles al ojo humano por el paso de los siglos, que indican la presencia de ese color en la obra original.

Fue emplazada en su actual ubicación, en un descanso de la escalera Daru del Louvre, en 1884. Durante un tiempo se exhibió parte de una mano que podría corresponder a la pieza original. No se han encontrado ni la cabeza, ni los brazos, pero tampoco los necesita; con la pierna derecha extendida, el anónimo escultor le ha dado poder y movimiento, y con los pliegues de su atuendo y la postura del torso, ha sugerido que avanza contra el viento. La ropa, liviana y translúcida en la parte superior y gruesa en la parte inferior, muestra la maestría del artista.

La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros, y la del pedestal en forma de navío, hecho de mármol gris de la isla de Rodas, 2,01 metros. La altura total es de 5,57 metros, que le provee autoridad y esplendor.

VICTORIA POR TODAS PARTES

La emoción que produce esta figura alada ha hecho que se multipliquen sus réplicas. Hay muchas curiosas, como la Victoria de Samotracia Azul de Yves Klein. Nosotros preferimos compartir algunas más sobrias que ilustran el amor por esta joya.

La primera que presentamos se encuentra en lo alto de una columna de capitel jónico en el famoso cementerio parisino del Père Lachaise.

La segunda la encontramos en la casa y estudio de Frank Lloyd Wright en Oak Park, Chicago, Estados Unidos. El famoso arquitecto que diseñó el Guggenheim Museum de New York, The Rookery Building en Chicago y la Residencia Kaufmann, más conocida como “Fallingwater” o la “Casa de la Cascada”, decoró su oficina con una reproducción a menor escala que la original.

Las últimas dos que vamos a mencionar se encuentran en Buenos Aires, Argentina. La primera se ubica en un patio interior del Palacio Estrugamou, una monumental construcción de departamentos en la zona de Retiro. Aunque está prohibido la acceso del público al edificio, se puede admirar desde una de las entradas que dan a la calle Juncal. El ala izquierda es de menor tamaño que la del Louvre. Para nosotros es la más bella de todas las que hemos visto.

La otra se encuentra en el Museo Ernesto de la Cárcova y es un calco del original, de modo que conserva el tamaño original.

En un interesante trabajo Milena Gallipoli nos cuenta que el Louvre creó su taller de calcos en 1794 y funcionó como una entidad administrativa del museo a partir de 1854, generando grandes ingresos. “Por su parte, al ser propietario del original y poder tomar su molde para realizar vaciados en yeso, el Louvre también logró monopolizar la comercialización de las copias de esta reciente y famosa escultura. El taller de calcos la institución fue creado en 1794 y fue una entidad administrativa de la institución a partir de 1854 con la modificación de su estatuto y reglamentación, de modo que las ganancias representaban un beneficio directo para el museo, llegando a ser una de las entradas de dinero más significativas… De esta forma, el taller del Louvre funcionaba como una marca que le daba legitimidad a la copia adquirida. Esto era explicitado a través de la incorporación de una estampilla y una plaqueta, inclusión obligatoria a partir del Segundo Imperio (1852-1870), como una estrategia de prevención de falsificaciones y copias no autorizadas, siendo a la vez un medio de control de ventas”[1].  

No solo la Victoria de Samotracia es tapa de uno de los dos volúmenes de “Sculpture”, el gran libro de escultura de Taschen[2], la editorial de arte más importante del mundo, sino que está reproducida en libros y revistas y en tiendas de arte y tiendas de souvenirs. Su omnipresencia es un tributo, sin duda merecido, a su creador que hasta el día de hoy permanece en el anonimato.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gallipoli, M. Las Victorias: de Samotracia a Buenos Aires. Calcos en yeso en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Bellas Artes en la primera mitad del siglo XX. MODOS. Revista de História da Arte. Campinas, v. 2, n.2, p.293-309, mai. 2018. Disponível em: ˂http://www.publionline.iar.unicamp.br/index.php/mod/article/ view/1059˃; DOI: https://doi.org/10.24978/mod.v2i2.1059

[2] Bruneau, Philippe; Torelli, Mario; Barral I Altet, Xavier; Guillot de Suduiraut, Sophie, “Sculpture”, Vol. 1: “From Antiquity to the Middle Ages”, Taschen, 1999


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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EDINBURGO: LOS MEJORES LUGARES DE LA CIUDAD VIEJA (por Pablo R. Bedrossian)

Hace unos años, durante una excursión, escuché a varias personas asegurar que Edimburgo era la ciudad más linda del mundo. Hablaban con tanta emoción que me propuse conocerla. Hace unos meses tuve la oportunidad. Me pareció una ciudad diferente, de esas que definitivamente vale la pena conocer. Los invito a acompañarme en este recorrido por sus mejores lugares.

Edinburgo es la capital de Escocia. El viaje en tren desde Londres toma cuatro horas y va de sur a norte.

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Recorrer sus lugares más representativos es muy fácil debido a que tiene dos grandes dos grandes ejes: al sur la Royal Mile (en español Milla Real), alrededor de la cual creció el Old Town (la Ciudad Vieja), y al norte George Street, corazón del New Town (la Ciudad Nueva).

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El Old Town y el New Town fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995; ambos ocupan zonas altas de la ciudad y están separados por una depresión o valle muy angosto donde se encuentran las vías del ferrocarril y los Princes Street Gardens (Los Jardines de la Calle de los Príncipes), un parque público al pie del Castillo de Edinburgo.

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La piedra domina las edificaciones, cuya tonalidad va del ocre al gris tierra. La ciudad pasa buena parte del año cubierta por densas nubes. Para animar la vida, los edificios y comercios se adornan con flores y guirnaldas de colores. Hay numerosas esculturas; una de las representaciones más comunes es el unicornio, que es el animal nacional.

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Le proponemos recorrer los lugares más importantes de la Ciudad Vieja, descubrir su historia y su belleza.

1. EL CASTILLO

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Asentado sobre un enorme peñasco, conforma una pequeña ciudadela amurallada en cuyo interior hay diversos edificios. Ha servido como cuartel, palacio real y cárcel debido su posición privilegiada, que ofrece una visión panorámica y dificultades al acceso enemigo. Las construcciones que han perdurado se levantaron desde el siglo XII hasta el siglo XX. Un detalle poco mencionad es que en el siglo VI Edwin de Northumbria, de quien toma el nombre la ciudad, erigió allí el primer fortín. El único acceso al castillo es a través de una amplia explanada ascendente de piedra, continuación de la vía más importante del Old Town, la Royal Mile; el resto de la fortaleza está rodeada de acantilados.

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Hay mucho para admirar dentro de ella. Por ejemplo, la diminuta la capilla de Santa Margarita, que es el edificio más antiguo de la fortaleza y de la ciudad; también el bello Memorial Nacional de la Guerra de Escocia y el antiguo palacio con su bonita torre medieval.

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Es posible visitarlo por dentro.

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La piedra de Scone, utilizada históricamente para coronar a los reyes de Escocia, estuvo durante varios siglos colocada debajo de la Silla de San Eduardo, trono sobre el que se corona a los monarcas británicos en Inglaterra. Obviamente esa ubicación representaba la subordinación de Escocia a la corona británica. Finalmente, en 1996 fue devuelta y colocada en el Castillo de Edimburgo, aunque debe ser trasladada a Londres cada vez que se proclame un nuevo rey.

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Los muros del castillo están decorados con inscripciones antiguas, imágenes curiosas y espléndidos ornamentos. Además, ofrece excelentes vistas panorámicas hacia el New Town.

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2. THE ROYAL MILE

Esta milla (que en realidad mide 1.8 km) es el corazón de la ciudad. Se extiende siguiendo una pendiente descendente desde el Castillo de Edimburgo hacia el Palacio de Holyroodhouse (en inglés Holyrood Palace). Fue fundada en el siglo XI y originalmente conectaba la fortaleza con una abadía. A lo largo de su trayecto recibe diversos nombres. Sobre ella se encuentran los sitios de mayor interés, tales como la Saint Giles Cathedral o el Parlamento Escocés.

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Podemos dividirla en dos: la parte que va desde el Castillo hasta el cruce con la calle Bridge (que la Royal Mile divide en North Bridge y South Bridge), ancha y con un bello empedrado, y desde Bridge hasta el Palacio de Holyroodhouse más angosta y pavimentada.

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3. SAINT GILES CATHEDRAL

Su nombre verdadero es High Kirk (Iglesia Mayor). Es una bella catedral presbiteriana cuya construcción se inició en el siglo XII; sin embargo, las constantes remodelaciones a lo largo de los siglos han modificado totalmente su fisonomía original.

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Su aspecto exterior es gótico, destacándose su peculiar cúpula, con forma de corona real.

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El interior de la catedral es muy sobrio.

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Secciones de su techo toman un bellísimo color azul que contrasta con la frialdad de la piedra.

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Una de sus joyas es el órgano de tubos.

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Su púlpito fue ocupado por el gran reformador escocés John Knox. Es recordado mediante una estatua de bronce realizada por James Pittendrigh Macgillivray en 1904, que lo muestra sosteniendo y señalando su biblia.

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Algunos de sus vitrales son magníficos; vale la pena detenerse a admirarlos.

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4. CAPILLA DEL CARDO

Dentro de la Saint Giles Cathedral se encuentra la espectacular Capilla del Cardo, con su techo nevado, doseles heráldicos tallados y bancos labrados.

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Quizá el detalle más famoso es el ángel de madera tocando su gaita.

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5. VICTORIA STREET Y GRASSMARKET

Muy cerca del Castillo, y vecina a la Royal Mile,  se encuentra Victoria Street, una calle con lujosas tiendas y una terraza donde se puede comer al aire libre disfrutando de excelentes vistas.

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Pocos metros más abajo, se encuentra la preciosa plaza Grassmarket, con una amplia variedad de restaurantes bajo el entorno medieval de la zona.

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Damos la vuelta por el Grassmarket hacia la derecha y subimos por un paseo de amplias escaleras, el Granny’s Green Steps. La imagen desde allí del castillo sobre la roca es imponente.

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También si miramos hacia el otro lado, tendremos frente a nosotros una magnífica arquitectura.

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Al llegar al final de las escaleras, el Castillo de Edimburgo ha quedado a nuestra izquierda. Hemos dado una vuelta completa, para regresar casi al principio de la Royal Mile.

6. MUSEO NACIONAL DE ESCOCIA

El National Museum of Scotland ocupa dos edificios, uno al lado del otro.

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Recorrerlo por dentro es muy interesante por su armazón de hierro.

Edimburgo 28Es uno de los museos más eclécticos del mundo pues ofrece una enorme variedad de piezas de muy diversas procedencias. Por ejemplo, Dolly, la primera oveja clonada, que se muestra embalsamada, jarrones chinos, bicicletas antiguas y autos de Fórmula 1.

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7. GREYFRIARS KIRK

Famoso por su historia y por su iglesia, hoy es el cementerio más importante de Edimburgo.

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Entre sus muchas curiosidades, hay tres que deseamos destacar. La primera, a pocos metros antes de la entrada hay una estatua en bronce de Bobby, un perrito que vivió junto a la tumba de su amo durante 14 años.

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La segunda es que los escoceses creen en los fantasmas; incluso hay tours nocturnos al cementerio para verlos…

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La tercera es que desde allí se puede observar el George Heriot’s School, una importante escuela privada, que inspiró Hogwarts, el colegio de magia y hechicería donde estudió Harry Potter según la saga. Su autora J. K. Rowling escribió en una cafetería de Edimburgo su primera novela.

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8. LADY STAIR’S HOUSE

Un poco más adelante, del mismo lado, está la Lady Stair’s House, que aloja el Museo de los Escritores. El museo ocupa una casona sobre una pequeña plaza de piedra rodeada de edificios. Para llegar hay que entrar por el Lady Stair’s Close.

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El museo por dentro está lleno de historia e historias.

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Tip: Un poco antes del Lady Stair’s Close se encuentra la Gladstone’s Land, una vivienda de seis plantas del siglo XVII que sirvió de habitación a una familia de comerciantes. Su fachada tiene dos arcadas y una escalera desde la cual se pueden tomar excelentes imágenes de la Royal Mile. Se denominan lands a unos edificios altos construidos en terrenos estrechos.

9. DEACON BRODIE’S TAVERN

El nombre de este colorido pub homenajea a uno de los personajes más famosos de la ciudad, el diácono Brodie. Su título no surgió de una designación religiosa, sino que lo recibió como director del gremio masón de artesanos de la ciudad. Sin embargo, llevaba una doble vida: de día era un respetable empresario dedicado a la fabricación de cajas fuertes y de noche un ladrón que utilizaba sus dotes de cerrajero para vaciar las casas de sus clientes. Terminó colgado en la horca en 1788, y se dice que su historia inspiró a Robert Louis Stevenson a escribir El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mr Hyde.

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10. LA ESTATUA DE DAVID HUME

Enfrente de la Deacon Brodie’s Tavern encontraremos la estatua de David Hume, el famoso filósofo escocés.

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Paradójicamente, la figura en bronce de este pensador es fuente de superstición, pues la gente cree que tocar el dedo gordo de su pie derecho trae buena suerte.

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11. CLOSES, WYNDS Y OTROS CALLEJONES

Mientras admiramos majestuosos edificios de piedra cuyas fachadas delatan el paso de los siglos, observamos una de las mayores curiosidades de Edimburgo: los numerosos pasadizos y callejuelas centenarias que desembocan en la Milla Real, que dan a la ciudad vista desde arriba un patrón similar al conocido como espina de pescado[1].

Edimburgo 66Estos callejones adquieren nombres como close, wynd o court (patio). Hay varios famosos; por ejemplo, el James Court, construido entre 1723 y 1727 o el Advocate’s close (el Callejón del Abogado) que es un pasaje peatonal de 1544, constituido por una serie de escaleras que une la elegante calle Cockburn con la Milla Real. Algunos son simples senderos peatonales, pero otros deparan interesantes sorpresas.

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12. LA CASA DE JOHN KNOX

En esta vivienda ubicada en la Milla Real y construida en 1450 pasó sus últimos años el gran reformador escocés John Knox (1513-1572), padre del presbiterianismo. Era un sacerdote católico que abrazó los vientos renovadores de la iglesia escocesa. Por su participación en una rebelión fue castigado a trabajos forzados durante dos años en una galera de la Armada Francesa. Liberado por gestión de Inglaterra, abrazó la Reforma Protestante, estuvo en Suiza y regresó más tarde a Escocia donde luchó como patriota.

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En 1559 junto a otros líderes estableció las bases de la Iglesia Presbiteriana. En 1567 los escoceses lograron terminar con la dominación francesa; coincidentemente, la reina María I, la católica María Estuardo abdicó. A partir de allí Escocia se convirtió en una nación de fe protestante, de la cual Knox fue el dirigente más notable.

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13. LA IGLESIA DE CANONGATE

Construida a fines del siglo XVII por James Smith, es la iglesia preferida de Isabel II, la reina de Inglaterra, cuando llega a Escocia. Durante nuestra visita a esta famosa pero austera capilla, la anciana que nos recibió comentó que la reina había participado del servicio religioso dos semanas atrás.

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Se ha tratado de conservar el interior lo más fielmente posible a su diseño original.

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El hermoso órgano que se puede observar al fondo de la planta superior fue instalado en 1988.

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En uno de los costados tiene un pequeño cementerio que vale la pena recorrer no sólo por hallarse allí la tumba del padre del capitalismo moderno, Adam Smith, sino, y por sobre todo, para admirar las espectacular vista del Old Royal High School, inaugurado en 1829, ubicado en la ladera sur de Calton Hill, en el lado norte de la ciudad. Este edificio neoclásico también es conocido como New Parliament House por una propuesta que hubo en 1970 de trasladar allí el Parlamento.

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14. MUSEO DE EDIMBURGO

Poniéndole color al gris plomizo del cielo y al color arena oscuro de los edificios, el Museo de Edimburgo se encuentra sobre la Royal Mile, muy cerca de la Iglesia de Canongate y del Parlamento Escocés. Ocupa una vieja casa construida en el siglo XV, la Huntly House.

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El museo se abrió en 1932 y tiene una colección variada e interesante, pero nosotros preferimos admirar el exterior del edificio, que es una de las nueve construcciones más antiguas que sobreviven en la ciudad.

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15. PARLAMENTO ESCOCÉS

Rompiendo la tendencia conservacionista de la Ciudad Vieja, y vecino al Palacio de Holyroodhouse, se encuentra el moderno edificio del Parlamento Escocés. Ocupa el extremo este de la Milla Real. Su construcción se inició en 1999 bajo el diseño y dirección del arquitecto catalán Enric Miralles, que murió durante las obras, y fue finalizada por su esposa y socia, la italiana Benedetta Tagliabue. Su partner en Escocia fue el prestigioso Estudio RMJM. El edificio de cuatro plantas está emplazado en el predio donde funcionó una conocida fábrica de cerveza; ha ganado premios, pero costó diez veces más de lo presupuestado.

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El diseño se basa en el simbolismo. Por dentro parece una pequeña ciudad que representa la tierra escocesa, su gente y su cultura.

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El Parlamento sesionó por primera vez en su nueva casa en 2004. Escocia cuenta con una asamblea legislativa desde 1235, que en aquel entonces estaba conformada por nobles y eclesiásticos, sesionando bajo el nombre de Gran Consejo del Rey.

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16. PALACIO DE HOLYROODHOUSE

El Holyrood Palace se ubica en el extremo oeste de la Royal Mile, donde la famosa calle termina. Es la residencia de la monarquía inglesa en Escocia.

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La construcción se inició en el siglo XV y, como en muchas grandes obras en Europa, avanzó por etapas, sufrió diferentes remodelaciones y tuvo diferentes influencias arquitectónicas.

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En el siglo XVII padeció un gran incendio, pero fue reconstruida respetando el diseño original.

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A diferencia de otros palacios su interior es sobrio, sin las habituales demostraciones de ostentación de la realeza. Cuenta con hermosos jardines y la visita guiada toma poco tiempo.

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De todos modos, si no desea visitarla, puede tomar excelentes fotos de su fachada desde la verja principal.

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Tip: Algo que no debe perderse durante la visita al palacio son las ruinas de la Abadía de Holyrood, levantada en 1128, que perteneció a la orden agustina. Fue sede de coronaciones y bodas reales.Edimburgo 88.JPG

A fines del siglo XVII el rey Jacobo II de Inglaterra tomó una medida que indignó al pueblo de Escocia: estableció un colegio jesuita en Holyrood y convirtió la iglesia en una capilla católica, que cedió a la Orden del Cardo, una antigua hermandad de caballería escocesa. La feligresía protestante fue trasladada a la Iglesia de Canongate.

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El cambio duró poco, pues meses después, tras cambios en el trono de Inglaterra, el pueblo de Edimburgo saqueó el templo. La abadía fue restaurada en 1758 pero diez años después el techo se desplomó, siendo hoy un conjunto de ruinas que vale admirar por la majestuosidad de sus muros.

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17. LAS VISTAS DE CALTON HILL

Desde el Old Town, se observan magníficas vistas de Calton Hill, que está del otro lado. Ubicada al final de Princes Street, en el New Town, esta colina posee varios monumentos que le dan un aura antiguo y misterioso.

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Una de las construcciones más llamativas es el Monumento a Nelson (Nelson Monument), de principios del siglo XIX, dedicado al vencedor de la Batalla de Trafalgar.

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18. ESTATUAS Y OTROS MONUMENTOS

La Ciudad Vieja de Edimburgo es como un enorme lienzo sobre el cual se han pintado bellas figuras: esculturas, fuentes, bajorrelieves, inscripciones.  Compartimos brevemente algunas.

Justo frente a la St. Giles Cathedral se encuentran las City Chambers, un edificio erigido a mediados el siglo XVIII, luego restaurado y remodelado, que es cede del Ayuntamiento de Edimburgo. Su detalle más llamativo es la estatua de Alejandro Magno domando su famoso caballo Bucéfalo, hecha en bronce en 1832 por John Steell.

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Volviendo a cruzar la calle, y dejando a nuestras espaldas la St. Giles Cathedral, se encuentran dos famosos monumentos urbanos: la estatua de Adam Smith, el autor de “La riqueza de las naciones”, y muy cerca de ella, la Cruz de Mercat, que no es una cruz sino un palo en cuyo extremo superior hay un pequeño unicornio dorado; el monumento está rodeado de una estructura de piedra octogonal. Originalmente servía para señalar el sitio de los castigos públicos a los criminales.

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Una curiosidad es el águila de bronce atrapando una rata en el frente de la Gladstone’s Land, antigua residencia de comerciantes que ya hemos mencionado.

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La Ciudad Vieja, con sus colores gris y arena, y aún sin el dorado del sol y el azul del cielo, tiene una atmósfera única. Si la visita, no use auto. Vale la pena caminarla hasta que los pies no puedan más.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS DE EDIMBURGO


REFERENCIAS

[1] Se lo debería llamar esqueleto de pescado pues las espinas confluyen en una columna vertebral.


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LA VICTORIA DE SAMOTRACIA EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

Junto a la Venus de Milo y la Gioconda, la Victoria de Samotracia conforma la triada de obras maestras más representativas del Museo de Louvre, de París. Sin embargo, pocos saben que existes réplicas en tamaño real en Buenos Aires. Conózcala en esta breve nota.

Visitar el Louvre es una experiencia única. El museo más grande del mundo alberga enormes colecciones de arte e historia de todo el mundo. Recorrer sus salas parece una tarea infinita porque cada una de sus más de 370,000 piezas exige suma atención. Allí la Victoria de Samotracia, ocupa un lugar privilegiado: establecida bajo altos techos y elevadas paredes en forma de nichos, se la admira en lo alto, subiendo una ancha y extensa escalera. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

Fue esculpida alrededor del año 190 a.C., y pertenece a la Escuela de Rodas, dentro del Periodo Helenístico. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el francés Charles Champoiseau, se hallaba enterrada dentro del Santuario de los Grandes Dioses y partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. Incluso se vieron forzados a completar la vigorosa estatua con partes de yeso.

La obra es atribuida a Pythokritos de Rodas, pero, en realidad, no se sabe quién fue su creador. Otro detalle poco conocido es que durante su última restauración los investigadores descubrieron restos de pigmento azul, imperceptibles al ojo humano por el paso de los siglos, que indican la presencia de ese color en la obra original.

Fue emplazada en su actual ubicación, en un descanso de la escalera Daru del Louvre, en 1884. Durante un tiempo se exhibió parte de una mano que podría corresponder a la pieza original. No se han encontrado ni la cabeza, ni los brazos, pero tampoco los necesita; con la pierna derecha extendida, el anónimo escultor le ha dado poder y movimiento, y con los pliegues de su atuendo y la postura del torso, ha sugerido que avanza contra el viento. La ropa, liviana y translúcida en la parte superior y gruesa en la parte inferior, muestra la maestría del artista.

La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros, y la del pedestal en forma de navío, hecho de mármol gris de la isla de Rodas, 2,01 metros. La altura total es de 5,57 metros, que le provee autoridad y esplendor.

LA VICTORIA DE SAMOTRACIA PORTEÑA

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Ubicado a metros de la Plaza de Retiro, en Buenos Aires, el Palacio Estrugamou es una monumental construcción de departamentos; su diseño es una de las mejores muestras de la influencia europea -y particularmente francesa- en la arquitectura argentina. Inaugurado en 1929, se erige en la esquina formada por las calles Juncal y Esmeralda. Aunque ocupa toda la cuadra norte de Juncal, su entrada principal está sobre Esmeralda, y sirve a la vez de final a la distinguida y serpenteante calle Arroyo.

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En el Palacio Estrugamou se encuentra la Victoria de Samotracia porteña, hecha de bronce; es réplica en tamaño real de la original. Embellece el patio que sirve espacio compartido para los cuatro edificios que conforman el palacio. Vale la pena ver esta joya en Buenos Aires, de singular belleza.

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Aunque ahora por cuestiones de seguridad no se permite el ingreso, la réplica de la Victoria de Samotracia puede admirarse desde uno de los portones de rejas de la calle Juncal. Si pasa por allí, deténgase a observarla. Estar esperando por usted.

Hay preguntas que quizás algunos lectores puedan responder: ¿Quién hizo los moldes de esta réplica? ¿Fue traída de Francia? En caso afirmativo, ¿por quién y cuándo? ¿Cuándo fue colocada allí? Espero que alguno me ayude a terminar este rompecabezas.

LA VICTORIA DE SAMOTRACIA TAMBIÉN EN CALCOS

Entre 1903 y 1905 el artista Eduardo Schiaffino fue designado por el gobierno nacional para negociar en Europa la compra de varios calcos, incluyendo uno de la imponente Victoria de Samotracia, al Louvre. El museo tenía desde 1794 un taller dedicado a la producción de estas réplicas realizadas en moldes obtenidos de las esculturas originales en los cuales luego se vierte yeso y se espera hasta que fragüe. Finalmente, la pieza fue adquirida en 1906 y cuatro años después colocada en el Pabellón Argentino[1] que formaba parte del flamante Museo Nacional de Bellas Artes[2] que se había mudado desde lo que hoy son las Galerías Pacífico a la Plaza San Martín.

Entre 1932 y 1933 el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) se trasladó a la antigua Casa de Bombas de Recoleta que había sido remodelada por el arquitecto Alejandro Bustillo. La Victoria de Samotracia obtuvo un lugar privilegiado en el hall principal, coronando la escalinata de entrada. En 1945 fue movida a la biblioteca del museo[3]. En nuestras visitas al MNBA no la hemos visto, ni tampoco hallado entre las 2,500 obras que forman la colección digital ofrecida en su sitio web.

Sin embargo, hemos podido admirar otro calco en yeso de la Victoria de Samotracia que, como el anterior, carece de la base del navío. El Museo Ernesto de la Cárcova[4], ubicado en la Costanera Sur, ocupa lo que fueron las caballerizas del Lazareto, un antiguo centro de inspección veterinaria. En 1923 el sitio fue remodelado para que funcionara allí la Escuela Superior de Bellas Artes, institución creada por el propio de la Cárcova. En 1928 se añadió el actual Museo de Calcos[5], tal como se lo conoce popularmente, con un propósito didáctico que mantiene hasta hoy: ofrecer modelos en tamaño real a los futuros artistas.

En 1927 Ernesto de la Cárcova compró una colección de calcos a la cual inicialmente solo los alumnos tuvieron acceso. Entre ellos se encontraba otra Victoria de Samotracia en tamaño real. Recién en 1932 se permitió el ingreso del público general[6]. Desde esa fecha hasta el día de hoy tanto los futuros artistas como las personas corrientes pueden admirar una obra que, si bien no es la original, tiene idéntica fisonomía. Lamentablemente pocas personas conocen del museo y menos aún saben de esta pieza que, junto a las Venus de Milo y el imponente David de Miguel Ángel se encuentran allí esperando por ellas.

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Se trata de la misma estructura de hierro y cristal que se había utilizado en la Exposición Universal de París de 1889 para representar a la Argentina.

[2] Gallipoli, Milena, “Las Victorias: de Samotracia a Buenos Aires. Calcos en yeso en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Bellas Artes en la primera mitad del siglo XX”. Modos, Revista de História da Arte. Campinas, Vol 2, Nº.2, mayo. 2018, p.297, 298

[3] Gallipoli, Milena, Op. cit., p.302

[4] Su nombre completo es “Museo de Calcos y Escultura comparada Ernesto de la Cárcova”

[5] El nombre proviene de su gran colección de calcos

[6] Gallipoli, Milena, Op. cit., p.303


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NUNCA ME GUSTÓ EL ROCOCÓ – UNA VISITA A LA ASAMKIRCHE EN MUNICH (por Pablo R. Bedrossian)

A veces, como dice una canción de Paul Simon, repentinamente uno tiene que poner en duda todo lo que creía cierto. Eso me ocurrió al ingresar a la impresionante capilla rococó dedicada San Juan Nepomuceno en Münich, creación de los hermanos Asam.

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El barroco, nacido en Italia durante la primera mitad del siglo XVII, fue un estilo artístico caracterizado por las formas recargadas y el amor a las curvas. Sus numerosos detalles se oponen a la sobriedad clásica, representada por los antiguos edificios griegos y romanos, que Andrea Palladio había recuperado durante el Renacimiento. Digamos que el barroco es un estilo teatral, más bien dramático, que se extendió rápidamente al resto de Europa.

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Como bien se ha dicho, el barroco generó una “arquitectura para los sentidos”. La complejidad decorativa de sus interiores manifiesta una intensa sensualidad, casi hedonista. Muchas veces las esculturas barrocas parecen estar en movimiento.

Pero así como el manierismo es la exageración de las figuras clásicas, el rococó es el barroco llevado a un extremo. La palabra rococó provendría de la palabra francesa “rocaille”, que es un tipo de ornamentación que reproduce motivos de caracolas y conchas marinas. Aunque se le dio ese nombre a finales del siglo XVIII, se desarrolló como estilo a partir de 1730. Fue un arte cortesano, aristocrático e incluso burgués, pero no popular, de tendencia más bien mundana, despojado de la impronta religiosa dominante.

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El rococó se caracteriza por la excesiva carga de elementos y, a la vez, la cuidada exuberancia de sus formas. Utiliza motivos que apelan a la naturaleza (plantas, flores, pájaros) pero de un modo empalagoso, poblando todos los espacios y produciendo, en mi opinión, una saturación de los sentidos que puede resultar opresiva. Por supuesto, los modelos de belleza son diferentes para cada época, y aún dentro de una misma época, diferentes para cada persona.

Para muchos el rococó es un giro hacia lo íntimo y personal, a través un obstinado refinamiento delicado y juguetón. Es cierto que las figuras del rococó trasmiten fragilidad y ligereza. Si se me permite un toque de humor, diría que se encuentran en las antípodas de Botero. Pero en lo personal, siempre me parecieron una vanidosa muestra de fastuosidad y ostentación, quizás porque entré en contacto con ellas en Francia, donde me era imposible contemplar su esplendor palaciego sin confrontarlo con la miseria del pueblo.

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Pero a veces, como dice una canción de Paul Simon, repentinamente uno tiene que poner en duda todo lo que creía cierto. Eso me ocurrió al ingresar a la impresionante capilla rococó dedicada San Juan Nepomuceno en Münich, creación de los hermanos Asam.

La Asamkirche

Aunque el apellido suene árabe, los hermanos Asam, Cosme y Egid, eran alemanes bávaros de pura cepa. Durante un tiempo vivieron en Roma donde fueron impactados por el estilo barroco que constituía la vanguardia arquitectónica de la época.  Al regreso construyeron obras de admirable belleza  como la Iglesia de la abadía de Weltenburg, pero sin duda su obra cumbre la constituye la iglesia dedicada a San Juan Nepomuceno, popularmente conocida como La Asamkirche (“Iglesia de los Asam”).

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Cerca de 1730 Egid Asam, escultor y estucador (hoy diríamos “maestro yesero”),  compró en Münich dos parcelas donde construyó su casa. Poco después adquirió un terreno adyacente donde en 1733 comenzó a construir una capilla privada, para lo cual contó con la ayuda de Cosme, su hermano mayor, que era arquitecto y pintor.

La fachada de esta iglesia es angosta y elevada. Sobre una marquesina barroca presenta un grupo escultórico con San Juan Nepomuceno en el centro. Y aunque su frente  complementa la original decoración estucada de la vivienda, es el interior de la  pequeña y estrecha capilla lo que produce un efecto alucinante.

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Al ingresar se siente una explosión de formas muy estilizadas, en aparente movimiento bajo un tenue manto de luz. Esta “cueva mágica”, como la llama Jonathan Glancy[1], parece no tener líneas rectas y es difícil encontrar una superficie sin ornamentar. Querubines y otras figuras fantásticas cubiertas con pan de oro saturan las paredes pero sin generar agobio sino belleza; producen calma en lugar de ansiedad. Varios frescos están rodeados de estuco rojo intenso y de madera dorada. La exquisita combinación de luces y sombras, lograda a través los elementos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos, sugiere una aparente desproporción que, en lugar de perturbar, conmueve; y la trama ondulante de las místicas imágenes invitan a meditar sobre la precariedad de la existencia y a buscar allí la presencia misma de Dios.

Interior rococó de la "Amankirche", el nombre popular de la Iglesia de San Juan Nepomuceno

Por supuesto, cada trazo, cada detalle, tiene un significado espiritual. Nada ha sido puesto porque sí. Desde luego, es un interior recargado de imágenes en extremo. Entonces, ¿por qué en contra de toda mi experiencia la Asamkirche me ha atraído tan poderosamente? Obviamente, el arte sucede; es el espíritu que se desprende de un hecho: se siente, no se piensa. Pero más allá de las cuestiones inconscientes relativas a la percepción de la belleza, creo que también existen poderosas razones. Quizás la más importante sea el propósito subyacente: No se trata de hacer alarde de un poder absoluto ni mostrar la pomposa majestuosidad de una corona sino de comunicar al hombre con Dios a través del arte. En la Asamkirche la belleza es un don divino dedicado al Dador para su gloria.

Otra vista del interior rococó de la iglesia

Aunque algunos consideran esta admirable iglesia de una sola nave como una obra del barroco tardío, la mayoría entiende que es una obra rococó, que, como dijimos, es un barroco excesivo. En general los excesos dañan, pero en este caso, quizás en este único caso, bendicen y benefician.

Detalle de la fachada de la casa de Egid Asam, desde la cual se podía acceder a la capilla.

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Glancy, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La isla, 1ª Ed. argentina, 2001


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